Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

jueves, 18 de junio de 2026

El cardenal Camillo Ruini hablaba de la beatificación de Juan Pablo II

 


(reposteo del texto publicado el 29 de enero de 2011)

El cardenal Camillo Ruini, Vicario Emérito de Su Santidad Benedicto XVI, nunca ocultó el profundo respeto y cariño que le profesaba al Papa Juan Pablo II. Su cercanía a Juan Pablo II se percibe también en esta breve entrevista del periodista de Radio Vaticana Davide Dionisi, (la traducciòn es mia) con motivo de la próxima beatificación de Juan Pablo II.

D. - Juan Pablo II sera proclamado beato el próximo primero de mayo...como ha sido recibida la noticia?


R. – Para mi ha sido un enorme gozo y también muy personal. Después de tantos años que he tenido la gracia de Dios de poder colaborar estrechamente con Juan Pablo, una persona que ahora la Iglesia oficialmente reconoce como beato, que es el primer peldaño al reconocimiento de la santidad

D. – Usted conoció a Juan Pablo II en el lejano 1984 y vivió en estrecho contacto con el. Que es lo que más le ha quedado grabado de la personalidad del Papa Wojtyla?

 

R. – Lo que mas me impacto fue precisamente la santidad, la profundidad y la espontaneidad de su relación con Dios: su modo de orar, su oración….El era capaz de sumergirse en la oración, de “zambullirse” en la oración. Y también su constante actitud, porque todas las cosas de las cuales se ocupaba, todo lo que hablaba lo hacia siempre dentro de esta relación con Dios.

D. – Cual ha sido, según su opinión, la faz distintiva de su pontificado?

R. – En primer lugar, la de la evangelización. Recordemos las palabras de su inicio: “No tengáis miedo, abrid de par en par las puertas a Cristo!”. La presencia de Dios, la presencia de Jesucristo, el relanzamiento de la fe: ha sido un gran evangelizador, en primera persona, desde las parroquias de Roma a todos los países del mundo. Ha sido también un gran promotor del poder de evangelización de la Iglesia. En segundo lugar esta evangelización se dirigía al hombre concreto, de allí la preocupación por el hombre concreto: Cristo Redentor del hombre. Y también otra frase notable: el hombre es el camino de la Iglesia y en este camino que va de Cristo al hombre, la Iglesia no puede ser detenida por nadie. Con esta visión, ha logrado influir también en el curso de la historia: de alguna manera, ha cambiado el mundo.

D. – También Benedicto XVI ha continuado su mensaje, recogiendo la herencia....

R. – Yo creo que Benedicto XVI, como ha sido un colaborador tan directo de Juan Pablo II, es también, el heredero natural y a su vez creativo, pero el gran heredero de este pontificado y el gran continuador de este pontificado. Por eso entre estos dos pontificados hay una continuidad profundísima. Decisiva, sin embargo, es la diferencia entre sus personalidades. Por lo que se refiere a Benedicto XVI quisiera recordar dos de sus frases: “Dios en el centro”. Dios esta en el centro de la vida y la humanidad debe redescubrir esta centralidad de Dios. Y la segunda: “Ampliar los espacios de la racionalidad humana”. Ampliar los espacios para redescubrir la dignidad del hombre, el valor de la persona humana. En el fondo, en otros términos es lo que Juan Pablo II expresaba con evangelización, y con el hombre, camino de la Iglesia.

D. – Como se preparan los fieles al próximo primero de mayo? Cual es el ambiente que se respira en estos primeros días?

R. – Creo que hay una enorme expectativa, en Roma, pero también en Italia y en el mundo y que se tratara de encontrar la forma mas conveniente para que toda esta gente pueda venir a participar, así como ha podido participar en los inolvidables días del funeral de Juan Pablo II o con ocasión de las Jornadas Mundiales de la Juventud.

Adios Cardenal Ruini!

 

(Este post lo escribi el 23 de junio de 2008 en este blog con el titulo Emotivo adiós al Cardenal Ruini)


Desde este blog le enviamos un cordial y sincero saludo acompañado de un profundo agradecimiento por su tarea al mando de la diócesis de Roma desde 1991.

Le agradecemos la sabiduría, el coraje y el incondicional servicio con que acompañó a Juan Pablo II y después a Benedicto XVI desde ese lugar en la Iglesia italiana, deseándole que pueda verse beneficiada durante muchos años mas con su fructífero trabajo en otro espacio.

Agradecemos enormemente también su entusiasmo y el compromiso personal puesto en la causa de beatificación y canonización del Siervo de Dios Juan Pablo II.

La emotiva despedida, acompañada por numerosos sacerdotes, hombres y mujeres y personalidades políticas, fue anticipada el sábado 21 de junio en la Basílica de San Juan de Letrán, con ocasión del 25° aniversario de su ordenación episcopal y los jubileos de los sacerdotes en servicio pastoral en la diócesis. Durante el curso de la solemne Concelebración Eucarística presidida por el mismo cardenal Ruini fue leída 
la carta que le enviara el Santo Padre Benedicto XVI agradeciéndole “las etapas de Su fructuoso ministerio episcopal” a partir de aquel 17 de enero de 1991 cuando el Siervo de Dios Juan Pablo II lo llamó a suceder al Cardenal Ugo Poletti”. Recuerda en esa carta el Santo Padre Benedicto XVI sus empeños "al servicio directo del Obispo de Roma, la preparación y la celebración de la misión ciudadana en preparación para el Gran Jubileo del 2000", cuyo "momento culminante fue la XX Jornada Mundial de la Juventud".

El cardenal Ruini terminaba oficialmente su servicio de Cardenal Vicario y agradecía ese “don grandisimo” que había recibido del papa Wojtyla y le fuera luego confirmado por el papa Ratzinger. Le dejaba a la diócesis y también a Italia un pequeño “testamento” llamando a la fortaleza, coraje y unidad con el Papa en su lucha ante tantos desafíos.

Gracias Cardenal Ruini por su “gran admiración” por Juan Pablo II, a quien conociera personalmente ya en el otoño de 1984 cuando usted era obispo auxiliar de Regio Emilia-Guastalla y Vicepresidente del Comité preparatorio del Convenio de la Iglesia italiana que iba a tener lugar en Loreto. Leyendo sus escritos (Alla sequela di Cristo, Edizioni Cantagalli 2007,) recordamos que el Papa entonces lo invito a cenar para informarse de los preparativos y su “fuerte emoción y extraordinaria experiencia” y tambien que “le habian llamado especialmente su atención la profundidad de su pensamiento y la calidad de sus análisis, la sencillez de su forma de ser, su apertura y la voluntad de escuchar, advirtiendo al mismo tiempo que su mirada y su vida se proyectaban hacia Dios.

Otra vez Cardenal Ruini

GRACIAS

y que Dios, Nuestro Señor se lo pague con creces!

Mensaje póstumo del Papa Leon XVI al Cardenal del lema «Veritas liberabit nos», «La verdad nos hará libres» (cf. Jn 8,32).

 


Celebramos esta Eucaristía encomendando a la misericordia del Señor a nuestro hermano, el Cardenal Camillo Ruini, un sabio y bondadoso pastor del rebaño de Cristo.

Durante muchos años sirvió a la Iglesia, desempeñando con igual dedicación tanto las responsabilidades más humildes como las más complejas que el Señor le confió como sacerdote, obispo y cardenal: en la enseñanza, el estudio y la teología, en la pastoral, en el trabajo con los jóvenes, en el ámbito cultural, en el cuidado de los laicos y las vocaciones, y en el ejercicio de la autoridad.



La Iglesia en Italia, a la que sirvió durante aproximadamente diecisiete años como Presidente de la Conferencia Episcopal, le debe mucho, al igual que la Diócesis de Roma, donde sirvió durante el mismo tiempo como Vicario del Santo Padre. Supo guiar al Pueblo de Dios y a sus hermanos en el episcopado en momentos importantes y delicados, afrontando numerosos desafíos con entusiasmo, discernimiento y valentía.

Le debemos ideas e iniciativas que han dejado una profunda huella en la comunidad eclesial y civil. Recordamos el «Proyecto Cultural»; su profundo compromiso con la promoción de la contribución del mundo católico en los más diversos ámbitos de la vida religiosa, civil y política italiana; la gran labor del Sínodo diocesano y su implementación aquí en Roma; su presencia activa y dialogante en diversos niveles de la vida de la Iglesia, así como del mundo secular y la sociedad.

(…)

Nuestro querido hermano acompañó a los fieles y a las comunidades que le fueron confiadas durante su largo servicio a través de muchas vicisitudes, y es precisamente en la invencible caridad del Señor y en la respuesta de fe a este don donde debemos buscar la raíz de la fortaleza con la que las afrontó. En su Testamento Espiritual, hablando de las muchas personas a quienes sentía gratitud por el bien que le habían brindado, el cardenal Camilo escribió: «De ellos no he recibido menos de lo que he intentado dar». Creo que estas son palabras que también pueden ayudarnos a vivir nuestras responsabilidades y nuestros diversos servicios con la misma humildad y la misma confianza en Dios.

Además, él mismo testificó que uno de los recursos que más lo acompañaron a lo largo de su dilatada vida, desde la infancia, fue la oración: sencilla, sincera, fresca en sus años más tiernos y madurando con el tiempo, hasta la época de la fragilidad y la enfermedad.

(…)

El cardenal Camillo Ruini tuvo la gracia de conocer y trabajar personalmente con algunos de los grandes santos de los últimos tiempos, como San Pablo VI y San Juan Pablo II. En particular, sobre su relación con el papa Wojtyła, con quien colaboró ​​durante muchos años, escribió: «En Juan Pablo II experimenté tu presencia, Señor; pude tocar de primera mano la unión en la oración, la inseparabilidad de la oración, la vida y el apostolado, la valentía de la fe que guía la historia, la capacidad de amar y perdonar» (ibíd.). Creo que el cardenal supo inspirarse tanto en el ejemplo de unidad de vida del gran Pontífice, porque también encontramos en él muchos de los rasgos que utiliza para describir al Santo Papa; y pienso que esta consonancia de sentimientos puede inspirarnos también en nuestro camino.

Como lema de su episcopado, nuestro hermano eligió una frase inspirada en el Evangelio de San Juan: «Veritas liberabit nos», «La verdad nos hará libres» (cf. Jn 8,32)…. Al observar la vida del Cardenal Ruini, cómo vivió y cómo dejó este mundo, podemos captar un signo de la fuerza y ​​la solidez con que la humanidad crece y madura cuando encuentra el centro y el eje de su existencia en la Verdad que proviene de Dios.

(de la Homilia del PapaLeon XIV – Capilla Papal para el Funeral del Cardenal Camillo Ruini – Altar dela Cátedra de la Basilica de San Pedro 18 de junio 2026)

 

miércoles, 17 de junio de 2026

Papa Leon XIV – Audiencia General con sus comentarios acerca del viaje apostólico a España.

 


Hoy deseo proponer algunas reflexiones sobre el viaje apostólico a España que realicé la semana pasada para visitar Madrid, Barcelona, la abadía de Montserrat y las islas Canarias.



Después del largo viaje a cuatro países africanos, esta vez me he encontrado inmerso en un país europeo de antigua y riquísima tradición católica. Y ha quedado claro que en la España de hoy, que ha conocido notables cambios sociales y culturales, el Papa ha sido acogido en todas partes con entusiasmo y apertura a la escucha. Doy gracias por ello a Dios y a todo el pueblo español, al Rey y a las autoridades civiles, a los obispos y a las comunidades eclesiales.

El pueblo de Dios me ha confortado grandemente con la festiva manifestación de su fe y de su afecto. Por mi parte, he confirmado a los fieles y, como obispo de Roma, los he animado a superar cualquier forma de división y de contraposición, y a cultivar siempre la comunión, el diálogo, la unidad en la diversidad. Este es el servicio propio del Sucesor de Pedro, servicio que en los viajes apostólicos encuentra una expresión específica, siempre adecuada a las situaciones eclesiales y sociales de los países visitados.

En el caso de España, he podido notar con alegría cómo la gente, de todas las edades y condiciones, esperaba la visita del Papa: en todas partes he encontrado multitudes que me han dado la bienvenida con gran cariño. Este hecho no era algo que se pudiera dar por sentado, y merece una reflexión. Naturalmente, esta participación expresa, ante todo, como decía, la fe del pueblo español; al mismo tiempo, considero que manifiesta la necesidad generalizada de reencontrarse unidos sobre un fundamento verdadero y profundo, no ideológico ni de interés parcial. Ese fundamento que solo Cristo, en último término, puede asegurar, y que el Evangelio, a través de las necesarias “inculturaciones”, puede transmitir a la vida de los pueblos. Puede hacerlo porque su mensaje responde plenamente a estas dos exigencias: la búsqueda de la verdad y la sed de justicia.



En Madrid y Barcelona, nos hemos reunido en las grandes catedrales, así como en los modernísimos estadios. Hemos rezado el Santo Rosario en la abadía de MontserratHemos celebrado en la Sagrada Familia, símbolo majestuoso, sinfonía de piedra y luz que habla a todos del misterio cristiano. Este encuentro de lo antiguo y lo moderno, de la tradición católica y la cultura contemporánea, me ha hecho percibir directamente el carácter propio de Europa, su riqueza inestimable, como realidad actual, no superada. Se trata de un patrimonio que hay que custodiar con cuidado, para poder invertirlo en el hoy global con sus desafíos históricos: la paz, la ecología integral, el desarrollo equitativo y sostenible, el respeto a la dignidad humana. Son desafíos que el Concilio Vaticano II ya había reconocido claramente, y sobre los que ha regresado el Magisterio sucesivo, hasta mi reciente Encíclica Magnifica humanitas, que tiene como objetivo la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial.



He percibido, a través de los diversos encuentros, la necesidad de escuchar en la voz del Papa el Evangelio de la esperanza para esta humanidad nuestra de hoy, tan afectada por las consecuencias negativas de un modelo de desarrollo engañoso. Esta necesidad, que ha encontrado expresión en los numerosos testimonios que he podido escuchar -testimonios unas veces conmovedores, otras edificantes-, la he encontrado también, y sobre todo, en los rostros de los pequeños y de los pobres que he encontradodel niño que en la parroquia me ha leído su carta; de algunas de las víctimas de abusos que piden ser escuchadas; de los detenidos que me esperaban en la cárcel; de los jóvenes llenos de inquietudes y de proyectos; de los migrantes en los centros de acogida de las Canarias.

Precisamente allí, en las islas Canarias, última etapa de nuestro itinerario, he encontrado una clave de interpretación general. Me la han ofrecido, por una parte, la misma posición geográfica del archipiélago; y, por otra, la realidad de una Iglesia local que acoge a un gran número de migrantes forzados, procedentes sobre todo de África. Sabemos que el fenómeno migratorio es complejo y que requiere planes de acción orgánicos y concertados. Pero esta clave de interpretación abre una perspectiva diversa y más amplia: nos hace entender que estamos llamados a releer el Evangelio en el mundo de hoy intercambiándonos los dones de nuestras respectivas culturas y, en especial, los frutos que produce en ellas la fecundidad del mensaje de Cristo. Y uno de estos frutos es precisamente el diálogo entre las personas y entre los pueblos, el encuentro con espíritu de fraternidad, que permite descubrir y apreciar recíprocamente los valores de los que el otro es portador. Este camino no es fácil; requiere buena voluntad y la ayuda de Dios, pero es el camino que conduce a la civilización del amor.

Queridos hermanos y hermanas, el lema de este viaje apostólico era “Alzad la mirada” (cfr. Jn 4,35). Son palabras que Jesús dirige a sus primeros discípulos para enseñarles a ver en las personas y en las multitudes el deseo de vida, de verdad, de plenitud. El Señor repite estas palabras, a mí el primero, y con su gracia lo he experimentado durante el viaje. Hoy quisiera compartir con ustedes esta invitación: ¡alcemos la mirada! Aprendamos de Jesús a mirar al prójimo, la gente, el mundo, “con los ojos de Dios”, es decir, con amor, respeto y compasión.

Finalmente, quiero dar las gracias a cuantos han rezado por el éxito de este viaje apostólico, especialmente a las comunidades de monjas contemplativas, que en España, gracias a Dios, son muy numerosas. Sigan rezando para que, mediante la intercesión de la Virgen María, las semillas que he esparcido den frutos abundantes. ¡Gracias!

 

(dela Audiencia General del Papa Leon XIV 17 de junio 2026)

Papa Leon XIV – Audiencia General con sus comentarios acerca del viaje apostólico a Argelia, Camerún, Anglo y Guinea Ecuatorial.

 




Hoy deseo hablar sobre el viaje apostólico que realicé del 13 al 23 de abril visitando cuatro países africanos: Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial.

Desde el inicio de mi pontificado, había pensado en un viaje a África. Doy gracias al Señor, que me ha permitido realizarlo como Pastor para visitar y animar al pueblo de Dios, y vivirlo como mensaje de paz en un momento histórico marcado por guerras y graves y frecuentes violaciones del derecho internacional. Expreso mi más sincero agradecimiento a los obispos y a las autoridades civiles que me han acogido, así como a todos aquellos que han colaborado en la organización.

La providencia quiso que la primera etapa fuera precisamente el país donde se encuentran los lugares de san Agustín, es decir, Argelia. Así, por una parte, he podido comenzar desde las raíces de mi identidad espiritual; y, por otra parte, me ha sido posible atravesar y consolidar puentes muy importantes para el mundo y la Iglesia de hoy: el puente con la época fecundísima de los Padres de la Iglesia; el puente con el mundo islámico; el puente con el continente africano.

En Argelia he recibido una acogida no solamente respetuosa, sino también cordial, y hemos podido comprobar de primera mano y mostrar al mundo que es posible vivir juntos como hermanos y hermanas, incluso de religiones distintas, cuando nos reconocemos hijos del mismo Padre misericordioso. Asimismo, ha sido una ocasión propicia para entrar en la escuela de san Agustín: con su experiencia de vida, sus escritos y su espiritualidad, él es maestro en la búsqueda de Dios y de la verdad. Su testimonio es hoy de gran importancia para los cristianos y para cualquier persona.

En los siguientes tres países que he visitado, la población es, en cambio, de mayoría cristiana, y, por tanto, me he sumergido en un ambiente de fiesta de la fe, de acogida calurosa, favorecida también por el carácter típico de la gente africana. Al igual que mis predecesores, yo también he experimentado un poco de lo que le sucedía a Jesús con las multitudes de Galilea: Él las veía sedientas y hambrientas de justicia, y les anunciaba: “Bienaventurados los pobres en el espíritu, bienaventurados los mansos, bienaventurados los que trabajan por la paz…” Y reconociendo su fe, decía: “Vosotros sois la sal de la tierra y la luz del mundo” (cfr. Mt 5,1-16).

La visita a Camerún me ha permitido reforzar el llamamiento a comprometernos juntos con la reconciliación y la paz, porque también este país, desgraciadamente, está marcado por tensiones y violencia. Me alegro de haber ido a Bamenda, en la zona anglófona, donde he animado a trabajar juntos por la paz. Camerún es llamado “África en miniatura”, con referencia a la variedad y a la riqueza de su naturaleza y de sus recursos; pero también podemos entender esta expresión en el sentido de que en Camerún encontramos las grandes necesidades de todo el continente africano: la necesidad de una distribución equitativa de las riquezas; de dar espacio a los jóvenes, superando la corrupción endémica; de promover el desarrollo integral y sostenible, oponiendo a las varias formas de neocolonialismo una cooperación internacional con visión de futuro. Doy las gracias a la Iglesia en Camerún y a todo el pueblo camerunés, que me ha acogido con tanto amor; y rezo para que el espíritu de unidad que se ha manifestado durante mi visita se mantenga vivo y guíe las decisiones y las acciones futuras.

La tercera etapa del viaje ha sido Angola, gran país al sur del ecuador, de tradición cristiana multisecular, ligada a la colonización portuguesa. Como muchos países africanos, después de haber alcanzado la independencia, Angola ha atravesado un periodo difícil, que en su caso ha sido ensangrentado por una larga guerra interna. En el crisol de esta historia, Dios ha guiado y purificado la Iglesia convirtiéndola cada vez más al servicio del Evangelio, de la promoción humana, de la reconciliación y de la paz. ¡Iglesia libre para un pueblo libre! En el santuario mariano de Mamã Muxima – que significa “Madre del corazón” – he sentido latir el corazón del pueblo angoleño. Y en los varios eventos he visto con alegría muchas religiosas y religiosos de todas las edades, profecía del Reino de los cielos en medio de su gente; he visto catequistas que se dedican enteramente al bien de la comunidad; he visto rostros de ancianos esculpidos por fatigas y sufrimientos, y que transparentan la alegría del Evangelio; he visto mujeres y hombres danzar al ritmo de cantos de alabanza al Señor resucitado, fundamento de una esperanza que resiste a las desilusiones causadas por las ideologías y las promesas vanas de los poderosos.

Esta esperanza exige un compromiso concreto, y la Iglesia tiene la responsabilidad, con el testimonio y el anuncio valiente de la Palabra de Dios, de reconocer los derechos de todos y de promover su respeto efectivo. He podido asegurar a las autoridades civiles angoleñas, y también a las de los otros países, la voluntad de la Iglesia Católica de seguir ofreciendo esta contribución, especialmente en los campos sanitario y educativo.

El último país que he visitado es Guinea Ecuatorial, en el 170°. aniversario de la primera evangelización. Con la sabiduría de la tradición y a la luz de Cristo, el pueblo guineano ha atravesado los acontecimientos de su historia, y, en los pasados días, en presencia del Papa, ha renovado con gran entusiasmo su voluntad de caminar unido hacia un futuro de esperanza.

No puedo olvidar lo sucedido en la cárcel de Bata, en Guinea Ecuatorial: los reclusos cantaron a pleno pulmón un canto de agradecimiento a Dios y al Papa, pidiéndole que rece “por sus pecados y su libertad”. Nunca había visto nada semejante. Y luego han rezado conmigo el Padre Nuestro, bajo una lluvia torrencial. ¡Un signo auténtico del Reino de Dios! Y, siempre bajo la lluvia, comenzó el gran encuentro con la juventud en el estadio de Bata. Una fiesta de alegría cristiana, con testimonios conmovedores de jóvenes que han encontrado en el Evangelio el camino para un crecimiento libre y responsable. Esta fiesta culminó con la celebración eucarística del día siguiente, que coronó dignamente la visita a Guinea Ecuatorial y todo el viaje apostólico.

 

Invito leer: León XIV en África: Peregrino entre "diferentes pueblos y mundos"

lunes, 15 de junio de 2026

Joseph Ratzinger y el Concilio Vaticano II

 


Mañana martes 16 de junio, a partir de las 17:00 horas, tendrá lugar en la biblioteca del Colegio de Santa Maria dell’Anima en Roma (Via della Pace, 20), la presentación del libro Joseph Ratzinger y el Concilio Vaticano II (editado por Sameer Advani y Leonardo Pelonara, Cantagalli, 2026). La presentación está organizada por Ratzinger Class en colaboración con la Fundación Vaticana Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, el Pontificio Ateneo Regina Apostolorum y Edizioni Cantagalli.

Tras las palabras de bienvenida del reverendo Michael Max, rector de la iglesia y el colegio de Santa Maria dell’Anima, el reverendo profesor Roberto Regoli, presidente de la Fundación Ratzinger, y Lea Amodio, autora y redactora jefe de Ratzinger Class, presentarán una ponencia del cardenal Gerhard Ludwig Müller, antiguo prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y editor de las Obras Completas de Joseph Ratzinger-Benedicto XVI. A continuación, los editores pronunciarán sus palabras de clausura. La reunión será moderada por Chiara Bertani. dela Fundación Ratzinger.

 

Espera y asombro del hombre ante el misterio

 


"¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!" (Is 63, 19). Esta gran invocación de Isaías, que sintetiza bien la espera de Dios presente ante todo en la historia del Israel bíblico, pero también en el corazón de cada hombre, no ha caído en el olvido. Dios Padre ha cruzado el umbral de su trascendencia: mediante su Hijo, Jesucristo, ha recorrido los senderos del hombre y su Espíritu de vida y amor ha penetrado en el corazón de sus criaturas. No permite que nos alejemos de sus caminos ni deja que nuestro corazón se endurezca para siempre (cf. Is 63, 17). En Cristo, Dios se acerca a nosotros, sobre todo cuando nuestro "rostro está triste", y entonces, al calor de su palabra, como sucedió con los discípulos de Emaús, nuestro corazón empieza a arder dentro de nosotros (cf. Lc 24, 17. 32). Sin embargo, el paso de Dios es misterioso y exige una mirada pura para descubrirlo, y oídos dispuestos a escucharlo. 

Desde esta perspectiva, queremos reflexionar hoy sobre dos actitudes fundamentales que es preciso adoptar en relación con el Dios-Emmanuel, el cual ha decidido encontrarse con el hombre en el espacio y en el tiempo, así como en la intimidad de su corazón. La primera actitud es la espera, bien ilustrada en el pasaje del evangelio de san Marcos que acabamos de escuchar (cf. Mc 13, 33-37). En el original griego encontramos tres imperativos que articulan esta espera. El primero es: "Estad atentos"; literalmente: "Mirad, vigilad". "Atención", como indica la misma palabra, significa tender, estar orientados hacia una realidad con toda el alma. Es lo contrario de distracción que, por desgracia, es nuestra condición casi habitual, sobre todo en una sociedad frenética y superficial como la contemporánea. Es difícil fijar nuestra atención en un objetivo, en un valor, y perseguirlo con fidelidad y coherencia. Corremos el riesgo de hacer lo mismo también con Dios, que, al encarnarse, ha venido a nosotros para convertirse en la estrella polar de nuestra existencia.

Al imperativo "estad atentos" se añade "velad", que en el original griego del evangelio equivale a "estar en vela". Es fuerte la tentación de abandonarse al sueño, envueltos en las tinieblas de la noche, que en la Biblia es símbolo de culpa, de inercia y de rechazo de la luz. Por eso, se comprende la exhortación del apóstol san Pablo: "Vosotros, hermanos, no vivís en las tinieblas, (...) porque todos sois hijos de la luz e hijos del día; no lo sois de la noche ni de las tinieblas. Así pues, no durmamos como los demás, sino estemos vigilantes y despejados" (1 Ts 5, 4-6). Sólo liberándonos de la oscura atracción de las tinieblas y del mal lograremos encontrar al Padre de la luz, en el cual "no hay fases ni períodos de sombra" (St 1, 17). 

(de la AudienciaGeneral del Papa Juan Pablo II del 26 de julio de 2000)