Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 18 de julio de 2015

Karol Wojtyla – Sobre el pecado y el escándalo


a)      El Creador, al llamar a la existencia al hombre: como persona y comunidad a la vez, le mostró el camino de la salvación, esto es, de hacer el bien y de modelar un «mundo de bien» cada vez más maduro. Este camino pasa al mismo tiempo por el corazón (la conciencia) del hombre y por la comunidad. El bien tiene su dimensión social,  y esta dimensión aparece cuando «a imagen de la Santísima Trinidad los hombres se unan como hijos de Dios en la verdad y el amor». Esa unión sirve al bien y lo multiplica y difunde de modo maravilloso.
b)      En oposición al bien, existe también una dimensión social del mal. Va a la par que aquello que llamamos pecado ajeno. Ciertamente, el primer pecado (original) fue un pecado ajeno: comenzó por la tentación del mal espíritu, y luego paso de un ser humano (la mujer) a otro (el hombre). El pecado ajeno supone diversas formas de escándalo.
c)      Cristo dijo: «Ay del mundo por los escándalos!» y maldijo a los escandalizadores. El mundo de hoy está lleno de escándalos varios. El escándalo se ha convertido en cierto modo en un programa de vida social. Al mismo tiempo se despoja a ese escándalo de su fundamental sentido moral: no se llama mal al mal. Y así el mal consigue triunfos aún mayores. Son absolutamente necesarias en el mundo moderno comunidades de  cristianos – hijos de Dio s- unidas por la verdad y el amor para «desintoxicar el ambiente». (esta idea me vino también con motivo del encuentro con el Movimiento Oasis).  Y aarte de esto es tarea del obispo-pastor crear comunidades así, dar vida a las ya existentes. Oponerse al mal, quitarle en la medida de las posibilidades su dimensión social.
d)     Hoy se enfatiza mucho la dimensión social de cada pecado: bo solo destruye el bien en los individuos, sino también en la comunidad de la Iglesia. La dimensòn fundamental del mal y del pecado siempre es y será la «ofensa a Dios». Aún asi, también es verdad que destruye la vida del espíritu y que es causa de la muerte moral no solo de los individuos, sino de sociedades enteras. El pecado ¿y la muerte!.
e)      El escándalo como forma múltiple de pecado ajeno obliga a un mayor sentido de responsabilidad por el bien y por los hermanos.


(tomado de las meditaciones del 8 de julio de 1977 de JUAN PABLO II Estoy en tus manos Cuadernos personales 1962-2003 publicado por Planeta, 2014).

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