martes, 23 de junio de 2026

El Papa León XIV le rinde homenaje a Jérôme Lejeune, defensor de la dignidad humana, en el centenario de su nacimiento.

 


Leemos en Vatican News que con ocasión del centenario del nacimiento del venerable profesor Jérôme Lejeune, el Papa recibió este lunes 22 de junio en audiencia a los miembros de la Fundación que lleva su nombre y que continúa su obra. En su discurso, el Santo Padre elogió la memoria de quien fue a la vez pionero de la genética moderna, médico dedicado a los más vulnerables y ferviente defensor de la vida. "Sean, como él, testigos comprometidos en la sociedad, al servicio de la búsqueda constante del bien común»", exhortó.

Descubridor de la anomalía cromosómica responsable de la trisomía 21, Jérôme Lejeune dejó una profunda huella en la historia de la medicina moderna. Considerado uno de los padres de la genética contemporánea, dedicó su carrera a la investigación y al acompañamiento de las personas con Síndrome de Down.

«La medicina —solía afirmar— es el odio a la enfermedad y el amor al enfermo», recordó León XIV en su discurso dirigido a los miembros de la Fundación que lleva su nombre y que continúa su labor. Esta convicción guio toda su acción en favor de aquellos a quienes llamaba afectuosamente «los pobres entre los pobres», añadió el Papa.

El Santo Padre destacó la excelencia académica del profesor Lejeune y su incansable dedicación a la Iglesia, cualidades por las que el Papa Pablo VI lo nombró miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias.

Tambien recalcó León XIV, «la profunda amistad forjada con Juan Pablo II y su visión compartida en favor de la defensa de la vida estuvieron en el origen de la creación de la Academia Pontificia para la Vida». El profesor Lejeune «la consideraba una institución necesaria ante la multiplicación de las amenazas contra la vida», añadió el Sumo Pontífice.

«Hombre de ciencia y de sabiduría», Jérôme Lejeune comprendió rápidamente, observó el Papa, que su descubrimiento científico «sería utilizado para erradicar a las personas portadoras de trisomía 21 antes de su nacimiento». Por esta razón, precisó León XIV, no dudó en convertirse en «su abogado», denunciando la «transgresión del juramento hipocrático y este nuevo eugenismo», que él calificaba de «racismo cromosómico».

El Obispo de Roma reconoció después que «sus intervenciones proféticas lo llevaron a defender la vida de toda persona humana, haciendo referencia a la dignidad inviolable que tiene su origen en el acto creador de Dios». Por ello, añadió, «interpeló y asesoró a instituciones y gobernantes de todo el mundo sobre esta cuestión».

«Esta lucha le valió ser objeto de ataques y críticas en ciertos ambientes científicos», señaló finalmente el Papa.

La técnica no debe reemplazar a la ética

Según el Sucesor de Pedro, el profesor Jérôme Lejeune era consciente de que «si la técnica puede ayudar a la medicina, no puede, en cambio, sustituirla». Sabía, en efecto, que «la técnica puede ser utilizada contra la medicina, que por naturaleza está al servicio de la vida».

El valor de una persona, recordó el Papa, nunca depende de su rendimiento, de su autonomía o de su utilidad social. «¡Jamás un médico debería permitirse, basándose en algoritmos de laboratorio, decidir sobre la vida de tal embrión o de tal persona anciana! ¡Jamás la medicina podrá convertirse en servidora de la muerte programada!», advirtió el Santo Padre.

Hoy, la Fundación Jérôme Lejeune prosigue su labor en torno a tres misiones: la investigación, la atención médica y la defensa de la dignidad humana. El Instituto Jérôme Lejeune atiende cada año a varios miles de pacientes con discapacidades intelectuales de origen genético, mientras que la Fundación apoya numerosos programas científicos internacionales.

(continuarleyendo)

 

También lo recordaba el Papa Francisco en su momento al celebrarse la Jornada de la Vida. 

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lunes, 22 de junio de 2026

El espíritu mariano de Juan Pablo II - Cardenal Tomáš Špidlik, S.I.

 


La mayoría de las oraciones compuestas y recitadas por Juan Pablo II son oraciones dirigidas a la Virgen Maria. Constituyen verdaderamente un rasgo característico de su piedad. Dirigiéndose a la Madre del cielo y hablando de Ella en toda ocasión, Juan Pablo II evidencia sobre todo tres grandes privilegios marianos: la unión sublime con las Personas divinas que se ejercita en la oración, la pureza inmaculada de la vida, la protección universal de los hombres y de todo el universo. Al Papa Juan Pablo II podemos atribuir el mérito especial de haber sido capaz de iluminarnos de modo sugerente como esta vía aurea de la santificación cristiana se haya verificado de modo del todo particular en la Madre de Dios. El nos muestra como la devoción mariana se inserta orgánicamente en las místicas consideraciones sobre la Trinidad Santísima.

Escuchando la voz de Dios y respondiéndole con asentimiento generoso, se le revela al hombre otro aspecto del gran misterio: Dios escucha también la palabra del hombre y satisface sus deseos realizándolos. Pero ¿Cómo es que algunas peticiones son escuchadas y otras no? El Papa, según su modo habitual, explica este misterio de la oración con estupenda brevedad. «Maria constituye el modelo de la oración de la Iglesia. Es muy probable que Maria estuviese  recogida en oración cuando el ángel Gabriel entro en la casa de Nazareth  y la saludo. Tal contexto de oración ciertamente sostuvo a la Virgen en su respuesta al ángel y en su generosa adhesión al misterio de la encarnación. En la escena de la Anunciación, los artistas casi siempre representantan a Maria en actitud orante. Recordamos, por ejemplo, al Beato Angélico. De ahí proviene a la Iglesia y a todo creyente la indicación del clima que debe presidir al desarrollo del culto. Podemos también añadir que Maria representa para el Pueblo de Dios el paradigma de toda expresión de su vida de oración. En particular, Ella enseña a los cristianos cómo dirigirse a Dios para invocar su ayuda en las diversas situaciones de la vida.»



De todo ello se deduce que el objeto fundamental de las oraciones de Maria es el mismo que el de las oraciones de Jesús, la salvación del mundo: «Maria aparece, por tanto, como supremo modelo de participación personal a los divinos misterios. Ella guía a la Iglesia en la meditación del misterio celebrado y en la participación en el evento de la salvación, promoviendo en los fieles el deseo de una intima inserción personal con Cristo para cooperar con el don de la propia vida a la salvación universal.».



En las arcaicas expresiones orantes junto al “Escucha!”, aparece también “Acoge, dígnate de recibir”! A las divinidades se ofrecía un don, un sacrificio. En sentido cristiano, el único don que el Padre de los cielos recibe es el sacrifico de si mismo ofrecido por Jesús.  Y María? La Virgen constituye también para la Iglesia el modelo en la participación generosa al sacrificio. En la Presentación de Jesus en el Templo, y sobre todo, a los pies de la cruz. Maria cumple el don de si que la asocia como Madre al sufrimiento y a las pruebas del Hijo. Así, en la vida cotidiana y en la celebración eucarística, la Virgen (Marialis cultus 20)  anima a los cristianos a ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios, por medio de Jesucristo (l Pe, 2,5)

¿A quién pues, tiene que dirigirse nuestra oración confiada? Responde Juan Pablo II: «Confío al Padre, rico de misericordia, al Hijo de Dios, hecho hombre como nuestro redentor y reconciliador, confío al Espíritu Santo, fuente de unidad y de paz esta llamada mía de padre y de pastor… Os invito, pus a dirigirnos conmigo al corazón inmaculado de Maria madre de Jesus, en quien se ha obrado la reconciliación de Dios con la humanidad… A las manos de esta Madre, cuyo fiat marcó el inicio de la plenitud de los tiempos…confío ahora en especial esta intención: que, por su intercesión, la humanidad misma descubra y recorra el camino de la penitencia, la única que podrá conducirla a la plena reconciliación.

Concluyendo, la vida y la actividad pastoral de Juan Pablo II se desarrolla en un tiempo de ateísmo ampliamente difundido y violentamente propagado, del que sufrió también en su vida personal las graves consecuencias. Tenía, pues que preguntarse desde el inicio en qué modo los creyentes podrían defenderse para salvar su fe y en muchas ocasiones también la vida, personal y de la socidad.

(Parte del texto preparado por el Cardenal Špidlik para la Causa de beatificación de Juan Pablo II) publicado en la revista Totus Tuus Nr 1 año 2011).

viernes, 19 de junio de 2026

Vocación y Fidelidad – Giovanni Tani (3 de 3)

 


La oración, condición para la fidelidad.

La alianza con Dios, como enseñan los salmos, se manifiesta sobretodo en la oración. La oración mantiene viva la comunión con Dios y la alianza con Él.

A veces la oración se transforma en un severo combate en la tentación, un combate para  superar la prueba. El ejemplo más grande de esta lucha nos lo ha dado Jesús en su oración en Getsemaní: la inició con sentimientos de “miedo y angustia” (Mc 14,33) y al final se encamina hacia la cruz con mucha determinación: “Ahora ya podéis dormir y descansar. Basta ya. Llegó la hora. Mirad que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamonos! Ya ha llegado el que me entrega (Mc 14, 41-42)

Jesús en la oración se ha transformado, aunque presenta con mucha sinceridad la petición de ser librado de aquel cáliz: “Abba, Padre, todo es posible para ti: aparta de mi este cáliz”,  sin embargo como oración más grande y decisiva, expresión de su voluntad, pidió ser capaz de aceptar la voluntad del Padre. “Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras tu (Mc14,36) su oración  era muy profunda, “cayó en tierra y oraba (Mc 14,35) : el Evangelio de Lucas dice que su sudor se convertía en gotas de sangre (Lc 22,44). La oración es prolongada e insistente. Jesús no quiere alejarse del proyecto de amor del Padre. Y el Espíritu Santo le es dado como don para que su humanidad, su corazón de hombre, pueda albergar el amor infinito del Padre para la salvación de todos. Dice la carta a los Hebreos:

El cual, habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarle de la muerte, fue escuchado por su piedad, y aún siendo Hijo, con lo que padeció aprendió la obediencia. Y llegado a la perfección se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen (Heb 5,7-9)

A veces la permanencia en los compromisos definitivos de la vida requiere una fuerte oración que “transforme” el corazón, las disposiciones interiores: que haga dar ese paso, ese grado que más tarde en práctica se traduce en la obtención de un nivel más alto de generosidad.

Mons Giovnni Tani

(al momento de la publicación en Totus Tuus (Nro 5 Sept/2006) , la revista de la Postulación de la Causa de Beatificación y Canonización de Juan Pablo II,  era Rector del Pontificio Seminario Romano Mayor

 

Vocación y Fidelidad – Giovanni Tani (2 de 3)

 


La plena conciencia de los valores en juego.

Quien elige la familia, debe saber que “la familia” le pide que conozca lo que elige. Lo mismo quien escoge el sacerdocio. Estas vocaciones son “otra cosa”: no son reducibles al sentir de quien escoge, el cual no puede determinar por su cuenta que es “la familia”, o què es el “presbiterado”: eso “otro” debe ser acogido como un don al que adaptar la propia vida, para descubrir las riquezas.

Esto significa que la conciencia no se queda al nivel de : “me gusta”, “tengo ganas”, “es bonito hacer el bien”: sino que buscará nutrirse del conocimiento de la naturaleza exacta de la vocación a la cual se siente llamada: se dará cuenta de tener que dar el propio consentimiento no a lo que se siente respecto a aquella realidad, sino a lo que es aquella realidad misma, que es muy diversa de lo que se experimenta de ella. (Dios, la vocaciò, la Iglesia…)

Si se pone el acento sobre el aspecto emocional es cierto que eso sucede. En el matrimonio es esencial el consentimiento:”yo te acojo…”. Cuando se ordena un diácono o un sacerdote o un obispo se les pregunta: “quieres…si, quiero”.

Hay una dimensión de voluntad y de elección para algo que se ha entendido como bueno para la propia vida. Y esta bondad se acoge por la fe y es sustancia de la fe.

Por lo tanto la inteligencia del valor de lo que se escoge, veracidad de aquel valor respecto a la propia vida: elección hecha con “determinada determinación” (Teresa de Ávila).

Es necesario reencontrar las dimensiones del espíritu, que se manifiesta en ests actividades de la conciencia: naturalmente es necesario hacerse ayudar e iluminar por un guía espiritual.   La señales de la verdad y la bondad de la elección están en una afectividad caracterizada por sentimientos de felicidad y libertad, junto a fuerza y determinación, que son muy diversas de las emociones vinculadas a la variabilidad de los momentos y de las situaciones.

Hecha la elección, se inicia un camino que lleva también por tramos y caminos difíciles: inicia un camino de libertad, pero también de pruebas, donde el elemento fundamental es la fe. (La falta de fe ha sido el punto débil del pueblo en el desierto:  No tuvieron fe en Dios ni esperanza en su salvación, Sal 77)

Hijo si te presentas para servir al Señor, prepárate para las tentaciones. Ten un corazón recto y sé constante, no pierdas el tiempo en la seducción (Sir 2, 1-2)

Recuerda siempre el camino que el Señor tu Dios te ha hecho recorrer en estos cuarenta años en el desierto, para humillarte y ponerte a prueba, para saber lo que tienes en el corazón (Dt 8,2)

Vocación y Fidelidad – Giovanni Tani (1 de 3)

 


Quien toma una decisión para su vida debe saber cuáles son los elementos constitutivos de esta elección: aquí los presento: 1.en toda elección definitiva un cristiano cumple una alianza con Dios. 2. Debe conocer bien que elige y que cosa comporta. 3. La oración como condición para permanecer y crecer en la personal promesa de vida.

Alianza con Dios

Cada vocación es la historia de una doble fidelidad :  la de Dios y la del hombre. Pero Dios es la base, el fundamento, es la roca, una referencia permanente. Por lo tanto hay una fuerza en la persona fiel que viene de Dios el cual no viene menos a la alianza establedida: “los dones y la llamada de Dios son irrevocables” (Rm 11,29). El amén del fiel se basa sobre la roca que es Dios: “Te amo Señor, eres mi fuerza Señor, mi roca” (Salmo 18)

A este aspecto de permanencia y estabilidad, es necesario añadir también el aspecto dinámico: Dios que camina con su aliado en las vicisitudes de la vida. Son los dos aspectos del sacramento : permanencia y dinamismo.

El bautismo, el sacramento del matrimonio y del orden sagrado no son realidades estáticas recibidas una vez y ya está: son fuerzas vitales que deben crecer con quien crece. Esto comporta la conciencia de que Dios es nuestro aliado: que la relación con Él constituye el eje más profundo y fundamental de la existencia.

Juan Pablo II en su visita al Seminario Romano habló siempre de vocación: en las dos citas que siguen a continuación, se comprende bien este aspecto dinámico.

 La vocación divina no es algo que se resuelve y se realiza de una sola vez, sino que se realiza siempre, en el transcurso de toda la vida se realiza mas profundamente: O crece o se pierde, o aumenta o disminuye (24 de febrero 1988)

Para permanecer fiel a esta señal de la divina llamada, colaborad con este Donante invisible que trabaja en vosotros: este Espíritu de Verdad y de amor que siempre trabaja en lo más intimo del corazón (22 de octubre de 1988)

Es pues necesario para un cristiano permanecer en la compañía de aquellos que caminan con él: permanecer en la Iglesia (esta compañía que te acoge en el bautismo y no te abandona nunca, como ha dicho Benedicto XVI en la homilía del Domingo del Bautismo del señor, el 8 de enero de 2006). La fidelidad a la alianza con Dios coincide con el permanecer en esta comunión, que tiene el aspecto concreto de una compañía de personas concretas….. una alianza con Dios (es decir, el sacramento) no es nunca algo que toca a cada uno como individuo, sino que es siempre “celebrado” en la Iglesia, con la Iglesia y por la Iglesia.

Es importante que la alianza entre Dios y el llamado sea inmedita: la Biblia ayuda sobre todo a tener fe en Él qu es fiel: toda la historia de la salvación debe ser comprndia bajo este perfil: y muchos salmos son oracioneshacia Dios “aliado” (ver el unto 3). EL Señor es “un Dios lleno de fidelidad, que no defrauda, justo y rectísimo (Dt 32,4)

jueves, 18 de junio de 2026

El cardenal Camillo Ruini hablaba de la beatificación de Juan Pablo II

 


(reposteo del texto publicado el 29 de enero de 2011)

El cardenal Camillo Ruini, Vicario Emérito de Su Santidad Benedicto XVI, nunca ocultó el profundo respeto y cariño que le profesaba al Papa Juan Pablo II. Su cercanía a Juan Pablo II se percibe también en esta breve entrevista del periodista de Radio Vaticana Davide Dionisi, (la traducciòn es mia) con motivo de la próxima beatificación de Juan Pablo II.

D. - Juan Pablo II sera proclamado beato el próximo primero de mayo...como ha sido recibida la noticia?


R. – Para mi ha sido un enorme gozo y también muy personal. Después de tantos años que he tenido la gracia de Dios de poder colaborar estrechamente con Juan Pablo, una persona que ahora la Iglesia oficialmente reconoce como beato, que es el primer peldaño al reconocimiento de la santidad

D. – Usted conoció a Juan Pablo II en el lejano 1984 y vivió en estrecho contacto con el. Que es lo que más le ha quedado grabado de la personalidad del Papa Wojtyla?

 

R. – Lo que mas me impacto fue precisamente la santidad, la profundidad y la espontaneidad de su relación con Dios: su modo de orar, su oración….El era capaz de sumergirse en la oración, de “zambullirse” en la oración. Y también su constante actitud, porque todas las cosas de las cuales se ocupaba, todo lo que hablaba lo hacia siempre dentro de esta relación con Dios.

D. – Cual ha sido, según su opinión, la faz distintiva de su pontificado?

R. – En primer lugar, la de la evangelización. Recordemos las palabras de su inicio: “No tengáis miedo, abrid de par en par las puertas a Cristo!”. La presencia de Dios, la presencia de Jesucristo, el relanzamiento de la fe: ha sido un gran evangelizador, en primera persona, desde las parroquias de Roma a todos los países del mundo. Ha sido también un gran promotor del poder de evangelización de la Iglesia. En segundo lugar esta evangelización se dirigía al hombre concreto, de allí la preocupación por el hombre concreto: Cristo Redentor del hombre. Y también otra frase notable: el hombre es el camino de la Iglesia y en este camino que va de Cristo al hombre, la Iglesia no puede ser detenida por nadie. Con esta visión, ha logrado influir también en el curso de la historia: de alguna manera, ha cambiado el mundo.

D. – También Benedicto XVI ha continuado su mensaje, recogiendo la herencia....

R. – Yo creo que Benedicto XVI, como ha sido un colaborador tan directo de Juan Pablo II, es también, el heredero natural y a su vez creativo, pero el gran heredero de este pontificado y el gran continuador de este pontificado. Por eso entre estos dos pontificados hay una continuidad profundísima. Decisiva, sin embargo, es la diferencia entre sus personalidades. Por lo que se refiere a Benedicto XVI quisiera recordar dos de sus frases: “Dios en el centro”. Dios esta en el centro de la vida y la humanidad debe redescubrir esta centralidad de Dios. Y la segunda: “Ampliar los espacios de la racionalidad humana”. Ampliar los espacios para redescubrir la dignidad del hombre, el valor de la persona humana. En el fondo, en otros términos es lo que Juan Pablo II expresaba con evangelización, y con el hombre, camino de la Iglesia.

D. – Como se preparan los fieles al próximo primero de mayo? Cual es el ambiente que se respira en estos primeros días?

R. – Creo que hay una enorme expectativa, en Roma, pero también en Italia y en el mundo y que se tratara de encontrar la forma mas conveniente para que toda esta gente pueda venir a participar, así como ha podido participar en los inolvidables días del funeral de Juan Pablo II o con ocasión de las Jornadas Mundiales de la Juventud.

Adios Cardenal Ruini!

 

(Este post lo escribi el 23 de junio de 2008 en este blog con el titulo Emotivo adiós al Cardenal Ruini)


Desde este blog le enviamos un cordial y sincero saludo acompañado de un profundo agradecimiento por su tarea al mando de la diócesis de Roma desde 1991.

Le agradecemos la sabiduría, el coraje y el incondicional servicio con que acompañó a Juan Pablo II y después a Benedicto XVI desde ese lugar en la Iglesia italiana, deseándole que pueda verse beneficiada durante muchos años mas con su fructífero trabajo en otro espacio.

Agradecemos enormemente también su entusiasmo y el compromiso personal puesto en la causa de beatificación y canonización del Siervo de Dios Juan Pablo II.

La emotiva despedida, acompañada por numerosos sacerdotes, hombres y mujeres y personalidades políticas, fue anticipada el sábado 21 de junio en la Basílica de San Juan de Letrán, con ocasión del 25° aniversario de su ordenación episcopal y los jubileos de los sacerdotes en servicio pastoral en la diócesis. Durante el curso de la solemne Concelebración Eucarística presidida por el mismo cardenal Ruini fue leída 
la carta que le enviara el Santo Padre Benedicto XVI agradeciéndole “las etapas de Su fructuoso ministerio episcopal” a partir de aquel 17 de enero de 1991 cuando el Siervo de Dios Juan Pablo II lo llamó a suceder al Cardenal Ugo Poletti”. Recuerda en esa carta el Santo Padre Benedicto XVI sus empeños "al servicio directo del Obispo de Roma, la preparación y la celebración de la misión ciudadana en preparación para el Gran Jubileo del 2000", cuyo "momento culminante fue la XX Jornada Mundial de la Juventud".

El cardenal Ruini terminaba oficialmente su servicio de Cardenal Vicario y agradecía ese “don grandisimo” que había recibido del papa Wojtyla y le fuera luego confirmado por el papa Ratzinger. Le dejaba a la diócesis y también a Italia un pequeño “testamento” llamando a la fortaleza, coraje y unidad con el Papa en su lucha ante tantos desafíos.

Gracias Cardenal Ruini por su “gran admiración” por Juan Pablo II, a quien conociera personalmente ya en el otoño de 1984 cuando usted era obispo auxiliar de Regio Emilia-Guastalla y Vicepresidente del Comité preparatorio del Convenio de la Iglesia italiana que iba a tener lugar en Loreto. Leyendo sus escritos (Alla sequela di Cristo, Edizioni Cantagalli 2007,) recordamos que el Papa entonces lo invito a cenar para informarse de los preparativos y su “fuerte emoción y extraordinaria experiencia” y tambien que “le habian llamado especialmente su atención la profundidad de su pensamiento y la calidad de sus análisis, la sencillez de su forma de ser, su apertura y la voluntad de escuchar, advirtiendo al mismo tiempo que su mirada y su vida se proyectaban hacia Dios.

Otra vez Cardenal Ruini

GRACIAS

y que Dios, Nuestro Señor se lo pague con creces!

Mensaje póstumo del Papa Leon XVI al Cardenal del lema «Veritas liberabit nos», «La verdad nos hará libres» (cf. Jn 8,32).

 


Celebramos esta Eucaristía encomendando a la misericordia del Señor a nuestro hermano, el Cardenal Camillo Ruini, un sabio y bondadoso pastor del rebaño de Cristo.

Durante muchos años sirvió a la Iglesia, desempeñando con igual dedicación tanto las responsabilidades más humildes como las más complejas que el Señor le confió como sacerdote, obispo y cardenal: en la enseñanza, el estudio y la teología, en la pastoral, en el trabajo con los jóvenes, en el ámbito cultural, en el cuidado de los laicos y las vocaciones, y en el ejercicio de la autoridad.



La Iglesia en Italia, a la que sirvió durante aproximadamente diecisiete años como Presidente de la Conferencia Episcopal, le debe mucho, al igual que la Diócesis de Roma, donde sirvió durante el mismo tiempo como Vicario del Santo Padre. Supo guiar al Pueblo de Dios y a sus hermanos en el episcopado en momentos importantes y delicados, afrontando numerosos desafíos con entusiasmo, discernimiento y valentía.

Le debemos ideas e iniciativas que han dejado una profunda huella en la comunidad eclesial y civil. Recordamos el «Proyecto Cultural»; su profundo compromiso con la promoción de la contribución del mundo católico en los más diversos ámbitos de la vida religiosa, civil y política italiana; la gran labor del Sínodo diocesano y su implementación aquí en Roma; su presencia activa y dialogante en diversos niveles de la vida de la Iglesia, así como del mundo secular y la sociedad.

(…)

Nuestro querido hermano acompañó a los fieles y a las comunidades que le fueron confiadas durante su largo servicio a través de muchas vicisitudes, y es precisamente en la invencible caridad del Señor y en la respuesta de fe a este don donde debemos buscar la raíz de la fortaleza con la que las afrontó. En su Testamento Espiritual, hablando de las muchas personas a quienes sentía gratitud por el bien que le habían brindado, el cardenal Camilo escribió: «De ellos no he recibido menos de lo que he intentado dar». Creo que estas son palabras que también pueden ayudarnos a vivir nuestras responsabilidades y nuestros diversos servicios con la misma humildad y la misma confianza en Dios.

Además, él mismo testificó que uno de los recursos que más lo acompañaron a lo largo de su dilatada vida, desde la infancia, fue la oración: sencilla, sincera, fresca en sus años más tiernos y madurando con el tiempo, hasta la época de la fragilidad y la enfermedad.

(…)

El cardenal Camillo Ruini tuvo la gracia de conocer y trabajar personalmente con algunos de los grandes santos de los últimos tiempos, como San Pablo VI y San Juan Pablo II. En particular, sobre su relación con el papa Wojtyła, con quien colaboró ​​durante muchos años, escribió: «En Juan Pablo II experimenté tu presencia, Señor; pude tocar de primera mano la unión en la oración, la inseparabilidad de la oración, la vida y el apostolado, la valentía de la fe que guía la historia, la capacidad de amar y perdonar» (ibíd.). Creo que el cardenal supo inspirarse tanto en el ejemplo de unidad de vida del gran Pontífice, porque también encontramos en él muchos de los rasgos que utiliza para describir al Santo Papa; y pienso que esta consonancia de sentimientos puede inspirarnos también en nuestro camino.

Como lema de su episcopado, nuestro hermano eligió una frase inspirada en el Evangelio de San Juan: «Veritas liberabit nos», «La verdad nos hará libres» (cf. Jn 8,32)…. Al observar la vida del Cardenal Ruini, cómo vivió y cómo dejó este mundo, podemos captar un signo de la fuerza y ​​la solidez con que la humanidad crece y madura cuando encuentra el centro y el eje de su existencia en la Verdad que proviene de Dios.

(de la Homilia del PapaLeon XIV – Capilla Papal para el Funeral del Cardenal Camillo Ruini – Altar dela Cátedra de la Basilica de San Pedro 18 de junio 2026)

 

miércoles, 17 de junio de 2026

Papa Leon XIV – Audiencia General con sus comentarios acerca del viaje apostólico a España.

 


Hoy deseo proponer algunas reflexiones sobre el viaje apostólico a España que realicé la semana pasada para visitar Madrid, Barcelona, la abadía de Montserrat y las islas Canarias.



Después del largo viaje a cuatro países africanos, esta vez me he encontrado inmerso en un país europeo de antigua y riquísima tradición católica. Y ha quedado claro que en la España de hoy, que ha conocido notables cambios sociales y culturales, el Papa ha sido acogido en todas partes con entusiasmo y apertura a la escucha. Doy gracias por ello a Dios y a todo el pueblo español, al Rey y a las autoridades civiles, a los obispos y a las comunidades eclesiales.

El pueblo de Dios me ha confortado grandemente con la festiva manifestación de su fe y de su afecto. Por mi parte, he confirmado a los fieles y, como obispo de Roma, los he animado a superar cualquier forma de división y de contraposición, y a cultivar siempre la comunión, el diálogo, la unidad en la diversidad. Este es el servicio propio del Sucesor de Pedro, servicio que en los viajes apostólicos encuentra una expresión específica, siempre adecuada a las situaciones eclesiales y sociales de los países visitados.

En el caso de España, he podido notar con alegría cómo la gente, de todas las edades y condiciones, esperaba la visita del Papa: en todas partes he encontrado multitudes que me han dado la bienvenida con gran cariño. Este hecho no era algo que se pudiera dar por sentado, y merece una reflexión. Naturalmente, esta participación expresa, ante todo, como decía, la fe del pueblo español; al mismo tiempo, considero que manifiesta la necesidad generalizada de reencontrarse unidos sobre un fundamento verdadero y profundo, no ideológico ni de interés parcial. Ese fundamento que solo Cristo, en último término, puede asegurar, y que el Evangelio, a través de las necesarias “inculturaciones”, puede transmitir a la vida de los pueblos. Puede hacerlo porque su mensaje responde plenamente a estas dos exigencias: la búsqueda de la verdad y la sed de justicia.



En Madrid y Barcelona, nos hemos reunido en las grandes catedrales, así como en los modernísimos estadios. Hemos rezado el Santo Rosario en la abadía de MontserratHemos celebrado en la Sagrada Familia, símbolo majestuoso, sinfonía de piedra y luz que habla a todos del misterio cristiano. Este encuentro de lo antiguo y lo moderno, de la tradición católica y la cultura contemporánea, me ha hecho percibir directamente el carácter propio de Europa, su riqueza inestimable, como realidad actual, no superada. Se trata de un patrimonio que hay que custodiar con cuidado, para poder invertirlo en el hoy global con sus desafíos históricos: la paz, la ecología integral, el desarrollo equitativo y sostenible, el respeto a la dignidad humana. Son desafíos que el Concilio Vaticano II ya había reconocido claramente, y sobre los que ha regresado el Magisterio sucesivo, hasta mi reciente Encíclica Magnifica humanitas, que tiene como objetivo la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial.



He percibido, a través de los diversos encuentros, la necesidad de escuchar en la voz del Papa el Evangelio de la esperanza para esta humanidad nuestra de hoy, tan afectada por las consecuencias negativas de un modelo de desarrollo engañoso. Esta necesidad, que ha encontrado expresión en los numerosos testimonios que he podido escuchar -testimonios unas veces conmovedores, otras edificantes-, la he encontrado también, y sobre todo, en los rostros de los pequeños y de los pobres que he encontradodel niño que en la parroquia me ha leído su carta; de algunas de las víctimas de abusos que piden ser escuchadas; de los detenidos que me esperaban en la cárcel; de los jóvenes llenos de inquietudes y de proyectos; de los migrantes en los centros de acogida de las Canarias.

Precisamente allí, en las islas Canarias, última etapa de nuestro itinerario, he encontrado una clave de interpretación general. Me la han ofrecido, por una parte, la misma posición geográfica del archipiélago; y, por otra, la realidad de una Iglesia local que acoge a un gran número de migrantes forzados, procedentes sobre todo de África. Sabemos que el fenómeno migratorio es complejo y que requiere planes de acción orgánicos y concertados. Pero esta clave de interpretación abre una perspectiva diversa y más amplia: nos hace entender que estamos llamados a releer el Evangelio en el mundo de hoy intercambiándonos los dones de nuestras respectivas culturas y, en especial, los frutos que produce en ellas la fecundidad del mensaje de Cristo. Y uno de estos frutos es precisamente el diálogo entre las personas y entre los pueblos, el encuentro con espíritu de fraternidad, que permite descubrir y apreciar recíprocamente los valores de los que el otro es portador. Este camino no es fácil; requiere buena voluntad y la ayuda de Dios, pero es el camino que conduce a la civilización del amor.

Queridos hermanos y hermanas, el lema de este viaje apostólico era “Alzad la mirada” (cfr. Jn 4,35). Son palabras que Jesús dirige a sus primeros discípulos para enseñarles a ver en las personas y en las multitudes el deseo de vida, de verdad, de plenitud. El Señor repite estas palabras, a mí el primero, y con su gracia lo he experimentado durante el viaje. Hoy quisiera compartir con ustedes esta invitación: ¡alcemos la mirada! Aprendamos de Jesús a mirar al prójimo, la gente, el mundo, “con los ojos de Dios”, es decir, con amor, respeto y compasión.

Finalmente, quiero dar las gracias a cuantos han rezado por el éxito de este viaje apostólico, especialmente a las comunidades de monjas contemplativas, que en España, gracias a Dios, son muy numerosas. Sigan rezando para que, mediante la intercesión de la Virgen María, las semillas que he esparcido den frutos abundantes. ¡Gracias!

 

(dela Audiencia General del Papa Leon XIV 17 de junio 2026)

Papa Leon XIV – Audiencia General con sus comentarios acerca del viaje apostólico a Argelia, Camerún, Anglo y Guinea Ecuatorial.

 




Hoy deseo hablar sobre el viaje apostólico que realicé del 13 al 23 de abril visitando cuatro países africanos: Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial.

Desde el inicio de mi pontificado, había pensado en un viaje a África. Doy gracias al Señor, que me ha permitido realizarlo como Pastor para visitar y animar al pueblo de Dios, y vivirlo como mensaje de paz en un momento histórico marcado por guerras y graves y frecuentes violaciones del derecho internacional. Expreso mi más sincero agradecimiento a los obispos y a las autoridades civiles que me han acogido, así como a todos aquellos que han colaborado en la organización.

La providencia quiso que la primera etapa fuera precisamente el país donde se encuentran los lugares de san Agustín, es decir, Argelia. Así, por una parte, he podido comenzar desde las raíces de mi identidad espiritual; y, por otra parte, me ha sido posible atravesar y consolidar puentes muy importantes para el mundo y la Iglesia de hoy: el puente con la época fecundísima de los Padres de la Iglesia; el puente con el mundo islámico; el puente con el continente africano.

En Argelia he recibido una acogida no solamente respetuosa, sino también cordial, y hemos podido comprobar de primera mano y mostrar al mundo que es posible vivir juntos como hermanos y hermanas, incluso de religiones distintas, cuando nos reconocemos hijos del mismo Padre misericordioso. Asimismo, ha sido una ocasión propicia para entrar en la escuela de san Agustín: con su experiencia de vida, sus escritos y su espiritualidad, él es maestro en la búsqueda de Dios y de la verdad. Su testimonio es hoy de gran importancia para los cristianos y para cualquier persona.

En los siguientes tres países que he visitado, la población es, en cambio, de mayoría cristiana, y, por tanto, me he sumergido en un ambiente de fiesta de la fe, de acogida calurosa, favorecida también por el carácter típico de la gente africana. Al igual que mis predecesores, yo también he experimentado un poco de lo que le sucedía a Jesús con las multitudes de Galilea: Él las veía sedientas y hambrientas de justicia, y les anunciaba: “Bienaventurados los pobres en el espíritu, bienaventurados los mansos, bienaventurados los que trabajan por la paz…” Y reconociendo su fe, decía: “Vosotros sois la sal de la tierra y la luz del mundo” (cfr. Mt 5,1-16).

La visita a Camerún me ha permitido reforzar el llamamiento a comprometernos juntos con la reconciliación y la paz, porque también este país, desgraciadamente, está marcado por tensiones y violencia. Me alegro de haber ido a Bamenda, en la zona anglófona, donde he animado a trabajar juntos por la paz. Camerún es llamado “África en miniatura”, con referencia a la variedad y a la riqueza de su naturaleza y de sus recursos; pero también podemos entender esta expresión en el sentido de que en Camerún encontramos las grandes necesidades de todo el continente africano: la necesidad de una distribución equitativa de las riquezas; de dar espacio a los jóvenes, superando la corrupción endémica; de promover el desarrollo integral y sostenible, oponiendo a las varias formas de neocolonialismo una cooperación internacional con visión de futuro. Doy las gracias a la Iglesia en Camerún y a todo el pueblo camerunés, que me ha acogido con tanto amor; y rezo para que el espíritu de unidad que se ha manifestado durante mi visita se mantenga vivo y guíe las decisiones y las acciones futuras.

La tercera etapa del viaje ha sido Angola, gran país al sur del ecuador, de tradición cristiana multisecular, ligada a la colonización portuguesa. Como muchos países africanos, después de haber alcanzado la independencia, Angola ha atravesado un periodo difícil, que en su caso ha sido ensangrentado por una larga guerra interna. En el crisol de esta historia, Dios ha guiado y purificado la Iglesia convirtiéndola cada vez más al servicio del Evangelio, de la promoción humana, de la reconciliación y de la paz. ¡Iglesia libre para un pueblo libre! En el santuario mariano de Mamã Muxima – que significa “Madre del corazón” – he sentido latir el corazón del pueblo angoleño. Y en los varios eventos he visto con alegría muchas religiosas y religiosos de todas las edades, profecía del Reino de los cielos en medio de su gente; he visto catequistas que se dedican enteramente al bien de la comunidad; he visto rostros de ancianos esculpidos por fatigas y sufrimientos, y que transparentan la alegría del Evangelio; he visto mujeres y hombres danzar al ritmo de cantos de alabanza al Señor resucitado, fundamento de una esperanza que resiste a las desilusiones causadas por las ideologías y las promesas vanas de los poderosos.

Esta esperanza exige un compromiso concreto, y la Iglesia tiene la responsabilidad, con el testimonio y el anuncio valiente de la Palabra de Dios, de reconocer los derechos de todos y de promover su respeto efectivo. He podido asegurar a las autoridades civiles angoleñas, y también a las de los otros países, la voluntad de la Iglesia Católica de seguir ofreciendo esta contribución, especialmente en los campos sanitario y educativo.

El último país que he visitado es Guinea Ecuatorial, en el 170°. aniversario de la primera evangelización. Con la sabiduría de la tradición y a la luz de Cristo, el pueblo guineano ha atravesado los acontecimientos de su historia, y, en los pasados días, en presencia del Papa, ha renovado con gran entusiasmo su voluntad de caminar unido hacia un futuro de esperanza.

No puedo olvidar lo sucedido en la cárcel de Bata, en Guinea Ecuatorial: los reclusos cantaron a pleno pulmón un canto de agradecimiento a Dios y al Papa, pidiéndole que rece “por sus pecados y su libertad”. Nunca había visto nada semejante. Y luego han rezado conmigo el Padre Nuestro, bajo una lluvia torrencial. ¡Un signo auténtico del Reino de Dios! Y, siempre bajo la lluvia, comenzó el gran encuentro con la juventud en el estadio de Bata. Una fiesta de alegría cristiana, con testimonios conmovedores de jóvenes que han encontrado en el Evangelio el camino para un crecimiento libre y responsable. Esta fiesta culminó con la celebración eucarística del día siguiente, que coronó dignamente la visita a Guinea Ecuatorial y todo el viaje apostólico.

 

Invito leer: León XIV en África: Peregrino entre "diferentes pueblos y mundos"

lunes, 15 de junio de 2026

Joseph Ratzinger y el Concilio Vaticano II

 


Mañana martes 16 de junio, a partir de las 17:00 horas, tendrá lugar en la biblioteca del Colegio de Santa Maria dell’Anima en Roma (Via della Pace, 20), la presentación del libro Joseph Ratzinger y el Concilio Vaticano II (editado por Sameer Advani y Leonardo Pelonara, Cantagalli, 2026). La presentación está organizada por Ratzinger Class en colaboración con la Fundación Vaticana Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, el Pontificio Ateneo Regina Apostolorum y Edizioni Cantagalli.

Tras las palabras de bienvenida del reverendo Michael Max, rector de la iglesia y el colegio de Santa Maria dell’Anima, el reverendo profesor Roberto Regoli, presidente de la Fundación Ratzinger, y Lea Amodio, autora y redactora jefe de Ratzinger Class, presentarán una ponencia del cardenal Gerhard Ludwig Müller, antiguo prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y editor de las Obras Completas de Joseph Ratzinger-Benedicto XVI. A continuación, los editores pronunciarán sus palabras de clausura. La reunión será moderada por Chiara Bertani. dela Fundación Ratzinger.

 

Espera y asombro del hombre ante el misterio

 


"¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!" (Is 63, 19). Esta gran invocación de Isaías, que sintetiza bien la espera de Dios presente ante todo en la historia del Israel bíblico, pero también en el corazón de cada hombre, no ha caído en el olvido. Dios Padre ha cruzado el umbral de su trascendencia: mediante su Hijo, Jesucristo, ha recorrido los senderos del hombre y su Espíritu de vida y amor ha penetrado en el corazón de sus criaturas. No permite que nos alejemos de sus caminos ni deja que nuestro corazón se endurezca para siempre (cf. Is 63, 17). En Cristo, Dios se acerca a nosotros, sobre todo cuando nuestro "rostro está triste", y entonces, al calor de su palabra, como sucedió con los discípulos de Emaús, nuestro corazón empieza a arder dentro de nosotros (cf. Lc 24, 17. 32). Sin embargo, el paso de Dios es misterioso y exige una mirada pura para descubrirlo, y oídos dispuestos a escucharlo. 

Desde esta perspectiva, queremos reflexionar hoy sobre dos actitudes fundamentales que es preciso adoptar en relación con el Dios-Emmanuel, el cual ha decidido encontrarse con el hombre en el espacio y en el tiempo, así como en la intimidad de su corazón. La primera actitud es la espera, bien ilustrada en el pasaje del evangelio de san Marcos que acabamos de escuchar (cf. Mc 13, 33-37). En el original griego encontramos tres imperativos que articulan esta espera. El primero es: "Estad atentos"; literalmente: "Mirad, vigilad". "Atención", como indica la misma palabra, significa tender, estar orientados hacia una realidad con toda el alma. Es lo contrario de distracción que, por desgracia, es nuestra condición casi habitual, sobre todo en una sociedad frenética y superficial como la contemporánea. Es difícil fijar nuestra atención en un objetivo, en un valor, y perseguirlo con fidelidad y coherencia. Corremos el riesgo de hacer lo mismo también con Dios, que, al encarnarse, ha venido a nosotros para convertirse en la estrella polar de nuestra existencia.

Al imperativo "estad atentos" se añade "velad", que en el original griego del evangelio equivale a "estar en vela". Es fuerte la tentación de abandonarse al sueño, envueltos en las tinieblas de la noche, que en la Biblia es símbolo de culpa, de inercia y de rechazo de la luz. Por eso, se comprende la exhortación del apóstol san Pablo: "Vosotros, hermanos, no vivís en las tinieblas, (...) porque todos sois hijos de la luz e hijos del día; no lo sois de la noche ni de las tinieblas. Así pues, no durmamos como los demás, sino estemos vigilantes y despejados" (1 Ts 5, 4-6). Sólo liberándonos de la oscura atracción de las tinieblas y del mal lograremos encontrar al Padre de la luz, en el cual "no hay fases ni períodos de sombra" (St 1, 17). 

(de la AudienciaGeneral del Papa Juan Pablo II del 26 de julio de 2000)

El “desconocido” de Nazareth

 

(Mosaico de Cristo Pantocrátor de estilo bizantino en la Catedral de CefalùSicilia - imagen de Wikipedia)

En toda la zona se hablaba de un “Desconocido” de Nazareth.  En torno a Él se congregaban las muchedumbres. La persona de Jesús atraía a muchos curiosos llenos de euforia, amantes de los insólitos hechos que El realizaba y personas fascinadas por las palabras que escuchaban.   Pero era, sobre todo, la fuerza de su enseñanza lo que avivaba la curiosidad de mucha gente-. La persona misma de Jesús, su presencia, acrecentaba el entusiasmo por sus enseñanzas. La gente, escuchándolo, siguiéndolo, de repente descubriría en Él mucho más que a un joven hombre de Nazareth.

Han reconocido en Él al profeta,  al Mesías, el Dios esperado desde hacía mucho tiempo. El cumplimiento de las expectativas les animaba a perseverar a su lado, a pesar del hambre, del calor y de la oposición oficial de los exponentes religiosos y estatales. ¿Qué no se haría por quien teniendo plena autoridad se admira y ama?

Cerca de Jesús estaban también quienes no le dirigían la más mínima atención, quienes lo consideraban un hombre al que no valía la pena dedicar su tiempo.

Es unja postura común, antigua como el mundo. Y es propio en circunstancias como esta, en la que Jesús entra en el corazón de las personas haciendo sentir la llamada, la vocación. Se coloca ante el hombre, llama a una persona concreta que elige y a la cual dirige su palabra: “Sigueme”.

No toma en consideración la situación personal – el trabajo, la familia, los compromisos sociales, los negocios – y no obstante nuestra oposición, es insistente: “De Nazareth puede salir algo bueno?” La aventura de los Apóstoles, su vocación, empieza verdaderamente de esta manera: a partir del abandono de los deberes cotidianos como la pesca o la recaudación de los tributos, del propio “yo” y de la decisión de seguir a Jesús en la obediencia, a veces no sabiendo siquiera el motivo por el que algo se hace de una determinada manera y no de otra, a pesar de todo, a pesar de la dificultad, del riesgo de persecuciones y rechazo por parte de los hombres.

Entonces ¿Qué mueve al hombre hacia ese camino?

¿La sabiduría? No. Si los Apóstoles hubieran entendido la perspectiva de Jesús, probablemente habrían huido. Basta pensar en Getsemaní, y en el número de discípulos que permanecieron bajo la cruz.

¿Quizás mucho dinero? De ningún modo., Por el Evangelio sabemos cómo eran de pobres. A menudo les faltaba el pan, no tenían casa, aunque la gente se mostraba muy  benévola hacia ellos.

Jesús a menudo les avisaba del peligro de las riquezas, de la excesiva propiedad de bienes y del apego a ellos. Por lo tanto no era esto lo que les empujaba a permanecer al lado de Jesús.

¿Entonces qué?  Queremos fe, es decir, conocer a Jesús y tener confianza en Él. Queremos esperanza, es decir, dejar nuestra suerte en manos de Jesús.  Y, en fin, tenemos necesidad de enamorarnos de Él. Nadie podrá  obstaculizarnos para conseguirlo, o bien convertirnos en sacerdote o religiosa, en un buen marido y padre, una buena esposa y madre, y ante todo, en cristianos.

El éxito de todas las vocaciones depende del grado de familiaridad ocn Jesús. Parece fácil, pero es difícil de realizar.

¿Necesitas entonces escapar de este camino? No, orque a Dios no se le dice que no. Él quiere darnos lo  mejor. Es necesario mucho ánimo, la locura de la fe, de la esperanza y del amor que se da.

Es necesario volver, cada dia, con la mente, al primer instante en que nació este amor, cuidarlo cada día y alimentarlo: es la garantía para mantener la frescura de cada vocación humana.

Padre Zygmunt Kosowski (Director de la edición polaca de “Totus Tuus” la revista de la postulación en tiempos del proceso por la beatificación y canonización de Juan Pablo II) – artículo publicado en el Nro 5, año 2006


 

sábado, 13 de junio de 2026

Karol Wojtyla en “coloquio” con Maria - Slawomir Oder

 


Don Slawomir Oder, quien fuera el postulador de la causa de beatificación y canonización de Juan Pablo II dice en su libro “Porque es santo” que podríamos fundamentar que Juan Pablo II poseía un don de percepción extraordinaria de lo sobrenatural. Durante unas conversaciones sobre apariciones marianas, alguien de su entorno le pregunto si alguna vez había visto a la Virgen. Y el Papa respondió decidido: “No, no he visto a la Virgen, pero la percibo”.

Habiendo sido aspirante desde los 13 años Karol fue admitido en la Congregación Mariana a los 15 y en 1935 llego a ser presidente de la Congregación mariana estudiantil en el colegio secundario “Marcin Wadowita” de Wadowice. Ya desde aquellos años conservó algunas manifestaciones externas de su pertenencia a Maria; de día acostumbraba llevar el rosario alrededor de su muñeca y de noche lo colocaba sobre la mesita de luz; o el escapulario de la Virgen del Carmelo que siempre llevaba al cuello (escapulario que fue manchado de sangre el dia del atentado en 1981 y del cual no quiso separarse ni siquiera en la sala de operaciones).


A mitades de los años cuarenta practicaba la devoción en el Colegio belga en su tiempo de estudio en Roma: se detenía a menudo para rezar delante de las virgencitas romanas, en capillitas con imágenes o bajorrelieves de la Virgen. En 1981 con ocasión de la Fiesta de la Inmaculada bendeciría el mosaico de Maria Madre de la Iglesia mirando sobre la Plaza San Pedro. Finalmente había encontrado su lugar entre tantas estatuas de apóstoles y santos que desde hacía siglos adornaban la Basílica vaticana y la columnata de Bernini.



Contaba el cardenal Deskur, que cuando fue nombrado arzobispo de Cracovia Wojtyla se encontró con un seminario diocesano casi vacío y entonces decidió hacerle una promesa a Maria: «Hare tantas peregrinaciones a pie a todos tus santuarios grandes y pequeños, cercanos o lejanos según el numero de vocaciones que nos regales cada año». De pronto el Seminario comenzó a repoblarse y contaba casi quinientos alumnos cuando el Arzobispo dejó Cracovia para hacerse cargo de la cátedra de Pedro. Basándose en esta promesa Juan Pablo II insistía que en sus viajes pastorales siempre se incluyera en el programa al menos una visita a un lugar de culto mariano. En Cracovia rezaba por los problemas de la diócesis en el vecino santuario de Kalwaria Zebrzydowska, que visitaba para caminar por sus senderos a menudo cubiertos de barro o de nieve, tanto que su chofer ya había adoptado la costumbre de tener siempre a mano un par de botas de goma. Después de su “conversación” con la Virgen explicaba el arzobispo, cualquier dificultad inexplicablemente encontraba solución.



 Otro lugar mariano que Juan Pablo II llevaba en su corazón era el Santuario de Czestochowa. Un testigo del último viaje a Polonia de Juan Pablo II recordaba: «La capilla donde está la Virgen es muy pequeña. Al buscar un poco de espacio para arrodillarme, me di cuenta recién al final que estaba tan cerca del Santo Pare que casi podría tocarlo. Rezaba. Y en determinado momento rezaba casi en voz alta. Yo no sé que decía. Pero fue una “conversación” excepcional. Parecía no terminar nunca. Aquel encuentro con la “madre “daba vuelta todo el programa de la visita. Y yo de aquel viaje me lleve dentro de mí aquel coloquio. Sin haber comprendido una palabra. O quizás habiéndolas comprendido todas”

La intensidad y la profunda concentración con que se dirigía a Maria atribuían al Papa, a los ojos de quienes lo observaban, un aura casi sobrenatural. Un huésped suyo durante las vacaciones de verano en Castel Gandolfo contaba que después de recitar el rosario con él en el jardín, como de costumbre, «Juan Pablo II se ubicaba delante de la estatua de Nuestra Señora de Lourdes y me pedía que me alejara, pero yo no me alejaba tanto como para no poder verlo. Se quedaba allí por lo menos media hora más para rezar y era como si su persona se transformase también físicamente». El mismo admitía que el rosario era su oración predilecta: «Nuestro corazón puede compendiar en estas decenas del rosario todos los momentos que componen la vida de la persona, de la familia, de las naciones, de la Iglesia y de la humanidad. De esta manera la sencilla oración del rosario late al ritmo de la vida humana».

«Después de una conversación con el Papa» recuerda otro testigo, «he tenido la suerte, mejor dicho el don, de sentirme invitado por él: “Nosotros vamos a rezar el rosario porque no vienes también tu?” Lo seguí a la terraza de sus habitaciones y así comprendí el valor de aquel rosario: un momento de vigilia por su diócesis, por toda la Iglesia, por el mundo, por los que sufren. “Mira” me decía alguna vez entre un misterio y otro, indicándome los diversos edificios del Vaticano y de Roma. En un momento me dejo perplejo al decirme: “Allí, en aquel edificio, también esta su casa”. Y después posaba su mirada sobre la ciudad. Veía todo, sabía todo. “Yo conozco mejor Roma…..” decía sonriendo».

 

Slawomir Oder : "Perche e santo", Rizzoli, 2010, cap 3 Il  mistico, In «coloquio» con Maria

 

(no tengo la version en español, asi que he traducido este trozo de la edicion en italiano)  

La "peregrinación de la fe"- el camino de Maria - por el Papa del Totus Tuus

 

7. En la carta apostólica Novo millennio ineunte escribí que "a Jesús no se llega verdaderamente más que por la fe" (n. 19). Precisamente este fue el camino que  siguió  María  durante toda su vida terrena, y es el camino de la Iglesia peregrinante hasta el fin de los tiempos. El concilio Vaticano II insistió mucho en la fe de María, misteriosamente compartida por la Iglesia, poniendo de relieve el itinerario de la Virgen desde el momento de la Anunciación hasta el de la pasión redentora (cf. Lumen gentium, 57 y 67; Redemptoris Mater, 25-27).



En los escritos de san Luis María encontramos el mismo énfasis en la fe que vivió la Madre de Jesús a lo largo de un camino que va desde la Encarnación hasta la cruz, una fe en la que María es modelo y "tipo" de la Iglesia. San Luis María lo expresa con una gran riqueza de matices cuando expone a su lector los "efectos maravillosos" de la perfecta devoción mariana:  "Cuanto más ganéis la benevolencia de esta augusta Princesa y Virgen fiel, más fe verdadera tendréis en toda vuestra conducta; una fe pura, que hará que no os inquietéis de lo sensible y de lo extraordinario; una fe viva y animada por la caridad, que hará que no obréis sino por motivos de puro amor; una fe firme e inquebrantable como una roca, que os mantendrá firmes y constantes en medio de las tempestades y las tormentas; una fe activa y penetrante que, como un divino salvoconducto, proporcionará entrada en todos los misterios de Jesucristo, en los fines últimos del hombre, y en el corazón de Dios mismo; una fe animosa que os animará e inducirá a emprender y llevar a cabo, sin titubear, grandes cosas por la gloria de Dios, y para la salud de las almas; en fin, una fe que será vuestra lumbrera ardiente, vuestra vida divina, vuestro tesoro escondido y rico de la divina sabiduría, y vuestra poderosísima arma, de la que os serviréis para iluminar a los que están en las tinieblas y en la sombra de la muerte, para abrasar a los tibios y a los que tienen necesidad de la caridad, para dar vida a los que están muertos por el pecado, para conmover y convertir por vuestras dulces y poderosas palabras los corazones de mármol y arrancar los cedros del Líbano, y en fin, para resistir al demonio y a todos los enemigos de la salvación" (Tratado de la verdadera devoción, 214, o.c., p. 139).

Como san Juan de la Cruz, san Luis María insiste sobre todo en la pureza de la fe, y en su esencial y a menudo dolorosa oscuridad (cf. El Secreto de María, 51-52). Es la fe contemplativa la que, renunciando a las cosas sensibles o extraordinarias, penetra en las misteriosas profundidades de Cristo. Así, en su oración, san Luis María se dirige a la Madre del Señor, diciendo:  "No te pido visiones o revelaciones, ni gustos o delicias, aunque fueran espirituales... Aquí en la tierra no quiero para mí otro don, fuera del que tú recibiste, es decir, creer con fe pura, sin gustar ni ver nada" (ib., 69). La cruz es el momento culminante de la fe de María, como escribí en la encíclica Redemptoris Mater:  "Por medio de esta fe María está unida perfectamente a Cristo en su despojamiento... Es esta tal vez la más profunda kénosis de la fe en la historia de la humanidad" (n. 18).

(de la carta del Santo Padre Juan Pablo II a la Familia Monfortiana 8 de diciembre de 2003)