Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

miércoles, 14 de enero de 2009

Juan Pablo II y la oración (1)


Hablar de la vida de oración de Karol Wojtyla / Juan Pablo II requeriría analizar toda su vida desde su natal Wadowice hasta su despedida en Roma. Ese amor por la oración lo traía de la casa paterna y lo había aprendido de su padre, cuya vida después de la muerte prematura de su esposa, se transforma.... aún más en una vida de constante oración…. Y cuando Karol despertaba de noche, veía a su padre de rodillas, como lo veía siempre en la iglesia parroquial…y durante los intervalos de estudio en su casa Karol acostumbraba ir a otra habitación para rezar…. según nos confía el cardenal Dziwisz desde la pagina web de la Postulación explicándonos aquella “vida intensa y profunda de oración que incluía diversas formas de conversación con Dios: desde la oración más simple de niño hasta la oración de las horas de sacerdote, y la contemplación. Tanto en Cracovia como en el Vaticano fué fiel a las diversas prácticas de piedad: la meditación diaria, la adoración del Santísimo Sacramento, el rosario, el Angelus, las letanías al Sagrado Corazón de Jesús, a la Virgen y a todos los Santos. Jamás las abreviaba, nunca las recitaba apurado; la oración tenia para él precedencia ante las demás ocupaciones. De Papa confesó que nunca había abandonado la oración del breviario. Le habían quedado profundamente grabadas en el corazón las palabras de San Anselmo: “"Os alimento con lo que yo mismo vivo". Como sacerdote era consciente que el “nuestro ministerio de la palabra consiste en manifestar lo que primero ha sido preparado en la oración.”, que ” las verdades anunciadas deben descubrirse y hacerse propias en la intimidad de la oración y de la meditación.” (En el XXX aniversario del decreto Presbyterorum Ordinis, 27.10.1995)”.

Desde pequeño oraba ante la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en la nave lateral de la iglesia parroquial, mas tarde en el convento de los padres carmelitanos allí “sobre la colina” de la calle Karmelicka, donde a los 10 años se inscribió en la cofradía y le fue impuesto el escapulario que llevó siempre, y cuando fue manchado con sangre aquel 13 de mayo de 1981 encargó uno nuevo a los padres carmelitanos de la Iglesia de Santa Maria in Traspontina en Roma.
Con su padre iba a orar al Santuario de Kalwaria Zebrzydowska ante la imagen de la Virgen y continuaban por los senderos del Calvario. Alli volvería a menudo como Arzobispo de Cracovia y mas tarde Cardenal; y en sus peregrinaciones al Santuario de la Virgen Madre y Reina de todos los polacos de Jasna Gora; instalado en Cracovia cerca de la iglesia de San Estanislalo Kostka, donde conoció a Jan Tyranowski, comenzó su “Rosario viviente” y profundizo su devoción a la Virgen, cautivado por los escritos de Luigi Maria Grignon de Montfort. Cuando era Obispo de Cracovia oraba en la capilla hasta las 11 y allí mismo escribía….

En sus poesías nos dejo preciosos versos que son un himno al Amor compuesto por suplicas, plegarias y meditaciones que nos llevan a unirnos a ese mundo tan suyo, pero que el supo compartir donándose por entero. Recordamos algunas: el Magnificat, la Canción sobre el Dios oculto, El Cántico al esplendor del agua, La Madre, La Iglesia, la Peregrinación a los Santos Lugares, las Meditaciones... que otra cosa son sino expresiones poeticas de aquella oración opus gloriae que se extendió durante todos los días y momentos de su vida!

Ante el Umbral de la esperanza (la conversación de Juan Pablo II con Vittorio Messori) contiene dos capítulos que se refieren a la oración (2 y 3) “Nosotros empezamos a rezar con la impresión de que es una iniciativa nuestra: en cambio, es siempre una iniciativa de Dios en nosotros” “Se puede y se debe rezar de varios modos, como la Biblia nos enseña…hay que rezar con “gemidos inefables”, para entrar en el ritmo de las súplicas del Espíritu mismo. Hay que implorar para obtener el perdón, integrándose en el profundo grito de Cristo Redentor Y a través de todo esto hay que proclamar la gloria. La oración siempre es un opus gloriae” “El hombre alcanza la plenitud de la oración no cuando se expresa principalmente a si mismo, sino cuando permite que en ella se haga mas plenamente presente el propio Dios” “La oración es una búsqueda de Dios pero es también revelación de Dios”

“En la raiz de su incansable acción apostólica esta claramente la intensidad y la profundidad de la oración” decía el cardenal Camilo Ruini en su discurso de apertura del proceso de investigación diocesana en San Giovanni in Laterano en Roma el 28 de junio de 2005 y recordaba lo que Juan Pablo II mismo había dicho el 29 de octubre de 1978 durante su visita al Santuario Della Mentorella. “La oración, que es expresión en distintos modos de la relación del hombre con el Dios vivo, es también la primera tarea y como el primer anuncio del Papa, del mismo modo que es el primer requisito de su servicio a la Iglesia y al mundo.”
Y al conmemorar el cardenal Ruini los 30 años de la elección de Juan Pablo II decìa “en él la oración y la acción estaban íntimamente conectadas: era un hombre que vivía de cara a Dios y que actuaba tratando siempre de interpretar la voluntad de Dios”

Y Joaquín Navarro-Valls decía en una entrevista. "su relación especial con la oración, a la que diariamente dedicaba varias horas", "una parte fundamental de su vida", era “Uno de los rasgos de la personalidad de Juan Pablo II que más fascinaba” Y en otra al preguntársele “-¿Cómo reza el Papa?” respondía “ -A juzgar por la imagen exterior, con una intensidad de fe que explica muchas cosas de su pontificado”…

Finalmente es imposible no recordar su “paso de la vida a la vida” y aquella oración universal - que entre lágrimas y rezos se elevaba en un Magnificat de agradecimiento envolviendo la plaza San Pedro y extendiendo el eco a todos los rincones del mundo aquel primer sábado de mes vìsperas del Domingo de la Misericordia de 2005! y las palabras del entonces cardenal Joseph Ratzinger en su emotiva homilía
“ El amor de Cristo fue la fuerza dominante en nuestro amado Santo Padre; quien lo ha visto rezar, quien lo ha oído predicar, lo sabe. Y así, gracias a su profundo enraizamiento en Cristo pudo llevar un peso, que supera las fuerzas puramente humanas:
Ser pastor del rebaño de Cristo, de su Iglesia universal”.

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