Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

martes, 12 de enero de 2016

Las tres encíclicas sociales de Juan Pablo II (1 de 3)


“Las tres encíclicas sociales de Juan Pablo II se incorporan al gran programa de la doctrina social católica elaborada por la Iglesia principalmente en el curso del último siglo. Las encíclicas papales como la Rerum novarum de León XIII, la Quadragesimoanno de Pio XI, la Mater et magistra y la Pacem in terris de Juan XXIII y también la Populorum progresio de Pablo VI,  junto a los documentos del Concilio Vaticano II, entre las cuales se coloca en primer lugar la Constitución pastoral Gaudium et spes, son piedras angulares de las enseñanzas sociales de la Iglesia, sobre las cuales se ha concentrado y continúa concentrándose la mirada del mundo moderno, sacudido por numerosas problemas sociales y por crisis internacionales.

Las encíclicas de Juan Pablo II forman parte de aquella herencia: La Laborem exercens (1981) fue publicada a los 90 años de la Rerum novarum, la Centensimus annus (1991) fue proclamada en el centenario de la publicación de la encíclica de Leon XIII, que fue una novedad como documento relacionado con las “cuestiones sociales”.  En cambio, la Sollicitudo rei socialis (1987) al tratar el tema del desarrollo y del progreso económico, continúa de alguna manera el razonamiento iniciado en la Populorum progresio de Pablo VI.

Juan Pablo II, al desarrollar en sus documentos las cuestiones tratadas anteriormente, presenta soluciones tanto prácticas como teóricas bajo una nueva luz, especialmente considerado que los cambios en el espacio internacional, concernientes tanto al campo económico como al político (como el colapso de la ideología comunista y la cada vez más desastrosa situación económica de las áreas meridionales de nuestro planeta), ponen de relieve la necesidad de un nuevo y adecuado nivel de colaboración de todos los cristianos en la construcción de la sociedad.

El Papa expresa la firme convicción que la doctrina social de la Iglesia necesita de una continua “modernización” porque no obstante esté basada en principios constantes e inmutables e la verdad cristiana sobre el hombre y la vida comunitaria, los preceptos morales referentes a las cuestiones sociales deben atenerse a la situación actual de personas concretas, y ofrece una nueva luz sobre los hechos, proponiendo la fuerza siempre vigorosa y potente que emana del Evangelio.

 Ahora bien, si León XIII en la Rerum novarum se referìa a la “cuestión obrera” en un contexto de problemas de clases, Juan Pablo II escribe su primera encíclica insertándola en la corriente de las reflexiones referentes al trabajo humano. Y es aquì que el Papa ha querido poner de relieve todo aquello que es indispensable en la vida del hombre, dado que a través de él deben multiplicarse sobre la tierra no sólo «los frutos de nuestro esfuerzo», sino además «la dignidad humana, la unión fraterna, y la libertad» (vr Lab. Excerc. N.27)

Sin embargo, el Papa, ocupándose de este importantísimo argumento desde le punto de vista económico, no se aleja de su profunda lectura bíblica-teológica. Su intuición que mediante el trabajo el hombre no sólo transforma la naturaleza adaptándola a las propias necesidades, sino que en cierto sentido «se hace más hombre» revela que Juan Pablo II encara este argumento, a su vez importante, desde una perspectiva más amplia, es decir, como elemento de espiritualidad humana y de colaboración en la obra del Creador mismo (vr Lab exerc. N.25)

De esta manera Juan Pablo II confirma la idea de que el hombre es creador en cuanto participa de la creatividad de Dios, y gracias al esfuerzo de  su trabajo – transformando la vida en más humana  - descubre también «una pequeña parte de la cruz de Cristo» (Lsab exerc. N 27). El trabajo es asì un bien para el hombre, y aunque el benb lleve la marca de un “bien arduo” (bonum arduum), éste no queda encasillado en el área de “bienes útiles” o sea “utilizables” (bonum honestum), sin el cual no será posible comprender el significado de las virtudes sociales como la laboriosidad y solidaridad, ni tampoco el valor mismo de la construcción de un orden y estructuras sociales justas, partiendo del nexo familiar a la nación y a la sociedad, a la que pertenece el hombre fundamentado en valores culturales e históricos particulares.”

Miroslaw Mroz “La doctrina social a favor de la dignidad del hombre” publicado en Totus TuusNr. 2, Mar/abr 2009