En la página de los agustinos de España leemos que el Papa " Tiene a África en su corazón. Ha visitado varias veces nuestras misiones en diferentes países". La última vez fue en Kenia a finales de 2024, donde la Federación Agustiniana de África tiene varios centros para enfermos de sida.” Decía el padre Edward Danaing Daleng, Procurador General de la Orden de San Agustín y Consejero General para el continente y agregaba «Creo que África será central en elpontificado de León XIV. La presencia en Argelia, tierra de encuentro y esperanza adquiere un significado especial para los agustinos, al tratarse de la tierra natal de san Agustín.
En este su primer viaje apostólico organizado (el primero fue una breve visita a Mónaco), el Papa agustino misionero eligió comenzar su visita por la tierra de su maestro San Agustín y la ciudad de Hipona – actual Annaba, donde Agustin fue obispo. De allí su identificación San Agustín de Hipona. En su saludo a los periodistas a bordo hacia Argelia expreso que su intención era la paz, la reconciliación, el respeto y la consideración por todos los pueblos.
“Pedro regresa a África. Tres años después de su visita a la República Democrática del Congo y Sudán del Sur a principios de 2023, el Papa inicia una larga peregrinación por el continente africano, que lo lleva hoy a Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial. Se trata de un viaje de 11 días, eminentemente misionero, con una intensa agenda de encuentros con los habitantes de un continente marcado por problemas y contradicciones, pero también fuente de alegría y esperanza.
No podemos olvidar el "momento histórico" en el que se desarrolla esta visita, con la creciente preocupación por lo que ocurre en Oriente Medio y la amenaza de una mayor escalada del conflicto tras el fracaso de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán en Pakistán. Resulta significativo que la paz misma emergiera como tema central en el primer discurso de León XIV en Argelia, durante su visita al monumento a los mártires de la independencia de Maquam Echahid:
«En este lugar recordamos que Dios desea la paz para todas las naciones: una paz que no sea meramente la ausencia de conflicto, sino una expresión de justicia y dignidad. Y esta paz, que nos permite afrontar el futuro con espíritu reconciliado, solo es posible mediante el perdón. La verdadera lucha por la liberación solo se ganará definitivamente cuando se alcance la paz interior».
El llamado al perdón y a la paz interior está impregnado de un profundo realismo. No solo pertenece a la esencia del mensaje cristiano, sino que también representa la única vía viable para construir un futuro. «Sé lo difícil que es perdonar», dijo el Papa, «sin embargo, mientras los conflictos se multipliquen por todo el mundo, no podemos acumular resentimiento tras resentimiento, de generación en generación». ¿Cómo no cuestionar el resentimiento generado en las generaciones más jóvenes por las masacres de civiles cometidas en Gaza y ahora en el Líbano? ¿Cómo no plantearnos la misma pregunta respecto a la guerra en Ucrania y en tantas otras zonas asoladas por el odio y la violencia?
Aunque muchos gobiernos creen que el camino a seguir en estas situaciones es el rearme, que alimenta a los mercaderes de la muerte, León de Argel nos recuerda que «el futuro pertenece a los hombres y mujeres de paz», que «al final, la justicia siempre triunfará sobre la injusticia, así como la violencia, más allá de toda apariencia, jamás tendrá la última palabra».
La voz de paz del Sucesor de Pedro, Vicario del indefenso Hijo de Dios que eligió la no violencia y se sacrificó en la cruz, resuena con más fuerza en esta tierra, donde la Iglesia es una minoría absoluta y el testimonio de los pocos cristianos resulta aún más esencial, basado en el servicio y en compartir las alegrías y los sufrimientos de todos.”
Solo citaré algunos breves pasajes de los saludos y homilías del Papa, todo el programa y el contenido se encuentra en el sitiooficial de la Santa Sede.
Muy firme y realista fue su saludo a las autoridades
“Vengo entre
ustedes como peregrino de paz” “como testigo de la paz y la esperanza que el
mundo anhela ardientemente y que su pueblo siempre ha buscado; un pueblo que
nunca se ha dejado vencer por las pruebas”
“Los dramáticos acontecimientos históricos del pasado ofrecen
a su país una perspectiva singularmente crítica sobre el equilibrio global. Si
logran dialogar con las inquietudes de todos y mostrar solidaridad con el
sufrimiento de tantos países, cercanos y lejanos, su experiencia puede
contribuir a imaginar y alcanzar una mayor justicia entre los pueblos”
(…)
Injusto es quien acumula riquezas y permanece
indiferente ante los demás. Esta visión de la justicia es simple y radical:
reconoce en el otro la imagen de Dios. Una religión sin piedad y una vida
social sin solidaridad son un escándalo a los ojos de Dios. Sin embargo, muchas
sociedades que se creen avanzadas se precipitan cada vez más en la desigualdad
y la exclusión. Las personas y las organizaciones que dominan sobre los demás
—y África lo sabe bien— destruyen el mundo que el Altísimo ha creado para que
todos viviéramos juntos. Injusto es quien acumula riquezas y permanece
indiferente ante los demás. Esta visión de la justicia es simple y radical:
reconoce en el otro la imagen de Dios. Una religión sin piedad y una vida
social sin solidaridad son un escándalo a los ojos de Dios. Sin embargo, muchas
sociedades que se creen avanzadas se precipitan cada vez más en la desigualdad
y la exclusión. Las personas y las organizaciones que dominan sobre los demás
—y África lo sabe bien— destruyen el mundo que el Altísimo ha creado para que
todos viviéramos juntos.
Invito leer el articlo de VaticanNews acerca de su visita a la Gran Mezqita de Argel donde reitero que venia con gran alegría a Argelia porquees también la tierra de mi padre espiritual, san Agustin que ha querido enseñar tantas cosas al mundo, sobretodo con la búsqueda de la verdad, con la búsqueda de Dios, reconociendo la dignidad de cada ser humano y la importancia de construir la paz. Buscar a Dios es reconocer la imagen de Dios en cada criatura, en los hijos de Dios, en cada hombre y mujer creados a imagen y semejanza de Dios. Esto significa para nosotros que es muy importante aprender a vivir juntos con respeto por la dignidad de cada persona humana.
En la Basilica Nuestra Señora de África le hablo a lacomunidad argelina citando los 19 religiosos y religiosas mártires de Argelia que decidieron estar junto a este pueblo compartiendo sus alegrías y sus dolores. Su sangre es una semilla viva que nunca deja de dar fruto. En esta tierra resonó la ferviente voz de Agustín de Hipona, precedida por el testimonio de su madre, santa Mónica, y de otros santos. Su memoria es una clara llamada a ser, hoy, signos creíbles de comunión, diálogo y paz” y expresó . El lema de esta visita son las palabras de Jesús resucitado: «¡La paz esté con ustedes!» (cf. Jn 20,21), y en una imagen tomada de los mosaicos de Tipasa se lee: “In Deo, pax et concordia sit convivio nostro”, que podríamos traducir: “En Dios, la paz y la armonía pueden reinar en nuestro vivir juntos”. La paz y la armonía han sido características fundamentales de la comunidad cristiana desde sus orígenes (cf. Hch 2,42-47), por deseo mismo de Jesús (cf. Jn 17,23), que dijo: «En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros» (Jn 13,35). San Agustín afirmaba al respecto que la Iglesia «engendra a los pueblos, pero todos son miembros de uno solo» (Sermón 192, 2) y san Cipriano escribía: «El mayor sacrificio delante de los ojos de Dios es la paz y la unión fraternal, y un pueblo unido a proporción que están unidos el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo» (Sobre la oración dominical, IV, 95).
En la página de la Santa Sede hay videos de su visita a la zona arqueológica de Nipona
y a la Residencia de Ancianos de las Hermanitas de los pobres
La Santa Misa fue celebrada en la Basilica San Agustin (también hay un video) cito un extracto de la homilia:
¿De verdad nuestra vida puede recomenzar desde cero? ¡Sí! La
afirmación del Señor, tan llena de amor, colma nuestros corazones de esperanza.
No importa cuán oprimidos estemos por el dolor o por el pecado; el Crucificado
lleva todos esos pesos con nosotros y por nosotros. No importa cuánto nos
desanimen nuestras debilidades; porque es precisamente entonces cuando se
manifiesta la fuerza de Dios, que ha resucitado a Cristo de entre los muertos
para dar vida al mundo (cf. Rm 8,1). Cada uno de nosotros puede
experimentar la libertad de la vida nueva que viene de la fe en el Redentor. De
nuevo, san Agustín nos ofrece un ejemplo: antes que por su sabiduría, lo
contemplamos por su conversión. En este renacer, providencialmente acompañado
por las lágrimas de su madre, santa Mónica, llegó a ser él mismo exclamando:
«Nada sería yo, Dios mío, nada sería yo en absoluto si tú no estuvieses en mí;
pero, ¿no sería mejor decir que yo no sería en modo alguno si no estuviese en
ti?» (Confesiones, I, 2).
«la multitud de los creyentes tenía un solo corazón y
una sola alma» (v. 32)
«todo era común entre ellos» (v. 32).
«Los Apóstoles daban testimonio con mucho poder de la
resurrección del Señor Jesús y gozaban de gran estima» (Hch 4,33).
Invito leer testimonos de los locales
En este sitio muchas fotografías de su visita a Argelia





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