Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

lunes, 15 de julio de 2013

El “milagro del sol” visto por el Papa Pio XII – escrito por Andrea Tornielli


(imagen de Wikipedia)

«He visto» el milagro del sol, «es la pura verdad». En 1950, poco antes de la proclamación del dogma de la Asunción, Pio XII mientras paseaba por los jardines vaticanos fue testigo en varias oportunidades del mismo fenómeno que ocurrió en 1917 al termino de las apariciones de Fátima y lo considero una confirmación celestial de lo que estaba por hacer.
Un testimonio que hasta entonces (2008) era conocido solo indirectamente por expresiones del cardenal Federico Tedeschini que lo había mencionado en una homilía.   El testimonio, un documento excepcional e inédito  había sido conservado en el archivo privado de la familia Pacelli. El mismo Pio XII lo había dejado registrado en unos apuntes escritos en lápiz durante el último periodo de su vida y relata en primera persona lo que le había sucedido.
El documento fue expuesto en noviembre de 2008, recordando los 50 años de la muerte del Pontífice. « Fue el 30 de octubre de 1950 », vigilia del día de la solemne proclamación de la Asunción, explica Pio XII. El Papa estaba por proclamar el dogma de fe de la Asunción corpórea al cielo de la Virgen al momento de su muerte, y lo hacia después de haberlo consultado con el episcopado a nivel mundial.  Hacia las cuatro de aquella tarde el Papa «hacia su paseo cotidiano por los jardines vaticanos leyendo y reflexionando». Pacelli recuerda que mientras se retiraba de la pequeña plazoleta de la Virgen de Lourdes, «sobre la cumbre de la colina a la derecha de la muralla….vi un fenómeno jamás visto por mí. El sol, que estaba aun bastante alto, aparecía como un globo opaco amarillento rodeado en todo su entorno por una aureola luminosa», que no le impedía de ninguna manera fijar su vista «sin sentir molestia alguna, delante se encontraba una nubecilla»  «El globo opaco – continua Pio XII en el apunte citado – se movía ligeramente hacia afuera, girando o moviéndose de derecha a izquierda y viceversa. Pero en el interior del globo se veía con toda claridad y sin interrupción alguna movimientos fuertísimos.» 
El Papa afirma haber visto el mismo fenómeno al día siguiente: el 31 de octubre y el 1 de noviembre día de la declaración del dogma de la Asunción,  y luego nuevamente el 8 de noviembre. Pero nunca más»   Recuerda, sin embargo,  haber intentado volver a ver el fenómeno «varias veces» los días sucesivos a la misma hora y en condiciones atmosféricas similares mirando el sol para ver si aparecía el fenómeno pero fue en vano, no podía fijar ni siquiera mi vista por un instante, mi vista se nublaba.»  

El Papa menciono este hecho a «unos pocos íntimos y a un grupo de cardenales (cuatro o cinco), entre ellos el Cardenal Tedeschini». Este último en octubre del año siguiente, 1951 debía ir a Fátima para la clausura de las celebraciones del Año Santo. Antes de partir fue recibido en audiencia y le pide al Papa si podía citar la visión en la homilía, a lo cual el Papa le respondió «Déjalo, no es importante».  Pero el insistía – continúa Pio XII en su manuscrito, sosteniendo «la oportunidad del anuncio…»,  a lo cual el Papa respondió «Esta es en breves términos la pura verdad» . «Pio XII estaba completamente seguro de la realidad del extraordinario fenómeno, sostuvo sor Pascalina Lehnert, la religiosa a cargo de las habitaciones papales.

El así llamado «milagro del sol» ya había ocurrido el 13 de octubre de 1917 en Fátima, al término de las apariciones a los tres pastorcitos. Asi lo cuenta en su crónica M. Avelino di Almeida, periodista laico y no creyente, enviado por el diario O Seculo y testimonio ocular. «Y asistimos entonces a un espectáculo único e increíble al mismo tiempo para quien no ha sido testigo…. Se ve la inmensa multitud dirigiendo su mirada al sol absolutamente sin nubes en pleno dia.  El sol parecía un disco de plata opaco y era posible mirarlo directamente sin sentir la mínima molestia. No quema, no enceguece. Se diría un eclipse.» Pio XII estaba muy unido a Fátima: la primera aparición a los tres pastorcitos ocurrida el 13 de mayo de 1917, había ocurrido el mismo día que Pacelli era consagrado Arzobispo en la Capilla Sixtina.  Y está confirmado que Pio XII y la única sobreviviente de los tres videntes, sor Lucia Dos Santos, permanecieron siempre en contacto y el Pontífice el último año de su visita conservaría el texto del Tercer Secreto de Fátima en sus habitaciones. 

AndreaTornielli en Il Giornale

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