Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

martes, 5 de mayo de 2026

María, Reina del Santo Rosario

 


En su audiencia general del 16 deoctubre de 2002  el Papa Juan Pablo II recordaba “su reciente” (y ultimo) viaje a Polonia y las palabras con las cuales se había dirigido a la Virgen Maria en su Homilia en el querido Santuario de Kalwaria Zebrzydowska, la Jerusalén polaca.

 "Madre santísima, (...) obtén también para mí las fuerzas del cuerpo y del espíritu, para que pueda cumplir hasta el fin la misión que me ha encomendado el Resucitado. En ti pongo todos los frutos de mi vida y de mi ministerio; a ti encomiendo el destino de la Iglesia; (...) en ti confío y te declaro una vez más:  Totus tuus, Maria! Totus tuus! Amén"  y volvia a repetirlas “dando gracias a Dios por los veinticuatro años de mi servicio a la Iglesia en la sede de Pedro. En este particular día, pongo de nuevo en manos de la Madre de Dios la vida de la Iglesia así como la vida, tan agitada, de la humanidad. A ella le encomiendo también mi futuro. Lo pongo todo en sus manos, a fin de que con amor de madre lo presente a su Hijo, "para alabanza de su gloria" (Ef 1, 12)” para proseguir reiterando:  “El centro de nuestra fe es Cristo, Redentor del hombre. María no lo eclipsa, ni eclipsa su obra salvífica. La Virgen, elevada al cielo en cuerpo y alma, la primera que gustó los frutos de la pasión y la resurrección de su Hijo, es quien nos conduce del modo más seguro a Cristo, el fin último de nuestro obrar y de toda nuestra existencia. Por eso, al dirigir a la Iglesia entera, en la carta apostólica Novo millennio ineunte la exhortación de Cristo a "remar mar adentro", añadí que "en este camino nos acompaña la santísima Virgen, a la que (...) junto con muchos obispos (...) consagré el tercer milenio" (n. 58). E, invitando a los creyentes a contemplar sin cesar el rostro de Cristo, expresé mi vivo deseo de que María, su Madre, sea para todos maestra de esa contemplación.”

Luego anunciaba la próxima Cartaapostolica  Rosarium Virginis Mariae. Sobre el Santo Rosario  y proclamaba el “Año del Rosario 2002 2003. Era el vigésimo quinto anivrsario de su  pontificado y se celebraba el  120° aniversario de la encíclica  Supremi apostolatus officio,  del Papa Leon XIII quien “comenzó la publicación de una serie de documentos dedicados precisamente al Rosario.”  Y agregaba

 “Hay, asimismo, otra razón:  en la historia de los grandes jubileos existía la buena costumbre de que, después del Año jubilar dedicado a Cristo y a la obra de la Redención, se convocaba uno en honor de María, para implorar de ella la ayuda con el fin de hacer que fructificaran las gracias recibidas.”

 Para la exigente, pero extraordinariamente rica, tarea de contemplar el rostro de Cristo juntamente con María, ¿hay un instrumento mejor que la oración del Rosario? Con todo, debemos redescubrir la profundidad mística que entraña esta oración sencilla, tan querida para la tradición popular. En efecto, esta plegaria mariana en su estructura es sobre todo meditación de los misterios de la vida y de la obra de Cristo. Al repetir la invocación del "Ave María", podemos profundizar en los acontecimientos esenciales de la misión del Hijo de Dios en la tierra, que nos han transmitido el Evangelio y la Tradición. Para que esa síntesis del Evangelio sea más completa y ofrezca mayor inspiración, en la carta apostólica Rosarium Virginis Mariae he propuesto añadir otros cinco misterios a los actualmente contemplados en el Rosario, y los he llamado "misterios de la luz". Comprenden la vida publica del Salvador, desde el bautismo en el Jordán hasta el inicio de la Pasión. Esta sugerencia tiene como finalidad ampliar el horizonte del Rosario, para que quien lo reza con devoción y no mecánicamente pueda penetrar aún más a fondo en el contenido de la buena nueva y conformar cada vez más su vida a la de Cristo.”

 

sábado, 2 de mayo de 2026

Recordando los días de la beatificación de Juan Pablo II 2 de mayo 2011 Misa de Acción de gracias


Reposteo de mi Diario de viaje (4ª) 2 de mayo 2011

Se  están cumpliendo 15 años desde aquellos magníficos y dichosos días. Hay tanta información en este blog que es difícil enlazar todo, pero la mayor parte esta aquí 

y aquí. 

Hoy recordamos la Misa de Acción de gracias. Seria el broche de oro de las celebraciones, ya solo faltaría el encuentro de blogueros por la tarde 

Mis recuerdos, tal como fue publicado entonces

:El Lunes 2/5 día de la Santa Misa de Acción de gracias por la beatificación de Juan Pablo II quedamos que no iríamos tan temprano. Hicimos bien porque no había tanta gente. El movimiento era ya mas normal, comenzaba la semana y muchos europeos se habian ido.



Unos quince minutos antes de comenzar la misa divise cerca mío una bandera española, una francesa y las demás eran todas polacas, mas tarde también una uruguaya y una eslovaca. La ceremonia comenzaba con poesías de Karol Wojtyla leídas en polaco y en italiano, pero los micrófonos no funcionaban bien y se hacia difícil escuchar. No pudimos conseguir el librito de la ceremonia, que tampoco esta en el sitio de la Santa Sede. En general la organización no era como la del domingo, tampoco para la distribución de la comunión. No se, me pareció que algo no funciono ;)

Estaba nublado y hacia frio. Amenazaba llover. Si bien había muchas banderas polacas creo que otras tantas ya habrían partido para celebrar la fiesta en su patria, pues el 3 de mayo es el Día de la Constitución polaca pero también el día de la Reina de Polonia, Nuestra Señora de Jasna Gora.

Asi lo recordaba el Beato Juan Pablo II en sus palabras ante la Gruta de Lourdes de los jardines vaticanos el Domingo 3 de mayo de 1981:

“La jornada de hoy nos trae el recuerdo del importante hecho histórico acaecido en el siglo XVIII, que pareció señalar los comienzos de una vida nueva; y así fue, si bien nos vimos privados luego de esta vida durante cien años. En efecto, estamos recordando la Constitución del 3 de mayo; es ésta la razón de la celebración histórica de hoy. En todas las vicisitudes históricas, acontecimientos grandiosos y momentos difíciles, la Madre de Cristo crucificado y resucitado sigue estando en Jasna Góra cual signo de nuestra esperanza, cual signo de la resurrección espiritual a que está llamado el hombre en el misterio de la resurrección de Cristo, y a la que están llamadas la sociedad y las naciones.” Lo decía en momentos muy difíciles para Polonia, ya en medio de grandes conflictos y huelgas reafirmando que “nuestra esperanza es la renovación, la reconstrucción de la nación a partir de sus fundamentos espirituales y morales, hasta abarcar también lo que forma la totalidad de su existencia temporal.”

La Misa de Acción de gracias fue celebrada por el Cardenal Tarcizio Bertone, que entre otros, decía en su homilía refiriéndose al Beato Juan Pablo II:
“Su vida era una oración continua, constante, una oración que abrazaba con amor a cada uno de los habitantes de nuestro planeta, creado a la imagen y semejanza de Dios, y por esto digno de todo respeto; redimido con la muerte y resurrección de Cristo, y por eso transformado verdaderamente en gloria viva de Dios («Gloria Dei vivens homo», san Ireneo). Gracias a la fe, que expresaba sobre todo en su oración, Juan Pablo II era un auténtico defensor de la dignidad de todo ser humano y no un mero luchador por ideologías político-sociales. Para él, toda mujer, todo hombre, era una hija, un hijo de Dios, independientemente de la raza, del color de la piel, de la proveniencia geográfica y cultural, e incluso del credo religioso. Su relación con cada persona se sintetiza en la estupenda frase que él escribió: «El otro me pertenece».”

  

 

 


viernes, 1 de mayo de 2026

San Jose trabajador

 

 (fotografia de esta pagina)

Además de ser el padre adoptivo de Jesús y el esposo de María, - como enseñan los Evangelios - san José era herrero, artesano y carpintero. Con su vida de honesto trabajador, san José ennoblece el trabajo manual con el que mantiene a su Santa Familia y participa en el proyecto de salvación.

José, el "Justo"

En el lenguaje bíblico de las Escrituras, se usa el apelativo de "Justo" (Mt 1,19) para denominar a todo aquel que ama y respeta la Ley como una expresión de la voluntad de Dios. José lo hace. Descendiente de la Casa de David, es un hombre no anciano que está comprometido con María. (Mt 1,18) Y, como su esposa dijo "sí" a un ángel, (Lc 1,38) también él dirá su "sí" a otro ángel que lo visitará en un sueño para tranquilizarlo sobre el origen del embarazo de María, como fruto del Espíritu Santo. (Mt 1,20) Su característica es la discreciòn y el silencio que lo hacen evitar protagonismos. Cuando Jesús comienza su vida pública, en las bodas de Caná, (Jn 2 1-12) los Evangelios ya no lo mencionan: probablemente murió, pero no sabemos ni cuándo ni dónde. Mucho menos se sabe donde habría sido sepultado.

 

El trabajo: participación en el plan divino

Del mismo modo que los padres enseñan su oficio a sus hijos, tambièn José lo hizo con Jesús. Por eso, a Jesús se le llama a menudo en los Evangelios "el hijo del carpintero". (Mt 13,55) Más que ningún otro, San José representa la dignidad del trabajo humano, que es el deber y la perfección del hombre, que ejerce su dominio sobre la Creación, prolonga la obra del Creador, ofrece su servicio a la comunidad y contribuye al plan de salvación. José ama su trabajo. Como hombre de fe, supera el cansancio y lo eleva a la práctica de la virtud; como no aspira a la riqueza y no envidia a los ricos, siempre conserva la paz: el trabajo para él no es un medio de satisfacer la ambición, sino sólo un medio de sustento para su familia. En fin, como se prescribe a los judíos, el sábado observa el descanso semanal y participa en las celebraciones (religiosas). (Lc 2,22-28; 41-50).


La fiesta de San José Obrero

Fue establecida oficialmente por Pío XII el Primero de mayo de 1955 para ayudar a los trabajadores a no perder el sentido cristiano del trabajo. Precedentemente, (el 8 de diciembre de 1870), Pío IX ya había reconocido de alguna manera la importancia de San José como trabajador cuando lo proclamó Patrono de la Iglesia universal. (Hace justamente 150 años). El principio del trabajo como medio de salvación eterna fue también retomado por Juan Pablo II en su Encíclica Laborem Exercens, en la que lo llamó "el Evangelio del trabajo". Se dice que incluso el Cardenal Roncalli - el futuro Juan XXIII - elegido como sucesor de san Pedro, motivado por su devoción al padre adoptivo de Jesús, habría pensado en llamarse José. Finalmente, también muchos otros santos, fueron grandes devotos de San José, como Santa Teresa de Ávila.

 

Texto completo de Vatican News


 

Laborem exercens – la Encíclica sobre el trabajo de Juan Pablo II

 


El 14 de septiembre de 1981, en el 90 aniversario de la Carta Encíclica Rerum Novarum (sobre la situación de los obreros) el Santo Padre Juan Pablo II regalaba al mundo del trabajo humano la suya Laborem exercens.

El mismo explica en el punto 1 de la Encíclica que “Habiéndose cumplido, el 15 de mayo del año en curso, noventa años desde la publicación —por obra de León XIII, el gran Pontífice de la «cuestión social»— de aquella Encíclica de decisiva importancia, que comienza con las palabras Rerum Novarum, deseo dedicar este documento precisamente al trabajo humano, y más aún deseo dedicarlo al hombre en el vasto contexto de esa realidad que es el trabajo. En efecto, si como he dicho en la Encíclica Redemptor Hominis, publicada al principio de mi servicio en la sede romana de San Pedro, el hombre «es el camino primero y fundamental de la Iglesia»,4 y ello precisamente a causa del insondable misterio de la Redención en Cristo, entonces hay que volver sin cesar a este camino y proseguirlo siempre nuevamente en sus varios aspectos en los que se revela toda la riqueza y a la vez toda la fatiga de la existencia humana sobre la tierra”

Con motivo del XX aniversario de la Encíclica con ocasión de la Conferencia Internacional sobre "El trabajo, clave de la cuestión social", organizada por el Consejo pontificio Justicia y paz, el Santo Padre consideraba oportuno “poner de relieve la dimensión subjetiva del trabajo, frente a las profundas transformaciones económicas y sociales que la época actual está viviendo. En efecto – agregaba - en este importante ámbito de la vida social, estamos atravesando una profunda evolución, que a veces tiene las características de un cambio radical. Ha cambiado la forma del trabajo, así como sus horarios y lugares. En los países más industrializados el fenómeno ha cobrado tales dimensiones, que el modelo del trabajo dependiente, realizado en grandes fábricas con horarios rígidos, pertenece ya al pasado. Como toda gran transformación, también esta presenta elementos de tensión y, al mismo tiempo, de complementariedad entre la dimensión local de la economía y la dimensión global; entre la que se define "antigua" economía y la "nueva"; entre la innovación tecnológica y la exigencia de salvaguardar los puestos de trabajo; entre el crecimiento económico y la compatibilidad ambiental.Sin embargo, sería un grave error creer que las transformaciones actuales acaecen de modo determinista. El factor decisivo, dicho de otro modo, "el árbitro" de esta compleja fase de cambio, es una vez más el hombre, que debe seguir siendo el verdadero protagonista de su trabajo. Puede y debe hacerse cargo de modo creativo y responsable de las actuales transformaciones, para que contribuyan al crecimiento de la persona, de la familia, de la sociedad en la que vive y de la entera familia humana (cf. Laborem exercens, 10.

Por su parte el entonces cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en su conferencia acerca de «Las catorce encíclicas del Santo Padre Juan Pablo II» en el congreso organizado por la Universidad Pontificia Lateranense expresaba que


“A la década 1981-1991 pertenecen las tres encíclicas sociales: «Laborem exercens», «Sollicitudo rei socialis» y «Centesimus annus». Las tres grandes encíclicas sociales aplican la antropología del Papa a la problemática social de nuestro tiempo. Juan Pablo II subraya la primacía del hombre sobre los medios de producción, la primacía del trabajo sobre el capital y la primacía de la ética sobre la técnica. En el centro está la dignidad del hombre, que es siempre un fin y jamás un medio. A partir de aquí se esclarecen las grandes cuestiones actuales de la problemática social en contraposición crítica tanto con el marxismo como con el liberalismo”.

 


domingo, 26 de abril de 2026

El buen Pastor» (Jn 10, 11.14), no sólo de Israel, sino de todos los hombres (cf. Jn 10, 16).

 

(El Buen Pastor - icono ruso)

La imagen de Jesucristo, Pastor de la Iglesia, su grey, vuelve a proponer, con matices nuevos y más sugestivos, los mismos contenidos de la imagen de Jesucristo, Cabeza y Siervo. Verificándose el anuncio profético del Mesías Salvador, cantado gozosamente por el salmista y por el profeta Ezequiel (cf. Sal 22-23; Ez 34, 11ss), Jesús se presenta a sí mismo como «el buen Pastor» (Jn 10, 11.14), no sólo de Israel, sino de todos los hombres (cf. Jn 10, 16). Y su vida es una manifestación ininterrumpida, es más, una realización diaria de su «caridad pastoral». Él siente compasión de las gentes, porque están cansadas y abatidas, como ovejas sin pastor (cf. Mt 9, 35-36); él busca las dispersas y las descarriadas (cf. Mt 18, 12-14) y hace fiesta al encontrarlas, las recoge y defiende, las conoce y llama una a una (cf. Jn 10, 3), las conduce a los pastos frescos y a las aguas tranquilas (cf. Sal 22-23), para ellas prepara una mesa, alimentándolas con su propia vida. Esta vida la ofrece el buen Pastor con su muerte y resurrección, como canta la liturgia romana de la Iglesia: «Ha resucitado el buen Pastor que dio la vida por sus ovejas y se dignó morir por su grey. Aleluya»[48].

Pedro llama a Jesús el «supremo Pastor» (1 Pe 5, 4), porque su obra y misión continúan en la Iglesia a través de los apóstoles (cf. Jn 21, 15-17) y sus sucesores (cf.1 Pe 5, 1ss), y a través de los presbíteros. En virtud de su consagración, los presbíteros están configurados con Jesús, buen Pastor, y llamados a imitar y revivir su misma caridad pastoral.

(de la Exhortación Apostólica Pastores Dabo Vobis de Juan Pablo II – 25 de marzo de 1992)

viernes, 24 de abril de 2026

Un pulmón para África, el viaje apostólico del Papa misionero agustino León XIV – (2 de 6) Argelia, tierra de San Agustin

 


En la página de los agustinos de España leemos que el Papa " Tiene a África en su corazón. Ha visitado varias veces nuestras misiones en diferentes países". La última vez fue en Kenia a finales de 2024, donde la Federación Agustiniana de África tiene varios centros para enfermos de sida.” Decía el padre Edward Danaing Daleng, Procurador General de la Orden de San Agustín y Consejero General para el continente y agregaba  «Creo que África será central en elpontificado de León XIV.  La presencia en Argelia, tierra de encuentro y esperanza  adquiere un significado especial para los agustinos, al tratarse de la tierra natal de san Agustín.

En este su primer viaje apostólico organizado (el primero fue una breve visita a Mónaco), el Papa agustino misionero eligió comenzar su visita por la tierra de su maestro San Agustín y la ciudad de Hipona – actual Annaba,  donde Agustin fue obispo. De allí su identificación  San Agustín de Hipona. En su saludo a los periodistas a bordo hacia Argelia expreso que su intención era la paz, la reconciliación, el respeto y la consideración por todos los pueblos.

 AndreaTornielli  hacia una  introducción muy certera de esta visita del Papa Leon,  que cito completa.

“Pedro regresa a África. Tres años después de su visita a la República Democrática del Congo y Sudán del Sur a principios de 2023, el Papa inicia una larga peregrinación por el continente africano, que lo lleva hoy a Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial. Se trata de un viaje de 11 días, eminentemente misionero, con una intensa agenda de encuentros con los habitantes de un continente marcado por problemas y contradicciones, pero también fuente de alegría y esperanza.

No podemos olvidar el "momento histórico" en el que se desarrolla esta visita, con la creciente preocupación por lo que ocurre en Oriente Medio y la amenaza de una mayor escalada del conflicto tras el fracaso de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán en Pakistán. Resulta significativo que la paz misma emergiera como tema central en el primer discurso de León XIV en Argelia, durante su visita al monumento a los mártires de la independencia de Maquam Echahid:

«En este lugar recordamos que Dios desea la paz para todas las naciones: una paz que no sea meramente la ausencia de conflicto, sino una expresión de justicia y dignidad. Y esta paz, que nos permite afrontar el futuro con espíritu reconciliado, solo es posible mediante el perdón. La verdadera lucha por la liberación solo se ganará definitivamente cuando se alcance la paz interior».

El llamado al perdón y a la paz interior está impregnado de un profundo realismo. No solo pertenece a la esencia del mensaje cristiano, sino que también representa la única vía viable para construir un futuro. «Sé lo difícil que es perdonar», dijo el Papa, «sin embargo, mientras los conflictos se multipliquen por todo el mundo, no podemos acumular resentimiento tras resentimiento, de generación en generación». ¿Cómo no cuestionar el resentimiento generado en las generaciones más jóvenes por las masacres de civiles cometidas en Gaza y ahora en el Líbano? ¿Cómo no plantearnos la misma pregunta respecto a la guerra en Ucrania y en tantas otras zonas asoladas por el odio y la violencia?

Aunque muchos gobiernos creen que el camino a seguir en estas situaciones es el rearme, que alimenta a los mercaderes de la muerte, León de Argel nos recuerda que «el futuro pertenece a los hombres y mujeres de paz», que «al final, la justicia siempre triunfará sobre la injusticia, así como la violencia, más allá de toda apariencia, jamás tendrá la última palabra».

La voz de paz del Sucesor de Pedro, Vicario del indefenso Hijo de Dios que eligió la no violencia y se sacrificó en la cruz, resuena con más fuerza en esta tierra, donde la Iglesia es una minoría absoluta y el testimonio de los pocos cristianos resulta aún más esencial, basado en el servicio y en compartir las alegrías y los sufrimientos de todos.”

Solo citaré algunos breves pasajes de los saludos y homilías del Papa, todo el programa y el contenido se encuentra en el sitiooficial de la Santa Sede. 

Muy firme y realista fue su saludo a las autoridades 

 Vengo entre ustedes como peregrino de paz como testigo de la paz y la esperanza que el mundo anhela ardientemente y que su pueblo siempre ha buscado; un pueblo que nunca se ha dejado vencer por las pruebas

“Los dramáticos acontecimientos históricos del pasado ofrecen a su país una perspectiva singularmente crítica sobre el equilibrio global. Si logran dialogar con las inquietudes de todos y mostrar solidaridad con el sufrimiento de tantos países, cercanos y lejanos, su experiencia puede contribuir a imaginar y alcanzar una mayor justicia entre los pueblos”

(…)

 Injusto es quien acumula riquezas y permanece indiferente ante los demás. Esta visión de la justicia es simple y radical: reconoce en el otro la imagen de Dios. Una religión sin piedad y una vida social sin solidaridad son un escándalo a los ojos de Dios. Sin embargo, muchas sociedades que se creen avanzadas se precipitan cada vez más en la desigualdad y la exclusión. Las personas y las organizaciones que dominan sobre los demás —y África lo sabe bien— destruyen el mundo que el Altísimo ha creado para que todos viviéramos juntos. Injusto es quien acumula riquezas y permanece indiferente ante los demás. Esta visión de la justicia es simple y radical: reconoce en el otro la imagen de Dios. Una religión sin piedad y una vida social sin solidaridad son un escándalo a los ojos de Dios. Sin embargo, muchas sociedades que se creen avanzadas se precipitan cada vez más en la desigualdad y la exclusión. Las personas y las organizaciones que dominan sobre los demás —y África lo sabe bien— destruyen el mundo que el Altísimo ha creado para que todos viviéramos juntos.

 

Invito leer el articlo de VaticanNews acerca de su visita a la Gran Mezqita de Argel  donde reitero que venia con gran alegría a Argelia porquees también la tierra de mi padre espiritual, san Agustin  que ha querido enseñar tantas cosas al mundo, sobretodo con la búsqueda de la verdad, con la búsqueda de Dios, reconociendo la dignidad de cada ser humano y la importancia de construir la paz. Buscar a Dios es reconocer la imagen de Dios en cada criatura, en los hijos de Dios, en cada hombre y mujer creados a imagen y semejanza de Dios. Esto significa para nosotros que es muy importante aprender a vivir juntos con respeto por la dignidad de cada persona humana.


En la Basilica Nuestra Señora de África le hablo a lacomunidad argelina citando los 19 religiosos y religiosas mártires de Argelia  que decidieron estar junto a este pueblo compartiendo sus alegrías y sus dolores. Su sangre es una semilla viva que nunca deja de dar fruto. En esta tierra resonó la ferviente voz de Agustín de Hipona, precedida por el testimonio de su madre, santa Mónica, y de otros santos. Su memoria es una clara llamada a ser, hoy, signos creíbles de comunión, diálogo y paz y expresó . El lema de esta visita son las palabras de Jesús resucitado: «¡La paz esté con ustedes!» (cf. Jn 20,21), y en una imagen tomada de los mosaicos de Tipasa se lee: “In Deo, pax et concordia sit convivio nostro”, que podríamos traducir: “En Dios, la paz y la armonía pueden reinar en nuestro vivir juntos”. La paz y la armonía han sido características fundamentales de la comunidad cristiana desde sus orígenes (cf. Hch 2,42-47), por deseo mismo de Jesús (cf. Jn 17,23), que dijo: «En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros» (Jn 13,35). San Agustín afirmaba al respecto que la Iglesia «engendra a los pueblos, pero todos son miembros de uno solo» (Sermón 192, 2) y san Cipriano escribía: «El mayor sacrificio delante de los ojos de Dios es la paz y la unión fraternal, y un pueblo unido a proporción que están unidos el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo» (Sobre la oración dominical, IV, 95). 

En la página de la Santa Sede hay videos  de su visita a la zona arqueológica de Nipona y a la Residencia de Ancianos de las Hermanitas de los pobres 

La Santa Misa fue celebrada en la Basilica San Agustin  (también hay un video)  cito un extracto de la homilia:

¿De verdad nuestra vida puede recomenzar desde cero? ¡Sí! La afirmación del Señor, tan llena de amor, colma nuestros corazones de esperanza. No importa cuán oprimidos estemos por el dolor o por el pecado; el Crucificado lleva todos esos pesos con nosotros y por nosotros. No importa cuánto nos desanimen nuestras debilidades; porque es precisamente entonces cuando se manifiesta la fuerza de Dios, que ha resucitado a Cristo de entre los muertos para dar vida al mundo (cf. Rm 8,1). Cada uno de nosotros puede experimentar la libertad de la vida nueva que viene de la fe en el Redentor. De nuevo, san Agustín nos ofrece un ejemplo: antes que por su sabiduría, lo contemplamos por su conversión. En este renacer, providencialmente acompañado por las lágrimas de su madre, santa Mónica, llegó a ser él mismo exclamando: «Nada sería yo, Dios mío, nada sería yo en absoluto si tú no estuvieses en mí; pero, ¿no sería mejor decir que yo no sería en modo alguno si no estuviese en ti?» (Confesiones, I, 2).

 «la multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma» (v. 32)

«todo era común entre ellos» (v. 32).

«Los Apóstoles daban testimonio con mucho poder de la resurrección del Señor Jesús y gozaban de gran estima» (Hch 4,33).

 -o-

 Al regresar de su viaje en la Audiencia del miércoles 29 de abril el santo Padre hablo de su reciente viaje apostólico a África.

Hoy deseo hablar sobre el viaje apostólico que realicé del 13 al 23 de abril visitando cuatro países africanos: Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial. (copio aquí el texto correspondiente a esta etapa)

Desde el inicio de mi pontificado, había pensado en un viaje a África. Doy gracias al Señor, que me ha permitido realizarlo como Pastor para visitar y animar al pueblo de Dios, y vivirlo como mensaje de paz en un momento histórico marcado por guerras y graves y frecuentes violaciones del derecho internacional. Expreso mi más sincero agradecimiento a los obispos y a las autoridades civiles que me han acogido, así como a todos aquellos que han colaborado en la organización.

La providencia quiso que la primera etapa fuera precisamente el país donde se encuentran los lugares de san Agustín, es decir, Argelia. Así, por una parte, he podido comenzar desde las raíces de mi identidad espiritual; y, por otra parte, me ha sido posible atravesar y consolidar puentes muy importantes para el mundo y la Iglesia de hoy: el puente con la época fecundísima de los Padres de la Iglesia; el puente con el mundo islámico; el puente con el continente africano.

En Argelia he recibido una acogida no solamente respetuosa, sino también cordial, y hemos podido comprobar de primera mano y mostrar al mundo que es posible vivir juntos como hermanos y hermanas, incluso de religiones distintas, cuando nos reconocemos hijos del mismo Padre misericordioso. Asimismo, ha sido una ocasión propicia para entrar en la escuela de san Agustín: con su experiencia de vida, sus escritos y su espiritualidad, él es maestro en la búsqueda de Dios y de la verdad. Su testimonio es hoy de gran importancia para los cristianos y para cualquier persona.

Invito leer testimonos de los locales

En este sitio muchas fotografías de su visita a Argelia 

Info sobre Argelia: Argelia espera al Papa: lo comentamos con el obispo de Oran.

En este sitio datossobre la iglesia católica en Argelia 

Y finalmente Invito leer  las palabras del Papa a los periodistas partiendo de Argelia en el vuelo on destino a Yaunde (Camerun) en un muy interesante resumen.


 

 

lunes, 20 de abril de 2026

Recordando al Papa Francisco a un año de su partida (2 de 2) – Papa Francisco : Un contemplativo en la acción - Antonio Spadaro

 


Una llama es quizás la imagen que mejor refleja lo esencial de la inspiración de Francisco. “Nosotros jesuitas”, escribía el padre Jorge Mario Bergoglio de joven, “sabemos bien que el fuego de la mayor gloria de Dios nos invade y nos envuelve en una llama interior que nos centra y a la vez nos expande, nos engrandece y nos empequeñece.” A veces, su propio cuerpo, cuando podía, experimentaba una sacudida que le hacía salir de sí, dirigirse hacia afuera, hacía lo que para él siempre había sido “el pueblo de Dios en marcha”. Por esa razón Francisco se sumergía en la historia, en los acontecimientos del mundo, se forzaba a sí mismo, se encendía, haciendo desesperar en ocasiones a quienes pretendían encajarlo en la normalidad. Hay una llama que siempre lo ha movido muy desde dentro: la “paz en el ajetreo”, oxímoron por excelencia de los jesuitas, fruto del “discernimiento”. Contraseña ignaciana por excelencia, que significa captar interiormente la voz de Dios, reconocer instintivamente su presencia en el mundo, incluso allí donde todo nos dice que debería estar en otra parte. Es típico de todo jesuita considerar que nada humano es ajeno a lo divino: “buscar y encontrar a Dios en todas las cosas” era el lema de San Ignacio. Esto ha dado como resultado un Francisco abierto, curioso, dialéctico.

Francisco no es que haya simplemente abierto las puertas de la Iglesia, es que las ha dejado abiertas de par en par para todos, todos, todos. No con el fin de que nos quedáramos dentro, como ha repetido en más de una ocasión, sino para que el Señor pudiera salir y recorrer nuestros caminos. Y los caminos – otra imagen muy jesuítica, dicha por el mismo Ignacio, que se definía a sí mismo como “el peregrino” – para Bergoglio han solido ser accidentados. Nunca ha contemplado ante sí un camino llano. Para él era mejor caer y hacerse daño que permanecer quieto y a salvo, que balconear, mirando la vida desde el balcón.

En este sentido, ha tenido siempre una visión “apostólica” más que sencillamente “pastoral”. El jesuita sabe que su tarea no es pastorear el rebaño, esquilar sus ovejas y peinar su lana, sino salir en busca de la oveja perdida. Precisando realistamente, como Bergoglio, que ahora queda una sola oveja en el redil y parece que las otras noventa y nueve se hayan escapado. La suya, por tanto, siempre ha sido una Iglesia en salida.

Por esa razón ha predicado una Iglesia inclusiva; era más comunicativo con los periodistas de la prensa laica que con los de los medios religiosos; por eso ha querido hablar con todo el mundo, incluso con personas y líderes que otros mantenían siempre a distancia. Políticos y religiosos: desde Min Aung Hlaing, jefe del ejército de Myanmar, responsable de las operaciones contra sus queridos rohingya, hasta el patriarca ruso Kirill, al que no ha ahorrado duras críticas, pero para el que siempre ha mantenido la puerta abierta. Por eso Bergoglio postulaba siempre un pensamiento abierto, aunque fuera “incompleto”. Hay que salir de los esquemas (consideraba que Yalta era uno más), de los estrictos razonamientos lógicos. Hay que desbordar, salir de los límites, “rebosar”, impulsados por el genio del espíritu más que por el rigor de la idea. De joven jesuita escribió que no debemos mirar la historia “con aquella distancia científica que nace de la curiosidad por los hechos del pasado, ni con el deseo de imponer una ideología predeterminada”. Hablaba de la historia de la Compañía, pero lo mismo vale para la historia en general.

Francisco no ha querido nunca diseñar planes quinquenales que se inspirasen en ideas o ideologías, ni entregarse a utopía alguna. Claro que se comprometía desde el punto de vista organizativo, pero se mantenía siempre dispuesto a improvisar, movido por la oración y por la “consolación”, es decir, por la percepción de la voluntad de Dios que infunde paz en el alma. Como en aquella ocasión, por ejemplo, en que se inclinó para besar los zapatos de los líderes de Sudán del Sur, llegados al Vaticano en un intento de paz. Me dijo que, nada más entrar en la sala donde se encontraban, sintió un fortísimo impulso interior que le empujaba a hacerlo. Es solo un ejemplo, pero muy revelador de su forma de actuar. Su modelo era Pedro Fabro, uno de los primeros compañeros de Ignacio de Loyola, que permaneció beato durante siglos y al que Bergoglio canonizó. Hombre muy querido para Michel de Certeau, gran jesuita “anómalo” a su manera.

La anomalía ha sido para Francisco otra forma de ser jesuita. En el pasado su relación con la orden había sido complicada, anómala. Sus escritos, que contenían básicamente lo que luego diría en su pontificado, fueron incluso llevados a la hoguera. Su estilo pastoral fue malinterpretado y hostigado. La profunda reconexión entre Bergoglio y su orden se la debemos a la sabiduría de un Padre General como Adolfo Nicolás. La Civiltà Cattolicaha desempeñado, en este particular, una función muy clara a lo largo de varios años. Durante la Congregación General de la orden, tras la dimisión de Nicolás, se percibió en la Compañía cierto desconcierto ante la profecía bergogliana, pero también un deseo por buscar la actitud correcta, acorde con el espíritu de sus Constituciones. Bergoglio siempre ha constituido, de una forma u otra, una patata caliente. Y él nunca ha perdido la oportunidad de declararse hijo de la Compañía de Jesús y de mantener un profundo diálogo con los jesuitas, algo que lograba singular expresión en conversaciones privadas durante sus viajes apostólicos. Su transcripción – que el Papa me ha permitido publicar en cada ocasión – constituye una especie de acción entre bastidores del pontificado.

Los caminos de Francisco han atravesado el mundo entero. Francisco, a quien nunca gustó viajar, lo ha recorrido a todo lo largo y lo ancho. Pero sintió que debía hacerlo para confirmar la fe del pueblo católico, y, no menos, para palpar las heridas abiertas de este mundo. Basta pensar en la República Centroafricana y en Irak, por citar solo dos ejemplos. No se palpa con el pensamiento, sino con la mano. La Iglesia es “un hospital de campaña después de la batalla”, me dijo en la primera entrevista que le hice en 2013, apenas tres meses después de su elección. Como una madre, no quiso nunca acercarse a sus hijos en una “caja de cristal”, y se impuso cuando lo querían forzar a subir a un papamóvil cerrado o incluso blindado. Viajó al modo del jesuita, que proverbialmente considera el billete de avión o de tren como la verdadera llave de su casa.

Todavía joven escribía Bergoglio que la mirada del jesuita “se posa sobre patios, pero vislumbra praderas, ve fragmentos, pero contempla formas”. Desde su pequeño estudio de Santa Marta abarcaba con la vista el mundo entero, y desde allí observaba continuamente fragmentos, para conectarlos y comprender las formas, como en el caso de la “guerra mundial por partes”, amargamente profetizada ya en 2014. Detestó siempre el término “geopolítica”, que le recordaba el tablero del Risk, pero amó siempre la “diplomacia”. Y añadía: “la diplomacia de las rodillas”. Porque consideraba que el diálogo político (y sobre todo el multilateral) era necesario y, para un creyente, una especie de lugar sagrado de oración y contemplación. Para este aspecto se inspiraba en el lema de los jesuitas: contemplativus in actione. Así era el Papa Francisco: de hecho, un contemplativo en la acción.

Fuente: Jesuitas,  publicado el 2 de mayo de 2025