Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

jueves, 12 de septiembre de 2013

El infierno de Auschwitz y la 2da guerra mundial (3 de 5) La gloria de los mártires



(placa en Auschwitz)
traducción texto:
Auschwitz fue el campo de concentración y muerte nazi alemán mas grande.
En los años 1940-1945, los nazis deportaron al menos 1.300.000 personas a Auschwitz:
1.100.000 judíos
140.000 - 150.000 polacos
23.000 romaníes (gitanos) 
15.000 prisioneros de guerra soviéticos
25.000 prisioneros de otros grupos étnicos.
1.100.000 de estas personas murieron en Auschwitz;  aproximadamente 90% de las víctimas eran judíos  Las SS asesinaron a la mayoría de ellos en las cámaras de gas.

“La lista de nombres sería interminable. Sólo unos pocos son conocidos. Pero a todos los une la experiencia de haber padecido la muerte por el hecho de ser cristianos. Una experiencia trágica, pero que se convierte n gloriosa si se considera desde la perspectiva de una vida marcada por la radicalidad evangélica.

Sería suficiente recordar al padre Maximiliano Kolbe, asesinado en Auschwitz, en el bloque número 11, tras haber asumido el puesto de un condenado a muerte. O al salesiano Jozef Kowalski,(*)  de la parroquia de Debniki, la de Wojtyla, al que golpearon y ahogaron por negarse a pisotear su rosario. O al prior del convento de Carmelitas Descalzos de Czerna, Alfonso Mazurek, (*) muerto a causa de los golpes recibidos. Para no continuar con la enumeración, quizás baste recordar que el campo de Dachau fue en algún momento el monasterio más grande del mundo, tal era el número de religiosos allí deportados.

Con todo , desde aquel 27 de enero de 1945, desde le momento en que aquellos cuatro soldados ucranianos lo descubrieron, es inevitable unir el recuerdo de los lager nazis con la Shoah, con la masacre planificada de los hijos de Israel solamente por le hecho de que eran judíos. Al igual que es inevitable ver en Auschwitz el «lugar» que simboliza de manera absoluta el desprecio del hombre, la dignidad de la persona humana.

También lo veía así Karol, que perdió así a muchos de sus conocidos, de sus amigos hebreos. Como las mujeres de la familia Kluger, o dos compañeros del Instituto, Zweig y Selinger, que murieron ahogados en un río de Siberia, donde habían sido deportados. “


* Beatificados por el Papa Juan Pablo II el  13 de junio de 1999 en Varsovia.

Gian Franco Svidercoschi: Historia de Karol, 121/122, Ediciones Internacionales Universitarias, Madrid

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