Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

jueves, 24 de marzo de 2016

Jueves Santo, la fiesta de los sacerdotes


“El Jueves Santo es, ante todo, el día de Jesucristo. Es el primero de sus tres Días Santos: Triduum Sacrum

Todos estos días constituyen, en cierto sentido, un conjunto indivisible, son, por decirlo así, el día de nuestra redención, el día de la Pascua, esto es, del Paso.

El día de Jesucristo, es decir, del Ungido —de Aquel a quien el Padre ha ungido con el Espíritu Santo y con la gracia, y ha enviado al mundo.

"El espíritu del Señor, Yavé, está sobre mí, pues Yavé me ha ungido, me ha enviado para predicar la buena nueva a los abatidos y sanar a los de quebrantado corazón, para anunciar la libertad a los cautivos y la liberación a los encarcelados. Para publicar el año de gracia de Yavé" (Is 61; 1-2ª)…

 —primero de esos tres, que constituyen el único día de la Pascua— comenzará en el atardecer del Jueves Santo, cuando El se pondrá a la mesa con los Apóstoles para la cena prescrita por el rito de la Antigua Alianza.

Nosotros nos reunimos ya ahora, en la mañana del Jueves Santo, para estar desde la mañana con El, Cristo-Ungido, en este excepcional, único día.

El día de hoy —el día de Jesucristo— Jueves Santo, es nuestro día particular. Es la fiesta de los sacerdotes.
En este día venirnos con toda nuestra comunidad, para dar gracias a Cristo por el sacerdocio
— que El ha grabado en el corazón del hombre, señor de lo creado
— que El ha grabado de modo particular en nuestros corazones.
Efectivamente, nos ha invitado a la Ultima Cena, y hoy nos invita de nuevo. Nos ha invitado en la persona de los Doce, que estuvieron con El aquella tarde. Ante ellos tomó el pan, lo partió, lo dio y dijo: "Esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros".
Y después tornó el cáliz lleno de vino, lo dio a sus discípulos y dijo: "Este es el cáliz de mi sangre, sangre de la Alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres”.
Y al final añadió: "Haced esto en conmemoración mía”.
Somos, pues, los sacerdotes de su Sacerdocio. Somos sacerdotes de este sacrificio, que El ofreció con su Cuerpo y con su Sangre sobre la cruz y bajo las especies de pan y vino en la Ultima Cena.
Somos también los sacerdotes "para los hombres", a fin de que todos, mediante el sacrificio que realizamos en virtud de su potencia, nos convirtamos en "un reino de sacerdotes", y ofrezcamos sacrificios espirituales en unión con su sacrificio, el de la cruz y el del Cenáculo.
Finalmente, somos sacerdotes para siempre.
Por lo cual nuestro lugar está hoy junto a El: junto a Cristo, y nuestros labios y corazones quieren renovar el voto de la fidelidad a Aquel que es el "testigo fiel" de nuestro sacerdocio ante el Padre.”

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