Después
del Concilio.
De
Lubac había terminado el Concilio con 68 años. En plena madurez, aunque con
achaques. Las viejas ideas, las muchas lecturas, sus abundantes ficheros le
empujaban. Completaba constantemente sus grandes temas con vistas a mejoras,
correcciones y desarrollos de sus obras. De entrada, se imponía una revisión de
sus estudios históricos acerca de lo sobrenatural. No le pareció oportuno
(hasta mucho después) reeditar el libro, pero amplió los estudios históricos en
dos monumentales libros (que llamaba sus “dos gemelos”): El misterio de lo sobrenatural
(1965) y Agustinismo y Teología Moderna
(1965). Más tarde añadiría una pequeña reflexión general: Pequeña catequesis sobre naturaleza y gracia (1980). La madurez y
el trabajo realizado le permitían abordar síntesis más breves de los temas que
había estudiado. Por ejemplo, La
Escritura en la Tradición (1966); y desarrollar aspectos nuevos: Las Iglesias particulares en la Iglesia
universal (1977). Viendo crecer el desafecto eclesial publica La fe cristiana. Ensayo sobre la estructura
del Credo de los Apóstoles (1969).
Los
últimos años.
Los
años no pasan en vano. Siempre había sufrido secuelas de las heridas de la Gran
Guerra, a pesar de su apariencia fuerte y entera (era muy alto). Ahora se le
presenta un artritismo grave en las cervicales y necesita pequeños tiempos de
reposo. Todo se le hace más difícil, pero no deja de anotar y archivar. Para su
propia sorpresa pudo completar un viejo proyecto, otra obra monumental en dos
volúmenes: La posteridad espiritual de
Joaquín de Fiore (1978). El primero, De Joaquín a Schelling; y el segundo,
De Saint Simon a nuestros días. Se trata de una panorámica del pensamiento
cristiano sobre el milenio, sobre el esfuerzo por hacer un cielo en la tierra.
El ambiente que le rodeaba no era alentador ni cómodo para él, debido al estado
de la Iglesia en Francia y de la propia Compañía, que también había sufrido
mucho en el posconcilio. Los integristas (todavía hoy) lo consideraban, sin
ningún motivo, el responsable del modernismo teológico y de la crisis eclesial
(a él, que siempre se había nutrido de la tradición patrística y medieval y que
no se quitaba la sotana). Y para el enrarecido ambiente eclesial francés de los
setenta, resultaba demasiado dispuesto a recordar lo que no querían oír. Dedica
atención a pequeñas obras, que son casi “divertimentos”, como un simpático
ensayo sobre Pico de la Mirandola
(1974) el gran humanista renacentista y converso italiano. Y sigue con la
publicación de recuerdos, memorias y correspondencias de compañeros y amigos
(por ejemplo entre Marcel y Fessard, o la obra de Montcheuil), con una
admirable abundancia de notas. Además prepara la edición de las cartas que le
ha dirigido Étienne Gilson a lo largo de su vida.
La gran luz de sus últimos años es la elección de Juan Pablo II (1978). Vive con ilusión todos los acontecimientos del pontificado, en particular su viaje a Francia, donde el nuevo Papa tiene palabras públicas de afecto y reconocimiento para él. En enero de 1983 (tiene 86 años), le llega el nombramiento de cardenal. Le crea un mar de dudas. Escribe al Papa para pedirle que no lo ordene obispo, porque no puede ejercer ninguna función. Así se hace. En octubre una anestesia general, le causa un desajuste cerebral. En 1988, publica como puede, sus recuerdos de la guerra y la oposición a las leyes antijudías del régimen de Vichy (Resistencia cristiana al antisemitismo). Las notas de sus últimos meses muestran su fe, su profunda piedad y su comunión con la Iglesia. Se apaga poco a poco hasta su muerte en 1991. El cardenal de París, Lustiger (también su candidato para ese puesto) celebra su funeral. Para respetar las últimas voluntades del gran teólogo, que no quiere que la homilía se centre en su persona, lee unas páginas de Meditación sobre la Iglesia. Su albacea testamentario (Chantraine) se ocupará de preparar las obras completas (50 volúmenes, sin incluir gran parte de la correspondencia) y una biografía en 4 enormes volúmenes.
"Durante la Asamblea
Plenaria (Conferencia Episcopal
de Francia) de marzo de 2023, los obispos votaron a favor de abrir la causa, con
vistas a una posible beatificación, del
cardenal Henri de Lubac
(1896-1991), teólogo jesuita, nacido en Cambrai (Nord) el 20 de febrero de 1896
y fallecido en París el 4 de septiembre de 1991. Fue uno de los grandes
pensadores y teólogos del siglo XX."
Invito
leer: Henri de Lubac: una vida teologica – Juan Luis Lorda







