Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 31 de agosto de 2013

Que es la Divina Misericordia? (2)



Después del triste e inaudito episodio del atentado contra el Papa Juan Pablo II el 13 de mayo de 1981 cuando terminaba de dar la primera vuelta a la Plaza todo fue silencio y consternación y la reacción común la plegaria.  La catequesis dedicada a conmemorar el 90 aniversario de la publicación de la Encìclica Rerum novarum de Leòn XIII se quedó sin voz…. 

Ese encuentro semanal recién continúo con la Audiencia General del  7 de octubre.   Juan Pablo II se referiría en varias audiencias posteriores al atentado,  al perdón y a la misericordia.  "Misericordiae Domini, quia non sumus consumpti" (Lam 3, 22) expresaba en ésta. Gracias a la misericordia del Señor no hemos sido aniquilados hasta el fin" (Lam 3, 22) agregando  “ Estas son las palabras del Pueblo de Dios, que manifiesta a su Señor la gratitud por la salvación, y alaba mediante ellas a la Misericordia Divina”  y agradecía a todos aquellos que se habían unido en oración por su pronta recuperación.  

En la Audiencia general del 14 de octubre el Papa vuelve a mencionar  la “gran prueba divina”, “la dimensión de la prueba de Dios”  a la cual había sido sometido.

En la Audiencia general del 21 de octubre habló del perdón, tan ligado a la Divina Misericordia.  “Perdón” – decía el Papa -  es una palabra pronunciada por los labios de un hombre, al que se le habia hecho mal. Más aún, es la palabra del corazón humano. En esta palabra del corazón cada uno de nosotros se esfuerza por superar la frontera de la enemistad, que puede separarlo del otro, trata de reconstruir el interior espacio de entendimiento, de contacto, de unión. Cristo nos ha enseñado con la palabra del Evangelio y, sobre todo, con el propio ejemplo, que este espacio se abre no sólo ante el otro hombre sino, a la vez, ante Dios mismo. El Padre, que es Dios de perdón y de misericordia, desea actuar precisamente en este espacio del perdón humano, desea perdonar a aquellos que son capaces de perdonar recíprocamente, a los que tratan de poner en práctica estas palabras: “Perdónanos... como nosotros perdonamos”.

La Audiencia del 28 de octubre de 1981, día dedicado a la Santísima Virgen del Rosario,  tuvo lugar en dos partes (en la Basílica y en el Aula Pablo VI).     En esa audiencia el Papa  recomendaba el rezo del Rosario, “plegaria que se caracteriza por su sencillez y su profundidad”, agradecía a quienes habían orado por él y presentaba brevemente su testimonio haciendo referencia a la Divina Misericordia.
“Al reanudar nuevamente mi servicio tras la prueba que la Divina Misericordia me ha permitido superar, me dirijo a todos con las palabras de San Pablo: orad "por mí, a fin de que cuando hable me sean dadas palabras con que dar a conocer el misterio del Evangelio..."
El haber experimentado personalmente la violencia me ha hecho sentirme de modo más intenso cercano a los que en cualquier lugar de la tierra y de cualquier modo sufren persecuciones por el nombre de Cristo. Y también a todos aquellos que sufren opresión por la santa causa del hombre y de la dignidad, por la justicia y por la paz del mundo. Y, finalmente, a los que han sellado esta fidelidad suya con la muerte.

Al pensar en todos ellos, repito las palabras del Apóstol en la Carta a los Romanos: "Ninguno de nosotros para sí mismo vive y ninguno para sí mismo muere; pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, morimos para el Señor. En fin, sea que vivamos, sea que muramos, del Señor somos. Que por esto murió Cristo y resucitó, para dominar sobre muertos y Vivos" (Rom 14, 7-9).”  

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