Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

lunes, 4 de noviembre de 2013

4 de noviembre San Carlos Borromeo, santo patrono de Karol Wojtyla

 “Te amo, mi Dios, mi fortaleza” San Carlos Borromeo



El 4 de noviembre de 1973 la parroquia de Raciborowice, a unos 9 kms de Cracovia, Polonia, celebraba los 500 años de su consagración. Allí el Arzobispo de Cracovia Karol Wojtyla en su homilía recordaba el pequeño pueblo cercano de Bienczyce, que atendía aquella parroquia. Ese pequeño pueblo se convertiría en un suburbio de Cracovia y su capilla en aquel “lugar” tan especial  de una parte de la historia de la Iglesia en Polonia,  historia de las luchas del pueblo contra el así llamado “poder popular”,  en defensa de su derecho de profesar su fe y orar en público, un espacio santo que sigue siendo testimonio de la fortaleza de la religiosidad del pueblo polaco durante el régimen comunista, allí donde nació “la nueva evangelización”:  la simbólica ArkaPana (El Arca del Señor) de Nowa Huta.

 Aquel mismo día el Arzobispo Wojtyla visitaba también la cercana parroquia de Niepolomice que lo había invitado para las celebraciones de la fiesta de SanCarlos Borromeo, segundo patrono de la parroquia y santo patrono de Karol Wojtyla.  Alli el Arzobispo Wojtyla recordaba a San Carlos, patrono del cual se sentía orgulloso y cuya trayectoria fuera tan similar a la suya propia y que a él siempre le gustaba recordar resaltando el celo de pastor de su santo patrono. 
   
El 4 de noviembre de 1984 ya como Papa Juan Pablo II reiteraba su profunda admiración por San Carlos Borromeo en su homilía con ocasión de la Santa Misa en honor al400 centenario de su muerte, homilía que Juan Pablo II  comenzaba con la cita del salmo 23,1 “El Señor es mi pastor”. 
 “San Carlo Borromeo – decía el Papa Juan Pablo II  - fue el Obispo de Trento y un gran pastor de la Iglesia, ante todo porque el mismo siguió a Cristo Buen Pastor. Lo siguió con constancia, escuchando sus palabras y actuando de modo heroico. El Evangelio fue para él la verdadera palabra de vida, plasmándose en sus pensamientos y en su corazón, en sus decisiones y en su actuar. Por otra parte San Carlos fue por excelencia el “Obispo del Concilio de Trento”, y de las instituciones de concilios provinciales y de sínodos diocesanos, tan recomendados en Trento, que resurgían después de un largo olvido que venía de la edad media. En estas asambleas eclesiales Borromeo también toma conciencia, en total acuerdo a la inspiración tridentina, que la reforma debe comenzar por el testimonio de buenos pastores y de buenos sacerdotes. Subrayaba además el Papa Juan Pablo II las visitas pastorales de Borromeo y citaba las palabras de su antecesor el Papa Pablo VI que sostenía que una de las características más notables de su episcopado fue su intento de “crear una santidad del pueblo, una santidad colectiva, de hacer santa toda la comunidad”.


Si reflexionamos tan solo brevemente sobre la similitud del afán pastoral de San Carlos Borromeo y del próximo santo Juan Pablo II podemos concluir que Karol Wojtyla fue un verdadero discípulo de su santo patrono en quien había encontrado un modelo de vida sacerdotal y de actividad pastoral. 

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