Juan Pablo II recordaba
muy a menudo a sus maestros, a aquellos quienes lo alentaron a dar sus primeros
pasos espirituales en la familia, en su parroquia en la natal Wadowice y más
tarde ya en Cracovia. Uno de aquellos fue sin duda el sacerdote Kazimierz Figlewicz
quien desde Wadowice donde había sido destinado temporariamente, fue
acompañándolo más tarde también en la catedral de Wawel.
Kazimierz Figlewiz, catequista y confesor de Karol Wojtyla,
nació el 6 de enero de 1903 en Krakow y murió el 23 de septiembre de 1983
y fue enterrado en el Cementerio Rakowicki de Cracovia. Estudio
teología en la Universidad Jaguellonica (1921-1926); y fue ordenado sacerdote
el 19 de septiembre de 1925. Su primer destino fue la parroquia de
Ruszcza (1926-1930) mas tarde Wadowice. (1930-1933). En
el año 1933-1957 y desde 1957 fue vicario parroquial de la catedral de Wawel y
desde 1957, párroco y custodio. Como tal debió afrontar intensos
cuestionamientos e interrogaciones en épocas difíciles. Fue conocido por salvar
los tesoros de la catedral de Waweel durante la Segunda Guerra Mundial. Ya en la catedaral de Wawel, en Cracovia
se ocupo también de mantener al dia las actas de todas las reuniones realizadas
y asi se mantuvieron valiosos testimonios y documentación, también de la
presencia de Karol Wojtyla en la catedral.
Juan Pablo II en su libro Don y Misterio describe asi su
recuerdo del sacerdote.
“Durante aquellos años mi confesor y guía espiritual fue el P.
Kazimierz Figlewicz. Me encontré con él la primera vez cuando cursaba el primer
año de instituto en Wadowice. El P. Figlewicz, que era vicario de la parroquia
de Wadowice, nos enseñaba religión. Gracias a él me acerqué a la parroquia, fui
monaguillo y en cierto modo organicé el grupo de monaguillos. Cuando dejó
Wadowice para ir a la catedral del Wawel, continué manteniendo contacto con él.
Recuerdo que, durante el quinto curso del instituto, me invitó a Cracovia para
participar en el Triduum Sacrum, que empezaba con el llamado "Oficio de
Tinieblas" en la tarde del Miércoles Santo. Fue ésta una experiencia que
dejó en mí una huella profunda.
Cuando, después del examen final, me trasladé con mi padre a
Cracovia, intensifiqué la relación con el P. Figlewicz, que ejercía el cargo de
vicecustodio de la catedral. Iba a confesarme con él y, durante la ocupación
alemana, muchas veces lo visitaba.
Aquel 1 de septiembre de 1939 no se borrará nunca de mi recuerdo:
era el primer viernes de mes. Había ido a Wawel para confesarme. La catedral
estaba vacía. Fue, quizás, la última vez que pude entrar libremente en el
templo. Después fue cerrado. El castillo real de Wawel se convirtió en la sede
del Gobernador General Hans Frank. El P. Figlewicz era el único sacerdote que
podía celebrar la Santa Misa, dos veces por semana, en la catedral cerrada y
bajo la vigilancia de policías alemanes. En aquellos tiempos difíciles fue aún
más claro lo que significaban para él la catedral, las tumbas reales, el altar
de San Estanislao, obispo y mártir. El P. Figlewicz fue hasta la muerte fiel
custodio de aquel particular santuario de la Iglesia y de la Nación,
inculcándome un amor grande por el templo del Wawel, que un día llegaría a ser
mi catedral episcopal.
El 1de noviembre de 1946 fui ordenado sacerdote. El día siguiente,
en la "Primera Santa Misa" celebrada en la catedral, en la cripta de
San Leonardo, el P. Figlewicz, estaba a mi lado y me hacía de asistente. El
piadoso Prelado falleció hace algunos años (23 de septiembre de 1983). Sólo el
Señor puede compensarlo por todo el bien que de él recibí.”
El padre Figlewicz, por su parte, lo recuerda asi a Karol Wojtyla:
“Cuando yo era joven sacerdote cumplí tareas de pastor asistente
temporario en Wadowice durante tres años. En 1930 fui también sido asignado
para enseñar religion en la escuela secundaria local porque el programa
del maestro titular estaba sobrecargado y necesitaba ayuda. Fue asi como me
encontré dando clases en el primer año de la educación secundaria y allí conoci
a Karol Wojtyla, inciando asi una larga relación. Cualquiera que se haya
encontrado con él en sus años jóvenes recordara que era alto y delgado y sería
difícil imaginarlo a la edad de 10 años. Entonces era más bien alto pero algo
gordito. Un niño muy talentoso, alegre, rápido y bueno y optimista,si bien
conociéndolo luego más a fondo te dabas cuenta de los efectos de haber
quedado huérfano my temprano. Yo lo encontré por primera vez al poco tiempo de
haber muerto su madre. Recuerdo su firme lealtad para con sus amigos y la falta
de conflictos con los maestros. Tenía buenas notas. Mi contacto con él en
la escuela duro tan solo un año, pero no terminó allí. El servicio al altar fue
lo que nos acercó mas. Karol Wojtyla cumplía su tarea de monaguillo con
absoluto celo. Quizás lo que más nos unió fue el confesionario, nuestras
charlas personales y visitas comunes. Fue por su intermedio que también conoció
al Teniente Wojtyla, que había ejercido en la administración del Regimiento 12
de Infanteria radicado en Wadowice. Nunca lo vi en uniforme, lo conocí
después de su retiro. Ya era un hombre entrado en años. Se ocupaba de la
casa como viudo y cuidaba celosamente de sus dos hijos. Recuerdo que
comían en lo de sus vecinos. Apenas llegaban a fin de mes. Su estilo de
vida era muy frugal. Después de una corta estadía en Wadowice fui transferido
como pastor asistente a la Catedral de Wawel.” (Fr. Kazimierz Figlewicz,
Tygodnik Powszechny, 44/1978)
De la ordenación sacerdotal y primer Misa de Karol Wojtyla,
Figlewicz lo recuerda en breves palabras:
“El Cardenal Sapieha lo ordenó en su capilla privada el 1 de
noviembre de 1946, fiesta litúrgica de Todos los Santos. La ordenación
tuvo lugar separadamente y antes que el del resto de los seminaristas,
debido a la inminente partida de Wojtyla a Roma, donde proseguiría sus
estudios. Así su primer Misa la celebro el Día de los Difuntos. Wojtyla
me pidió que fuese su manuductor (del latin manus y ductor
líder) convirtiéndome asi en testigo. El joven celebrante celebro
tres “primeras” Misas, la primera para las almas de sus padres y
hermano, en un sitio inusual: en la cripta románica de San Leonardo en Wawel;
entre tumbas de reyes y héroes nacionales. La primer misa solemne fue celebrada unos días más
tarde en Wadowice” (Boniecki, Adam : The Making of the Pope of the Millennum,
Kalendarium of the Life of Karol Wojtyla, Marians of the Immaculate Conception,
2000)
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