Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

lunes, 8 de febrero de 2016

Aquellos 9 días de Juan Pablo II en Polonia (1979) – 1 de 3 Intrigas y despertares

Aquellos 9 dias de 1979 del primer viaje a su patria, marcaron a fuego el destino de Polonia y cambiaron su rostro para siempre.

Asi comenta George Weigel en su libro El final y el principio (Planeta, 2011),  esos días tan particulares, en época del régimen comunista duro,  plagado de espías en Polonia y en el Vaticano mismo; lamentablemente alguno también entre los eclesiásticos. Épocas de misterios, traiciones y temores.  (traduzco de la versión en ingles)

“A Edward Gierek no le resultó dominar la economía,  pero este líder político comunista  perspicaz sabía leer los sentimientos de sus compatriotas.  Asi fue que,  aconsejado por Leonid Brezhnev a principios de 1979 en negarle el permiso al Papa para volver a su patria, Gierek le respondió que eso era sencillamente imposible “por razones políticas”. “Bien”, respondió Brezhnev, haga como le parezca, pero guárdese de no lamentarlo despues.”

La idea original de Juan Pablo II era volver a Polonia en mayo de 1979 para poder celebrar el festejo anual en honor a San Estanislao, su predecesor en Cracovia, y simultáneamente presidir la solemne clausura del Sínodo de Cracovia cuyo compromiso era poner en práctica el Vaticano II en Polonia. 
   
Los comunistas conscientes de la fuerza simbólica  de la fiesta (Estanislao había sido martirizado mientras defendía la libertad de la Iglesia), resistieron a pie firme y negaron de plano esa posibilidad de peregrinación en mayo. Pero acordaron, sin embargo, que la visita podría tener lugar al mes siguiente. Y después de arduas negociaciones Juan Pablo II acepto gustoso los 9 días de junio a cambio de los dos días en mayo;  el programa incluía visitas a Gniezno y a Czestochowa, como así también  Varsovia y Cracovia y la Iglesia,  muy sabiamente,  postergó la celebración de San Estanislao a Junio.

No obstante este tremendo error estratégico el régimen comunista polaco hizo lo imposible para impedir la visita del Papa y minimizar el impacto, en lo que la SB (Servicio de Seguridad) y los grandes del partido consideraron una “gigantesca operación limitativa de daños”, código denominado LATA’79 (VERANO ’79). Se movilizaron y dividieron los informantes dentro de la iglesia católica y el laicado en ocho categorías.  El primer grupo, una elite que había tenido acceso al Cardenal Wojtyla en el pasado, incluía siete espías: DELTA, KAROL, MAREK, JUREKI, TUKAN, TRYBUN y LESZEK; JUREK un sacerdote, era miembro del comité que por parte de la Iglesia organizaba la peregrinación del Papa.  Estos informantes y aquellos en otras categorías no solo debían proveer  información. Su misión también era infiltrarse en los varios grupos católicos organizando comités para influir en sus decisiones en cuanto a la participación en la peregrinación del Papa.  (por ej. Tratando de limitar y controlar l número de participantes argumentando la preocupación por la seguridad) Esta importante operación anti papal continuó durante los eventos mismos y así fueron designados 480 agentes en el Servicio de Seguridad (SB)   para monitorear los eventos y  causar cuanta dificultad pudieran durante los días de la visita del Papa en Cracovia (Junio 6 al 10)

El Servicio de Seguridad coordinaba las actividades antipapales junto con la STASI  que había dispuesto varios cientos de agentes para monitorear a los visitantes extranjeros durante la visita del Papa. Se había organizado  un equipo de trabajo especial con sede en Frankfurt y la SB dispuso números de teléfono especiales en Varsovia y Cracovia de manera que los agentes de STASI pudieran estar conectados directamente con las oficinas centrales en Berlin Este.  Uno de los agentes de Stasi  sacerdote polaco, con el apodo de JUNGE,  quien tenía acceso directo al Papa y trabajaba mayormente para los servicios secretos de Berlin Este, más que para los servicios polacos.  Toda la operación estaba coordinada  por el principal de Stasi Joachim Wiegand, encargado de actividades anti católicas.   Al mismo tiempo el jefe Markus Wolf, poseía su propia fuente de información en el Vaticano, ignorada por  Wiegand: LICHTBLICK, el benedictino alemán Eugen Brammertz, registrado en la Stasi en 1960, pero que había tenido conexiones mucho antes. Brammertz trabajaba  en Roma en la edición alemana de Osservatore Romano, el diario vaticano, y ocasionalmente para la Secretaria de Estado y habría tenido acceso a algunos de sus archivos.
Juan Pablo II y sus colaboradores más cercanos ignoraban los detalles de LATA 79 y las actividades paralelas e otros servicios de inteligencia comunistas,  aunque seguramente presentían que sus viejos enemigos estarían al acecho. Años más tarde el secretario de Juan Pablo II recordaría sus preocupaciones.


“Las autoridades de Varsovia no actuaban como polacos: de eso estamos seguros. Su determinación en esforzarse por lograr el perfil más bajo posible de la visita, su manipulación de la cobertura televisiva, sus esfuerzos por producir los obstáculos mas ridículos, especialmente en cuanto al servicio del transporte …todo eso no tenía nada que ver con las tradiciones de hospitalidad de los polacos. No hay dudas que las autoridades obedecían órdenes de Moscú y Praga. En realidad se sentían aterrados.”