Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

viernes, 1 de noviembre de 2013

Juan Pablo II: “nuestra santificación es “voluntad de Dios”


“La fiesta de hoy recuerda y propone a la meditación común algunos componentes fundamentales de nuestra fe cristiana. En el centro de la liturgia están sobre todo los grandes temas de la comunión de los santos, del destino universal de la salvación, de la fuente de toda santidad que es Dios mismo, de la esperanza cierta en la futura e indestructible unión con el Señor, de la relación existente entre salvación y sufrimiento, y de una bienaventuranza que ya desde ahora caracteriza a aquellos que se hallan en las condiciones descritas por Jesús en el Evangelio según Mateo.

Efectivamente, este día, en el que vivimos con acentos especiales la realidad vivificante de la comunión de los santos, debemos tener firmemente presente que en el comienzo, en la base, en el centro de esta comunión está Dios mismo, que no sólo nos llama a la santidad, sino que también y sobre todo nos la da magnánimamente en la sangre de Cristo, venciendo así nuestros pecados. He aquí por qué los santos del Apocalipsis "clamaban con grande voz diciendo: Salud a nuestro Dios... y al Cordero" (Ap 7, 10), y luego "cayeron sobre sus rostros delante del trono y adoraron a Dios, diciendo: Amén. Bendición, gloria y sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fortaleza a nuestro Dios por los siglos de los siglos" (7, 11-12). También nosotros debemos cantar siempre al Señor un himno de gratitud y de adoración, como hizo María con su Magníficat para reconocer y proclamar gozosamente la magnificencia y la bondad del "Padre que nos ha hecho capaces de participar de la herencia de los santos en la luz... y nos trasladó al reino del Hijo de su amor" (Col 1, 12.13). Por esto, la fiesta de Todos los Santos nos invita también a no replegarnos nunca sobre nosotros mismos, sino a mirar al Señor para ser radiantes (cf. Sal 34, 6); a no considerar nuestras pobres virtudes, sino la gracia de Dios que siempre nos confunde (cf. Lc 19, 5-6); a no presumir de nuestras fuerzas, sino a confiar filialmente en Aquel que nos ha amado cuando todavía éramos pecadores (cf. Rom 5, 8); y también a no cansarnos jamás de obrar el bien, puesto que en todo caso nuestra santificación es "voluntad de Dios" (1 Tes 4, 3).


Estas palabras del Beato Juan Pablo II me hacen pensar en tantos santos y mártires desconocidos, santos humildes, escondidos, hombres y mujeres de oración, mártires que han dado su vida por la fe, por sus hermanos y que ya están gozando de la gloria del Señor junto a aquellos santos que conocemos con nombres y apellidos. Todos ellos forman parte de esta comunión de los santos a la cual todos estamos llamados. Me hace pensar también en nuestra responsabilidad como cristianos en compartir este llamado con nuestros hermanos en la fe y también con todos aquellos que aún buscan el verdadero camino,   “Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá” (Mt, 7,7) compartiendo sus preocupaciones diarias, sus alegrías, sus tristezas y sus dudas orando por ellos y junto a ellos. Una responsabilidad grande la nuestra. Pidamos al Señor por intercesión del Beato Juan Pablo II, ya que hoy celebramos el 67 aniversario de su ordenación sacerdotal,  que siempre nos infunda la fuerza y la gracia necesaria para no flaquear en nuestros intentos.  

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