Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

lunes, 20 de abril de 2026

Recordando al Papa Francisco a un año de su partida (2 de 2) – Papa Francisco : Un contemplativo en la acción - Antonio Spadaro

 


Una llama es quizás la imagen que mejor refleja lo esencial de la inspiración de Francisco. “Nosotros jesuitas”, escribía el padre Jorge Mario Bergoglio de joven, “sabemos bien que el fuego de la mayor gloria de Dios nos invade y nos envuelve en una llama interior que nos centra y a la vez nos expande, nos engrandece y nos empequeñece.” A veces, su propio cuerpo, cuando podía, experimentaba una sacudida que le hacía salir de sí, dirigirse hacia afuera, hacía lo que para él siempre había sido “el pueblo de Dios en marcha”. Por esa razón Francisco se sumergía en la historia, en los acontecimientos del mundo, se forzaba a sí mismo, se encendía, haciendo desesperar en ocasiones a quienes pretendían encajarlo en la normalidad. Hay una llama que siempre lo ha movido muy desde dentro: la “paz en el ajetreo”, oxímoron por excelencia de los jesuitas, fruto del “discernimiento”. Contraseña ignaciana por excelencia, que significa captar interiormente la voz de Dios, reconocer instintivamente su presencia en el mundo, incluso allí donde todo nos dice que debería estar en otra parte. Es típico de todo jesuita considerar que nada humano es ajeno a lo divino: “buscar y encontrar a Dios en todas las cosas” era el lema de San Ignacio. Esto ha dado como resultado un Francisco abierto, curioso, dialéctico.

Francisco no es que haya simplemente abierto las puertas de la Iglesia, es que las ha dejado abiertas de par en par para todos, todos, todos. No con el fin de que nos quedáramos dentro, como ha repetido en más de una ocasión, sino para que el Señor pudiera salir y recorrer nuestros caminos. Y los caminos – otra imagen muy jesuítica, dicha por el mismo Ignacio, que se definía a sí mismo como “el peregrino” – para Bergoglio han solido ser accidentados. Nunca ha contemplado ante sí un camino llano. Para él era mejor caer y hacerse daño que permanecer quieto y a salvo, que balconear, mirando la vida desde el balcón.

En este sentido, ha tenido siempre una visión “apostólica” más que sencillamente “pastoral”. El jesuita sabe que su tarea no es pastorear el rebaño, esquilar sus ovejas y peinar su lana, sino salir en busca de la oveja perdida. Precisando realistamente, como Bergoglio, que ahora queda una sola oveja en el redil y parece que las otras noventa y nueve se hayan escapado. La suya, por tanto, siempre ha sido una Iglesia en salida.

Por esa razón ha predicado una Iglesia inclusiva; era más comunicativo con los periodistas de la prensa laica que con los de los medios religiosos; por eso ha querido hablar con todo el mundo, incluso con personas y líderes que otros mantenían siempre a distancia. Políticos y religiosos: desde Min Aung Hlaing, jefe del ejército de Myanmar, responsable de las operaciones contra sus queridos rohingya, hasta el patriarca ruso Kirill, al que no ha ahorrado duras críticas, pero para el que siempre ha mantenido la puerta abierta. Por eso Bergoglio postulaba siempre un pensamiento abierto, aunque fuera “incompleto”. Hay que salir de los esquemas (consideraba que Yalta era uno más), de los estrictos razonamientos lógicos. Hay que desbordar, salir de los límites, “rebosar”, impulsados por el genio del espíritu más que por el rigor de la idea. De joven jesuita escribió que no debemos mirar la historia “con aquella distancia científica que nace de la curiosidad por los hechos del pasado, ni con el deseo de imponer una ideología predeterminada”. Hablaba de la historia de la Compañía, pero lo mismo vale para la historia en general.

Francisco no ha querido nunca diseñar planes quinquenales que se inspirasen en ideas o ideologías, ni entregarse a utopía alguna. Claro que se comprometía desde el punto de vista organizativo, pero se mantenía siempre dispuesto a improvisar, movido por la oración y por la “consolación”, es decir, por la percepción de la voluntad de Dios que infunde paz en el alma. Como en aquella ocasión, por ejemplo, en que se inclinó para besar los zapatos de los líderes de Sudán del Sur, llegados al Vaticano en un intento de paz. Me dijo que, nada más entrar en la sala donde se encontraban, sintió un fortísimo impulso interior que le empujaba a hacerlo. Es solo un ejemplo, pero muy revelador de su forma de actuar. Su modelo era Pedro Fabro, uno de los primeros compañeros de Ignacio de Loyola, que permaneció beato durante siglos y al que Bergoglio canonizó. Hombre muy querido para Michel de Certeau, gran jesuita “anómalo” a su manera.

La anomalía ha sido para Francisco otra forma de ser jesuita. En el pasado su relación con la orden había sido complicada, anómala. Sus escritos, que contenían básicamente lo que luego diría en su pontificado, fueron incluso llevados a la hoguera. Su estilo pastoral fue malinterpretado y hostigado. La profunda reconexión entre Bergoglio y su orden se la debemos a la sabiduría de un Padre General como Adolfo Nicolás. La Civiltà Cattolicaha desempeñado, en este particular, una función muy clara a lo largo de varios años. Durante la Congregación General de la orden, tras la dimisión de Nicolás, se percibió en la Compañía cierto desconcierto ante la profecía bergogliana, pero también un deseo por buscar la actitud correcta, acorde con el espíritu de sus Constituciones. Bergoglio siempre ha constituido, de una forma u otra, una patata caliente. Y él nunca ha perdido la oportunidad de declararse hijo de la Compañía de Jesús y de mantener un profundo diálogo con los jesuitas, algo que lograba singular expresión en conversaciones privadas durante sus viajes apostólicos. Su transcripción – que el Papa me ha permitido publicar en cada ocasión – constituye una especie de acción entre bastidores del pontificado.

Los caminos de Francisco han atravesado el mundo entero. Francisco, a quien nunca gustó viajar, lo ha recorrido a todo lo largo y lo ancho. Pero sintió que debía hacerlo para confirmar la fe del pueblo católico, y, no menos, para palpar las heridas abiertas de este mundo. Basta pensar en la República Centroafricana y en Irak, por citar solo dos ejemplos. No se palpa con el pensamiento, sino con la mano. La Iglesia es “un hospital de campaña después de la batalla”, me dijo en la primera entrevista que le hice en 2013, apenas tres meses después de su elección. Como una madre, no quiso nunca acercarse a sus hijos en una “caja de cristal”, y se impuso cuando lo querían forzar a subir a un papamóvil cerrado o incluso blindado. Viajó al modo del jesuita, que proverbialmente considera el billete de avión o de tren como la verdadera llave de su casa.

Todavía joven escribía Bergoglio que la mirada del jesuita “se posa sobre patios, pero vislumbra praderas, ve fragmentos, pero contempla formas”. Desde su pequeño estudio de Santa Marta abarcaba con la vista el mundo entero, y desde allí observaba continuamente fragmentos, para conectarlos y comprender las formas, como en el caso de la “guerra mundial por partes”, amargamente profetizada ya en 2014. Detestó siempre el término “geopolítica”, que le recordaba el tablero del Risk, pero amó siempre la “diplomacia”. Y añadía: “la diplomacia de las rodillas”. Porque consideraba que el diálogo político (y sobre todo el multilateral) era necesario y, para un creyente, una especie de lugar sagrado de oración y contemplación. Para este aspecto se inspiraba en el lema de los jesuitas: contemplativus in actione. Así era el Papa Francisco: de hecho, un contemplativo en la acción.

Fuente: Jesuitas,  publicado el 2 de mayo de 2025

 

 

Recordando al Papa Francisco a un año de su partida (1 de 2) – entrevista de Antonio Spadaro S.J.

 




El lunes 19 de agosto de 2013 el Papa Francisco le concedió una entrevista a Antonio Spadaro, S.J. entrevista que fue publicada completa en varios medios, originalmente en la publicación de los jesuitasen Roma,   también en la revista local Criterio y en este enlace de la Santa Sede  entre los Discursos del Papa Francisco del año2013.

He elegido algunos textos de esta entrevista,  bastante extensa.

Muy al comienzo el Papa Francisco le confiesa que los dos pensadores franceses contemporáneos que más le gustan son Henri de Lubac y Michel de Certeau…y “comienza a hablarme de sí y de su elección al pontificado. Me dice que cuando comenzó a darse cuenta de que podría llegar a ser elegido sintió que le envolvía una inexplicable y profunda paz y consolación interior, junto con una oscuridad total que dejaba en sombras el resto de las cosas. Y que estos sentimientos le acompañaron hasta su elección.”  reconoce el Papa que no le agrada conceder entrevistas y  que “prefiere pensarse las cosas antes que improvisar” y  sin embargo “en esta entrevista el Papa se ha sentido libre de interrumpir lo que estaba diciendo en su respuesta a una pregunta, para añadir algo a una respuesta anterior.” “ es una especie de flujo volcánico de ideas que se engarzan unas con otras.”

A la pregunta «¿Quién es Jorge Mario Bergoglio?». “Se me queda mirando en silencio. Le pregunto si es lícito hacerle esta pregunta… Hace un gesto de aceptación y me dice: «No sé cuál puede ser la respuesta exacta… Yo soy un pecador…» El Papa sigue reflexionando, concentrado, como si no se hubiese esperado esta pregunta, como si fuese necesario pensarla más. «Bueno, quizá podría decir que soy despierto, que sé moverme, pero que, al mismo tiempo, soy bastante ingenuo. Pero la síntesis mejor, la que me sale más desde dentro y siento más verdadera es esta: “Soy un pecador en quien el Señor ha puesto los ojos”». Y repite: «Soy alguien que ha sido mirado por el Señor. Mi lema, ‘Miserando atque eligendo’, es algo que, en mi caso, he sentido siempre muy verdadero».

Porque se hizo jesuita le plantea Spadaro y el Papa responde: 

«Quería algo más. Pero no sabía qué era. Había entrado en el seminario. Me atraían los dominicos y tenía amigos dominicos. Pero al fin he elegido la Compañía, que llegué a conocer bien…de la Compañía me impresionaron tres cosas: su carácter misionero, la comunidad y la disciplina. Y esto es curioso, porque yo soy un indisciplinado nato, nato, nato. Pero su disciplina, su modo de ordenar el tiempo, me ha impresionado mucho». «Y, después, hay algo fundamental para mí: la comunidad. Había buscado desde siempre una comunidad. No me veía sacerdote solo: tengo necesidad de comunidad.

Y para un jesuita, ¿qué significa ser Papa?¿Qué significa para un jesuita haber sido elegido Papa? ¿Qué aspecto de la espiritualidad ignaciana le ayuda más a vivir su ministerio?» plantea Spadaro.

«El discernimiento», responde el Papa Francisco. «El discernimiento es una de las cosas que Ignacio ha elaborado más interiormente… Me ha impresionado siempre una máxima con la que suele describirse la visión de Ignacio: Non coerceri a maximo, sed contineri a minimo divinum est….: no tener límite para lo grande, pero concentrarse en lo pequeño… magnanimidad, y, a cada uno desde la posición que ocupa, hace que pongamos siempre la vista en el horizonte. Es hacer las cosas pequeñas de cada día con el corazón grande y abierto a Dios y a los otros. Es dar su valor a las cosas pequeñas en el marco de los grandes horizontes, los del Reino de Dios».

(,,,) El discernimiento en el Señor me guía en mi modo de gobernar».

Después hablan sobre la Compañia de Jesus y la  identidad de ser jesuita y los jesuitas que le han llamado la atención y la experiencia de haber sido superior y superior provincial de la Compañía de Jesús y  consejos que le fueron dando… “No consulte demasiado y decida”  y el sin embargo opta por “yo creo que consultar es muy importante. Los consistorios y los sínodos, por ejemplo, son lugares importantes para lograr que esta consulta llegue a ser verdadera y activa…. deseo que sea una consulta real, no formal».

Cuando toca hablar de la Iglesia el Papa responde «Una imagen de Iglesia que me complace es la de pueblo santo, fiel a Dios. Es la definición que uso a menudo y, por otra parte, es la de la Lumen Gentium en su número 12. La pertenencia a un pueblo tiene un fuerte valor teológico: Dios, en la historia de la salvación, ha salvado a un pueblo. No existe identidad plena sin pertenencia a un pueblo. Nadie se salva solo, como individuo aislado, sino que Dios nos atrae tomando en cuenta la compleja trama de relaciones interpersonales que se establecen en la comunidad humana. Dios entra en esta dinámica popular».

«El pueblo es sujeto. Y la Iglesia es el pueblo de Dios en camino a través de la historia, con gozos y dolores. Sentir con la Iglesia…. la fe de todo el pueblo que camina..el “sentir con la Iglesia” de que habla san Ignacio. «Sucede como con María: Si se quiere saber quién es, se pregunta a los teólogos; si se quiere saber cómo se la ama, hay que preguntar al pueblo. María, a su vez, amó a Jesús con corazón de pueblo, como se lee en el Magníficat. Y cita después a Joseph Malègue, escritor francés “muy de su agrado.”

 «Yo veo la santidad en el pueblo de Dios, su santidad cotidiana. »

«Esta Iglesia con la que debemos “sentir” es la casa de todos, no una capillita en la que cabe sólo un grupito de personas selectas. No podemos reducir el seno de la Iglesia universal a un nido protector de nuestra mediocridad. Y la Iglesia es Madre —prosigue—.».

Y después hablan de las Iglesias jóvenes e Iglesias antiguas

Iglesias jóvenes e Iglesias antiguas

«Las Iglesias jóvenes logran una síntesis de fe, cultura y vida en progreso diferente de la que logran las Iglesias más antiguas. Para mí, la relación entre las Iglesias de tradición más antigua y las más recientes se parece a la relación que existe entre jóvenes y ancianos en una sociedad: construyen el futuro, unos con su fuerza y los otros con su sabiduría… El riesgo está siempre presente, es obvio; las Iglesias más jóvenes corren peligro de sentirse autosuficientes, y las más antiguas el de querer imponer a los jóvenes sus modelos culturales. Pero el futuro se construye unidos».

 «Yo sueño con una Iglesia Madre y Pastora. Los ministros de la Iglesia tienen que ser misericordiosos, hacerse cargo de las personas, acompañándolas como el buen samaritano que lava, limpia y consuela a su prójimo. Esto es Evangelio puro. Dios es más grande que el pecado.»

Y en otro nivel pregunta Spadaro: : «¿Qué piensa de los dicasterios romanos?».

«Los dicasterios romanos están al servicio del Papa y de los obispos: tienen que ayudar a las Iglesias particulares y a las conferencias episcopales. Son instancias de ayuda…. «Debemos caminar juntos: la gente, los obispos y el Papa. Hay que vivir la sinodalidad a varios niveles. 

 ¿Y el papel de la mujer en la Iglesia?

«Es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia….La Iglesia no puede ser ella misma sin la mujer y el papel que ésta desempeña. La mujer es imprescindible para la Iglesia. María, una mujer, es más importante que los obispos. Digo esto porque no hay que confundir la función con la dignidad.»

En cuanto al Concilio Vaticano II  (y copio texto completo) comenta Spadaro

«¿Qué hizo el Concilio Vaticano II? ¿Qué fue, en realidad?».  Y agregaa Spadaro “Le dirijo esta pregunta a la luz de las afirmaciones que acaba de hacer, imaginando una respuesta larga y organizada. Y, sin embargo, me da la impresión de que el Papa considerase el Concilio un hecho tan incontestable que apenas valiera la pena dedicarle mucho tiempo corroborando su importancia.”

Responde el Papa «El Vaticano II supuso una relectura del Evangelio a la luz de la cultura contemporánea. Produjo un movimiento de renovación que viene sencillamente del mismo Evangelio. Los frutos son enormes. Basta recordar la liturgia. El trabajo de reforma litúrgica hizo un servicio al pueblo, releyendo el Evangelio a partir de una situación histórica concreta. Sí, hay líneas de hermenéutica de continuidad y de discontinuidad, pero una cosa es clara: la dinámica de lectura del Evangelio actualizada para hoy, propia del Concilio, es absolutamente irreversible. Luego están algunas cuestiones concretas, como la liturgia según el Vetus Ordo. Pienso que la decisión del Papa Benedicto estuvo dictada por la prudencia, procurando ayudar a algunas personas que tienen esa sensibilidad particular. Lo que considero preocupante es el peligro de ideologización, de instrumentalización del Vetus Ordo»

En el apartado titulado Buscar y encontrar a Dios en todas las cosas Spadaro pregunta: «Santidad, ¿cómo se hace para buscar y encontrar a Dios en todas las cosas?».

«Lo que dije en Río tiene un valor temporal. Es verdad que tenemos la tentación de buscar a Dios en el pasado o en lo que creemos que puede darse en el futuro. Dios está ciertamente en el pasado porque está en las huellas que ha ido dejando. Y está también en el futuro como promesa. Pero el Dios “concreto”, por decirlo así, es hoy…. hay que encontrar a Dios en nuestro hoy»….«Encontrar a Dios en todas las cosas no es un eureka empírico. En el fondo, cuando deseamos encontrar a Dios nos gustaría constatarlo inmediatamente por medios empíricos. Pero así no se encuentra a Dios. Se le encuentra en la brisa ligera de Elías. Los sentidos capaces de percibir a Dios son los que Ignacio llama “sentidos espirituales”. Ignacio quiere que abramos la sensibilidad espiritual y así encontremos a Dios más allá de un contacto puramente empírico. Se necesita una actitud contemplativa: es el sentimiento del que va por el camino bueno de la comprensión y del afecto frente a las cosas y las situaciones. Señales de que estamos en ese buen camino son la paz profunda, la consolación espiritual, el amor de Dios y de ver todas las cosas en Dios».

(…)

«Hay que releer el capítulo 11 de la Carta a los Hebreos. Abrahán, por la fe, partió sin saber a dónde iba. Todos nuestros antepasados en la fe murieron teniendo ante los ojos los bienes prometidos, pero muy a lo lejos... No se nos ha entregado la vida como un guión en el que ya todo estuviera escrito, sino que consiste en andar, caminar, hacer, buscar, ver… Hay que embarcarse en la aventura de la búsqueda del encuentro y del dejarse buscar y dejarse encontrar por Dios»

Al Papa no le gusta demasiado la palabra “optimismo”, prefiere “esperanza” « tal como se lee en el capítulo 11 de la Carta a los Hebreos»  «y  —prosigue el Papa Francisco—, la esperanza cristiana no es un fantasma y no engaña. Es una virtud teologal y, en definitiva, un regalo de Dios que no se puede reducir a un optimismo meramente humano. Dios no defrauda la esperanza ni puede traicionarse a sí mismo. Dios es todo promesa».

En cuanto a El arte y la creatividad (me encantaron las respuestas de esta parte de su vida) el Papa Francisco dice:  «He sido aficionado a autores muy diferentes entre sí. Amo muchísimo a Dostoyevski y Hölderlin. De Hölderlin me gusta recordar aquella poesía tan bella para el cumpleaños de su abuela ( y recerdaa la suya) , que me ha hecho tanto bien espiritual. Es aquella que termina con el verso Que el hombre mantenga lo que prometió el niño. También Gerard Manley Hopkins me ha gustado mucho».

«En pintura admiro a Caravaggio: sus lienzos me hablan. Pero también Chagall con su Crucifixión blanca...». «En música amo a Mozart, obviamente. Aquel Et Incarnatus est de su Misa en Do es insuperable: ¡te lleva a Dios! Me encanta Mozart interpretado por Clara Haskil. Mozart me llena: no puedo pensarlo, tengo que sentirlo. A Beethoven me gusta escucharlo, pero prometeicamente. Y el intérprete más prometeico para mí es Furtwängler. Y después, las Pasiones de Bach. El pasaje de Bach que me gusta mucho es el Erbarme Dich, el llanto de Pedro de la Pasión según San Mateo. Sublime. Después, a distinto nivel, no de la misma intimidad, me gusta Wagner. Me gusta escucharlo, pero no siempre. La Tetralogía del anillo, dirigido por Furtwängler en la Scala en el ’50 es lo mejor que hay. Sin olvidar Parsifal dirigido en el ’62 por Knappertsbusch».

«Deberíamos pasar a hablar de cine. La Strada de Fellini es quizá la película que más me haya gustado. Me identifico con esa película, en la que hay una referencia implícita a san Francisco. Luego creo haber visto todas las películas de Anna Magnani y Aldo Fabrizi cuando tenía entre 10 y 12 años. Otra película que me gustó mucho fue Roma città aperta. Mi cultura cinematográfica se la debo sobre todo a mis padres, que nos llevaban muy a menudo al cine».

«En general puedo decir que me gustan los artistas trágicos, especialmente los más clásicos. Hay una bella definición que Cervantes pone en boca del bachiller Carrasco haciendo el elogio de la historia de Don Quijote: “Los niños la traen en las manos, los jóvenes la leen, los adultos la entienden, los viejos la elogian”. Esta puede ser para mí una buena definición de lo que son los clásicos».

Comenta luego Spadaro reflexionando sobre su entrevista:

Me doy cuenta de que me han absorbido todas estas citas del Papa y de que desearía entrar en su vida por la puerta de sus preferencias artísticas. Sería, imagino, un largo itinerario. Incluiría el cine, desde el neorrealismo italiano al Festín de Babette. Me vienen a la cabeza otros autores y otras obras que él ha citado en otras ocasiones, quizá menores o peor conocidas o de carácter local, del Martín Fierro de José Hernández a la poesía de Nino Costa, a El gran éxodo de Luigi Orsenigo. Pienso también en Joseph Malègue y José María Pemán. Y obviamente en Dante y Borges, pero también en Leopoldo Marechal, el autor de Adán Buenosayres, El banquete de Severo Arcángelo y Megafón o la guerra. Pienso en Borges porque Bergoglio, entonces profesor de literatura a los veintiocho años en el Colegio de la Inmaculada Concepción de Santa Fe, lo conoció personalmente. Bergoglio enseñaba en los dos últimos años del liceo cuando inició a sus alumnos en la escritura creativa. Yo mismo he tenido una experiencia parecida a la suya cuando tenía su edad, en el Istituto Massimo de Roma, fundando BombaCarta, y se la cuento. Y luego el Papa habla de su experiencia cuando era profesor de literatura.  

«Entonces, Santo Padre, para la vida de una persona ¿es importante la creatividad?», le pregunto. Se ríe y me responde: «¡Para un jesuita es enormemente importante! Un jesuita debe ser creativo».

Hablan luego de  la revista de los jesuitas La Civiltá Cattolica (presente y futuro) y Cómo se entiende el hombre a sí mismo y como orar.  El Papa responde:

«Rezo el Oficio todas las mañanas. Me gusta rezar con los Salmos. Después, inmediatamente, celebro la misa. Rezo el Rosario. Lo que verdaderamente prefiero es la Adoración vespertina, incluso cuando me distraigo pensando en otras cosas o cuando llego a dormirme rezando. Por la tarde, por tanto, entre las siete y las ocho, estoy ante el Santísimo en una hora de adoración…y en otros momentos de la jornada…La oración es para mí siempre una oración “memoriosa”, llena de memoria, de recuerdos, incluso de memoria de mi historia o de lo que el Señor ha hecho en su Iglesia o en una parroquia concreta. Para mí, se trata de la memoria de que habla san Ignacio en la primera Semana de los Ejercicios, en el encuentro misericordioso con Cristo Crucificado. Y me pregunto: “¿Qué he hecho yo por Cristo? ¿Qué hago por Cristo? ¿Qué debo hacer por Cristo?”. Es la memoria de la que habla también Ignacio en la Contemplación para alcanzar amor, cuando nos pide que traigamos a la memoria los beneficios recibidos. Pero, sobre todo, sé que el Señor me tiene en su memoria. Yo puedo olvidarme de Él, pero yo sé que Él jamás se olvida de mí. La memoria funda radicalmente el corazón del jesuita: es la memoria de la gracia, la memoria de la que se habla en el Deuteronomio, la memoria de las acciones de Dios que están en la base de la alianza entre Dios y su pueblo. Esta es la memoria que me hace hijo y que me hace también ser padre».

Fuente: pagina oficial de la Santa Sede


viernes, 17 de abril de 2026

Un pulmón para África, el viaje apostólico del Papa misionero agustino León XI – Introducción

 

(No he podido dedicarme aún escribir sobre este viaje tan interesante y emotivo del  Papa Leon XIV,  aunque ya tengo mucho material recopilado,   y le he robado este texto (de 2021) al Blog Agustinos y agrego al pie algunos de los enlaces referidos al Africa posteados en este blog, que invito visitar.




Hablar de los agustinos es, en cierto modo, tener presente a África. La espiritualidad agustiniana está vinculada a dicho continente desde sus comienzos, ya que San Agustín, fuente de la que mana la misma, nace en Tagaste, es sacerdote y obispo en Hipona y funda monasterios en ambos lugares. Y todo ello ocurre en lo que actualmente es Argelia, en el Norte de África.

Según los documentos históricos, la Orden de San Agustín, como institución, tiene su primer encuentro con el continente africano a través de los misioneros portugueses en Warri, Nigeria, entre los siglos XV y XVI. También estuvieron dicho misioneros en la Costa de Mombasa, Kenia, y en otras partes del África Oriental, donde fueron martirizados.

Nigeria

Es en el año 1938 cuando los agustinos irlandeses ponen sus pies en la costa africana de Nigeria. En la actualidad, son más de 110 religiosos de votos solemnes y más de 30 estudiantes en las diferentes etapas de formación. El trabajo apostólico que realizan es, básicamente, parroquial y educativo, pero también gestionan instituciones sociales y profesionales donde las chicas y mujeres pueden aprender diferentes oficios. Algunos religiosos trabajan en la promoción de la Justicia y la Paz, el diálogo interreligioso y, dos de ellos, sirven a la Iglesia nigeriana como obispos.

Congo

En los años 1950, los agustinos de Bélgica y Alemania llegan a la República Democrática del Congo, donde hay, en estos momentos, unos 40 hermanos de votos solemnes y alrededor de 20 estudiantes en las diferentes etapas de formación. Su principal apostolado es parroquial y, recientemente, trabajan también en el área de la educación Un campo nuevo de apostolado que realizan es la reeducación de los niños soldados y la asistencia a los refugiados de guerra.

Tanzania

Hacia finales de los años 70 del siglo pasado, los agustinos españoles de la Provincia del Filipinas llegan a Tanzania, al sur del país, extendiéndose posteriormente por diferentes ciudades. Actualmente hay unos 41 hermanos que han hecho los votos solemnes. La acción pastoral se centra, mayormente, en las parroquias y en un colegio de secundaria Se trabaja también en el ámbito de la promoción humana y el desarrollo social. Hace poco tiempo se ha abierto una misión con la tribu de los Masai.

Kenia

Kenia es la más joven presencia que tiene la Orden de San Agustín en África. Allí comienzan la misión, en el año 1991, algunos agustinos irlandeses que habían vivido antes en Nigeria. En estos momentos son alrededor de 29 religiosos de votos solemos y unos 20 estudiantes en las diversas etapas de formación. De momento centran su apostolado en las parroquias y en una escuela elemental. Los religiosos trabajan también en el desarrollo humano como, por ejemplo, con el tema de la sequía, la promoción de las viudas, etc.

Otras presencias

Existe una comunidad agustina en Togo, bajo el cuidado de los agustinos de Bélgica. En ella viven jóvenes estudiantes en período de formación para la vida religiosa provenientes de la República de Benin, Togo y Costa de Marfil. Asimismo los agustinos tienen una pequeña presencia en Sudáfrica y en Benin.

Finalmente, y como no podía ser por menos, la Orden de San Agustín tiene una comunidad de religiosos, dependiente de la Curia General, en Annaba, la antigua Hipona, en Argelia, la tierra de San Agustín. Allí tienen a su cargo la Basílica de San Agustín.

 

Es evidente que hay un crecimiento significativo de la Orden de San Agustín en África con religiosos propios de cada país, que se comprometen en el ministerio de la evangelización a través de las parroquias, los colegios y el trabajo de promoción social y el desarrollo humano integral.

El gran desafío que tienen ahora los agustinos es, no solo mantenerse y crecer en los países de África donde se encuentran, sino abrirse a otros lugares del continente africano. 

https://juanpablo2do.blogspot.com/search/label/Africa

 

https://juanpablo2do.blogspot.com/search/label/misioneros

 

https://juanpablo2do.blogspot.com/search/label/El%20Sahel


https://juanpablo2do.blogspot.com/search/label/Pedro%20Opeka

 

https://blog.agustinos.es/presencia-de-la-orden-de-san-agustin-en-el-continente-africano/

 

 

sábado, 11 de abril de 2026

« Dios rico en misericordia »

 


I. QUIEN ME VE A MI, VE AL PADRE (cfr. Jn 14, 9)

« Dios rico en misericordia » 1 es el que Jesucristo nos ha revelado como Padre; cabalmente su Hijo, en sí mismo, nos lo ha manifestado y nos lo ha hecho conocer.2 A este respecto, es digno de recordar aquel momento en que Felipe, uno de los doce apóstoles, dirigiéndose a Cristo, le dijo: « Señor, muéstranos al Padre y nos basta »; Jesús le respondió: « ¿Tanto tiempo ha que estoy con vosotros y no me habéis conocido? El que me ha visto a mí ha visto al Padre ».3 Estas palabras fueron pronunciadas en el discurso de despedida, al final de la cena pascual, a la que siguieron los acontecimientos de aquellos días santos, en que debía quedar corroborado de una vez para siempre el hecho de que « Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, y estando nosotros muertos por nuestros delitos, nos dio vida por Cristo ».4

(…)

Revelada en Cristo, la verdad acerca de Dios como « Padre de la misericordia »,16 nos permite « verlo » especialmente cercano al hombre, sobre todo cuando sufre, cuando está amenazado en el núcleo mismo de su existencia y de su dignidad. Debido a esto, en la situación actual de la Iglesia y del mundo, muchos hombres y muchos ambientes guiados por un vivo sentido de fe se dirigen, yo diría casi espontáneamente, a la misericordia de Dios. Ellos son ciertamente impulsados a hacerlo por Cristo mismo, el cual, mediante su Espíritu, actúa en lo íntimo de los corazones humanos. En efecto, revelado por El, el misterio de Dios « Padre de la misericordia » constituye, en el contexto de las actuales amenazas contra el hombre, como una llamada singular dirigida a la Iglesia.

(…)

Jesús, sobre todo con su estilo de vida y con sus acciones, ha demostrado cómo en el mundo en que vivimos está presente el amor, el amor operante, el amor que se dirige al hombre y abraza todo lo que forma su humanidad. Este amor se hace notar particularmente en el contacto con el sufrimiento, la injusticia, la pobreza; en contacto con toda la « condición humana » histórica, que de distintos modos manifiesta la limitación y la fragilidad del hombre, bien sea física, bien sea moral. Cabalmente el modo y el ámbito en que se manifiesta el amor es llamado « misericordia » en el lenguaje bíblico.

La Iglesia vive una vida auténtica, cuando profesa y proclama la misericordia—el atributo más estupendo del Creador y del Redentor—y cuando acerca a los hombres a las fuentes de la misericordia del Salvador, de las que es depositaria y dispensadora. En este ámbito tiene un gran significado la meditación constante de la palabra de Dios, y sobre todo la participación consciente y madura en la Eucaristía y en el sacramento de la penitencia o reconciliación. La Eucaristía nos acerca siempre a aquel amor que es más fuerte que la muerte: en efecto, « cada vez que comemos de este pan o bebemos de este cáliz », no sólo anunciamos la muerte del Redentor, sino que además proclamamos su resurrección, mientras esperamos su venida en la gloria.114 

(…)

 El mundo de los hombres puede hacerse « cada vez más humano », solamente si en todas las relaciones recíprocas que plasman su rostro moral introducimos el momento del perdón, tan esencial al evangelio. El perdón atestigua que en el mundo está presente el amor más fuerte que el pecado. El perdón es además la condición fundamental de la reconciliación, no sólo en la relación de Dios con el nombre, sino también en las recíprocas relaciones entre los hombres. Un mundo, del que se eliminase el perdón, sería solamente un mundo de justicia fría e irrespetuosa, en nombre de la cual cada uno reivindicaría sus propios derechos respecto a los demás; así los egoísmos de distintos géneros, adormecidos en el hombre, podrían transformar la vida y la convivencia humana en un sistema de opresión de los más débiles por parte de los más fuertes o en una arena de lucha permanente de los unos contra los otros.

(de la Encíclica Dives in Misericordia del PapaJuan Pablo II)


 

viernes, 10 de abril de 2026

La Divina Misericordia es la llave que abre las puertas

 


(vuelvo a publicar esta inolvidable homilía de Don Jozef Bart,  ordenado sacerdote el 16 de mayo de 2011 por Juan Pablo II, ahora ex Rector de la Iglesia Santo Spirito in Sassia, https://www.divinamisericordia.it/

Roma,  ex Director del Centro de Espiritualidad de la Divina Misericordia y nombrado Misionero de la Divina Misericordia por el Papa Benedicto  en 2018).

 

Traducción de la homilía de Don Jozef Bart del 16 de mayo de 2011,  Vigilia del Domingo de la Divina Misericordia y de la Ceremonia de beatificación del Siervo de Dios Juan Pablo II.  Soy consciente que esta homilía hay que escucharla, no leerla, porque la fuerza del espíritu de Don Bart, su convicción, contagia a quien le escucha.

No obstante aquí está traducida, de la mejor manera posible. He puesto el mayor de los cuidados por serle fiel al texto original resaltando en negrita las frases donde Don Bart pone mayor énfasis.

-0-

Cuantos periodistas me han preguntado estos días: Padre pero que cosa es esta Divina Misericordia? Que cosa es esta Divina Misericordia? Y a la pregunta que cosa es esto, yo respondo y digo: Quien es Misericordia? Jesús! No que cosa, sino QuienJesús es Misericordia encarnada.

Y cuando nos fue dada esta imagen en estos tiempos, si en estos tiempos, porque fue en 1931 cuando el 22 de febrero inicia la maravillosa y fascinante historia de esta imagen. Yo en esta imagen represento mi Misericordia, de alguna manera la podemos tocar, la podemos invocar, y hoy la podemos celebrar públicamente y firmemente establecida gracias a Juan Pablo II, gracias a El, gracias a El. Humildemente, pero con tanta fe, con tanta convicción y sabiduría ya de niño, de joven la invocaba, le rezaba y verdaderamente podía conmoverse, no sentimentalmente, bueno esta bien también de esta manera porque somos todos humanos… conmoviéndose hasta sus fibras más íntimas el 17 de agosto del 2002 cuando, curvado allí en el Santuario de la nueva Basílica de Cracovia, al consagrar la humanidad a la Divina Misericordia decía quien hubiese pensado que aquel hombre en zuecos, que hace tanto tiempo invocaba allí a la Misericordia haría la consagración de toda la humanidad de pontífice.



Si, los designios de Dios son extraordinarios pero hace falta abrir……abrir que cosaAbrir nuestro ser a todo aquello que Dios pide de nosotros. Y créanme es fascinante la confianza de Sor Faustina en el Señor cuando dice Señor haz de mi aquello que tu quieres, haz de mi lo que tu quieres, si tu quieres que sea crucificada sobre una cruz, esta bien, si quieres que sea apedreada, esta bien, de aquí en mas quiero andar por tus caminos, según tu entendimiento. porque lo que tu quieres siempre será expresión de amor y misericordia hacia los hombres.

 


Una gran santidad, si verdaderamente ella ha querido convertirse en una grandisima santa y nuevamente no por casualidad, porque también Benedicto XVI ha dicho al inicio de su pontificado nada es casual, nada, todo tiene su sentido por eso nuestro único deber es cumplir en nuestro programa la voluntad de Dios. No es casual que la Iglesia la haya canonizado precisamente el 30 de abril del 2000, la primera santa del Gran Jubileo y debo decirlo, debo decir que a tantos se les ha pasado por alto esta noticia, esta verdad, estos días, estos meses cantidades interminables de libros que se imprimen en todas las lenguas sobre el papa, todo aquello que hizo, etc. etc. Pero casi ninguno, en realidad ninguno de esos libros que me fueron ofrecidos a mi – y esto también se lo he aclarado a los reporteros de la TV instalada afuera - hacen referencia a las palabras de Juan Pablo II aquel 30 de abril, porque se trataba de una frase “este segundo domingo de Pascua, a partir de ahora en toda la Iglesia se designará con el nombre de "domingo de la Misericordia divina. Porque esta misericordia irradia precisamente de la liturgia de este segundo domingo de pascua. Todo, sin embargo confluye allí, era un inicio, precisamente un inicio, porque era un secreto oculto en el corazón de Karol Wojtyla que fue desvelando poco a poco, como siempre en modo diría sencillo, pero con tanta fe. Decía en una de las parroquias romanas: yo que provengo de Polonia, yo que provengo de la experiencia fuerte de Faustina Kowalska, he sentido, apenas electo pontífice, una propuesta en el corazón, una inspiración: tu no puedes - decía el papa a esta parroquia - no puedes no dejar al mundo los escritos, el mensaje sobre la Misericordia, y así - decía el Papa - surgió mi encíclica Dives in Misericordia. https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html

Y cuando después siguió avanzando, avanzando siempre, porque también él como todos nosotros, sacerdotes, obispos, todos seguimos el camino del crecimiento, por eso oramos, hacemos nuestros retiros, nos actualizamos, también el ha pasado por su crecimiento, en este culto indudablemente, porque cuando el Papa beatificó a Faustina por cierto se maravillo y dijo es extraordinario como este Jesús Misericordioso conquista los corazones humanos. El Papa se ha maravillado, maravillado y además debo decir esto, porque ningún reportero puede decirlo en cambio yo si, pero lo digo con humildad, porque resulta que en 1999 cuando aquí en San Pedro celebramos con 40.000 fieles y mas de 200 sacerdotes una concelebración de que? De la Fiesta de la Divina Misericordia no oficial celebraba, presidía… al estar de gira por Italia todos me preguntaban el papa celebrará? Y yo les respondía pero porque preguntan si el papa celebrara si estáis por allí venid porque en la plaza San Pedro debe presidir el Papa, pero no lo ha dicho. El Papa se mostró humilde, pequeño y dijo si a esta celebración presidida por nuestro cardenal titular Fiorenzo Angelini, único cardenal romano, quien quedo por cierto sorprendido, conmovido interiormente viendo 40.000 personas y 200 sacerdotes en concelebración para celebrar la fiesta no oficial de la Divina Misericordia y cuando el Papa se asomo para el Regina Caeli - y - bien pocos lo saben o casi nadie - pero es bueno decirlo – allí en el balcón de bendiciones Urbi et Orbi estaba expuesta la imagen de la Divina Misericordia. El Papa dijo en aquel Regina Caeli hoy estamos pregustando la vigilia del año jubilar. Y cuando después de la Misa me llamó, me dijo esta es la victoria y el triunfo de la Divina Misericordia. Este es el triunfo de la Divina Misericordia.Han venido, porque verdaderamente quieren, los fieles, piden, tienen necesidad de invocar a esta Misericordia, han venido porque el mundo necesita de la Divina Misericordia y me piden que apruebe este culto, este Domingo de la Divina Misericordia y después cuando el 17 de agosto del 2002 en su ultimo viaje a Polonia - no sentimental como han escrito algunos pobres reporteros - verdaderamente. Juan Pablo II era muy bueno pero también severo y a algunos este pastor les dijo que también podía pastorear a algunos reporteros. El fue siempre apóstol en su pensamiento, nunca desubicado y porque el papa envejecía decían que iba a despedirse de los suyos. Sin embargo el fue a Polonia en su ultimo viaje porque precisamente desde allí nombro a Cracovia la capital del culto a la Divina Misericordia y precisamente de allí ha querido enviar al mundo su mensaje a la iglesia y al mundo de aquel viaje apostólico suyo llamado Dios rico en misericordia. Si, queridos hermanos desde aquel lugar el Papa dijo: hay tanto sufrimiento en el mundo y de este mundo que sufre parece alzarse el grito a la misericordia de Dios. Si, Dios ha encontrado diría yo una chispa en una simple religiosa Faustina, llamada religiosa de segundo coro, y ha encontrado un hombre fuerte un buen trabajador de su viña porque el Señor lo ha visto digno como cristiano, después como sacerdote, después como obispo y después llamándolo a guiar esta barca en un tiempo entre el 2do y el 3er milenio y el ha tenido el honroso deber de entregar a una humanidad - en situación difícil entre una guerra nuclear que podía explotar entre las dos grandes superpotencias entonces en conflicto en aquel tiempo entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, y - entre el aborto cuando fue aprobado aquí en Italia con un referéndum lo sabemos, sobre el divorcio, el aborto; las sombras que habían aparecido en la Iglesia misma, apenas asumido su pontificado - por cierto no era una situación fácil pero el en su corazón albergaba algo grande, tenia la llave como el decía para abrir las puertas de la Divina Misericordia

Con esta llave el Papa supo abrir el corazón de ateos y alejados….Por medio de esta llave hace 25 años ha sabido reunir a todas las religiones para invocar la paz y la paz no se encontrara jamás como ha recordado Faustina Kowalska en su experiencia hasta que la humanidad no encomiende con confianza a la misericordia divina. Si la Divina Misericordia era aquel lazo que atravesaba los días del Papa Wojtyla, el se aferraba todos los días a esta Misericordia - ya antes de salir aquel 16 de octubre por la tarde al balcón para asomarse a la gente - , porque lo dijo él en el 2003 cuando celebraba los 25 años de su pontificado y distribuía en la Plaza las estampas firmadas por el de la imagen que veis allí en la fachada de nuestra Iglesia: él bajo Jesús Misericordioso. Si, - decía - he tenido miedo, pero la confianza en la Divina Misericordia me ha dado la fuerza. El vio en esta Misericordia la fuerza, por eso para tender puentes antes de morir, en su ultimo libro, decía la misericordia es la fuerza para detener aquel misterio del mal que ataca a todos, ataca a sacerdotes, ataca a religiosos, ataca familias, ataca niños, a todos y hoy se posesiona también de los medios de comunicación y de las computadoras, lo sabemos, es como un tumor, y hace sufrir a tantos pero la Divina Misericordia es la fuerza, es el limite divino contra el mal.

También lo ha reiterado el Papa Benedicto con mas vigor aun en su verdad de teólogo, lo decimos con fuerza, el Papa Benedicto ha dicho que la misericordia es el limite divino contra el mal se entiende ahora y se entienden bajo esta luz las palabras fuertes inscriptas por Faustina Kowalska que dice que Satanás odia a la Divina Misericordia, la odia con todas sus fuerzas, pero el culto de la Divina Misericordia se impondrá en todas las almas no en una posesión diabólica, en una posesión misericordiosa de Dios sobre nosotros porque nosotros somos suyos, y el es nuestro por eso Abba, Padre se dirigía Jesús y nosotros nos dirigimos hoy a el Padre rico en Misericordia y también los jóvenes se han dirigido al Papa llamándolo papá, tu eres nuestro padre.

Si queridos hermanos el Papa JPII muriendo en la vigilia de la Divina Misericordia por cierto no podía entrar en el Paraíso si no fuese el Domingo de la Divina Misericordia y cuando los cardenales mañana pasen cerca de allí por el altar – donde hay un gran escrito que he visto esta mañana con palabras de Benedicto XVI sed felices de esto, sed felices quien lo ha amado, quien le ha estado cerca, porque este Papa será beato el dia de la Divina Misericordia - porque hoy, mañana con la beatificación de JPII tantos corazones recibirán una nueva luz, aquellos que aun se oponían a esta misericordia, aquello que aun dudaban, aquellos que aun tenían miedo o aquellos que reducían este culto de la divina misericordia a un culto polaco, a una devocioncita, en cambio no, en cambio no, mañana los dos pontífices Benedicto y Juan Pablo PII hablarán porque mañana todos sentiremos su voz desde el cielo que continua atrayendo almas por medio de su magisterio , el continúa y continuará hablándonos de la Divina Misericordia.

Y también su Polonia, su Polonia que gracias precisamente a su fiel secretario el cardenal Stanislaw Dziwisz su fiel secretario que ha emprendido esta gran responsabilidad a ejemplo de Juan Pablo II porque don Stanislaw ha visto en este pontífice como vibraba en su corazón la Divina Misericordia, en su vida, en su misión, en su donación de su cuerpo y su sangre por la Iglesia y por el mundo y hoy en la Capital del culto a la Divina Misericordia el cardenal Stanislaw continuara, inmediatamente después de la beatificación la gran peregrinación de la imagen de Jesús Misericordioso y de las reliquias de JPII que pasaran por todas las parroquias y diócesis para llevar esta nueva luz, para llevar esta fuerza a todos porque es tan fácil caer, es tan fácil prestarle oído a voces falsas , es tan fácil decir no la practico mas….pero si seguimos este camino nosotros no somos hijos espirituales de JPII porque el nos dijo abrid las puertas a Cristo, el nos ha pedido comprender esta misericordia y concluyo precisamente así con las ultimas palabras escritas, no dichas, dichas por Mons. Sandri, hoy cardenal, concluyo con las ultimas palabras que JPII ha preparado para la Fiesta de la Divina Misericordia el 3 de abril de 2005 y eran estas, así concluye su magisterio: Cuanto necesita el mundo de comprender y acoger la Divina Misericordia! Es un mensaje, es un testamento que el Papa nos ha dejado y con su beatificación, con su santidad nos sacude profundamente para impulsarnos precisamente a comprender esta misericordia y acogerla. Y esto queridos hermanos debe ser y yo sobre esto insistiré siempre hasta que viva, debe ser ser el fruto de esta beatificación y la futura canonización: comprender - porque no es fácil - la Divina Misericordia que se ha consumado en la Pasión, Muerte y Resurrección y como segunda parte quizás aun mas difícil acogerla e introducirla en nuestra vida.

Ahora veamos el pontificado de Juan Pablo II en la encíclica de la Divina Misericordia el papa nos dice que es un deber grave de la iglesia de toda época en todos los tiempos implorar esta Misericordia, proclamarla e introducirla en la vida. Pido esto para los sacerdotes aquí presentes, para ustedes para que podamos verdaderamente invocarla, celebrarla proclamarla y cumplirla, entonces si seremos verdaderos, auténticos apóstoles de la Divina Misericordia.    Alabado sea Jesucristo. ”

 

 


 

 

jueves, 9 de abril de 2026

Karol Wojtyla - Universidad Católica de Lublin

 


En septiembre de 1954 durante una caminata por las montañas al sur de Cracovia Stefan Swiecawski “urgió” a Wojtyla a unirse a la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica de Lublin (KUL) (ahora Universidad Católica de Lublin Juan Pablo II). Previa autorización del arzobispo Baziak, Wojtyla comenzó a acudir a Lublin desde Cracovia.

Habia cerrado la Universidad de Cracovia y Lublin era la unica universidad católica bajo el comunismo. “Y allí, en aquella especie de oasis protegido, pudo confrontar sus reflexiones con las de un grupo de profesores, de entre los más jóvenes y con las ideas más innovadoras. Estos profesores se proponian librar la gran batalla político-filosófica con el marxismo sobre su propio terreno, el de la liberación de la persona, pero a partir de un humanismo en el que hubiera sitio para el individo, para la esencia del hombre” (Svidercoschi, Franco : Historia de Karol)

Era plena época de confrontaciones políticas; entre 1953 y 1956 fueron clausuradas las facultades de leyes, ciencias sociales y educación y los diplomados en KUL encontraban dificultades para obtener posiciones académicas en otras universidades. Todas las presiones existentes no hicieron mas que fortalecer el espíritu de profesores y alumnado y hacer de KUL una “universidad con vocación” . El “proyecto” KUL fue ideado por un cuarteto de hombres relativamente jóvenes que habían ocupado puestos de profesores (el régimen estalinista de Polonia había depuesto los antiguos profesores) : Jerzy Kalinowski (Filosofía), Stefan Swiezawski (Historia de la Filosofia), el sacerdote dominico Mieczyslaw Albert Krapiec (Metafísica) y el sacerdote Karol Wojtyla (Ética). En noviembre de 1956 Wojtyla sucedió al dominico Félix Bedniarski, que es transferido al Angelicum de Roma y el 1ro de diciembre de 1956 es nombrado Director de la cátedra que ocuparía durante 22 años hasta su traslado definitivo a Roma como Sumo Pontífice. (Weigel, George Testigo de Esperanza)



En la introducción a Mi visión del hombre (Trilogía inédita I) publicada por Ediciones Palabra, Madrid, Maria Pilar Ferrer al hablar de la producción filosófica de Karol Wojtyla la divide en tres periodos:

a) aproximadamente desde inicios de los años cincuenta hasta 1979, centrado fundamentalmente en estudios de ética filosófica y sobre el amor humano. Cita entre las publicaciones que se destacan en la primera fase de ese periodo: los cursos impartidos en la KUL (1954-1958), las separatas de Abecedario ético (publicadas por Tygodnik Powszechnyentre los años 56-58: su tesis sobre la ética de Scheler y Amor y responsabilidad.

b) El segundo periodo definido fundamentalmente por Persona y Acto (1969) “una apuesta sobre el hombre, sobre la posibilidad y sobre las condiciones de afirmación de un humanismo no utópico y solidamente anclado en la realidad y en la experiencia”

c) En la tercera fase de la producción filosófica –dice Pilar Ferrer – “se abre con la ultima sección de Persona y Acto, que lleva el titulo de Participación y se extiende a todos los escritos posteriores” Y prosigue “en esta tercera fase ocupa un puesto singular el articulo El hombre en la esfera de la responsabilidad, un estudio sobre la concepción y sobre la metodología ética pensado como una “continuación ética de Persona y Acto”.


Juan Pablo II recordaba aquellos años de su paso por KUL en su primer viaje a Polonia en 1979 en su homilia a los universitarios en Varsovia, Y también - con cierta nostalgia - durante el mismo viaje en el discurso a los universitartios en Cracovia. Y extensamente durante su visita a la Universidad Catòlica de Lublin en 1987. Diriendose al mundo de la cultura admitia “Estas experiencias han impreso en mi conciencia y en mi entera personalidad profundas huellas para toda la vida”.


 

martes, 7 de abril de 2026

Vittorio Messori – Entrevista a Juan Pablo II (5 de 5) Introducción a “Cruzando el umbral de la esperanza”

 


EL SERVICIO DE PEDRO

 Bajo una luz semejante, cabe esperar entre otras cosas que los que, tanto fuera como dentro de la Iglesia, llegaron a sospechar que este «Papa venido de lejos» traía «intenciones restauradoras» o era «reaccionario a las novedades conciliares» encuentren al fin el modo de rectificarse completamente.

Queda aquí confirmado de continuo su papel providencial desde aquel Concilio Vaticano II en cuyas sesiones (desde la primera a la última) el entonces joven obispo Karol Wojtyla participó con un papel siempre activo y relevante. Por aquella extraordinaria aventura -y por lo que ha derivado de ella en la Iglesia- Juan Pablo II no tiene ninguna intención de «arrepentirse», como declara rotundamente, a pesar de que no oculte los problemas y dificultades debidas -esto está comprobado- no al Vaticano II, sino a apresuradas cuando no abusivas interpretaciones. 

Que quede, pues, bien claro que -ante el planteamiento plenamente religioso de estas páginas-, simplificaciones como «derecha-izquierda» o como «conservador-progresista» se revelan totalmente inadecuadas y sin sentido. La «salvación cristiana», a la que dedica algunas de las páginas más apasionadas, no tiene nada que ver con semejantes estrecheces políticas, que constituyen desgraciadamente el único parámetro de tantos comentaristas, condenados así -sin sospecharlo siquiera- a no comprender nada de la profunda dinámica de la Iglesia. Los esquemas de las siempre cambiantes ideologías mundanas están muy lejos de la visión «apocalíptica» -en el sentido etimológico de revelación, de desvelamiento del plan de la Providencia que llena el magisterio de este Pontífice y da vida también a las siguientes páginas.

 Me decía un íntimo colaborador suyo: «Para saber quién es Juan Pablo II hay que verlo rezar, sobre todo en la intimidad de su oratorio privado.» ¿Acaso puede entender algo de este Papa-igual que de cualquier otro Papaquien excluya esto de sus análisis, centrándose en sofisticadas apariencias?

El lector comprobará que, en numerosas ocasiones, no he dudado en adoptar el papel de «acicate», de «estímulo», aun hasta el de respetuoso «provocador». Es una tarea no siempre grata ni fácil. Creo, sin embargo, que ésta es la obligación de todo entrevistador, que -manteniendo, naturalmente, esa virtud cristiana que es la de ironizar sobre sí mismo, esa sonrisa burlona ante la tentación de tomarse demasiado en seriodebe intentar poner en práctica la «mayéutica», que es, como se sabe, la «técnica de las comadronas».

 Por otra parte, tuve la impresión de que mi Interlocutor esperaba precisamente este tipo de «provocación», y no delicadezas cortesanas, como demuestran la viveza, la claridad, la sinceridad espontánea de las respuestas. He conseguido con eso algo que se parece a una afectuosa «reprensión», o quizá a una paternal «oposición». También esto me complace, ya que no sólo confirma la generosa seriedad con que han sido acogidas mis preguntas, sino que además el Santo Padre ha corroborado así que mi modo de plantear los problemas -a pesar de que no los pueda compartir- es el de tantos otros hombres de nuestro tiempo. Era, pues, un deber de este cronista intentar erigirse en su portavoz, en nombre de todos los que «nos dan trabajo», los lectores.

Claro que, con algo parecido a lo que los autores de espiritualidad llaman «santa envidia» (y que, como tal, puede no ser un «pecado», sino un beneficioso acicate), ante algunas respuestas he tomado plena conciencia de la desproporción entre nosotros -pequeños creyentes agobiados por problemas a nuestra mediocre medida- y este Sucesor de Pedro, quien -si es lícito expresarse así- no tiene necesidad de «creer». Para él, en efecto, el contenido de la fe es de una evidencia tangible. Por tanto, y a pesar de que él también aprecie a Pascal (al que cita), no tiene necesidad de recurrir a ninguna «apuesta» como él, no necesita del apoyo de ningún «cálculo de probabilidades» para estar seguro de la objetiva verdad del Credo.

Que la Segunda Persona de la Trinidad se ha encarnado, que Jesucristo vive, actúa, informa el universo entero con Su amor, el cristiano Karol Wojtyla en cierta manera lo siente, lo toca, lo experimenta; como le sucede a todo místico, que es el que ha alcanzado ya la evidencia. Lo que para nosotros puede ser un problema, para él es un dato de hecho objetivamente incontestable. No ignora, como antiguo profesor de filosofía, el esfuerzo de la mente humana en la búsqueda de «pruebas» de la verdad cristiana (a esto, precisamente, dedica algunas de las páginas más densas), pero se tiene la impresión de que, para él, esos argumentos no son sino confirmaciones obvias de una realidad evidente. 

También en este sentido me ha parecido estar verdaderamente en consonancia con el Evangelio, ver cumplidas las palabras de Jesús, transmitidas por Mateo: «Bienaventurado tú, Simón, hijo de Juan, porque no te ha revelado esto ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en losCielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella» (16,17-18).

Una piedra, una roca a la que agarrarse a la hora de la prueba, en esas «tempestades de la duda», en esas «noches oscuras» que insidian nuestra fe, tan a menudo vacilante; el testigo de la verdad del Evangelio, que no duda, el testigo de la existencia de Otro Mundo donde a cada uno le será dado lo suyo, y en el que a cada uno -con tal de que haya querido- le será dada la plenitud de la vida eterna. Éste es el servicio a los hombres que Jesucristo mismo confió a un hombre, haciéndole Su «Vicario»: «Simón, Simón, he aquí que Satanás os ha reclamado para cribaros como el trigo. Pero yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe; y tú, cuando te conviertas, confirma a tus hermanos» (Lucas 22,31-32). Éste es el servicio que cumple el actual Sucesor de Pedro, que, después de casi veinte siglos, está todavia entre los que «han visto la Resurrección», y que saben que «aquel Jesús ha subido al Cielo» (cfr. Hechos de los Apóstoles 1,21-22). Y está dispuesto a asegurarlo con su misma vida, con palabras, pero sobre todo con hechos. 

En esta mano firme que se nos tiende para darnos seguridad, en esta confirmación, tan respetuosa como apasionada, del «esplendor de la verdad» -expresión que muchas veces se repite aquí-, me ha parecido que está el mayor regalo que ofrecen estas páginas. A quien primero las ha leído le han hecho mucho bien, le han dado seguridad, empujándole a una mayor coherencia, a intentar sacar consecuencias más acordes con las premisas de una fe quizá más teorizada que practicada en la vida cotidiana.

No dudamos de que harán bien a muchos, cumpliéndose así la única razón que ha movido a este singular Entrevistado, quien desde la cama del hospital donde se encontraba por una dolorosa caída, decía que había ofrecido un poco de su sufrimiento también por los lectores de estas páginas, en las que la palabra que quizá con mayor frecuencia se repite, junto a «esperanza», sea «alegría». ¿Será acaso retórico decirle que, también por esto, le estamos agradecidos?

VITTORIO MESSORI

(Texto completo en pdf del libro “Cruzando el umbral de la esperanza” Plaza & Janés Editores S.A.1994,  (traducción de Antonio Urbina) se encuentra en Mercaba.org