Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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jueves, 5 de enero de 2012

Juan Pablo II : El Antiguo y el Nuevo Testamento (1 de 2 - El Antiguo Testamento)

En la Audiencia General del 8 de mayo de 1985 el Papa Juan Pablo II nos hablo de la Sagrada Escritura y la composición de las dos grandes colecciones del Antiguo y el Nuevo testamento.

Sobre el Antiguo Testamento, compuesto antes de la venida de Cristo, el Papa nos decía que es una colección de 46 libros de carácter diverso y los enumeraba agrupándolos genéricamente:

El primer grupo – decía el Papa - que encontramos es el llamado "Pentateuco", formado por: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Casi como prolongación del Pentateuco se encuentra el Libro de Josué y, luego, el de los Jueces. El conciso Libro de Rut constituye, en cierto modo, la introducción al grupo siguiente de carácter histórico, compuesto por los dos Libros de Samuel y por los dos Libros de los Reyes. Entre estos libros deben incluirse también los dos de las Crónicas, el Libro de Esdras y el de Nehemías, que se refieren al período de la historia de Israel posterior a la cautividad de Babilonia.

El Libro de Tobías, el de Judit y el de Ester, aunque se refieren a la historia de la nación elegida, tienen carácter de narración alegórica y moral, más bien que de historia verdadera y propia. En cambio, los dos Libros de los Macabeos tienen carácter histórico (de crónica).

Los llamados "Libros didácticos" forman un propio grupo, en el cual se incluyen obras de diverso carácter. Pertenecen a él: el Libro de Job, los Salmos, y el Cantar de los Cantares, e igualmente algunas obras de carácter sapiencial-educativo: el Libro de los Proverbios, el de Qohelet (es decir, el Eclesiastés), el Libro de la Sabiduría y la Sabiduría de Sirácida (esto es, el Eclesiástico).

Finalmente, el último grupo de escritos del Antiguo Testamento está formado por los "Libros Proféticos". Se distinguen los cuatro llamados Profetas "mayores": Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel. Al Libro de Jeremías se añaden las Lamentaciones y el Libro de Baruc. Luego vienen los llamados Profetas "menores": Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Naún, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías.

A excepción de los primeros capítulos del Génesis, que tratan del origen del mundo y de la humanidad, los libros del Antiguo Testamento, comenzando por la llamada de Abraham, se refieren a una nación que ha sido elegida por Dios. He aquí lo que leemos en la Constitución Dei Verbum: "Deseando Dios con su gran amor preparar la salvación de toda la humanidad, escogió a un pueblo en particular a quien confiar sus promesas. Hizo primero una alianza con Abraham (cf. Gen 15, 18); después, por medio de Moisés (cf. Ex 24, 8), la hizo con el pueblo de Israel, y así se fue revelando a su pueblo, con obras y palabras, como el único Dios vivo y verdadero. De este modo Israel fue experimentando la manera de obrar de Dios con los hombres, la fue comprendiendo cada vez mejor al hablar Dios por medio de los Profetas, y fue difundiendo este conocimiento entre las naciones (cf. Sal 21, 28-29; 95, 1-3; Is 2, 1-4; Jer 3, 17). La economía de la salvación anunciada, contada y explicada por los escritores sagrados, se encuentra, hecha palabra de Dios, en los libros del antiguo Testamento; por eso dichos libros, divinamente inspirados, conservan para siempre su valor..." (Dei Verbum, 14).

Después de haber enumerado los libros, el Papa agrega estas explicaciones:

La Constitución conciliar indica luego lo que ha sido la finalidad principal de la economía de la salvación en el Antiguo Testamento: "preparar", anunciar proféticamente (cf. Lc 24, 44; Jn 5, 39; 1 Pe 1, 10) y significar con diversas figuras (cf. 1 Cor 10, 11) la venida de Cristo redentor del universo y del reino mesiánico (cf. Dei Verbum, 15).

Al mismo tiempo, los libros del Antiguo Testamento, según la condición del género humano antes de Cristo, "muestran a todos el conocimiento de Dios y del hombre y de que el modo como Dios, justo y misericordioso, trata con los hombres. Estos libros, aunque contienen elementos imperfectos y pasajeros, nos enseñan la pedagogía divina" (Dei Verbum, 15). En ellos se expresa "un vivo sentido de Dios", "una sabiduría salvadora acerca del hombre" y, finalmente, "encierran tesoros de oración y esconden el misterio de nuestra salvación" (ib). Y por esto, también los libros del Antiguo Testamento deben ser recibidos por los cristianos con devoción.

7. La Constitución conciliar explica así la relación entre el Antiguo y Nuevo Testamento: "Dios es el autor que inspira los libros de ambos Testamentos, de modo que el Antiguo encubriera el Nuevo, y el Nuevo descubriera el Antiguo" (según las palabras de San Agustín: "Novum in Vetere latet, Vetus in Novo patet."). "Pues, aunque Cristo estableció con su sangre la Nueva Alianza (cf. Lc 22, 20; 1 Cor 11, 25), los libros íntegros del Antiguo Testamento, incorporados a la predicación evangélica, alcanzan y muestran su plenitud de sentido en el Nuevo Testamento (cf. Mt 5, 17; Lc 24, 27; Rom 16, 25-26; 2 Cor 3, 14-16) y a su vez lo iluminan y lo explican" (Dei Verbum, 16).

Como veis, el Concilio nos ofrece una doctrina precisa y clara, suficiente para nuestra catequesis. Ella nos permite dar un nuevo paso en la determinación del significado de nuestra fe. "Creer de modo cristiano" significa sacar, según el espíritu que hemos dicho, la luz de la Divina Revelación también de los Libros de la Antigua Alianza.”

viernes, 29 de enero de 2010

La Biblia – El Libro del pueblo de Dios


La Biblia – El Libro del pueblo de Dios
(Traducción argentina)
Durante mucho tiempo me pareció extrañísimo que la Biblia – El Libro del pueblo de Dios no estuviese en español en el sitio de la Santa Sede, hasta podría decir que estaba casi escandalizada;) Pero oh sorpresa ni siquiera me di cuenta cuando apareció allí y utilizaba otras fuentes en mis traducciones. . Supongo que se incorporó en el año 2007 porque de esa fecha es el ©
(© Libreria Editrice Vaticana 2007 05 07)
cuando las otras versiones son del 2003 y la traducción china que debe ser mas reciente.

Lo notable es que la traducción “española” no es precisamente española, sino argentina, segun aclara la pagina de la Santa Sede y “fue traducida de los originales hebreo y griego por Mons. Alfredo B. Trusso y Mons. Armando J. Levoratti de la Fundación Palabra de Vida, realizada durante mas de veinte años de arduo, tenaz y constante trabajo” como dice la pagina de la misma Fundaciòn.
Arduo y erudito trabajo, de veras.
Felicitaciones y sinceras gracias a Mons. Trusso y a Mons. Levoratti
y a todo el equipo de traductores y ayudantes.