Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

viernes, 27 de junio de 2014

«Os daré un corazón nuevo ... » (Ez 36, 26).

(imagen de Wikimedia Commons)

Os daré un corazón»: Dios nos lo ha dicho por el Profeta. y el sentido se aclara por el contexto. «Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará» (Ez 36, 251. Sí, Dios purifica el corazón humano. El corazón, creado para ser hogar del amor, ha lle- gado a ser el hogar central del rechazo de Dios, del pecado del hombre que se desvía de Dios para unirse a toda suerte de «ídolos». Es entonces cuando el corazón se hace impuro». Pero cuando el mismo interior del hombre se abre a Dios, encuentra la «pureza» de la imagen y de la semejanza impresas en él por el Creador desde el principio.

El corazón es también el hogar central de la conversión que Dios desea de parte del hombre para el hombre, con el fin de entrar en su intimidad, en su amor. Dios ha creado al hombre para que éste no sea ni indiferente ni frío, sino que esté abierto a Dios. ¡Qué bellas son las Palabras del Profeta: «Arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne» (Ez 36, 26)! El corazón de carne, un corazón que tiene una sensibilidad humana y un corazón capaz de dejarse captar por el soplo del Espíritu Santo.
Es lo que dice Ezequiel: «Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo ... »; mi espíritu (Ez 36, 26-27).
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A través del Corazón de su Hijo traspasado en la cruz, el Padre nos lo ha dado todo gratuitamente. La Iglesia y el mundo reciben el Consolador: el Espíritu Santo. Jesús había dicho: «Si me voy, os lo enviaré» (Jn 16, 7). Su Corazón traspasado testimonia que El «ha partido». El envía en adelante el Espíritu de verdad. El agua que brota de su costado traspasado es el signo del Espíritu Santo: Jesús había anunciado a Nicodemo el nuevo nacimiento «del agua y del Espíritu» (cf. Jn 3,5). Las palabras del Profeta se cumplen: «Os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo».

Santa Margarita María conoció este misterio admirable, el misterio transformante del Amor divino. Ella conoció toda la profundidad de las palabras de Ezequiel: «Os daré un corazón».
A lo largo de toda su vida escondida en Cristo, estuvo marcada por el don de este Corazón que se ofrece sin límites a todos los corazones humanos. Ella fue captada enteramente por este misterio divino, como lo expresa la admirable oración del Salmo de este día:

«Bendice alma mia al Señor, / y todo mi ser a su santo nombre» (Sal 102/103, 1).

¡«Todo mi ser»; es decir, «todo mi corazón»! "

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