Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

domingo, 3 de agosto de 2014

San Alfonso Maria de Ligorio – Oración y gracia


En la Carta Apostolica Spiritus Domini con motivo del II Centenario de la muerte de San Alfonso Maria de Ligorio el Papa Juan Pablo II señalaba que “La estructura de la espiritualidad alfonsiana podría reducirse a estos dos elementos: la oración y la gracia. Para San Alfonso, la oración no es un ejercicio primariamente ascético; es una exigencia radical de la naturaleza correlativa a la dinámica misma de la salvación. Y es evidente que este planteamiento hace comprender la importancia que la plegaria asume en la práctica de la vida cristiana como "el gran medio de la salvación". Al igual que la obra moral y dogmática, también la producción espiritual de San Alfonso, y en medida mayor, nace del apostolado y lo integra.

En su alocución al Consejo General de los Redentoristasel 6 de diciembre de 1979 el Papa Juan Pablo II les llamaba la atención sobre “la oportunidad de dar nuevo impulso a las misiones tradicionales, las cuales —como he dicho también en el reciente Documento sobre la catequesis— se manifiestan, si son llevadas de acuerdo con criterios conformes a la mentalidad moderna, como un instrumento insustituible para la renovación periódica y vigorosa de la vida cristiana (cf. Exhort. Apost. Catechesi tradendae, 47). San Alfonso, como bien sabéis, ponía en ellas grandísima confianza.”  Ponía además de relieve “el servicio de las  almas más abandonadas en un trabajo conjunto pues “La evangelización no ha sido confiada a cada uno en particular, sino a la Iglesia (cf. Mc 16, 15 par.) y por lo tanto es esencial que se lleve a cabo en plena sintonía con las orientaciones de quienes han recibido de Cristo la tarea de "apacentar" la grey de los fieles”.    Pero aclaraba el Papa que  “queda fuera de duda que, cuando se trata de la conversión de las almas, cualquiera sea el proyecto programático, cualquiera el desplegamiento de fuerzas, por muy imponente que sea, no tienen relevancia alguna, si no interviene la acción de Aquel "que da el crecimiento" (1 Cor 3, 7). Con todo, esta acción transformadora de la gracia es impetrada de ordinario por la santidad de vida del que anuncia el Evangelio. Sólo cuando el evangelizador es también un testigo, su palabra hace brecha en los corazones. Vuestro fundador ha confirmado esto muchas veces en sus escritos y demostró esto de modo inequívoco con el ejemplo de su vida”
  
En su discurso del 6 de febrero de 1981 a los participantes en el Congreso Nacional Italiano sobre el tema Misiones al pueblo para los años 80 Juan Pablo II incluía a San Alfonso Maria de Ligorio entre los “intrépidos e infatigables  grandes Padres,  grandes Santos, a los cuales es necesario hacer referencia constantemente si queremos, realmente, iluminar y salvar a los hermanos.

 Al celebrarse la memoria litúrgica del Santo el papa Benedicto XVI en su Catequesis desde Castelgandolfo en un breve bosquejo delineaba la biografia del Santo como Obispo y Doctor de Iglesia, fundador de la Congregación del Santísimo Redentor, redentoristas, patrono de los estudiosos de teología moral y de los confesores. San Alfonso es uno de los santos más populares del siglo XVIII, por su estilo sencillo e inmediato y por su doctrina sobre el sacramento de la Penitencia: en un período de gran rigorismo, fruto de la influencia jansenista, él recomendaba a los confesores de administrar este Sacramento manifestando el abrazo gozoso de Dios Padre que en su misericordia infinita no se cansa de recibir al hijo arrepentido.” 
Por otra parte subrayaba Benedicto XVI que la celebraciòn era una “ocasión para detenernos en las enseñanzas de San Alfonso sobre la oración, más que nunca preciosas llenas de inspiración espiritual. Data del año 1759 su tratado El gran medio de la Oración, que él consideraba el más útil entre todos sus escritos. En efecto, describe a la oración como «el medio necesario y seguro para obtener la salvación y todas las gracias de las cuales tenemos necesidad para conseguirla» (introducción). En esta frase está sintetizado el modo Alfonsiano de entender la oración. «Quien ora se salva, quien no ora se condena». Como comentario de esta frase lapidaria, añadía: «Sin oración cosa muy difícil es que nos podamos salvar; tan difícil que, es del todo imposible… con la oración, la salvación es segura y fácil» (II, Conclusión). Y aún dice: «Pensemos que, si no rezamos, ninguna excusa podremos alegar, porque Dios a todos da la gracia de orar... si no nos salvamos, culpa nuestra será. Y la causa de nuestra infinita desgracia será una sola: que no hemos rezado» (ibíd.). Diciendo por lo tanto que la oración es un medio necesario, San Alfonso quería hacer comprender que en cada situación de la vida no se puede prescindir de orar, en especial en el momento de la prueba y en las dificultades. Siempre debemos llamar confiadamente a la puerta del Señor, sabiendo que en todo Él cuida de sus hijos, de nosotros. Por esto, estamos invitados a no temer de acudir a Él y presentarle confiados nuestras peticiones, con la certeza de obtener aquello de lo cual tenemos necesidad.

“Los Redentoristas viven en comunidades misioneras, siempre se muestran acogedores y entregados a la oración como Maria de Nazareth. A través de misiones, de retiros, del ministerio parroquial, del apostolado ecuménico, del ministerio de la reconciliación y con la enseñanza de la teología moral, proclaman el amor de Dios nuestro Padre que, en Jesús, "ha vivido entre nosotros" para convertirse en profunda misericordia y en Palabra de Vida que nutre el corazón humano y da sentido a la vida a fin de que se viva en la máxima libertad y en solidaridad con los demás. Y así como Alfonso, también los Redentoristas practican una clara opción por los pobres, afirmando su dignidad y su grandeza ante Dios, convencidos de que la Buena Nueva del Señor se dirige a ellos de modo especial. Hoy, los Redentoristas son alrededor de 5.500; trabajan en 77 países de los cinco continentes, ayudados por muchos hombres y mujeres que colaboran en su misión; todos juntos forman la gran Familia redentorista. "Nuestra Señoradel Perpetuo Socorro"  es el icono misionero de la Congregación. (de lapagina oficial de los Redentoristas) 



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