Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

martes, 19 de febrero de 2008

Santa Josefina Bakhita, esclava, religiosa, santa


El 8 de febrero hemos celebrado la fiesta de Santa Josefina Bakhita, esclava, religiosa, santa.
Leer la historia de esta santa africana enaltece el alma, fortalece el espiritu y nos ayuda a aceptar nuestros propios sufrimientos pequeños y grandes, alentándonos porque un gran Amor nos espera, como la esperaba a ella. No obstante a nuestros ojos humanos creo que hay que tener un alma verdaderamente grande para decir :"Si volviese a encontrar a aquellos negreros que me raptaron y torturaron, me arrodillaría para besar sus manos porque, si no hubiese sucedido esto, ahora no sería cristiana y religiosa". Gracias Santa Josefina Bakhita por tu ejemplo.

Santa Josefina fue canonizada por el Santo Padre Juan Pablo II el 1ro de octubre de 2000 junto a otros santos mártires. Habia sido beatificada en la misma misma ceremonia en que fue beatificado Josemaría Escrivá el 17 de mayo de 1992.
En la Misa de canonización el Santo Padre Juan Pablo II nos recordó que en santa Josefina Bakhita encontramos una abogada brillante de la auténtica emancipación. La historia de su vida no inspira una aceptación pasiva, sino más bien una firme decisión de trabajar efectivamente por librar a niñas y mujeres de la opresión y la violencia, y devolverles su dignidad en el ejercicio pleno de sus derechos……. Mi pensamiento se dirige al país de la nueva santa, que, durante los pasados diecisiete años, se ha visto desgarrado por una guerra cruel, para la que se vislumbra una pequeña señal de solución. En nombre de la humanidad que sufre, exhorto una vez más a los responsables: abrid vuestro corazón al clamor de millones de víctimas inocentes y seguid el camino de la negociación. Insto a la comunidad internacional a no seguir ignorando esta inmensa tragedia humana. Invito a toda la Iglesia a invocar la intercesión de santa Bakhita sobre todos nuestros hermanos y hermanas perseguidos y esclavizados, especialmente en África y en su tierra natal, Sudán, para que experimenten la reconciliación y la paz.
Y el Santo Padre Benedicto XVI en su Carta Encíclica Spe Salvi sobre la esperanza cristiana, en el primer capítulo, inmediatamente después de la introducción, titulado La fe es esperanza nos brinda un resumen de su historia y comienza preguntando:
¿en qué consiste esta esperanza que, en cuanto esperanza, es « redención »? Pues bien, el núcleo de la respuesta se da en el pasaje antes citado de la Carta a los Efesios: antes del encuentro con Cristo, los Efesios estaban sin esperanza, porque estaban en el mundo « sin Dios ». Llegar a conocer a Dios, al Dios verdadero, eso es lo que significa recibir esperanza. Para nosotros, que vivimos desde siempre con el concepto cristiano de Dios y nos hemos acostumbrado a él, el tener esperanza, que proviene del encuentro real con este Dios, resulta ya casi imperceptible. El ejemplo de una santa de nuestro tiempo puede en cierta medida ayudarnos a entender lo que significa encontrar por primera vez y realmente a este Dios. Me refiero a la africana Josefina Bakhita, canonizada por el Papa Juan Pablo II. Nació aproximadamente en 1869 –ni ella misma sabía la fecha exacta– en Darfur, Sudán. Cuando tenía nueve años fue secuestrada por traficantes de esclavos, golpeada y vendida cinco veces en los mercados de Sudán. Terminó como esclava al servicio de la madre y la mujer de un general, donde cada día era azotada hasta sangrar; como consecuencia de ello le quedaron 144 cicatrices para el resto de su vida. Por fin, en 1882 fue comprada por un mercader italiano para el cónsul italiano Callisto Legnani que, ante el avance de los mahdistas, volvió a Italia. Aquí, después de los terribles « dueños » de los que había sido propiedad hasta aquel momento, Bakhita llegó a conocer un « dueño » totalmente diferente –que llamó « paron » en el dialecto veneciano que ahora había aprendido–, al Dios vivo, el Dios de Jesucristo. Hasta aquel momento sólo había conocido dueños que la despreciaban y maltrataban o, en el mejor de los casos, la consideraban una esclava útil. Ahora, por el contrario, oía decir que había un « Paron » por encima de todos los dueños, el Señor de todos los señores, y que este Señor es bueno, la bondad en persona. Se enteró de que este Señor también la conocía, que la había creado también a ella; más aún, que la quería. También ella era amada, y precisamente por el « Paron » supremo, ante el cual todos los demás no son más que míseros siervos. Ella era conocida y amada, y era esperada. Incluso más: este Dueño había afrontado personalmente el destino de ser maltratado y ahora la esperaba « a la derecha de Dios Padre ». En este momento tuvo « esperanza »; no sólo la pequeña esperanza de encontrar dueños menos crueles, sino la gran esperanza: yo soy definitivamente amada, suceda lo que suceda; este gran Amor me espera. Por eso mi vida es hermosa. A través del conocimiento de esta esperanza ella fue « redimida », ya no se sentía esclava, sino hija libre de Dios. Entendió lo que Pablo quería decir cuando recordó a los Efesios que antes estaban en el mundo sin esperanza y sin Dios; sin esperanza porque estaban sin Dios. Así, cuando se quiso devolverla a Sudán, Bakhita se negó; no estaba dispuesta a que la separaran de nuevo de su « Paron ». El 9 de enero de 1890 recibió el Bautismo, la Confirmación y la primera Comunión de manos del Patriarca de Venecia. El 8 de diciembre de 1896 hizo los votos en Verona, en la Congregación de las hermanas Canosianas, y desde entonces –junto con sus labores en la sacristía y en la portería del claustro– intentó sobre todo, en varios viajes por Italia, exhortar a la misión: sentía el deber de extender la liberación que había recibido mediante el encuentro con el Dios de Jesucristo; que la debían recibir otros, el mayor número posible de personas. La esperanza que en ella había nacido y la había « redimido » no podía guardársela para sí sola; esta esperanza debía llegar a muchos, llegar a todos.

4 comentarios:

José Pineda dijo...

no hay escusas para no ser santo,xq si esta esclava lo logró, los demas tenemos mas oportunidades y las debemos aprovechar...que vida tan bella la de BAKHITA..que entrega ...que amor..Señor ilumínanos y danos la capacidad de hacernos uno contigo. amen

Ljudmila dijo...

Gracias padre por visitar el blog. Tiene toda la razon. No hay excusas para los que tenemos mas oportunidades para darnos.
Felicitaciones por su blog!

JUAN RAJS G. dijo...

Tuve la oportunidad de ver la película que narra la vida de Sta. Josefina Bakhita, realmente me impresionó, es un ejemplo para todos aquellos que alguna vez hemos creido que nuestros sufrimientos son grandes, al conocer su vida vemos, cuán pequeños y mezquinos somos.
Y a usted hermana Ljudmila mis mayores felicitciones por este maravilloso blog, que Jesús la bendiga y proteja por siempre.

Ludmila Hribar dijo...

Muchas gracias Juan por visitar el blog. Es verdad lo que dices. Lo he visto tambien estas vacaciones. Un "navegante" joven, padre de familia con todos los suyos en el mismo camping que nosotros, disponiendo la lancha para salir se le empantano el auto, bien metido en la tierra arenosa(recibio pronta ayuda de qienes estaban cerca)no se hizo problemas y todo su mal humor lo sintetizo en pocas palabras "y bueno ya veremos, las alfombras las mandaremos a lavar...."
Despues vimos que tenia otro problema mucho mas grave...una niña de unos 8 o 9 años con leucemia! Y sin embargo con su alegria fueron ejemplo para todos. Que importancia tenia el auto....!