Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 26 de marzo de 2016

“Resurrexit, alleluia - ¡Ha resucitado, aleluya”!



¡Escuchad, hombres y mujeres de buena voluntad!
Que la tentación de la venganza
abra paso a la valentía del perdón;
que la cultura de la vida y del amor
haga vana la lógica de la muerte;
que la confianza vuelva a reanimar la vida de los pueblos.
Si nuestro futuro es único,
es un compromiso y un deber de todos construirlo
con paciente y solícita clarividencia.

"Señor, ¿a quién vamos a acudir?"
Sólo Tú, que has vencido a la muerte,
"tienes Palabras de vida eterna" (Jn 6,68).



FELIZ Y SANTA PASCUA A TODOS!

viernes, 25 de marzo de 2016

Caminemos juntos, peregrinos, hacia la cruz del Señor



“Caminemos juntos, peregrinos, hacia la cruz del Señor, pues con ella comienza una nueva era en la historia del hombre. Este es tiempo de gracia, tiempo de salvación. A través de la cruz el hombre  ha podido comprender el sentido de su propia suerte, de su propia existencia sobre la tierra. Ha descubierto cuánto le ha amado Dios. Ha descubierto, y descubre continuamente, a la luz de la fe, cuán grande sea el propio valor. Ha aprendido a medir la propia dignidad con el metro de aquel sacrificio que Dios ha ofrecido en su Hijo para la salvación del hombre: "Porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo, para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eterna" (Jn 3, 16).”


jueves, 24 de marzo de 2016

Jueves Santo, la fiesta de los sacerdotes


“El Jueves Santo es, ante todo, el día de Jesucristo. Es el primero de sus tres Días Santos: Triduum Sacrum

Todos estos días constituyen, en cierto sentido, un conjunto indivisible, son, por decirlo así, el día de nuestra redención, el día de la Pascua, esto es, del Paso.

El día de Jesucristo, es decir, del Ungido —de Aquel a quien el Padre ha ungido con el Espíritu Santo y con la gracia, y ha enviado al mundo.

"El espíritu del Señor, Yavé, está sobre mí, pues Yavé me ha ungido, me ha enviado para predicar la buena nueva a los abatidos y sanar a los de quebrantado corazón, para anunciar la libertad a los cautivos y la liberación a los encarcelados. Para publicar el año de gracia de Yavé" (Is 61; 1-2ª)…

 —primero de esos tres, que constituyen el único día de la Pascua— comenzará en el atardecer del Jueves Santo, cuando El se pondrá a la mesa con los Apóstoles para la cena prescrita por el rito de la Antigua Alianza.

Nosotros nos reunimos ya ahora, en la mañana del Jueves Santo, para estar desde la mañana con El, Cristo-Ungido, en este excepcional, único día.

El día de hoy —el día de Jesucristo— Jueves Santo, es nuestro día particular. Es la fiesta de los sacerdotes.
En este día venirnos con toda nuestra comunidad, para dar gracias a Cristo por el sacerdocio
— que El ha grabado en el corazón del hombre, señor de lo creado
— que El ha grabado de modo particular en nuestros corazones.
Efectivamente, nos ha invitado a la Ultima Cena, y hoy nos invita de nuevo. Nos ha invitado en la persona de los Doce, que estuvieron con El aquella tarde. Ante ellos tomó el pan, lo partió, lo dio y dijo: "Esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros".
Y después tornó el cáliz lleno de vino, lo dio a sus discípulos y dijo: "Este es el cáliz de mi sangre, sangre de la Alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres”.
Y al final añadió: "Haced esto en conmemoración mía”.
Somos, pues, los sacerdotes de su Sacerdocio. Somos sacerdotes de este sacrificio, que El ofreció con su Cuerpo y con su Sangre sobre la cruz y bajo las especies de pan y vino en la Ultima Cena.
Somos también los sacerdotes "para los hombres", a fin de que todos, mediante el sacrificio que realizamos en virtud de su potencia, nos convirtamos en "un reino de sacerdotes", y ofrezcamos sacrificios espirituales en unión con su sacrificio, el de la cruz y el del Cenáculo.
Finalmente, somos sacerdotes para siempre.
Por lo cual nuestro lugar está hoy junto a El: junto a Cristo, y nuestros labios y corazones quieren renovar el voto de la fidelidad a Aquel que es el "testigo fiel" de nuestro sacerdocio ante el Padre.”

sábado, 19 de marzo de 2016

San José hombre de la elección divina


«El 19 de marzo es la solemnidad de San José, el esposo de María Santísima, Madre de Cristo (…).La meditación de hoy nos prepara a la oración, a fin de que, reconociendo las grandes obras de Dios en aquel a quien confió sus misterios, busquemos en nuestra vida personal el reflejo vivo de estas obras para cumplirlas con la fidelidad, la humildad y la nobleza de corazón que fueron propias de San José.“José, hijo de David, no temas recibir a María tu esposa, pues lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1, 20-21).

Encontramos estas palabras en el capítulo primero del Evangelio según Mateo. Ellas –sobre todo en la segunda parte– son muy semejantes a las que escuchó Miriam, esto es, María, en el momento de la Anunciación [..] La descripción de la Anunciación se encuentra en el Evangelio según Lucas. Seguidamente Mateo hace notar de nuevo que, después de las nupcias de María con José, “antes de que viviesen juntos, se halló haber concebido María del Espíritu Santo” (Mt 1, 18). Así, pues, se realizó en María el misterio que había tenido su comienzo en el momento de la Anunciación, en el momento en que la Virgen respondió a las palabras de Gabriel: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38). 

A medida que el misterio de la maternidad de María se revelaba a la conciencia de José, él, “siendo justo; no quiso denunciarla y resolvió repudiarla en secreto” (Mt 1, 19). Así dice a continuación la descripción de Mateo.  Y precisamente entonces, José, esposo de María y ya su marido ante la ley, recibe su anunciación personal. Oye durante la noche las palabras que hemos citado antes, las palabras que son explicación y al mismo tiempo invitación de parte de Dios: “No temas recibir a María” (Mt 1, 20).  Dios confía a José el misterio cuyo cumplimiento habían esperado desde hacía muchas generaciones la estirpe de David y toda la casa de Israel, y le confía, a la vez, todo aquello de lo que depende la realización de este misterio en la historia del Pueblo de Dios. Desde el momento en que estas palabras llegaron a su conciencia, José se convierte en el hombre de la elección divina, el hombre de una particular confianza. Se define su puesto en la historia de la salvación. José entra en este puesto con la sencillez y humildad en las que se manifiesta la profundidad espiritual del hombre.

 (…). “Al despertar José de su sueño –leemos en Mateo–, hizo como el ángel del Señor le había mandado” (Mt 1, 24). En estas pocas palabras está todo. Toda la decisión de la vida de José y la plena característica de su santidad. Hizo. José, al que conocemos por el Evangelio, es hombre de acción. José es hombre de trabajo. El Evangelio no ha conservado ninguna palabra suya; en cambio ha descrito sus acciones: acciones sencillas, cotidianas, que tienen a la vez el significado límpido para la realización de la promesa divina en la historia del hombre; obras llenas de la profundidad espiritual y de la sencillez madura (…). .

La meditación sobre su vida y sus obras, tan profundamente ocultas en el misterio de Cristo y, a la vez, tan sencillas y límpidas, ayude a todos a encontrar el justo valor y la belleza de la vocación de la que cada una de las familias humanas saca su fuerza espiritual y su santidad».
San Juan Pablo II, Audiencia general 19-3-1980



viernes, 18 de marzo de 2016

Gian Franco Svidercoschi : Breve “biografía” de Karol Wojtyla/Juan Pablo II 2 de 4


Gian Franco Svidercoschi, profundo conocedor  y estudioso de la vida y obra de Karol Wojtyla, escribió también el prologo al libro que el Papa Juan Pablo II escribiera con ocasión del quincuagésimo aniversario de su sacerdocio.  Se trata de Don y Misterio, libro que nació  como consecuencia natural de un encuentro dela Congregación para el Clero y a raíz de las reflexiones  vertidas entonces por el Papa Juan Pablo II que se referían a su sacerdocio y que el mismo admitiera  “pertenecen a mis raíces más profundas, a mi experiencia más íntima.”  El  libro cuenta con una Introducción del Santo Padre, pero fue Gian Franco Svidercoschi quien escribió un prólogo para el libro que fuera publicado en forma impresa por Librería Editrice Vaticana en  el año  2011. El texto  puede leerse completo en el sitio de la Santa Sede,  sin el prólogo de Svidercoschi.    Por eso me permito publicarlo aquí  en 4 posts. Quien lo lea detenidamente casi no se perderá detalle de la vida de Karol Wojtyla,  “encriptada” a veces  en una sola palabra o frase. 

La herencia polaca
Esta  es la razón por la cual, al releer despus de quince años el acontecimietno de Franciszek Labus y lo que el descascarillador de la cantera de piedra dijo al joven obrero que lo ayudaba, se puede captar, aún más, otro gran mérito de este libro. Es cierto que se trata de un cuento relatado con gran simplicidad e inmediatez, un cuento que parece más vivido que “escrito” vista la manera de manifestar los pensamientos más íntimos, más escondidos e incluso los sentimientos y las emociones. Pero, al mismo tiempo, “Don y misterio” ha sabido poner de relieve la continuidad, una extraordinaria continuidad, entre el periodo de la preparación al sacerdocio, del ministerio presbiteral y episcopal y el periodo del pontificado.

No se puede comprender la figura de Juan Pablo II y su obra a la guía de la Iglesia Universal si no se considera la herencia de fe, cultura e historia, una historia a menudo trágica que ha traído de su Patria. Ni se puede entender este pontificado, sin remontarse a las raíces de la vocación de Karol Wojtyła, a las experiencias vividas, a las dificultades encaradas: la familia, ante todo, y la escena tanto religiosa como cultural y social de la Polonia de los años treinta y la búsqueda teológica y filosófica, el teatro, el trabajo y luego la guerra, la Shoah, los totalitarismos del sigloXX conocidos en primera persona, y en fin el ministerio pastoral, el episcopado, la participación en el Concilio.
Cada momento, cada acontecimietno vivido, cada elección hecha, cada gesto aprendido – como el beso a la teirra siguiendo el ejemplo del cura de Ars – tuvo su importancia, su relevancia en el crecimiento humano y espiritual de Karol Wojtyła.  Hay como un “hilo conductor” que los atraviesa todos, momentos, acontecimietnos, elecciones, gestos y parece como si confluyeran hacia un objetivo prefijado.

Es decir, cuando el arzobispo de Cracovia entró en el Cónclave, trayendo consigo mismo la memoria viva de la historia y de los acontecimientos de su Patria, parecía ya “preparado” a las grandes responsabilidades del papado y por lo tanto a introducirse de inmediato y con naturalidad en la realidad y en los problemas de todo el mundo católico.

Y de esta manera, a partir del “injerto” de las experiencias polacas sobre la dimensión universal del servicio petrino y, podríamos decir, a partir de su síntesis, procedió la que – yo personalmente por lo menos – pienso que fue la gran novedad de este pontificado como “signo de cambio”.  
Un ejemplo para todos. Los Pontífices sobre todo los de la Edad Moderna, siempre habían defendido de manera tenaz –en nombre del Evangelio – al hombre y sus derechos. Pero, quizás, nadie lo hizo con tanta fuerza, pasión y sobre todo con un conocimiento tan profundo de las amenazas contra el hombre y contra la dignidad humana, como justamente lo hizo Juan Pablo II. Un conocimiento experimentado de manera dramática, personalmente, el l de septiembre de 1939, con la ocupación alemana de Polonia que dio el banderazo a la Segunda Guerra Mundial.

Fueron estos trágicos acontecimientos que aclararon, en el joven Karol “ el sentido del sacerdocio y de su misión en el mundo”.
Al leer “Don y Misterio”, nos damos cuenta que el relato de aquellos meses y años, fue narrado con ojos horrorizados, asustados, ojos que habían conocido el horror, las atrocidades.


jueves, 17 de marzo de 2016

Roca al rojo vivo – la poesía de Karol Wojtyla (3 de 3)


En El Tríptico Romano la última composición poética de Wojtyła, los temas precedentes se extienden entre los extremos del Principio y el Fin. El poeta se halla en el ingreso de la Capilla Sixtina, y la visión es la del Juicio: El Principio se confunden con el Fin En la visión de Miguel Ángel, en la que se basa la meditación poética, se ve le curso de las generaciones (Llegan desnudos al mundo y desnudos volverán a la tierra de la cual fueron sacados) hasta el Fin, la cumbre de la transparencia […] / La transparencia de los hechos - / La transparencia de las concienciasCada hombre es llamado  a recuperar de nuevo esta visión.

En su comentario al Tríptico escribió acertadamente el entonces cardenal Ratzinger: «El camino que conduce a la fuente es un camino para convertirse en videntes: para aprender de Dios a ver. Así aparecen el principio el fin» Dejándose conquistar por esta policromía Sixtina, Wojtiła recuerda sus dos cónclaves e imagina el momento de su muerte.

Las estructuras metafóricas de la poesía de Wojtyła en realidad no son «livianas». Allí se entrelazan preguntas inquietantes y respuestas de gran intensidad espiritual. Por su sensibilidad, forman parte del grupo de la así llamada  «poesía metafisica» (de Dante a John Donne, a T.S.Eliot) caracterizada por una imaginación metafórica según la cual la verdad abstracta se representa en forma de imágenes sensibles. Esta es, precisamente una de las características de la poesía wojtliana: partir de un objeto, un hecho, una persona  y aprovechar la trama infinita de relaciones con el misterio de la existencia humana, con la estructura secreta del mundo.

 Antonio Spadaro, S.I. “Roca al rojo vivo” La poesía de Karol Wojtyla, publicado en Totus Tuus Nr 9 septiembre 2007


sábado, 12 de marzo de 2016

Roca al rojo vivo – la poesía de Karol Wojtyla (2 de 3)


La primera apunta a la mirada del poeta. Escribe en el Canto: Tenéis que deteneros a mirar hacia lo profundo, hasta que no se sepáis separar el alma del fondo. Allí ningún verdor podrá llenar la mirada. No importa que los ojos del poeta se esfuercen por tornarse más agudos: veo  menos. Cuánto más esfuerzo mi vista. El esfuerzo se inclna siempre hacia un umbral que solo se alcanza por medio de una mirada abierta, maravillada intensa, capaz de tocar el fondo e involucrar el alma incondicionalmente: nada podrá saciarla completamente. En la mirada de estupor que se convierte en el sentido total de eternidad.  El sentido de la contemplaiòn está en dejarse sumergir en el misterio que se contempla. Wojtyła sostiene que el mayor sufrimietno le viene al hombre de su falta de «visión» (como leemos en Pensamiento – Extraño espacio, de 1952) porque es incapaz de ver aquello que más importa y por eso debe luchar a fin de abrirse camino entre signos, quizás a tientas, en la oscuridad. No comprende así el sentido del todo, de si mismo, del mundo, de la vida.

Un segundo tema se refiere a la obra del hombre en la historia y en la vida, considerada en toda su complejidad. El poema La cantera de piedra compuesto en 1957 nos ofrece un ejemplo. Wojtyła conocía bien el trabajo pesado. Para evitar ser deportado, entre 1939 y 1944 trabajó como operario primero en las canteras, y después en la industria química Solvay, cerca de Cracovia. La experiencia marco al joven Wojtyła, que más tarde revivirá en estos versos aquel trabajo como una dura realidad, pero también como rica metáfora en contrapunto entre la grandeza del trabajo y la dignidad humana. Escucha bien, escucha eléctrica corriente / de río penetrante que corta hasta las piedras, / y entenderás conmigo que toda la grandeza / del trabajo bien hecho es grandeza del hombre. La relación entre el hombre y la materia es sublime y arriesgada: ese hombre llevóse la estructura del mundo. Hasta la materia, las piedras lo saben porque conocen la violencia que por ráfagas yende su sencillez eterna. Todas las fuerzas, aún las más indomables, pueden llegar a ser energía abrasadora para la profunda realización del hombre.

Un tercer tema fundamental nos habla de la relación con Cristo. En marzo de 1958, cuatro meses antes de ser nombrado arzobispo de Cracovia, había publicado el poema Perfiles del Cirineo. La obra está centrada en la figura de Simón el Cirineo, visto como una poderosa imagen del hombre contemporáneo. En realidad, él describe 14 perfiles de “cireneos” contemporáneos: el melancólico, el esquizoide, los ciegos, el actor, la muchacha decepcionada en su amor, los niños, dos operarios, un intelectual, un emotivo, un volitivo… Wojtyła crea una fenomenología poética del hombre contemporáneo en pequeños pero densísimos cuadros. Cada perfil es el de un cireneo que cara a sus espaldas su propio yugo y escribe, su perfil se dibuja siempre al lado del otro Hombre. Más tarde, en 1978, en La redencòn busca tu forma para entrar en la inquietud de cada hombre, que fuè publicado bajo seudónimo cuando el poeta ya había sido elegido Pontífice, la figura de la Verónica toma el lugar del Cireneo: Y ahora espero el consuelo de tus manos / llenas de humildes empresas, / espero tus manos, que tiernamente / sostienen el sencillo velo. Aquí el rostro de Cristo se transforma en el rostro de cada hombre de quien la Verónica es hermana: su velo atrae hacia si toda la inquietud del mundo. El hombre es forma inquieta que ninguna mirada es capaz de escudriñar a fondo, pero el rostro de Cristo, grabado en el velo de la Verónica, traspasa a aquel que lo contempla, dando paz a su inquietud.

El cuarto tema está asociado a la dimensión cósmica de la relación entre Dios, el hombre y el mundo entero. El mundo está repleto de energías ocultas, con audacia yo las estoy nombrando. De obispo, mientras administraba la confirmación, se siente ser un despensero. Toco fuerzas con que debe alimentarse el hombre. También el rostro de los fieles que reciben el sacramento, cuánta gente absorta, parecen ser potenciales de energía. En los rostros, marcados por el juego de las arrugas, sobre todo en los ojos un campo eléctrico vibra / También aquí la electricidad es un hecho – y es a la vez, un símbolo. Es verdadero símbolo del pensamiento, del espíritu, de las fuerzas que existen en el hombre y sobre el cual actúa la presión de lo invisible, aprisionada atmósfera.



Antonio Spadaro, S.I. “Roca al rojo vivo” La poesía de Karol Wojtyla, publicado en Totus Tuus Nr 9 septiembre 2007

viernes, 11 de marzo de 2016

Roca al rojo vivo – la poesía de Karol Wojtyla - Antonio Spadaro S.I: (1 de 3)


Leer la poesía de Karol Wojtyła significa cubrir una distancia que abarca al ser en su totalidad a nivel estético y emocional, hasta llegar a tocar las fibras más íntimas del significado de la experiencia humana. He procurado demostrarlo en mi ensayo En la melodía de la tierra – La poesía de Karol Wojtyla (Jaca book, 2006).  El está asociado por fecha de nacimiento con poetas conocidos por el público italiano como Czeslaw Milosz, Wieslawa Szymborska y tadeusz Rozewicz: poetas nacidos al inicio de los años veinte, y que tuvieron que afrontar primero la invasión alemana y más tarde la ocupación soviética. Wojtła, sin embargo, a diferencia de los otros vivió su poesía casi en silencio, consagrado más a su elección sacerdotal y después a las crecientes responsabilidades pastorales. Publicó sus obras con reticencia y bajo pseudónimo, que permaneció en secreto hasta su elección al pontificado en 1978. Sin embargo, para él poesía y vocación se alimentan siempre de un vínculo oculto, si bien vivo: «mi sacerdocio es un sacramento y una vocación, mientras escribir poesía es una función del talento, pero es ese mismo talento que determina la vocación » escribió en 197l.

El interés de Wojtyla por la poesía surge en su primera juventud. Su maduración se la debe a M. Kotlarczyk, profesor de lengua polaca en la escuela secundaria de Wadowice, con quien  más tarde dieran vida al Teatro Rapsódico. En sus poesías juveniles, los demás de la patria, la resistencia, la historia polaca se entrelazan con inspiraciones más íntimas, algunas marcadas por un profundo y romántico sentimiento por la naturaleza, generando paz y armonía, en contraposición a los oscuros nubarrones de guerra en el horizonte. El joven Wojtyła vive en un mundo de fuerzas emotivamente envolventes. Su punto central deviene en el plano de la fe, donde encuentran composición  y sentido.
La poesía llega a ser ofertorio ardiente. El alma del artista – brasa ardiente, / roca al rojo vivo / necesita de las Palabras antes  de ceñidas en estrecho lazo / impulsarlas al ritmo del amor absoluto / - creando un poema ardiente / abrazar los corazones. / Lanzarlas así a los trovadores / que anuncien a todos los pueblos / la Verdad y la Libertad de las palabras y las visiones/.

Los versos, si bien intensos, a menudo son inmaduros. El mismo Wojtyła lo admite escribiéndole al maestro Kotlarczyk. No obstante, reconoce también una «llama que ha sido encendida en mi», y que él percibe como probable fruto de la «acción de la Gracia» a la cual «es necesario saber responder con humildad». Continúa luego, «en esta dimensión, la lucha por la Poesía será la lucha por la Humildad». En 1941, Wojtyla le anticipa al amigo y maestro Kotlarczyk que al año siguiente solicitaría al cardenal Sapieha iniciar su camino hacia la ordenación sacerdotal. En 1946, año de su ordenación, publica su primera obra de la madurez, Canción sobre el Dios oculto, escrita durante los años del seminario clandestino. Leyendo su producción desde  1946 al Tríptico Romano, podríamos escoger algunas posturas vitales y constantes.
  

Antonio Spadaro, S.I. “Roca al rojo vivo” La poesía de Karol Wojtyla, publicado en Totus Tuus Nr 9 septiembre 2007

martes, 8 de marzo de 2016

«Me felicitarán todas las generaciones…» la profecía del magníficat


“Las palabras de Isabel «feliz la que ha creído» siguen acompañando a María incluso en Pentecostés, la siguen a través de las generaciones, allí donde se extiende, por medio del testimonio apostólico y del servicio de la Iglesia, el conocimiento del misterio salvífico de Cristo. De este modo se cumple la profecía del Magníficat: «Me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí, su nombre es santo.»   l, 48-49).

En efecto, al conocimiento del misterio de Cristo sigue la bendición de su Madre bajo forma de especial veneración para la Theotókos. Pero en esa veneración está incluida siempre la bendición de su fe. Porque la Virgen de Nazaret ha llegado a ser bienaventurada por medio de esta fe, de acuerdo con las palabras de Isabel. Los que a través de los siglos, de entre los diversos pueblos y naciones de la tierra, acogen con fe el misterio de Cristo, Verbo encarnado y Redentor del mundo, no sólo se dirigen con veneración y recurren con confianza a María como a su Madre, sino que buscan en su fe el sostén par la propia fe. Y precisamente esta participación viva de la  fe de María decide su presencia especial en la peregrinación de la Iglesia como nuevo Pueblo de Dios en la tierra.

sábado, 5 de marzo de 2016

Profesar públicamente la fe

“…todos los fieles, en virtud del propio bautismo y del sacramento de la confirmación, tienen que profesar públicamente la fe recibida de Dios por medio de la Iglesia, difundirla y defenderla como verdaderos testigos de Cristo (cf. Lumen gentium, 11). O sea, están llamados a la evangelización, que es un deber fundamental de todos los miembros del Pueblo de Dios (cf. Ad gentes, 35), tengan o no tengan particulares funciones vinculadas más íntimamente con los deberes de los Pastores (Apostolicam Actuositatem, 24)”


Ser maestros de la verdad

“Como Pastores tenéis la viva conciencia de que vuestro deber principal es el de ser maestros de la verdad. No de una verdad humana y racional, sino de la Verdad que viene de Dios; que trae consigo el principio de la auténtica liberación del hombre: “conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Jn 8, 32); esa verdad que es la única en ofrecer una base sólida para una “praxis” adecuada.”

[…]

De vosotros, Pastores, los fieles de vuestros países esperan y reclaman ante todo una cuidadosa y celosa transmisión de la verdad sobre Jesucristo. Esta se encuentra en el centro de la evangelización y constituye su contenido esencial: “No hay evangelización verdadera mientras no se anuncie el nombre, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios” (ib., 22).

[…]

Maestros de la verdad, se espera de vosotros que proclaméis sin cesar, y con especial vigor en esta circunstancia, la verdad sobre la misión de la Iglesia, objeto del Credo que profesamos, y campo imprescindible y fundamental de nuestra fidelidad. El Señor la instituyó como comunidad de vida, de caridad, de verdad (cf. Lumen gentium, 9) y como cuerpo, pléroma y sacramento de Cristo en quien habita toda la plenitud de la divinidad (cf. ib., 7).

VIAJE A LA REPÚBLICA DOMINICANA, MÉXICO Y BAHAMAS (del Discurso del Santo Padre Juan Pablo II en la inauguración de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano - Puebla, MéxicoDomingo 28 de enero de 1979)


1979, Mexico, Bahamas, verdad, Republica Dominicana

Fidelidad en la unidad

“Pidamos, hermanos, al Señor Jesús que El nos dé la fidelidad a El, la fidelidad en la unidad que ha querido para nosotros, para que el mundo crea.”

(del discurso del Papa Juan Pablo II a los participantes en un encuentro ecuménico – Puebla, México Domingo 28 de enero de 1979)