(se
trata de un estudio extenso y profundo -28 paginas en pdf - sobre el
Sacramento de la Penitencia, basado en el Magisterio del Papa Juan Pablo II)
Introduccion
Todo
lo referente al sacramento de la penitencia constituye una verdadera prioridad
en el magisterio de Juan Pablo II y en sus preocupaciones pastorales. Ya desde
su primera encíclica presenta la Iglesia en estado de adviento, es decir, de prparación
para iniciar su tercer milenio mediante una cada vez más profunda
identificación con Cristo, sobre todo a través de los sacramentos de la
eucaristía y de la penitencia. «La Iglesia del nuevo adviento -dice-, la
Iglesia que se prepara continuamente a la nueva venida del Señor, debe ser la
Iglesia de la eucaristía y de la penitencia. Sólo bajo este aspecto espiritual
de su vitalidad y de su actividad es ésta la Iglesia de la misión divina, la
Iglesia in statu missionis, tal como nos la ha mostrado el Concilio Vaticano
11»
¡La Iglesia de la eucaristía y de la
penitencia! Ciertamente, no se trata de equiparar ambos sacramentos. Pero la
expresión es bien significativa del empeño que Juan Pablo II quiere poner en
revitalizar el sacramento del perdón.
El
magisterio de Juan Pablo II sobre la penitencia forma ya un denso cuerpo de
doctrina que la ilumina desde variadas perspectivas, a través de las cuales se
descubren exigencias serias en orden a la práctica cristiana, pero sobre todo
las inagotables riquezas que este sacramento produce en cada fiel y en la
entera comunidad de la Iglesia. Aquí no· es posible tomar en consideración la
totalidad de este magisterio. Por lo cual habré de limitarme a unos pocos
puntos seleccionados sin ninguna pretensión sistemática. Doy preferencia al
tema de la absolución colectiva, porque Juan Pablo II lo trata muy a menudo y
porque creo que lo exige también la situación pastoral en que vivimos.
La primera parte del artículo elabora sobre los siguientes títulos:
recomiendo, tal como sugiere el autor, analizar en detalle los puntos 5 y 6,
sobre los cuales no se habla mucho y se conoce muy poco.
El
contenido y sus títulos:
1
Conversión y sacramento de la penitencia
2
Confesión frecuente
3
Obligación de la confesión
4
Pecado mortal y pecado grave
5
La absolución colectiva
6
Fuera de circunstancias excepcionales, es válida la absolución colectiva?
La
Sagrada Penitenciaría
La
Congregación para la Doctrina de la Fe
El
ardo paenitentiae
Pablo
VI
Juan
Pablo II
Un
último principio de esclarecimiento
Conclusión
Cualquiera
que sea la solución dada al problema de la validez o nulidad de las
absoluciones colectivas impartidas fuera de circunstancias excepcionales, una
cosa es absolutamente clara, a saber, que tales absoluciones son, por parte de
quien las da, un pecado objetivamente grave o mortal. El criterio primario que
rige toda esta cuestión no es ampliar la concesión de absoluciones colectivas,
sino dejar a salvo el principio dogmático de la confesión individual e íntegra
en el sentido propuesto por el Concilio de Trento, al que se remiten todos los
documentos que tratan de la absolución colectiva. Esta absolución es siempre
una excepción y, por lo mismo, no puede ser erigida en norma.
En
el verano de 1938 se instalan con su padre en Cracovia, “su” ciudad, - en
una segunda y vital etapa de su vida - para que el joven Karol estudie
filología polaca en la Universidad Jaguellonica. Y en esta etapa no debemos olvidarnos
de aquel sastre místico Jan Tyranowskicuya
influencia fortaleció su vida espiritual.
Karol
se siente atraído por el estudio de la lengua misma, que lo llevaria a “horizontes
completamente nuevos, por no decir en el misterio mismo de la palabra” esa
palabra que “antes de ser pronunciada en el escenario, vive en la historia del
hombre como dimensión fundamental de su experiencia espiritual. En última
instancia, remite al insondable misterio de Dios mismo” (Don y Misterio).
“A
propósito de los estudios, deseo subrayar – agregaba - que mi elección de la
filología polaca estaba motivada por una clara predisposición hacia la
literatura. Sin embargo, ya durante el primer año, atrajo mi atención el
estudio de la lengua misma. Estudiábamos la gramática descriptiva del polaco
moderno y al mismo tiempo la evolución histórica de la lengua, con un
particular interés por el viejo tronco eslavo.”
Si
se puede hablar de una primera vocación, la de Karol Wojtyla fue la
palabra hablada, la palabra viva acompañada de la palabra escrita desde
la temprana época de Wadowice en primeros textos que nunca fueron publicados,
(Krzysztof Dybciak) pero que recuerdan sus compañeros. Prosiguió
escribiendo durante sus estudios en Cracovia; en 1939 completo un volumen
de poesía titulado El Libro Eslavo, sus primeros trabajos
literarios conocidos poseen fuerte tenor patriótico. “De su correspondencia con
Kotlarczyk extraemos su admiración por los poetas románticos polacos, la
filosofía de Cyprian Kamil Norwid, la poesía de Jan Kasprowicz, y el teatro de
Stanislaw Wyspianski. Su primer trabajo literario publicado fue Canción
sobre al Dios oculto que apareció en 1946. Los escritos de
Wojtyla muestran la búsqueda insistente de sintetizar los multiples tipos de
comunicación interhumana. A partir de 1956 los problemas
presentados en su poesía se amplían. Es la época de su La cantera, La
Iglesia”.
“Muchos
de sus sermones – agrega Dybciak en su epílogo a la edición bilingüe de poesías
publicada por Wydawnictvo Literackie - “han encontrado un lugar importante
dentro de la literatura polaca y quizás dentro de la historia polaca.”
Recordemos sus homilías de Nowa Huta, las homilías de Navidad, de Corpus
Christi, sus homilías en defensa de los derechos de los ciudadanos, por
la libertad, la dignidad del hombre (tema que luego sería el corazón de su
primera encíclica Redemptor Hominis. El estudio y el análisis de su
palabra escrita promete ser demandante y largo y si agregamos sus
clases en la Universidad Católica de Lublin que exigen cierta preparación.
(Invito leer Lafilosofía
personalista de Karol Wojtyla de Juan Manuel Burgos) nos
encontramos ante una lectura nada fácil, como nos anticipa Burgos.
“El
redescubrir la palabra a través de los estudios literarios y lingüísticos, me
acercaba al misterio de la Palabra, de esa Palabra a la cual nos referimos cada
día en la oración del Ángelus: ''La Palabra se hizo carne, y puso su Morada
entre nosotros'' (Jn 1, 14). Comprendí más tarde que los estudios
de filología polaca preparaban en mí el terreno para otro tipo de intereses y
de estudios. Predisponían mi ánimo para acercarme a la filosofía y a la
teología. “(Don
y Misterio)
Cito
aquí solo dos textos de su obra literaria, dos momentos de una misma llamada
(con toda una vida de por medio):
El
primero un “comienzo” El Magnificatescrito en primavera-verano de 1939. Un esbozo
de su devoción mariana, un canto de gloria, de gracias, de bendiciones de un
“servidor orante” “joven roca sobre el Tatra inclinada” ansioso que su
patria se transforme en una “abierta sementera” (la futura chispa de la Divina
Misericordia?)
El
segundo: un “legado” El triptico romano, escrito ya desde la sede de Pedro. “Un sorprendente poemario que a Karol Wojtyla se le ha escapado
del alma – ¡a sus 82 años y bajo la blanca túnica de Sumo Pontífice!”
El
primero la expresión de una vocación incipiente? que algunos llaman tardía ? No
lo sabremos pues el mismo Juan Pablo II al hablar de ella nos dice: “En
los comienzos….¡El misterio!¿Cuál es la historia de mi vocación
sacerdotal? La conoce sobre todo Dios.”
Al
elegir el lugar para celebrar sus primeras Misas no lo duda: la cripta de San
Leonardo en la catedral de Wawel porque “Quería destacar mi particular vínculo
espiritual con la historia de Polonia, de la cual la colina del Wawel
representa casi una síntesis emblemática.”
Pero
no sólo eso. Había, en esa elección, una especial dimensión teológica.
“Como
he dicho, fui ordenado el día anterior, en la Solemnidad de Todos los Santos,
cuando la Iglesia expresa litúrgicamente la verdad de la Comunión de los Santos
-Communio Sanctorum-. Los Santos son aquellos que, habiendo acogido en
la fe el misterio pascual de Cristo, esperan ahora la resurrección final.
También las personas, cuyos restos reposan en los sarcófagos de la
catedral del Wawel, esperan allí la resurrección. Toda la catedral parece
repetir las palabras del Símbolo de los Apóstoles: "Creo en la
resurrección de los muertos y en la vida eterna''. Esta verdad de fe ilumina la
historia de las Naciones. Aquellas personas son como "los grandes
espíritus" que guían la Nación a través de los siglos. No se encuentran
allí solamente soberanos junto con sus esposas, u obispos y cardenales; también
hay poetas, grandes maestros de la palabra, que han tenido una importancia
enorme para mi formación cristiana y patriótica.”
En
Piekary decía: “La fe es la Palabra de Dios Viviente hablada al hombre. Eso es
todo? No, es solo la fuente. La fe es la respuesta del hombre viviente dada al
Dios viviente; con la mente, con el corazón, con la vida entera. El
hombre viviente responde al Dios viviente en la fe….La Fe comienza en la
Palabra de Dios y se expresa en la palabra del hombre.” (Karol
Wojtyla en Piekary)
Hay
diversas maneras para analizar exhaustiva y profundamente la rica
herencia escrita y de vida de Karol Wojtyla/Juan Pablo II, pero en ningún
caso deberán omitirse los comienzos mismos en su natal
Wadowice. El mismo lo decía durante su visita de 1999 “aquí, en esta ciudad de Wadowice, comenzó
todo para mí: la vida, la escuela, los estudios, el teatro... y el sacerdocio.
Si le preguntáramos a Karol Wojtyla en qué preciso momento de su
vida la “palabra” se encontró con la “Palabra” quizás no pudiera respondernos
con exactitud y con una profunda mirada de asombro nos haría comprender que de
alguna manera para él siempre estuvieron íntimamente ligadas en la vida diaria,
en la oración…...
Y sin embargo, si insistiéramos en los detalles…. cuándo se había
producido ese especial “punto de fusión”, esa comunión - si
la hubo - seguramente nos invitaría recordar momentos lejanos, pero siempre
vivos, de su infancia en Wadowice, testigo de sus primeros pasos, sus primeras
palabras y «las primeras inclinaciones», su “seminario doméstico” sobre
la calle Koscielna, desde cuya ventana “veía la meridiana y
el lema: «El tiempo huye, la eternidad espera» sobre el muro lateral de la
iglesia parroquial, a un “salto” nomás de su ventana en la casa paterna;
a sus padres Emilia y Karol– especialmente a su padre – quien quedo a
cargo de los hijos después de la muerte de su madre y a su hermano si bien 14
años mayor que Karol; al profesor de religión, el padre Edward
Zacher; al capellán Figlewicz, maestro de catequesis,
confesor y más tarde su director espiritual. (a quien volvió a encontrar en
Cracovia), a sus compañeros de escuela (por quienes nos enteramos como
Karol de a momentos se escapaba para rezar de rodillas al ejemplo de su padre)
…. a la visita del cardenal Sapieha y a sus sabias y proféticas palabras….a
Mieczyslaw Kotlarczyk, creador del «teatro de la
palabra»”, ese profesor de literatura polaca que soñaba
con sacar adelante un teatro de la palabra interior, con quien Karol
compartió su pasión por el teatro en Wadowice y después en Cracovia. Un “teatro
diferente, más escuchado que visto como espectáculo, un teatro de la palabra”,
“limitando la escenografía al máximo y centrando su arte en la palabra”.
Uno tras otro fueron
momentos y personas que iban formando un inusual mosaico de múltiples facetas
que generaron en Karol su fascinación por la palabra, una palabra viva,
un espacio que el joven custodiaba celosa y respetuosamente, sin
tener conciencia quizás de la riqueza y la amplitud del
extraordinario don que poseía y que el gozaba enormemente.
Vivia aquella etapa de
su vida “cuando la vocación sacerdotal no estaba aún madura” , período en que
“estaba fascinado sobre todo por la literatura, en particular por la dramática,
y por el teatro”, el “teatro de la palabra viva”. (Don y Misterio),
palabra viva que había tomado forma en Wadowice. Ese mismo amor por el teatro
lo llevaría mas tarde a una encrucijada, también a algunas incomprensiones de
parte de sus compañeros quienes viendo las extraordinarias dotes de Karol-actor
no lograban comprender su decisión de optar por otro camino impregnado de la
Palabra.
Años más tarde el mismo
Juan Pablo II admite en Don y Misterio que “aquella
experiencia teatral ha quedado profundamente grabada en mi espíritu, a
pesar de que en un cierto momento de mi vida me di cuenta que, en realidad, no
era esa mi vocación”.
“El teatro para Wojtyla
no es una mera escenificación superficial de alguna historia sino es un lugar
privilegiado en el que la vida se vuelve palabra y la palabra se vuelve vida.”
(Guerra-Lopez)
Palabra viva que se fue
transformando en misterio...
(La audiencia del miércoles 19 de marzo
se desarrolló en dos fases: la primera en la basílica de San Pedro, donde el Papa
habló a los jóvenes, y la segunda en el Sala Pablo VI, donde pronunció su
catequesis)
«El
19 de marzo es la solemnidad de San José, el esposo de María Santísima, Madre
de Cristo (…).
La
meditación de hoy nos prepara a la oración, a fin de que, reconociendo las
grandes obras de Dios en aquel a quien confió sus misterios, busquemos en
nuestra vida personal el reflejo vivo de estas obras para cumplirlas con la
fidelidad, la humildad y la nobleza de corazón que fueron propias de San José.
“José,
hijo de David, no temas recibir a María tu esposa, pues lo concebido en ella es
obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús,
porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1, 20-21).Encontramos estas palabras en el capítulo
primero del Evangelio según Mateo. Ellas –sobre todo en la segunda parte– son
muy semejantes a las que escuchó Miriam, esto es, María, en el momento de la
Anunciación [..] La descripción de la Anunciación se encuentra en el
Evangelio según Lucas. Seguidamente Mateo hace notar de nuevo que, después de
las nupcias de María con José, “antes de que viviesen juntos, se halló haber
concebido María del Espíritu Santo” (Mt 1, 18). Así, pues, se realizó en
María el misterio que había tenido su comienzo en el momento de la Anunciación,
en el momento en que la Virgen respondió a las palabras de Gabriel: “He aquí la
esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38).
A
medida que el misterio de la maternidad de María se revelaba a la conciencia de
José, él, “siendo justo; no quiso denunciarla y resolvió repudiarla en secreto”
(Mt 1, 19). Así dice a continuación la descripción de Mateo. Y
precisamente entonces, José, esposo de María y ya su marido ante la ley, recibe
suanunciación personal.
Oye durante la noche las palabras que hemos citado antes, las palabras que son
explicación y al mismo tiempo invitación de parte de Dios: “No temas recibir a
María” (Mt 1, 20). Dios confía a José el misterio cuyo cumplimiento
habían esperado desde hacía muchas generaciones la estirpe de David y toda la
casa de Israel, y le confía, a la vez, todo aquello de lo que depende la
realización de este misterio en la historia del Pueblo de Dios. Desde el
momento en que estas palabras llegaron a su conciencia, José se convierte en el
hombre de la elección divina, el hombre de una particular confianza. Se define
su puesto en la historia de la salvación. José entra en este puesto con la
sencillez y humildad en las que se manifiesta la profundidad espiritual del
hombre.
(…). “Al
despertar José de su sueño –leemos en Mateo–, hizo como el ángel del Señor le
había mandado” (Mt 1, 24). En estas pocas palabras está todo. Toda la decisión
de la vida de José y la plena característica de su santidad. Hizo. José, al que
conocemos por el Evangelio, es hombre de acción. José es hombre de
trabajo. El Evangelio no ha conservado ninguna palabra suya; en cambio ha
descrito sus acciones: acciones sencillas, cotidianas, que tienen a la vez el
significado límpido para la realización de la promesa divina en la historia del
hombre; obras llenas de la profundidad espiritual y de la sencillez madura (…).
.
La
meditación sobre su vida y sus obras, tan profundamente ocultas en el misterio
de Cristo y, a la vez, tan sencillas y límpidas, ayude a todos a encontrar el
justo valor y la belleza de la vocación de la que cada una de las familias
humanas saca su fuerza espiritual y su santidad».
El
filósofo alemán Jürgen Habermas, uno de los pensadores europeos más influyentes
del siglo XX, falleció a los 96 años. Teórico de la acción comunicativa y la
democracia deliberativa, reflexionó sobre el papel del lenguaje y la
racionalidad en la vida pública. Su diálogo con el entonces cardenal Joseph
Ratzinger sobre la relación entre religión y modernidad fue célebre.
En
una época marcada por el conflicto, las divisiones culturales y la crisis de la
democracia, Jürgen Habermas —fallecido el 14 de marzo de 2026 en Starnberg,
cerca de Múnich, a los 96 años— dedicó su vida a defender una convicción
sencilla pero radical: la convivencia humana solo puede sostenerse mediante el
diálogo. Filósofo del lenguaje y de la democracia deliberativa, influyó en el
pensamiento europeo durante más de medio siglo. En los últimos años, su
trayectoria se cruzó con la del teólogo Joseph Ratzinger en uno de los debates
más importantes sobre la relación entre fe y razón en la sociedad
contemporánea.
Nacido
en Düsseldorf en 1929, Habermas fue uno de los más grandes filósofos,
sociólogos y politólogos del siglo XX, discípulo de Adorno y Horkheimer,
exponente de la Escuela de Frankfurt y autor de la famosa teoría de la
"acción comunicativa", que influyó en el debate filosófico, político
y jurídico europeo durante décadas.
Desde muy joven,
Habermas mostró interés por el lenguaje. Esto no se debía únicamente a sus
aspiraciones intelectuales: una fisura palatina, que padeció de niño, le
dificultaba hablar. El lenguaje se convirtió así también en una herramienta de
redención personal y una afirmación de la dignidad de la comunicación humana.
Tras estudiar en Bonn, Gotinga y Zúrich, se graduó en 1954 con
una tesis sobre Schelling y comenzó a colaborar con la Escuela de Frankfurt,
trabajando como asistente de Adorno. Profesor en Heidelberg y Frankfurt, y
posteriormente director del Instituto Max Planck en Starnberg, fue una de las
figuras centrales de la filosofía alemana entre las décadas de 1960 y 1990.
Miembro de la segunda generación de la Escuela de Frankfurt, renovó su enfoque
marxista, transformándolo en una teoría de la racionalidad y la comunicación
orientada hacia la democracia deliberativa.
Su obra más
conocida, La teoría de la acción comunicativa, propone que la racionalidad
surge no de la imposición ni del poder, sino del diálogo entre interlocutores
libres e iguales. De ahí proviene su «ética del discurso»: una norma es justa
si puede ser aceptada por todos los implicados mediante un intercambio libre.
Por lo tanto, el fundamento de la convivencia civil no reside en la tradición
ni en la revelación, sino en el consenso argumentado racionalmente.
Este proyecto representa uno de los intentos más ambiciosos de
la filosofía contemporánea por dotar a la modernidad de un fundamento normativo
tras la crisis de la metafísica tradicional. Sin embargo, es precisamente aquí
donde surgen algunas de sus limitaciones. La confianza en el proceso racional
del diálogo se muestra hoy más frágil ante las tensiones del siglo XXI:
guerras, el resurgimiento del nacionalismo, fracturas culturales y religiosas,
pero también los desafíos que plantean la biotecnología y la inteligencia artificial.
La racionalidad comunicativa parece capaz de regular los conflictos, pero no
siempre de generar las profundas motivaciones morales que las sociedades
requieren.
Su imagen pública también ha sido controvertida. En ocasiones,
Habermas apoyó intervenciones militares occidentales justificadas en nombre de
los derechos humanos, como el bombardeo de Serbia por la OTAN en 1999 o algunas
intervenciones militares occidentales después del 11-S, lo que le valió
críticas de quienes veían tales posturas como un conflicto con su ideal de
diálogo racional.
Diálogo
con Ratzinger sobre fe, razón y secularización.
A pesar de su formación laica y aconfesional, en las últimas
décadas Habermas ha dedicado considerable atención a la relación entre fe y
razón. Su diálogo con Joseph Ratzinger es emblemático. El 19 de enero de 2004,
el cardenal —entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y
futuro papa Benedicto XVI— se reunió con él en la Academia Católica de Baviera
para un debate público que posteriormente se recopiló en el libro Dialéctica de
la secularización: Sobre la razón y la religión.
En el centro del debate se encontraba una cuestión crucial:
¿puede la democracia moderna ignorar por completo la religión, o se apoya en
sus recursos morales? Habermas y Ratzinger coincidieron en un punto: la fe no
es meramente un residuo privado, sino que puede generar motivaciones éticas y
un sentido de los límites. Sin embargo, diferían en sus premisas. El filósofo
partía del Estado constitucional democrático y del principio de la
justificación racional de las normas; el teólogo, de la revelación cristiana,
en la que la razón se considera luz divina y la fe, su guía.
El diálogo reveló puntos en común. Ambos rechazaron el
relativismo moral absoluto y el fundamentalismo religioso. Asimismo,
enfatizaron la necesidad de una «purificación mutua»: la fe debe aceptar la
crítica racional para evitar desviaciones ideológicas, mientras que la razón
debe reconocer que no todo puede reducirse a la tecnología o la lógica
instrumental. Por lo tanto, la religión puede desempeñar un papel público,
siempre que sea capaz de traducir su contenido a un lenguaje comprensible para
todos los ciudadanos.
Desde esta perspectiva surge la idea de una sociedad
"postsecular": una realidad que no regresa a una Europa confesional,
sino que reconoce que la religión continúa ofreciendo símbolos, narrativas y
motivaciones morales que la racionalidad secular por sí sola se esfuerza por
producir.
Las reflexiones de ambos pensadores se centraron principalmente
en el futuro de Europa. Habermas y Ratzinger coincidieron en defender la
democracia liberal, pero criticaron su potencial deriva tecnocrática y la
reducción de la sociedad a un mercado de intereses. En este contexto, la fe,
sin reivindicar privilegios políticos, puede contribuir a devolver la sustancia
ética a la vida pública, haciendo hincapié en el valor del individuo, los
derechos fundamentales y la justicia social.
Ante las crisis democráticas actuales, el auge del populismo y
las tensiones culturales, su diálogo sigue siendo sorprendentemente relevante
hoy en día. La «postsecularidad» que vislumbraron Habermas y Ratzinger exige
una cultura política más madura: capaz de distinguir entre secularismo y
nihilismo, entre identidad abierta y cierre ideológico, entre una fe que
dialoga y una religión que reclama poder.
La muerte de Habermas marca, pues, el fin de una gran era del
pensamiento europeo. Pero el diálogo que inició con Ratzinger sigue siendo un
punto de referencia para quienes conciben Europa no solo como un mercado o una
institución administrativa, sino como un proyecto cultural y moral fundado en
el diálogo entre la razón, el pluralismo y la responsabilidad histórica.
(...) Es el
misterio de la universalidad de la salvación y al mismo tiempo de su vínculo
necesario con la mediación histórica de Jesucristo, precedida por la del pueblo
de Israel y prolongada por la de la Iglesia. Dios es amor y quiere que todos
los hombres participen de su vida; para realizar este designio él, que es uno y
trino, crea en el mundo un misterio de comunión humano y divino, histórico y
trascendente: lo crea con el «método» —por decirlo así— de la alianza,
vinculándose con amor fiel e interminable a los hombres, formando un pueblo
santo que se convierta en una bendición para todas las familias de la tierra
(cf. Gn 12, 3). Se revela así
como el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob (cf. Ex 3,
6), que quiere llevar a su pueblo a la «tierra» de la libertad y de la paz.
Esta «tierra» no es de este mundo; todo el designio divino sobrepasa a la
historia, pero el Señor lo quiere construir con los hombres, por los hombres y
en los hombres, a partir de las coordenadas de espacio y tiempo en las que
ellos viven y que él mismo ha dado.
De dichas
coordenadas forma parte, con su especificidad, lo que nosotros llamamos
«Oriente Medio». Dios también ve esta región del mundo desde una perspectiva
distinta, podríamos decir «desde lo alto»: es la tierra de Abraham, de Isaac y
de Jacob; la tierra del éxodo y del regreso del exilio; la tierra del templo y
de los profetas; la tierra en la que el Hijo Unigénito nació de María, donde
vivió, murió y resucitó; la cuna de la Iglesia, constituida para llevar el
Evangelio de Cristo hasta los confines del mundo. Y también nosotros, como
creyentes, miramos a Oriente Medio con esta mirada, desde el punto de vista de
la historia de la salvación. Es la perspectiva interior que me ha guiado en los
viajes apostólicos a Turquía, Tierra Santa —Jordania,
Israel, Palestina— y Chipre, donde he podido
conocer de cerca las alegrías y las preocupaciones de las comunidades
cristianas. Por eso también he acogido de buen grado la propuesta de los
patriarcas y obispos de convocar una Asamblea sinodal para reflexionar juntos,
a la luz de las Sagradas Escrituras y de la Tradición de la Iglesia, sobre el
presente y el futuro de los fieles y las poblaciones de Oriente Medio.
Mirar esa parte
del mundo desde la perspectiva de Dios significa reconocer en ella la «cuna» de
un designio universal de salvación en el amor, un misterio de comunión que se
cumple en la libertad y, por tanto, pide a los hombres una respuesta. Abraham,
los profetas, la Virgen María son los protagonistas de esta respuesta, que
tiene su último cumplimiento en Jesucristo, hijo de esa misma tierra, pero que
bajó del cielo. De él, de su corazón y de su Espíritu, nació la Iglesia, que es
peregrina en este mundo, pero que le pertenece. La Iglesia está constituida
para ser, en medio de los hombres, signo e instrumento del único y universal
proyecto salvífico de Dios; cumple esta misión sencillamente siendo ella misma,
es decir, «comunión y testimonio», como reza el tema de la Asamblea sinodal que
se abre hoy, y que hace referencia a la célebre definición que da san Lucas de
la primera comunidad cristiana: «La multitud de los creyentes no tenía sino un
solo corazón y una sola alma» (Hch 4,
32). Sin comunión no puede haber testimonio: el gran testimonio es precisamente
la vida de comunión. Lo dijo claramente Jesús: «En esto conocerán todos que
sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros» (Jn 13, 35). Esta comunión es la vida misma
de Dios que se comunica en el Espíritu Santo, mediante Jesucristo. Es, por
tanto, un don, no algo que ante todo tenemos que construir con nuestras
fuerzas. Y es precisamente por esto por lo que interpela nuestra libertad y
espera nuestra respuesta: la comunión nos pide siempre la conversión, como don
que debe ser acogido y cumplido cada vez mejor. Los primeros cristianos, en
Jerusalén, eran pocos. Nadie habría podido imaginarse lo que ocurrió después. Y
la Iglesia vive siempre de esa misma fuerza que la hizo ponerse en marcha y
crecer. Pentecostés es el acontecimiento originario, pero también es un
dinamismo permanente, y el Sínodo de los obispos es un momento privilegiado en
el que se puede renovar en el camino de la Iglesia la gracia de Pentecostés, a
fin de que la Buena Nueva sea anunciada con franqueza y pueda ser acogida por
todas las gentes.
Líbano
(12 y final) Entrevista exclusiva para este blog - Cristianos y musulmanes en
un mismo mundo- reposteo deuna entrevista realizada en septiembre 2012
-o-
Entrevista exclusiva para este blog - Cristianos y musulmanes en
un mismo mundo
Ha sido para mí un privilegio poder entrevistar electrónicamente a
Abdallah, un católico libanés que vive en Beirut, que gentilmente respondió a
mis preguntas. Conociendo tan poco de nuestros hermanos orientales, sus
vidas y sus luchas, creí oportuno plantear algunas preguntas básicas
acerca de su patria, de la sociedad libanesa y la visita del Santo Padre
Benedicto XVI. Agradezco de corazón a Abdallah, que me escribe que fue
emocionante poder participar de la Misa del Papa y sentirse bendecido al verlo pasar
tan cerquita de él. Mil gracias Abdallah y que Dios te bendiga a ti, a tu
familia y a tu patria.
Introducción
La historia de la República
del Líbano es antiquísima (7000 AC?) una historia multicultural,
con un país que comenzó a crecer con la llegada de los fenicios 2000 años AC.
El Líbano es un país relativamente pequeño (algo menos de 4 millones de
habitantes) con características significativas en cuanto a educación (bajo
analfabetismo) y una participación decididamente activa en organizaciones
internacionales.
Entrevista
Mi pregunta:La independencia del Líbano fue reconocida oficialmente en 1943 y
los franceses se retiraron del país en 1946. Pasados unos pocos años ya
debieron ustedes enfrentar una guerra civil en 1958. Las causas de este
conflicto fueron internas o externas?
Abdallah: El origen de este conflicto (y similarmente el de 1975/1990)
fue tanto interno como externo. La comunidad musulmana y la cristiana del
Libano a menudo sienten que tanto su lealtad como sus orígenes, van mucho más
allá de las fronteras del país. Para los musulmanes las políticas intereses e
influencias de los países árabes en la península árabe, norte de Africa y
el mundo árabe en general, como así también en Irán son prioritarios.
Además la causa palestina constituye para ellos un tema crucial y
fundamental. Para los cristianos que pueden sentirse aislados religiosa y
culturalmente en una región mayoritariamente musulmana, consideran
sus lazos al mundo occidental como una suerte de salvavidas que los conecta al
mundo más afin a sus creencias y costumbres. Estas quebraduras entre
ambas comunidades a menudo derivan en diferencias políticas internas y producen
conflictos internos como la crisis de 1958 y la guerra civil libanesa que
estalló en 1975.
En el dia a dia como acepta y vive el multiculturalismo la
sociedad libanesa en general? (lenguas, grupos étnicos y religiosos diversos)
Conviven pacíficamente cristianos y musulmanes? Y en cuanto a palestinos
e israelíes?
Es una pregunta un tanto difícil de responder, pues
históricamente el Líbano en realidad no ha demostrado ser capaz de
poner el multiculturalismo en práctica. No obstante, en el día a día la
sociedad multicultural del Líbano es el corazón palpitante de la nación.
Todo indica que de hecho son muchas las lenguas, religiones y orígenes
étnicos aceptados y practicados en el territorio de un país pequeño.
El sistema político libanes mismo es comouna
faceta de esta sociedad multicultural - alguien podría objetar que esto
es más bien un obstáculo. Pero en la historia del país los
peligros al acecho, amenazas y a menudo crisis aparentes surgen de esta
dificultad de imponer un enfoque multicultural en una sociedad dividida
en múltiples niveles. Las comunidades musulmanas y cristianas, como
asimismo la población palestina del Líbano han coexistido pacíficamente desde
el fin de la guerra civil en 1990, pero tal como ya mencionara, las divisiones
son profundas y serias y cualquier crisis mayor podría afectar el delicado
equilibrio de la sociedad libanesa. Además el hecho de que a veces
las relaciones entre comunidades tanto a nivel individual como
comunitario son limitadas no facilita las cosas.
La diáspora libanesa, como toda otra diáspora, fue una dura prueba
para el Líbano. Como respondió la sociedad en general a esta nueva
composición del país, con tantos libaneses emigrados y nuevos inmigrados
de países vecinos?
El Líbano está acostumbrado a olas de emigración que han plagado
el país en todo momento crítico de la historia. Durante la primera guerra
mundial una gran cantidad de ciudadanos buscaron refugio en las Américas,
Europa y Australia. Lo mismo ocurrió durante los 70 y los 80 del siglo
pasado. Estos movimientos afectaron enormemente la composición
demográfica del país causando temor particularmente entre los cristianos que
sienten que van disminuyendo demográficamente, y consecuentemente la balanza
política se va inclinando a favor de los musulmanes.
Tu también habías emigrado y luego decidido regresar. Podemos
preguntarte por la razón de tu vuelta?
Yo partí del Líbano hacia Gran Bretaña y viví allí casi 5 años
antes de decidirme a regresar a comienzos de este año. Yo sabía entonces
que mi estadía en Gran Bretaña seria temporaria porque mis padres viven en el
Líbano y que en algún momento me necesitarían tener a su lado. Mi esposa es
británica y una de las razones de haber dejado el Líbano era para comprender y
vivenciar la cultura y el origen de mi esposa.
El Líbano es un país con comunidades católicas de diferentes
denominaciones. De alguna manera todos están unidos? Cuáles son las
diferencias? Todas unidas a Roma? La Iglesia católica organiza reuniones
ecuménicas con ogros grupos cristianos? Y con los musulmanes?
Lo que une a las comunidades católicas de diferentes
denominaciones en el Líbano es justamente Roma misma. Roma es referencia y
fuente. Las diferencias son mayormente litúrgicas y también tradicionales
referidas a los orígenes de la iglesia cristiana oriental de estas
denominaciones. Pero estas diferencias son mínimas comparadas con la
importancia que estamos todos unidos a la Iglesia Universal. Hay muchas
actividades ecuménicas en el Líbano, pero yo diría que no son significativas y
están menos dirigidas hacia las relaciones cristiano-musulmanas comparadas con
las relaciones entre cristianos especialmente entre católicos y
cristianos ortodoxos.
El Papa Benedicto visito el Líbano en momentos muy delicados y su
llamado a la paz ha sido uno de sus mensajes más fuertes. Crees que este
sincero deseo de paz y reconciliación puede llegar a algún tipo de compromiso
en la región en un futuro cercano?
Es difícil de predecir. Pero el Papa ha propuesto el mensaje fiel
al papel de la Iglesia como “la luz del mundo” y depende de cada
comunidad y país poner en práctica su llamado a la paz y la
reconciliación.
Como fue recibido el Santo Padre por la sociedad libanesa en
general, cristianos y musulmanes?
El Líbano le dio una bienvenida cordial y muy respetuosa al Papa
Benedicto XVI. Tanto líderes cristianos como musulmanes lo recibieron como un
mensajero de paz para toda la región. El Papa también se entrevistó con líderes
religiosos musulmanes durante su visita. Uno de ellos entrego al Papa una carta
en la cual expresaba que los musulmanes del Líbano apoyan ese llamado del Papa
por una convivencia pacífica en el Líbano y en la región.
Como vivieron los católicos y el resto de la sociedad esta visita?
Compartirías con nosotros alguna anécdota especial?
Creo que un aspecto muy importante de la visita del papa fue el
entusiasmo de tantos hombres y mujeres jóvenes que expresaron su amor y
aprecio al Santo Padre durante la ceremonia de los jóvenes el Sábado por la
noche y en la Misa al aire libre del Domingo. Fue muy emocionante ver
participar de la ceremonia a cristianos de Irak, Siria y Jordania.
Las fotos y eslogans de bienvenida al Papa adornaron las calles de
la capital Beirut y alrededores durante semanas reflejando una ansiosa espera,
entusiasmo y calidez.
Tus reflexiones finales acerca de esta visita apostólica del Papa
Benedicto XVI?
Como católico considero esta visita como un don de Dios y como un
signo que la Iglesia Universal es una madre que cuida a todos sus hijos
dondequiera que estén en el mundo. Tuve la gracia de poder participar de
la Misa Papal el domingo. No puedo menos que orar para que todos los
cristianos de medio Oriente se sientan alentados e iluminados por la
Exhortación Apostólica para el Medio Oriente firmada por el Papa Benedicto XVI
en el Líbano y por cada palabra que pronunció durante su visita.
Abdallah nuevamente sinceras gracias por tomarte el tiempo para
esta entrevista. Es para mí un verdadero privilegio tener un amigo allí en el
corazón mismo del Libano.
(Al poco tiempo perdimos contacto con Abdallah y no hemos logrado volver a contactarnos)