Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 30 de enero de 2016

El compromiso de Juan Pablo II por Solidarność


En realidad el desmantelamiento del telón de acero comenzó en 1979 en Gniezno.   La chispa había sido encendida en aquel viaje de Juan Pablo II  y ya no habría vuelta atrás;  años difíciles por cierto  hasta 1983 cuando fue levantada la ley marcial después del 2do viaje del Papa a su patria Polonia. Años de riesgos y compromisos continuos,  también de parte del Papa Juan Pablo II y a su vez de todos los polacos que ansiaban vivir en una Polonia libre, libre del yugo del comunismo.

Corría el año 1981…… cuenta Bernardo Lecomte en un capítulo de su libro Giovanni Paolo II, biografia, Baldini Castoldi Dalai editore.

“Habiendo decidido apoyar a Walesa y a sus amigos, que habían sido objeto de un golpe aplastante, con todo el aspecto de ser definitivo, el Santo Padre toma una decisión personal difícil. Es verdad que se trata del Papa, y no del vicario de alguna parroquia d Gdansk o del arzobispo de Cracovia. Pero la puesta en juego es muy importante y va más allá de la coyuntura polaca Si el poder comunista decide saldar cuentas con los polacos, como lo hizo con los alemanes en Berlín Este en 1953, con los húngaros en Budapest en 1956 y con los checoslovacos en Praga en 1968, la esperanza de poner fin a la pesadilla del totalitarismo cae derrumbada. Solidarność no es solo un sindicato con decenas de millones de afiliados, un movimiento social de una fuerza extraordinaria, sino también la forma más sofisticada, jamás concebida, de oposición en masa bajo un sistema comunista y prueba de que es posible obtener la victoria sin una contra-revolución armada, sin derramamiento de sangre. Si aquella forma de acción no violenta no tuviese éxito, en un futuro próximo, sólo serían concebibles actos de desesperación, de terrorismo, de muerte. La puesta en juego es, pues, tanto moral o ética, como política y va mas allá del espacio polaco.


Dimensión moral. Juan Pablo II nos habla reiteradamente con el ardor del mensaje natalicio: «¿Qué la fuerza del bien pueda triunfar sobre la fuerza del mal! ¿Qué la fuerza de la justicia, del respeto por el hombre, del amor por la patria pueda triunfar sobre las fuerzas del odio y de la destrucción física o moral!» El va más lejos. Encarando la lucha, no se limita a defender los valores morales, universales encarnados por el sindicato – el camino de la no-violencia, solidaridad, libertad – sino que busca salvar a Solidarność como socio en un futuro diálogo con el poder. Su línea política ha sido trazado y no cambiará más: es necesario un diálogo entre poder y sociedad, es necesario reencontrar el camino de un acuerdo nacional que no se transforme en mercado engañoso…. Diálogo y acuerdo nacional, un objetivo que no alcanzaba entones a comprenderse, pero triunfaría siete años después y llegaría a perdurar en el tiempo.”

miércoles, 27 de enero de 2016

Salarios adecuados y leyes contra la explotaciòn


“La sociedad y el Estado deben asegurar unos niveles salariales adecuados al mantenimiento del trabajador y de su familia, incluso con una cierta capacidad de ahorro. Esto requiere esfuerzos para dar a los trabajadores conocimientos y aptitudes cada vez más amplios, capacitándolos así para un trabajo más cualificado y productivo; pero requiere también una asidua vigilancia y las convenientes medidas legislativas para acabar con fenómenos vergonzosos de explotación, sobre todo en perjuicio de los trabajadores más débiles, inmigrados o marginales. En este sector es decisivo el papal de los sindicatos que contratan los mínimos salarios y las condiciones de trabajo.

En fin, hay que garantizar el respeto por horarios «humanos» de trabajo y de descanso, y el derecho a expresar la propia personalidad en el lugar de trabajo, sin ser conculcados de ningún modo en la propia conciencia o en la propia dignidad. Hay que mencionar aquí de nuevo el papel de los sindicatos no sólo como instrumentos de negociación, sino también como   «lugares» donde se expresa la personalidad de los trabajadores: sus servicios contribuyen al desarrollo de una auténtica cultura del trabajo y ayudan a participar de manera plenamente humana en la vida de la empresa.

Para conseguir estos fines el Estado debe participar directa o indirectamente. Indirectamente y según el principio de subsidiariedad, creando las condiciones favorables al libre ejercicio de la actividad económica, encausada hacia una oferta abundante de oportunidades de trabajo y de fuentes de riqueza. Directamente y según el principio de solidaridad, poniendo en defensa de los más débiles, algunos límites a la autonomía de las partes que deciden las condiciones de trabajo, y asegurando en todo caso un mínimo vital al trabajador en paro.  (Centesimusannus, n.15)

martes, 26 de enero de 2016

La relación entre desarrollo y derechos del hombre



“Hoy, quizás más que antes, se percibe con mayor claridad la contradicción intrínseca de un desarrollo que fuera solamente económico.  Este subordina fácilmente a la persona humana y sus necesidades más profundas a las exigencias de la planificación económica o de la ganancia exclusiva.

La conexión intrínseca entre desarrollo auténtico y respeto de los derechos del hombre, demuestra una vez más su carácter moral: la verdadera elevación del hombre, conforme a la vocación natural e histórica de cada uno, no se alcanza explotando solamente la abundancia de bienes y servicios, o disponiendo de infraestructuras perfectas.


Cuando los individuos y las comunidades no ven rigurosamente respetadas las exigencias morales, culturales y espirituales fundadas sobre la dignidad de la persona y sobre la identidad propia de cada comunidad, comenzando por la familia y las sociedades religiosas, todo lo demás – disponibilidad de bienes, abundancia de recursos técnicos aplicados a la vida diaria, un cierto nivel de bienestar material – resultará insatisfactorio, y a la larga, despreciable. Lo dice claramente el Señor en el Evangelio, llamando la atención de todos sobre la verdadera jerarquía de valores: «¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?» (Mt 16,26) Sollicitudo rei socialis, n.33

sábado, 23 de enero de 2016

Las tres encíclicas sociales de Juan Pablo II según Luigi Accattoli (2 de 2)

(Juan Pablo II con Lech Walesa)


“La Laborem exercens se convierte pronto en instrumento de lucha en manos de los sindicatos católicos en América Latina y en Polonia. El congreso de Solidarnosc elogió – el mismo día de su publicación, 16 de septiembre de 1981 – el enfoque «personalístico» y las etapas para la participación de los trabajadores en la gestión de las empreas.

Las otras dos encíclicas se leen juntas, porque Juan Pablo II ubicó la segunda – a distancia de tres años de la primera para completar su mensaje, actualizándola a la nueva situación creada con la caída del comunismo. La Sollicitudo rei socialis se  opone tanto al capitalismo como al comunismo y reclama una «corrección radical» de los dos sistemas; la Centesimus annus– ya debilitado el comunismo – se limita a proponer la corrección del capitalismo. En ella Juan Pablo II habla de la «positividad del mercado y de la empresa» siempre que estén «orientados hacia el bien común». Pero aclara que aquella orientación, en la etapa actual de «mundialización de la economía », aún no se da y sólo puede obtenerse mediante la «lucha».

En el n. 19 de la Centesimus annus el Papa sostiene que el capitalismo «converge» con el totalitarismo comunista al «rebajar al hombre a la esfera de lo económico» cada vez que «niega la existencia autónoma y valor a la moral y al derecho, a la cultura y a la religión». Es esta, pues, la conclusión: el capitalismo podrá ser propuesto al Estado y al tercer mundo, si la «lucha» por corregirlo logra «encuadrar» su «libertad económica» en un «sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral». De otra manera, los riesgos y los daños serían enormes.

La Centesimus annus señaló, por primera vez en la historia, como podría conformarse el anticapitalismo teóricamente profesado por los Papas. Y con el triunfo del Occidente ha vuelto a proponer a la Iglesia católica como única voz activamente anticapitalista en la escena mundial.

La actitud crítica frente al capitalismo se articulará en los albores del 2000, como crítica del proceso de globalización.  «La Iglesia seguirá colaborando con todas las personas de buena voluntad para asegurar que en este proceso triunfe la humanidad entera, y no sòlo una élite rica que controla la ciencia, la tecnología, la comunicación y los recursos  del planeta en detrimento de la gran mayoría de sus habitantes (27 de abril de 20001, discurso a la Academia Pontifica de ciencias Sociales).”


Luigi Accattoli: “La audacia de la misión en la opción por los pobres” publicado en Totus Tuus Nr 2 Mar/abr 2009

jueves, 21 de enero de 2016

Las tres encíclicas sociales de Juan Pablo II según Luigi Accattoli (1 de 2)


“La  doctrina social de Juan Pablo II podríamos sintetizarla en este lema: «He hecho y hago mía la opción por los pobres, me identifico con ella» (a la Curia, 21 de diciembre de 1984). En cuanto a la motivación subjetiva e esta opción, el Papa, que en su juventud conoció bien el trabajo manual, se expreso así en una entrevista: «He visto lo que significa la explotación y me puse de inmediato del lado de los pobres, desheredados, oprimidos, marginados e indefensos» (2 de noviembre de 1993). En sus encuentros con los obreros recordaba a menudo su experiencia en la cantera: «He sido obrero durante más de cuatro años y para mí aquellos años me han valió más que dos doctorados», confesó a los obreros de Pomezia (Roma) el 14 de diciembre de 1979.

Haber conocido de cerca el mundo del trabajo dio mucha fuerza tanto a sus discursos como a su magisterio social. Cuando se trababa de reivindicar el derecho al trabajo, era mas valiente que los sindicatos italianos – o de cualquier otro país donde se encontrase hablando – y les pedía que agudizasen la lucha: «Me permito proponerles a las organizaciones sindicales el gran objetivo de la ocupación para todos.» (Prato, 19 de marzo de 1986)

Juan Pablo II escribió tres encíclicas sobre la cuestión social: Laborem excercens (1981) al inicio del pontificado, Sollicitudo rei socialis (1988) y Centesimus annus (1991) en medio del colapso del comunismo.  Los documentos sociales de Juan XXIII y Pablo VI ponen el acento sobre la crítica al mundo capitalista y el ofrecimiento de solidaridad a los trabajadores por parte de la Iglesia”.


Luigi Accattoli: “La audacia de la misión en la opción por los pobres” publicado en Totus Tuus Nr 2 Mar/abr 2009

martes, 19 de enero de 2016

Wadowice ese lugar tan caro a mi corazón


Viajando espiritualmente con los jóvenes que se preparan para la JMJ en Cracovia mis recuerdos  vuelan inevitablemente a la ciudad “donde todo empezó”, a esa pequeña ciudad/pueblo  de Wadowice, con  un aire tan especial de majestuosidad sencilla e indescriptible pero presente en  todos los rincones, aun en los mas pequeños,  por  haber sido la  ciudad natal del primer papa polaco. A ese pequeño apartamento donde vivió Karol,   apartamento alquilado a una familia judía, allí en el primer piso de una casa vis a vis a la  iglesia parroquial de Wadowice. Allí donde desde sus ventanas (casi todas ellas daban hacia la  pequeña callecita que separa al edificio de la iglesia) Karol tocaba el cielo con sus manos observando ese reloj  con la leyenda “el tiempo pasa, la eternidad espera…..” Veo a un pequeño niño que sale corriendo para no llegar tarde a su comprometido oficio de monaguillo, hacia la escuela tan cercana donde compartía clases y juegos con niños católicos y judíos, al campo de juego para cumplir su rol de portero en los partidos de futbol, a sus encuentros con sus amistades, a su compromiso con su tan amado teatro.
En Wadowice el lugar donde quizás más se respire el aire, la vida y el legado de Karol Wojtyla/Juan Pablo II es su parroquia natal: la Basílica de la Consagración de la Santísima Virgen (anteriormente de todos los Santos).
Restaurada y refaccionada maravillosamente por el año 2000 recuerda también su historia: construida  en estilo barroco tardío obra del maestro Franciszek Sosna y consagrada por el obispo Andrzej Rawa-Gawronski en 1808, la iglesia quedo dañada por una bomba en enero de 1945 y fue restaurada parcialmente entre 1945 y 1947. Finalmente el 25 de marzo de 1992 el papa Juan Pablo II le otorgó  la categoría de Basílica Menor.  Luego de varias modificaciones adicionales entre los años 2002 y 2003 se llevaron a cabo los maravillosos trabajos en el cielorraso que expresan las enseñanzas del Papa Juan Pablo II (encíclicas).  Policromia que fue consagrada por el cardenal Franciszek Macharski el 24 de abril de 2003. Realmente son trabajos que invitan mirar hacia arriba y quedarse observando boquiabierto el trabajo realizado. A mi personalmente me impactaron.

El altar principal alberga la patrona del templo la Virgen con el Niño. Las dos capillas laterales están dedicadas una a la Santa Cruz y la otra a la Sagrada Familia que alberga  la pila bautismal donde el 20 de junio de 1920 el sacerdote Franciszek Zak bautizara al niño Karol Jozef Wojtyla

La iglesia invita además a visitar  dos lugares  que nos recuerdan directamente a  su hijo y peregrino predilecto Karol Wojtyla/Juan Pablo II:
La capilla de la Virgen del Perpetuo Socorro en la nave norte y
El altar dedicado al santo de Wadowice.

Caminar por Wadowice es encontrarlo a Karol a cada paso, es soñar con un pequeño niño convertido en pastor de la iglesia universal, en el santo patrono de los jóvenes, en una vida de confianza plena y entrega al Señor  por medio de su Santa Madre la Virgen Maria, recordando a cada paso su Totus Tuus!!  Es también recordar el amor entrañable y profundo de un hombre a su patria tan querida que nunca olvidó y que acompaño en todo momento desde su otro hogar en su Roma tan querida.

sábado, 16 de enero de 2016

Las tres encíclicas sociales de Juan Pablo II (3 de 3)



“En Centesimusannus Juan Pablo II no sólo avanza en su reflexión y plantea preguntas concretas sobre cómo vivir y trabajar en el escenario del mercado libre y de la economía capitalista cada vez mas predominante, sino también en cuanto al estado de peligro relacionado con el modelo económico y el sistema político que hoy tiende a consolidarse. Para el Santo Padre el modelo de capitalismo presente en los países desarrollados no es el resultado final de la idea de una economía óptima que debe ser aceptada sin reservas y sin correcciones. Las objeciones del Papa en su crítica miran sea el sistema de la economía libre sea a algunos conceptos éticos, particularmente a la libertad del hombre, hoy tan comprometida, que se encuentra a la base del capitalismo (ver Cent. Annus, n 13)

La respuesta y la perspectiva profética de un sistema económico-social no pueden – opina el Papa – fundamentarse en un deseo hedonístico de satisfacer cada necesidad y cada sensación a experimentar, sino en una auténtica fuente de facultades cognitivas del hombre, en su capacidad de organización solidaria, en su capacidad de intuir y satisfacer al otro. El sistema político salvaje y la ineficiencia del modelo económico son de hecho sólo una causa secundaria de decadencia y negación, pues la riqueza primaria del hombre es el hombre mismo (ver Cent. annus, n. 54) La causa principal reside en el hecho que ha sido debilitada la dignidad propia del ser humano, privándolo de aquello que es su derecho inalienable: el derecho de libertad fundamentado en el imperativo de la verdad y el amor
.
El cristiano que trabaja en el mundo moderno puede y debe, sin embargo, inspirarse en el Evangelio de Cristo y en su gracia consolidadora. Las encíclicas de Juan Pablo II son prueba elocuente  de que la palabra de Dios mantiene su fuerza y eficiencia no solamente para cada individuo sino también en la ética comunitaria y social. Juan Pablo II estimula de modo creativo a construir una sociedad que se inspire en conceptos de justicia y solidaridad.”

Miroslaw Mroz “La doctrina social a favor de la dignidad del hombre” publicado en Totus TuusNr. 2, Mar/abr 2009


viernes, 15 de enero de 2016

Las tres encíclicas sociales de Juan Pablo II (2 de 3)


La segunda encíclica social de Juan Pablo II, Sollecitudorei socialis, será una extensión de la Laboremexercens, en cuanto retoma una cuestión significativa para la historia del hombre: la valoración y la necesidad de un concepto más rico y diversificado de “desarrollo” de la humanidad, indudablemente más amplio de cuanto expresa el progreso técnico del mundo moderno. En base a las intuiciones de PabloVI presentada en Populorum progressio, Juan Pablo II puntualiza que «el verdadero desarrollo no puede consistir en una mera acumulación de riqueza o en la mayor disponibilidad de bienes y servicios, si esto se obtiene a costa del subdesarrollo de muchos y sin la debida consideración de la dimensión social, cultural y espiritual del ser humano» (Soll, res socialis, n.9)

No es aceptable la discriminación de aquellos pueblos que no tienen acceso a los bienes y servicios que ofrece el desarrollo humano, concentrando su atención tan solo en el progreso económico. El hecho de hablar hoy del llamado Primer, Segundo y Tercer Mundo revela la existencia de una distribución desigual de medios entre aquellos que tienen mucho, por no decir “demasiado”, y la multitud que se halla condenada a vivir en condiciones de absoluta miseria y –no infrecuentemente – de degradación de la dignidad humana. El Papa expresa su propia solidaridad invitando a todos los hombres de buena voluntad a comprometerse en el bien del prójimo, según el mensaje evangélico de la conversión del corazón y de la transformación del modus vivendi propio y de la comunidad toda, para hacer  posible un compromiso tangible de ayuda al necesitado (ver Soll, res socialis, n.38)

Existe unja profunda necesidad de que cada uno adopte la firme voluntad de trabajar a favor del “bien común”, de que la solidaridad en cuanto virtud cristiana lleve a superarse a si misma y trabaje  por la unidad, la paz y la colaboración entre todos los pueblos (ver Soll, res socialis, n.38) Es así como presente el Papa la perspectiva teológica de la solidaridad y los criterios de su realización en el mundo industrializado de hoy, basándose en la doctrina siempre nueva y actual de justicia social.”


Miroslaw Mroz “La doctrina social a favor de la dignidad del hombre” publicado en Totus TuusNr. 2, Mar/abr 2009

 . 

martes, 12 de enero de 2016

Las tres encíclicas sociales de Juan Pablo II (1 de 3)


“Las tres encíclicas sociales de Juan Pablo II se incorporan al gran programa de la doctrina social católica elaborada por la Iglesia principalmente en el curso del último siglo. Las encíclicas papales como la Rerum novarum de León XIII, la Quadragesimoanno de Pio XI, la Mater et magistra y la Pacem in terris de Juan XXIII y también la Populorum progresio de Pablo VI,  junto a los documentos del Concilio Vaticano II, entre las cuales se coloca en primer lugar la Constitución pastoral Gaudium et spes, son piedras angulares de las enseñanzas sociales de la Iglesia, sobre las cuales se ha concentrado y continúa concentrándose la mirada del mundo moderno, sacudido por numerosas problemas sociales y por crisis internacionales.

Las encíclicas de Juan Pablo II forman parte de aquella herencia: La Laborem exercens (1981) fue publicada a los 90 años de la Rerum novarum, la Centensimus annus (1991) fue proclamada en el centenario de la publicación de la encíclica de Leon XIII, que fue una novedad como documento relacionado con las “cuestiones sociales”.  En cambio, la Sollicitudo rei socialis (1987) al tratar el tema del desarrollo y del progreso económico, continúa de alguna manera el razonamiento iniciado en la Populorum progresio de Pablo VI.

Juan Pablo II, al desarrollar en sus documentos las cuestiones tratadas anteriormente, presenta soluciones tanto prácticas como teóricas bajo una nueva luz, especialmente considerado que los cambios en el espacio internacional, concernientes tanto al campo económico como al político (como el colapso de la ideología comunista y la cada vez más desastrosa situación económica de las áreas meridionales de nuestro planeta), ponen de relieve la necesidad de un nuevo y adecuado nivel de colaboración de todos los cristianos en la construcción de la sociedad.

El Papa expresa la firme convicción que la doctrina social de la Iglesia necesita de una continua “modernización” porque no obstante esté basada en principios constantes e inmutables e la verdad cristiana sobre el hombre y la vida comunitaria, los preceptos morales referentes a las cuestiones sociales deben atenerse a la situación actual de personas concretas, y ofrece una nueva luz sobre los hechos, proponiendo la fuerza siempre vigorosa y potente que emana del Evangelio.

 Ahora bien, si León XIII en la Rerum novarum se referìa a la “cuestión obrera” en un contexto de problemas de clases, Juan Pablo II escribe su primera encíclica insertándola en la corriente de las reflexiones referentes al trabajo humano. Y es aquì que el Papa ha querido poner de relieve todo aquello que es indispensable en la vida del hombre, dado que a través de él deben multiplicarse sobre la tierra no sólo «los frutos de nuestro esfuerzo», sino además «la dignidad humana, la unión fraterna, y la libertad» (vr Lab. Excerc. N.27)

Sin embargo, el Papa, ocupándose de este importantísimo argumento desde le punto de vista económico, no se aleja de su profunda lectura bíblica-teológica. Su intuición que mediante el trabajo el hombre no sólo transforma la naturaleza adaptándola a las propias necesidades, sino que en cierto sentido «se hace más hombre» revela que Juan Pablo II encara este argumento, a su vez importante, desde una perspectiva más amplia, es decir, como elemento de espiritualidad humana y de colaboración en la obra del Creador mismo (vr Lab exerc. N.25)

De esta manera Juan Pablo II confirma la idea de que el hombre es creador en cuanto participa de la creatividad de Dios, y gracias al esfuerzo de  su trabajo – transformando la vida en más humana  - descubre también «una pequeña parte de la cruz de Cristo» (Lsab exerc. N 27). El trabajo es asì un bien para el hombre, y aunque el benb lleve la marca de un “bien arduo” (bonum arduum), éste no queda encasillado en el área de “bienes útiles” o sea “utilizables” (bonum honestum), sin el cual no será posible comprender el significado de las virtudes sociales como la laboriosidad y solidaridad, ni tampoco el valor mismo de la construcción de un orden y estructuras sociales justas, partiendo del nexo familiar a la nación y a la sociedad, a la que pertenece el hombre fundamentado en valores culturales e históricos particulares.”

Miroslaw Mroz “La doctrina social a favor de la dignidad del hombre” publicado en Totus TuusNr. 2, Mar/abr 2009


sábado, 9 de enero de 2016

Voy a prepararos un lugar….


«En la casa de mi Padre hay muchas mansiones, voy a prepararos un lugar…»

Ese «preparar» se convierte en cierto modo en sinónimo de aquella diakonia, de aquel servicio por medio del cual el mismo Cristo sirve a todos y a cada uno. Ojalá no le estorbemos en este servicio, sino que le ayudemos.
Partimos de las palabras «no he venido a ser servido sino a servir», pues se encuentran en el mismo centro de esta dimensión de la existencia cristiana cuyo nombre es diakonia. Esta dimensión proviene directamente de Cristo, está en Él y de Él es. EN esta dimensión Dios viene al mundo: haciéndose hombre. Como hombre-criatura se hace siervo, pues cada hombre es siervo de Dios. Este es el orden de la creación. Cristo viene a repararlo (ya que le hombre ha rechazado ese servicio) y por eso sobre todo lo acepta.
Pero a la vez lo revela, manifiesta el sentido del servicio, oculto en la Paternidad Divina. Heaquì que en Él, en Cristo, en cierta manera Dios sirve al hombre, se pone al servicio de su salvación. Sirve y no deja de servir: este «servir a la salvación del hombre» de Cristo perdura en la Iglesia, en los sacramentos, sobre todo en la Eucaristía. Pero ese orden de servicio y dominio (Señor y a la vez Siervo), como invertido, tiene un profundo motivo. Una cosa es servir por justicia y otra servir por amor. Cristo revela este segundo sentido del servicio y lo introduce en la vida de la Iglesia y en la historia de la humanidad.
El servicio en su dimensión de justicia significa únicamente dependencia y subordinación, y además está sometido a la medida de lo servil. El servicio por amor resalta la soberanía de la persona, su «realeza»: servir a Dios significa «reinar».
De acuerdo con estas premisas, toma forma aquella dimensión esencial, por ser «cristofórmica». Por medio de esta dimensión se realiza una fundamental metanoia (transformación de la mente), un hito en la humanidad, camino del cristianismo.  El alcance de este cambio es amplísimo, alcanza el campo de la política («yo aquí gobierno…yo aquí sirvo, de la vida social, de las relaciones humanas.  Tiene un significado enorme, esencial para la comunidad, y en particular para la comunidad de la Iglesia. Pues mientras que el único punto de referencia personal adecuado para el hombre en esta actitud de servicio es Dios, en otro sentido lo es también la comunidad como lugar de numerosos servicios, como lugar de cumplimiento del hombre en un ministerio múltiple. Los carismas son indicación del significado de este ministerio, dan forma a su teología.
Así pues la diakonia como dimensión de toda la existencia cristiana debe ser tema y fin de una formación consciente de cada cristiano, en especial del sacerdote, del obispo. En esta formación tiene un significado fundamental la teología del servicio, pero también la psicología de este (actitud de servicio-instinto de notoriedad: significas tanto como sirves), la caracterología, la ascesis del servicio ligada al amor de la comunidad.
A Cristo-Servidor nos lleva su Madre: Esclava del Señor.”
     
(Juan Pablo II de JUAN PABLO II – Estoy en tus manos – Cuadernos Personales 1962-2003, págs. 186/7/8 publicado por Planeta, 2014)


viernes, 8 de enero de 2016

Cuando recéis no uséis muchas palabras…

(fotografía de Taize)


“No se trata de las muchas palabras, sino de la apertura del corazón en el Espíritu Santo al Padre. Con este mismo espíritu nos habla san Pablo, que llama a un incesante agradecimiento al Padre por todo. La oración no se mide por la cantidad de palabras que tendrían que «asegurar» que las peticiones sean escuchadas, sino precisamente por este agradecimiento por todo. La oración paulina es ante todo contemplación del obrar de Dios en nosotros y en todo. A la vez, es una oración «realista», sin optimismo «eufórico».

El agradecimiento paulino se refiere no al pasado, sino al presente; es por aquello que el Padre obra continuamente por el poder de la Redención de Cristo. La oración de nuestra vida, y la vida de nuestra oración. Pues somos «colaboradores de Dios».

La oración paulina se asemeja a la oración del propio Cristo. Es un agradecimiento eterno que brota del corazón humano. Igualmente la imploración que se encierra en la oración de Cristo, se expresa en forma de agradecimiento.”


(Juan Pablo II de JUAN PABLO II – Estoy en tus manos – Cuadernos Personales 1962-2003, pág. 366 publicado por Planeta, 2014)

jueves, 7 de enero de 2016

Desde México a todas las familias de Latinoamérica

“Para cada familia en particular el Papa quisiera poder decir una palabra de aliento y de esperanza. Vosotras, familias que podéis disfrutar del bienestar, no os cerréis dentro de vuestra felicidad; abríos a los otros para repartir lo que os sobra y a otros les falta. Familias oprimidas por la pobreza, no os desaniméis y, sin tener el lujo por ideal, ni la riqueza como principio de felicidad, buscad con la ayuda de todos superar los pesos difíciles en la espera de días mejores. Familias visitadas y angustiadas por el dolor físico o moral, probadas por la enfermedad o la miseria, no acrecentéis a tales sufrimientos la amargura o la desesperación, sino sabed amortiguar el dolor con la esperanza.

El ser humano no se agota en la sola dimensión terrestre

“Habéis elegido como método de vida el seguimiento de unos valores que no son los meramente humanos, aunque también éstos debéis estimar en su justa medida. Habéis optado por el servicio a los demás por amor de Dios. No olvidéis nunca que el ser humano no se agota en la sola dimensión terrestre. Vosotras, como profesionales de la fe y expertas en el sublime conocimiento de Cristo (cf. Flp 3, 8), abridles a la llamada y dimensión de eternidad en la que vosotras mismas debéis vivir.”

miércoles, 6 de enero de 2016

En busca de la Estrella

(mosaico del artista Marko Ivan Rupnik en el Santuario Juan Pablo II de Cracovia)


“Los Magos, que aparecen en el Evangelio de Mateo, son una prueba viva de que las semillas de verdad están presentes en todas partes, porque son un don del Creador que llama a todos para que lo reconozcan como Padre bueno y fiel. Los Magos representan a los hombres de cualquier parte del mundo que son acogidos en la casa de Dios. Delante de Jesús ya no hay distinción de raza, lengua y cultura: en ese Niño, toda la humanidad encuentra su unidad. Y la Iglesia tiene la tarea de que se reconozca y venga a la luz con más claridad el deseo de Dios que anida en cada uno. Este es el servicio de la Iglesia, con la luz que ella refleja: hacer emerger el deseo de Dios que cada uno lleva en si. Como los Magos, también hoy muchas personas viven con el «corazón inquieto», haciéndose preguntas que no encuentran respuestas seguras, es la inquietud del Espíritu Santo que se mueve en los corazones. También ellos están en busca de la estrella que muestre el camino hacia Belén.
¡Cuántas estrellas hay en el cielo! Y, sin embargo, los Magos han seguido una distinta, nueva, mucho más brillante para ellos. Durante mucho tiempo, habían escrutado el gran libro del cielo buscando una respuesta a sus preguntas – tenían el corazón inquieto – y, al final, la luz apareció. Aquella estrella los cambió. Les hizo olvidar los intereses cotidianos, y se pusieron de prisa en camino. Prestaron atención a la voz que dentro de ellos los empujaba a seguir aquella luz – y la voz del Espíritu Santo, que obra en todas las personas –; y ella los guió hasta que en una pobre casa de Belén encontraron al Rey de los Judíos.
Todo esto encierra una enseñanza para nosotros. Hoy será bueno que nos repitamos la pregunta de los Magos: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo» (Mt 2,2). Nos sentimos urgidos, sobre todo en un momento como el actual, a escrutar los signos que Dios nos ofrece, sabiendo que debemos esforzarnos para descifrarlos y comprender así su voluntad. Estamos llamados a ir a Belén para encontrar al Niño y a su Madre. Sigamos la luz que Dios nos da – pequeñita…; el himno del breviario poéticamente nos dice que los Magos «lumen requirunt lumine»: aquella pequeña luz –,. la luz que proviene del rostro de Cristo, lleno de misericordia y fidelidad. Y, una vez que estemos ante él, adorémoslo con todo el corazón, y ofrezcámosle nuestros dones: nuestra libertad, nuestra inteligencia, nuestro amor. La verdadera sabiduría se esconde en el rostro de este Niño. Y es aquí, en la sencillez de Belén, donde encuentra su síntesis la vida de la Iglesia. Aquí está la fuente de esa luz que atrae a sí a todas las personas en el mundo y guía a los pueblos por el camino de la paz.”