Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

viernes, 13 de marzo de 2026

Oriente Medio «cuna» de un designio universal de salvación en el amor - Benedicto XVI

 


(...) Es el misterio de la universalidad de la salvación y al mismo tiempo de su vínculo necesario con la mediación histórica de Jesucristo, precedida por la del pueblo de Israel y prolongada por la de la Iglesia. Dios es amor y quiere que todos los hombres participen de su vida; para realizar este designio él, que es uno y trino, crea en el mundo un misterio de comunión humano y divino, histórico y trascendente: lo crea con el «método» —por decirlo así— de la alianza, vinculándose con amor fiel e interminable a los hombres, formando un pueblo santo que se convierta en una bendición para todas las familias de la tierra (cf. Gn 12, 3). Se revela así como el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob (cf. Ex 3, 6), que quiere llevar a su pueblo a la «tierra» de la libertad y de la paz. Esta «tierra» no es de este mundo; todo el designio divino sobrepasa a la historia, pero el Señor lo quiere construir con los hombres, por los hombres y en los hombres, a partir de las coordenadas de espacio y tiempo en las que ellos viven y que él mismo ha dado.

De dichas coordenadas forma parte, con su especificidad, lo que nosotros llamamos «Oriente Medio». Dios también ve esta región del mundo desde una perspectiva distinta, podríamos decir «desde lo alto»: es la tierra de Abraham, de Isaac y de Jacob; la tierra del éxodo y del regreso del exilio; la tierra del templo y de los profetas; la tierra en la que el Hijo Unigénito nació de María, donde vivió, murió y resucitó; la cuna de la Iglesia, constituida para llevar el Evangelio de Cristo hasta los confines del mundo. Y también nosotros, como creyentes, miramos a Oriente Medio con esta mirada, desde el punto de vista de la historia de la salvación. Es la perspectiva interior que me ha guiado en los viajes apostólicos a TurquíaTierra Santa —Jordania, Israel, Palestina— y Chipre, donde he podido conocer de cerca las alegrías y las preocupaciones de las comunidades cristianas. Por eso también he acogido de buen grado la propuesta de los patriarcas y obispos de convocar una Asamblea sinodal para reflexionar juntos, a la luz de las Sagradas Escrituras y de la Tradición de la Iglesia, sobre el presente y el futuro de los fieles y las poblaciones de Oriente Medio.

Mirar esa parte del mundo desde la perspectiva de Dios significa reconocer en ella la «cuna» de un designio universal de salvación en el amor, un misterio de comunión que se cumple en la libertad y, por tanto, pide a los hombres una respuesta. Abraham, los profetas, la Virgen María son los protagonistas de esta respuesta, que tiene su último cumplimiento en Jesucristo, hijo de esa misma tierra, pero que bajó del cielo. De él, de su corazón y de su Espíritu, nació la Iglesia, que es peregrina en este mundo, pero que le pertenece. La Iglesia está constituida para ser, en medio de los hombres, signo e instrumento del único y universal proyecto salvífico de Dios; cumple esta misión sencillamente siendo ella misma, es decir, «comunión y testimonio», como reza el tema de la Asamblea sinodal que se abre hoy, y que hace referencia a la célebre definición que da san Lucas de la primera comunidad cristiana: «La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma» (Hch 4, 32). Sin comunión no puede haber testimonio: el gran testimonio es precisamente la vida de comunión. Lo dijo claramente Jesús: «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros» (Jn 13, 35). Esta comunión es la vida misma de Dios que se comunica en el Espíritu Santo, mediante Jesucristo. Es, por tanto, un don, no algo que ante todo tenemos que construir con nuestras fuerzas. Y es precisamente por esto por lo que interpela nuestra libertad y espera nuestra respuesta: la comunión nos pide siempre la conversión, como don que debe ser acogido y cumplido cada vez mejor. Los primeros cristianos, en Jerusalén, eran pocos. Nadie habría podido imaginarse lo que ocurrió después. Y la Iglesia vive siempre de esa misma fuerza que la hizo ponerse en marcha y crecer. Pentecostés es el acontecimiento originario, pero también es un dinamismo permanente, y el Sínodo de los obispos es un momento privilegiado en el que se puede renovar en el camino de la Iglesia la gracia de Pentecostés, a fin de que la Buena Nueva sea anunciada con franqueza y pueda ser acogida por todas las gentes.

(de laHomilia del Papa Benedicto XVI en la celebración eucarística con ocasión de laapertura de la Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos –10 de octubre de 2010)

Líbano - Cristianos y musulmanes en un mismo mundo - reposteo de una entrevista realizada en septiembre 2012

 


Líbano (12 y final) Entrevista exclusiva para este blog - Cristianos y musulmanes en un mismo mundo  - reposteo de  una entrevista realizada en septiembre 2012

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Entrevista exclusiva para este blog - Cristianos y musulmanes en un mismo mundo

 

Ha sido para mí un privilegio poder entrevistar electrónicamente a Abdallah, un católico libanés que vive en Beirut, que gentilmente respondió a mis preguntas.  Conociendo tan poco de nuestros hermanos orientales, sus vidas y sus luchas,  creí oportuno plantear algunas preguntas básicas acerca de su patria, de la sociedad libanesa y la visita del Santo Padre Benedicto XVI.  Agradezco de corazón a Abdallah, que me escribe que fue emocionante poder participar de la Misa del Papa y sentirse bendecido al verlo pasar tan cerquita de él. Mil gracias Abdallah y que Dios te bendiga a ti, a tu familia y a tu patria.

 

Introducción

La historia de la República del Líbano es antiquísima (7000 AC?) una historia multicultural, con un país que comenzó a crecer con la llegada de los fenicios 2000 años AC. El Líbano es un país relativamente pequeño (algo menos de 4 millones de habitantes) con características significativas en cuanto a educación (bajo analfabetismo) y una participación decididamente activa en organizaciones internacionales.

 Entrevista

Mi pregunta:La independencia del Líbano fue reconocida oficialmente en 1943 y los franceses se retiraron del país en 1946.  Pasados unos pocos años ya debieron ustedes enfrentar una guerra civil en 1958.  Las causas de este conflicto fueron internas o externas?

Abdallah: El origen de este conflicto (y similarmente el de 1975/1990)  fue tanto interno como externo. La comunidad musulmana y la cristiana del Libano a menudo sienten que tanto su lealtad como sus orígenes, van mucho más allá de las fronteras del país. Para los musulmanes las políticas intereses e influencias de los países árabes en la península árabe, norte de Africa  y el mundo árabe en general, como así también en Irán son prioritarios.  Además la causa palestina constituye para ellos un tema crucial y fundamental.  Para los cristianos que pueden sentirse aislados religiosa y culturalmente en una región  mayoritariamente musulmana,  consideran sus lazos al mundo occidental como una suerte de salvavidas que los conecta al mundo más afin a sus  creencias y costumbres. Estas quebraduras entre ambas comunidades a menudo derivan en diferencias políticas internas y producen conflictos internos como la crisis de 1958 y la guerra civil libanesa que estalló en 1975.

En el dia a dia como acepta y vive el multiculturalismo la sociedad libanesa en general? (lenguas, grupos étnicos y religiosos diversos)  Conviven pacíficamente cristianos y musulmanes? Y en cuanto a palestinos e israelíes?

Es una pregunta un tanto difícil de responder,  pues históricamente  el Líbano en realidad no ha  demostrado ser capaz de  poner el multiculturalismo en práctica. No obstante, en el día a día la sociedad multicultural del Líbano es el corazón palpitante de la nación.  Todo indica que de hecho son muchas las lenguas,  religiones y orígenes étnicos aceptados y practicados en el territorio de un país pequeño.   El sistema político libanes mismo es como una faceta de esta sociedad multicultural  - alguien podría objetar que esto es más bien un obstáculo.    Pero en la historia del país los peligros al acecho, amenazas y a menudo crisis aparentes surgen de esta dificultad de imponer un enfoque multicultural en una sociedad  dividida en múltiples niveles.  Las comunidades musulmanas y cristianas, como asimismo la población palestina del Líbano han coexistido pacíficamente desde el fin de la guerra civil en 1990, pero tal como ya mencionara, las divisiones son profundas y serias y cualquier crisis mayor podría afectar el delicado equilibrio de la sociedad libanesa.   Además el hecho de que a veces las relaciones  entre comunidades tanto a nivel individual como comunitario son limitadas no facilita las cosas.

La diáspora libanesa, como toda otra diáspora, fue una dura prueba para el Líbano.  Como respondió la sociedad en general a esta nueva composición del país, con tantos libaneses emigrados  y nuevos inmigrados de países vecinos?

El Líbano está acostumbrado a olas de emigración que han plagado el país en todo  momento crítico de la historia. Durante la primera guerra mundial una gran cantidad de ciudadanos buscaron refugio en las Américas, Europa y Australia.  Lo  mismo ocurrió durante los 70 y los 80 del siglo pasado.  Estos movimientos afectaron enormemente la composición demográfica del país causando temor particularmente entre los cristianos que sienten que van disminuyendo demográficamente, y consecuentemente la balanza política se va  inclinando a favor de los musulmanes.

Tu también habías emigrado y luego decidido regresar. Podemos preguntarte por la razón de tu vuelta?

Yo partí del Líbano hacia Gran Bretaña y viví allí casi 5 años antes de decidirme a regresar a comienzos de este año.  Yo sabía entonces que mi estadía en Gran Bretaña seria temporaria porque mis padres viven en el Líbano y que en algún momento me necesitarían tener a su lado. Mi esposa es británica y una de las razones de haber dejado el Líbano era para comprender y vivenciar  la cultura y el origen de mi esposa.

El Líbano es un país con comunidades católicas de diferentes denominaciones.  De alguna manera todos están unidos? Cuáles son las diferencias? Todas unidas a Roma?  La Iglesia católica organiza reuniones ecuménicas con ogros grupos cristianos? Y con los musulmanes?

Lo que une a las comunidades católicas de diferentes denominaciones en el Líbano es justamente Roma misma. Roma es referencia y fuente. Las diferencias son mayormente litúrgicas y también tradicionales referidas a los orígenes de la iglesia cristiana oriental de estas denominaciones. Pero estas diferencias son mínimas comparadas con la importancia que estamos todos unidos a la Iglesia Universal. Hay muchas actividades ecuménicas en el Líbano, pero yo diría que no son significativas y están menos dirigidas hacia las relaciones cristiano-musulmanas comparadas con las relaciones entre cristianos  especialmente entre católicos y cristianos ortodoxos.

El Papa Benedicto visito el Líbano en momentos muy delicados y su llamado a la paz ha sido uno de sus mensajes más fuertes.  Crees que este sincero deseo de paz y reconciliación puede llegar a algún tipo de compromiso en la región en un futuro cercano?

Es difícil de predecir. Pero el Papa ha propuesto el mensaje fiel al papel de la Iglesia  como “la luz del mundo” y depende de cada comunidad  y país poner en práctica su llamado a la paz y la reconciliación.

Como fue recibido el Santo Padre por la sociedad libanesa en general, cristianos y musulmanes?

El Líbano le dio una bienvenida cordial y muy respetuosa al Papa Benedicto XVI. Tanto líderes cristianos como musulmanes lo recibieron como un mensajero de paz para toda la región. El Papa también se entrevistó con líderes religiosos musulmanes durante su visita. Uno de ellos entrego al Papa una carta en la cual expresaba que los musulmanes del Líbano apoyan ese llamado del Papa por una convivencia pacífica en el Líbano y en la región.

Como vivieron los católicos y el resto de la sociedad esta visita? Compartirías con nosotros alguna anécdota especial?

Creo que un aspecto muy importante de la visita del papa fue el entusiasmo de tantos hombres y mujeres jóvenes que  expresaron su amor y aprecio al Santo Padre durante la ceremonia de los jóvenes el Sábado por la noche y en la Misa al aire libre del Domingo. Fue muy emocionante ver participar de la ceremonia a cristianos de Irak, Siria y Jordania.

Las fotos y eslogans de bienvenida al Papa adornaron las calles de la capital Beirut y alrededores durante semanas reflejando una ansiosa espera, entusiasmo y calidez.

Tus reflexiones finales acerca de esta visita apostólica del Papa Benedicto XVI?

Como católico considero esta visita como un don de Dios y como un signo que la Iglesia Universal es una madre que cuida a todos sus hijos dondequiera que estén en el mundo.  Tuve la gracia de poder participar de la Misa Papal el domingo.  No puedo menos que orar para que todos los cristianos de medio Oriente se sientan alentados e iluminados por la Exhortación Apostólica para el Medio Oriente firmada por el Papa Benedicto XVI en el Líbano y por cada palabra que pronunció durante su visita.

Abdallah nuevamente sinceras gracias por tomarte el tiempo para esta entrevista. Es para mí un verdadero privilegio tener un amigo allí en el corazón mismo del Libano.

(Al poco tiempo perdimos contacto con Abdallah y no hemos logrado volver a contactarnos) 

 

Tras los pasos de los Papas en Líbano, “País mensaje” para la paz (Viaje Leon XIV Turquia – Libano 4 de 6 – (reposteo del 2/12/2025)

 


Con motivo del primer viaje apostólico del Papa León XIV a Turquía (Türkiye) y Líbano, Amedeo Lomonaco en Vatican News recorre algunos momentos de las visitas de los Pontífices a la “tierra de los cedros”. Visitaron este país Pablo VI en 1964, para hacer una escala antes de su peregrinación a la India, Juan Pablo II en 1997 y Benedicto XVI en 2012.

El de Líbano es un viaje en la ruta de la paz. El Papa León XIV, después de su viaje a Turquía (Türkiye), se dirige a este país del 30 de noviembre al 2 de diciembre de 2025.

Con ello, cumple el deseo de su predecesor Francisco, quien hubiera querido visitar el “País de los cedros”. El objetivo del primer viaje apostólico de León a esta tierra del “Cercano Oriente”, en la costa oriental del Mar Mediterráneo, es llevar esperanza a una región marcada por conflictos y fortalecer el diálogo interreligioso.

(…)

Pablo VI y la escala en Beirut en 1964

El primer Pontífice en pisar suelo libanés fue Pablo VI, el 2 de diciembre de 1964. No se trató de un viaje apostólico propiamente dicho, sino de una breve escala que precedió la peregrinación a la India con motivo del Congreso Eucarístico de Bombay.

Cuando el avión del Papa aterrizó en la pista del aeropuerto de Beirut, las campanas de todas las iglesias de la ciudad tocaban a rebato. A este “coro”, según informa L'Osservatore Romano en la crónica de esa jornada, se asociaron también las iglesias ortodoxas. Las imágenes de archivo muestran a una multitud de miles de libaneses alrededor del aeropuerto. También se aprecian grupos de personas en los balcones y ventanas tratando al menos de vislumbrar al Pontífice.

 (…)

Juan Pablo I y el Líbano

El Papa Juan Pablo I no viajó al Líbano, pero habría querido realizar un viaje apostólico a este país. Así lo reveló, dos días después de la muerte del Pontífice (ocurrida el 28 de septiembre de 1978), el Patriarca Antoine Khoraiche de Antioquía de los Maronitas en una entrevista concedida a Radio Vaticana.

En el texto del noticiero radiofónico del 30 de septiembre de 1978 de la emisora pontificia se lee esta declaración: El Papa Luciani —afirma el Patriarca, cuyas palabras fueron recogidas también en la “Biografia ex documentis” del Pontífice véneto a cargo de la Fundación vaticana Juan Pablo I— “pensaba realizar una visita especial al Líbano para trabajar personalmente por el restablecimiento de la paz entre los hijos de aquella nación”.

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El viaje apostólico de Juan Pablo II en 1997

Los primeros años del Pontificado del Papa Juan Pablo II coincidieron, por tanto, con una página dramática de la historia libanesa: el conflicto civil, que duró 15 años (de 1975 a 1990) y que costó la vida a más de 150 mil personas.



El Papa Wojtyła, que fue elegido a la Sede de Pedro en 1978, viajó al Líbano en 1997, un período marcado por una persistente situación de inestabilidad. La ocasión fue la firma de la Exhortación Apostólica post-sinodal y la conclusión del Sínodo libanés. En esta tierra, sacudida por heridas lacerantes, el Pontífice polaco exhortó a construir puentes. Y el Líbano puede ser un modelo para otros Estados y naciones.

(…)

El viaje apostólico de Benedicto XVI en 2012

De este modo, el viaje apostólico de Benedicto XVI, realizado del 14 al 16 de septiembre de 2012, estuvo marcado por la fraternidad y el diálogo. La ocasión fue la firma y publicación de la Exhortación Apostólica Post-sinodal Ecclesia in Medio Oriente.



El Pontífice, durante la ceremonia de bienvenida, no olvidó “los eventos tristes y dolorosos” que han afligido al país durante largos años, y recordó el modelo libanés, el “País mensaje”:

"La buena convivencia, típicamente libanesa, debe demostrar, a todo Oriente Medio y al resto del mundo, que dentro de una nación puede haber colaboración entre las diferentes Iglesias, miembros todos de la única Iglesia católica, en un espíritu fraternal de comunión con los demás cristianos y, al mismo tiempo, la convivencia y el diálogo respetuoso entre los cristianos y sus hermanos de otras religiones".

 

 (Leer articulo completo en Vatican News) 


 

jueves, 12 de marzo de 2026

El Dicasterio para las Iglesias Orientales – Alessandro Di Bussolo


 Un detalle de la capilla del Dicasterio para las Iglesias Orientales.

Es el dicasterio de la Curia romana que se ocupa, en nombre del Papa, de todas las Iglesias católicas orientales, desde Oriente Medio hasta Europa del Este, pasando por la India, y de todas las comunidades hijas de estas Iglesias repartidas por muchos territorios de la diáspora, tanto en el continente americano como en Europa, Australia y Oceanía.. El prefecto es el cardenal Claudio Gugerotti y el secretario, el arzobispo Michel Jalakh.

Breve historia

En 1573, el Papa Gregorio XIII instituyó la Congregatio de rebus Graecorum, a la que se le encomendó la tarea de seguir la vida de los católicos de rito bizantino o griego, pero también de promover la fe entre los demás cristianos de Oriente. En 1862, san Pío IX, dentro de la Sacra Congregatio de Propaganda Fide, erigió, con tareas similares, la Congregatio de Propaganda Fide pro negotiis ritus orientalis. En 1917, el Papa Benedicto XV, con el Motu proprio Dei providentis, creó la Congregación para la Iglesia Oriental, y en 1967 san Pablo VI, con la Constitución apostólica Regimini Ecclesiae Universae, modificó el nombre por el de Congregación para las Iglesias Orientales. En 1964, san Pablo VI publicó el decreto Orientalium Ecclesiarum, y en 1990, san Juan Pablo II, el Código de Cánones de las Iglesias Orientales. En 2022, el Papa Francisco, con la constitución apostólica Praedicate Evangelium, modificó el nombre por el de Dicasterio para las Iglesias Orientales.

Competencias

El Dicasterio, según la Constitución apostólica Praedicate evangelium, se ocupa de los asuntos que conciernen a las Iglesias católicas orientales sui iuris. Dado que algunas de ellas, especialmente las antiguas Iglesias patriarcales, tienen una tradición antigua, el Dicasterio examinará qué cuestiones relativas al gobierno interno pueden dejarse en manos de los Dicasterios vaticanos competentes, como excepción al Código de Cánones de las Iglesias Orientales. El Dicasterio es competente en todas las cuestiones propias de las Iglesias orientales que son competencia de la Santa Sede, tales como: la estructura y el orden de las Iglesias; el ejercicio de las funciones de enseñar, santificar y gobernar; las personas, su estado, sus derechos y deberes. Por lo tanto, ejerce sobre las eparquías, los obispos, el clero, los religiosos y los fieles de rito oriental las facultades que los Dicasterios para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, para los Obispos, para el Clero, los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apostólica y la Educación católica tienen respectivamente sobre las diócesis, los obispos, el clero, los religiosos y los fieles de rito latino. 

El Dicasterio sigue con atención a las comunidades de fieles orientales que se encuentran en las circunscripciones territoriales de la Iglesia latina, llamadas «de la diáspora». Provee a sus necesidades espirituales por medio de visitantes y también mediante una jerarquía propia, cuando el número de fieles y las circunstancias lo exigen, después de haber consultado al Dicasterio competente para la constitución de Iglesias particulares en el mismo territorio. En las regiones en las que, desde tiempos antiguos, prevalecen los ritos orientales, el apostolado y la acción misionera dependen exclusivamente de este Dicasterio, aunque sean llevados a cabo por misioneros de la Iglesia latina. El Dicasterio tiene competencia territorial, incluyendo también a los fieles latinos, sobre las siguientes regiones: Egipto, Eritrea y Etiopía del Norte, Bulgaria, Chipre, Grecia, Irán, Irak, Líbano, Israel, Palestina, Siria, Jordania y Turquía.

En el Dicasterio está presente la Comisión Especial para la Liturgia, con la tarea de salvaguardar el patrimonio litúrgico del Oriente cristiano. Además, la Comisión Especial para los Estudios sobre el Oriente Cristiano, la Comisión Especial para la Formación del Clero y los Religiosos, que promueve la formación de los estudiantes orientales en Roma. Por último, la ROACO (Reunión de Obras de Ayuda a las Iglesias Orientales), un comité que reúne a las agencias-obras de varios países del mundo, que se comprometen a prestar apoyo financiero en diversos ámbitos, desde la construcción de lugares de culto hasta becas de estudio, pasando por instituciones educativas y escolares y aquellas dedicadas a la asistencia sociosanitaria. Está presidida por el Prefecto de la Congregación y tiene como vicepresidente al Secretario del Dicasterio. Además de la Catholic Near East Welfare Association, Cnewa, y la Pontificia Misión para Palestina, en Estados Unidos, forman parte de ella agencias que recaudan ayudas en Alemania, Francia, Suiza, Países Bajos y Austria. El Dicasterio, que tiene la tarea de promover el amor por Tierra Santa, envía cada año a todos los obispos una Carta Circular sobre la Colecta para Tierra Santa, con el fin de sensibilizar a los fieles sobre la ayuda espiritual y material a favor de las comunidades y entidades católicas presentes en la tierra de Jesús, y por la que se invoca el don de la paz.

Recuperar el sentido del misterio del Oriente cristiano

Así lo subrayó el Papa León XIV, al reunirse con los pastores y fieles de las Iglesias católicas orientales con motivo de su Jubileo, el 14 de mayo de 2025:  «La Iglesia los necesita. ¡Cuán grande es la contribución que el Oriente cristiano puede darnos hoy! ¡Cuánto necesitamos recuperar el sentido del misterio, tan vivo en sus liturgias, que involucran a la persona humana en su totalidad, cantan la belleza de la salvación y suscitan el asombro por la grandeza divina que abraza la pequeñez humana!». Gracias a ustedes, «queridos hermanos y hermanas de Oriente, de donde surgió Jesús, el Sol de justicia, por ser “luces del mundo”», concluyó, deseando que las Iglesias orientales sigan siendo «ejemplo» y que los pastores promuevan «la comunión, sobre todo en los Sínodos de los Obispos, para que sean lugares de colegialidad y de auténtica corresponsabilidad».

 

Fuente: Vatican News  

Con los libaneses que viven el martirio a diario

 


(De Osservatore Romano- Giada Aquilino con el Arzobispo MihelJalakh secretario del Dicasterio por las Iglesias orientales)

Un país que "paga el precio de las tensiones, tanto regionales como globales", en el contexto de "su ubicación geográfica y política": tras las decisiones de todos los responsables involucrados, "hay personas que mueren, sufren, padres y madres que pierden a sus hijos ante sus ojos, o, viceversa, hijos que ya no encuentran a sus padres". Así está el Líbano hoy, más de una semana después del inicio de los bombardeos israelíes en la Tierra de los Cedros contra posiciones de Hezbolá, en palabras del arzobispo Michel Jalakh, arzobispo titular de Nisibis para los maronitas.

Originario del este de Beirut, ha sido secretario del Dicasterio para las Iglesias Orientales desde 2023. A través de los medios de comunicación del Vaticano, el prelado hace un llamamiento a "no ignorar el sufrimiento" de su patria, "a no pensar que está lejos de nosotros: debemos, al menos, seguir hablando de ello", explica.

Datos oficiales del Ministerio de Salud libanés, en una actualización trágica pero implacable, hablan de más de 600 muertos y más de 800.000 desplazados desde el 2 de marzo. El propio arzobispo Jalakh recuerda que, en las últimas horas, «lamentablemente, se ha producido un ataque contra personas pacíficas que son más que desplazados: se fueron a dormir a la playa y allí fueron asesinados». Se refiere al ataque israelí en el paseo marítimo de Ramlet al-Bayda en Beirut, que dejó al menos ocho muertos y más de 20 heridos. Las condiciones son «terribles», con gente «en la playa, pero también en las aceras, porque los refugios ya están llenos». Los jóvenes no asisten a la escuela, a pesar de los peligros actuales, porque las instalaciones educativas se han adaptado para acoger a los desplazados. Esto ocurre en escuelas, pero también en «monasterios, universidades y otros centros», lo que, de hecho, «paraliza todo, la sociedad y el país», una nación —señala monseñor Jalakh— ya de por sí «débil».

En la audiencia general de ayer, el Papa,recordando al Padre Pierre El Raii, 
párroco maronita de Qlayaa, asesinado el lunes en un ataque israelí, habló de los pueblos cristianos del sur del Líbano, que viven —una vez más, dijo— la tragedia de la guerra. «Son pueblos martirizados, porque es la fe de quienes permanecen allí y viven allí a diario la que los mantiene 'apegados' a esa tierra, convencidos de vivir junto a sus hermanos musulmanes y otros libaneses. Son personas que se enfrentan al martirio cada día». Un ejemplo es «el propio Padre Pierre, que pagó con su vida por estar con el pueblo, como sacerdote, un párroco maronita comprometido y arraigado en su vocación, que animó a los feligreses a quedarse. En definitiva, creo que su sangre y su sacrificio también son pagados por toda la comunidad cristiana y la comunidad libanesa en general». En tiempos de constantes advertencias de evacuación por parte del ejército israelí, permanecer en ese territorio "es una decisión radical, constante y cotidiana: porque una vez abandonado, es difícil regresar". El padre Pierre era "uno de los muchos párrocos, no solo maronitas, sino de diversas iglesias —ortodoxas, greco-melquitas y sirio-católicas— que animaban a sus fieles a quedarse. De lo contrario, perderíamos una característica fundamental de la identidad libanesa: la convivencia, no en 'cantones' confesionales, en un solo país". Ante una emergencia generalizada, esta semana, el ministro de Asuntos Exteriores y Emigrantes, Youssef Rajji, informó que el Líbano había recurrido a la Santa Sede en busca de ayuda y protección para preservar la presencia de los cristianos en el sur del país, en una conversación telefónica con el arzobispo Paul Richard Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales. La Santa Sede desempeña un papel fundamental en un país como el Líbano, donde es posible la coexistencia y la convivencia entre diferentes religiones, lo que la convierte en un modelo para otras naciones, especialmente para Europa y aquellas sociedades donde existen fricciones y tensiones al respecto. La Santa Sede puede hacer mucho, especialmente en el plano diplomático, porque no tiene intereses personales, estatales, económicos ni militares, sino que busca únicamente el bien de la persona. Desde esta perspectiva, el Dicasterio para las Iglesias Orientales, que se ocupa principalmente de cuestiones canónicas y eclesiásticas, así como de las relacionadas con el nombramiento de obispos, no descuida la ayuda que corresponde a las necesidades de la población, mediante el contacto constante con agencias europeas o estadounidenses y con líderes eclesiásticos.


Porque, en retrospectiva, más allá de la crisis económica que se agravó en 2019 y la emergencia de la COVID-19, el Líbano «no puede hablar de un pasado marcado por la guerra». Lamentablemente, es un «presente continuo». «Hasta que no haya una paz duradera a nivel regional», reitera, «el Líbano seguirá sufriendo», en una situación que exige «hacer justicia al pueblo». Y la esperanza es precisamente que «hay justicia y perdón».

 

 

martes, 10 de marzo de 2026

Juan Manuel Burgos: La filosofia social de Karol Wojtyla

 


Resumen

Karol  Wojtyła  elaboró  una  filosofía  social  que  se  encuentra  dispersa  en  diferentes  textos  entre  los  que  destacan  el  capítulo  Participación” de Persona y acción, y el escrito: Persona: sujeto y comunidad. Wojtyła no  ofreció,  sin  embargo,  en  ningún  momento  una  visión  sistemática  de  su  pensamiento,  por  lo  que  resulta  complejo  finar  sus  posiciones  sobre  estos  temas.  El  objetivo  de  este  escrito  es  solventar  esa  carencia  presentando  de  manera  sistemática  su  filosofía  social,  posibilitando  también  de  este  modo  su valoración. Nuestro análisis ha detectado 8 puntos centrales a través de los cuales expondremos su pensamiento.

Introduccion

 

Karol  Wojtyła,  en  cuanto  filósofo,  es  conocido  sobre  todo  por  sus  escritos de antropología y ética, pero también podemos encontrar en su producción elementos de filosofía social, mucho menos conocidos, pero interesantes y valiosos. Estos escritos se inician cuando Wojtyła concluye su gran obra de antropología fundamental, Persona y acción, pues parece claro que, a partir de ese momento, consideró cerrada esta área de investigación  y  comenzó  a  sentar  los  cimientos  de  lo  que  podría  haber  sido  una filosofía  social,  que,  sin  embargo,  no  llegó  a  fructificar  de  manera  completa porque la elección al Papado impidió su desarrollo posterior. Sin embargo, si se rastrea su producción filosófica en torno a este tema, se acaba encontrando mucho más de lo que, a primera vista, podría suponerse: lo suficiente como para merecer sobradamente, como se podrá comprobar, una presentación detallada.

 

Los  documentos  centrales  en  los  que  expone  su  filosofía  social  comienzan, en concreto, en el último capítulo de Persona y acción, titulado, de forma excesivamente modesta, Apuntes para una teoría de la participación. Es cierto que este capítulo no alcanza la grandeza sistemática del  resto  de  la  obra,  pero  no  nos  enfrentamos,  en  absoluto,  con  unos  bosquejos provisionales. Muy al contrario, Wojtyła presenta en esas páginas (unas 50) las líneas fundamentales de su concepción sobre la relación entre la persona y la sociedad que, más adelante, perfeccionaría o enriquecería, pero sin aportar ninguna modificación esencial. Entre los desarrollos posteriores más importantes hay que destacar el fundamental La  persona:  sujeto  y  comunidad  (1976)4,  además  de  ¿Participación  o  alienación?. Y  podría  sumarse  probablemente  también,  aunque  en  un  contexto  teórico  diferente,  El  problema  del  constituirse  de  la  cultura  a  través de la “praxis” humana (1977). En este conjunto de textos (que alcanza unas 160 páginas) es donde se encierra el conjunto de la filosofía social de Wojtyła.

 

Alguien podría apuntarse que su reflexión social no concluye aquí, sino que continúa en los años posteriores, alcanzando su madurez y plenitud  en  sus  grandes  encíclicas  sociales  Laborem  exercens  (1981), Solicitudo  rei  socialis  (1987)  y  Centessimus  Annus  (1991),  que  tanta  repercusión alcanzaron. Esto es cierto en parte, pero también lo es que estos escritos  presentan  rasgos  muy  diferentes  que  imposibilitan  un  análisis  unitario junto con los que hemos mencionado previamente. Estos textos, en efecto: 1) son firmados por Juan Pablo II, lo que implica que no necesariamente responde al pensamiento individual del hombre Karol Wojtyła, sino a lo que el hombre Karol Wojtyła consideró que debía escribir en un documento que se dirigía a toda la Iglesia; 2) probablemente han sido el resultado de diversas manos, aunque la firma final sea la suya; y 3) son textos formalmente teológicos, puesto que forman parte de la Doctrina Social de la Iglesia y se redactan asumiendo como principio la Verdad de la Revelación cristiana. Por todas estas razones, aunque entre ambos tipos de producción intelectual hay una continuidad teórica importante (especialmente constatable en textos como Laborem exercens), no es posible realizar un análisis científico unificado. Y como este escrito lo que pretende es exponer su filosofía social, nos centramos en sus artículos de filosofía  social,  lo  que  no  impedirá,  naturalmente,  alguna  referencia  a  otros textos si lo vemos oportuno o adecuado.

 

.Pues bien, el análisis de sus textos filosóficos nos ha conducido a la determinación de ocho temas centrales sobre los que basaremos nuestra exposición en la que utilizaremos sus escritos de modo transversal y no cronológico. Son los siguientes: 1) Primacía de la persona; 2) Valor personalista de la acción: participación y alienación; 3) Yo-tú: la dimensión interpersonal  de  la  comunidad;  4)  El  nosotros:  la  dimensión  social  de  la comunidad; 5) Comunidad, sociedad y Communio personarum; 6) La persona en la sociedad: colectivismo, totalitarismo y personalismo; 7) El bien común: la construcción conjunta de la persona y la comunidad; 8) Actitudes ante el bien común.

 

Una  última  consideración.  Aunque  Wojtyła  es  tremendamente  sobrio en sus referencias sociopolíticas, es evidente que su filosofía social no surge tan solo de un interés teórico, sino de una necesidad existencial y  colectiva  de  su  país,  así  como  de  una  experiencia  personal  tan  rica  como trágica. Wojtyła vivió en una Polonia dominada durante años por el nazismo y durante décadas por el comunismo. De hecho, cuando Wojtyła redacta las principales fuentes de nuestra reflexión, Polonia todavía está sometida al comunismo. Por eso, estas consideraciones poseen un especial valor, pues proceden de una persona que ha vivido y sufrido los colectivismos de derecha y de izquierda, y busca responder en estas páginas a su visión tóxica de la persona y de la sociedad.1. Primacía de la persona El  punto  central  que  recorre  toda  la  filosofía  social  de  Wojtyła  es  su insistencia continua en la primacía de la persona sobre la sociedad que,  no  parece  muy  aventurado  señalar,  se  funda  en  gran  medida  en  su experiencia de vida en regímenes colectivistas de derechas y de izquierda. La reciente ola de exaltación de la relación podría considerar problemática la afirmación que se acaba de realizar pues parecería infravalorar la relación con respecto a la persona subsistente. Pero, independientemente de la opinión personal que se pueda tener al respecto, no hay dudas acerca de la opinión de Wojtyła, ya que él mismo recibió críticas por este planteamiento, y, afortunadamente para nosotros, contamos con su respuesta explícita a esta dificultad. De hecho, su primera “justificación” sobre este punto, por decirlo de algún modo, aparece en el mismo comienzo del capítulo de Persona y acción que nos interesa: Apuntes  para  una  teoría  de  la  participación.  Wojtyła  señala,  en  efecto,  que,  aunque  solo  ahora  se  va  a  ocupar  explícitamente  de  la  relación  entre  personas,  pues  toda  la  extensa  reflexión  anterior  está  centrada  en la persona en sí misma, no es porque la considere irrelevante o secundaria. Y, precisa, ya la ha tenido presente al tratar de la experiencia del hombre, con la que comienza Persona y acción. La experiencia del ser humano, en efecto, es una experiencia interpersonal, no una expe-riencia aislada y solipsista, es la experiencia del hombre en el mundo y junto con los otros. Pero eso no le impide afirmar que, a pesar de todo, hay  una  prioridad  de  la  persona  sobre  la  relación  y,  por  ello,  lo  más  adecuado es hablar, primero, de la persona y, después, de sus relaciones, que es justamente lo que él hace en Persona y acción.

 

Juan Manuel Burgos, Fundador y presidente de la Asociación Española de Personalismo 

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lunes, 9 de marzo de 2026

Ricardo Miguel Mauti: El concilio Vaticano II acontecimiento y teología.

 


( Una aproximación desde los Diarios de M.-D. Chenu, Y. M.-J. Congar y H. De Lubac)

 Transcribo aquí la primera parte de este apasionante escrito, que recomiendo leer entero, basado en los escritos de tres eximios teólogos, (citados a menudo por Karol Wojtyla y Joseph Ratzinger), en su momento tan discutidos e ignorados pero que el Papa Juan XXIII,  o su equipo organizador,   tuvo/tuvieron la visión o la intuición de invitar a participar de aquel magno acontecimiento en la Iglesia.


 (Resumen – Introduccion)

 El Concilio Vaticano II ha sido el acontecimiento eclesial más importante del siglo XX, punto de llegada de un esfuerzo de renovación que se fue gestando en el seno de la Iglesia, y que tuvo en los movimientos bíblico, litúrgico y ecuménico su expresión más acabada. La teología que ‘hizo’ el Concilio desempeñó un papel primordial; los teólogos más representativos “paradójicamente” en otro tiempo marginados, llevaron adelante una tarea ejemplar asistiendo a los Padres conciliares. De sus Diarios redactados durante aquellos años, el ‘acontecimiento’ conciliar surge con una nueva luz, la cual permite una nueva recepción del Concilio a la par que una revalorización de su teología. El autor del artículo analiza los Diarios de tres teólogos: M. -D. Chenu, Y. M.-J. Congar y H. de Lubac, mostrando la importancia que este tipo de escritos tienen no solo como fuentes para la historia del Concilio, sino también como testimonio del “giro” decisivo operado por la teología en el siglo XX.

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Pocos meses después de finalizado el gran Jubileo del 2000, Juan Pablo II comenzaba a recoger sus frutos, exponiéndolos en su carta apostólica Novo Millennio Ineunte. Desde una “memoria reflexiva” sobre lo vivido, recuerda que la idea del Jubileo había estado presente en él desde el “inicio de su pontificado” (NMI 2), y que aquella convocatoria que sentía como “providencial”, tendría su celebración “treinta y cinco años después del Concilio Ecuménico Vaticano II”; éste “había invitado a toda la Iglesia a interrogarse sobre su renovación para asumir con nuevo ímpetu su misión evangelizadora” (Ibid.).1 En el penúltimo punto del documento, casi como un proemio de su famosa conclusión que tituló ¡Duc in altum!, el papa señalaba el valor religioso del Concilio, concibiéndolo como la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX (NMI 57); “con el Concilio –decía– se le ofrecía a la Iglesia una brújula segura en el siglo que comenzaba”. Ya han pasado … años desde que la Iglesia, atravesando la puerta santa, ha celebrado el gozo de una fe reconciliada poniéndose en camino del tercer milenio; aquella brújula que sigue guiándola…. aquel magno evento, quizá el que más ha influido sobre la Iglesia en la época contemporánea. En efecto, el Concilio ha entrado en la historia; muchos de sus actores que lo vivieron como un acontecimiento asombroso y apasionante ya han desaparecido. Entre tanto, para las nuevas generaciones los textos conciliares resultan muchas veces extraños, y muchos, apenas si los conocen. Se hace pues necesario un renovado ejercicio de memoria –suscitado por el reto permanente de conocer a fondo el Concilio– que permita una “nueva recepción” del mismo.   En este sentido, puede decirse que la recepción del Vaticano II ha pasado por varias fases; desde una fase inicial de expectativa excesiva signada por la euforia, se dio lugar al desencanto, abonado tal vez por expectativas no satisfechas; ahora nos encontramos en la fase de una nueva acogida, que reclamará para ello una interpretación y realización auténticas e íntegras del Concilio y de su tarea de renovación.   Junto a la enorme riqueza doctrinal desplegada en los dieciséis documentos promulgados por la asamblea conciliar, la Iglesia posee hoy, un marco interpretativo más amplio que en las pasadas décadas. No solo porque la doctrina ha cristalizado en el pensamiento y vida de las comunidades cristianas, sino porque también han visto la luz innumerables fuentes hasta hace poco desconocidas.   Basta citar las Acta Synodalia Concilii Oecumenici Vaticani II  que recogen todas las intervenciones y debates del aula conciliar, y que han ayudado en gran medida para que empezara a escribirse la “historia del Concilio Vaticano II”. Sin embargo –como ha hecho notar el historiador de la Universidad de Lovaina– Roger Aubert: “Las fuentes oficiales no bastan para escribir la historia de un concilio: muchos aspectos importantes y a veces directamente decisivos acontecen detrás del bastidor, no solo de la asamblea, sino también de las comisiones. Sobre estos hechos los archivos oficiales callan, pero de ellos se encuentran ecos, a veces incluso muy precisos, en las cartas, diarios, apuntes personales. En efecto, son numerosos los obispos y teólogos que han redactado sus notas cotidianas sobre el Concilio, y que ya han sido utilizadas como fuentes históricas”.   En las páginas que siguen me propongo una aproximación al acontecimiento y teología del Concilio a través de aquellos que con justa razón -puede decirse- han “hecho la teología del Concilio”. Porque si bien es cierto que según la fórmula propuesta en Calcedonia Concilium episcoporum est,  y que los teólogos no son la Iglesia docente, no por ello puede negarse su labor necesaria como influyente. La elección que hago de los testigos obedece a una intención profunda y es mostrar cómo, el teologizar del Concilio se debe a una preparación de años de labor teológica gestada en el seno, o acaso en la periferia de la Iglesia. Los nombres de Chenu, Congar, y Lubac son representativos de aquella dramática tensión vivida en determinados ámbitos de la teología católica a partir de los años 30.  Todos ellos estuvieron comprometidos en los movimientos de renovación eclesial que prepararon el Vaticano II, pero fueron sospechados en su momento, teniendo que padecer incomprensión, difamación y silencio. La convocatoria que el papa Juan XXIII les hizo para que prestaran su servicio como peritos, no sólo significó una reivindicación de sus personas sino también un reconocimiento de la catolicidad de su teología. Sus Diarios son un testimonio vivo de su pasión y amor por la Iglesia; con marcado realismo dan prueba de que el Concilio fue una verdadera primavera del Espíritu, Quien en todo momento asistió a la asamblea de los Padres y al trabajo de los teólogos; pero muestran también el carácter histórico de la fe, descubriendo el lado humano de la asamblea, como un componente para nada marginal, a través del cual el Espíritu realizó su obra de renovación.

 En el artículo me centro en el Concilio observándolo en su acontecimiento histórico y en la teología desplegada en él. El punto de observación al cual me ciño son los Diarios, de los que presento sus características literarias como fuentes para el estudio de la teología conciliar (1); a partir de ellos, intento descubrir la tarea desplegada por los teólogos durante el Concilio (2). Me detengo en la mirada reflexiva que han tenido de la “apertura del Concilio”, en particular sobre el discurso inaugural de Juan XXIII (3). En cuanto a la teología y al teologizar del Concilio, realizo una rápida semblanza del modo en que se trabajaron los esquemas mostrando desde el registro de los teólogos los diversos aportes de los padres conciliares, así como el servicio de los teólogos al debate de los esquemas (4). Finalmente señalo un ejemplo concreto de interacción entre teólogos y obispos, o sea entre teología y magisterio (5).

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