Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

lunes, 1 de junio de 2026

«Corazón de Jesús atravesado por una lanza, ten piedad de nosotros»

 


1. Pocas páginas del Evangelio a lo largo de los siglos han atraído la atención de los místicos, de los escritores espirituales y de los teólogos tanto como el pasaje del Evangelio de San Juan que nos narra la muerte gloriosa de Cristo y la escena en que le atraviesan el costado (cf. Jn 19, 23-37). En esa página se inspira la invocación de las Letanías, que he recordado hace un momento.

En el Corazón atravesado contemplamos la obediencia filial de Jesús al Padre, cuya misión Él realizó con valentía (cf. Jn 19, 30) y su amor fraterno hacia los hombres, a quienes Él "amó hasta el extremo" (Jn 13, 1), es decir, hasta el extremo sacrificio de Sí mismo. El Corazón atravesado de Jesús es el signo de la totalidad de este amor en dirección vertical y horizontal, como los dos brazos de la cruz.

2. El Corazón atravesado es también el símbolo de la vida nueva, dada a los hombres mediante el Espíritu y los sacramentos. En cuanto el soldado le dio el golpe de gracia, del costado herido de Cristo "al instante salió sangre y agua" (Jn 19, 34). La lanzada atestigua la realidad de la muerte de Cristo. Él murió verdaderamente, como había nacido verdaderamente y como resucitará verdaderamente en su misma carne (cf. Jn 20, 24.27). Contra toda tentación antigua o moderna de docetismo, de ceder a la "apariencia", el Evangelista nos recuerda a todos la cruda certeza de la realidad. Pero al mismo tiempo tiende a profundizar el significado del acontecimiento salvífico y a expresarlo a través del símbolo. Él, por tanto, en el episodio de la lanzada, ve un profundo significado: como de la roca golpeada por Moisés brotó en el desierto un manantial de agua (cf. Nm 20, 8-11), así del costado de Cristo, herido por la lanza, brotó un torrente de agua para saciar la sed del nuevo pueblo de Dios. Este torrente es el don del Espíritu (cf. Jn 7, 37-39), que alimenta en nosotros la vida divina.

3. Finalmente, del Corazón atravesado de Cristo brota la Iglesia. Como del costado de Adán que dormía fue extraída Eva, su esposa, así ―según una tradición patrística que se remonta a los primeros siglos―, del costado abierto del Salvador, que dormía sobre la cruz en el sueño de la muerte, fue extraída la Iglesia, su esposa. Esta se forma precisamente del agua y de la sangre, ―Bautismo y Eucaristía―, que brotan del Corazón traspasado. Por eso, con razón afirma la Constitución conciliar sobre la liturgia: "Del costado de Cristo dormido en la cruz nació el sacramento admirable de la Iglesia entera" (Sacrosanctum Concilium, 5).

4. Junto a la cruz, advierte el Evangelista, se encontraba la Madre de Jesús (cf. Jn 19, 25). Ella vio el Corazón abierto del que fluían sangre y agua, ―sangre tomada de su sangre―, y comprendió que la sangre del Hijo era derramada por nuestra salvación. Entonces comprendió hasta el fondo el significado de las palabras que el Hijo le había dirigido poco antes: "Mujer, he ahí a tu hijo" (Jn 19, 26): la Iglesia que brotaba del Corazón atravesado era confiada a sus cuidados de Madre.

Pidamos a María que nos guíe a sacar cada vez más abundantemente el agua de los manantiales de gracia que fluyen del Corazón atravesado de Cristo.

(Papa Juan Pablo II Ángelus 30de julio de 1989) 

El corazón misericordioso de Jesús


 “El mes de junio se caracteriza, de modo particular, por la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Celebrar el Corazón de Cristo significa dirigirse hacia el centro íntimo de la persona del Salvador, el centro que la Biblia identifica precisamente con su corazón, sede del amor que ha redimido el mundo.

 Si ya el corazón humano representa un misterio insondable que sólo Dios conoce, ¡cuánto más sublime es el Corazón de Jesús, en el que late la vida misma del Verbo! En él, como sugieren las hermosas letanías del Sagrado Corazón, haciéndose eco de las Escrituras, se encuentran todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, y toda la plenitud de la divinidad.

 Para salvar al hombre, víctima de su misma desobediencia, Dios quiso darle un "corazón nuevo", fiel a su voluntad de amor (cf. Jr 31, 33; Ez 36, 26; Sal 50, 12). Este corazón es el Corazón de Cristo, la obra maestra del Espíritu Santo, que comenzó a latir en el seno virginal de María y fue traspasado por la lanza en la cruz, convirtiéndose de este modo, y para todos, en manantial inagotable de vida eterna. Ese Corazón es ahora prenda de esperanza para todo hombre.

¡Cuán necesario es para la humanidad contemporánea el mensaje que brota de la contemplación del Corazón de Cristo! En efecto, ¿de dónde, si no es de esa fuente, podrá sacar las reservas de mansedumbre y de perdón necesarias para resolver los duros conflictos que la ensangrientan?

Al Corazón misericordioso de Jesús quisiera encomendarle hoy de modo especial a cuantos viven en Tierra Santa: judíos, cristianos y musulmanes. Ese Corazón que, colmado de afrentas, no albergó jamás sentimientos de odio y venganza, sino que pidió el perdón para sus asesinos, nos señala el único camino para salir de la espiral de la violencia: el de la pacificación de los ánimos, de la comprensión recíproca y de la reconciliación.

Junto con el Corazón misericordioso de Cristo veneramos el Corazón inmaculado de María santísima, mediadora de gracia y de salvación.

A ella nos dirigimos con confianza ahora para implorar misericordia y paz para la Iglesia y para el mundo entero.”


 (JuanPablo II Ángelus 23 de junio 2002)

 

sábado, 30 de mayo de 2026

Los expertos en IA: «Magnifica humanitas», una «voz moral» que no se doblega

 


Invito leer completo el articulo de EdoardoGiribaldi  en Vatican News , cuyo comentario inicial transcribo mas abajo. Después de ese comentario Giribaldi comenta brevemente las presentaciones de cada uno de los expertos que presentaron sus opiniones :  

Christopher Olah, cofundador de Anthropic  y director de investigación sobre la interpretabilidad de la IA; 


Anna Rowlands, profesora de Teología Política, incluyendo la Doctrina Social de la Iglesia y la Ética Teológica de la Migración Humana en el Departamento de Teología y Religión de la Universidad de Durham, Reino Unido; 


y Leocadie Lushombo, profesora de Teología Política y Pensamiento Social Católico en la Escuela Jesuita de Teología de la Universidad de Santa Clara, California.  

Aqui pueden leerse todas las presentaciones en su idioma original. 




Las palabras del Santo Padre ya fueron publicadas y  están en este enlace.

Hablaron también los cardenales Czerny, Fernandez y Parolin (ver este enlace) 

La presentación de Christopher Olah  esta disponible en español en la pagina de Zenit y también en Religion Digital


Dice Edoardo Giribaldi en la introducciòn :

Figuras destacadas del mundo de las nuevas tecnologías intervinieron en la presentación de la primera encíclica de León XIV. El debate sobre la inteligencia artificial no es «neutral». Recordar la centralidad de la persona humana hoy implica intervenir en una división histórica, suspendida entre la desesperación y la tentación prometeica de convertirse en la propia deidad.

«Puede parecer extraño», admite, que el cofundador de Anthropic, una de las empresas de inteligencia artificial más influyentes, se sume al debate abierto por la primera encíclica del Papa León XIV, Magnifica Humanitas , dedicada a salvaguardar la persona humana en la era de la IA. Sin embargo, es precisamente en el corazón de este terreno, atravesado por el afán de lucro, la competencia geopolítica y la ambición desmedida, donde sentimos la necesidad de una voz capaz de resistir los «incentivos», de pronunciar palabras «incómodas», de recordar lo que las máquinas jamás poseerán: cuerpo, conciencia, sentido moral. Una voz que también denuncie la cara oculta del progreso. Niños del Sur Global obligados a trabajar jornadas enteras entre polvo tóxico y materiales triturados para extraer las tierras raras necesarias para alimentar el «flujo de cálculo» del mundo digital. Gobiernos incapaces de «mirar más allá del PIB». Por eso el debate sobre la inteligencia artificial no es «neutral». Recordar la centralidad de la persona humana hoy implica intervenir en una división histórica, suspendida entre la desesperación y la tentación prometeica de convertirse en la propia deidad. En este contexto, la voz del Pontífice no se presenta como una «interferencia indeseada», sino como la continuación de una larga vigilancia iniciada hace 135 años con Rerum Novarum : desenmascarar los ídolos de cada época. Los ídolos actuales conciben a la humanidad como «engranajes del Estado, agentes del mercado o instrumentos de un orden algorítmico», redimibles únicamente mediante las promesas del posthumanismo y el transhumanismo. Pero en una época en la que «el poder crea la razón», y sin embargo crece más rápido que la sabiduría necesaria para gobernarlo, la verdadera urgencia persiste: redescubrir el valor profundamente humano de las limitaciones.

 

Magnifica Humanitas – Papa Leon XIV – Sintesis


MagnificaHumanitas  La Encíclica del Papa León XIV sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial

 La dignidad del ser humano como criterio para orientar el progreso tecnológico.

 El Papa León XIV, al presentar al mundo y a todo el pueblo de Dios su primera Carta Encíclica sobre la custodia de la persona humana en en tiempo de la inteligencia artificial, declaró: “Invito a todos los miembros de la Iglesia y de la familia humana: aprendamos a escucharnos unos a otros, afrontemos con valentía los desafíos presentes y cooperemos en la construcción de una sociedad más humana y fraterna. [...] Por favor, lleven con ustedes el compromiso de permanecer despiertos y ser ‘artesanos de esperanza’ para seguir construyendo la obra de nuestro tiempo. Que el Espíritu del Señor Resucitado sostenga nuestro trabajo común”.

 

La Encíclica en síntesis

En la era de la inteligencia artificial, la humanidad se enfrenta a una disyuntiva: dejarse guiar por la tecnología y el progreso como únicos principios sobre los que construir nuestra civilización, o situar la dignidad de la persona en el centro, relegando el progreso tecnológico a la categoría de mero instrumento. Para ilustrar esta disyuntiva, el Papa León recurre a dos imágenes bíblicas: por un lado, la construcción de la Torre de Babel y, por el otro, la reconstrucción de Jerusalén.  

Para elegir el camino “correcto”, se requiere un PENSAMIENTO DINÁMICO (cap. 1), centrado en la Doctrina Social de la Iglesia, siguiendo las enseñanzas del Concilio Vaticano II: escuchar, discernir e interpretar nuestros tiempos a la luz del Evangelio, para poder devolver a la humanidad la verdad revelada, incluso a través de los lenguajes contemporáneos.

Para una mejor interpretación de las res novae de nuestra época en relación con la dignidad de la persona, acuden en nuestra ayuda los FUNDAMENTOS Y PRINCIPIOS DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA (cap. 2). Los fundamentos atañen al ser humano en cuanto imagen del Dios trinitario, quien, en virtud de esta condición, es depositario de derechos inviolables y de una dignidad intrínseca, sin acepción de personas. Los principios son aquellos del bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad y la solidaridad, así como la justicia social. Si estos principios rigen las relaciones sociales, se logra lo que Pablo VI compendió por primera vez en el concepto de desarrollo humano integral.

Así llegamos al núcleo de la cuestión, es decir, la relación entre tecnología, poder y persona humana (cap. 3). Aunque el Papa León reconoce el valor del desarrollo tecnológico como manifestación de la creatividad humana, advierte del riesgo de que este se erija en criterio absoluto de juicio. Las inteligencias artificiales, al carecer de experiencias, valores y sentimientos, no pueden ni deben asumir jamás una función de responsabilidad y supremacía sobre la inteligencia humana.

Para escapar de tal peligro, es necesario, por consiguiente, CUSTODIAR LO HUMANO EN LA TRANSFORMACIÓN (cap. 4). El primer ámbito que requiere atención es el de la verdad: en una era en la que todo es susceptible de manipulación, es preciso custodiar una educación crítica que nos permita distinguir lo verdadero de lo falso. El segundo ámbito es el del trabajo: cuando la eficiencia se convierte en el criterio dominante, el trabajo corre el riesgo de perder su valor humano y relacional. El tercer ámbito es el de la libertad: amenazada por las adicciones digitales y la recopilación masiva de datos; su defensa exige una regulación justa, responsabilidad compartida y educación. Para custodiar las condiciones de una vida auténticamente humana, capaz de verdad, trabajo digno y libertad real, es necesario un esfuerzo conjunto.

En este punto de la Carta Encíclica, el Papa León recuerda que la inteligencia artificial produce efectos, a menudo dramáticos, también sobre la guerra. Las innovaciones tecnológicas no solo optimizan la eficacia de los medios de defensa, sino que también corren el riesgo de automatizar y despersonalizar decisiones que implican la vida y la muerte, por lo que requieren ética y responsabilidad moral. Esta es LA CULTURA DEL PODER a la que se contrapone LA CIVILIZACIÓN DEL AMOR (cap. 5). Frente a la deriva que tiende a anteponer la eficacia de los medios al juicio moral y los resultados militares a la salvaguarda de la vida humana, la única perspectiva de salvación radica en una civilización fundada en la justicia, la fraternidad y el diálogo. En la civilización del amor, todos podemos aportar nuestro granito de arena, comenzando por el desarme de las palabras, practicando la justicia, adoptando la mirada de las víctimas, cultivando el diálogo, sin refugiarnos en el idealismo, pero confiando en un sano realismo. Todas estas buenas prácticas encuentran su fuerza vital en la oración.

El capítulo conclusivo se centra en la dimensión espiritual y teológica. La misericordia de Dios, presente a lo largo de la historia, pone en el centro el misterio de la Encarnación. Dios se hizo hombre y nos mostró cuál es la verdadera humanidad, así como una atención preferencial por los últimos. En esto radica la grandeza del ser humano, no en el poder tecnológico, sino en la libertad, el amor y la gracia. En una época que genera exclusión, estamos llamados, como hermanos y hermanas reunidos en un “único cuerpo en Cristo”, a custodiar los vínculos, en particular mediante la solidaridad y el cuidado de los más frágiles.

Custodiar lo humano en la era de la inteligencia artificial es, por consiguiente, una responsabilidad común y compartida. Aquí resurge la imagen inicial de contraposición entre la Torre de Babel y la Ciudad Santa: ¿a la construcción de cuál de estas dos obras deseamos contribuir?  Si actuamos como “sabios arquitectos” y constructores fieles de la verdad, custodiando las relaciones, invirtiendo en educación y mostrando amor por la justicia y la paz, la humanidad no perderá su magnificencia. Por tanto, es importante, no permanecer como espectadores resignados, sino actuar como tejedores de esperanza, con la misma fe que María, quien, en su humildad, bajo una dominación extranjera y en medio de un pueblo humillado y dividido, fue capaz de vislumbrar la obra invisible y salvífica de Dios.

 Para leer la síntesis ampliada de la Encíclica, haga clic aquí.

 Fuente: Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral (En este mismo enlace una gran cantidad de información, recursos y discursos.)

 


viernes, 29 de mayo de 2026

"Octogesima adveniens", sobre el reconocimiento de las mujeres de Pablo VI – Andrea Tornielli


El 14 de mayo de 1971, Pablo VI publicó una carta apostólica para conmemorar el octogésimo aniversario de la encíclica Rerum Novarum de León XIII, que abordaba los derechos de la mujer. En ella se trataban temas como el hambre en el mundo, las nuevas formas de pobreza, el rechazo a las ideologías, la protección del medio ambiente y la libertad de los católicos en la política.

 Andrea Tornielli

El 14 de mayo de 1971, Pablo VI publicó la carta apostólica Octogesima adveniens para celebrar el octogésimo aniversario de la gran encíclica social de León XIII, Rerum novarum . El Papa Montini la dirigió al cardenal Maurice Roy, arzobispo de Quebec y presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz. La carta, que trata sobre la pobreza, el desarrollo y el compromiso político, debe leerse a la luz de Populorum progressio .


El Papa escribe sobre las evidentes diferencias que «existen en el desarrollo económico, cultural y político de las naciones: junto a regiones altamente industrializadas, otras aún se encuentran en la etapa agrícola; junto a países que experimentan prosperidad, otros luchan contra el hambre», y sobre las distintas situaciones en las que viven los cristianos: «En algunos países, son silenciados, vistos con recelo y, por así decirlo, marginados por la sociedad, enmarcados sin libertad dentro de un sistema totalitario. En otros, representan una minoría débil, cuya voz apenas se escucha. En otras naciones, donde la Iglesia tiene un estatus reconocido, a veces oficialmente, se ve expuesta a las repercusiones de la crisis que sacude a la sociedad, y algunos de sus miembros se ven tentados por soluciones radicales y violentas, creyendo que pueden esperar un desenlace mejor. Mientras que algunos, ajenos a las injusticias actuales, se esfuerzan por prolongar la situación existente, otros se dejan seducir por ideologías revolucionarias que prometen, no sin ilusiones, un mundo definitivamente mejor». Pablo VI estableció que los métodos de acción, el compromiso y la intervención concreta debían dejarse al criterio de las realidades locales individuales: «Corresponde a las comunidades cristianas analizar objetivamente la situación en su país, esclarecerla a la luz de las palabras inmutables del Evangelio, extraer principios de reflexión, criterios de juicio y directrices para la acción de la doctrina social de la Iglesia».

 (Leer completo en Vatican News ) 

Pablo VI y Juan Pablo II


Giovanni Battista (Enrico Antonio Maria) Montini
 , nació en Concesio, cerca de Brescia, Italia, el 26 de septiembre de 1897. En 1954, el Papa Pío XII lo nombró Arzobispo de Milán, donde debió enfrentar grandes retos, y seria conocido como el "Arzobispo de los obreros". En diciembre de 1958 fué creado Cardenal por S.S. Juan XXIII quien, al mismo tiempo, le otorgó un importante rol en la preparación del Concilio Vaticano II al nombrarlo asistente.

Al morir el Santo Padre Juan XXIII, Montini, a los 66 años, fue elegido Papa el 21 de junio de 1963.

En su primer mensaje al mundo el nuevo Santo Padre Pablo VI se comprometió a continuar los trabajos comenzados por Juan XXIII. Creó el Sínodo de los Obispos en 1965, y naturalmente quedó profundamente vinculado al Concilio Vaticano II que heredó y llevó a feliz término. El Concilio que habia sido inaugurado por decisión de Juan XXIII el 11 de octubre de 1962 concluyó solemnemente el 8 de diciembre de 1965.

De las 7 Encíclicas de Pablo VI la controvertida Humanae vitae del 24 de julio de 1968 fue la última.

Si bien no viajó tanto como Juan Pablo II, tambien él fue llamado en su momento “el papa viajero” y fue el primer Papa en viajar fuera de Europa.

Su relación con Polonia comenzó cuando en 1923 fué enviado a Varsovia a la Nunciatura, pero debido a su delicado estado de salud, que el crudo invierno polaco no favorecia, retornó a Roma comenzando alli su carrera diplomática al servicio de la Santa Sede.

Tuvo intenciones de regresar a Polonia ya como Pablo VI para las ceremonias del milenio en Jasna Gora, el 3 de mayo de 1966, pero las autoridades de entonces no se lo permitieron, hecho que Juan Pablo II citó en su visita al Santuario de Jasna Gora el 4 de junio de 1997 diciendo “Quisiera ahora citar las palabras de mi predecesor en la sede de Pedro, Pablo VI, el Papa que amaba a Polonia y quería participar en las ceremonias del milenio en Jasna Góra, el 3 de mayo de 1966, pero al que las autoridades de entonces no se lo permitieron. «Amad a la Iglesia. Ha llegado la hora de amar a la Iglesia con corazón fuerte y nuevo. (...) Los defectos y las flaquezas de los hombres de Iglesia tendrían que volver más fuerte y solícita la caridad de quien quiere ser miembro vivo, sano y paciente de la Iglesia. Así hacen los hijos buenos, así hacen los santos. (...) Amarla (a la Iglesia) significa estimarla y ser felices de pertenecer a ella, significa ser denodadamente fieles; significa obedecerle y servirla, ayudarla con sacrificio y con gozo en su ardua misión»

En su Audiencia del miércoles 25 de junio de 2003 Juan Pablo II recordando los cuarenta años de la elección a la Cátedra de Pedro de Pablo VI y los 25 años de su muerte expresó : “Al sucederle en la Cátedra de Pedro, me he esforzado por proseguir la acción pastoral que había iniciado, inspirándome en él como en un padre y maestro”….. Pude apreciar personalmente el empeño que Pablo VI puso siempre con vistas a la necesaria actualización de la Iglesia a las exigencias de la nueva evangelización. Pablo VI, apóstol fuerte y amable, amó a la Iglesia y trabajó por su unidad y por intensificar su acción misionera….. Con prudente sabiduría supo resistir a la tentación de "adaptarse" a la mentalidad moderna, afrontando con fortaleza evangélica dificultades e incomprensiones, y en algunos casos también hostilidades…. Su magisterio es rico y, en gran parte, está orientado a educar a los creyentes en el sentido de Iglesia.. Entre sus numerosas intervenciones, me limito a recordar, además de la encíclica Ecclesiam suam, publicada al inicio de su pontificado, su conmovedora profesión de fe, conocida como el Credo del pueblo de Dios, que pronunció con vigor en la plaza de San Pedro el 30 de junio de 1968…. sus valientes tomas de posición en defensa de la vida humana con la encíclica Humanae vitae, y a favor de los pueblos en vías de desarrollo con la encíclica Populorum progressio, para construir una sociedad más justa y solidaria” .

 

La relación del Santo Padre Pablo VI con Karol Wojtyla tuvo varios momentos importantes que se fueron fortaleciendo en el tiempo: desde las tres campanas enviadas para la parroquia de San Florian en Cracovia, confiscadas por las autoridades pero luego entregadas, a la beatificación de Maximiliano Kolbe durante el II Sinodo de Obispos en Roma.

Karol Wojtyla fue nombrado Arzobispo y creado cardenal por Pablo VI. Además durante las arduas negociaciones con el régimen para construir una iglesia en Nowa Huta recibió de Pablo VI un regalo especialmente simbólico: la piedra basal que formaría parte de la Iglesia Arka Pana en Nowa Huta. Karol Wojtyla iba ganando cierta admiración por parte del Santo Padre Pablo VI y su activa y entusiasta participación en el Concilio Vaticano II habría intensificado esa relación. En 1976 el Santo Padre Pablo VI llamó al Cardenal Wojtyla al Vaticano para que predique los ejercicios espirituales de Cuaresma para el Pontífice y la Curia. El tema elegido por Wojtyla fué : "Signos de contradicción", reflexiones que más tarde serían publicadas en varias lenguas.

El 29 de mayo de 1970 Wojtyla y otros sacerdotes polacos participan en Roma de las celebraciones por el 50º aniversario de sacerdocio de Pablo VI y al dia siguiente de la Santa Misa y la audiencia especial. El 30 de mayo de 1970 el Santo Pare Pablo VI dirige un  discurso a los sacerdotes de Polonia por la XXV liberacion de los campos de concetración.

De Pablo VI llamado a veces el “papa olvidado”  Juan Pablo II dijo:  "El Señor había dado a Pablo VI dotes incomparables, que él hizo fructificar estupendamente, con una delicadísima modestia: el corazón lleno de comprensión y longanimidad; la inteligencia aguda, lúcida, sintética; la mirada viva y penetrante; la voluntad diamantina sin compromisos; la fuerza y la belleza de la expresión hablada y escrita; los monumentos de sus encíclicas y de sus discursos; el ardor de sus viajes que él inició, el primero en este siglo a escala internacional, en el ansia que le urgía en su interior de proclamar la verdad, de anunciar a Cristo, de hacer amar a María, Madre de la Iglesia, de hacer conocer la misma Iglesia. Su inteligencia y cultura le dieron un sentido agudo de la grandeza y de la miseria del hombre en una situación contradictoria como aquella de nuestra generación: pero su fe y caridad le inspiraron aquella «civilización del amor» sin la cual, hoy como nunca, la humanidad difícilmente podrá encontrar la solución a los problemas que la turban profundamente. Comprendió al hombre porque lo miró con los ojos de Cristo. Ayudó al hombre, porque lo amó con el amor de Cristo. Sirvió al hombre, porque le indicó la verdad de Cristo en toda su plenitud"

 

Invito leer:  

San Pablo VI y esa invitación, siempre vigente, a ser “cultoresdel hombre” – Amedeo Lomonaco – Vatican News

jueves, 28 de mayo de 2026

Presentación y promulgación de la Carta Encíclica “Magnifica Humanitas” del Papa Leon XIV – palabras del Santo Padre


Agradezco de corazón a quienes han organizado el encuentro de hoy, y en particular a quienes han compartido su conocimiento y su experiencia en las diversas ponencias que hemos escuchado.

De manera especial, deseo agradecer al señor Olah por haber aceptado nuestra invitación. A mi vez, en nombre de la Iglesia, acepto su invitación a caminar juntos, a escuchar y a dialogar, para encontrar el camino para la humanidad en este tiempo de la inteligencia artificial.

 Qué gran signo de esperanza es el hecho de que, con nuestras diferencias, podamos escucharnos unos a otros. Este intercambio indica claramente la gravedad del momento, así como la convicción de que, juntos, podemos discernir las cuestiones más importantes de nuestro tiempo y, por tanto, el futuro de la humanidad.

En los momentos clave de la historia, la Iglesia está llamada a descifrar «cosas nuevas» a la luz del Evangelio y de la dignidad de la persona. Hace 135 años, mi venerable predecesor León XIII observó la situación de los obreros, de sus familias desarraigadas y las nuevas formas de pobreza generadas por la rápida transformación industrial. Comprendió que la Iglesia no podía permanecer al margen. En un momento de cambio trascendental que amenazaba la dignidad humana, la encíclica Rerum novarum expresó su mensaje evangélico y social sobre las «cosas nuevas» que estaban ocurriendo. 

Hoy nos enfrentamos a una transformación de dimensiones similares, con consecuencias tal vez aún mayores. La inteligencia artificial ya afecta a muchos ámbitos de nuestra vida e incide en decisiones que moldean la convivencia humana. También está cambiando de manera dramática la forma en que se libra la guerra.

Al igual que el «León» anterior, me siento llamado a contemplar otra gran transformación con los ojos de la fe, con la lucidez de la razón, con apertura al misterio y con los gritos de los pobres de la tierra resonando en mi corazón. 

Magnifica humanitas nació de escuchar como lo hizo León XIII. He escuchado a científicos e ingenieros que trabajan con sincero entusiasmo en tecnologías capaces de aliviar inmensos sufrimientos; a líderes políticos y funcionarios públicos que han buscado con perseverancia normas justas; a padres y maestros profundamente preocupados por el futuro de las generaciones más jóvenes.

También me han llegado otras voces muy preocupantes, sobre sistemas de armas cada vez más autónomos, que prácticamente ningún ser humano ni ningún gobierno puede controlar realmente. Escucho relatos muy preocupantes sobre algoritmos que pueden bloquear el acceso a la atención médica, al trabajo y a la seguridad basándose en datos viciados por prejuicios e injusticias. Y he escuchado el silencio de quienes no tienen voz cuando se toman las decisiones, decisiones que corren el riesgo de generar nuevas formas de exclusión y sufrimiento.

De esta escucha ha madurado una convicción alarmante expresada en Magnifica humanitas: la inteligencia artificial debe ser desarmada. Se trata de una palabra fuerte, lo sé, pero ha sido elegida deliberadamente porque este momento necesita palabras capaces de llamar la atención, despertar las conciencias e indicar el camino a seguir para la humanidad.

(del Discurso del Papa Leon XIV  en la Presentación con promulgación de la Carta Encíclica “Magnifica Humanitas” del Papa Leon XIV)

(seguir leyendo en el sitio de la Santa Sede)