Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 13 de septiembre de 2014

Bernard Lecomte: Historia de Karol – el profesor universitario (2 de 2)

En los primeros tiempos viaja de noche cada dos semanas y a a las 5 de la mañana se baja en la estacón de Lublin. En esa época llevaba ocho horas recorrer los trescientos cuarenta kilómetros entre las dos ciudades. El viaje menos incómodo es de noche en coche-cama […]  ¿Por qué habrían, pues, de asombrarse si el profesor Wojtyla, habiendo dormido pocas horas, se cae de sueño durante la lección de metafísica? Tanto más que Karol, un «enamorado de Dios» no aprovecha las largas pausas para descansar en compañía de sus colegas, charlando tranquilamente ante una taza de té, sino que se le ve a menudo intentando orar en la capilla o leyendo el breviario. El éxito universitario, que a muchos eclesiásticos se les sube a la cabeza, no aleja al futuro Papa de lo esencial. A una ex discípula encargada al término del año académico de entregarle un ramo de tulipanes en agradecimiento de parte de todos los estudiantes, el profesor Wojtyla, conmovido, le pide gentilmente que le lleve las flores a la Virgen.


En la primavera de 1955, los estudiantes de la KUL se quedan estupefactos cuando el profesor Wojtyla les propone un retiro de dos días en el Monte Pewla, cercano a Zywiec, en las montañas de Tatra, en vez de la acostumbrada celebración de fin de año en la capilla de la universidad La mayor parte de aquellos jóvenes no olvidará jamás el comentario sobre la encíclica MysticiCorporis Christi realizado en plena naturaleza, bajo el cielo estrellado de los Cárpatos […]
Después en 1957, irá a hospedarse a otro convento, el de las ursulinas “negras” en el centro de la ciudad nueva. Un arco, una puerta escondida, una escalera de madera de encina que lleva al largo pasillo del primer piso con aroma a cera. En el pasillo, el padre Wojtyla, apenas llegado de la estación de Lublin, hace el Vía Crucis con las religiosas. Siempre encuentra tiempo para rezarle a la Virgen de Czestochowa en una capilla contigua, antes de encerrarse a trabajar en una habitación que mira sobre el claustro antiguo. […] Los meses de invierno – esquíes a la espalda y breviario en el bolsillo – parte al ataque de los montes preferidos. […] Al retornar la bella estación, guarda los esquíes y se concede otras diversiones. En mayo, con la mochila a sus espaldas, trepa por los senderos de Turbazac, una de sus metas preferidas. Y entre el 15 de julio y el 1 de agosto, con un grupo de veintidós jóvenes entusiastas, baja a kayak la Czarda Woda y cruza el lago Wieprznickei […] en su mochila, con su tienda, lleva una pila de libros para discutir durante los descansos […]


Entre una y otra hazaña deportiva, el profesor Wojtyla imparte lecciones en la KUL, donde sus compromisos van en aumento. En primer lugar, participa en un mayor número de seminarios y multiplica las conferencias: presenta dos conferencias ante la sociedad científica de la KUL. Una sobre «Dos concepciones de la libertad» (en abril) y otra sobre «Los fundamentos del perfeccionismo ético» (en octubre); en el Instituto de Cultura religiosa superior (IWKR) tiene una conferencia sobre «La ética del matrimonio». Al reabrirse el año académico 1936-1937 se le asigna también la misión de enseñar teología moral. Y cuando el profesor Bednarski parte para Roma, deposita en su pupilo la responsabilidad de todos los departamentos. A partir de aquel momento Wojtyla deberá cumplir con ocho horas semanas de clases y seminarios.[..]
Uno de sus estudiantes, el entonces seminarista Romuald Walder, recuerda que Wojtyla llegaba al seminario, al número 3 de la calle Mickiewicz, vestido de manera poco usual a la de los tradicionalmente bien vestidos profesores de Cracovia y en lugar de un sombrero negro llevaba su gorra de cuero, que había llamado la atención de las religiosas ursulinas de Lublin, y sobre una sotana gastada, llevaba siempre la misma chaqueta de paño grueso. «Cuando entraba en el aula, dejaba el abrigo sobre la silla y todos podíamos ver que sus ropas eran bastante más modestas que las de la mayor parte de los estudiantes».
Estudiantes, seminaristas, y jóvenes en general; el padre Wojtyla experimenta enorme satisfacción en escuchar, formar, reunir a adolescentes, chicos y chicas, que son para él una fuente de gozo y una razón de vida.

Bernard Lecomte, Giovanni Paolo II