Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

sábado, 3 de julio de 2021

La belleza de la liturgia – Entrevista a Mons. Piero Marini para Totus Tuus (Aleksandra Zapotoczny)

 


Su excelencia Piero Marini, Arzobispo titular de Martirano, fue durante veinte años el Maestro de las Celebraciones litúrgicas pontificias. (Desde 1987 a 2007 durante el pontificado de Juan Pablo II y Benedicto XVI).

«La primera Misa en la que preste servicio para Juan Pablo II fue la del miércoles de Ceniza de 198: este fue el inicio – recuerda el arzobispo – y estaba contento de aquel clima tan penitencial.»

Mons. Marini ha dedicado su libro “Liturgia e belleza. Nobilis Palchritudo” al recuerdo de la experiencia vivida en las celebraciones del Santo Padre.

 

Que significado particular tiene la Eucaristia para un sacerdote?

Para comprender el significado que la Eucaristía tiene para un sacerdote es necesario considerar la Eucaristía y el sacerdote en la Iglesia. La Sagrada Escritura, la Tradición de la Iglesia y el Concilio Vaticano II hablan siempre de un único sacerdocio, el de Cristo. Hay, sin embargo, dos modalidades de participación al mismo sacerdocio: uno universal, llamado también “de los fieles”, y otro ordenado, especifico de los ministros ordenados. Cada sacerdote, por la ordenación, es configurado a Cristo en su cualidad específica de cabeza y pastor. La misión del sacerdote en la Eucaristía es hacer presente a Cristo. Verdaderamente alter Christus: la imagen de Cristo en la comunidad, en la Iglesia. La imagen, sobre todo, de servir como Cristo, para ser santo no tanto para sí cuanto para la comunidad. Humildad, dialogo. Tiene que ser un hombre de oración porque tiene que enseñar a los demás a rezar con la Plegaria Eucarística. Anunciar la palabra que él tiene antes que meditar.

 


Que recuerdo tiene de su primera Misa?

Fui ordenado el 27 de junio de 1965… ha pasado una vida.. Pero sin duda el recuerdo de la primera Misa permanece para siempre.  Esta celebración tuvo lugar ne mi pequeña iglesia parroquial, donde además fui bautizado y donde recibir la primera comunión: para mi, ha sido una cosa muy importante volver a mi comunidad como sacerdote. Estaban presentes mis padres mis hermanos, mi párroco. He sido el primer sacerdote de mi diócesis, Piacenza-Bobbio, que ha concelebrado la Santa Misa con el Obispo y otros sacerdotes durante la ordenación, según las nuevas indicaciones del Concilio. Antes uno no se podía acercar al altar: quien había sido ordenado celebraba la Misa lejos del altar, pronunciaba las palabras para si, ayudado por el sacerdote. Al día siguiente, celebre la Misa con un amigo sacerdote en un Santuario. Montelungo, ante la Virgen. Conservo con afecto el recuerdo de esta celebración que fue muy sencilla, en espíritu de humildad, reservada. Y, después, la tercera Misa – en mi parroquia – la celebre en la solemnidad de los apóstoles Pedro y Pablo, que da esa visión de unión a la Iglesia Romana.

 


¿Qué significa vivir una liturgia solemne, cuales son los criterios fundamentales?

Una buena celebración depende del modo en que ha sido preparada, pues no se puede improvisar nada. La belleza está en la sencillez y en el orden: la liturgia necesita de la colaboración de nuestros sentidos: la vista, el oído, el olfato, el tacto.  Reclama la presencia de las imágenes, de la música, del canto, de la luz, de las flores, de los colores, de la coreografía. La Misa es una celebración en comunidad,  en la que están implicados diversos oficios, ministerios, porque la comunidad no es un cuerpo sin miembros.  Durante la preparación de la Misa se tiene en cuenta esta verdad. Están los monaguillos, los lectores, los que preparan la oración de los fieles. La primera realidad de la Misa  es la de una asamblea reunida – es el primer signo de la presencia de Cristo. Esta asamblea tiene que colocarse en un lugar, por eso es necesario cuidar también la domus ecclesaie. El Señor, cuando se disponía a celebrar la Pascua con sus discípulos, mando a algunos por delante para preparar un puesto en el piso superior; el piso noble de la casa.

Tres elementos fundamentales son necesarios para la celebración. Ante todo el ambón, - atril, el lugar desde el que se proclama la palabra de Dios. Nosotros, nuestra vida, no podemos vivir sin esta palabra. Muchos ven en el ambón el signo de la tumba vacía, el lugar del anuncio de la resurrección. La cátedra (la silla)  significa que la comunidad no esta sin guía, nosotros vivimos en espera del guía definitivo. El Señor que no se ve está representado por el sacerdote que preside.

En fin, el altar, que  durante el Medio Evo fue el punto más venerado de la iglesia porque en él se conservaban las reliquias de los mártires, y ante el altar se hacia la genuflexión ahora, por desgracia, hemos perdido todo esta devoción. El altar se ha convertido en una mesa donde se colocan las flores, las vinajeras, los micrófonos, los Misales. En el altar Cristo se sacrifica. Es el punto crucial para encontrar al Señor.  Naturalmente la belleza de la liturgia no está en los elementes exteriores, sino que depende sobre todo de la preparación interior, de su capacidad de dejar transparentaren gesto de amor llevado a cabo por Jesus.

 

Las Santas Misas presididas por el Sumo Pontífice se cuidan en los mínimos detalles y con gran solemnidad, cosa que no sucede a veces en las celebradas en parroquias

La celebración es la misma, pero el modo es diferente. Es verdad que en la Basilica de San Pedro tenemos también loa posibilidad de secciones y servicios para la celebración de la liturgia, mientras que una pequeña comunidad no dispone de los mismos medios, de todos modos, esto no justifica el descuido, ell desorden de los ornamentos, sobre todo la falta de amor en la celebración misma. No significa que las Misas silenciosas no sean bellas, no podemos confundir la participación con el  hacer. Es necesario dar especio a la celebración en si, evitar el “participacionismo”. Hay que dejar que los signos nos hablen una parte importante está bien en el silencio, en crear equilibro entre la participación personal y la comunitaria entre la escucha de la palabra, el canto, y la meditación. Los gestos en la liturgia son importantes porque son los gestos de Jesus.

 

La Eucaristía es el centro de la vida cristiana. ¿Cómo se explica la escasa practica de los fieles en la participación cotidiana y dominical a la Santa Misa?

Para responder a esta pregunta es necesario hacer primero algunas aclaraciones. Ante todo precisar el concepto del domingo, que no es solo la participación en la Misa. Ya los mártires de Abitene en el siglo IV tenían claro que el domingo está compuesto de varios elementos un tiempo para vivirlo y santificarlo, un lugar donde reunirse, el hecho de reunirse, la celebración de la Eucaristía. El cristiano, aunque no tenga la posibilidad de recibir la comunión y de participar en la Santa Misa – ocurre en tantas partes del mundo – tiene el deber de santificar el domingo, de reunirse para rezar y hacer memoria del Señor.

Es necesario distinguir entre la participación en la Misa diaria y la participación en la dominical. El cristiano es tal si participa en la Misa dominical, sin participar en aquella ferial, pero un cristiano no es tal si participa solo en la Misa ferial y no en la dominical.  En cuanto a la escasa practica dominical, pienso que en el pasado se nacía cristiano, mientras que hoy, en nuestra sociedad, se deviene, nos encontramos ante una descristianización muy difundida. Se ha perdido la función de la familia en la educación en la fe.

 

¿Qué formación deberían tener los fieles para que su participación en la Eucaristía fuese vivida con mas profundidad?

La Iglesia tiene que volver a enseñar, volver a descubrir la liturgia. La pastoral litúrgica ordinaria tendrá que confrontarse pacientemente con la analfabetizacion de los hombres y mujeres de nuestro tiempo acerca de los contenidos fundamentales de la fe cristiana.  Analfabetizacion que a menudo padecen también los mismos cristianos asiduos a la comunidad eucarística. Como el Papa ha insistido muchas veces, es necesario que las homilías y las catequesis sean mistagógicas. Significa que tenemos que comenzar la educación a la liturgia explicando a nuestros fieles los signos que realizan, todo lo que se hace en el ambón, en el altar, porque hay que persignarse al iniciar la Misa y en la proclamación del Evangelio.

 


Juan Pablo II ha sido un hombre que ha vivido de para la Eucaristía y de la Eucaristía…

Juan Pablo II se movió durante su vida impulsado por dos grandes motivos: testimoniar el Evangelio y anunciar el amor a los hombres. Celebrando la Eucaristía en todas partes del mundo, ha construido la Iglesia. «La Eucaristía hace la Iglesia y la Iglesia hace la Eucaristía» Y Benedicto XVI vive en sintonía con esta enseñanza. Juan Pablo II ha sido un constructor de la Iglesia a través de la liturgia en el espíritu del Concilio Vaticano II, dándonos el testimonio de la Iglesia Universal.

 

Entrevista de Aleksandra Zapotoczny

(publicado en Totus Tuus  Nr 3 junio 2006

 

viernes, 2 de julio de 2021

"Y VOSOTROS QUIÉN DECÍS QUE SOY YO" responde Vittorio Messori

 


Restaurar la esperanza es el “trabajo humanitario” mas urgente.


“Pero vosotros quién decís que soy yo?” Desde que fuera planteada a los discípulos cerca de Cesarea-Filippa, esta pregunta no ha cesado de ser formulada a cada hombre y a cada mujer. Porque cada uno de nosotros – como bien expresara Pascal – “debe dar una respuesta, y aunque fuese negativa, debemos asumir el riesgo”.


Siempre ha sido así. La fe nunca ha sido un bien hereditario, transmitido de padre a hijo.
No obstante, hasta tiempos recientes – al menos en ciertas partes de algunos países – todavía existía una “cristianidad” un “mundo católico” que facilitaba que la fe se desarrollara espontáneamente desde la infancia, que creciera merced al ejemplo y la catequesis y que permaneciera hasta los sacramentos de “partida” de esta vida. Ya en ningún lugar es así. Hoy la fe recupera su carácter original: es un riesgo, una elección personal, asediada por todas partes por palabras y comportamientos discordantes. Creer hoy se esta convirtiendo o ya se ha convertido, en un acto anti conformista, militancia de minorías que van contra la corriente.

Por ello, la necesidad de una pastoral eclesial que no se limite a comentar los contenidos del Cristianismo, sino que indique sobre todo sus razones. Muchos discursos, dando la fe por sentado, que se limitan a inspirar consecuencias de naturaleza moral producen ineficacia total y absoluta. En realidad porque esforzarse en vivir “como cristiano” si ya no se está convencido que aquel Jesús es verdaderamente Cristo y que sus palabras son normativas porque nos vienen de Dios mismo?

También esto, evidentemente, es lo que el Santo Padre entiende por “nueva evangelización”: comenzar desde el principio, con el apostolado de la proclamación, dejando para más adelante el de catequesis, que solamente rendirá fruto cuando el “riesgo” sobre el Evangelio haya sido propuesto y aceptado.

Y a esto aspira, a mi entender, el programa de preparación para el Gran Jubileo cuyas etapas han sido prescriptas por el Papa Juan Pablo II:

Aquellos que llevan la fe en su corazón – y por lo tanto la Iglesia, la cual no puede subsistir sin sus fundamentos – deben comprometerse para que este tiempo que nos separa del cumpleaños del bimilenio de Jesús quede marcado por una búsqueda de razones que induzcan a los creyentes a ver en El, a Cristo, el Hijo de Dios vivo.

Este es un tiempo de kerygma, de nueva proclamación, a viva voz y clara, sin la cual el dialogo mismo (con el “mundo” o con otras religiones) pierde sentido. Es tiempo de redescubrir que entre las jerarquías evangélicas de valores, la caridad mas grande, la que precede a todas las demás, es la de la verdad. Ofrecer nueva Esperanza, mostrar sus razones, es la solidaridad mas urgente y mas loable, la mas valiosa de todo el “trabajo humanitario”.

Mas que del pan – dice el Evangelio – el hombre vive de la palabra de Dios.

Que los dos mil años del nacimiento del Redentor nos ayuden a redescubir esta realidad que arriesgamos olvidar en una rutina eclesial que frecuentemente se convierte en habito, o un cristianismo que es vivido, pero que sin motivaciones explicitas de fe, puede llegar a ser mera filantropía. Y esto tiene poco que ver con la verdadera caridad.

Vittorio Messori

 tomado de «TERTIUM MILLENNIUM» N.2/ Mayo 1997

 Índice Tertium Millenium

 

 

jueves, 1 de julio de 2021

Arturo Mari: mis 27 años con Juan Pablo II

 

(Arturo Mari arrodillado al lado del Papa)

(entrevista de Laura Badaracchi para Totus Tuus Nr 4 agosto/septiembre 2010)

“¿Un hombre como Juan Pablo? Como el nace uno cada siglo. Si acaso”

A Aturo Mari se  le humedecen los ojos cada vez que nombra al Papa Wojtyla: ha pasado veintisiete años a su lado, siendo considerado por el “como un hijo”. El fotocronista colabora desde jovencísimo con su porción en el “Osservatore Romano”, el diario de la Santa Sede: allí entró el 9 de marzo de 1956, y de allí salió, según sus palabras, ·”cincuenta y tres años después, tras haber seguido a seis Papas, de Pio XII a Benedicto XVI”. Nos habla desde el estudio de su casa en Borgo Vittorio. La misma habitación en la que nació y creció junto a su hermano y su hermana: donde hoy vive con su esposa ecuatoriana Corina: una habitación que rebosa de recuerdos en cada rincón. Las estanterías están cargadas de volúmenes que contienen sus fotografías  y de ellas son mayoría las dedicadas al Papa polaco. Testimonios de su peregrinación por el mundo, que proporcionaron además a Mari la ocasión de perfeccionar el ingles y el francés, que habia aprendido en el colegio, de aprender español y polaco  y hasta a chapurrear el alemán y el portugués.

 

¿Cuándo conoció personalmente a Karol Wojtyla?

Me lo presentó en 1962 el Primado de Polonia, el cardenal Stephan Wyszynsky, nombrado obispo auxiliar de Cracovia cuatro años antes, Monseñor Wojtla hablaba italiano: lo había aprendido durante la posguerra, cuando estudiaba teología en la Pontificia Universidad Santo Tomas de Aquino. Luego vino a Roma para el Concilio Vaticano II : entonces no era fácil salir de la propia diócesis y menos de su país. Me hablo de la Iglesia del silencio, y en aquella conversación comprendí que se trataba de un obispo fuera de serie. Sus razonamientos eran muy rápidos, tenía una inteligencia superior que iba directa al núcleo de las cuestiones, y de manera concreta y practica. Es decir, iba al grano, no gastaba palabras vanas.

 ¿Qué encuentros siguieron a continuación?

Durante los años del Concilio me lo crucé varias veces, y otras más cuando predicó los ejercicios espirituales en el Vaticano en 1976, invitado por Pablo VI. Siempre me reconocía, era muy cordial: me daba una palmada en la espalda y con una sonrisa me preguntaba como estaba, como iba el trabajo.

 ¿Qué sintió cuando oyó pronunciar su nombre aquel 16 de octubre de 1978?

Me encontraba detrás de las puertas del conclave, instintivamente di un salto de alegría. Apenas elegidos, antes de asomarse al balcón, me hizo una ligera caricia en la cara, con dulce expresión. Desde aquel momento lo seguí durante 27 años, 365 días al año, desde las seis y media de la mañana hasta las nueve de la noche e incluso más tarde. Una experiencia única en mi vida humana y profesional, y si pudiera volver atrás, haría lo mismo.

 Ha hecho miles de fotografías, ha visto personas sencillas de todo el mundo que esperaban la llegada del Papa ¿Qué fotos recuerda de manera especial que estén ligadas a un hecho o a un encuentro especialmente conmovedor?

Me han impresionado sobre todo sus visitas a hospitales y cárceles: su modo de acercarse a los familias pobres durante los viajes apostólicos. En estos encuentros se evidencia la sustancia de la que estaba hecho Juan Pablo II, la misma tanto si estaba en las chozas del bosque como en el palacio del Presidente de los Estados Unidos en Washington.   Lo que más me conmovía era su contacto con la gente: siempre quería ver los hechos, saber cómo estaban las cosas de verdad: jamás tuvo miedo de denunciar las injusticias, defendiendo los derechos de las personas hasta el fin, enfermo entre los enfermos.

 ¿Estar tan cerca de él ha influenciado su vida?

Digamos que ha cambiado mi existencia, tanto a nivel humano como espiritual: siempre estaba a medio metro de él, oía lo que decía incluso fuera del carácter oficial asistía a sus actividades “fuera de programa” que ponían nerviosos a los encargados de la seguridad, veía las expresiones de su cara: con su oración con sus movimientos me daba lecciones de vida. En el momento de la consagración durante la Misa, su rostro se transfiguraba: parecía situado en un escalón por encima de la tierra.

 Y luego su único hijo, Juan Carlos, ha decidió hacerse sacerdote…

Desde muy pequeño no dejaba de hacerme preguntas sobre el Santo Padre. Durante su etapa de discernimiento se confiaba mas con su madre que3 conmigo: cuando me comunicó su decisión, hable con Monseñor Estanislao Dziwisz, secretario personal del Papa, y éste se lo transmitió al Pontífice. Entonces el Papa me llamo para explicarme lo que significa ser padre de un sacerdote: me dijo que procurara estar siempre presente para que se apoyara en mí, pero con discreción, ya que el sacerdote está llamado a dar con sus manos a Jesus a los otros, a dar la vida.  Hoy mi hijo, ordenado hace tres años por Benedicto XVI, tiene 34 años y se encuentra en Ecuador para vivir en una comunidad de los Legionarios de Cristo, entre los que ha decidido vivir su vocación.,

 Juan Pablo II viajo más que todos los anteriores Pontífices juntos: más de un centenar de viajes apostólicos, 127 países visitados además de Italia. ¿Qué recuerda de los encuentros con los mandatarios políticos y los lideres religiosos?

El Papa ponía siempre al hombre en el centro de todo, con su dignidad, el trabajo, la familia: estas eran sus preocupaciones durante los discursos oficiales, estas y no las cuestiones institucionales. Su humildad se convertía en firmeza, porque hablaba, y asi lo hacía resaltar, en nombre de los que no podían hablar por si mismos.  Al mismo tiempo, sentía un profundo respeto por las otras religiones: fue el primer Papa en atravesar el umbral de una sinagoga y de una mezquita. En el campo ecuménico ha dado pasos de gigante.

 Una extraordinaria capacidad de relacionarse con todos que contribuyó, en 1989, a la caída del Muro de Berlín

No cayó por un golpe de viento: años atrás se habían reunido ne el Vaticano el Santo Padre y Michail Gorbachov, uno de los mejores lideres que ha conocido el Papa: ambos compartían el dialogo como medio para alcanzar la paz.

 Otra amistad famosa es la que tuvo con la Madre Teresa de Calcuta…

El encuentro  más conmovedor que recuerdo es el que tuvo lugar ne Calcuta en 1986, en la casa de los moribundos. Allí el Papa se inclino para acariciar a los leprosos, para darles de comer… Ninguno era católico: el Papa miraba al hombre, a la mujer, en un entorno difícil por el calor húmedo y los malos olores, el sufrimiento y la miseria increíble, tanta como no la he visto en ningún otro sitio.

 Cuéntenos alguna vivencia “fuera de programa” junto a los pobres…

En agosto de 1985, acabábamos de salir de la casa del Presidente; en un momento dado, la columna de automóviles que seguía al del Papa se detiene repentinamente: el Pontífice se baja del coche, atraviesa la calle y entra en una chabola donde vivía una familia con siete u ocho hijos, sin agua ni luz. Lo siguen el intérprete, el obispo local: el Papa quiere enterarse de cómo vive esta familia…. Esto sucedió de nuevo en Angola, en junio de 1992: encuentros espontáneos, fuera de protocolo. Enseguida se formaba una empatía: cuando sentías su mirada encima, no había resistencia posible: hablaba con la mirada, y te transmitía su estado de ánimo.

 ¿Y estando de vacaciones?

Era un contemplativo: en contacto con la naturaleza, se transfiguraba: Y escribía: de esos días surgían sus encíclicas, tantas cartas y libros. En realidad, en vacaciones trabajaba intensamente.

De los últimos dias de Juan Pablo II ¿Qué momentos desea recordar?

El Viernes Santo fue el Santo Padre el que pidió la cruz: la beso y se la acercó a la cabeza, al corazón, a la frente. Conseguía hablar, en tono muy bajo. Seis horas antes de su muerte, me llamo don Estanislao: el Papa quería saludarme por última vez. Me sonrió, con una mirada que no se le veía desde hacía mucho, y me dijo: “Arturo, gracias, gracias”. Esto nos hizo vivir su tránsito con serenidad. Aunque han pasado cinco años, no lo siento ausente. Voy a menudo a visitar su tumba. De verdad, lo siento muy cercano, como si siguiera a  mi lado.

 

viernes, 25 de junio de 2021

Miroslaw Mroz : No existe ecumenismo sin profundidad espiritual (2 de 2)

 


A la temática de la unidad de los cristianos está dedicada también gran parte de una precedente encíclica del Papa, publicada en 1985 en ocasión del 1100 aniversario de la obra evangelizadora de los santos Cirilo y Metodio, la Enciclica Slaworum Apostoli.   En ella Juan Pablo II ha subrayado la historia relación entre las misiones y la credibilidad de la predicación de la Iglesia, que está llamada a la vida en la unidad visible. La Iglesia no puede aceptar divisiones entre sus hijos pues esas, en el contexto de la obra evangelizadora, aparecen como motivo de escándalo ante el mundo. El Papa es consciente de que alcanzar la plena universalidad requiere la apertura del ánimo, la comprensión reciproca, la disponibilidad a colaborar en el ámbito del intercambio de los bienes culturales y espirituales.

 Ser cristiano – operador de la comunión en la Iglesia y en la sociedad – aparece una atarea superior a las fuerzas humanas y por este motivo Juan Pablo II no teme recordar que la unidad que significa encuentro en la verdad y en el amor es en primer lugar un don del Espíritu Santo. No sorprende, por tanto, la exhortación del Pontífice para que la Iglesia renueve en su interior el consentimiento y la fraternidad, supere incomprensiones y desconfianzas recíprocas y, encontrando la solución a los conflictos y a las dificultades en el reconocimiento común de la verdad, de al mundo un ejemplo de convivencia justa y pacífica, basada en el respeto reciproco y en la inviolable libertad (SA,30).

  Las tensiones que nacen entre la unidad de la fe de la Iglesia y las diversidades que nacen de la riqueza cultural de los modos de vivirla aparecen como un elemento constante e incluso enriquecedor. Como si percibiese del ejemplo de la misión de los santos Cirilo y Metodio el modo mejor para custodiar la unidad en lo que es esencial en la fe, es el amor por Cristo y por la Iglesia.  Es Cristo, en efecto, quien reúne a sus fieles y es El su Señor.

Juan Pablo II, consciente del deseo de los cristianos de unidad, no se cansaba de promover el nuevo modo de mirar el camino ecuménico y de leer atentamente los signos de los tiempos. El Papa, amaestrado por la historia de  la Iglesia, aun reconociendo y confesando la propia debilidad, se sentía llamado a la renovación evangélica y a la búsqueda de los nuevos caminos de unidad.  No ponía en duda que fuese el testimonio de los santos – y en modo particular de los mártires del s. XX, pertenecientes no solo a la Iglesia católica sino también a las otras comunidades eclesiales, a dar un ejemplo nuevo capaz de recortar y apresurar el camino de la unidad.   En este contexto el recuerdo de la Encarnación, celebrado en el gran jubileo de 2000, ha motivado al Papa a reclamar, escribiendo la Enciclica Ut unum sint, la atención de todos los creyentes en Cristo sobre la urgencia de superar los muros de las divisiones y de las desconfianzas y de dar testimonio definitivo de la unidad. Es la fuerza del Evangelio que llama a todos los discípulos de Cristo a reconocer los errores cometidos y a buscar las vías que pueden llevar a la unidad tan deseada. El Papa comprendía esta obra como imperativo de la conciencia iluminada por la fe y guidada por la caridad.

 Varias veces Juan Pablo II puso en guardia ante el falso ecumenismo. No se puede entender el movimiento ecuménico como “unificación a daño de la verdad” (US, 18) o como “Fáciles acuerdos” (US 36). Este “falso irenismo” (US 79)  constituiría una negación de los esfuerzos en el camino de la unidad y no el verdadero progreso.

El Papa era consciente de que “el ecumenismo de los expertos” tenía que encontrar su actuación en el “ecumenismo de la conversión” (US, 15). No existe el autentico ecumenismo sin la profundidad espiritual, sin  una ardiente oración, sin un sentir ecuménico común. El intenso dialogo teológico tiene que ser sostenido por un examen de conciencia profundo, que lleve a superar las incomprensiones, falass interpretaciones y prejuicios (US, 11). Cada una de las partes de este dialogo ha cedido a la tentación de caminar por cuent apropia, y por eso, la verdadera comunión  eclesial es posible solo a través de una radical conversión al Evangelio.

 Juan Pablo II observa estupendamente que en este largo y difícil proceso de la construcción de la unidad está implicado también el “ecumenismo de los santos”. La presencia universal de los santos constituye para Juan Pablo II  una prueba de que la futura comunión plena de todos los cristianos es posible. El Papa sugiere con fuerza que los cristianos están más unidos cuantos más santos son: a través de la presencia de los santos, los cristianos experimental la nostalgia de la unidad y se sienten atraídos recíprocamente. Juan Pablo II muestra el rostro espiritual del camino ecuménico que, no por medio de gestos espectaculares, sino por medio del re-descubrimiento de las sólidas y profundas bases, construye la unidad duradera de la Iglesia.

 

(Publicado en Totus Tuus, Nr 5 sept/oct 2009)

 

Miroslaw Mroz : No existe ecumenismo sin profundidad espiritual (1 de 2)

 


No solo atentos observadores del pontificado de Juan PabloII, sino, en práctica también todos aquellos que tuvieron la posibilidad de entrar en contacto con su magisterio, percibieron claramente el carácter prioritario que el mismo dio a la cuestión ecuménica. 

El programa ecuménico estaba muy presente en varios escritos y también en algunos actos del Santo Padre, pero en alguna manera se extendía a  todas sus actividades. Seria suficiente recordar el programa de preparación de la Iglesia al Gran Jubileo de 2000 para darse cuenta de la constancia y determinación de Juan Pablo II en guiar a la Iglesia pro el camino de la unidad de los cristianos.

La tensión hacia la unidad perdida constituyó, desde el inicio de su pontificado, una de las prioridades pastorales y encontró su expresión en la Encíclica dedicada al ecumenismo, Ut unum sint, 

publicada en 1995. Según la enseñanza del Concilio Vaticano II, la Iglesia católica ha emprendido de modo irrevocable el camino de la búsqueda de la unidad y Juan Pablo, participando en los trabajos del mismo, ha leído los signos de los tiempos y se ha comprometido fuertemente en un proceso para alcanzar las metas de los padres conciliares.  La encíclica Ut unum sint podría ser considerada seguramente un cualificado comentario pontificio al decreto conciliar sobre el ecumenismo Unitatis redintegratio (1964) 

Uno de los primeros viajes apostólicos, llevados a cabo ennoviembre de 1979, tuvo como meta la capital del cristianismo oriental, Constantinopla, donde el Pontífice, con palabras llenas de esperanza, hablaba de las intenciones de la Iglesia católica de reconstruir la plena comunión y de volver a encontrar la verdadera fraternidad entre todas las Iglesias y comunidades cristianas, que, por desgracia, permanecen aun divididas por discordias doctrinales. Al Patriarca Dimitriosk jefe de honor del mundo ortodoxo, a quien dirigía su discurso, el Papa hizo una pregunta dramática: “Es licito que permanezcamos aun divididos?” y esta pregunta se manifestaba como una garantía de la intensificación de los esfuerzos emprendidas en la via de la comunión.

 Considerada la grande implicación personal del Papa en la obra del ecumenismo, se comprende el carácter comprometido del mensaje de la Encíclica Ut unum sint dirigida a todos los cristianos, invitándolos fuertemente a dar todos los pasos posibles para cumplir el testamento de Cristo, que el evangelio de Juan nos ha transmitido que sean una sola cosa (Jn 17,21)  Es unidad, en efecto, no es una cualidad secundaria de la comunidad de los discípulos de Cristo, sino que constituye el elemento central de la obra de Cristo y pertenece a la esencia de la Iglesia (US,9)

 

(Publicado en Totus Tuus, Nr 5 sept/oct 2009)

viernes, 18 de junio de 2021

Destino universal de los bienes y propiedad privada – Doctrina social de la Iglesia

 


Ya que tanta polvareda han levantado las palabras del Papa Francisco me permito transcribir aquí una parte del Capítulo Cuarto  Los principios de la doctrina social de la Iglesia según el Compendio de la Doctrina social de la Iglesiadocumento elaborado  por el Pontificio Consejo Justicia y Paz, según el encargo del Santo Padre Juan Pablo II  “para exponer de manera sintética, pero exhaustiva, la enseñanza social de la Iglesia. “

 

b) Destino universal de los bienes y propiedad privada

176 Mediante el trabajo, el hombre, usando su inteligencia, logra dominar la tierra y hacerla su digna morada: « De este modo se apropia una parte de la tierra, la que se ha conquistado con su trabajo: he ahí el origen de la propiedad individual ».368 La propiedad privada y las otras formas de dominio privado de los bienes « aseguran a cada cual una zona absolutamente necesaria para la autonomía personal y familiar y deben ser considerados como ampliación de la libertad humana (...) al estimular el ejercicio de la tarea y de la responsabilidad, constituyen una de las condiciones de las libertades civiles ».369 La propiedad privada es un elemento esencial de una política económica auténticamente social y democrática y es garantía de un recto orden social. La doctrina social postula que la propiedad de los bienes sea accesible a todos por igual,370 de manera que todos se conviertan, al menos en cierta medida, en propietarios, y excluye el recurso a formas de « posesión indivisa para todos ».371

177 La tradición cristiana nunca ha aceptado el derecho a la propiedad privada como absoluto e intocable: « Al contrario, siempre lo ha entendido en el contexto más amplio del derecho común de todos a usar los bienes de la creación entera: el derecho a la propiedad privada como subordinada al derecho al uso común, al destino universal de los bienes ».372 El principio del destino universal de los bienes afirma, tanto el pleno y perenne señorío de Dios sobre toda realidad, como la exigencia de que los bienes de la creación permanezcan finalizados y destinados al desarrollo de todo el hombre y de la humanidad entera.373 Este principio no se opone al derecho de propiedad,374 sino que indica la necesidad de reglamentarlo. La propiedad privada, en efecto, cualquiera que sean las formas concretas de los regímenes y de las normas jurídicas a ella relativas, es, en
su esencia, sólo un instrumento para el respeto del principio del destino universal de los bienes, y por tanto, en último análisis, un medio y no un fin
.375

178 La enseñanza social de la Iglesia exhorta a reconocer la función social de cualquier forma de posesión privada,376 en clara referencia a las exigencias imprescindibles del bien común.377 El hombre « no debe tener las cosas exteriores que legítimamente posee como exclusivamente suyas, sino también como comunes, en el sentido de que no le aprovechen a él solamente, sino también a los demás ».378 El destino universal de los bienes comporta vínculos sobre su uso por parte de los legítimos propietarios. El individuo no puede obrar prescindiendo de los efectos del uso de los propios recursos, sino que debe actuar en modo que persiga, además de las ventajas personales y familiares, también el bien común. De ahí deriva el deber por parte de los propietarios de no tener inoperantes los bienes poseídos y de destinarlos a la actividad productiva, confiándolos incluso a quien tiene el deseo y la capacidad de hacerlos producir.

179 La actual fase histórica, poniendo a disposición de la sociedad bienes nuevos, del todo desconocidos hasta tiempos recientes, impone una relectura del principio del destino universal de los bienes de la tierra, haciéndose necesaria una extensión que comprenda también los frutos del reciente progreso económico y tecnológico. La propiedad de los nuevos bienes, fruto del conocimiento, de la técnica y del saber, resulta cada vez más decisiva, porque en ella « mucho más que en los recursos naturales, se funda la riqueza de las Naciones industrializadas ».379

Los nuevos conocimientos técnicos y científicos deben ponerse al servicio de las necesidades primarias del hombre, para que pueda aumentarse gradualmente el patrimonio común de la humanidad. La plena actuación del principio del destino universal de los bienes requiere, por tanto, acciones a nivel internacional e iniciativas programadas por parte de todos los países: « Hay que romper las barreras y los monopolios que dejan a tantos pueblos al margen del desarrollo, y asegurar a todos —individuos y Naciones— las condiciones básicas que permitan participar en dicho desarrollo ».380

180 Si bien en el proceso de desarrollo económico y social adquieren notable relieve formas de propiedad desconocidas en el pasado, no se pueden olvidar, sin embargo, las tradicionales. La propiedad individual no es la única forma legítima de posesión. Reviste particular importancia también la antigua forma de propiedad comunitaria que, presente también en los países económicamente avanzados, caracteriza de modo peculiar la estructura social de numerosos pueblos indígenas. Es una forma de propiedad que incide muy profundamente en la vida económica, cultural y política de aquellos pueblos, hasta el punto de constituir un elemento fundamental para su supervivencia y bienestar. La defensa y la valoración de la propiedad comunitaria no deben excluir, sin embargo, la conciencia de que también este tipo de propiedad está destinado a evolucionar. Si se actuase sólo para garantizar su conservación, se correría el riesgo de anclarla al pasado y, de este modo, ponerla en peligro.381

Sigue siendo vital, especialmente en los países en vías de desarrollo o que han salido de sistemas colectivistas o de colonización, la justa distribución de la tierra. En las zonas rurales, la posibilidad de acceder a la tierra mediante las oportunidades ofrecidas por los mercados de trabajo y de crédito, es condición necesaria para el acceso a los demás bienes y servicios; además de constituir un camino eficaz para la salvaguardia del ambiente, esta posibilidad representa un sistema de seguridad social realizable también en los países que tienen una estructura administrativa débil.382

181 De la propiedad deriva para el sujeto poseedor, sea éste un individuo o una comunidad, una serie de ventajas objetivas: mejores condiciones de vida, seguridad para el futuro, mayores oportunidades de elección. De la propiedad, por otro lado, puede proceder también una serie de promesas ilusorias y tentadoras. El hombre o la sociedad que llegan al punto de absolutizar el derecho de propiedad, terminan por experimentar la esclavitud más radical. Ninguna posesión, en efecto, puede ser considerada indiferente por el influjo que ejerce, tanto sobre los individuos, como sobre las instituciones; el poseedor que incautamente idolatra sus bienes (cf. Mt 6,24; 19,21-26; Lc 16,13) resulta, más que nunca, poseído y subyugado por ellos.383 Sólo reconociéndoles la dependencia de Dios creador y, consecuentemente, orientándolos al bien común, es posible conferir a los bienes materiales la función de instrumentos útiles para el crecimiento de los hombres y de los pueblos.

 

jueves, 17 de junio de 2021

Pequeño gran santo - San Leopoldo Mandic – “vino el Espíritu Santo y alumbró una grandeza nueva”

 



Toda la razón de mi vida debe ser este designio divino, es decir, que también yo, a mi manera, contribuya algo para que un día, según el orden de la divina Sabiduría , que todo lo dispone con fuerza y suavidad, los Disidentes orientales vuelvan a la unidad católica. Debo estar siempre dispuesto a trabajar. Nosotros hemos nacido para la fatiga y descansaremos en el paraíso. Estoy llamado a la salvación de mi gente, es decir, de los pueblos eslavos, y al mismo tiempo estoy llamado a la salvación de las almas especialmente en la administración del sacramento de la penitencia. (San Leopoldo Mandic)

El P. Leopoldo  (Adeodato Mandic)  nació en Castelnovo de Càttaro o Herceg-Novi (Croacia) el 12 de mayo de 1866, siendo el penúltimo de doce hijos. Todavía joven, se sintió llamado por Dios a trabajar por la unidad de los Ortodoxos a la Iglesia católica. Para ello, se trasladó a la región de Venecia y, a la edad de 16 años, ingresó en el noviciado capuchino de Udine (Italia), con la ilusión de ir más tarde a Oriente como misionero. Ordenado de sacerdote en 1890, pidió a los superiores permiso para marchar a misiones, pero nunca se lo concedieron, entre otras razones, por su frágil constitución física y su delicado estado de salud, así como un pequeño defecto de pronunciación que le hacía penosa la predicación. No obstante, supo buscar la realización de su ideal allá donde le enviaba la obediencia. Se dedicó a las diversas tareas que le encomendaron los superiores, hasta centrarse en el ministerio de la confesión.. Durante cuarenta años, y hasta la víspera de su muerte, estuvo siempre dispuesto a acoger, escuchar, consolar y reconciliar a innumerables penitentes en una pequeña habitación anexa al convento de los Capuchinos en Padua. Murió, a la edad de 76 años, el 30 de julio de 1942: mientras se preparaba para celebrar la misa, le dio un ataque cerebral que le causó poco después la muerte, mientras sus hermanos cantaban la Salve a la Virgen. Pablo VI lo beatificó el 2 de mayo de 1976, y Juan Pablo II lo canonizó el 16 de octubre de 1983, dentro del Año Santo de la Reconciliación y precisamente durante la VI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que tenía como tema central «La reconciliación y la penitencia en la misión de la Iglesia».

 (de la homilía de Juan Pablo II en la misa de canonización (16-X-1983)

Leopoldo Mandic, en sus días, fue siervo heroico de la reconciliación y la penitencia… precisamente sobre esta pobreza de una vida sin importancia exterior, vino el Espíritu Santo y alumbró una grandeza nueva, la de una fidelidad heroica a Cristo, al ideal franciscano y al servicio sacerdotal a los hermanos…San Leopoldo no dejó obras teológicas o literarias, no deslumbró por su cultura ni fundó obras sociales. Para cuantos lo conocieron, fue únicamente un pobre fraile, pequeño y enfermizo.  Su grandeza consistió en otra cosa, en inmolarse y entregarse día a día a lo largo de su vida sacerdotal, es decir, 52 años, en el silencio, intimidad y humildad de una celdilla-confesonario: «El buen pastor da la vida por las ovejas». Fray Leopoldo estaba siempre allí a disposición, y sonriente, prudente y modesto, confidente discreto y padre fiel de las almas, maestro respetuoso y consejero espiritual, comprensivo y paciente.

Si lo queremos definir con una palabra, como solían hacerlo en vida sus penitentes y hermanos, entonces es «el confesor»; sólo sabía «confesar». Y justamente en esto reside su grandeza. En saber desaparecer para ceder el puesto al verdadero Pastor de las almas. Solía definir su misión así: «Ocultemos todo, aun lo que puede parecer don de Dios; no sea que se manipule. ¡Sólo a Dios honor y gloria! Si posible fuera, deberíamos pasar por la tierra como sombra que no deja rastro de sí»

(….)

«El buen pastor da la vida por las ovejas». A los ojos humanos, la vida de nuestro Santo se asemeja a un árbol al que una mano invisible y cruel le hubiera cortado todas las ramas una tras otra. El padre Leopoldo fue un sacerdote imposibilitado para predicar por un defecto de pronunciación. Un sacerdote que ansiaba dedicarse a las misiones, y hasta el final esperó el día de partir, que no le llegó porque tenía una salud muy endeble. Un sacerdote de tan gran espíritu ecuménico que se ofreció con entrega diaria como víctima al Señor para que se restableciera la unidad plena entre la Iglesia latina y las orientales separadas aún, y volviera a haber «una sola grey bajo un solo pastor» (cf. Jn 10,16); pero vivió su vocación ecuménica en ocultación total. Entre lágrimas decía: «Seré misionero aquí, en la obediencia y en el ejercicio de mi ministerio». Y también: «Toda alma que reclame mi ministerio será entre tanto mi Oriente.»  

(….)

 Celebró el sacramento de la reconciliación y ejerció el ministerio como a la sombra de Cristo crucificado. Fijos los ojos en el crucifijo colgado en el reclinatorio del penitente. El protagonista era siempre el Crucificado. «Él es quien perdona, Él es quien absuelve». Él, el Pastor de la grey... San Leopoldo hundía su ministerio en la oración y contemplación. Fue un confesor de continua oración, un confesor que vivía habitualmente absorto en Dios, en atmósfera sobrenatural.

(…)

La Iglesia, al ponerse hoy ante los ojos la figura de su humilde servidor san Leopoldo, que fue guía para muchas almas, quiere señalarnos las manos que se levantan hacia lo alto en las luchas varias del hombre y del Pueblo de Dios, que se alzan en la oración y se levantan en el acto de la absolución de los pecados, absolución que llega siempre al amor que es Dios, el amor que se nos reveló una vez para siempre en Cristo crucificado y resucitado.

«Por Cristo os rogamos: Reconciliaos con Dios» (2 Cor 5,20).

 (Biografiacompleta de San Leopoldo Mandic)