Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 8 de febrero de 2014

Josefina Bakhita una santa con una “fortaleza misteriosa”


Hoy celebramos la memoria litúrgica de santaJosefina Bakhitabeatificada y canonizada por Juan Pablo II.

 Traduzco aquí un trozo de su pequeña biografía-diario (una de las partes más tristes) donde ella cuenta como fue raptada:

“Tenía cerca de nueve años, cuando una mañana, después del desayuno, salimos con una amiga de doce o trece años a pasear por nuestros campos, un poco alejados de la casa. Charlando de nuestros juegos, íbamos recogiendo algunas hierbas.

De repente vemos aparecer dos hombres extraños armados. Al acercársenos uno de ellos le dice a mi amiga: «deja que esta pequeña vaya allá donde comienza el bosque a buscarme un bulto; enseguida volverá y tu sigue tu camino, ella te alcanzará pronto».

Es evidente que su plan era alejarme de mi amiga, porque si hubiese estado presente en la captura, habría gritado para alertar. Yo no sospechaba nada. Enseguida obedecí, como siempre hacia con mi mama. Apenas entrada al bosque para buscar el bulto que no encontraba, veo a ambos hombres detrás mio…. Uno me toma bruscamente con una mano, con la otra extrae de su cintura un gran cuchillo, apunta a mi y con voz autoritaria me dice: «si gritas estas muerta. Vamos adelante!» mientras el otro me empujaba apuntándome con su fusil a mi espalda.

Yo estaba petrificada de miedo. Abro bien los ojos y comienzo a temblar de pies a cabeza, trato de gritar pero un nudo en la garganta me lo impide: no logro hablar, ni  llorar.
Empujada hacia el bosque con violencia con fines desconocidos, a través de los campos, siempre a paso rápido, me obligaron a caminar hasta la noche. Estaba muerta de cansancio y mis piernas y pies sangrando por las espinas y  rocas que encontrábamos en el camino.
Yo no hacia mas que sollozar pero aquellos corazones duros no sentían lastima alguna.
Finalmente pasando por un campo de melones, abundantes en aquellos lugares, hicieron una breve parada para recobrar fuerzas, mientras tanto recogían algunas frutas y me dieron un pedazo para que lo comiese. Pero yo no podía tragarlo aunque desde la mañana no había comido nada. No pensaba en otra cosa que en mi familia. Llamaba a mi mama y a mi papa con una angustia terrible. Pero nadie allí me oía. Más adelante, me intimaban a guardar silencio amenazándome y cansada como estaba me obligaban a seguir caminando durante toda la noche. Al alba llegamos a su pueblo. Yo no podía mas. Uno de ellos me agarro de la mano, me arrastro a su casa y me empujo a un pequeño habitáculo lleno de herramientas y cosas viejas, pero no había ni sillas, ni cama, ni mesa. Solo el piso.  Me dio un pedazo de pan y me dijo. «Quédate aquí» y saliendo cerró la puerta con llave. Allí estuve mas de un mes. Un pequeño agujero en el techo era mi ventana. De vez en cuando abrían para darme algo de comer. Lo que he sufrido en ese lugar no tiene palabras. Recuerdo todavía mis horas de angustia cuando, cansada de llorar, caía ya sin fuerzas al suelo en medio de un ligero sopor, mientras mi fantasía me llevaba a mis seres queridos lejos, lejos….
Allí veía a mis amados padres, hermanos y hermanas abrazándose con ternura y recordando como me habían raptado,  pensando cuanto habría sufrido. Otras veces me parecía jugar con mis amigas en nuestros campos, me sentía feliz; pero pronto me enfrentaba a la cruda realidad y en esa  horrible soledad, me invadía una terrible desesperación(*). Me parecía que me despedazaban el corazón.”

(*) es el único  momento en su vida en el cual Bakhita habla de desesperación.  Todos los testimonios de quienes la conocieron epressaron que la Santa aseguraba que nunca se había desesperado ni siquiera en los momentos más difíciles, y decía: “Sentía dentro de mí una fuerza misteriosa que me sostenía”


2 comentarios:

Marta Salazar dijo...

gracias... qué ganas de que la violencia contra la mujer se acabe de una vez en el mundo...

Ludmila Hribar dijo...

Si, si claro. Es que no deberia existir aunque aun hay tanta! es deplorable y triste, tristisimo.