Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

viernes, 28 de agosto de 2009

San Agustin buscador de la Verdad y del Amor


en la Carta Apstòlica Augustinum Hipponensem fechada 28 de agosto 1986 emitida en el XVI centenario de la conversión de San Agustin, el Siervo de Dios Juan Pablo II lo recordaba y trazaba “rápidamente un panorama del pensamiento de un hombre incomparable, de quien todos en la Iglesia y en Occidente nos sentimos de alguna manera discípulos e hijos.”
Entre otros decía con respecto a su conversión:

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“La conversión de San Agustín, condicionada por la necesidad de encontrar la verdad, tiene no poco que enseñar a los hombres de hoy, con tanta frecuencia perdidos y desorientados frente al gran problema de la vida. Se sabe que esta conversión tuvo un camino particularismo, porque no se trató de una conquista de la fe católica, sino de una reconquista. La había perdido convencido, al perderla, de que no abandonaba a Cristo, sino sólo a la Iglesia. En efecto, había sido educado cristianamente por su madre [10], la piadosa y santa Mónica [11]. …..había “bebido” el nombre de Cristo , "con la leche materna" [13
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Tras volver a la fe de la Iglesia católica, dirá que había vuelto "a la religión que me había sido imbuida desde niño y que había penetrado hasta la médula de mi ser" [14].
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“Al despertarse a los 19 años al amor de la sabiduría con la lectura del Hortensio de Cicerón — amó profundamente y buscó siempre con todas las fibras de su alma la verdad. "¡Oh verdad, verdad, cómo suspiraba ya entonces por ti desde las fibras más íntimas de mi corazón!" [16].”
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No obstante este amor a la verdad, Agustín cayó en errores graves
Pero finalmente “guiado por la gracia divina, que su madre imploraba con lágrimas [26], llegó felizmente al puerto.
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Una vez encontrado Cristo redentor, fuertemente abrazado a Él, Agustín había retornado al puerto de la fe católica, a la fe en la que su madre lo había educado: "Había oído hablar de la vida eterna desde niño, vida que se nos prometió mediante la humildad del Señor nuestro Dios, abajado hasta nuestra soberbia" [44]. El amor a la verdad, sostenido por la gracia divina, había triunfado de todos los errores.
Pero el camino no había terminado. En el ánimo de Agustín renacía un antiguo propósito, el de consagrarse por completo a la sabiduría, una vez que la había hallado, esto es, abandonar toda esperanza terrena para poseerla [45].
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renunciando al ideal acariciado de la familia y dedicándose con "toda" su alma al amor y a la posesión de la Sabiduría.
He aquí cómo narra Agustín a su madre esta serena pero fuerte determinación: "Fuimos donde mi madre y le revelamos la decisión que habíamos tomado. Ella se alegró. Le contamos el desenvolvimiento de los hechos. Se alegró y triunfó. Y empezó a bendecirte porque tú puedes hacer más de lo que pedimos y comprendemos (Ef 3, 20). Veía que le habías concedido, con relación a mí, más de lo que te había pedido con todos sus gemidos y sus lágrimas conmovedoras. De hecho, me volviste a Ti tan absolutamente, que ya no buscaba ni esposa, ni carrera en este mundo" [54]. A partir de aquel momento comenzaba para Agustín una vida nueva…”
Invito visitar mi post anterior: Augustinum Hipponensem con enlaces a un ciclo de meditaciones acerca de los padres de la Iglesia del Santo Padre Benedicto XVI – cinco de ellas dedicadas a San Agustín.

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