Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 31 de agosto de 2013

Que es la Divina Misericordia? (2)



Después del triste e inaudito episodio del atentado contra el Papa Juan Pablo II el 13 de mayo de 1981 cuando terminaba de dar la primera vuelta a la Plaza todo fue silencio y consternación y la reacción común la plegaria.  La catequesis dedicada a conmemorar el 90 aniversario de la publicación de la Encìclica Rerum novarum de Leòn XIII se quedó sin voz…. 

Ese encuentro semanal recién continúo con la Audiencia General del  7 de octubre.   Juan Pablo II se referiría en varias audiencias posteriores al atentado,  al perdón y a la misericordia.  "Misericordiae Domini, quia non sumus consumpti" (Lam 3, 22) expresaba en ésta. Gracias a la misericordia del Señor no hemos sido aniquilados hasta el fin" (Lam 3, 22) agregando  “ Estas son las palabras del Pueblo de Dios, que manifiesta a su Señor la gratitud por la salvación, y alaba mediante ellas a la Misericordia Divina”  y agradecía a todos aquellos que se habían unido en oración por su pronta recuperación.  

En la Audiencia general del 14 de octubre el Papa vuelve a mencionar  la “gran prueba divina”, “la dimensión de la prueba de Dios”  a la cual había sido sometido.

En la Audiencia general del 21 de octubre habló del perdón, tan ligado a la Divina Misericordia.  “Perdón” – decía el Papa -  es una palabra pronunciada por los labios de un hombre, al que se le habia hecho mal. Más aún, es la palabra del corazón humano. En esta palabra del corazón cada uno de nosotros se esfuerza por superar la frontera de la enemistad, que puede separarlo del otro, trata de reconstruir el interior espacio de entendimiento, de contacto, de unión. Cristo nos ha enseñado con la palabra del Evangelio y, sobre todo, con el propio ejemplo, que este espacio se abre no sólo ante el otro hombre sino, a la vez, ante Dios mismo. El Padre, que es Dios de perdón y de misericordia, desea actuar precisamente en este espacio del perdón humano, desea perdonar a aquellos que son capaces de perdonar recíprocamente, a los que tratan de poner en práctica estas palabras: “Perdónanos... como nosotros perdonamos”.

La Audiencia del 28 de octubre de 1981, día dedicado a la Santísima Virgen del Rosario,  tuvo lugar en dos partes (en la Basílica y en el Aula Pablo VI).     En esa audiencia el Papa  recomendaba el rezo del Rosario, “plegaria que se caracteriza por su sencillez y su profundidad”, agradecía a quienes habían orado por él y presentaba brevemente su testimonio haciendo referencia a la Divina Misericordia.
“Al reanudar nuevamente mi servicio tras la prueba que la Divina Misericordia me ha permitido superar, me dirijo a todos con las palabras de San Pablo: orad "por mí, a fin de que cuando hable me sean dadas palabras con que dar a conocer el misterio del Evangelio..."
El haber experimentado personalmente la violencia me ha hecho sentirme de modo más intenso cercano a los que en cualquier lugar de la tierra y de cualquier modo sufren persecuciones por el nombre de Cristo. Y también a todos aquellos que sufren opresión por la santa causa del hombre y de la dignidad, por la justicia y por la paz del mundo. Y, finalmente, a los que han sellado esta fidelidad suya con la muerte.

Al pensar en todos ellos, repito las palabras del Apóstol en la Carta a los Romanos: "Ninguno de nosotros para sí mismo vive y ninguno para sí mismo muere; pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, morimos para el Señor. En fin, sea que vivamos, sea que muramos, del Señor somos. Que por esto murió Cristo y resucitó, para dominar sobre muertos y Vivos" (Rom 14, 7-9).”  

viernes, 30 de agosto de 2013

Que es la Divina Misericordia? (1)



En las Sagradas Escrituras encontramos abundantes citas a la misericordia de Dios,  pero fue el Papa Juan Pablo II quien inspirado en  Faustina Kowalska,  sintió la imperiosa necesidad de volver a recordar y revelar al mundo esa misericordia del Padre intuida, proclamada y propagada por santa Faustina y su confesor el Rev. Miguel Sopocko,  excelsos apóstoles de la Divina Misericordia.   

Una parte significativa del singular mensaje del Papa Juan Pablo II en relación a la Divina Misericordia es indudablemente su Encíclica Dives in Misericordia, otras lo son su vida misma, sus escritos, sus diversos mensajes y finalmente la canonización de santa Faustina Kowalska  y la consagración del mundo a la Divina Misericordia, realzando de esta manera la riqueza del Mensaje de la Divina Misericordia y convirtiendo a su querida Cracovia en la capital del culto a la Divina Misericordia.  

Dios encontró – decía otro incansable apóstol de la Divina Misericordia Giuseppe Bart,  con ocasión de la beatificación de Juan Pablo II, -   “una chispa en una simple religiosa Faustina, llamada religiosa de segundo orden, y un hombre fuerte en un buen trabajador de su viña porque el Señor lo ha visto digno como cristiano, después como sacerdote, despues como obispo y finalmente llamándolo a guiar esta barca”   quien en su mensaje póstumo para el Domingo de la Misericordia del año 2005 reiteraba: "A la Humanidad, que a veces parece extraviada y dominada por el poder del mal, del egoísmo y del miedo, el Señor resucitado le ofrece, como don, su amor que perdona, reconcilia y suscita de nuevo la esperanza. Es un amor que convierte los corazones y da la paz. ¡Cuánta necesidad tiene el mundo de comprender y acoger la Misericordia divina!" (Cf. Regina Cæli, 3 de abril de 2005).

Intento publicar una serie de posts titulados Que es la Divina Misericordia?  inspirada en la pagina web de los marianos de la Inmaculada Concepción quienes han seleccionado algunos textos que ellos llaman “especialmente elocuentes  y que subrayan la importancia que el Papa Juan Pablo II le asignaba a la Divina Misericordia para nuestro mundo y la condición humana actual.” 
Traduciré algunos textos y agregaré otros con enlaces a las fuentes.

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miércoles, 28 de agosto de 2013

Juan Pablo II : “San Agustín Razón y fe”


(imagen de Wikimedia)

En su carta apostólica Augustinum Hipponensem en el XVI centenario de la conversión de San Agustín en el Cap. II, 1,  titulado Razón y Fe el Beato Juan Pablo II refiriéndose a “algunas de la luminosas intuiciones de este sumo pensador”  expone de manera clara e interesante la postura de San Agustín -  a quien comúnmente asociamos a la fe olvidándonos de la razón - Sin embargo el Papa Juan Pablo II nos explica, con abundantes citas, la importancia que San  Agustín adjudicaba a ambas.

 “Ante todo las relativas al problema que más lo atormentó en su juventud y al que volvió una y otra vez con toda la fuerza de su ingenio y toda la pasión de su alma, el problema de las relaciones entre la razón y la fe: un problema eterno, de hoy no menos que de ayer, de cuya solución depende la orientación del pensamiento humano. Pero también problema difícil, ya que se trata de pasar indemnes entre un extremo y el otro, entre el fideísmo que desprecia la razón, y el racionalismo que excluye la fe. El esfuerzo intelectual y pastoral de Agustín fue el de demostrar, sin sombra de duda, que "las dos fuerzas que nos permiten conocer" [69] deben colaborar conjuntamente.
Agustín escuchó a la fe, pero no exaltó menos a la razón, dando a cada cual su propio primado o de tiempo o de importancia [70]. Dijo a todos el crede ut intelligas, pero repitió también el intellige ut credas [71]. Escribió una obra, siempre actual, sobre la utilidad de la fe [72], y explicó cómo la fe es la medicina destinada para curar el ojo del espíritu [73], la fortaleza inexpugnable para la defensa de todos, especialmente de los débiles, contra el error [74], el nido donde se echan las plumas para los altos vuelos del espíritu [75], el camino corto que permite conocer pronto, con seguridad y sin errores, las verdades que conducen al hombre a la sabiduría [76]. Pero sostuvo también que la fe no está nunca sin la razón, porque es la razón quien demuestra "a quién hay que creer" [77]. Por lo tanto, "también la fe tiene sus ojos propios, con los cuales ve de alguna manera que es verdadero lo que todavía no ve" [78]. "Nadie, pues, cree si antes no ha pensado que tiene obligación de creer", puesto que "creer no es sino pensar con asentimiento" —cum assentione cogitare— ...hasta tal punto, que "la fe que no sea pensada no es fe" [79].
El razonamiento sobre los ojos de la fe desemboca en el de la credibilidad, del que Agustín habla con frecuencia aportando los motivos, como si quisiera confirmar la conciencia con la que él mismo había vuelto a la fe católica. Interesa citar un texto. Escribe él: "Son muchas las razones que me mantienen en el seno de la Iglesia católica. Aparte la sabiduría de sus enseñanzas (para Agustín este argumento era fortísimo, pero no lo admitían sus adversarios), ...me mantiene el consentimiento de los pueblos y de las gentes; me mantiene la autoridad fundada sobre los milagros, nutrida con la esperanza, aumentada con la caridad, consolidada por la antigüedad; me mantiene la sucesión de los obispos, de la sede misma del Apóstol Pedro, a quien el Señor después de la resurrección mandó a apacentar sus ovejas, hasta el episcopado actual; me mantiene, finalmente, el nombre mismo de católica, que no sin razón ha obtenido esta Iglesia solamente" [80].
En su gran obra La ciudad de Dios, que es al mismo tiempo apologética y dogmática, el problema de la razón y de la fe se convierten en el de fe y cultura. Agustín, que tanto trabajó por promover la cultura cristiana, lo resuelve exponiendo tres argumentos importantes: la fiel exposición de la doctrina cristiana; la atenta recuperación de la cultura pagana en todo aquello que tenía de recuperable, y que bajo el punto de vista filosófico no era poco; y la demostración insistente de la presencia en la enseñanza cristiana de todo aquello que había en aquella cultura de verdadero y perennemente útil, con la ventaja de que se encontraba perfeccionado y sublimado [81]. No en vano se leyó mucho La Ciudad de Dios durante la Edad Media, y merece ciertamente que se la lea también en nuestros tiempos como ejemplo y acicate para reflexionar mejor en torno a las relaciones entre el cristianismo y las culturas de los pueblos. Vale la pena citar un texto importante de Agustín: "La ciudad celestial... convoca a ciudadanos de todas las naciones... sin preocuparse de las diferencias de costumbres, leyes o instituciones..., no suprime ni destruye cosa alguna de éstas; al contrario, las acepta y conserva todo lo que, aunque diverso en las diferentes naciones, tiende a un mismo fin: la paz terrena, pero con la condición de que no impidan la religión que enseña a adorar a un sólo Dios, sumo y verdadero" [82].”

domingo, 11 de agosto de 2013

Santa Clara, humilde esclava del Señor


“Santa Clara, nacida en Asís en torno a los años 1193-1194, en el seno de la noble familia de Favarone de Offreduccio, recibió, sobre todo de su madre Ortolana, una sólida educación cristiana. Iluminada por la gracia divina, se dejó atraer por la nueva forma de vida evangélica iniciada por san Francisco y sus compañeros, y decidió, a su vez, emprender un seguimiento más radical de Cristo. Dejó su casa paterna en la noche entre el domingo de Ramos y el Lunes santo de 1211 (ó 1212) y, por consejo del mismo santo, se dirigió a la iglesita de la Porciúncula, cuna de la experiencia franciscana, donde, ante el altar de Santa María, se desprendió de todas sus riquezas, para vestir el hábito pobre de penitencia en forma de cruz.

Después de un breve período de búsqueda, llegó al pequeño monasterio de San Damián, a donde la siguió también su hermana menor, Inés. Allí se le unieron otras compañeras, deseosas de encarnar el Evangelio en una dimensión contemplativa. Ante la determinación con la que la nueva comunidad monástica seguía las huellas de Cristo, considerando que la pobreza, el esfuerzo, la tribulación, la humillación y el desprecio del mundo eran motivo de gran alegría espiritual, san Francisco se sintió movido por afecto paterno y les escribió:  "Ya que, por inspiración divina, os habéis hecho hijas y esclavas del altísimo sumo Rey, el Padre celestial, y os habéis desposado con el Espíritu Santo, eligiendo vivir conforme a la perfección del santo Evangelio, quiero y prometo tener siempre, por mí mismo y por medio de mis hermanos, diligente cuidado y especial solicitud de vosotras no menos que de ellos" (Regla de santa Clara, cap. VI, 3-4).

3. Santa Clara insertó estas palabras en el capítulo central de su Regla, reconociendo en ellas no sólo una de las enseñanzas recibidas del santo, sino también el núcleo fundamental de su carisma, que se delinea en el contexto trinitario y mariano del evangelio de la Anunciación. En efecto, san Francisco veía la vocación de las Hermanas Pobres a la luz de la Virgen María, la humilde esclava del Señor que, al concebir por obra del Espíritu Santo, se convirtió en la Madre de Dios. La humilde esclava del Señor es el prototipo de la Iglesia, virgen, esposa y madre.

Santa Clara percibía su vocación como una llamada a vivir siguiendo el ejemplo de María, que ofreció su virginidad a la acción del Espíritu Santo para convertirse en Madre de Cristo y de su Cuerpo místico. Se sentía estrechamente asociada a la Madre del Señor y, por eso, exhortaba así a santa Inés de Praga, princesa bohemia que se había hecho clarisa:  "Llégate a esta dulcísima Madre, que engendró un Hijo que los cielos no podían contener, pero ella lo acogió en el estrecho claustro de su santo vientre y lo llevó en su seno virginal" (Carta tercera a Inés de Praga, 18-19).

La figura de María acompañó el camino vocacional de la santa de Asís hasta el final de su vida. Según un significativo testimonio dado durante su proceso de canonización, en el momento en que Clara estaba a punto de morir, la Virgen se acercó a su lecho e inclinó la cabeza sobre ella, cuya vida había sido una radiante imagen de la suya.”

(Beato Juan Pablo II en el Mensaje a las Clarisas con ocasióndel 750 aniversario de la muerte de Santa Clara de Asis) 

sábado, 10 de agosto de 2013

Mons. Jose Maria Arancedo: Primarias en Argentina 2013 “La política debe ser un acto de “caridad social” al servicio del bien común.”



Texto del micro radial emitido por LT9
Monseñor José María Arancedo, Presidente de la Comisiòn Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz
(10 de agosto de 2013)


“El próximo domingo somos convocados a participar en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, como paso a las elecciones legislativas del mes de octubre. Se trata de un acontecimiento ciudadano en el marco de la democracia republicana. Ello implica un acto de responsabilidad cívica, de aceptación de una instancia democrática y la conciencia de ser partícipes en la vida de la República. A las elecciones las debemos asumir con el significado de una pregunta que compromete una respuesta, en orden al bien común de la Patria. Ello requiere, por lo mismo, de una participación lúcida. Como en todo acto humano interviene la inteligencia y la voluntad, pero orientadas por una concepción del hombre y de la sociedad que queremos. Actuar como ciudadanos es una cuestión de madurez que hace al bien de la comunidad. 

Es común hablar de la necesidad de pasar de “habitantes a ciudadanos”. Es cierto que la participación en una elección no es la única manera de ser ciudadano, pero no es un momento menor. En el voto, como expresión política del ciudadano, expresamos un modo de pensar con los valores e ideas que lo definen. En este sentido el voto es un servicio que enriquece a la vida de la comunidad desde el aporte de cada ciudadano. Considero a los valores morales como ese “humus” que da raíz y certeza al futuro de todo proyecto. Cuando a la política se la vacía de contenidos ideales y de valores, queda encerrada en el juego del poder. Esto significa que no se puede dejar de lado los principios e ideas que expresan una visión del hombre, del mundo y de la sociedad. Yo no puedo renunciar a mi cosmovisión cristiana cuando voto. Es más, lo vivo como un acto de amor y de servicio con el que enriquezco a mi Patria. La fe, lejos de alejarme de la realidad, me compromete con la vida y dignidad del hombre en lo concreto de la sociedad, sobre todo con quienes son más pobres y vulnerables. La Patria nos habla de encuentro y concordia en la verdad y la justicia. La diversidad no se opone a la unidad. 

Como en toda actividad humana, la concreción de un proyecto político concluye en la elección de personas. No estamos en el mundo de lo mecánico sino de la mediación humana. La política, como parte de la ética, es la mediación entre la idea y la realidad, llevada a cabo por personas con sus límites y grandezas. Se votan ideas, pero sobre todo personas. La relación entre ambas es la coherencia y esto es, esencialmente, una cuestión moral. Es importante en este camino de discernimiento el conocimiento de plataformas y personas, como la existencia de un dialogo respetuoso que nos ayude, desde nuestra identidad, a definir el voto que vamos a emitir. Cuando nos preguntábamos en el Documento Hacia un Bicentenario en Justicia y Solidaridad: ¿Qué estilo de liderazgo necesitamos hoy? decíamos: “Todo líder, para llegar a ser un verdadero dirigente ha de ser ante todo un testigo. El testimonio personal, concluíamos, como expresión de coherencia y ejemplaridad hace al crecimiento de una comunidad” (n° 22). La política debe ser un acto de “caridad social” al servicio del bien común.”


(transcribo de  Directorio Católico)

viernes, 9 de agosto de 2013

Edith Stein – Santa Teresa Benedicta de la Cruz “En la plenitud de la imitación de la «ciencia de la Cruz» - Breve biografía de las diferentes etapas de su conversión

Me permití “robar” un trozo del escrito de Giovanni Marchesi, S.J. titulado “Laciencia de la cruz en Edith Stein”, publicado en Humanitas Nro 25,  que cubre las diferentes etapas de su conversión.  Por eso lo he subtitulado “Breve biografia”. El artículo es bastante más extenso e invito leerlo completo. Comienza con el anuncio delPapa Juan Pablo II nombrándola a la santa Edith Stein como una de las tres nuevas patronas del continente europeo y termina con la maduración de su convencimiento que  “Se llega a poseer una scientia Crucis únicamente cuando se experimenta hasta el fondo la cruz. Estaba convencida de esto desde el primer instante, porque he dicho de todo corazón: ave, Crux, spes unica


(foto de Wikimedia
“El espacio no nos permite recorrer las etapas principales de la vida y la maduración intelectual y espiritual de Edith Stein, nacida el 12 de octubre de 1891 en Breslau/Breslavia (Silesia), actualmente Polonia (con la denominación Wroclaw). Era la undécima hija de una familia hebrea sumamente religiosa, filósofa eminente formada en la escuela de Edmund Husserl. Del propio Husserl fue en primer lugar alumna en Gottinga y luego ayudante en Friburgo hasta 1921. Desde los años de los estudios universitarios, la joven Stein destacó por su larga y apasionada búsqueda de la verdad, pasando de la fenomenología de Husserl (1859-1939) a la filosofía cristiana y por consiguiente a la scientia crucis, es decir, a la consagración a Cristo, en la Iglesia Católica, hasta el martirio. El mismo Husserl, en Friburgo, después de leer la tesis doctoral de Edith Stein sobre El problema de la empatía (Einfühlung) y reconociendo que lo había precedido en el desarrollo de la segunda parte de sus Ideas, la definió como “una pequeña muchacha con grandes dotes”, otorgándole además la más alta calificación académica. En el verano de 1921, Edith Stein llega definitivamente a la fe católica, que recibió el último sello con el “martirio” en Auschwitz.
Precisamente el ambiente de estudio de Gottinga, con las frecuentaciones intelectuales y las amistades que Edith Stein pudo cultivar allí, le ofreció el primer contacto directo con las temáticas de la fe cristiana, y específicamente de la Iglesia Católica. Max Scheler y Anne Reinach, esposa del gran fenomenólogo Adolf Reinach, fueron ocasión directa para dicho contacto. En esos años, Max Scheler, que competía intelectualmente con Husserl en cuanto a la paternidad de la fenomenología, ofrecía conferencias públicas en Gottinga, a las cuales asistía Edith Stein con especial interés, además porque el filósofo abordaba el tema de laEinfühlung, en la cual ella comenzaba a interesarse dada su tesis para el doctorado. Scheler se presentaba como un puro “fenómeno de la genialidad”: “De sus grandes ojos azules emanaba el esplendor de un mundo superior. (...) Para mí, como para muchos otros, su influencia en esos años adquirió importancia incluso más allá del ámbito filosófico”; él hablaba “con insistente eficacia, con auténtica vivacidad dramática”. En ese período, Scheler practicaba el catolicismo (también los esposos Husserl habían pasado del hebraísmo al cristianismo). Escuchando las conferencias de Scheler, que expresaba muchas ideas católicas y “sabía divulgarlas haciendo uso de su brillante inteligencia y habilidad lingüística”, se abre un mundo desconocido por primera vez en la vida para la joven Edith, cada vez más interesada en la verdad. Si bien en ese momento no llegó a la fe, al procurar, como buena fenomenóloga, reflexionar sobre cada cosa con una mirada libre de prejuicios y sin “anteojeras”, comienza a interesarse en los asuntos religiosos: “Los límites de los prejuicios racionalistas, en medio de los cuales había crecido sin saberlo, cayeron, y el mundo de la fe apareció repentinamente ante mí”. La joven estudiante de filosofía se siente “paulatinamente transformada”.
El primer verdadero encuentro con la verdad cristiana, y específicamente con el misterio de la Cruz, Edith Stein lo vive con ocasión de la muerte del profesor Adolf Reinach, “el ángel bueno” que la había puesto a salvo de las dificultades interiores cuando se devanaba los sesos con el problema de la Einfühlung y que con sus consejos y reflexiones logró liberarla del tedio de la vida. En noviembre de 1917, Reinach, brazo derecho de Husserl en Gottinga, muere en Flandes, en el frente de batalla. Los amigos fenomenólogos están consternados. Para Edith Stein es un trauma, ya que con Reinach, más que un maestro, siente que ha perdido un amigo y confidente. Le produce casi temor el encuentro con la joven viuda tan duramente sometida a prueba, que le solicita poner orden en los escritos filosóficos de su marido. Al leer los Apuntes sobre una filosofía de la religión de Reinach, con hermosas páginas proyectadas hacia el catolicismo, y al constatar, con asombro, la fuerza que la joven viuda recibía de la fe cristiana, Edith Stein se siente perturbada y no está tan segura de su ateísmo. Más tarde confía: “Ése fue mi primer encuentro con la Cruz, mi primera experiencia de la fuerza divina que emana de la Cruz y se comunica a quienes la adoptan. Por primera vez me fue dado contemplar en toda su luminosa realidad la Iglesia nacida de la pasión salvadora de Cristo, en su triunfo sobre el aguijón de la muerte. Fue el instante en que se derrumbó mi incredulidad, palideció el hebraísmo y Cristo se irguió radiante ante mi mirada: ¡Cristo en el misterio de su Cruz!”.
Anteriormente, otro episodio ocasional la había impresionado especialmente. Al entrar con una amiga a la catedral de Frankfurt, observó a una mujer del pueblo arrodillada en un banco para pronunciar una breve oración, con la bolsa de las compras en las manos. “Para mí era algo totalmente nuevo. En las sinagogas y las iglesias protestantes que había visitado, la gente asistía a las funciones religiosas; ahí, en cambio, alguien había entrado en la iglesia vacía en medio de sus tareas cotidianas, como si fuera a un coloquio confidencial. Jamás pude olvidarlo”. El encuentro con la fe se vuelve difícil y problemático. En el artículo Causalidad psíquica, publicado en 1922, en el quinto volumen de la revista dirigida por Husserl, Jahrbuch für Philosophie und phänomenologische Forschung, hay señales de la lucha interior que sostiene en esos años. Edith Stein parece centrada en su propia experiencia, al enfrentar de pronto la temática religiosa, que altera sus planos, cuando escribe: “Me niego por tanto aceptar la fe pura y simple y no le permito obrar con eficacia”. Más adelante, en el mismo ensayo, extenso como un libro, anota: “Existe un estado de reposo en Dios, de total aflojamiento de toda actividad espiritual, en el cual no se hacen más planes, no se toman decisiones y además de no actuar, uno entrega todo cuanto es propio del futuro a la voluntad divina y se “abandona” totalmente al “destino”. Este estado lo he vivido en parte yo misma, después de ocurrir un hecho que superó mis fuerzas absorbiendo completamente las energías espirituales de mi vida y despojándome de toda actividad. El reposo en Dios, en cuanto debilitamiento de la actividad por falta de fuerza vital, es algo totalmente nuevo y especial. El debilitamiento se caracterizaba por un silencio mortal, en cuyo lugar se presenta ahora una sensación de seguridad” y “cuando uno se abandona a este sentimiento, comienza a llenarse paulatinamente de nueva vida y siente un impulso hacia una nueva actividad, pero sin esfuerzo alguno de la voluntad”. Por último, en la segunda parte del mismo ensayo, titulada “Individuo y comunidad”, Stein parece fotografiar el camino de profunda purificación que está viviendo su alma: si en el plano interior “se produce una transformación, ésta no se considera resultado de un desarrollo, sino más bien una conversión debida a una fuerza sobrenatural o una fuerza situada fuera de la persona y fuera de todos los nexos con los cuales la misma está ligada”.
La circunstancia aparentemente casual de este repentino milagro de la gracia, que redunda en una transformación de la persona de Edith Stein, es la lectura ocasional de la Autobiografía de Santa Teresa de Avila en casa de sus grandes amigos, los esposos Conrad-Martius (verano de 1921, en Bergzabern): “Sin elegir, tomé el primer libro que cayó en mis manos. Era un gran volumen titulado Vida de Santa Teresa de Ávila escrita por ella misma. Comencé a leerlo y me absorbió de tal manera que no lo interrumpí hasta llegar al final. Al cerrarlo, tuve que confesarme a mí misma: “Ésta es la verdad”. Como dirá más tarde, desde los años intensos de estudio filosófico en Gottinga, “mi anhelo de verdad era una plegaria única”; “quien busca la verdad busca a Dios, sépalo o no”. Esa misma mañana, en Bergzabern, compra un catecismo y un pequeño misal, casi intuyendo la necesidad de conjugar en armonía la fe y la espiritualidad cristiana: la inseparabilidad entre fe y vida, entre lex credendi y lex orandi.
El 21 de enero de 1922, Edith Stein recibe el bautismo, siendo Hedwig Conrad-Martius su madrina. Era difícil comunicar en ese momento a la madre que se había convertido al catolicismo. Algunos días después, yendo a visitar a su familia, la atea convertida a la fe cristiana le dice con dulzura: “Mamá, soy católica”. En vez del esperado reproche, se produce un silencio sepulcral, que sólo se rompe con el llanto de ambas. Las dos pasan la noche en vela. Inmediatamente después de la conversión, Edith Stein aspira a entrar en el Carmelo, abandonando de inmediato la investigación científica, la carrera académica y los sueños de gloria. El vicario general de Spira, donde el 2 de febrero recibe el sacramento de la confirmación, y el sacerdote jesuita Erich Przywara, el gran filósofo de la Analogia entis, la convencen de que en ese momento no tome semejante decisión. Edith Stein entrará después al Carmelo de Lindenthal (Colonia), el 14 de octubre de 1933. En ese mismo monasterio, es bautizada en la Navidad de 1936 la hermana Rosa, católica desde hace ya algún tiempo en su disposición de ánimo. También en esa circunstancia se presentó el problema de dar a conocer el hecho a la madre, por la cual siempre conservó un tierno afecto.
“El último día que estuve en casa fue el 12 de octubre (1933), día de mi cumpleaños -escribirá Edith Stein el 18 de diciembre de 1938-, y también era una fiesta hebrea, la clausura de la fiesta de los Tabernáculos. Mi madre participó en el servicio, en la sinagoga de la escuela de los rabinos, y la acompañé porque ambas deseábamos estar juntas todo ese día”. Al regresar a pie, la madre anciana (84 años) preguntó a la hija: “¿No era hermosa la prédica?”. “Sí”. “¿Se puede entonces ser religiosos también como hebreos?”. “Por supuesto, si no se ha conocido otra cosa”. Entonces respondió desesperada: “¿Y tú porque la conociste? Nada digo en tu contra. Ciertamente habrá sido un hombre muy bueno, ¿pero por qué se hizo Dios?”. En cartas escritas en los días o meses siguientes a su entrada al Carmelo, Edith Stein señala con gran dolor la reacción negativa de la madre ante su opción de vida: “Las últimas semanas en casa y el momento de la separación fueron muy dolorosos. Fue imposible hacer que la mamá fuera un poco comprensiva. Se mantuvo en su rigidez e incomprensión y yo partí únicamente con la fe en la gracia de Dios y en la fuerza de nuestra oración”“; “Mi madre se opone aun con todas sus fuerzas a la decisión que estoy a punto de tomar. Es dura tarea presenciar el dolor y el conflicto de conciencia de una madre sin poderla ayudar con medios humanos”.
Contrariamente a lo que pensaba su madre, al convertirse a la fe católica, Edith Stein redescubrió en lo más profundo de sí misma sus raíces hebraicas, teniendo ahora conciencia de pertenecer enteramente a la estirpe de Cristo en el espíritu y la sangre. Se regocijaba interiormente al pensar que en sus venas corría la misma sangre de Jesús y María: “Usted no puede entender lo que significa para mí el hecho de que María, la Madre de Dios, haya sido hebrea”, dijo un día a otra religiosa de Echt. Sor Teresa Benedicta confiaba reflexiones análogas al sacerdote jesuita Peter Hirschmann:”No puede usted imaginar lo que significa para mí ir a la capilla en la mañana y al ver el tabernáculo y la imagen de María, decir en mi interior “Eran de nuestra sangre” “; “Usted no puede creer lo que significa para mí ser hija del pueblo elegido y pertenecer a Cristo no sólo espiritualmente, sino también por el parentesco de sangre”. San Ignacio de Loyola, en su arrojo místico, hubiera deseado nacer “judío” para poder estar más cerca del Señor o “parecerse” más a El. Ese deseo no satisfecho de Ignacio fue para Edith un don de la naturaleza y la gracia.”

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3er Congreso Mundial de la Divina Misericordia (WACOM 2014) en Bogotá – entrevista al Cardenal Schönborn



Ayer tuvo lugar en Bogota una conferencia de prensa  relacionada con el Tercer Congreso Apostólico Mundial de la Misericordia que tendrá lugar en Bogotá, Colombia entre el 15 y el 19 de agosto de 2014. Con tal ocasión Gaudium Press entrevistó al Cardenal Arzobispo de Viena , Mons. Christoph Schönborn, quien se encuentra en la capital colombiana, promocionando este tercer Congreso. Las ediciones anteriores tuvieron lugar en Roma en el 2008 y en Cracovia en 2011. 

Gaudium Press aprovechó el paso del purpurado por el país para preguntarle sobre dos temas puntuales:

Gaudium Press: Eminencia, en Colombia la familia está en una situación de crisis muy grande. Este es un país de gran tradición católica, de gran sentimiento católico, pero al mismo tiempo cada vez menos parejas se casan, y de las que se casan cada vez más parejas se separan. Las estadísticas hablan de un 50% de separaciones y parece que eso incluye a los matrimonios en la Iglesia. ¿Cómo un congreso como el de la Divina Misericordia que se realizará en Colombia en el próximo año viene a incidir en esta realidad?

Cardenal Schönborn: Yo no conozco la situación de Colombia. Puedo decir que en Austria, en nuestra Arquidiócesis de Viena, más del 60% de los matrimonios van al divorcio. Eso es un drama, es un desastre para la sociedad, para la economía también, para la educación, por todo, pero ante todo es el drama de los niños. Son las primeras víctimas de esta situación.
Una llamada a vivir la misericordia, es primeramente la llamada a cambiar de mirada. Es asumir la mirada de Jesús que dice: "Dejad que los niños vengan a mí". Miren a los niños, los efectos de la división de los padres, los efectos que eso causa en los niños. Invitar a la misericordia con los niños es uno de los caminos posibles para sanar esa situación. Si los padres, la pareja vive el misterio de la Divina Misericordia entre ellos, ellos llegan inevitablemente al perdón, a la reconciliación. Y es posible que haya reconciliación; por lo menos que no se haga pesar el peso de los conflictos sobre las espaldas de sus niños.
Es el drama que nosotros vemos tantas veces en nuestros países, en Europa. Los padres tienen conflictos dramáticos entre ellos y hacen pesar esos conflictos sobre las espaldas de sus niños. Es falta de misericordia con sus niños. No es culpa de los niños si los padres no pueden vivir juntos.
Es esta mirada muy concreta la que nos enseña Jesús, que nos enseña el Evangelio, a la cual puede ayudar el Apostolado de la Misericordia.

Gaudium Press: Eminencia, ¿cómo se compagina, en el marco de las revelaciones a Santa Faustina Kowalska, la misericordia con la justicia?

Cardenal Schönborn: No hay misericordia sin verdad. No hay justicia sin verdad. Pero la justicia sin misericordia vuelve a ser duda. Misericordia sin justicia se hace floja; mórbida se dice en italiano. Por eso, la verdadera justicia es dar a cada uno lo que necesita, definición clásica de la justicia distributiva. (...) La llamada a la misericordia es siempre una llamada más de justicia. A una justicia auténtica, verdadera. No se puede vivir el compromiso de la misericordia sin una llamada fuerte a la justicia. Pienso que el Papa Francisco nos habla muy claramente de eso.

Bogotá (Jueves, 08-08-2013, Gaudium Press)
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jueves, 8 de agosto de 2013

Canonizacion Juan Pablo II y Polonia



Mientras todos ansiosos nos preguntamos acerca de la fecha de la canonización del Beato Juan Pablo  II (y el beato Juan XXIII), parece que ni en Roma ni en Polonia hay apuro (verano y vacaciones influyen). Sin embargo, las autoridades eclesiásticas y civiles polacas siguen trabajando sin prisa ni pausa.   El cardenal Stanislaw Dziwisz sostuvo desde un principio que el sabía que era santo, de igual manera se expresó el postulador Mons. Slawomir Oder y hasta escribio un libro explicándonos porque es santo. Entonces porque tener apuro?

El cardenal Dziwisz expresó a su regreso de Rio (de la JMJ) que la fecha mas probable seria a fines de abril/principios de mayo de 2014 aclarando que el clima es muy importante y se quiere evitar los meses de invierno, tal como el Papa Francisco mismo confió en la rueda de prensa en su vuelo de regreso desde Rio.  El cardenal Dziwisz ademas le propuso al Santo Padre el primer domingo despues de Pascua o sea el Domingo de la Misericordia! Pero probablemente la decisión en cuanto a la fecha exacta sea tomada durante el próximo consistorio extraordinario convocado por el Santo Padre para septiembre, lo cual casi descalifica la fecha que también se comentaba de octubre o noviembre por el poco margen de tiempo. 

Mientras para todos nosotros la expectativa crece ....por razones prácticas de reservas relacionadas con el viaje,  en Polonia se sigue trabajando.... El Centro Juan Pablo II „No tengais miedo” „toda una ciudad en una ciudad” de Lagiewniki progresa rápidamente. Sus instalaciones comprenderán salas para conferencias, un hotel para hospedaje de  turistas y peregrinos y un centro de conferencias.  Ademas un parque de meditaciones (que supongo estará localizado entre el Santuario Juan Pablo II y el Santuario de la Divina Misericordia porque la distancia entre ambos se encuentra ya arbolada) un centro de rehabilitación, la casa del peregrino, una casa para sacerdotes y una torre para vistas panorámicas. El Instituto Juan Pablo II ya está funcionando, el Museo Juan Pablo II acaba de ser inaugurado y en el Centro del voluntariado ya se dictan cursos para voluntarios. 

El Centro Juan Pablo II – decia el cardenal Stanislaw Dziwisz – es un homenaje al papa polaco, pero también un compromiso de transmitir su herencia a las futuras generaciones.  La iniciativa nació el 2 de enero de 2006; el diseño es del joven arquitecto Andrzej Mikulski y la construcción comenzó en el otoño del 2008 en terrenos de la antigua fábrica química Solvay, un sitio simbólicamente relacionado con la juventud de Karol Wojtyla, donde trabajó como operario.

(foto de Wiki - autor Zygmunt Put)

El enorme complejo se calcula estará listo dentro de dos años (2015.  La parte inferior del Santuario fue inaugurada en junio del 2011 (ver mis posts Centro Juan Pablo II)   y acaba de ser inaugurada la parte superior.  El altar principal y las paredes laterales son obra del artista religioso esloveno Marko Ivan Rupnik S.J.  


La ceremonia de consagración tuvo lugar el 23 de junio de este año, dos años después de haber sido colocadas las reliquias del Beato Juan Pablo II en el santuario inferior, que comprendía la primer etapa.  También se ha organizado una exposición itinerante destinada a la promoción del pensamiento y la enseñanza del Beato Juan Pablo II, que hasta ahora ha peregrinado por Polonia y a partir de los primeros dias de agosto comenzaba su peregrinación hacia Fátima, Lisieux, Loreto y Santiago de Compostela.  


También la casa natal de Juan Pablo II en Wadowice va progresando y según se prometía los trabajos estarían listos para el 2014. Mientras tanto la casa museo funciona en el Dom Katolicki detrás de la Iglesia (ver mi post)   
La „casa familiar” que comprendia 200 mt2  y estaba compuesta por tres habitaciones en el primer piso del edificio seguirá siendo el corazón del espacio que está siendo ampliado a 1.000 m2 distribuidos en cuatro plantas, incluyendo la ampliación y adaptación del sótano y el ático y el visitante se encontrará con un edificio cuyo exterior habrá recuperado el aspecto de los años 20 del siglo pasado, pero por dentro estará dotado de toda la tecnología moderna.  



martes, 6 de agosto de 2013

20 años de la Encíclica Veritatis Splendor





Se cumplen hoy 20 años de la publicación de la Encíclica Veritatis Splendor  El esplendor de la verdad, del Beato Juan Pablo II,  dedicada a las cuestiones fundamentales de la enseñanza moral de la Iglesia, encíclica que fue presentadapor el Cardenal Joseph Ratzinger .

Con motivo del  Congreso “Juan Pablo II : 25 años de pontificado. La Iglesia al servicio del hombre” en la Pontificia Universidad Lateranense (8-10 de mayo 2003) el mismo Cardenal Ratzinger hacia una breve presentación de las catorce encíclicas del Santo Padre JuanPablo II. En su alocución decía con respecto a Veritatis Splendor:

 Veritatis splendor no sólo afronta la crisis interna de la teología moral en la Iglesia, sino que pertenece al debate ético de dimensiones mundiales, que hoy se ha transformado en una cuestión de vida o muerte para la humanidad. Contra una teología moral que en el siglo XIX se había reducido de modo cada vez más preocupante a casuística, ya en los decenios anteriores al Concilio se había puesto en marcha un decidido movimiento de oposición. La doctrina moral cristiana se debía formular nuevamente desde su gran perspectiva positiva a partir del núcleo de la fe, sin considerarla como una lista de prohibiciones. 

La idea de la imitación de Cristo y el principio del amor se desarrollaron como las directrices fundamentales, a partir de las cuales podían organizarse los diversos elementos de la doctrina. La voluntad de dejarse inspirar por la fe como luz nueva que hace transparente la doctrina moral había llevado a alejarse de la versión iusnaturalista de la moral en favor de una construcción de perfil bíblico e histórico-salvífico. 

El concilio Vaticano II había confirmado y reafirmado estos enfoques. Pero el intento de construir una moral puramente bíblica resultó imposible ante las demandas concretas de la época. El puro biblicismo, precisamente en la teología moral, no es un camino posible. Así,  de modo sorprendentemente rápido, después de una breve fase en la que  se  trató  de dar a la teología moral una inspiración bíblica, se intentó una explicación puramente racional del ethos, pero la vuelta al pensamiento iusnaturalista resultó imposible:  la corriente antimetafísica, que tal vez ya había contribuido al intento biblicista, hacía que el derecho natural pareciera un modelo anticuado y ya inadecuado. 

Se quedó a merced de una racionalidad positivista que ya no reconocía el bien como tal. "El bien es siempre -así decía entonces un teólogo moral- sólo mejor que...". Quedaba como criterio el cálculo de las consecuencias. Moral es lo que parece más positivo, teniendo en cuenta las consecuencias previsibles. No siempre el consecuencialismo se aplicó de modo tan radical. Pero al final se llegó a una construcción tal, que se disuelve lo que es moral, pues el bien como tal no existe. Para ese tipo de racionalidad ni siquiera la Biblia tiene algo que decir. La sagrada Escritura puede proporcionar motivaciones, pero no contenidos. 

Pero si las cosas fueran así, el cristianismo como "camino" -así debería y quisiera ser- resultaría un fracaso. Y si antes desde la ortodoxia se había llegado a la ortopraxis, ahora la ortopraxis se convierte en una trágica ironía:  porque en el fondo no existe. 

El Papa, por el contrario, con gran decisión volvió a dar legitimidad a la perspectiva metafísica, que es sólo una consecuencia de la fe en la creación. Una vez más, partiendo de la fe en la creación, logra vincular y fundir antropocentrismo y teocentrismo:  "la razón encuentra su verdad y su autoridad en la ley eterna, que no es otra cosa que la misma sabiduría divina. (...) En efecto, la ley natural (...) no es otra cosa que la luz de la inteligencia infundida en nosotros por Dios" (Veritatis splendor, 40). Precisamente porque el Papa es partidario de la metafísica en virtud de la fe en la creación, puede comprender también la Biblia como Palabra presente, unir la construcción metafísica y bíblica del ethos. Una perla de la encíclica, significativa tanto filosófica como teológicamente, es el gran pasaje sobre el martirio. Si ya no hay nada por lo que valga la pena morir, entonces también la vida resulta vacía. Sólo si existe el bien absoluto, por el que vale la pena morir, y el mal eterno que nunca se transforma en bien, el hombre es confirmado en su dignidad y nosotros nos vemos protegidos de la dictadura de las ideologías.”


Con ocasión del XXV aniversario del pontificado de Juan Pablo II y del X aniversario de la encíclica Veritatis Splendor se creó el 15 de octubre de 2003 la Cátedra Juan Pablo II de la Pontificia Universidad Católica Argentina.  La primera actividad de la Cátedra consistió en la organización del Congreso Teòlogico Internacional La Verdad los hará libres sobre la encíclica Veritatis Splendor y fue desarrollado en Buenos Aires durante los días 23-24-25 de septiembre de 2004. Todas las actas fueron publicadas bajo el título del Congreso por Ediciones Paulinas.



Tengo muy olvidado mi blog Las 14 encíclicas de Juan Pablo II, he borrado algunos posts según explico en mi último post. Prometo reactivarlo para ir juntando bibliografía e ir publicando breves textos incluyendo enlaces.  No dejaré de seguir buscando referencias y bibliografía sobre Redemptor Hominis, pero con ocasión de este aniversario comenzare a publicar textos sobre la Encíclica Veritatis Splendor.  


domingo, 4 de agosto de 2013

JMJ Rio 2013 Blog de la Conferencia Episcopal Argentina



Que nadie se pierda el valioso material que ha subido a la web el Equipo de Prensa y Comunicación de la ConferenciaEpiscopal Argentina!  

 Contiene algunos datos no tan conocidos y algunos “sabrosos” que hacen sonreír como la entrevista a Mons. Eduardo Garcia.

Todos mis posts relacionados con la JMJ pueden verse en mi otro blog Francisco, nuestro Papa.

sábado, 3 de agosto de 2013

Canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II




(de la rueda de prensa del Papa Francisco a bordo del avión de regreso de Rio a Roma, al término de la JMJ 2013)
Padre Lombardi: Y cerramos con Valentina, que como había comenzado en el viaje de partida, ahora cierra en el viaje de vuelta.
Valentina Alazraki: Santidad, gracias por haber mantenido la promesa de responder a nuestras preguntas a la vuelta…
Papa Francisco: Les atrasé la cena...
Valentina Alazraki: No importa, no importa…. La pregunta sería, bueno, de parte de todos los mexicanos. ¿Cuándo va a Guadalupe?, pero esa es de los mexicanos. La mía sería: Usted va a canonizar a dos grandes papas, Juan XXIII y Juan Pablo II. Quisiera saber, ¿cuál es según usted, el modelo de santidad que se desprende del uno y del otro y, el impacto que han tenido en la Iglesia y en Usted?
Papa Francisco: Juan XXIII es un poco la figura del "cura rural", el presbítero que ama a cada uno de los fieles, que sabe cómo tratar a los fieles, y esto la hecho de obispo como de nuncio. Y, ¡cuántos testimonios falsos de bautismo hizo en Turquía en favor de los judíos! Era un valiente, un cura rural bueno, con un sentido del humor tan grande, tan grande, y una gran santidad. Cuando era nuncio, algunos no lo querían mucho en el Vaticano, y cuando venía para traer cosas o solicitarlas, en algunas oficinas lo hacían esperar. Nunca se quejó: rezaba el rosario, leía el breviario… Un manso, un humilde, incluso uno que se preocupaba por los pobres. Cuando el cardenal Casaroli regresó de una misión --creo que en Hungría o en la antigua Checoslovaquia de entonces, no recuerdo cuál de las dos--, se le acercó para explicarle cómo había sido la misión, en aquella época de la diplomacia de los "pequeños pasos". Y tuvieron la audiencia –veinte días después Juan XXIII habría muerto--, y mientras Casaroli se iba, lo detuvo: "Ah eminencia --no, no era eminencia, excelencia--, una pregunta: ¿todavía va donde esos jóvenes?" Por que Casaroli iba a la cárcel de menores de Casal del Marmo y jugaba con ellos. Y Casaroli le dijo: "Sí, sí". "Nunca los abandone..." Esto a un diplomático, que venía de hacer un camino de diplomacia, un viaje tan difícil, Juan XXIII le dijo: "Nunca abandone a los muchahchos". ¡Es un grande, un grande! Luego aquello del Concilio: es un hombre dócil a la voz de Dios, para aquello que le vino del Espíritu Santo, y él fue dócil. Pío XII pensaba hacerlo, pero las circunstancias no estaban maduras para ello. Creo que este [Juan XXIII] no había pensado en las circunstancias: él ha sentido eso y lo hizo. Un hombre que se dejaba guiar por el Señor.
Sobre Juan Pablo II me mueve llamarlo "el gran misionero de la Iglesia": es un misionero, es un misionero, un hombre que llevó el evangelio por todas partes, usted lo saben mejor que yo. Pero, ¿cuántos viajes hizo? ¡Solo iba! Sentía este fuego de llevar la Palabra del Señor. Es un Paul, es un san Pablo, es un hombre así; y esto para mí es genial. Y hacer la ceremonia de canonización con los dos juntos, creo que es un mensaje a la Iglesia: estos dos son buenos, son buenos, son dos buenos. Pero está encaminada la causa de Pablo VI y también del papa Luciani: estas dos están en curso. Algo que creo que he dicho, pero no sé si aquí o en otro lugar: la fecha de la canonización. Se pensaba el ocho de diciembre de este año, pero es un gran problema; los que vienen de Polonia, los pobres, porque los que tienen los medios pueden llegar en avión, pero los que vienen, los pobres, vienen en bus y ya en diciembre los caminos tienen hielo y creo que deberíamos reconsiderar la fecha. He hablado con el cardenal Dziwisz y me sugirió dos posibilidades: o Cristo Rey de este año o el domingo de la Divina Misericordia el próximo año. Creo que es un tiempo corto para Cristo Rey de este año, ya que el Consistorio será el 30 de septiembre y para fines de octubre hay poco tiempo. Pero no lo sé, tengo que hablar con el cardenal Amato sobre esto. Pero creo que el 8 de diciembre no será.
Pregunta adicional: Pero serán canonizados juntos?
Papa Francisco: Los dos juntos, sí.
Conferencia completa en español por ahora en Zenit – espero que pronto en la pagina de la Santa Sede

Agosto 2013

viernes, 2 de agosto de 2013

2 de agosto Santa Maria de los Ángeles o de la Porciúncula. Fiesta del Poverello


La ermita de Santa María de los Ángeles, situada en el paraje llamado Porciúncula, a pocos kilómetros de Asís, fue el lugar sagrado preferido por san Francisco. En la ermita y sus alrededores se desarrollaron muchos hechos decisivos de la vida y obra del Santo. Allí comenzó la Orden Franciscana, allí inició santa Clara su aventura evangélica, allí tenían los frailes su casa solariega, allí murió Francisco. Pero antes, en 1216, obtuvo allí de Cristo, por intercesión de la Virgen, el privilegio del «Perdón de Asís» o «Indulgencia de la Porciúncula», 


confirmado por Honorio III a partir del 2 de agosto de aquel año, renovado y extendido luego por otros papas. En el siglo XVI, para acoger a los numerosos fieles que acudían a lucrar la indulgencia, se construyó el grandioso templo, que alberga en su centro la humilde ermita, declarado en 1909 basílica patriarcal. Las condiciones para ganar la indulgencia son: visitar una iglesia franciscana, rezar un padrenuestro y un credo, confesar y comulgar y orar por las intenciones del Papa.- Oración: Concédenos, Señor, por intercesión de la Virgen, Reina de los Ángeles, que participemos como ella de la plenitud de tu gracia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.” (Directorio Franciscano) 



Invito leer el muy  interesante texto Santa Maria de los Ángeles en la Porciúncula por Gualtiero Bellucci, o.f.m. en la página oficial de losfranciscanos 

Con ocasión de la Fiesta del Perdón en la Basílica de Santa Maria de los Ángeles en Asís se espera para hoy alrededor de las 15.00 la llegada de unos 1600 jóvenes de la Marcha franciscana que llegan a pie: algunos de ellos han marchado durante diez dias. Son jóvenes entre 18 y 32 años provenientes de todos los rincones de Italia.


La Basílica Santa Maria de los Ángeles fue seriamente dañada durante el terremoto en Asís de 1997. Con ocasión de la reapertura de la la capilla de la Porciúncula, y la basílica patriarcal donde se conserva,  que volvía a abrir sus puertas en 1999 el  Beato Juan Pablo II envió un Mensaje a la Orden franciscana de losfrailes menores. 

 “El Poverello sabía – decía Juan Pablo II - que «en todo lugar se puede dispensar la gracia a los elegidos de Dios; pero conocía por experiencia que el lugar de Santa María de la Porciúncula estaba enriquecido de gracia más abundante (...). Por eso decía muchas veces a los Frailes: "... Este lugar es, en verdad, santo y morada de Cristo y de la Virgen, su madre"» (Espejo de Perfección, 83). La humilde y pobre iglesita se había convertido para Francisco en el icono de María santísima, la «Virgen hecha Iglesia» (Saludo a la B.V.M.), humilde y «pequeña porción del mundo» (cf. 2 Cel 18), pero indispensable al Hijo de Dios para hacerse hombre. Por eso el santo invocaba a María como tabernáculo, casa, vestidura, esclava y Madre de Dios (cf. Saludo a la B.V.M.).

Precisamente en la capilla de la Porciúncula, que había restaurado con sus propias manos, Francisco, iluminado por las palabras del capítulo décimo del evangelio según san Mateo, decidió abandonar su precedente y breve experiencia de eremita para dedicarse a la predicación en medio de la gente, «con palabra sencilla y corazón generoso», como testimonia su primer biógrafo, Tomás de Celano (1 Cel 23). Así inició su singular ministerio itinerante. Y en la Porciúncula tuvo lugar después la toma de hábito de santa Clara, y en ella se fundó la Orden de las «Damas pobres de San Damián». Allí también Francisco pidió a Cristo, mediante la intercesión de la Reina de los Ángeles, el gran perdón o «indulgencia de la Porciúncula», confirmada por mi venerado predecesor el Papa Honorio III a partir del 2 de agosto de 1216. Desde entonces empezó la actividad misionera que llevó a Francisco y a sus frailes a algunos países musulmanes y a varias naciones de Europa. Allí, por último, el Santo acogió cantando a «nuestra hermana la muerte corporal» (Cántico de las criaturas).

Invito visitar mis posts etiquetados El espíritu de Asis.