Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

lunes, 29 de junio de 2015

Sean ricos en humanidad

“He querido venir aquí precisamente porque se trata de una zona pobre, para que tuvierais la oportunidad – como justo derecho - de estar con el Papa. El ve en vosotros una presencia más viva del Señor, que sufre en los hermanos más necesitados, que sigue proclamando bienaventurados a los pobres de espíritu, a quienes padecen por la justicia y son puros de corazón, trabajan por la paz, son compasivos y mantienen la esperanza en el Cristo Salvador.
Pero al invitaros a cultivar esos valores espirituales y evangélicos, deseo haceros pensar en vuestra dignidad de hombres y de hijos de Dios. Quiero alentaros a ser ricos en humanidad, en amor a la familia, en solidaridad con los demás. A la vez, os animo a desarrollar cada vez más las posibilidades que tenéis de lograr una mayor dignificación humana y cristiana.”


Si habéis encontrado a Cristo, vivid a Cristo, vivid con Cristo





“Sucede a veces que nuestra sintonía de fe con Jesús permanece débil o se hace tenue –cosa que el pueblo fiel nota enseguida, contagiándose por ello de tristeza - porque lo llevamos dentro, sí, pero confundido a la vez con nuestras propensiones y razonamientos humanos (cf ib., 15) sin hacer brillar toda la grandiosa luz que El encierra para nosotros…”.
“…Una cosa es clara… la fe en Cristo resucitado no es resultado de un saber técnico o fruto de un bagaje científico (cf. 1Co 1, 26). Lo que se nos pide es que anunciemos la muerte de Jesús y proclamemos su resurrección (S. Liturgia). Jesús vive.”

“…Si habéis encontrado pues a Cristo, ¡vivid a Cristo, vivid con Cristo! Y anunciadlo en primera persona, como auténticos testigos: “para mí la vida es Cristo” (Flp 1, 21)…”.



“…Es preciso que los hombres vean en nosotros a los dispensadores de los misterios de Dios (cf. 1Co 4, 1), testigos creíbles de su presencia en el mundo. Pensemos frecuentemente que Dios no nos pide, al llamarnos, parte de nuestra persona, sino toda nuestra persona y energías vitales, para anunciar a los hombres la alegría y la paz de la nueva vida en Cristo y guiarlos a su encuentro. Para ello sea nuestro afán primero buscar al Señor, y una vez encontrado, comprobar dónde y cómo vive, quedándonos con El todo el día (cf. Jn 1, 39). Quedándonos con El de manera especial en la Eucaristía, donde Cristo se nos da, y en la oración, mediante la cual nos damos a El”

sábado, 27 de junio de 2015

Nuestra señora del Perpetuo Socorro

Hoy se celebra la fiesta litúrgica de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, patrona de los misioneros redentoristas . El icono original está en el altar mayor de la Iglesia de San Alfonso, muy cerca de la Basílica de Santa Maria la Mayor en Roma. Los redentoristas abren hoy las celebraciones del 150º aniversario de la entrega de la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro a la Congregación del Santísimo Redentor (redentoristas) por parte del Beato Papa Pìo IX, con la intención de darla a conocer al mundo entero. Las celebraciones culminaran el 27 de julio de 2016. En la página de Corazones Org podemos leer una detallada historia de esta imagen original y de la devoción a Nuestra Señora. 


Esta imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro también se venera en la Basílica menor en honor a la Presentación de la Santísima Virgen,  iglesia parroquial de Karol Wojtyla, cuyos orígenes datan de 1325.  El Papa Juan Pablo II en su viaje apostólico de 1999 también visitaba su pueblo natal.   En esa ocasión con profunda emoción,  pues no solo visitaba sus orígenes, su gente y sus lugares, sino que también coronaba la tan querida imagen de Ntra. Señora expresaba “con veneración beso también el umbral de la casa de Dios, de la iglesia parroquial de Wadowice, y en ella el baptisterio, en el que fui injertado a Cristo y acogido en la comunidad de la Iglesia.”  Después dirigía sus pasos “a la capilla de la Santa Cruz, para contemplar nuevamente el rostro de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en su imagen de Wadowice. Lo hago con una alegría particularmente grande hoy porque tengo la posibilidad de coronar esta imagen, como signo de nuestro amor a la Madre del Salvador y a su Hijo divino. Es un signo muy elocuente sobre todo porque, como me han dicho, estas coronas han sido confeccionadas con vuestras joyas, algunas muy valiosas, que están unidas a un recuerdo particular, a alguna circunstancia especial, a pruebas o a nobilísimos sentimientos familiares, de esposos o novios. Y a ese regalo material habéis añadido el don del espíritu, la oración de consagración a la Madre de Cristo que visitó vuestras casas. Estad seguros de que vuestro amor ardiente a María nunca quedará sin recompensa. Precisamente este vínculo recíproco de amor es, en cierto sentido, portador de gracias y prenda de una ayuda incesante, que, por obra de María, recibimos de su Hijo divino.

Invito leer la homilía completadel Papa Juan Pablo II donde recuerda con mucho afecto lugares, personas y costumbres de su querido pueblo.

viernes, 26 de junio de 2015

Escuela eucarística de la caridad

“Queridos amigos, si aprendéis a descubrir a Jesús en la Eucaristía, lo sabréis descubrir también en vuestros hermanos y hermanas, sobre todo en los más pobres. La Eucaristía recibida con amor y adorada con fervor es escuela de libertad y de caridad para realizar el mandamiento del amor. Jesús nos habla el lenguaje maravilloso del don de sí mismo y del amor hasta el sacrificio de la propia vida. ¿Es un discurso fácil? Bien sabéis que no. El olvido de sí no es fácil; éste aleja del amor posesivo y narcisista para abrir al hombre al gozo del amor que se dona. Esta escuela eucarística de libertad y de caridad enseña a superar las emociones superficiales para radicarse firmemente en lo que es verdadero y bueno; libra del encerrarse en uno mismo y prepara para abrirse a los demás, enseña a pasar de un amor afectivo a un amor efectivo. Porque amar no es sólo un sentimiento; es un acto de voluntad que consiste en preferir de manera constante, por encima del propio el bien, el bien de los demás: “Nadie tiene mayor amor, que el que da su vida por sus amigos” (Jn 15,13).

Con esta libertad interior y con esta ardiente caridad es como Jesús nos educa para encontrarlo en los demás, sobre todo en el rostro desfigurado del pobre. A la beata Teresa de Calcuta le gustaba distribuir su “tarjeta de visita” sobre la que estaba escrito: “Fruto del silencio es la oración; fruto de la oración, la fe; fruto de la fe, el amor; fruto del amor, el servicio; fruto del servicio, la paz”. Éste es el camino del encuentro con Jesús. Id al encuentro de todos los sufrimientos humanos con la fuerza de vuestra generosidad y con el amor que Dios infunde en vuestros corazones por medio del Espíritu Santo: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25,40). El mundo tiene necesidad urgente del gran signo profético de la caridad fraterna. No es suficiente “hablar” de Jesús; en cierto modo hay que hacerlo “ver” con el testimonio elocuente de la propia vida (cfr. Novo millennio ineunte, 16).”


lunes, 22 de junio de 2015

Historia de Karol – la puerta del arzobispado abierta a todos (2de 2)

“En realidad, la forma que el arzobispo Wojtyla emplea su tiempo prefigura la de Juan Pablo II.  Principio general, heredado del padre: el tiempo es un don, no debe desperdiciarse ni una migaja. Consecuencia: sus días están increíblemente planificados, a veces al minuto. (…) Invitado a menudo a cenar, el arzobispo regresa a veces tarde a su apartamento privado en el primer piso del palacio arzobispal.
El apartamento se compone de un pequeño ingreso, un despacho y un minúsculo dormitorio, con un modesto mobiliario que incluye una cama individual, cubierta por una frazada lisa y un cojín decorado con motivos folklóricos; una lámpara de plástico sobre el cabecero, de donde cuelga el dable con el interruptor; una mesilla y sobre ella un rosario, un termo y un vaso. Al lado de la cama, sobre el piso de madera un par de zapatos negros y unas viejas zapatillas de color indefinido. En la pared, una Virgen del Renacimiento y un paisaje polaco invernal de poco valor, con el cuadro de las ovejas que adornaba su viejo apartamento en via Kanonicza.
Sobre el sencillo escritorio, de barniz algo saltado, hay solo una lámpara con una pantalla común, una foto de Pablo VI y un tintero con una estilográfica (cargada con tinta negra), un lapicero (verde), una goma redonda y chata, clips para papel y una pequeña caja de cartulina conteniendo tarjetas de visita. (…) Y esto es todo lo que posee el sucesor del príncipe Sapieha, quien nunca hubiese dormido en una habitación que no fuese la más preciada del palacio; otros tiempos, otras usanzas. Otra personalidad, también. Pobre fue el cura Wojtyla, pobre será el arzobispo, el cardenal y finalmente el papa. Hábitos raídos, un sombrero viejo, un sobretodo gastado. Como siempre, no se preocupa mucho de su comodidad personal (…).

Circulan anécdotas que enriquecerían una hagiografía digna del cura de Ars. Se cuenta que un día, cuando aún vivía en via Kanonicza, un pobre fue a pedir una limosna. Las religiosas Marysia y Emilia, que administraban la casa, lo alejaron: «no tenemos nada más». EL obispo, enfurecido, protestó: «nada más?» abrió el armario y mostró sus caminas: «Ésta! Aquella!». Las religiosas, regañando, le entregaron las camisas al pobre.
De todas maneras, impresiona el contraste entre la vida que lleva el nuevo arzobispo de Cracovia y el lujo y los oros de «su» catedral en el castillo del Wawel. Tampoco los tesoros artísticos, custodiados en el palacio arzobispal después d ela guerra, le interesan al nuevo patrón de la casa. Karol Wojtyla no se ha sentido inclinado al arte, ni lo estará jamás. Filósofo y poeta, es decididamente un pastor, no un esteta.
Pastor y modelo de devoción. Después de las 11 de la noche, en la calle Franciszkanska, la vida parece detenerse. Los corredores están desiertos, la gran escalera en silencio. Solo una luz se filtra por la puerta de la capilla: el arzobispo está rezando.”

Bernard Lecomte: Giovanni Paolo II – la biografía, Baldini Castaldi Dalai editore, 2004


viernes, 19 de junio de 2015

Historia de Karol – la puerta del arzobispado abierta a todos (1 de 2)


Calle Franciszkanska, n.3. Un edificio sin mayores pretensiones, color amarillo ocre, de dos pisos, parecido a muchos otros en la vieja ciudad de Cracovia. Un portón negro pesado da acceso a un pórtico bajo el cual, a la izquierda, está el ingreso a la Curia metropolitana. A la derecha, una galería conduce a una doble puerta y allí detrás una gran escalera de piedra con escalones gastados lleva a los pisos superiores. Sobre las paredes, inmensos retratos de todos los predecesores de Karol Wojtyla (….)
En el primer piso, frente a la escalera la capilla, cuyas paredes serán después revestidas de una especie de mármol tono marfil. De la época de Wojtyla quedara solo el cielorraso artesonado rojo oscuro, verde profundo y azul noche. En la capilla donde está su reclinatorio, el arzobispo inicia la jornada invariablemente a las 5.30, hora en que fuera el primer tranvía va despertando los barrios con su chirriante sonido metálico.
El arzobispo Wojtyla ha sido, y seguirá siendo, un hombre de oración.
Todos los días pasa muchas horas en la capilla, donde llega antes del amanecer para recobrar fuerzas, buscar inspiración y preparar la jornada. Es allí donde, a las 7, celebra la santa Misa en presencia de algunas religiosas o de algún colaborador (….)
A las 8 regresa al palacio para el desayuno preparado por las religiosas (queso fresco, huevos duros y leche). Pero el arzobispo no se demora y va rápidamente a recluirse a la capilla. A la izquierda del altar ha hecho colocar un atril especial, con un entrepaño plegable, de madera, junto a una silla y a un reclinatorio. Así puede arrodillarse y meditar o sentarse para leer o escribir. Cerca se ha colocado una estufa y una lámpara de pie. Todo calculado. En poco fanático el arzobispo quien, para asegurase que no le molesten, cierra la puerta de la capilla con llave.
En aquel lugar, inmerso en el silencio, escribe delante del Santísimo Sacramento no solo homilías y cartas pastorales, comunicados episcopales. A las 11, el arzobispo sale de la capilla y se dirige a las salas del edificio donde suele recibir (…)
La puerta del salón del arzobispo Wojtyla está abierta a todos. Recibe a quien lo solicite, y para verlo a veces se forma una fila que implica más de dos horas.  Todo parroquiano de Cracovia sabe que puede encontrar al arzobispo sin previo aviso para presentarle cualquier problema personal (…)
A las 13.30 la fila llega a su término y el arzobispo se sienta a la mesa, no sin antes haber invitado al último visitante a compartir el almuerzo con él (…)
Terminado el almuerzo, diez minutos de siesta – en el sillón, para evitar un sueño profundo – solo entonces, después de un rápido repaso con el secretario sobre los temas del día, Wojtyla se concede un breve paseo (…)

Después inicia el maratón diario de visitas en las parroquias y  ceremonias en los cuatro puntos de la región (…)

Bernard Lecomte: Giovanni Paolo II - La biografia (Baldini Castaldi Dalai editore, 2004)

jueves, 18 de junio de 2015

Wojtyla en el Angelicum y en Francia


Wojtyla fue ordenado sacerdote por el cardenal Sapieha el 1ro de noviembre de 1946, y celebró su primera Misa el 3 de noviembre en la iglesia parroquial de San Stanislaw Kostka en Debniki.   De inmediato fue inscripto en el Angelicum, la facultad de teología de los dominicos en Roma, para su doctorado en teología.  Obtuvo su doctorado en junio de 1948 sobre el tema de la fe en el pensamiento de San Juan de la Cruz. Entre sus maestros del Angelicum estaban Massimiliano de Furstenberg, Mario Ciappi y Pierre-Paul Philippe,  con quienes el joven Wojtyla elaboró su tesis.  Pero la gran personalidad que entonces dominaba la facultad era el padre Reginald Garrigou-Lagrange, autoridad incontrovertible tanto en teología y filosofía tomistas,  y atento estudioso de San Juan de la Cruz. Wojtyla recibió de Garrigou-Lagrange un riguroso entrenamiento en la forma más tradicional del tomismo. Pero leyendo cuidadosamente su tesis doctoral podemos notar que desde que comenzara su estudio de filosofía sentía afinidad por una variedad de interpretaciones diversas del tomismo. En la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica, por ejemplo, se esforzaban por  lograr una reconciliación entre  tomismo y pensamiento moderno (particularmente el de Kant).  En Francia, Maritain y Gilson le otorgaban al tomismo una dimensión existencial sosteniendo que las principales contribuciones filosofícas de Tomas eran la distinción entre esencia y existencia y su legitimación de una cierta intuición eidética en la interpretación del proceso de abstracción.(*) Estas últimas percepciones se verían reforzadas cuando, poco tiempo después de haber completado su doctorado, Wojtyla partió a Francia para estudiar la vida y métodos pastorales de la Juventud Obrera Católica.  Es probable que entonces también haya establecido estrechos contactos con el tomismo existencial en aquellos años pues encontramos abundantes rastros en su pensamiento. La influencia de Garrigou-Lagrange, no obstante fue significativa. Podría observarse de hecho que los trabajos de Wojtyla no toman posición directa y clara en las controversias intelectuales que recorren el pensamiento católico; el se limita a indicaciones y sugerencias dentro de una exploración auténticamente personal que eventualmente confluirá hacia una construcción original.

En un articulo donde habla de su experiencia enFrancia (“Mission de France”) 
Wojtyla nos brinda preciosa documentación de su situación espiritual al comenzar su misión sacerdotal y además también de su creatividad intelectual.   Como todos los polacos  sentía gran admiración por la proudcciòn intelectual del catolicismo francés. Precisamente por esa razón, quedo profundamente afectado al descubrir que Francia era solo nominalmente católica. Como era posible? Que podía hacerse?  Lo más necesario, razonaba Wojtyla, era que las riquezas de la fe debian convertirse en actitudes de vida, dándole forma a una actitud fundamental hacia la existencia.   La roca ante la cual la Iglesia francesa arriesgaba hundirse era la unidad entre cultura y vida.  Por lo tanto se presentaba la necesidad de un nuevo estilo de presencia sacerdotal y laica en el mundo.  En Polonia esta presencia alejaría a las masas de la apostasía; en Francia debia regresar a la gente a la fe.
Sería arriesgado sugerir que en estas notas Wojtyla ya formulaba los conceptos fundamentales que elaboraría en su interpretación del Concilio: como por ejemplo el concepto de auto realización de la Iglesia o el concepto del enriquecimiento de la fe. Sin embargo no caben dudas que su experiencia en Francia contribuyó a las reflexiones que más tarde le llevaría a estas conclusiones.”



 (*) Es de notar que la objeción principal que el padre Garrigou-Lagrange le hiciera al trabajo de Wojtyla se refería al hecho que él rehusara utilizar el termino Objeto en relación a Dios. Garrigou Lagrange acompañó la tesis como correlator, e hizo muchas otras observaciones que están incluidas en la edición italiana del apéndice.

Rocco Buttiglione: The thought of the man who became Pope John Paul II -Wiliam B. Erdmans Publishing Co., 1997, pag. 34/35 

miércoles, 17 de junio de 2015

San Albert Chmielowski - breve biografia

Alberto, en su juventud, luchó por la libertad de su patria; luego se dedicó al estudio y al ejercicio de su vocación artística en el campo de la pintura; pero pronto centró su vida en el seguimiento de Cristo que atiende a los más pobres y necesitados; los "Albertinos" y "Albertinas", por él fundados en el seno de la Orden Tercera de San Francisco, han seguido y ampliado su obra y su estilo humilde y fraterno.
Alberto Chmielowski, nació en Igolomia, cerca de Cracovia (Polonia), el 20 de agosto de 1845, de padres nobles: Adalberto y Josefina Borzyslawska. Creció en un clima de ideales patrióticos, de una profunda fe en Dios y de amor cristiano hacia los pobres. Quedó huérfano muy pronto y sus familiares se hicieron cargo de él y de los demás hermanos, ocupándose de su formación.
A los 18 años se matriculó en el Instituto Politécnico de Pulawy. Tomó parte en la insurrección de Polonia en 1863. Cayó prisionero y se le amputó una pierna a causa de una herida. Al fracasar la insurrección, se trasladó al extranjero, huyendo de la represalia zarista. En Gante (Bélgica) inició estudios de ingeniería. Dotado de buenas cualidades artísticas, decidió estudiar pintura en París y en Munich. En 1874, maduro ya como artista, regresó a Polonia, decidido a dedicar «el arte, el talento y sus aspiraciones a la gloria de Dios». Comenzaron así a predominar en sus actividades artísticas los temas religiosos. Uno de los mejores cuadros, el «Ecce Homo», fue el resultado de una experiencia profunda del amor misericordioso de Cristo hacia el hombre, experiencia que llevó a Chmielowski a su transformación espiritual.
En 1880 entró en la Compañía de Jesús como hermano lego. Después de seis meses tuvo que dejar el noviciado por su mala salud. Superada una profunda crisis espiritual, comenzó una nueva vida, dedicada totalmente a Dios y a los hermanos. Acercándose a la miseria material y moral de quienes carecen de techo y a los desheredados en los dormitorios públicos de Cracovia, descubrió en la dignidad menospreciada de aquellos pobrecillos el rostro humillado de Cristo, y decidió por amor del Señor renunciar al arte y vivir al lado de los marginados una vida pobre, dedicándoles toda su persona.
El 25 de agosto de 1887 vistió el sayal gris y tomó el nombre de hermano Alberto. Pasado un año, pronunció los votos religiosos, iniciando la congregación de los Hermanos de la Orden Tercera de San Francisco, denominados Siervos de los Pobres o Albertinos. En 1891 fundó la rama femenina de la misma congregación (Albertinas) con la finalidad de socorrer a las mujeres necesitadas y a los niños. El hermano Alberto organizó asilos para pobres, casas para mutilados e incurables, envió a las hermanas a trabajar en hospitales militares y lazaretos, fundó comedores públicos para pobres, y asilos y orfanotrofios para niños y jóvenes sin techo. En los asilos para los pobres, los hambrientos recibían pan; los sin techo, alojamiento; los desnudos, vestidos; y los desocupados eran orientados a un trabajo. Todos contaban con su ayuda, sin distinción de religión o nacionalidad. En la medida en que satisfacía las necesidades elementales de los pobres, el hermano Alberto se ocupaba también paternalmente de sus almas, tratando de reavivar en ellos la dignidad humana, ayudándoles a reconciliarse con Dios.

Tomaba fuerza del misterio de la Eucaristía y de la Cruz para su acción caritativa. A pesar de su invalidez, viajaba mucho para fundar nuevos asilos en otras ciudades de Polonia y para visitar las casas religiosas. Gracias a su espíritu emprendedor, cuando murió dejó fundadas 21 casas religiosas en las cuales prestaban su trabajo 40 hermanos y 120 religiosos.
Murió, de cáncer de estómago, el día de Navidad de 1916 en Cracovia, en el asilo por él fundado, pobre entre los pobres.
Antes de su muerte dijo a los hermanos y hermanas, señalando a la Virgen de Czestochowa: «Esta Virgen es vuestra fundadora, recordadlo». Y: «Ante todo, observad la pobreza». Su entera dedicación a Dios mediante el servicio a los más necesitados, su pobreza evangélica a imitación de San Francisco de Asís, su filial confianza en la divina Providencia, su espíritu de oración y su unión con Dios en el trabajo de cada día son la herencia que ha dejado el hermano Alberto a sus hijos e hijas espirituales. Enseñó a todos con el ejemplo de su vida que «es necesario ser buenos como el pan, que está en la mesa, y que cada cual puede tomar para satisfacer el hambre».
La herencia espiritual del hermano Alberto pervive en sus congregaciones, que extienden su acción misionera por tierras de Polonia, Italia, Estados Unidos y Argentina. Convencidos de la santidad del hermano Alberto, sus contemporáneos lo definieron como «el hombre más grande de su generación». Considerado el San Francisco polaco del siglo XX, el hermano Alberto fue beatificado en Cracovia el 22 de junio de 1983 por el Papa Juan Pablo II, quien también lo canonizó el 12 de noviembre de 1989 en Roma.

Textos de L'Osservatore Romano
Sus obras maestras en Albertynki

sábado, 13 de junio de 2015

Juan Pablo II : Naturaleza del culto mariano

“1. El concilio Vaticano II afirma que el culto a la santísima Virgen «tal como ha existido siempre en la Iglesia, aunque del todo singular, es esencialmente diferente del culto de adoración, que se da al Verbo encarnado, lo mismo que al Padre y al Espíritu Santo, pero lo favorece muy poderosamente» (Lumen gentium, 66).
Con estas palabras la constitución Lumen gentium reafirma las características del culto mariano. La veneración de los fieles a María, aun siendo superior al culto dirigido a los demás santos, es inferior al culto de adoración que se da a Dios, y es esencialmente diferente de éste. Con el término «adoración» se indica la forma de culto que el hombre rinde a Dios, reconociéndolo Creador y Señor del universo. El cristiano, iluminado por la revelación divina, adora al Padre «en espíritu y en verdad» (Jn 4, 23). Al igual que al Padre, adora a Cristo, Verbo encarnado, exclamando con el apóstol Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!» (Jn 20, 28). Por último, en el mismo acto de adoración incluye al Espíritu Santo, que «con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria» (DS, 150), como recuerda el símbolo niceno-constantinopolitano.
Ahora bien, los fieles, cuando invocan a María como «Madre de Dios» y contemplan en ella la más elevada dignidad concedida a una criatura, no le rinden un culto igual al de las Personas divinas. Hay una distancia infinita entre el culto mariano y el que se da a la Trinidad y al Verbo encarnado.
Por consiguiente, incluso el lenguaje con el que la comunidad cristiana se dirige a la Virgen, aunque a veces utiliza términos tomados del culto a Dios, asume un significado y un valor totalmente diferentes. Así, el amor que los creyentes sienten hacia María difiere del que deben a Dios: mientras al Señor se le ha de amar sobre todas las cosas, con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente (cf. Mt 22, 37), el sentimiento que tienen los cristianos hacia la Virgen es, en un plano espiritual, el afecto que tienen los hijos hacia su madre.
2. Entre el culto mariano y el que se rinde a Dios existe, con todo, una continuidad, pues el honor tributado a María está ordenado y lleva a adorar a la santísima Trinidad.
El Concilio recuerda que la veneración de los cristianos a la Virgen «favorece muy poderosamente» el culto que se rinde al Verbo encarnado, al Padre y al Espíritu Santo. Asimismo, añade, en una perspectiva cristológica, que «las diversas formas de piedad mariana que la Iglesia ha aprobado dentro de los límites de la doctrina sana y ortodoxa, según las circunstancias de tiempo y lugar, y según el carácter y temperamento de los fieles, no sólo honran a la Madre. Hacen también que el Hijo, Creador de todo (cf. Col 1, 15-16), en quien "quiso el Padre eterno que residiera toda la plenitud" (Col 1, 19), sea debidamente conocido, amado, glorificado, y que se cumplan sus mandamientos» (Lumen gentium,66).
Ya desde los inicios de la Iglesia, el culto mariano está destinado a favorecer la adhesión fiel a Cristo. Venerar a la Madre de Dios significa afirmar la divinidad de Cristo, pues los padres del concilio de Éfeso, al proclamar a María Theotókos, «Madre de Dios», querían confirmar la fe en Cristo, verdadero Dios.
La misma conclusión del relato del primer milagro de Jesús, obtenido en Caná por intercesión de María, pone de manifiesto que su acción tiene como finalidad la glorificación de su Hijo. En efecto, dice el evangelista: «Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos» (Jn 2, 11).
3. El culto mariano, además, favorece, en quien lo practica según el espíritu de la Iglesia, la adoración al Padre y al Espíritu Santo. Efectivamente, al reconocer el valor de la maternidad de María, los creyentes descubren en ella una manifestación especial de la ternura de Dios Padre.
El misterio de la Virgen Madre pone de relieve la acción del Espíritu Santo, que realizó en su seno la concepción del niño y guió continuamente su vida.
Los títulos: Consuelo, Abogada, Auxiliadora, atribuidos a María por la piedad del pueblo cristiano, no oscurecen, sino que exaltan la acción del Espíritu Consolador y preparan a los creyentes a recibir sus dones.
4. Por último, el Concilio recuerda que el culto mariano es «del todo singular » y subraya su diferencia con respecto a la adoración tributada a Dios y con respecto a la veneración a los santos.
Posee una peculiaridad irrepetible, porque se refiere a una persona única por su perfección personal y por su misión.
En efecto, son excepcionales los dones que el amor divino otorgó a María, como la santidad inmaculada, la maternidad divina, la asociación a la obra redentora y, sobre todo, al sacrificio de la cruz.
El culto mariano expresa la alabanza y el reconocimiento de la Iglesia por esos dones extraordinarios. A ella, convertida en Madre de la Iglesia y Madre de la humanidad, recurre el pueblo cristiano, animado por una confianza filial, a fin de pedir su maternal intercesión y obtener los bienes necesarios para la vida terrena con vistas a la bienaventuranza eterna.”


viernes, 12 de junio de 2015

¡Sacratísimo Corazón de Jesús, en ti confío!”


Hoy celebramos la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesus, “ Una fiesta litúrgica que irradia una peculiar tonalidad espiritual sobre todo el mes de junio. Es importante que en los fieles siga viva la sensibilidad ante el mensaje que de ella brota: en el Corazón de Cristo el amor de Dios salió al encuentro de la humanidad entera.
Se trata de un mensaje que, en nuestros días, cobra una actualidad extraordinaria. En efecto, el hombre contemporáneo se encuentra a menudo trastornado, dividido, casi privado de un principio interior que genere unidad y armonía en su ser y en su obrar. Modelos de comportamiento bastante difundidos, por desgracia, exasperan su dimensión racional-tecnológica o, al contrario, su dimensión instintiva, mientras que el centro de la persona no es ni la pura razón, ni el puro instinto. El centro de la persona es lo que la Biblia llama «el corazón»….El Corazón de Cristo es la sede universal de la comunión con Dios Padre, es la sede del Espíritu Santo. Para conocer a Dios, es preciso conocer a Jesús y vivir en sintonía con su Corazón, amando, como él, a Dios y al prójimo.
La devoción al Sagrado Corazón, tal como se desarrolló en la Europa de hace dos siglos, bajo el impulso de las experiencias místicas de santa Margarita María Alacoque, fue la respuesta al rigorismo jansenista, que había acabado por desconocer la infinita misericordia de Dios. Hoy, a la humanidad reducida a una sola dimensión o, incluso, tentada de ceder a formas de nihilismo, si no teórico por lo menos práctico, la devoción al Corazón de Jesús le ofrece una propuesta de auténtica y armoniosa plenitud en la perspectiva de la esperanza que no defrauda.
Hace más o menos un siglo, un conocido pensador denunció la muerte de Dios. Pues bien, precisamente del Corazón del Hijo de Dios, muerto en la cruz, ha brotado la fuente perenne de la vida que da esperanza a todo hombre. Del Corazón de Cristo crucificado nace la nueva humanidad, redimida del pecado. El hombre del año 2000 tiene necesidad del Corazón de Cristo para conocer a Dios y para conocerse a sí mismo; tiene necesidad de él para construir la civilización del amor.
Os invito, por tanto, amadísimos hermanos y hermanas, a mirar con confianza al Sagrado Corazón de Jesús y a repetir a menudo, sobre todo durante este mes de junio: ¡Sacratísimo Corazón de Jesús, en ti confío!”



martes, 9 de junio de 2015

Haced un mundo explícitamente más divino

Aunque la visita del Papa Juan Pablo II a la Republica Dominicana durase tan solo 22 horas los dominicanos se sintieron sumamente orgullosos al transmitir su recibimiento vía satélite en lo que fuera la primera transmisión de este tipo en la nación y la ceremonia pudiera ser vista por unos 500 millones de personas.
El 25 de enero de 1979 desde la Catedral de Santo Domingo el Papa saludo a todos los fieles y pidió un momento de oración por intercesión de Nuestra Señora de Altagracia.

En la homilía de la Misa celebrada más tarde en la Plaza de la Independencia invitó a los “ cristianos a comprometerse en la construcción de un mundo más justo, humano y habitable, que no se cierra en sí mismo, sino que se abre a Dios.
Hacer ese mundo más justo significa, entre otras cosas, - decía - esforzarse porque no haya niños sin nutrición suficiente, sin educación, sin instrucción; que no haya jóvenes sin la preparación conveniente; que no haya campesinos sin tierra para vivir y desenvolverse dignamente; que no haya trabajadores maltratados ni disminuidos en sus derechos; que no haya sistemas que permitan la explotación del hombre por el hombre o por el Estado; que no haya corrupción; que no haya a quien le sobra mucho, mientras a otros inculpablemente les falte todo; que no haya tanta familia mal constituida, rota, desunida, insuficientemente atendida; que no haya injusticia y desigualdad en el impartir la justicia; que no haya nadie sin amparo de la ley y que la ley ampare a todos por igual; que no prevalezca la fuerza sobre la verdad y el derecho, sino la verdad y el derecho sobre la fuerza; y que no prevalezca jamás lo económico ni lo político sobre lo humano.

Y agregaba : “Pero no os contentéis con ese mundo más humano. Haced un mundo explícitamente más divino, más según Dios, regido por la fe y en el que ésta inspire el progreso moral, religioso y social del hombre. No perdáis de vista la orientación vertical de la evangelización. Ella tiene fuerza para liberar al hombre, porque es la revelación del amor. El amor del Padre por los hombres, por todos y cada uno de los hombres, amor revelado en Jesucristo.“Porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo, para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eterna” (Jn 3, 16).”

Republica Dominicana puerta de entrada a “este pedazo de tierra americana”


A las 13.45 del 25 de enero de 1979 el Papa Juan Pablo II besa por primera vez estas tierras y lo hacia en la Republica Dominicana, su puerta de entrada a “este pedazo de tierra americana”, con ocasión de la Visita pastoral a este país, México y Bahamas.

Transcribo un trozo del discurso que el Papa Juan Pablo II ofreciera durante la ceremonia de bienvenida al Presidente de la República Dominicana a su llegada :

“Me trae a estas tierras un acontecimiento de grandísima importancia eclesial. Llego a un continente donde la Iglesia ha ido dejando huellas profundas, que penetran muy adentro en la historia y carácter de cada pueblo. Vengo a esta porción viva eclesial, la más numerosa, parte vital para el futuro de la Iglesia católica, que entre hermosas realizaciones no exentas de sombras, entre dificultades y sacrificios, da testimonio de Cristo y quiere hoy responder al reto del momento actual, proponiendo una luz de esperanza, para el aquí y para el más allá, a través de su obra de anuncio de la Buena Nueva, que se concreta en el Cristo Salvador, Hijo de Dios y Hermano mayor de los hombres.
[…]
Y puesto que la visita del Papa quiere ser una empresa de evangelización, he deseado llegar aquí siguiendo la ruta que, al momento del descubrimiento del continente, trazaron los primeros evangelizadores. Aquellos religiosos que vinieron a anunciar a Cristo Salvador, a defender la dignidad de los indígenas, a proclamar sus derechos inviolables, a favorecer su promoción integral, a enseñar la hermandad como hombres y como hijos del mismo Señor y Padre, Dios.”

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sábado, 6 de junio de 2015

Antonio Pelayo recuerda la visita de Juan Pablo II a Sarajevo (2 de 2)


Antonio Pelayo de Vida nueva recuerda uno de los momentos más dramáticos de los innumerables viajes de Juan Pablo II. Fue la visita a Sarajevo.

La mañana de ese domingo de Pascua amaneció fría, con un tibio sol que luchaba por abrirse paso entre las amenazantes nubes bajas. A pesar de la inclemencia del tiempo, unos 50.000 fieles habían llegado a la capital desde todos los confines del país balcánico para asistir a la misa presidida por el Papa. Ese era el único acto de masas en todo el viaje, y las fuerzas de seguridad habían desplegado todos sus recursos para cortar por lo sano cualquier incidente.

La misa iba a tener lugar en el estadio Kosevo, una antigua instalación deportiva remodelada para la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1984. El estadio, rodeado de cementerios improvisados durante los años de la guerra, se encuentra en un valle rodeado de colinas, donde se escondían francotiradores serbios dotados de armas de alta precisión. Según nos confió uno de los militares italianos que formaba parte de la SFOR (fuerzas de la OTAN que garantizaban la estabilidad de la zona), era perfectamente posible abatir a tiros desde las alturas cualquier objetivo situado dentro del estadio.
El altar para la celebración eucarística había sido instalado frente a la tribuna principal. Apenas iniciada la misa, se desató una tempestad de agua mezclada con nieve y se registró una brusca bajada de la temperatura. Inmediatamente, se intentó proteger al Papa de la intemperie con un enorme paraguas blanco que resultaba a todas luces insuficiente.

La Lucha contra el Parkinson
Wojtyla llevaba ya algunos años luchando contra un Parkinson perceptible por los típicos temblores que produce dicha enfermedad. Esa mañana, tal vez por la emoción y desde luego por las ráfagas de la ventisca de nieve, la tembladera se hizo tan violenta que, en mitad de la celebración, el Papa se dirigió al maestro de Ceremonias, Piero Marini, diciéndole con voz angustiada: “No voy a poder acabar la Misa, no me siento capaz de proseguir, no puedo controlarme”. Sin perder los nervios, monseñor le sujetó con fuerza el antebrazo izquierdo y aceleró todo lo posible el rito, que concluyó sin más sobresaltos.
Los que nos encontrábamos cerca del altar, mientras nos protegíamos lo mejor posible contra la nevada, fuimos testigos de esos momentos tremendos en que el cuerpo de Juan Pablo II temblaba de los pies a la cabeza y su mirada reflejaba la angustia que le provocaba el miedo de verse obligado a abandonar el altar. No fue así, y el papa polaco leyó íntegra la larga homilía y pudo distribuir la comunión a un limitado número de fieles.

RECONCILIACION 
Esa mañana, sus palabras volvieron a repetir el leit-motiv del viaje: perdón y reconciliación
En siete de los nueve discursos que pronunció durante las 24 horas que permaneció en Sarajevo se refirió al tema del perdón; usó esta palabra veinte veces, y otras seis utilizó el verbo perdonar.

“Perdonemos y pidamos perdón –dijo a los que le escuchaban ateridos por el frío y el temor a un posible atentado–, no podemos no emprender la difícil pero necesaria peregrinación del perdón que lleva a una profunda reconciliación

Antonio Pelayo recuerda la visita de Juan Pablo II a Sarajevo (1 de 2)


Con ocasión de la visita del Papa Francisco a Sarajevo, AntonioPelayo de Vida Nueva quiso recordar en un impresionante racconto aquella peligrosa visita de Juan Pablo II a Sarajevo en 1997.

“Creo que los que tuvimos la suerte de acompañar a Juan Pablo II en su viaje a Sarajevo (12-13 de abril de 1997) no lo olvidaremos nunca. Yo al menos conservo de ese viaje recuerdos imborrables.
En aquel 1997, llegábamos a una ciudad que había sufrido un feroz asedio durante años, que sangraba todavía por las heridas abiertas por la guerra y que, sobre todo, no había superado el terror de lo vivido.
Eran las 17:30 h. cuando el avión papal aterrizó en el aeropuerto de la capital de Bosnia-Herzegovina. El aeropuerto estaba bajo el control de la SFOR (fuerzas de estabilización de la OTAN) y fueron soldados franceses los que nos acogieron y nos sometieron a un discreto pero enérgico chequeo.
Después de la ceremonia oficial de bienvenida en el aeropuerto, estaba previsto un encuentro con el clero, los religiosos, religiosas y seminaristas en la catedral de Sarajevo. Una distancia de diez kilómetros. Horas antes de que aterrizara el aéreo de Alitalia con Juan Pablo II y su séquito a bordo, las fuerzas de seguridad descubrieron, bajo un puente muy cercano a la carretera que iba recorrer la caravana papal, un ingente arsenal de minas anticarro con sus respectivos detonadores, explosivos y mandos a distancia. La explosión habría tenido efectos devastadores en un radio de decenas de metros.
Las autoridades transmitieron al entonces responsable de la seguridad del Papa, el comandante Camillo Cibin, la información, y le propusieron trasladar a Wojtyla y a todos sus acompañantes hasta el centro de la ciudad en helicópteros para evitar la posibilidad de un atentado. Pero la respuesta fue tajante: seguiríamos el camino trazado, donde se habían concentrado numerosas personas para saludar al Papa.

EL HORROR DE LA GUERRA
Lo que vimos durante ese trayecto quedó para siempre grabado en mi retina: edificios reventados, deshechos hasta los cimientos, restos de coches y autobuses carbonizados, árboles calcinados y, en ese escenario dantesco, gentes que nos sonreían y saludaban el paso del cortejo.
Cuando llegamos al hotel, uno de los pocos reconstruidos a toda marcha y donde se alojaban los funcionarios de la ONU, se nos entregó un folio con instrucciones muy concretas: no asomarse nunca a las ventanas, al encender las luces de la habitación bajar las persianas y cerrar las cortinas, no salir nunca de noche e informar siempre a la recepción de nuestras salidas… Los francotiradores seguían haciendo de las suyas.
Pese a todo, una multitud bastante numerosa se había reunido en torno a la catedral del Sagrado Corazón para dar la bienvenida al papa polaco. Una vez dentro del templo –donde se habían congregado medio millar de personas–, el anciano Wojtyla abrazó a todos cuantos pudieron acercarse a él. Querría abrazar a todos los habitantes de esta región tan probada –había dicho en el aeropuerto–, especialmente a los que han perdido prematuramente una persona querida, a cuantos llevan en su carne los estigmas provocados por la guerra y a los que han tenido que abandonar sus propias casas en estos largos años de violencia.
En el curso de la ceremonia, el Papa entregó al cardenal Vinko Puljic la lámpara votiva que había encendido en la Basílica de San Pedro el 23 de enero de 1994 para implorar la protección sobre Sarajevo de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, ante cuyo icono había permanecido todos esos años.

Cuando Juan Pablo II abandonó la catedral para dirigirse al Seminario y después a la residencia del arzobispo, donde iba a pernoctar, ya había caído la noche y el silencio se había apoderado de la ciudad. Silencio impresionante solo interrumpido por el continuo fragor de los helicópteros de la OTAN, que no cesaron de sobrevolar la ciudad, impidiendo el sueño de quienes no estábamos acostumbrados a tan sonora compañía.”

miércoles, 3 de junio de 2015

Los viajes de Juan Pablo II a Polonia s/su secretario Mokrzycki (4 de 4)

Franciszkanska 3, el lago de Wigry y que más?
Y Zakopane. El encuentro con los montañeses a los pies del Gran Krokiew (Wielka Krokiew)  en 1997. Existia una unión especial entre el y los montañeses. Recordaba a menudo el juramento leído por el Intendente de la ciudad sobre sus rodillas en nombre de los montañeses.

Porque los quería tanto el Papa?
Creo que era debido a su perseverancia y fidelidad, su fortaleza y su coraje. A el le gustaba ese tipo de gente y los admiraba. Ademas, el también era asi. Era fuerte, valiente, integro.

En aquella oportunidad el El Santo Padre tuvo bastante tiempo para disfrutar la naturaleza en los Tatras, tal como solia hacerlo en el pasado….
Es verdad. Dormimos en Ksiezowka (residencia para sacerdotes en Zakopane) que el conocía tan bien. Visitamos el Lago Morskie Oko. Y antes de eso, el Santo Padre sobrevoló en helicóptero la región de Orawa, las montañas Gorce, los Pieniny Gorge, y vio el Lago de Czorstyn. Despues camino alrededor del Lago Morskie Oko durante tres cuartos de hora.  Tambien hablo con el guardian de un refugio en la montaña y con el guardaparque del Parque Nacional de Tatra. Y les dijo “protejan esta tierra y esta naturaleza”!  Estos encuntros eran con una cantidad limitada de gente.  Los miembros del sequito papal también hicieron un crucero organizado para ellos por el rio Dunajec.


Y también se dio la excursión a las montañas de Kasprowy Wierch….
Eso ocurrió al dia siguiente. Despues de la Misa en Gran Krokiew, el Santo Padre hizo un viaje en góndola por la tarde a la montaña Kasprowy Wierch. El tiempo no se mostró muy favorable, pero al menos las nubes no cubrían todos los picos.

Juan Pablo II conocía todos aquellos picos de montaña porque los había vencido a todos. Los señalaba con su baston y los nombraba. En la cima de la Kasprowy Wierch se le sirvió una taza de té en taza metálica y le causó gracia.    En su viaje de vuelta, visito la ermita del Santo Hno Alberto en Kalatowki.

Decía algo el Santo Padre en esas excursiones?
No, solo admiraba la naturaleza.

Y rezaba?
Si claro, como de costumbre.


Los viajes a Polonia eran cada vez mas serenos y gozosos y mejor que los anterioes. Así lo ve su segundo secretario.  Estábamos entre nuestra gente. Conocíamos bien sus reacciones, que nos eran familiares.  El Santo Padre enseñando a la gente en polaco, tenia un efecto emocional especial para ellos. Habia menos estrés y más calma y gozo. Al igual que en Lagiewniki, en los suburbios de Cracovia,  durante su última peregrinación, el lugar de realización del gran sueño de Juan Pablo II. El tenia gran devoción a la Divina Misericordia y quería confiar al mundo a la Divina Misericordia; y lo hizo justamente en Lagiewniki, donde solia vivir la Hermana Faustina.  El santo Padre se sentía feliz consagrando el santuario y que tantos compatriotas lo acompañaran ese momento.” 

Arzobispo Mieczyslaw Mokrzycki: He liked Tuesdays best / Wydawnictzvo M Krakow2011