Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

miércoles, 5 de octubre de 2016

Głogowiec la cuna de Santa Faustina

Hoy celebramos la memoria litúrgica de Santa Faustina, canonizada por el SantoPadre Juan Pablo II el 30 de abril del año 2000 

"Misericordias Domini in aeternum cantabo" (Sal 89, 2).
 “En los límites de la llamada Polonia Mayor y Mazovia, cerca de Łęczyca, y más concretamente en la parroquia de Świnice Warckie, se halla el pueblo de Glogowiec. Fue aquí donde Mariana y Estanislao Kowalski compraron un terreno a la familia Olejniczak, para poder construir, en el año 1900, una casa hecha de un tipo de piedra característico de esta región; se trataba de una modesta casa de una sola planta y junto a ella los establos y otras dependencias de la granja. En la casa sólo había una habitación, el recibidor y cocina, la cual en invierno servía también como taller de carpintería del padre de familia. En esta pequeña casa, un tanto estrecha, nacieron los diez hijos del matrimonio, entre ellos la profeta de nuestros tiempos, que debía transmitir al mundo el mensaje de la misericordia.

La familia Kowalski se mantenía gracias a una pequeña granja y al trabajo del padre de familia que trabajaba como carpintero y albañil. Aunque vivían con mucha austeridad, y para muchas cosas el dinero no bastaba, sin embargo para todo lo que era necesario para la vida espiritual no faltaban los medios: en el lugar principal de la habitación había un altar con un crucifijo y pequeñas figuras del Sagrado Corazón de Jesús y de la Virgen María hechas de cerámica; en las paredes había también cuadros con imágenes religiosas y estanterías con una pequeña biblioteca de libros religiosos. Se puede afirmar pues que Dios ocupaba el primer lugar en la casa, lo que podía verse no sólo por la decoración interior de la casa, sino sobre todo por la vida de oración diaria que llevaba la familia entera, lo cual se manifestaba por la oración misma, el trabajo y el testimonio de vida que daban los padres. Helena Kowalska fue creciendo en este ambiente familiar, donde no sólo adquiría la capacidad de trabajo, sino también, y quizá sobre todo, la fe, el amor a Dios y a los demás.

Hoy en día, la casa familiar de santa Faustina pertenece a la parroquia. Los interiores de la casa se han convertido en un museo, en el que se exponen objetos y elementos que nos trasladan a la época y a la vida familiar de los Kowalski. Los otros edificios de la granja se han adaptado para satisfacer las necesidades de los peregrinos que la visitan.”

(texto tomado de la página oficial de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia – invito leer trayectoria completa de Santa Faustina allímismo)