Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 9 de abril de 2016

El límite impuesto al mal «es en definitiva la divina misericordia» «Sígueme»

Despues de mas de una semana sin internet y como regalo adicional finalmente problemas con la compu…


Recordaba ayer con especial intensidad aquel 8 de abril del 2005 hace 11 años atrás, cuando pegados a las pantallas de televisión participábamos a distancia de la Misa de Exequias de nuestro amado Juan Pablo II; Yo  personalmente ya con la mente clavada en mi viaje que comenzaría en 2 semanas, el  22 de abril,  firmemente convencida y decidida que debía estar allí aunque fuese días más tarde para rendirle homenaje a este Papa santo a quien tanto debo.   Nunca olvidaré ese primer momento de arrodillarme ante su tumba en la cripta de San Pedro inolvidable!

Abril! un mes con un significado particular:  tantos recuerdos….y este año único que el Papa Francisco declarara Año Santo de la Divina Misericordia. Misericordia! Somos conscientes de todo lo que comprende, de todo lo que confluye hacia este ofrecimiento de misericordia, concepto, contenido y riqueza de un don que se nos ofrece gratuitamente que pide tan poco a cambio: un corazón sincero,  mente abierta y dispuesta a escuchar y compartir tanta riqueza,  no de palabras sino de gracia. Acaso no son valederas, aplicables en cierto sentido a todos nosotros, a todo su rebaño,  esas palabras sinceras, que conllevan cariño y admiración de su amigo, confidente y consejero y que pronto seguiría sus pasos?  Con esa palabra exigente, invitadora “Sígueme” tantas veces utilizada por Jesús mismo y citada por los cuatro evangelistas,  ….esa palabra que dejara perplejo a Mateo! Y que tan bien reflejara Caravaggio. 



«Sígueme» - comenzaba su homilía el cardenal Joseph Ratzinger – en una Misa de Exequias cuyo lema intrínseco reflejaba paso a paso la vida de Karol Wojtyla - , «Sígueme» dice el Señor resucitado a Pedro, como su última palabra a este discípulo elegido para apacentar a sus ovejas. «Sígueme», esta palabra lapidaria de Cristo puede considerarse la llave para comprender el mensaje que viene de la vida de nuestro llorado y amado Papa Juan Pablo II, cuyos restos mortales depositamos hoy en la tierra como semilla de inmortalidad, con el corazón lleno de tristeza pero también de gozosa esperanza y de profunda gratitud.

 «Sígueme»….. «No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro permanezca».

«Sígueme»…. «Quien pretenda guardar su vida la perderá; y quien la pierda la conservará viva».

«Sígueme»…. ¿me amas?, el arzobispo de Cracovia respondió desde lo profundo de su corazón: «Señor, tú lo sabes todo: Tú sabes que te amo»

«Sígueme»…..«Adonde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, me seguirás más tarde». Jesús va de la Cena a la Cruz y a la Resurrección y entra en el misterio pascual; Pedro, sin embargo, todavía no le puede seguir. Ahora —tras la Resurrección— llegó este momento, este "más tarde".   Ha interpretado para nosotros el misterio pascual como misterio de la divina misericordia. Escribe en su último libro: El límite impuesto al mal «es en definitiva la divina misericordia». …..Divina Misericordia: El Santo Padre encontró el reflejo más puro de la misericordia de Dios en la Madre de Dios…..


Podemos estar seguros de que nuestro amado Papa está ahora en la ventana de la casa del Padre, nos ve y nos bendice. Sí, bendíganos, Santo Padre. Confiamos tu querida alma a la Madre de Dios, tu Madre, que te ha guiado cada día y te guiará ahora a la gloria eterna de su Hijo, Jesucristo Señor nuestro. Amén.”

2 comentarios:

alattkeva es "Ranita Azul" dijo...

Que artículo más hermoso

Ludmila Hribar dijo...

Muchas gracias! También tu blog es precioso! Gracias por la visita!