Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

miércoles, 28 de febrero de 2024

Karol Wojtyla: La Redencion comenzó con el Totus Tuus

 


Meditatio

La Redención comenzó con el Totus Tuus único ser humano, nuevo hombre al que Dios se encomendó a si mismo, dándose en propiedad. Dios Hijo la necesitó  para cumplir su obra. Dios Hijo pudo encomendarse a Ella en la realización de esta obra, porque antes la cumplió en Ella y la preparó para ese Totus Tuus. María acogió esa entrega de Dios con todo su contenido redentor, con toda su dinámica. Sacó, y aun sigue sacando de ella, todo lo que contiene para cada uno de los hombres: primero, conversión;  segundo, revalorización. Y en todos los que se encomiendan a Ella realiza lo uno y lo otro según la proporción debida. Aquí está la solución de mi problema: últimamente me he sentido muy en manos de Maria y cerca de Dios por dos asuntos sabidos. Pero ¿no habré invertido el orden? ¿No estaré «usándola» para llevar a cabo algo que es «muy mio»? Aun así, me planteo estas cuestiones con toda humildad. He aquí la solución: en manos de Maria, según el principio del TotusTuus, la obra de la Redención debe realizarse también en mi guardando la debida proporción entre lo primero y lo segundo.

 La consecuencia más adecuada de la Redención en el hombre son los actos que de ella emanan, actos arraigados en Cristo a través de Maria, por ser uno propiedad de Ella (Tuus), y a la vez conformes objetivamente con la ley de Cristo, con su Evangelio – sumamente conformes -.

(Ejercicios Espirituales Roma (31 al 4 de noviembre de 1962) Tema: el misterio de la Redencion.  – anotaciones de Karol wojtyla / Juan Pablo II – Estoy en tus manos -  Cuadernos Personales 1962-2003, p 31/32,  Planeta Testimonio

martes, 27 de febrero de 2024

«Cuando oréis, decid: Padre nuestro…»

 


Señor, enséñanos a orar… Cristo, en respuesta, manifiesta su propia vida justamente en estas peticiones, que son sus peticiones, sus aspiraciones: es a la vez el Espíritu que clama en nuestros corazones: Abba! Padre. El padrenuestro es una síntesis, una recapitulación de toda la oración de los discípulos, y antes de la oración de los salmos y de todo el Antiguo Testamento. Esta oración (el padrenuestro) nos incorpora a todo el Hecho Pascual de Cristo: la liberación del mal (libera nos a malo [líbranos del mal]).

Todo el padrenuestro está impregnado del realismo de aquella reconciliación con el Padre que Cristo obró en el Espíritu Santo: hágase Tu voluntad en la tierra como en el cielo. De la reconciliación con el Padre a la reconciliación con los hombres (perdona… como también nosotros perdonamos a nuestros deudores)  no nos dejes caer en la tentación…

Si el mismo Cristo no hubiera pronunciado las palabras de la oración del Señor, ningún hombre habría sido capaz de «inventársela»

(de la sexta conferencia de los Ejercicios Espirituales (8 al 14 de marzo de 1987) ofrecida por el Padre Peter Hans Kolvenbach SJ – anotaciones de Karol Wojtyla / Juan Pablo II – Estoy en tus manos -  Cuadernos Personales 1962-2003, p 365/6 Planeta Testimonio

viernes, 23 de febrero de 2024

Benedicto XVI: Los primeros pasos con Juan Pablo II

 


(Con ocasión de la canonización de Juan Pablo II  al prepararse la publicación de  Accanto a Giovanni Paolo II – gli amici & collaboratori raccontanoedición española :  compilado por Wlodzimierz Redzioch , el Santo Padre Benedicto XVI acepto contribuir con sus recuerdos personales de su predecesor

 Algunas preguntas (de la edición italiana)

Santidad, los nombres de Karol Wojtyla y Joseph Ratzinger se relacionan de diversas maneras con el Concilio Vaticano II. Ustedes se conocieron durante el Concilio?

 El primer encuentro que recuerdo con el cardenal Wojtyla recién ocurre en el conclave cuando fue elegido Juan Pablo I. Durante el Concilio, ambos colaboramos en la Constitución pastoral La Iglesia y el mundo contemporáneo, pero en secciones diferentes, de modo que no nos encontramos.  En septiembre de 1978, con ocasión de la visita de los obispos polacos a Alemania, yo estaba en Ecuador, como  representante personal de Juan Pablo I.  La iglesia de Frisinga  y la iglesia ecuatoriana  están unidas por un hermanamiento realizado por el arzobispo Echavarria Ruiz (Guayaquil) y el cardenal Döpfner.  Y fue así, que con enorme pesar  no tuve ocasión de conocer personalmente al Arzobispo de Cracovia.  Naturalmente había oído hablar de su obra de  filosofo y pastor, y hacia tiempo que deseaba conocerlo.

Wojtyla, por su parte, había leído mi Introduccion al cristianismo, que había citado también en los Ejercicios Espirituales predicados por él a Pablo VI y la Curia, en la Cuaresma de 1976.  Por eso era como si, interiormente, ambos esperáramos encontrarnos.

Sentí, desde el inicio una simpatía cordial por el Metropolita de Cracovia. En el pre-conclave de 1978 el cardenal Wojtyla analizo para nosotros, de forma asombrosas, la naturaleza del marxismo. Pero sobre todo noté enseguida la fascinación humana que de él emanaba, y de  como rezaba, percibí cuan profundamente estaba unido a Dios.

Que sintió cuando el santo padre Juan Pablo II lo llamo para confiarle la guia de la Congregación para la Doctrina de la Fe?

Juan Pablo II me llamo en 1979 para nombrarme prefecto de la Congregación para la Educación católica. Habían pasado apenas dos años de mi consagración episcopal en Munich y veía imposible dejar tan pronto la sede de San Corbiniano. La consagración episcopal representaba, de alguna manera, una promesa de fidelidad hacia mi diócesis de pertenencia. Por lo tanto le pedi al Papa que pospusiera ese nombramiento […] Fue durante 1980 cuando me dijo que quería nombrarme, a fines de 1981, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, como sucesor del cardenal Seper.

Visto que continuaba sintiéndome en obligación hacia mi diócesis de pertenencia, para la aceptación del cargo me permití poner una condición, que sin embargo creí irrealizable.  Dije que sentía el deber de continuar publicando trabajos teológicos. Habría de responder afirmativamente solamente si esto era compatible con la labor de prefecto. El Papa, que conmigo fue siempre muy benévolo y comprensivo, me dijo que se informaría sobre la cuestión para tener una idea. Cuando más tarde le hice una visita me explico que las publicaciones teológicas son compatibles con el oficio de Prefecto, también el cardenal Garrone, me dijo, había publicado trabajos teológicos cuando era prefecto de la Congregación para la Educación católica. Así acepte el encargo, bien consciente de la importancia de la tarea, pero sabiendo también que la obediencia al Papa exigía entonces de mi un SI.

Podría comentarnos como se desarrolló la colaboración entre ustedes?

La colaboración con el santo Padre siempre estuvo caracterizada por la amistad y el afecto. Y se desarrollo sobretodo en dos planos: el oficial y el privado.  El Papa cada viernes, a las seis de la tarde, recibe en audiencia al Prefecto de la Congregación para la Doctrina de las Fe, y deja a su decisión los problemas surgidos.  Tienen preferencia, naturalmente, los problemas doctrinales, a los que se añaden también las cuestiones de carácter disciplinar: la reducción al estado laical de sacerdotes que lo han solicitado, la concesión del privilegio paulino para aquellos matrimonios en los que uno de los cónyuges no es cristiano, y asi sucesivamente. A continuación, se añadía también el trabajo en curso para la elaboración del catecismo de la Iglesia Católica.

En algunas  ocasiones, el Santo Padre recibía antes la documentación esencial y por lo tanto ya conocía,  por anticipado,  las cuestiones que se tratarían. Así sobre los problemas teológicos siempre teníamos ocasión de conversar detalladamente. El Papa también era buen  conocedor de la literatura alemana contemporánea y siempre resultaba interesante para ambos buscar juntos la decisión justa para estas cosas.

Además de estas reuniones propiamente oficiales siempre había diversos tipos de encuentros semi oficiales o no oficiales. Llamaría semioficiales aquellas audiencias en las cuales,  durante varios años, los días martes por la mañana se trataba la catequesis de los miércoles con distintos grupos.  Por medio de las catequesis el Papa había decidido presentar con el tiempo un catecismo. El indicaba los temas y presentaba algunas breves consideraciones preliminares a desarrollar. Considerando que las reuniones las formaban personas de varias disciplinas varias,  aquellas conversaciones eran siempre muy bellas e instructivas, me gusta recordarlas. En ellas también notábamos la capacidad teológica del Papa. Y con el tiempo he admirado su disponibilidad a aprender.

 También era costumbre del Papa invitar a comer a los obispos en visita ad limina, como asi también a grupos de obispos y sacerdotes de diversos orígenes, y según las circunstancias.  Eran casi siempre “almuerzos de trabajo” en los cuales a menudo se proponía un tema teológico.

Los primeros tiempos hubo  también una serie de almuerzos en los cuales se discutía paso a paso el nuevo Código. Durante aquellos almuerzos trabajamos sobre una versión semi definitiva a efectos de llegar a la definitiva. Y después se discutían temas varios

El gran número de presentes hacia siempre entretenida y de amplio espectro la conversación que sosteníamos. Y siempre quedaba algún tiempo para el buen humor. El Papa reía con ganas y así esas comidas de trabajo, a pesar de la seriedad que se imponía, de hecho eran también ocasiones para disfrutar de una buena compañía.

 

miércoles, 21 de febrero de 2024

Benedicto XVI: La Cuaresma y el camino hacia la Pascua

 


fotografía Cristo Vencedor – Iglesia Arka Pana (Arca del Señor) primera Iglesia construida en Nowa Huta, Cracovia, años 1967/77

 

“Para emprender seriamente el camino hacia la Pascua y prepararnos a celebrar la Resurrección del Señor —la fiesta más gozosa y solemne de todo el Año litúrgico—, ¿qué puede haber de más adecuado que dejarnos guiar por la Palabra de Dios? Por esto la Iglesia, en los textos evangélicos de los domingos de Cuaresma, nos guía a un encuentro especialmente intenso con el Señor, haciéndonos recorrer las etapas del camino de la iniciación cristiana: para los catecúmenos, en la perspectiva de recibir el Sacramento del renacimiento, y para quien está bautizado, con vistas a nuevos y decisivos pasos en el seguimiento de Cristo y en la entrega más plena a él.

[….]

El recorrido cuaresmal encuentra su cumplimiento en el Triduo Pascual, en particular en la Gran Vigilia de la Noche Santa: al renovar las promesas bautismales, reafirmamos que Cristo es el Señor de nuestra vida, la vida que Dios nos comunicó cuando renacimos «del agua y del Espíritu Santo», y confirmamos de nuevo nuestro firme compromiso de corresponder a la acción de la Gracia para ser sus discípulos.

[….]

En todo el período cuaresmal, la Iglesia nos ofrece con particular abundancia la Palabra de Dios. Meditándola e interiorizándola para vivirla diariamente, aprendemos una forma preciosa e insustituible de oración, porque la escucha atenta de Dios, que sigue hablando a nuestro corazón, alimenta el camino de fe que iniciamos en el día del Bautismo. La oración nos permite también adquirir una nueva concepción del tiempo: de hecho, sin la perspectiva de la eternidad y de la trascendencia, simplemente marca nuestros pasos hacia un horizonte que no tiene futuro. En la oración encontramos, en cambio, tiempo para Dios, para conocer que «sus palabras no pasarán» (cf. Mc 13, 31), para entrar en la íntima comunión con él que «nadie podrá quitarnos» (cf. Jn 16, 22) y que nos abre a la esperanza que no falla, a la vida eterna.

 

En síntesis, el itinerario cuaresmal, en el cual se nos invita a contemplar el Misterio de la cruz, es «hacerme semejante a él en su muerte» (Flp 3, 10), para llevar a cabo una conversión profunda de nuestra vida: dejarnos transformar por la acción del Espíritu Santo, como san Pablo en el camino de Damasco; orientar con decisión nuestra existencia según la voluntad de Dios; liberarnos de nuestro egoísmo, superando el instinto de dominio sobre los demás y abriéndonos a la caridad de Cristo. El período cuaresmal es el momento favorable para reconocer nuestra debilidad, acoger, con una sincera revisión de vida, la Gracia renovadora del Sacramento de la Penitencia y caminar con decisión hacia Cristo.”

 

(del Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma 2011)

 

viernes, 16 de febrero de 2024

La tristeza: vicio, virtud? – Papa Francisco

 

(Imagen de Wikipedia)
Escena de Unción del cuerpo de Cristo (1672), que muestra a María Magdalena llorando

En una serie de Catequesis sobre Vicios y virtudes,  que el Papa Francisco comenzó con una Introducción:Custodiar el corazón el 27/12/2023  – “Uno debe ser el guardián de su propio corazón.”  y  que fue desarrollando durante todo el mes de enero y mitad de febrero en la catequesis del 7 de febrero pasado  hablo sobre la "tristeza amiga" y la  tristeza que es una "enfermedad del alma" 

(…) hay una tristeza que conviene a la vida cristiana, y que con la gracia de Dios se transforma en alegría: ésta, por supuesto, no debe rechazarse y forma parte del camino de conversión. Pero existe también un segundo tipo de tristeza que se insinúa en el alma y la postra en un estado de abatimiento: es este segundo tipo de tristeza el que hay que combatir resueltamente y con todas las fuerzas, porque procede del Maligno. Esta distinción la encontramos también en San Pablo, que cuando escribe a los Corintios dice lo siguiente: «La tristeza que proviene de Dios produce un arrepentimiento que lleva a la salvación y no se debe lamentar; en cambio, la tristeza del mundo produce la muerte.» (2 Cor 7,10).

Hay, entonces, una tristeza amiga que nos lleva a la salvación. Pensemos en el hijo pródigo de la parábola: cuando toca el fondo de su degeneración, experimenta una gran amargura, y esto le impulsa a recapacitar y a decidir volver a la casa paterna (cfr. Lc 15, 11-20). Es una gracia gemir por los propios pecados, recordar el estado de gracia del que hemos caído, llorar porque hemos perdido la pureza con la que Dios nos soñó.

Pero hay una segunda tristeza, que es una enfermedad del alma. Surge en el corazón humano cuando se desvanece un deseo o una esperanza. Aquí podemos referirnos al relato de los discípulos de Emaús. Aquellos dos discípulos salen de Jerusalén con el corazón desilusionado, y se confían al forastero, que en cierto momento los acompaña: «Nosotros esperábamos que fuera él – o sea, Jesús - quien librara a Israel.» (Lc 24,21). La dinámica de la tristeza está ligada a la experiencia de la pérdida. En el corazón del ser humano nacen esperanzas que a veces se ven defraudadas. Puede tratarse del deseo de poseer algo que no se puede conseguir, pero también de algo importante, como la pérdida de un afecto. Cuando esto sucede, es como si el corazón del ser humano cayera en un precipicio, y los sentimientos que experimenta son desánimo, debilidad de espíritu, depresión, angustia…. En esta situación, algunos, tras un tiempo de agitación, se apoyan en la esperanza; pero otros se regodean en la melancolía, dejando que ésta se pudra en sus corazones…...adormecerse en una tristeza sin fin. Ciertos lutos prolongados, en los que una persona sigue agrandando el vacío de quien ya no está, no son propios de la vida en el Espíritu. Ciertas amarguras resentidas, en las que una persona tiene siempre en mente una reivindicación que le hace adoptar el papel de víctima, no producen en nosotros una vida sana, y menos aún cristiana. Hay algo en el pasado de todos que necesita ser sanado. La tristeza, de ser una emoción natural, puede convertirse en un estado de ánimo maligno.

Es un demonio taimado, el de la tristeza. Los padres del desierto la describían como un gusano del corazón, que roe y vacía a quien lo alberga. Esta imagen es buena, nos ayuda a comprender. Entonces, ¿qué debo hacer cuando estoy triste? Detenerte y ver: ¿esta tristeza es buena? ¿No es una buena tristeza? Y reaccionar según la naturaleza de la tristeza. No se olviden de que la tristeza puede ser algo muy malo que nos lleva al pesimismo, nos lleva a un egoísmo que difícilmente se cura… debemos tener cuidado con esta tristeza y pensar que Jesús nos trae la alegría de la resurrección.

Por muy llena que esté la vida de contradicciones, de deseos incumplidos, de sueños no realizados, de amistades perdidas, gracias a la resurrección de Jesús podemos creer que todo se salvará. Jesús ha resucitado no sólo para sí mismo, sino también para nosotros, a fin de rescatar todas las felicidades que no se han realizado en nuestras vidas. La fe expulsa el miedo, y la resurrección de Cristo quita la tristeza como la piedra del sepulcro….. Que el Espíritu de Jesús resucitado nos ayude a vencer la tristeza con la santidad.

Convertirnos en Cuaresma

 


El miércoles pasado, con el significativo rito de la ceniza, hemos entrado en el tiempo litúrgico de la Cuaresma. Hoy, el evangelio vuelve a proponer el pasaje en que Cristo, en el desierto, afronta al tentador y, al término de cuarenta días de ayuno y oración, lo vence con su firme obediencia a la voluntad de Dios Padre. De este modo, Jesús muestra el camino para derrotar el pecado: el camino de la penitencia. No sólo; él mismo, que es «el Justo», camina delante de nosotros, pecadores, como Cordero que carga sobre sí el pecado del mundo.


Jesucristo nos precede, pero también nos llama a seguirlo. «Convertíos» es la primera palabra de su predicación (cf. Mc 1, 15)


[… ]
Por tanto, en este primer domingo de Cuaresma, hago mía la exhortación del apóstol Pablo: «En nombre de Cristo os suplicamos: reconciliaos con Dios» (2 Co 5, 20), no dejéis pasar en vano este tiempo favorable. Es necesario reaccionar frente a la indiferencia y las distracciones del mundo, y escuchar la voz de Dios, que resuena en la Iglesia e, incluso antes, en la conciencia de cada uno.

 

«El examen de conciencia es uno de los momentos más determinantes de la existencia personal. En efecto, en él todo hombre se pone ante la verdad de su propia vida, descubriendo así la distancia que separa sus acciones del ideal que se ha propuesto» (Incarnationis mysterium, 11).

 

La Cuaresma, por su naturaleza…ayuda al hombre a «recuperar lo que no podría alcanzar sólo con sus fuerzas: la amistad de Dios, su gracia y la vida sobrenatural, la única en la que pueden resolverse las aspiraciones más profundas del corazón humano» (ib., 2)”.

 

Del Angelus del domingo 21 de febrero 1999 – Santo Padre Juan Pablo II

miércoles, 14 de febrero de 2024

«Convertíos a mí de todo corazón, en ayuno... Convertíos a Yavé, vuestro Dios» (Jl 2, 12. 13)

 


“He aquí que hoy anunciamos la Cuaresma con las palabras del Profeta Joel, y la comenzamos con toda la Iglesia. Anunciamos la Cuaresma con un rito que es aún más elocuente que las palabras del Profeta. La Iglesia bendice hoy la ceniza obtenida de las palmas bendecidas el Domingo de Ramos del año pasado, para imponerla sobre cada uno de nosotros.  Inclinemos, pues, nuestras cabezas. y reconozcamos en el signo de la ceniza toda la verdad de las palabras dirigidas por Dios al primer hombre: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás» (Gén 3, 19).

¡Sí! Recordemos esta realidad, sobre todo, durante el tiempo de Cuaresma, al que nos introduce hoy la liturgia de la Iglesia. Es un "tiempo fuerte". En este período las verdades divinas deben hablar a nuestros corazones con una fuerza muy particular. Deben encontrarse con nuestra experiencia humana, con nuestra conciencia. La primera verdad proclamada hoy recuerda al hombre su caducidad, la muerte, que es el fin de la vida terrena para cada uno de nosotros. La Iglesia insiste mucho hoy sobre esta verdad, comprobada por la historia de cada hombre: Acuérdate de que "al polvo volverás". Acuérdate de que tu vida sobre la tierra tiene un límite.

Pero el mensaje del miércoles de ceniza no acaba aquí. Toda la liturgia de hoy advierte: Acuérdate de aquel límite; pero al mismo tiempo: ¡No te quedes en ese límite! La muerte no es sólo una necesidad "natural". La muerte es un misterio. Ciertamente, entramos en el tiempo particular en el que toda la Iglesia, más que nunca, quiere meditar sobre la muerte como misterio del hombre en Cristo. Cristo-Hijo de Dios aceptó la muerte como necesidad de la naturaleza,  como parte inevitable de la suerte del hombre sobre la tierra. Jesucristo aceptó la muerte como consecuencia del pecado. Desde el principio, la muerte está unida al pecado: la muerte del cuerpo («al polvo volverás») y la muerte del espíritu humano a causa de la desobediencia a Dios, al Espíritu Santo. Jesucristo aceptó la muerte en señal de obediencia a Dios, para restituir al espíritu humano el don pleno del Espíritu Santo. Jesucristo aceptó la muerte para vencer al pecado. Jesucristo aceptó la muerte para vencer a la muerte en la esencia misma de su misterio perenne.

Por esto el mensaje del miércoles de ceniza se expresa con las palabras de San Pablo: «Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios os exhortara por medio de nosotros. Por Cristo os rogamos: Reconciliaos con Dios. A quien no conoció el pecado, le hizo pecado por nosotros para que en El fuéramos justicia de Dios» (2Cor 5, 20-21).

¡Colaborad con El!

El significado del miércoles de ceniza no se limita a recordarnos la muerte y el pecado; es también una fuerte llamada a vencer el pecado, a convertirnos. Lo uno y lo otro expresan la colaboración con Cristo. ¡Durante la Cuaresma tenemos ante los ojos toda la "economía" divina de la gracia y de la salvación! En este tiempo de Cuaresma acordémonos de «no recibir en vano la gracia de Dios» (2Cor 6,1)”

 (dela homilía de San Juan Pablo II Miercoles de ceniza 1979)