Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

martes, 18 de agosto de 2026

El Concilio Vaticano II: Acontecimiento y Teología. Aproximación desde los Diarios de M.-D. Chenu, Y. M.-J. Congar y H. De Lubac (2 de 2)


 Basta citar las Acta Synodalia Concilii Oecumenici Vaticani II  que recogen todas las intervenciones y debates del aula conciliar, y que han ayudado en gran medida para que empezara a escribirse la “historia del Concilio Vaticano II”.

(Mencionamos especialmente G. ALBERIGO (dir.), Historia del Concilio Vaticano II (5 vols), Salamanca, Sígueme / Peeters, 1999 – 2008)

 Sin embargo –como ha hecho notar el historiador de la Universidad de Lovaina– Roger Aubert:

“Las fuentes oficiales no bastan para escribir la historia de un concilio: muchos aspectos importantes y a veces directamente decisivos acontecen detrás del bastidor, no solo de la asamblea, sino también de las comisiones. Sobre estos hechos los archivos oficiales callan, pero de ellos se encuentran ecos, a veces incluso muy precisos, en las cartas, diarios, apuntes personales.  En efecto, son numerosos los obispos y teólogos que han redactado sus notas cotidianas sobre el Concilio, y que ya han sido utilizadas como fuentes históricas”.( R. AUBERT, “Come vedo il Vaticano II”, Rassegna di Teologia 36 (1995) 134s)

En las páginas que siguen me propongo una aproximación al acontecimiento y teología del Concilio a través de aquellos que con justa razón -puede decirse- han “hecho la teología del Concilio”. Porque si bien es cierto que según la fórmula propuesta en Calcedonia Concilium episcoporum est (Cf. CALCEDONIA (451), en Concilium Oecumenicorum Decreta, Istituto per le Scienze religiose, Bologna, Dehoniane, 1996, 83,) y que los teólogos no son la Iglesia docente, no por ello puede negarse su labor necesaria como influyente. La elección que hago de los testigos obedece a una intención profunda y es mostrar cómo, el teologizar del Concilio se debe a una preparación de años de labor teológica gestada en el seno, o acaso en la periferia de la Iglesia. Los nombres de Chenu, Congar, y Lubac son representativos de aquella dramática tensión vivida en determinados ámbitos de la teología católica a partir de los años 30.9 Todos ellos estuvieron comprometidos en los movimientos de renovación eclesial que prepararon el Vaticano II, pero fueron sospechados en su momento, teniendo que padecer incomprensión, difamación y silencio. La convocatoria que el papa Juan XXIII les hizo para que prestaran su servicio como peritos, no sólo significó una reivindicación de sus personas sino también un reconocimiento de la catolicidad de su teología. Sus Diarios10 son un testimonio vivo de su pasión y amor por la Iglesia; con marcado realismo dan prueba de que el Concilio fue una verdadera primavera del Espíritu, Quien en todo momento asistió a la asamblea de los Padres y al trabajo de los teólogos; pero muestran también el carácter histórico de la fe, descubriendo el lado humano de la asamblea, como un componente para nada marginal, a través del cual el Espíritu realizó su obra de renovación.

En el artículo me centro en el Concilio observándolo en su acontecimiento histórico y en la teología desplegada en él. El punto de observación al cual me ciño son los Diarios, de los que presento sus características literarias como fuentes para el estudio de la teología conciliar (1); a partir de ellos, intento descubrir la tarea desplegada por los teólogos durante el Concilio (2). Me detengo en la mirada reflexiva que han tenido de la “apertura del Concilio”, en particular sobre el discurso inaugural de Juan XXIII (3). En cuanto a la teología y al teologizar del Concilio, realizo una rápida semblanza del modo en que se trabajaron los esquemas mostrando desde el registro de los teólogos los diversos aportes de los padres conciliares, así como el servicio de los teólogos al debate de los esquemas (4). Finalmente señalo un ejemplo concreto de interacción entre teólogos y obispos, o sea entre teología y magisterio (5).

 

1.Los Diarios de los teólogos: una tipología

2. El rol de los teólogos en el Concilio: en búsqueda de un “pluralismo teológico”

3. La “apertura”: teología de Juan XXIII y el enfoque del Concilio

4. El debate sobre los schemata: tensiones y anhelos en búsqueda de claridad

5. M.-D.Chenu y su “idea” de un Mensaje del Concilio al mundo

 Conclusión

El Concilio concluyó oficialmente su última sesión pública el 7 de octubre de 1965; los Diarios se detienen en hechos diversos: mientras de Lubac destaca el “sustancioso y conmovedor discurso” de Pablo VI,82 Congar dice “sentirse exhausto” y confiesa “no haber deseado ir a la asamblea pública, si no fuese porque iba a darse el final de las excomuniones recíprocas entre Roma y Constantinopla”.83 El teólogo dominico que tanto había padecido por su Chrétiens désunis (1937), pudo experimentar durante el Concilio “cómo el sufrimiento transformado por el amor, genera comunión”;84 de este modo, veía cumplirse algo de su anhelo profético, y señalaba que antes de salir para San Pedro, dejaba terminado su artículo sobre las notas de la Iglesia para la edición de Mysterium salutis, 85 que marcaría un nueva etapa en su producción teológica.86 Aquella tarde del 7 de diciembre, Pablo VI se reunía con los “expertos” y expresaba de manera “conmovida” que la colaboración entre obispos y teólogos que había florecido en el Concilio no era más que un comienzo; y que era su voluntad que siguiera a nivel de las Conferencias Episcopales y las diócesis.87 En efecto, en cada siglo la teología católica se ha visto profundamente moldeada por las enseñanzas previas del magisterio. Concilios como los de Nicea, Calcedonia, Trento y el Vaticano I han dado origen a distintas eras en la historia de la teología. En este sentido, la teología católica del siglo XX dependió fuertemente de las encíclicas de los papas y, desde 1962, también de las enseñanzas del Concilio Vaticano II. Puede decirse que, sin las directivas del magisterio vivo, la teología católica carecería de una guía adecuada. Pero no menos evidente es, sin embargo, la dependencia del magisterio respecto de la teología. Todo gran concilio ha recurrido ampliamente a los teólogos. ¿Qué aspecto tendrían los documentos de Trento si no hubiese estado el trabajo de teólogos papales como Laínez, Salmerón y Pedro Canisio? ¿Y qué habría sido capaz de decir el Vaticano I sin los textos preparatorios redactados por Schrader, Kleutgen y Franzelin? Igualmente ¿cómo hubiese cumplido su tarea el Vaticano II en ausencia de teólogos como Congar, de Lubac, Chenu, Philips, Rahner, Ratzinger y tantos otros? El Concilio fue antes que nada un acontecimiento del Espíritu Santo en su Iglesia y para el mundo, creó el espacio espiritual para que pudiera re-descubrirse la noción de comunión –palabra que vendría a caracterizar de aquí en adelante a la eclesiología–.

Tanto el hecho del Concilio, como la teología que lo interpretó, han sido un don de Dios a la par que un desafío en la tarea evangelizadora que la Iglesia debe llevar adelante en las futuras generaciones.

 MAUTI,Ricardo Miguel, El Concilio Vaticano II : acontecimiento y teología [en línea].Teología, 110 (2013) 

El Concilio Vaticano II: Acontecimiento y Teología. Aproximación desde los Diarios de M.-D. Chenu, Y. M.-J. Congar y H. De Lubac (1 de 2)


 (El articulo fue publicado en la Revista  Teología • Tomo L • Nº 110 • Abril 2013 Este documento está disponible en la Biblioteca Digital de la Universidad Católica Argentina, repositorio institucional desarrollado por la Biblioteca Central “San Benito Abad”. Su objetivo es difundir y preservar la producción intelectual de la Institución. La Biblioteca posee la autorización del autor para su divulgación en línea.)

Transcribo aqui una parte e invito leer el apasionante artículo completo que consta de 29 paginas en pdf.

El Concilio Vaticano II ha sido el acontecimiento eclesial más importante del siglo XX, punto de llegada de un esfuerzo de renovación que se fue gestando en el seno de la Iglesia, y que tuvo en los movimientos bíblico, litúrgico y ecuménico su expresión más acabada. La teología que ‘hizo’ el Concilio desempeñó un papel primordial; los teólogos más representativos “paradójicamente” en otro tiempo marginados, llevaron adelante una tarea ejemplar asistiendo a los Padres conciliares. De sus Diarios redactados durante aquellos años, el ‘acontecimiento’ conciliar surge con una nueva luz, la cual permite una nueva recepción del Concilio a la par que una revalorización de su teología. El autor del artículo analiza los Diarios de tres teólogos: M. -D. Chenu, Y. M.-J. Congar y H. de Lubac, mostrando la importancia que este tipo de escritos tienen no solo como fuentes para la historia del Concilio, sino también como testimonio del “giro” decisivo operado por la teología en el siglo XX.

 

Pocos meses después de finalizado el gran Jubileo del 2000, Juan Pablo II comenzaba a recoger sus frutos, exponiéndolos en su carta apostólica Novo Millennio Ineunte. Desde una “memoria reflexiva” sobre lo vivido, recuerda que la idea del Jubileo había estado presente en él desde el “inicio de su pontificado” (NMI 2), y que aquella convocatoria que sentía como “providencial”, tendría su celebración “treinta y cinco años después del Concilio Ecuménico Vaticano II”; éste “había invitado a toda la Iglesia a interrogarse sobre su renovación para asumir con nuevo ímpetu su misión evangelizadora”

 (El lugar determinante que ocupa el Concilio en la biografía de Juan Pablo II ha sido destacado por su secretario; puede verse: S. DZIWISZ, Una Vida con Karol. Conversación con Gian Franco Svidercorschi, Madrid, Esfera, 2007, 23-27)

En el penúltimo punto del documento, casi como un proemio de su famosa conclusión que tituló ¡Duc in altum!, el papa señalaba el valor religioso del Concilio, concibiéndolo como la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX (NMI 57); “con el Concilio –decía– se le ofrecía a la Iglesia una brújula segura en el siglo que comenzaba”. Ya han pasado doce años desde que la Iglesia, atravesando la puerta santa, ha celebrado el gozo de una fe reconciliada poniéndose en camino del tercer milenio; aquella brújula que sigue guiándola, señala ahora que nos separa medio siglo de aquel magno evento, quizá el que más ha influido sobre la Iglesia en la época contemporánea.

(Es significativo el testimonio de Lucio Gera: “Si en este año 2000, después de haber vivido la mayor parte de mi vida durante el siglo XX, se me preguntara cuáles han sido los acontecimientos históricos que más me han impactado e influido, no dudaría en nombrar en primer lugar, al Concilio Vaticano II”; V. R. AZCUY; J. C. CAAMAÑO; C. M. GALLI (Comité Teológico Editorial), Escritos Teológicos-Pastorales de Lucio Gera 2. De la Conferencia de Puebla a nuestros días (1982-2007), Buenos Aires, Ágape-UCA, 2007, 787.)

  En efecto, el Concilio ha entrado en la historia; muchos de sus actores que lo vivieron como un acontecimiento asombroso y apasionante ya han desaparecido. Entre tanto, para las nuevas generaciones los textos conciliares resultan muchas veces extraños, y muchos, apenas si los conocen. Se hace pues necesario un renovado ejercicio de memoria –suscitado por el reto permanente de conocer a fondo el Concilio– que permita una “nueva recepción” del mismo.

(Como introducción al ‘acontecimiento conciliar’, las grandes líneas teológicas de sus mayores documentos, su ‘recepción’ e influjo en la teología y el magisterio actual, pueden verse varias ponencias en: SOCIEDAD ARGENTINA DE TEOLOGÍA (SAT), A Cuarenta Años del Concilio Vaticano II. Recepción y actualidad, Buenos Aires, San Benito, 2006)

En este sentido, puede decirse que la recepción del Vaticano II ha pasado por varias fases; desde una fase inicial de expectativa excesiva signada por la euforia, se dio lugar al desencanto, abonado tal vez por expectativas no satisfechas; ahora nos encontramos en la fase de una nueva acogida, que reclamará para ello una interpretación y realización auténticas e íntegras del Concilio y de su tarea de renovación.

 (Cf. BENEDICTO XVI, “Discurso a los Cardenales, Arzobispos, Obispos y prelados superiores de la Curia romana”, L’Osservatore Romano, 2005 (52), 11-12; W. KASPER, “El Desafío permanente del Vaticano II. Hermenéutica de las aseveraciones del Concilio”, en: Teología e Iglesia, Barcelona, Herder, 1989, 405)

Junto a la enorme riqueza doctrinal desplegada en los dieciséis documentos promulgados por la asamblea conciliar, la Iglesia posee hoy, un marco interpretativo más amplio que en las pasadas décadas. No solo porque la doctrina ha cristalizado en el pensamiento y vida de las comunidades cristianas, sino porque también han visto la luz innumerables fuentes hasta hace poco desconocidas.

(Cf. G. ALBERIGO, “Las fuentes sobre el Concilio Vaticano II”, en ID (dir.), Historia del Concilio Vaticano II, V, Salamanca Sígueme / Peeters 2008, 571-577; M. FAGGIOLI; G. TURBANTI, Il Concilio Inedito. Fonti del Vaticano II, Bologna, Il Mulino, 2001, 7-34.)

 MAUTI, Ricardo Miguel, El Concilio Vaticano II :acontecimiento y teología [en línea]. Teología, 110 (2013) 


lunes, 17 de agosto de 2026

Jasna Gora – a 70 años de la gran Novena a Nuestra Señora de Jasna Gora

 


Hoy 17 de agosto comienza en Polonia la  novena a Nuestra Señora de Jasna Góra, como parte de los preparativos espirituales para la Fiesta de Nuestra Señora de de Częstochowa el 26 de agosto.  Se celebrara una santa Misa diaria especial con meditaciones a cargo del Padre Paulino Dr Rafal Wilk, con participación de todas las parroquias de  Częstochowa . La celebración será transmitida por la Televison Polaca.

El padre Dr. Rafał Wilk recordó que la inspiración para las meditaciones de la novena es  la Gran Novena Nacional , un programa pastoral de nueve años que el beato cardenal Stefan Wyszyński desarrolló en la prisión de Komańcza, y que la Iglesia en Polonia llevo a cabo, en pleno gobierno comunista,  entre los años 1957 y 1965 con el propósito de preparar espiritualmente a los polacos,  para la celebración del Milenio del Bautismo de Polonia. Los temas tratados incluyen la fidelidad a Dios, la Cruz, el Evangelio, la Iglesia y sus pastores, la defensa de la vida, la fidelidad conyugal y temas cercanos a los jóvenes. En la fiesta de Nuestra Señora de Częstochowa, el 26 de agosto, miles de polacos renovarán los Votos de la Nación de Jasna Góra https://news.jasnagora.pl/

- "Reina de Polonia, prometemos...

La frase «¡Reina de Polonia, lo prometemos!» forma parte de los históricos Votos de Jasna Góra (Jasnogórskie Śluby Narodu Polskiego), un juramento de consagración a la  Virgen de Czestochowa,  para defender la fe ante al régimen comunista, escrito en 1956 por el cardenal Stefan Wyszyński y que fue leído ante un millón de fieles en el santuario polaco en 1956,  por el obispo  Michał Klepacz, en representación del primado Wyszyński, quien se encontraba encarcelado.

El Primado de Polonia, el Arzobispo Wojciech Polak, en una declaración para JasnaGóraNews, señaló que, si bien hoy surgen nuevos desafíos aquellos abordados en los Votos de Jasna Góra no han desaparecido de la vida de nuestra sociedad ni de la vida de nuestra nación. «Por lo tanto, es importante que ahora incorporemos a nuestra vida cotidiana lo que le hemos prometido a Dios por medio de María, para que sea el motivo de nuestra conversión del corazón, de nuestra fe viva, de nuestra responsabilidad con nosotros mismos y con los demás, y sobre todo, de ese amor social que también se menciona en los Votos de Jasna Góra y al que Dios nos llama», dijo el Primado de Polonia.

Los Votos de Jasna Góra se realizaron el 26 de agosto de 1956, en el 300 aniversario de los votos del rey Juan II Casimiro . El acto de los Votos de Jasna Góra constituye uno de los acontecimientos espirituales más importantes de la historia de Polonia. En ellos, los polacos se comprometieron, entre otras cosas, a luchar por la sobriedad de la nación, a defender la indisolubilidad de los matrimonios sacramentales, a la justicia social, a la pureza moral y a educar a sus hijos en el espíritu de la fe católica

La misa principal de indulgencia del 26 de agosto se celebrará a las 11:00 h. Durante la misa, se renovarán solemnemente los votos de Jasna Góra de la Nación. La celebracion  será precedida por un  concierto mariano "María, luz para el mundo"

 

 

 

La gran novena de la nación polaca

 


(re publicación de un post del 10 de agosto de 2012)

 

Para mí una novena siempre fue una novena, o sea una seguidilla de oraciones, adoración o meditación durante nueve días consecutivos. Por eso cuando leí por primera vez de la gran novena polaca el impacto fue inmediato, no solo por lo excepcional de la “novena” (nueve años seguidos!), sino por los momentos que se estaban viviendo en Polonia, por la fe del pueblo en plena época de comunismo y la firmeza de su Pastor supremo el cardenal primado Stefan Wyszynski.

El cardenal Wyszynski fue “arrestado” la noche del 25-26 de septiembre de 1953, y recluido en diferentes lugares/monasterios (Rywald Royal, Stoczek Prudnik Warminski ,  Silesia , y por ultimo en el Monasterio de las Hermanas nazaretanas en Komancze , para su recuperación de los arrestos anteriores;  siempre bien custodiado, con muy pocos permisos de visitas, hasta su liberación en 1956. Dice George Weigel en “El final y el principio”  que el Primado no perdió tiempo durante su reclusión y se dedico a reflexionar y pensar en alguna iniciativa que apuntase a mantener una tensión moral sana ( tarea nada fácil) entre la Iglesia católica y la cúpula comunista en el poder; 1966 sería un año importante:  marcaria el Milenio polaco – los 1000 años del comienzo de lo que conocemos como “Polonia”.  Wyszynski sabia muy bien lo que pasaba por la mente de sus adversarios y daba por hecho que el régimen comunista utilizaría las celebraciones del milenio para reescribir la historia de Polonia de acuerdo a sus gustos ideológicos y al servicio de su futuro político.  Había que hacer algo. Y ese algo seria la Gran Novena – un programa de nueve años en preparación para el milenio del bautismo de Polonia con el objetivo de recatequizar todo el país. El centro simbólico seria una serie de peregrinaciones, - siguiendo la antigua tradición polaca -  a pie a los santuarios de KalwariaZebrzydowska,    PiekarySlaskie y Jasna Gora. 

 

Wyszynski continuaría con la tradición pero le daría a la peregrinación una fuerza adicional:  la Virgen Negra de Jasna Gora, el icono nacional más preciado, peregrinaría por  Polonia visitando casi todas las parroquias del país. Occidente dudaba y opinaba que era una exageración hacer algo semejante en el siglo XX, tradiciones antiguas se decía….. Sin embargo al régimen no le daba lo mismo,  sabía que la “amenaza” era grave porque un plan catequístico completo, con reuniones, adoración y sermones, agregado a las peregrinaciones atentaba contra toda una década de propaganda y adoctrinamiento…. pero el impertérrito  cardenal primado no se dejo vencer y una réplica de la Virgen de Jasna Gora peregrinó de ciudad en ciudad, y de pueblo en pueblo por toda Polonia y cuando los comunistas “arrestaron” el icono de Nuestra Señora de Jasna Gora y quisieron prohibir la peregrinación, ésta se llevo a cabo sin el icono; la peregrinación presidida por el marco. Si, tan solo el marco! Naturalmente el comienzo de la novena en 1958 fue también preludio de una avanzada de presión comunista sobre la Iglesia. 

A partir de 1962 la SB  reforzó  sus tácticas de espionaje a sacerdotes y religiosos e intensificó su penetración en instituciones católicas. Pero Polonia no sería tan fácil de dominar y conquistar, allí el comunismo se vio enfrentado por un pueblo fuerte en la fe donde las estrategias empleadas en otras partes no funcionaron y debieron ser repensadas.  No obstante la Iglesia no se amedrento ni debilito y a los historiadores les cuesta  comprender la situación de aquellos años en Polonia.  No todos coinciden que la Gran Novena pudo llegar a todos los corazones, pero la Iglesia resistió y no solo eso el cardenal Wyszinski llego a tener un aliado tan temido (y espiado) por el régimen como el mismo Primado:  Ya en 1959 el Obispo Karol Wojtyla celebraba la Misa de Nochebuena (una de tantas) a cielo abierto en Nova Huta, donde continuaría la historia de la “resurrección” de la Iglesia polaca . 

 La reina de Polonia de Jasna Gora,   Wyszynski, La gran novena, Nowa Huta, Karol Wojtyla, Solidarnosc , Lech Walesa, Jerzy Popieluszko…… son solo algunos de los paradigmas en la historia de Polonia.

“El cardenal primado, en el curso de la gran novena, se expresaba sobre el significado del santuario de Czestochowa en relación a la vida de la Iglesia con estas palabras: "¿Qué ha sucedido en Jasna Góra? Hasta este momento no estamos en disposición de dar una respuesta adecuada. Ha sucedido algo más de lo que se podía imaginar... Jasna Góra se ha revelado como un vínculo interno en la vida polaca, una fuerza que toca profundamente el corazón y tiene a toda la nación en humilde, pero fuerte actitud de fidelidad a Dios, a la Iglesia y a su jerarquía. Para todos nosotros ha sido una gran sorpresa ver la potencia de la Reina de Polonia manifestarse de modo tan magnífico".”  Juan Pablo II en el Santuario de Jasna Gora en su primer viaje a Polonia 1979) 

Tendrá alguna relación - quizás emblemático? -  con la gran Novena el  hecho de que  ese primer viaje apostólico de Juan Pablo II a su patria como Pastor supremo de la Iglesia católica, durase 9 días?  

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sábado, 15 de agosto de 2026

El privilegio de la Asunción

 


“San Germán, en un texto lleno de poesía, sostiene que el afecto de Jesús a su Madre exige que María se vuelva a unir con su Hijo divino en el cielo: «Como un niño busca y desea la presencia de su madre, y como una madre quiere vivir en compañía de su hijo, así también era conveniente que tú, de cuyo amor materno a tu Hijo y Dios no cabe duda alguna, volvieras a él. ¿Y no era conveniente que, de cualquier modo, este Dios que sentía por ti un amor verdaderamente filial, te tomara consigo?» (Hom. 1 in DormitionemPG 98, 347). En otro texto, el venerable autor integra el aspecto privado de la relación entre Cristo y María con la dimensión salvífica de la maternidad, sosteniendo que: «Era necesario que la madre de la Vida compartiera la morada de la Vida» (ib.PG 98, 348).

 

Según algunos Padres de la Iglesia, otro argumento en que se funda el privilegio de la Asunción se deduce de la participación de María en la obra de la redención. San Juan Damasceno subraya la relación entre la participación en la Pasión y el destino glorioso: «Era necesario que aquella que había visto a su Hijo en la cruz y recibido en pleno corazón la espada del dolor (...) contemplara a ese Hijo suyo sentado a la diestra del Padre» (Hom. 2: PG 96, 741). A la luz del misterio pascual, de modo particularmente claro se ve la oportunidad de que, junto con el Hijo, también la Madre fuera glorificada después de la muerte.

 

El concilio Vaticano II, recordando en la constitución dogmática sobre la Iglesia el misterio de la Asunción, atrae la atención hacia el privilegio de la Inmaculada Concepción: precisamente porque fue «preservada libre de toda mancha de pecado original» (Lumen gentium, 59), María no podía permanecer como los demás hombres en el estado de muerte hasta el fin del mundo. La ausencia del pecado original y la santidad, perfecta ya desde el primer instante de su existencia, exigían para la Madre de Dios la plena glorificación de su alma y de su cuerpo.”

 

(Juan Pablo II Audiencia General 9 de julio de 1997

viernes, 14 de agosto de 2026

San Maximiliano Kolbe, mártir y servidor de Maria Inmaculada

 


«Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13).

En la Audiencia del 2 de septiembre de 1998 el Papa Juan Pablo II explicaba esta “cima de amor, alcanzada por Cristo crucificado” diciendo que “nadie puede llegar sin la ayuda del Paráclito.” Y agregaba “Más aún, santo Tomás de Aquino escribió que la «ley nueva» es la misma gracia del Espíritu Santo, que nos ha sido dada mediante la fe en Cristo (cf. Summa Theol., I-II, q. 106, a. 1, conclusio et ad 2). Esta «ley nueva» de libertad y amor está personificada en Jesucristo, pero, al mismo tiempo, con total dependencia de él y de su redención, se expresa en la Madre de Dios”

Kolbe no ofreció su vida por casualidad. Su “dar la vida" se convirtió en un “signo de victoria”. Fue su amor hasta el extremo, “inspirado en la Inmaculada, a la que confiaba su amor por Cristo y su deseo del martirio. En el misterio de la Inmaculada Concepción se desvelaba a los ojos de su alma aquel mundo maravilloso y sobrenatural de la gracia de Dios ofrecida al hombre. La fe y las obras de toda la vida del padre Maximiliano indican que entendía su colaboración con la gracia como una milicia bajo el signo de la Inmaculada Concepción. La característica mariana es particularmente expresiva en la vida y en la santidad del padre Kolbe. Con esta señal quedó marcado todo su apostolado, tanto en su patria como en las misiones. En Polonia y en Japón fueron centro de este apostolado las especiales ciudades de la Inmaculada «Niepokalonów», polaco, «Mugenzai no Sono», japonés”

(de la Homilía de Juan Pablo II en la Misa de Canonización 10 de octubre 1982)


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martes, 11 de agosto de 2026

El coro de Santa Clara, albergue de paz y silencio

 


(….)  Uno de estos rincones y rinconcitos es una pequeña habitación llamada coro de Santa Clara. Es difícil imaginarse nada más pobre. Ha sido construida con materiales recolectados del más diverso origen. El coro está construido con maderas mal encuadradas; el altar es un plinto, posiblemente de origen no cristiano. Como nota vivaz de color no hay más que un fresco de mediocre composición que representa la crucifixión según la tradición franciscana. Una pequeña ventana, sobre cuyos vidrios se adivinan algunas descoloridas figuras, proporciona luz a la habitación. Y, sin embargo, ¡hay tanta poesía en este pequeño coro! ¡Generaciones enteras han pasado por él, se ha rezado tanto en él! Refiere una piadosa leyenda que en el corredor que lleva al coro de Santa Clara aún ahora se siente un perfume indefinido. Allí están sepultadas las primeras compañeras de la Santa. El perfume existe, y es el perfume de las dulces memorias de esta mujer a quien el espíritu franciscano debe tanto. Formada e instruida en la vida interior por tan gran maestro, sintió tan intensamente la influencia de su doctrina, que se atrevió a levantar su voz para obtener de los Papas que el voto de rigurosa pobreza, dulce herencia de su maestro, no fuera atenuado. Luchó a la cabeza de aquellos hijos del Santo que más fuertemente conservaban el espíritu de sus enseñanzas y fue el nervio de esa tradición en la que habrían de formarse hombres como San Antonio de Padua, San Buenaventura de Bagnoregio, San Bernardino de Siena, San Pascual Bailón, San Diego, San Jaime de la Marca, San Francisco Solano, San Juan de Capistrano, San Leonardo de Puerto Mauricio.

En el pequeño coro de Santa Clara, se revela a quien lo busca con espíritu de amor, el dulcísimo misterio de la pobreza, fuente de todo consuelo. Es preciso entrar allí, arrodillarse, tener en las manos el Espejo de Perfección, que según algunos doctos fue escrito por fray León, ovejuela de Dios, pero que en realidad proviene de ese grupo de hijos más allegados al maestro, de cuya doctrina fueron, a su muerte, tenaces defensores contra quienes pretendían negar a los Frailes Menores el privilegio de la pobreza. Es preciso leer los primeros capítulos: "Cómo el bienaventurado Francisco respondió a los ministros que no querían someterse a la observancia de la Regla que les había escrito" (EP 1). "Cómo el bienaventurado Francisco declaró la voluntad e intención que tuvo, desde el principio hasta el fin, acerca de la observancia de la pobreza" (EP 2). "Del novicio que deseaba tener un salterio con su licencia" (EP 4). "Del modo de guardar la pobreza en libros, camas, casas y enseres" (EP 5). "Cómo hizo salir a todos los hermanos de una casa que era llamada casa de los hermanos" (EP 6). "Cómo quiso derribar una casa que el pueblo de Asís había levantado junto a Santa María de la Porciúncula" (EP 7). "Cómo no quería morar en celda curiosa o que llamaran suya" (EP 9)... A mitad de la lectura ya no se sigue adelante; frente al misterio de la muerte se perfila más nítida la nulidad de nuestra vida, con sus molicies, con las mil exigencias que la animan; se comprende cómo debe entrarse despojado en el reino de los cielos, cómo en ésta misma vida, cuanto más atados vivimos a los intereses del mundo tanto menos comprendemos a Dios. La pobreza, no como fin de sí misma o como característica fundamental del espíritu franciscano, según alguno ha enseñado erróneamente, sino como escala maravillosa para ascender hasta Dios, como medio para poderlo amar con toda la plenitud de nuestra alma en una inmolación continuamente renovada; la pobreza, así entendida, es el medio precioso gracias al cual el divino Amigo se da a nosotros con todos los dones de su gracia e, invadiendo nuestra alma, se convierte en su dueño y Rey, confiriendo a esta pobre existencia nuestra el altísimo valor de una ofrenda indigna, pero, sin embargo, aceptada y aun buscada para el triunfo de su reino.

 

Una noche, mientras celebraba Misa en el pequeño coro de Santa Clara para un grupo de almas piadosas que se reunieron para ingresar en la seráfica milicia, la mano gentil de un fraile esparció en abundancia sobre el pavimento pétalos y hojas. Era invierno, pero el huerto de los frailes había conservado las rosas y el laurel para esta fiesta de fe. El aire pronto se impregnó de dulce y penetrante perfume. Un canto suave y quedo celebraba las glorias del Rey que deseó nacer pobre, que se contentó con el homenaje de pobres pastores, que al despuntar de cada día renueva en los altares el misterio de la cruz por la salvación de las almas. Con esos cantos, con esas oraciones, esas almas se consagraban a Él, ofreciéndole, junto con la juventud del cuerpo, las esperanzas del alma y los propósitos y fines de trabajo. Las palabras brotan de sus pechos en sollozos: «Prometo y hago voto de vivir durante toda mi vida según la Regla del padre San Francisco...» La palabra del sacerdote desciende sobre ellos: «Y yo, de parte del Altísimo, te prometo la vida eterna». El recuerdo de esa noche de oración me persigue. Pues bien, todo se aclara ahora en la mente; Francisco quiso que fuésemos pobres para comprender la gran lección que Nuestro Señor Jesucristo nos dio desde lo alto de la cruz: la vida ha de ser una continua ofrenda, un sacrificio de inmolación continuamente renovado.

Agustín Gemelli, O.F.M., San Damián, oasis de paz, en IdemS. Francisco de Asís y sus "Pobrecitos". Buenos Aires, Ed. Pax et Bonum, 1949, pp. 9-17.