Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

viernes, 12 de septiembre de 2014

Bernard Lecomte: Historia de Karol – el profesor universitario (1 de 2)



A principios del verano de 1953, cuando el “Tygodnik” fue cerrado repentinamente, Karol está por finalizar la tesis de doctorado sobre Max Scheler y busca relatores en vista de la defensa. Es una etapa importante al inicio de una carrera universitaria, y para el ex alumno del instituto de Wadowice aquella formalidad intelectual y administrativa es una consagración […] Precisamente, a fines del mismo año 1953, desde Moscú a Varsovia, los sucesores de Stalin se disputaban crudamente su herencia política, y la situación era peligrosamente tensa en toda Europa oriental. […]
En Cracovia, las autoridades atacan al instituto más antiguo de la Universidad, la “pontificia” facultad de teología, fundada en 1397, que, tal como su nombre indica, depende directamente del Papa. Las jerarquías comunistas de Varsovia habían asumido como propia la célebre y despreciable ocurrencia de Stalin: «¿Cuántas divisiones tiene el Papa?» La venerable facultad es clausurada de repente en octubre de 1954. Un evento histórico: la reválida de la habilitación de Karol Wojtyla es el último acto oficial de la facultad de teología de la Jagellonica, previo a su clausura […].
En 1954, los comunistas también apuntan a la prestigiosa universidad católica de Lublin (KUL): arrestan al rector, suspenden a algunos profesores, amenazan a los estudiantes, cierran la Facultad de Derecho.  Un artilugio administrativo – el recurso al antiguo estatuto de la pre-guerra, que sigue vigente – permite al cuerpo docente crear in extremis la facultad de filosofía […]. El futuro Papa será designado “profesor adjunto” y deberá garantizar tres horas de lecciones por semana, pagas con vacaciones, en el departamento de ética y filosofía bajo la dirección del profesor Bednarski. […]. La KUL es un lugar único, una excepción, una especie de milagro en esa postguerra tan atormentada. [.] Fundada en 1918, la institución goza de excelente reputación. En los años cincuenta, el profesor Wojtyla enseña en el aula 33, llena hasta rebosar de estudiantes de otras facultades, alineados en filas apretadas  a lo largo de las paredes. Terminada la lección, baja al primer piso, en las pequeñas aulas de filosofía con montones de libros, donde los graduados preparaban sus tesis. El profesor Wojtyla no da las clases sentado, leyendo ex cátedra los mismos apuntes año tras año, sino que se pasea sobre la tarima de la cátedra, con la cabeza gacha y los brazos  a la espalda, sin consultar apuntes. Tiene la costumbre de repetir las mismas coas de diversas maneras, desde varias perspectivas, reiterando los argumentos más importantes y haciendo, cada poco una síntesis para estar seguro que el mensaje ha sido entendido. […]

Bernard Lecomte, Giovanni Paolo II  (publicado en Totus Tuus Nr3, marzo 2007)