El
filósofo alemán Jürgen Habermas, uno de los pensadores europeos más influyentes
del siglo XX, falleció a los 96 años. Teórico de la acción comunicativa y la
democracia deliberativa, reflexionó sobre el papel del lenguaje y la
racionalidad en la vida pública. Su diálogo con el entonces cardenal Joseph
Ratzinger sobre la relación entre religión y modernidad fue célebre.
En
una época marcada por el conflicto, las divisiones culturales y la crisis de la
democracia, Jürgen Habermas —fallecido el 14 de marzo de 2026 en Starnberg,
cerca de Múnich, a los 96 años— dedicó su vida a defender una convicción
sencilla pero radical: la convivencia humana solo puede sostenerse mediante el
diálogo. Filósofo del lenguaje y de la democracia deliberativa, influyó en el
pensamiento europeo durante más de medio siglo. En los últimos años, su
trayectoria se cruzó con la del teólogo Joseph Ratzinger en uno de los debates
más importantes sobre la relación entre fe y razón en la sociedad
contemporánea.
Nacido
en Düsseldorf en 1929, Habermas fue uno de los más grandes filósofos,
sociólogos y politólogos del siglo XX, discípulo de Adorno y Horkheimer,
exponente de la Escuela de Frankfurt y autor de la famosa teoría de la
"acción comunicativa", que influyó en el debate filosófico, político
y jurídico europeo durante décadas.
Desde muy joven,
Habermas mostró interés por el lenguaje. Esto no se debía únicamente a sus
aspiraciones intelectuales: una fisura palatina, que padeció de niño, le
dificultaba hablar. El lenguaje se convirtió así también en una herramienta de
redención personal y una afirmación de la dignidad de la comunicación humana.
Tras estudiar en Bonn, Gotinga y Zúrich, se graduó en 1954 con
una tesis sobre Schelling y comenzó a colaborar con la Escuela de Frankfurt,
trabajando como asistente de Adorno. Profesor en Heidelberg y Frankfurt, y
posteriormente director del Instituto Max Planck en Starnberg, fue una de las
figuras centrales de la filosofía alemana entre las décadas de 1960 y 1990.
Miembro de la segunda generación de la Escuela de Frankfurt, renovó su enfoque
marxista, transformándolo en una teoría de la racionalidad y la comunicación
orientada hacia la democracia deliberativa.
Su obra más
conocida, La teoría de la acción comunicativa, propone que la racionalidad
surge no de la imposición ni del poder, sino del diálogo entre interlocutores
libres e iguales. De ahí proviene su «ética del discurso»: una norma es justa
si puede ser aceptada por todos los implicados mediante un intercambio libre.
Por lo tanto, el fundamento de la convivencia civil no reside en la tradición
ni en la revelación, sino en el consenso argumentado racionalmente.
Este proyecto representa uno de los intentos más ambiciosos de
la filosofía contemporánea por dotar a la modernidad de un fundamento normativo
tras la crisis de la metafísica tradicional. Sin embargo, es precisamente aquí
donde surgen algunas de sus limitaciones. La confianza en el proceso racional
del diálogo se muestra hoy más frágil ante las tensiones del siglo XXI:
guerras, el resurgimiento del nacionalismo, fracturas culturales y religiosas,
pero también los desafíos que plantean la biotecnología y la inteligencia artificial.
La racionalidad comunicativa parece capaz de regular los conflictos, pero no
siempre de generar las profundas motivaciones morales que las sociedades
requieren.
Su imagen pública también ha sido controvertida. En ocasiones,
Habermas apoyó intervenciones militares occidentales justificadas en nombre de
los derechos humanos, como el bombardeo de Serbia por la OTAN en 1999 o algunas
intervenciones militares occidentales después del 11-S, lo que le valió
críticas de quienes veían tales posturas como un conflicto con su ideal de
diálogo racional.
Diálogo
con Ratzinger sobre fe, razón y secularización.
A pesar de su formación laica y aconfesional, en las últimas
décadas Habermas ha dedicado considerable atención a la relación entre fe y
razón. Su diálogo con Joseph Ratzinger es emblemático. El 19 de enero de 2004,
el cardenal —entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y
futuro papa Benedicto XVI— se reunió con él en la Academia Católica de Baviera
para un debate público que posteriormente se recopiló en el libro Dialéctica de
la secularización: Sobre la razón y la religión.
En el centro del debate se encontraba una cuestión crucial:
¿puede la democracia moderna ignorar por completo la religión, o se apoya en
sus recursos morales? Habermas y Ratzinger coincidieron en un punto: la fe no
es meramente un residuo privado, sino que puede generar motivaciones éticas y
un sentido de los límites. Sin embargo, diferían en sus premisas. El filósofo
partía del Estado constitucional democrático y del principio de la
justificación racional de las normas; el teólogo, de la revelación cristiana,
en la que la razón se considera luz divina y la fe, su guía.
El diálogo reveló puntos en común. Ambos rechazaron el
relativismo moral absoluto y el fundamentalismo religioso. Asimismo,
enfatizaron la necesidad de una «purificación mutua»: la fe debe aceptar la
crítica racional para evitar desviaciones ideológicas, mientras que la razón
debe reconocer que no todo puede reducirse a la tecnología o la lógica
instrumental. Por lo tanto, la religión puede desempeñar un papel público,
siempre que sea capaz de traducir su contenido a un lenguaje comprensible para
todos los ciudadanos.
Desde esta perspectiva surge la idea de una sociedad
"postsecular": una realidad que no regresa a una Europa confesional,
sino que reconoce que la religión continúa ofreciendo símbolos, narrativas y
motivaciones morales que la racionalidad secular por sí sola se esfuerza por
producir.
Las reflexiones de ambos pensadores se centraron principalmente
en el futuro de Europa. Habermas y Ratzinger coincidieron en defender la
democracia liberal, pero criticaron su potencial deriva tecnocrática y la
reducción de la sociedad a un mercado de intereses. En este contexto, la fe,
sin reivindicar privilegios políticos, puede contribuir a devolver la sustancia
ética a la vida pública, haciendo hincapié en el valor del individuo, los
derechos fundamentales y la justicia social.
Ante las crisis democráticas actuales, el auge del populismo y
las tensiones culturales, su diálogo sigue siendo sorprendentemente relevante
hoy en día. La «postsecularidad» que vislumbraron Habermas y Ratzinger exige
una cultura política más madura: capaz de distinguir entre secularismo y
nihilismo, entre identidad abierta y cierre ideológico, entre una fe que
dialoga y una religión que reclama poder.
La muerte de Habermas marca, pues, el fin de una gran era del
pensamiento europeo. Pero el diálogo que inició con Ratzinger sigue siendo un
punto de referencia para quienes conciben Europa no solo como un mercado o una
institución administrativa, sino como un proyecto cultural y moral fundado en
el diálogo entre la razón, el pluralismo y la responsabilidad histórica.
(...) Es el
misterio de la universalidad de la salvación y al mismo tiempo de su vínculo
necesario con la mediación histórica de Jesucristo, precedida por la del pueblo
de Israel y prolongada por la de la Iglesia. Dios es amor y quiere que todos
los hombres participen de su vida; para realizar este designio él, que es uno y
trino, crea en el mundo un misterio de comunión humano y divino, histórico y
trascendente: lo crea con el «método» —por decirlo así— de la alianza,
vinculándose con amor fiel e interminable a los hombres, formando un pueblo
santo que se convierta en una bendición para todas las familias de la tierra
(cf. Gn 12, 3). Se revela así
como el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob (cf. Ex 3,
6), que quiere llevar a su pueblo a la «tierra» de la libertad y de la paz.
Esta «tierra» no es de este mundo; todo el designio divino sobrepasa a la
historia, pero el Señor lo quiere construir con los hombres, por los hombres y
en los hombres, a partir de las coordenadas de espacio y tiempo en las que
ellos viven y que él mismo ha dado.
De dichas
coordenadas forma parte, con su especificidad, lo que nosotros llamamos
«Oriente Medio». Dios también ve esta región del mundo desde una perspectiva
distinta, podríamos decir «desde lo alto»: es la tierra de Abraham, de Isaac y
de Jacob; la tierra del éxodo y del regreso del exilio; la tierra del templo y
de los profetas; la tierra en la que el Hijo Unigénito nació de María, donde
vivió, murió y resucitó; la cuna de la Iglesia, constituida para llevar el
Evangelio de Cristo hasta los confines del mundo. Y también nosotros, como
creyentes, miramos a Oriente Medio con esta mirada, desde el punto de vista de
la historia de la salvación. Es la perspectiva interior que me ha guiado en los
viajes apostólicos a Turquía, Tierra Santa —Jordania,
Israel, Palestina— y Chipre, donde he podido
conocer de cerca las alegrías y las preocupaciones de las comunidades
cristianas. Por eso también he acogido de buen grado la propuesta de los
patriarcas y obispos de convocar una Asamblea sinodal para reflexionar juntos,
a la luz de las Sagradas Escrituras y de la Tradición de la Iglesia, sobre el
presente y el futuro de los fieles y las poblaciones de Oriente Medio.
Mirar esa parte
del mundo desde la perspectiva de Dios significa reconocer en ella la «cuna» de
un designio universal de salvación en el amor, un misterio de comunión que se
cumple en la libertad y, por tanto, pide a los hombres una respuesta. Abraham,
los profetas, la Virgen María son los protagonistas de esta respuesta, que
tiene su último cumplimiento en Jesucristo, hijo de esa misma tierra, pero que
bajó del cielo. De él, de su corazón y de su Espíritu, nació la Iglesia, que es
peregrina en este mundo, pero que le pertenece. La Iglesia está constituida
para ser, en medio de los hombres, signo e instrumento del único y universal
proyecto salvífico de Dios; cumple esta misión sencillamente siendo ella misma,
es decir, «comunión y testimonio», como reza el tema de la Asamblea sinodal que
se abre hoy, y que hace referencia a la célebre definición que da san Lucas de
la primera comunidad cristiana: «La multitud de los creyentes no tenía sino un
solo corazón y una sola alma» (Hch 4,
32). Sin comunión no puede haber testimonio: el gran testimonio es precisamente
la vida de comunión. Lo dijo claramente Jesús: «En esto conocerán todos que
sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros» (Jn 13, 35). Esta comunión es la vida misma
de Dios que se comunica en el Espíritu Santo, mediante Jesucristo. Es, por
tanto, un don, no algo que ante todo tenemos que construir con nuestras
fuerzas. Y es precisamente por esto por lo que interpela nuestra libertad y
espera nuestra respuesta: la comunión nos pide siempre la conversión, como don
que debe ser acogido y cumplido cada vez mejor. Los primeros cristianos, en
Jerusalén, eran pocos. Nadie habría podido imaginarse lo que ocurrió después. Y
la Iglesia vive siempre de esa misma fuerza que la hizo ponerse en marcha y
crecer. Pentecostés es el acontecimiento originario, pero también es un
dinamismo permanente, y el Sínodo de los obispos es un momento privilegiado en
el que se puede renovar en el camino de la Iglesia la gracia de Pentecostés, a
fin de que la Buena Nueva sea anunciada con franqueza y pueda ser acogida por
todas las gentes.
Líbano
(12 y final) Entrevista exclusiva para este blog - Cristianos y musulmanes en
un mismo mundo- reposteo deuna entrevista realizada en septiembre 2012
-o-
Entrevista exclusiva para este blog - Cristianos y musulmanes en
un mismo mundo
Ha sido para mí un privilegio poder entrevistar electrónicamente a
Abdallah, un católico libanés que vive en Beirut, que gentilmente respondió a
mis preguntas. Conociendo tan poco de nuestros hermanos orientales, sus
vidas y sus luchas, creí oportuno plantear algunas preguntas básicas
acerca de su patria, de la sociedad libanesa y la visita del Santo Padre
Benedicto XVI. Agradezco de corazón a Abdallah, que me escribe que fue
emocionante poder participar de la Misa del Papa y sentirse bendecido al verlo pasar
tan cerquita de él. Mil gracias Abdallah y que Dios te bendiga a ti, a tu
familia y a tu patria.
Introducción
La historia de la República
del Líbano es antiquísima (7000 AC?) una historia multicultural,
con un país que comenzó a crecer con la llegada de los fenicios 2000 años AC.
El Líbano es un país relativamente pequeño (algo menos de 4 millones de
habitantes) con características significativas en cuanto a educación (bajo
analfabetismo) y una participación decididamente activa en organizaciones
internacionales.
Entrevista
Mi pregunta:La independencia del Líbano fue reconocida oficialmente en 1943 y
los franceses se retiraron del país en 1946. Pasados unos pocos años ya
debieron ustedes enfrentar una guerra civil en 1958. Las causas de este
conflicto fueron internas o externas?
Abdallah: El origen de este conflicto (y similarmente el de 1975/1990)
fue tanto interno como externo. La comunidad musulmana y la cristiana del
Libano a menudo sienten que tanto su lealtad como sus orígenes, van mucho más
allá de las fronteras del país. Para los musulmanes las políticas intereses e
influencias de los países árabes en la península árabe, norte de Africa y
el mundo árabe en general, como así también en Irán son prioritarios.
Además la causa palestina constituye para ellos un tema crucial y
fundamental. Para los cristianos que pueden sentirse aislados religiosa y
culturalmente en una región mayoritariamente musulmana, consideran
sus lazos al mundo occidental como una suerte de salvavidas que los conecta al
mundo más afin a sus creencias y costumbres. Estas quebraduras entre
ambas comunidades a menudo derivan en diferencias políticas internas y producen
conflictos internos como la crisis de 1958 y la guerra civil libanesa que
estalló en 1975.
En el dia a dia como acepta y vive el multiculturalismo la
sociedad libanesa en general? (lenguas, grupos étnicos y religiosos diversos)
Conviven pacíficamente cristianos y musulmanes? Y en cuanto a palestinos
e israelíes?
Es una pregunta un tanto difícil de responder, pues
históricamente el Líbano en realidad no ha demostrado ser capaz de
poner el multiculturalismo en práctica. No obstante, en el día a día la
sociedad multicultural del Líbano es el corazón palpitante de la nación.
Todo indica que de hecho son muchas las lenguas, religiones y orígenes
étnicos aceptados y practicados en el territorio de un país pequeño.
El sistema político libanes mismo es comouna
faceta de esta sociedad multicultural - alguien podría objetar que esto
es más bien un obstáculo. Pero en la historia del país los
peligros al acecho, amenazas y a menudo crisis aparentes surgen de esta
dificultad de imponer un enfoque multicultural en una sociedad dividida
en múltiples niveles. Las comunidades musulmanas y cristianas, como
asimismo la población palestina del Líbano han coexistido pacíficamente desde
el fin de la guerra civil en 1990, pero tal como ya mencionara, las divisiones
son profundas y serias y cualquier crisis mayor podría afectar el delicado
equilibrio de la sociedad libanesa. Además el hecho de que a veces
las relaciones entre comunidades tanto a nivel individual como
comunitario son limitadas no facilita las cosas.
La diáspora libanesa, como toda otra diáspora, fue una dura prueba
para el Líbano. Como respondió la sociedad en general a esta nueva
composición del país, con tantos libaneses emigrados y nuevos inmigrados
de países vecinos?
El Líbano está acostumbrado a olas de emigración que han plagado
el país en todo momento crítico de la historia. Durante la primera guerra
mundial una gran cantidad de ciudadanos buscaron refugio en las Américas,
Europa y Australia. Lo mismo ocurrió durante los 70 y los 80 del siglo
pasado. Estos movimientos afectaron enormemente la composición
demográfica del país causando temor particularmente entre los cristianos que
sienten que van disminuyendo demográficamente, y consecuentemente la balanza
política se va inclinando a favor de los musulmanes.
Tu también habías emigrado y luego decidido regresar. Podemos
preguntarte por la razón de tu vuelta?
Yo partí del Líbano hacia Gran Bretaña y viví allí casi 5 años
antes de decidirme a regresar a comienzos de este año. Yo sabía entonces
que mi estadía en Gran Bretaña seria temporaria porque mis padres viven en el
Líbano y que en algún momento me necesitarían tener a su lado. Mi esposa es
británica y una de las razones de haber dejado el Líbano era para comprender y
vivenciar la cultura y el origen de mi esposa.
El Líbano es un país con comunidades católicas de diferentes
denominaciones. De alguna manera todos están unidos? Cuáles son las
diferencias? Todas unidas a Roma? La Iglesia católica organiza reuniones
ecuménicas con ogros grupos cristianos? Y con los musulmanes?
Lo que une a las comunidades católicas de diferentes
denominaciones en el Líbano es justamente Roma misma. Roma es referencia y
fuente. Las diferencias son mayormente litúrgicas y también tradicionales
referidas a los orígenes de la iglesia cristiana oriental de estas
denominaciones. Pero estas diferencias son mínimas comparadas con la
importancia que estamos todos unidos a la Iglesia Universal. Hay muchas
actividades ecuménicas en el Líbano, pero yo diría que no son significativas y
están menos dirigidas hacia las relaciones cristiano-musulmanas comparadas con
las relaciones entre cristianos especialmente entre católicos y
cristianos ortodoxos.
El Papa Benedicto visito el Líbano en momentos muy delicados y su
llamado a la paz ha sido uno de sus mensajes más fuertes. Crees que este
sincero deseo de paz y reconciliación puede llegar a algún tipo de compromiso
en la región en un futuro cercano?
Es difícil de predecir. Pero el Papa ha propuesto el mensaje fiel
al papel de la Iglesia como “la luz del mundo” y depende de cada
comunidad y país poner en práctica su llamado a la paz y la
reconciliación.
Como fue recibido el Santo Padre por la sociedad libanesa en
general, cristianos y musulmanes?
El Líbano le dio una bienvenida cordial y muy respetuosa al Papa
Benedicto XVI. Tanto líderes cristianos como musulmanes lo recibieron como un
mensajero de paz para toda la región. El Papa también se entrevistó con líderes
religiosos musulmanes durante su visita. Uno de ellos entrego al Papa una carta
en la cual expresaba que los musulmanes del Líbano apoyan ese llamado del Papa
por una convivencia pacífica en el Líbano y en la región.
Como vivieron los católicos y el resto de la sociedad esta visita?
Compartirías con nosotros alguna anécdota especial?
Creo que un aspecto muy importante de la visita del papa fue el
entusiasmo de tantos hombres y mujeres jóvenes que expresaron su amor y
aprecio al Santo Padre durante la ceremonia de los jóvenes el Sábado por la
noche y en la Misa al aire libre del Domingo. Fue muy emocionante ver
participar de la ceremonia a cristianos de Irak, Siria y Jordania.
Las fotos y eslogans de bienvenida al Papa adornaron las calles de
la capital Beirut y alrededores durante semanas reflejando una ansiosa espera,
entusiasmo y calidez.
Tus reflexiones finales acerca de esta visita apostólica del Papa
Benedicto XVI?
Como católico considero esta visita como un don de Dios y como un
signo que la Iglesia Universal es una madre que cuida a todos sus hijos
dondequiera que estén en el mundo. Tuve la gracia de poder participar de
la Misa Papal el domingo. No puedo menos que orar para que todos los
cristianos de medio Oriente se sientan alentados e iluminados por la
Exhortación Apostólica para el Medio Oriente firmada por el Papa Benedicto XVI
en el Líbano y por cada palabra que pronunció durante su visita.
Abdallah nuevamente sinceras gracias por tomarte el tiempo para
esta entrevista. Es para mí un verdadero privilegio tener un amigo allí en el
corazón mismo del Libano.
(Al poco tiempo perdimos contacto con Abdallah y no hemos logrado volver a contactarnos)
Con
motivo del primer viaje apostólico del Papa León XIV a Turquía (Türkiye) y
Líbano, Amedeo Lomonaco en Vatican News recorre algunos momentos de las visitas
de los Pontífices a la “tierra de los cedros”. Visitaron este país Pablo VI en 1964,
para hacer una escala antes de su peregrinación a la India, Juan Pablo II en
1997 y Benedicto XVI en 2012.
El de Líbano es un viaje en la ruta de la paz. El Papa León XIV,
después de su viaje a Turquía (Türkiye), se dirige a este país del 30
de noviembre al 2 de diciembre de 2025.
Con ello, cumple el deseo de su predecesor Francisco, quien
hubiera querido visitar el “País de los cedros”. El objetivo del primer viaje
apostólico de León a esta tierra del “Cercano Oriente”, en la costa oriental
del Mar Mediterráneo, es llevar esperanza a una región marcada por conflictos y
fortalecer el diálogo interreligioso.
(…)
Pablo VI y la escala en Beirut en 1964
El primer Pontífice en pisar suelo libanés fue Pablo VI, el 2 de diciembre de 1964. No se trató de un
viaje apostólico propiamente dicho, sino de una breve escala que precedió la
peregrinación a la India con motivo del Congreso Eucarístico de Bombay.
Cuando el avión del Papa aterrizó en la pista del aeropuerto de
Beirut, las campanas de todas las iglesias de la ciudad tocaban a rebato. A
este “coro”, según informa L'Osservatore Romano en la crónica de esa
jornada, se asociaron también las iglesias ortodoxas. Las imágenes de archivo
muestran a una multitud de miles de libaneses alrededor del aeropuerto. También
se aprecian grupos de personas en los balcones y ventanas tratando al menos de
vislumbrar al Pontífice.
(…)
Juan Pablo I y el Líbano
El Papa Juan Pablo I no viajó al Líbano, pero habría querido
realizar un viaje apostólico a este país. Así lo reveló, dos días después de la
muerte del Pontífice (ocurrida el 28 de septiembre de 1978), el Patriarca
Antoine Khoraiche de Antioquía de los Maronitas en una entrevista concedida a
Radio Vaticana.
En el texto del noticiero radiofónico del 30 de septiembre de
1978 de la emisora pontificia se lee esta declaración: El Papa Luciani —afirma
el Patriarca, cuyas palabras fueron recogidas también en la “Biografia
ex documentis” del Pontífice véneto a cargo de la Fundación vaticana
Juan Pablo I— “pensaba realizar una visita especial al Líbano para trabajar
personalmente por el restablecimiento de la paz entre los hijos de aquella
nación”.
(…)
El viaje apostólico de Juan Pablo II en 1997
Los primeros años del Pontificado del Papa Juan Pablo II
coincidieron, por tanto, con una página dramática de la historia libanesa: el
conflicto civil, que duró 15 años (de 1975 a 1990) y que costó la vida a más de
150 mil personas.
El Papa Wojtyła, que fue elegido a la Sede de Pedro en 1978, viajó al Líbano en 1997, un período
marcado por una persistente situación de inestabilidad. La ocasión fue la firma
de la Exhortación Apostólica post-sinodal y la conclusión del Sínodo libanés.
En esta tierra, sacudida por heridas lacerantes, el Pontífice polaco exhortó a
construir puentes. Y el Líbano puede ser un modelo para otros Estados y
naciones.
El Pontífice, durante la ceremonia de bienvenida, no olvidó “los
eventos tristes y dolorosos” que han afligido al país durante largos años, y
recordó el modelo libanés, el “País mensaje”:
"La buena convivencia, típicamente libanesa, debe
demostrar, a todo Oriente Medio y al resto del mundo, que dentro de una nación
puede haber colaboración entre las diferentes Iglesias, miembros todos de la
única Iglesia católica, en un espíritu fraternal de comunión con los demás
cristianos y, al mismo tiempo, la convivencia y el diálogo respetuoso entre los
cristianos y sus hermanos de otras religiones".
Un
detalle de la capilla del Dicasterio para las Iglesias Orientales.
Es
el dicasterio de la Curia romana que se ocupa, en nombre del Papa, de todas las
Iglesias católicas orientales, desde Oriente Medio hasta Europa del Este,
pasando por la India, y de todas las comunidades hijas de estas Iglesias
repartidas por muchos territorios de la diáspora, tanto en el continente
americano como en Europa, Australia y Oceanía.. El
prefecto es el cardenal Claudio Gugerotti y el secretario, el arzobispo Michel
Jalakh.
Breve
historia
En 1573, el Papa Gregorio XIII
instituyó la Congregatio de rebus Graecorum, a la que se le encomendó la tarea
de seguir la vida de los católicos de rito bizantino o griego, pero también de
promover la fe entre los demás cristianos de Oriente. En 1862, san Pío IX,
dentro de la Sacra Congregatio de Propaganda Fide, erigió, con tareas
similares, la Congregatio de Propaganda Fide pro negotiis ritus orientalis. En
1917, el Papa Benedicto XV, con el Motu proprio Dei providentis, creó la
Congregación para la Iglesia Oriental, y en 1967 san Pablo VI, con la Constitución apostólica Regimini
Ecclesiae Universae, modificó el nombre por el de Congregación para
las Iglesias Orientales. En 1964, san Pablo VI publicó el decreto Orientalium Ecclesiarum, y en 1990,
san Juan Pablo II, el Código de Cánones de las Iglesias Orientales. En 2022, el
Papa Francisco, con la constitución apostólica Praedicate Evangelium,
modificó el nombre por el de Dicasterio para las Iglesias Orientales.
Competencias
El Dicasterio, según
la Constitución apostólica Praedicate evangelium, se ocupa de los asuntos que
conciernen a las Iglesias católicas orientales sui iuris. Dado que algunas de
ellas, especialmente las antiguas Iglesias patriarcales, tienen una tradición
antigua, el Dicasterio examinará qué cuestiones relativas al gobierno interno
pueden dejarse en manos de los Dicasterios vaticanos competentes, como
excepción al Código de Cánones de las Iglesias Orientales. El Dicasterio es
competente en todas las cuestiones propias de las Iglesias orientales que son
competencia de la Santa Sede, tales como: la estructura y el orden de las
Iglesias; el ejercicio de las funciones de enseñar, santificar y gobernar; las
personas, su estado, sus derechos y deberes. Por lo tanto, ejerce sobre las
eparquías, los obispos, el clero, los religiosos y los fieles de rito oriental
las facultades que los Dicasterios para el Culto Divino y la Disciplina de los
Sacramentos, para los Obispos, para el Clero, los Institutos de vida consagrada
y las Sociedades de vida apostólica y la Educación católica tienen
respectivamente sobre las diócesis, los obispos, el clero, los religiosos y los
fieles de rito latino.
El Dicasterio sigue
con atención a las comunidades de fieles orientales que se encuentran en las
circunscripciones territoriales de la Iglesia latina, llamadas «de la
diáspora». Provee a sus necesidades espirituales por medio de visitantes y
también mediante una jerarquía propia, cuando el número de fieles y las
circunstancias lo exigen, después de haber consultado al Dicasterio competente
para la constitución de Iglesias particulares en el mismo territorio. En las
regiones en las que, desde tiempos antiguos, prevalecen los ritos orientales,
el apostolado y la acción misionera dependen exclusivamente de este Dicasterio,
aunque sean llevados a cabo por misioneros de la Iglesia latina. El Dicasterio
tiene competencia territorial, incluyendo también a los fieles latinos, sobre
las siguientes regiones: Egipto, Eritrea y Etiopía del Norte, Bulgaria, Chipre,
Grecia, Irán, Irak, Líbano, Israel, Palestina, Siria, Jordania y Turquía.
En el Dicasterio está
presente la Comisión Especial para la Liturgia, con la tarea de salvaguardar el
patrimonio litúrgico del Oriente cristiano. Además, la Comisión Especial para
los Estudios sobre el Oriente Cristiano, la Comisión Especial para la Formación
del Clero y los Religiosos, que promueve la formación de los estudiantes
orientales en Roma. Por último, la ROACO (Reunión de Obras de Ayuda a las
Iglesias Orientales), un comité que reúne a las agencias-obras de varios países
del mundo, que se comprometen a prestar apoyo financiero en diversos ámbitos, desde
la construcción de lugares de culto hasta becas de estudio, pasando por
instituciones educativas y escolares y aquellas dedicadas a la asistencia
sociosanitaria. Está presidida por el Prefecto de la Congregación y tiene como
vicepresidente al Secretario del Dicasterio. Además de la Catholic Near East
Welfare Association, Cnewa, y la Pontificia Misión para Palestina, en Estados
Unidos, forman parte de ella agencias que recaudan ayudas en Alemania, Francia,
Suiza, Países Bajos y Austria. El Dicasterio, que tiene la tarea de promover el
amor por Tierra Santa, envía cada año a todos los obispos una Carta Circular
sobre la Colecta para Tierra Santa, con el fin de sensibilizar a los fieles
sobre la ayuda espiritual y material a favor de las comunidades y entidades
católicas presentes en la tierra de Jesús, y por la que se invoca el don de la
paz.
Recuperar el sentido del misterio del Oriente
cristiano
Así lo subrayó el Papa
León XIV, al reunirse con los pastores y fieles de las Iglesias católicas
orientales con motivo de su Jubileo, el 14 de mayo de 2025:«La Iglesia los necesita. ¡Cuán grande es la
contribución que el Oriente cristiano puede darnos hoy! ¡Cuánto necesitamos
recuperar el sentido del misterio, tan vivo en sus liturgias, que involucran a
la persona humana en su totalidad, cantan la belleza de la salvación y suscitan
el asombro por la grandeza divina que abraza la pequeñez humana!». Gracias a
ustedes, «queridos hermanos y hermanas de Oriente, de donde surgió Jesús, el
Sol de justicia, por ser “luces del mundo”», concluyó, deseando que las
Iglesias orientales sigan siendo «ejemplo» y que los pastores promuevan «la
comunión, sobre todo en los Sínodos de los Obispos, para que sean lugares de
colegialidad y de auténtica corresponsabilidad».
Un país que "paga el precio de las tensiones, tanto regionales como
globales", en el contexto de "su ubicación geográfica y
política": tras las decisiones de todos los responsables involucrados,
"hay personas que mueren, sufren, padres y madres que pierden a sus hijos
ante sus ojos, o, viceversa, hijos que ya no encuentran a sus padres". Así
está el Líbano hoy, más de una semana después del inicio de los bombardeos
israelíes en la Tierra de los Cedros contra posiciones de Hezbolá, en palabras
del arzobispo Michel Jalakh, arzobispo titular de Nisibis para los maronitas.
Originario del este de Beirut, ha sido secretario del
Dicasterio para las Iglesias Orientales desde 2023. A través de los medios de
comunicación del Vaticano, el prelado hace un llamamiento a "no ignorar el
sufrimiento" de su patria, "a no pensar que está lejos de nosotros:
debemos, al menos, seguir hablando de ello", explica.
Datos oficiales del Ministerio de Salud libanés,
en una actualización trágica pero implacable, hablan de más de 600 muertos y
más de 800.000 desplazados desde el 2 de marzo. El propio arzobispo Jalakh
recuerda que, en las últimas horas, «lamentablemente, se ha producido un ataque
contra personas pacíficas que son más que desplazados: se fueron a dormir a la
playa y allí fueron asesinados». Se refiere al ataque israelí en el paseo
marítimo de Ramlet al-Bayda en Beirut, que dejó al menos ocho muertos y más de
20 heridos. Las condiciones son «terribles», con gente «en la playa, pero también
en las aceras, porque los refugios ya están llenos». Los jóvenes no asisten a
la escuela, a pesar de los peligros actuales, porque las instalaciones
educativas se han adaptado para acoger a los desplazados. Esto ocurre en
escuelas, pero también en «monasterios, universidades y otros centros», lo que,
de hecho, «paraliza todo, la sociedad y el país», una nación —señala monseñor
Jalakh— ya de por sí «débil».
En la audiencia general de ayer, el Papa,recordando al Padre Pierre El Raii,párroco maronita de Qlayaa, asesinado el lunes en un ataque
israelí, habló de los pueblos cristianos del sur del Líbano, que viven —una vez
más, dijo— la tragedia de la guerra. «Son pueblos martirizados, porque es la fe
de quienes permanecen allí y viven allí a diario la que los mantiene 'apegados'
a esa tierra, convencidos de vivir junto a sus hermanos musulmanes y otros
libaneses. Son personas que se enfrentan al martirio cada día». Un ejemplo es
«el propio Padre Pierre, que pagó con su vida por estar con el pueblo, como sacerdote,
un párroco maronita comprometido y arraigado en su vocación, que animó a los
feligreses a quedarse. En definitiva, creo que su sangre y su sacrificio
también son pagados por toda la comunidad cristiana y la comunidad libanesa en
general». En tiempos de constantes advertencias de evacuación por parte del
ejército israelí, permanecer en ese territorio "es una decisión radical,
constante y cotidiana: porque una vez abandonado, es difícil regresar". El
padre Pierre era "uno de los muchos párrocos, no solo maronitas, sino de
diversas iglesias —ortodoxas, greco-melquitas y sirio-católicas— que animaban a
sus fieles a quedarse. De lo contrario, perderíamos una característica
fundamental de la identidad libanesa: la convivencia, no en 'cantones' confesionales,
en un solo país". Ante una emergencia generalizada, esta semana, el
ministro de Asuntos Exteriores y Emigrantes, Youssef Rajji, informó que el
Líbano había recurrido a la Santa Sede en busca de ayuda y protección para
preservar la presencia de los cristianos en el sur del país, en una
conversación telefónica con el arzobispo Paul Richard Gallagher, secretario
para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales. La
Santa Sede desempeña un papel fundamental en un país como el Líbano, donde es
posible la coexistencia y la convivencia entre diferentes religiones, lo que la
convierte en un modelo para otras naciones, especialmente para Europa y
aquellas sociedades donde existen fricciones y tensiones al respecto. La Santa
Sede puede hacer mucho, especialmente en el plano diplomático, porque no tiene
intereses personales, estatales, económicos ni militares, sino que busca
únicamente el bien de la persona. Desde esta perspectiva, el Dicasterio para
las Iglesias Orientales, que se ocupa principalmente de cuestiones canónicas y
eclesiásticas, así como de las relacionadas con el nombramiento de obispos, no
descuida la ayuda que corresponde a las necesidades de la población, mediante
el contacto constante con agencias europeas o estadounidenses y con líderes
eclesiásticos.
Porque, en retrospectiva, más allá de la crisis
económica que se agravó en 2019 y la emergencia de la COVID-19, el Líbano «no
puede hablar de un pasado marcado por la guerra». Lamentablemente, es un
«presente continuo». «Hasta que no haya una paz duradera a nivel regional»,
reitera, «el Líbano seguirá sufriendo», en una situación que exige «hacer
justicia al pueblo». Y la esperanza es precisamente que «hay justicia y
perdón».
KarolWojtyłaelaboróunafilosofíasocialqueseencuentradispersaendiferentestextosentrelosquedestacanelcapítulo“Participación”
de Persona y acción, y el escrito: Persona:
sujeto y comunidad. Wojtyła noofreció,sinembargo,enningúnmomentounavisiónsistemáticadesupensamiento,porloqueresultacomplejofinarsusposicionessobreestostemas.Elobjetivodeesteescritoessolventaresacarenciapresentandodemanerasistemáticasufilosofíasocial,posibilitandotambiéndeestemodosu valoración. Nuestro análisis ha detectado
8 puntos centrales a través de los cuales expondremos su pensamiento.
Introduccion
KarolWojtyła,encuantofilósofo,esconocidosobretodoporsusescritos de antropología y ética, pero también podemos encontrar en su
producción elementos de filosofía social, mucho menos conocidos, pero
interesantes y valiosos. Estos escritos se inician cuando Wojtyła concluye su
gran obra de antropología fundamental, Persona
y acción, pues parece claro que, a partir de ese momento, consideró cerrada
esta área de investigaciónycomenzóasentarloscimientosdeloquepodríahabersidouna filosofíasocial,que,sinembargo,nollegóafructificardemaneracompleta porque la elección al Papado impidió su desarrollo posterior.
Sin embargo, si se rastrea su producción filosófica en torno a este tema, se
acaba encontrando mucho más de lo que, a primera vista, podría suponerse: lo
suficiente como para merecer sobradamente, como se podrá comprobar, una
presentación detallada.
Losdocumentoscentralesenlosqueexponesufilosofíasocialcomienzan, en concreto, en el último capítulo
de Persona y acción, titulado, de
forma excesivamente modesta, Apuntes para
una teoría de la participación. Es cierto que este capítulo no alcanza la
grandeza sistemática delrestodelaobra,perononosenfrentamos,enabsoluto,conunosbosquejos provisionales. Muy
al contrario, Wojtyła presenta en esas páginas (unas 50) las líneas
fundamentales de su concepción sobre la relación entre la persona y la sociedad
que, más adelante, perfeccionaría o enriquecería, pero sin aportar ninguna
modificación esencial. Entre los desarrollos posteriores más importantes hay
que destacar el fundamental Lapersona:sujetoycomunidad(1976)4,ademásde¿Participaciónoalienación?. Ypodríasumarseprobablementetambién,aunqueenuncontextoteóricodiferente,Elproblemadelconstituirsedelaculturaatravés de la “praxis” humana (1977). En este conjunto de textos (que alcanza
unas 160 páginas) es donde se encierra el conjunto de la filosofía social de
Wojtyła.
Alguien podría apuntarse que su reflexión social no concluye
aquí, sino que continúa en los años posteriores, alcanzando su madurez y plenitudensusgrandesencíclicassocialesLaboremexercens(1981), Solicitudoreisocialis(1987)yCentessimusAnnus(1991),quetantarepercusión alcanzaron.
Esto es cierto en parte, pero también lo es que estos escritospresentanrasgosmuydiferentesqueimposibilitanunanálisisunitario junto con los
que hemos mencionado previamente. Estos textos, en efecto: 1) son firmados por
Juan Pablo II, lo que implica que no necesariamente responde al pensamiento
individual del hombre Karol Wojtyła, sino a lo que el hombre Karol Wojtyła
consideró que debía escribir en un documento que se dirigía a toda la Iglesia;
2) probablemente han sido el resultado de diversas manos, aunque la firma final
sea la suya; y 3) son textos formalmente teológicos, puesto que forman parte de
la Doctrina Social de la Iglesia y se redactan asumiendo como principio la Verdad
de la Revelación cristiana. Por todas estas razones, aunque entre ambos tipos
de producción intelectual hay una continuidad teórica importante (especialmente
constatable en textos como Laborem
exercens), no es posible realizar un análisis científico unificado. Y como
este escrito lo que pretende es exponer su filosofía social, nos centramos en
sus artículos de filosofíasocial,loquenoimpedirá,naturalmente,algunareferenciaaotros textos si lo vemos oportuno o adecuado.
.Pues bien, el análisis de sus textos filosóficos nos ha
conducido a la determinación de ocho temas centrales sobre los que basaremos
nuestra exposición en la que utilizaremos sus escritos de modo transversal y no
cronológico. Son los siguientes: 1) Primacía de la persona; 2) Valor personalista
de la acción: participación y alienación; 3) Yo-tú: la dimensión
interpersonaldelacomunidad;4)Elnosotros:ladimensiónsocialdela comunidad; 5) Comunidad, sociedad y
Communio personarum; 6) La persona en la sociedad: colectivismo, totalitarismo
y personalismo; 7) El bien común: la construcción conjunta de la persona y la
comunidad; 8) Actitudes ante el bien común.
Unaúltimaconsideración.AunqueWojtyłaestremendamentesobrio en sus referencias sociopolíticas, es
evidente que su filosofía social no surge tan solo de un interés teórico, sino
de una necesidad existencial ycolectivadesupaís,asícomodeunaexperienciapersonaltanricacomo trágica. Wojtyła vivió en una Polonia dominada durante años por el
nazismo y durante décadas por el comunismo. De hecho, cuando Wojtyła redacta
las principales fuentes de nuestra reflexión, Polonia todavía está sometida al
comunismo. Por eso, estas consideraciones poseen un especial valor, pues proceden
de una persona que ha vivido y sufrido los colectivismos de derecha y de
izquierda, y busca responder en estas páginas a su visión tóxica de la persona
y de la sociedad.1. Primacía de la persona ElpuntocentralquerecorretodalafilosofíasocialdeWojtyłaessu insistencia continua en la primacía de la
persona sobre la sociedad que,noparecemuyaventuradoseñalar,sefundaengranmedidaensu
experiencia de vida en regímenes colectivistas de derechas y de izquierda. La
reciente ola de exaltación de la relación podría considerar problemática la
afirmación que se acaba de realizar pues parecería infravalorar la relación con
respecto a la persona subsistente. Pero, independientemente de la opinión
personal que se pueda tener al respecto, no hay dudas acerca de la opinión de
Wojtyła, ya que él mismo recibió críticas por este planteamiento, y,
afortunadamente para nosotros, contamos con su respuesta explícita a esta
dificultad. De hecho, su primera “justificación” sobre este punto, por decirlo
de algún modo, aparece en el mismo comienzo del capítulo de Persona y acción que nos interesa:
Apuntesparaunateoríadelaparticipación.Wojtyłaseñala,enefecto,que,aunquesoloahorasevaaocuparexplícitamentedelarelaciónentrepersonas,puestodalaextensareflexiónanteriorestácentradaen la persona en sí misma, no es porque la considere irrelevante o secundaria.
Y, precisa, ya la ha tenido presente al tratar de la experiencia del hombre,
con la que comienza Persona y acción.
La experiencia del ser humano, en efecto, es una experiencia interpersonal, no
una expe-riencia aislada y solipsista, es la experiencia del hombre en el mundo
y junto con los otros. Pero eso no le impide afirmar que, a pesar de todo,
hayunaprioridaddelapersonasobrelarelacióny,porello,lomásadecuado es hablar, primero, de la persona y, después, de sus
relaciones, que es justamente lo que él hace en Persona y acción.
Juan Manuel Burgos, Fundador y presidente de la Asociación
Española de Personalismo