Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

viernes, 17 de julio de 2026

Carmen Álvarez: “Wojtyła escribió ‘Jeremías’ para fortalecer la fe”

 


Drama teatral que Karol Wojtyła escribió cuando tenía 19 años, en la primavera de 1940. La teóloga Carmen Álvarez, profesora de la Universidad Eclesiástica San Dámaso y experta en la figura de san Juan Pablo II, explica la obra del joven Wojtyła a Omnes mediante una entrevista que lerealiza Francisco Otamendi, publicada el 7 de febrero de 2024.

Poco después del estallido de la II Guerra Mundial, en medio de una durísima situación de dolor y sufrimiento del pueblo polaco, Alemania y Rusia iniciaron con la ocupación una tremenda campaña de “despolonización”que tenía como fin borrar todo rastro de la cultura polaca y, especialmente, toda huella de sus raíces cristianas. 

Era el modo más eficaz de disolver la identidad nacional y el sentido de la patria en el pueblo polaco, con el fin de manipularlo más fácilmente, explica a Omnes Carmen Álvarez, editora de “Jeremías”, obra que por primera vez ha sido traducida al español de su original polaco. Se trata de una edición bilingüe de Didaskalos, precedida de un amplio estudio introductorio de la teóloga de San Dámaso y académica.

“Wojtyła escribe “Jeremías” para consolar a su pueblo, para alentar su esperanza y fortalecer su fe en Dios, pero también para reflexionar sobre ese sombrío momento histórico desde la visión cristiana de la historia y preguntarse por las causas de la caída de la nación”, añade Carmen Álvarez, que está presentando la obra en diversas diócesis españolas. La última, Sevilla.

Una situación análoga vivió el profeta Jeremías, que anunció la destrucción de Israel si el pueblo no volvía a ser fiel a la alianza establecida con Yahvé y a su identidad de pueblo elegido por Dios. De ahí el título de la obra.

Profesora, ¿cómo surgió su interés por las obras literarias de Karol Wojtyła​, y en concreto sobre “Jeremías”?



El redescubrimiento de estas obras surgió en el ámbito de una investigación. A raíz de la Tesis doctoral en filosofía que estoy realizando acerca de la obra literaria juvenil de Karol Wojtyła​ descubrí que las fuentes documentales estaban todas en polaco y que prácticamente no se conocían fuera de su país. Comprendí, entonces, que había que traducirlas y darlas a conocer. Hasta ahora los estudiosos de Karol Wojtyła​ teníamos como referencia una traducción en italiano de hace más de 20 años; sin embargo, creo que en esta edición en español hemos logrado notables mejoras de traducción y de interpretación.

Usted ha editado la obra teatral de su original polaco al español directamente.  

– Así es. Ha sido un trabajo conjunto con la traductora. Yo me he encargado de asumir toda la labor de edición, interpretación y revisión final de la obra. Se trata de una edición bilingüe, cuyo texto polaco respeta con suma fidelidad el manuscrito original, tal como Wojtyła​ lo escribió. La obra va precedida de un amplio estudio introductorio, en el que ofrezco algunas claves de lectura que ayuden al lector de habla hispana a introducirse en el contexto cultural e histórico de la nación polaca. Era necesario contextualizar la obra, la trama y los personajes para acercar esta obra al lector no familiarizado con la cultura eslava.

Hasta prácticamente el año 2020, cuando celebramos el centenario del nacimiento de san Juan Pablo II, no hemos logrado recopilar los textos originales de estas obras de juventud. De hecho, se conservan distintas versiones de una misma composición. Con motivo de esa efeméride, la diócesis de Cracovia constituyó un equipo de estudiosos y expertos que realizaron una búsqueda exhaustiva en bibliotecas y archivos, así como una difícil labor de crítica textual que ayudó a fijar los textos originales. Fruto de este arduo trabajo fue la publicación de tres volúmenes que recogen toda esta obra literaria juvenil en su original polaco. Con ella se abrió la puerta a la traducción y difusión de este gran tesoro literario que nos dejó el joven Karol Wojtyła.

Además, incluye un estudio introductorio, prácticamente otro libro, en el que habla de la huella de san Juan de la Cruz.

– El teatro de Karol Wojtyła es muy filosófico y conceptual, difícil de representar porque él lo concibe como un «teatro interior», más que como un teatro de entretenimiento o de recreación. De ahí que resulte muy interesante el análisis crítico e interno de la obra, pues ha sacado a la luz las raíces hispanas del primer pensamiento del joven Wojtyła. En su obra Jeremías, Wojtyła dialoga con la cosmovisión propia del Romanticismo, especialmente polaco, pero en la obra está presente también la huella de Calderón de la Barca, de Cervantes y su gran personaje, el Quijote. Además, se evocan las leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer y, sobre todo, es muy clara la huella de san Juan de la Cruz. 

Este dato es muy interesante porque todos los biógrafos de Juan Pablo II coinciden en afirmar que Wojtyła conoció a san Juan de la Cruz de la mano del laico Jan Leopold Tyranowski, a quien conoció en marzo de 1940. En la obra Jeremías la huella sanjuanista es muy clara y se trata de una obra que estaba ya escrita antes de ese encuentro con Tyranowski. 

Pero, además, tanto en su obra Job, escrita en los primeros meses de ese mismo año 1940, como en sus primeras poesías, escritas en la primavera de 1939, encontramos también temas y elementos sanjuanistas. Por tanto, creo que habría que reformular el dato que aportan los biógrafos. El acercamiento de Karol Wojtyła a la figura, doctrina y simbólica poética de san Juan de la Cruz es mucho más temprano y podría situarse, incluso, en los años de su infancia en Wadowice, en los que visitó con frecuencia el Carmelo de la ciudad. Todo este trasfondo hispano del primer pensamiento de Wojtyła, que desconocíamos, lo estamos descubriendo ahora, gracias al estudio y traducción de estas obras literarias de juventud.

El contexto. Wojtyła escribe Jeremías en los primeros meses de 1940…

– Sí, cuando Polonia acaba de ser invadida por Alemania y Rusia. Es uno de los momentos más difíciles y oscuros de la historia de Polonia. Con la ocupación, tanto Alemania como Rusia iniciaron una tremenda campaña de «despolonización», que tenía como objetivo borrar cualquier rastro de la cultura polaca y, especialmente, toda huella de sus profundas raíces cristianas. Era el modo más eficaz de disolver la identidad nacional y el sentido de la patria en el pueblo polaco, con el fin de someterlo y manipularlo más fácilmente.

Wojtyła escribe Jeremías para consolar a su pueblo, para alentar su esperanza y fortalecer su fe en Dios, presente en la oscuridad de la prueba, pero también para reflexionar sobre ese sombrío momento histórico a la luz de la visión cristiana de la historia de las naciones. ¿Por qué ha caído Polonia?, se pregunta el autor. La trama de la obra y los diálogos de los personajes muestran cómo la caída de una nación tiene relación con la pérdida de su identidad cristiana y el abandono del orden moral querido por Dios.

¿Su destinatario es sólo el pueblo polaco?

Karol Wojtyła escribe su obra «Jeremías» en diálogo con la historia de Polonia, pero se equivocaría quien pensase que este drama teatral tiene como destinatario solo a la nación polaca. La obra tiene una proyección universal. Wojtyła no busca resolver la cuestión polaca, sino plantear, entre otras, la gran cuestión de la identidad nacional y, en consecuencia, invitar a cada hombre a reflexionar sobre su identidad personal a la luz de su origen. En realidad, cuando reflexiono sobre mi identidad nacional, al final me planteo también quién soy yo, quién es el hombre. Y es que la noción de patria no es una categoría política, ideológica o deportiva, sino que conforma a todo hombre desde su mismo origen. En las primeras raíces de mi identidad personal está Dios, la familia y la patria. 

Para Wojtyła, el destino de cada hombre está unido inseparablemente a la historia y al destino de la nación. Jeremías muestra ya cómo la cuestión de la identidad del hombre, que será un eje central en el magisterio de Juan Pablo II, está ya presente en el primer pensamiento de Karol Wojtyła.

Parece llamativa la advertencia del personaje Skarga, quien asume una misión profética, como Jeremías.

– La obra contiene una crítica sutil pero mordaz a los mitos nacionales que se difundieron con fuerza durante los años del Romanticismo polaco. Entre ellos, Wojtyła dialoga especialmente con el sarmatismo y el mesianismo, que servían para justificar ideológicamente la apropiación exclusivista del concepto de nación por parte de una minoría selecta y elitista. Eran las ideologías de una época que, al igual que las ideologías de hoy, imponían de forma violenta y forzada sus argumentos y el interés personal de unos pocos por encima de la verdad y del bien común de la nación o del bien individual del sujeto. 

En este sentido, es de suma actualidad el gran discurso que Wojtyła pone en boca de uno de los protagonistas del drama, el padre Pedro Skarga, y que ocupa todo el segundo acto del drama. Dirigiéndose a la nobleza polaca, la szlachta, que se consideraba como el verdadero pueblo elegido y la verdadera estirpe polaca, Skarga les amonesta duramente contra el incumplimiento de la Ley de Dios y la corrupción económica, política, moral y cultural que preparó lentamente la caída histórica de Polonia y su desaparición como nación en el siglo XVIII, durante la época de las particiones.

Lo mismo sucedió en la época del profeta Jeremías, que anunció la caída de Israel, porque se estaba apartando de su identidad de pueblo elegido y del cumplimiento de la alianza con Yahvé. Cuando una nación cae en la trampa de las ideologías y vende su cultura, su historia, su religión o su moral, tarde o temprano saborea su fracaso histórico y pierde la fuerza moral, histórica y social de su específica identidad.

 ¿Algún comentario adicional?

– Me parece significativo que la obra salga publicada en España, en un momento en que se plantea con fuerza la cuestión de la identidad nacional, y, además, en el marco del 45º aniversario de la elección de Juan Pablo II y del inicio de su pontificado, que hemos celebrado el pasado 16 de octubre de 2023. 

El estudio de la obra Jeremías me ha hecho recordar los viajes de Juan Pablo II a España, y, de una manera especial, aquel acto que tuvo en Santiago de Compostela, en noviembre de 1982, y aquel memorable discurso que Juan Pablo II dirigió a Europa: “Desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes. Reconstruye tu unidad espiritual, en un clima de pleno respeto a las otras religiones y a las genuinas libertades… Tú puedes ser todavía faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo”. 

A la luz de cuanto Karol Wojtyła trata en su obra Jeremías, creo que el Papa estaba anunciando ya la caída y el fracaso moral y cultural de Europa, tal como lo estamos viendo hoy, por apartarse de su identidad cristiana y del orden moral querido por Dios.

Presentacion de la obra teatral “Jeremias” Karol Wojtyla – Universidad Católica de Valencia 

 

Jesus Castellano Cervera : Juan Pablo II y el Carmelo Teresiano – Pequeña reseña cronológica

 


(…)

Varias han sido las ocasiones en las que el Papa mismo ha recordado su vinculación al Carmelo desde su tierna infancia, ya que desde muy niño en su ciudad natal Wadowice, tuvo contactos con  los Carmelitas del Convento dedicado a San José, situado en  una colina, no lejos del centro de la ciudad.

Por orden cronológico, la primera vez que como Papa manifestó públicamente sus lazos con el Carmelo Teresiano fue en su visita a la Pontificia Facultad Teológica del Tersianum. Era 22 de abril de 1979, muy pocos días antes de la celebración del Capítulo General  de los Carmelitas Descalzos. Por ser el Domingo in Albis, el Papa presidio la misa e hizo la visita pastoral a la cercana Basílica de San Pancracio, que es la antigua estación romana de la octava d de Pascua, cuando los neófitos dejaban a los pies del sepulcro del mártir sus vestiduras blancas. De la Basílica paso al Teresianum. En la capilla se canto la Salve Solemne a la Virgen. Y en el Aula Magna tomo la palabra y en un discurso improvisado dijo entre otras coas:  Diría que conozco los Carmelitas Descalzos desde mi infancia. He nacido, como tal vez sabéis en un lugar, en una ciudad Wadowice, donde hay un convento, también famoso, porque un tiempo fue el Superior Prior, el siervo de Dios Padre Rafael Kalinowski. “

De su predilección por el gran místico del Carmelo, San Juan de la Cruz, al que dedico su tesis doctoral en teología, confió en aquella ocasión: “He estudiado a San Juan de la Cruz. Pero debo decir que este estudio, este interés por vuestro gran Doctor San Juan de la Cruz (tengo que decir que le estudiaba mas a el que a Santa Teresa) yo le debo no a un carmelita, sino a un buen amigo laico y, lo que es mas interesante, el laico que encontré no era solo un estudioso que conocía sino uno que practicaba la doctrina de San Juan de la Cruz.”

Más tarde en la autobiografía hizo esta precisión de carácter más personal, que el film sobre Karol Wojtyla ha escenificado. Se trata del encuentro con un famoso laico, sastre de oficio y lector de místicos por afición y vocación, que tanto influyo en su formación espiritual y sobre todo en el conocimiento de San Juan de la Cruz: “Antes de entrar en el seminario, encontré un laico llamado Jan Tyranowski, que era un verdadero místico. Aquel hombre, lo considero un santo que me introdujo en los grandes místicos españoles , especialmente a San Juan de l Cruz,. Incluso antes de entrar en el seminario clandestino, leía las obras de aquel místico”.

Con motivo de la beatificación en Polonia del Carmelita  Descalzo  Alfonso Mazurek, muerto en los campos de concentración, saludó de un modo especial a los Carmelitas y recordó su infancia diciendo. “Como en tiempos de mi juventud e infancia me acuerdo espiritualmente a ese lugar de culto especial a la Bienaventurada Virgen del Monte Carmelo, que ejercitaba una influencia tan grande en la espiritualidad de la tierra de Wadowice. Yo mismo recibí en aquel lugar numerosas gracias de las que hoy expreso mi gratitud al Señor.  Y el escapulario lo llevo todavía hoy, como lo recibido de los Carmelitas de Gorka (la colina del convento) cuando tenía apenas diez años”:

En un discurso improvisado al final de la comida con los Padres Sinodales, al terminar el Primer Sínodo especial de Europa, que coincidía con la fiesta de San Juan de la Cruz y el IV Centenario de su muerte, el 14 de diciembre de 1991, el Papa dijo también con un acento autobiográfico: “Hoy celebramos a San Juan de la Cruz. Es una memoria especial porque coincide con el final de IV Centenario sanjuanista. Por la providencia de Dios yo me he ocupado mucho de San Juan de la Cruz, de su doctrina, de su teología de sus libros. Y pienso que esta doctrina suya, este magisterio que la Iglesia le ha reconocido con el título de Doctor de la Iglesia, es fácil y difícil a la vez. Difícil para entender las experiencias de vida. Y sin estas experiencias vivas, no se entiende a fondo a San Juan de la Cruz ni tampoco se entiende a Santa Teresa… No se entiende la Noche oscura ni las diversas noches oscuras”. 

En múltiples ocasiones ha recordado su devoción personal al Escapulario del Carmen y su ferviente adscripción desde niño la cofradía del Carmen, sobre la que dio su primer testimonio el 23 de noviembre  de 1958, siendo obispo auxiliar de Cracovia: “LLevo siempre el escapulario que he recibido en el día de mi primera comunión de manos del P.Silvestre.”  Lo he recordado en muchas otras ocasiones.

Nuestros hermanos carmelitas polacos nos han recordado algunos episodios que se refieren a sus dos peticiones para entrar en el Carmelo: 1) en 1942 pidio prestadas al P. Provincial de los Carmelitas las Obras de san Juan de la Cruz y pidió el ingreso en el noviciado de Czerna, que no obstante se cerró con motivo de la guerra. En 1945, mientras estudiaba en el seminario mayor de Cracovia, hizo otra petición para ingresar en el Carmelo.  De Papa en 1986, recibidno en su capilla privada a un grupo de carmelitas polacos para la concelebración con motivo del 40 aniversario de su sacerdocio, Juan Pablo II les hizo esta confidencia: “Falto poco para que yo fuera uno de vosotros”.

Esta noticia que se ha repetido en sus biografías, sobre su deseo de hacerse carmelita, ha sido confirmada con este testimonio oficial y personal: “Durante un tiempo tome también en consideración la posibilidad de entrar en el Carmelo. Las dudas fueron resueltas por el Arzobispo Cardenal Sapieha, el cual – según el estilo que tenia – dijo brevemente: Hay que concluir primero lo que se ha comenzado”  Y asi sucedió.

Podemos decir que el Papa ha sido siempre carmelita de corazón por esa vinculación temprana al Carmelo, a la Virgen y a sus santos.

Invito leer el capitulo completo en este enlace 

Como así también Un jornalero de Dios en elCarmelo Teresiano  - El itinerario teresiano del P. Jesús Castellano, escrito por  Aniano Álvarez-Suárez, ocd 

 

jueves, 16 de julio de 2026

El escapulario “un hábito” y síntesis de espiritualidad mariana

 

(escapulario de San Juan Pablo II custodiado en el Santuario San Jose de los carmelitas descalzos de Wadowice)

 (…)

Este rico patrimonio mariano del Carmelo se ha convertido con el tiempo, mediante la difusión de la devoción del santo escapulario, en un tesoro para toda la Iglesia. Por su sencillez, por su valor antropológico y por su relación con el papel que desempeña María con respecto a la Iglesia y a la humanidad, el pueblo de Dios ha acogido profunda y ampliamente esta devoción, hasta el punto de encontrar expresión en la memoria del 16 de julio, presente en el calendario litúrgico de la Iglesia universal.

Con el signo del escapulario se manifiesta una síntesis eficaz de espiritualidad mariana, que alimenta la devoción de los creyentes, haciéndolos sensibles a la presencia amorosa de la Virgen Madre en su vida. El escapulario es esencialmente un "hábito". Quien lo recibe se une o se asocia, en un grado más o menos íntimo, a la Orden del Carmen, dedicada al servicio de la Virgen para el bien de toda la Iglesia (cf. Fórmula de la imposición del escapulario, en el "Rito de la bendición e imposición del escapulario", aprobado por la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos, 5 de enero de 1996). Por tanto, quien se reviste del escapulario se introduce en la tierra del Carmelo, para "comer sus frutos y sus productos" (cf. Jr 2, 7), y experimenta la presencia dulce y materna de María en su compromiso diario de revestirse interiormente de Jesucristo y de manifestarlo vivo en sí para el bien de la Iglesia y de toda la humanidad (cf. Fórmula de la imposición del escapulario).


Así pues, son dos las verdades evocadas en el signo del escapulario:  por una parte, la protección continua de la Virgen santísima, no sólo a lo largo del camino de la vida, sino también en el momento del paso hacia la plenitud de la gloria eterna; y por otra, la certeza de que la devoción a ella no puede limitarse a oraciones y homenajes en su honor en algunas circunstancias, sino que debe constituir un "hábito", es decir, una orientación permanente de la conducta cristiana, impregnada de oración y de vida interior, mediante la práctica frecuente de los sacramentos y la práctica concreta de las obras de misericordia espirituales y corporales. De este modo, el escapulario se convierte en signo de "alianza" y de comunión recíproca entre María y los fieles, pues traduce de manera concreta la entrega que en la cruz Jesús hizo de su Madre a Juan, y en él a todos nosotros, y la entrega del apóstol predilecto y de nosotros a ella, constituida nuestra Madre espiritual.

Un espléndido ejemplo de esta espiritualidad mariana, que modela interiormente a las personas y las configura a Cristo, primogénito entre muchos hermanos, son los testimonios de santidad y sabiduría de tantos santos y santas del Carmelo, todos crecidos a la sombra y bajo la tutela de la Madre.

También yo llevo sobre mi corazón, desde hace mucho tiempo, el escapulario del Carmen. Por el amor que siento hacia nuestra Madre celestial común, cuya protección experimento continuamente, deseo que este año mariano ayude a todos los religiosos y las religiosas del Carmelo y a los piadosos fieles que la veneran filialmente a acrecentar su amor y a irradiar en el mundo la presencia de esta Mujer del silencio y de la oración, invocada como Madre de la misericordia, Madre de la esperanza y de la gracia.

(del  Mensaje del Papa Juan Pablo II a la Orden del Camen, con motivo de la dedicación del año 2001 a Maria) 


sábado, 11 de julio de 2026

San Benito, Juan Pablo II y Montecassino

 


Escuchemos la voz de San Benito: de lasoledad interior, del silencio contemplativo, de la victoria sobre el rumor delmundo exterior, de este «habitar consigo mismo», nace el diálogo consigo y conDios, que lleva hacia las cumbres de la ascética y la mística.”  

Hoy celebramos la memoria litúrgica de San Benito, abad, proclamado patrono y protector de Europa por el Santo Padre Pablo VI, el 24 de octubre de 1964, durante su visita a la Abadía de Montecassino, con ocasión de la Consagración del nuevo templo.

San Benito también fue patrono del pontificado del Santo Padre Benedicto XVI.

Con ocasión del viaje a Roma para la beatificación de Juan Pablo II teníamos planeado visitar Mentorella y la Abadia de Montecassino y solo pudimos cumplir con una parte del sueño visitar Mentorella y Montecassino quedó pendiente. Sin embargo aprovechando la festividad de San Benito quería recordar  Montecassinoun lugar tan significativo y tan caro a Juan Pablo II, por lo sagrado del lugar, por una parte, y por la otra tan trágicamente atado a la historia polaca donde en el cementerio polaco, mas de mil cruces recuerdan el heroísmo de los jóvenes que combatieron y murieron allí (no todos eran polacos).


Juan Pablo II nunca oculto el profundo amor por su patria, tampoco su dolor y su sufrimiento en momentos difíciles. En su  discurso a los monjes de la Abadia durante su  primer visita a Montecassino como Papa en 1979 con ocasión de conmemorarse los 35 años de aquel 18 de mayo de 1949 decia con dolor pero con orgullo:

 



Hace 35 años, el 18 de mayo de 1944, los soldados polacos del General Anders, llegados poco antes al frente y agregados a la "Octava Armada" británica, lograban izar la bandera polaca blanca y roja sobre los escombros todavía humeantes de esta histórica abadía. Tres meses antes, el 15 de febrero de 1944, centenares de toneladas de explosivos habían sido arrojadas por los bombarderos, destruyendo la abadía, considerada objetivo bélico, mientras entre uno y otro bombardeo el tiro cruzado de las artillerías terrestres y marinas sembraban muerte y ruina por todas partes. En el cementerio polaco más de mil cruces recuerdan el sacrificio de estos jóvenes que combatieron y murieron junto con otros muchos ejércitos por la libertad y la paz. Han pasado 35 años; y hoy está aquí, en Montecassino, en la célebre abadía resurgida y gloriosa, un hijo de Polonia, convertido en Pontífice, para recordar y elevar sufragios por sus hermanos, junto a los demás caídos, víctimas de las ideas equivocadas y de los contrastes humanos.

Venid a Montecassino! – decía Juan Pablo II en su alocución – “¡Venid a meditar sobre la historia pasada y a comprender el significado auténtico de nuestra peregrinación terrena! ¡ Venid a recuperar paz y serenidad, ternura con Dios, y amistad con los hombres, para llevar de nuevo esperanza y bondad a las frenéticas metrópolis del mundo moderno, atormentadas y desilusionadas en la angustia de tantas almas!”

Como no aceptar una invitación tan abierta, tan sentida?

Es importante leer su alocución de 1979 para adentrarse un poco en el alma de este Papa polaco, poeta y pastor y es casi obligatorio leer su precioso Mensaje para el 50 aniversario de la Batalla de Montecasino para comprender el profundo amor a su patria, su sufrimiento por la tragedia de la guerra y la incomprensión de Occidente por la suerte de Polonia, invadida por este y oeste. Pero Juan Pablo II va mucho más allá de nuestras propias interpretaciones al expresar que “Montecassino encierra un significado mucho más antiguo que el que se le atribuyo en 1944. Hay que volver atrás quince siglos, a los tiempos de san Benito porque fue precisamente en Montecassino donde se erigió una de aquellas abadías benedictinas que iniciaron la formación de Europa, de la Europa cristiana. Montecassino fue el enfrentamiento de dos “proyectos” – dice Juan Pablo II - uno, tanto en oriente como en occidente, tendía a desarraigar a Europa de su pasado cristiano, ligado a sus patronos y en especial, a san Benito: el otro tendía a defender la tradición cristiana de Europa y el “espíritu europeo”. Hemos de orar concluye su Mensaje Juan Pablo II para que sepamos hacer buen uso de la libertad reconquistada a un precio tan alto: para volver a la herencia de san Benito y de san Cirilo y san Metodio, copatronos de Europa del este y del oeste.

En su mensaje al Abad de Montecassino el P. Bernardo D’Onorio, o.s.b. para el 60 aniversario de la destrucción de la Abadia de Montecassino 
Juan Pablo II recordaba Montecassino como “verdadera arca de un tesoro precioso de espiritualidad, de cultura y de arte. Para nosotros, los creyentes, el hecho de que el antiguo monasterio haya sido totalmente destruido por la guerra y después haya sido perfectamente reconstruido es una invitación a la esperanza, impulsándonos a ver en ello un símbolo de la victoria de Cristo sobre el mal y de la posibilidad que tiene el hombre de superar, con la fuerza de la fe en Dios y del amor fraterno, los conflictos más arduos para hacer que triunfen el bien, la justicia y la concordia.

Fotos de Abadia de Montecassino


 

 

 

jueves, 9 de julio de 2026

La Patria es un don, la Nación una tarea

 Con motivo de nuestra fiesta patria – 210 aniversario de la Declaración de la Independencia, publico nuevamente un documento del año 2010  de la Conferencia Episcopal Argentina que nunca ha perdido ni pierde vigencia.

 


 

Declaración de la 155º Comisión Permanente del la Conferencia Episcopal Argentina

 

1. La celebración del Bicentenario merece un clima social y espiritual distinto al que estamos viviendo. Urge recrear las condiciones políticas e institucionales que nos permitan superar el estado de confrontación permanente que profundiza nuestros males. La situación actual requiere una actitud de grandeza de parte de todos los argentinos, en particular de sus dirigentes. También nosotros, como pastores, nos sentimos interpelados por esta situación y no nos excluimos del examen de conciencia que se debe hacer.


2. La que sufre es la Nación toda; no es momento para victimizarnos ni para procurar ventajas sectoriales. “Aunque a veces lo perdamos de vista, la calidad de vida de las personas está fuertemente vinculada a la salud de las instituciones de la Constitución cuyo deficiente funcionamiento produce un alto costo social”1 . La calidad institucional es el camino más seguro para lograr la inclusión de todos en la comunidad nacional. Por eso, es necesario que los poderes del Estado, de acuerdo a su naturaleza, actúen respetando su legítima autonomía y complementándose en el servicio al bien común.


3. Si toda la Nación sufre, más duramente sufren los pobres. Este es un reclamo del cual nos volvemos a hacer eco, porque se trata de una deuda que sigue vigente, y que se lee “en los rostros de miles de hermanos que no llegan a vivir conforme a su dignidad de hijos de Dios”2 . Por ello, es el momento de privilegiar la sanción de leyes que respondan a las necesidades reales de nuestro pueblo, y no de detenerse en opciones fijadas por intereses que no tienen en cuenta la naturaleza de la persona humana, de la familia y de la sociedad.


4. La Patria es un don que hemos recibido, la Nación una tarea que nos convoca y compromete nuestro esfuerzo. Asumir esta misión con espíritu fraterno y solidario es el mejor modo de celebrar el Bicentenario de nuestra Patria.


5. Los cristianos invitamos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a unirse a nosotros en la oración para invocar al Señor, que es la fuerza de su pueblo, y a pedirle por nuestra querida Patria argentina: “Salva a tu pueblo y bendice a tu herencia; apaciéntalos y sé su guía para siempre”3 . Una vez más ponemos estos deseos y esperanzas en las manos de Nuestra Madre de Luján.


155º Comisión Permanente
Buenos Aires, 10 de marzo de 2010

 

martes, 7 de julio de 2026

El Totus Tuus "final" de Juan Pablo II – Renato Buzzonetti (*)

 


Aquel anuncio del solemne rito de la beatificación de Juan Pablo II  para el 1 de mayo Domingo in albis y fiesta de la Divina Misericordia, aunque esperado, me turbo profundamente.

Me he sentido personalmente comprometido por el anuncio, como si yo fuese premiado con una aureola minúscula, y al mismo tiempo, sumergido en una miríada de recuerdos, que reaparecieron vivos y presentes en mi memoria y en mi corazón.  De hecho, creo que nunca más asistiré a la glorificación eclesial de un paciente mio, que haya sido Sucesor de Pedro.

Durante algo menos de 27 años, me he visto envuelto en una experiencia profesional y espiritual única, si bien en la cotidianidad de mi servicio. EL cuidado y la preocupación por la salud de este hombre han llenado mis días y mis noches. Ciertas elecciones y decisiones, a menudo llevadas a cabo necesariamente en soledad han comprometido mi conciencia si posibilidad de apelación.

Esta misión ha involucrado mi persona y  mi familia durante casi tres decenios, los años centrales de mi vida: el teléfono móvil permanentemente encendido ha sido el símbolo electrónico.

Durante muchos años, he sido bombardeado con la pregunta ¿Cuál ha sido el momento más difícil de su servicio como medico? Para mí, por mi conciencia de médico y de cristiano, fue la conversación que tuve con Juan Pablo II la tarde del 24 de febrero de 2005.

Después de una noche tempestuosa y arriesgada, a última hora de la mañana de aquel día tenía lugar la última hospitalización de urgencia en el Policlínico A. Gemelli. Después de los chequeos indispensables, la Junta médica propone con extrema urgencia la traqueotomía electiva de protección y la consiguiente inserción de una cánula permanente.

Acompañado por el profesor amigo Rodolfo Proietti, Director del Departamento de Urgencias y Hospitalizaciones del Policlínico, entré en la habitación del Santo Padre y

le comunique la propuesta de los profesionales, a efectos de evitarle las penosísimas crisis de asfixia ya sufridas y asegurarle una respiración tranquila. Para que el consentimiento solicitado fuese informado correctamente, fue mi deber precisar que una consecuencia lamentable de la intervención sería un grave compromiso de la fonación.  En aquellos minutos, viví la consternación de sentirme casi un victimario que golpeaba a un inocente en la cruz.

El enfermo preguntó ingenuamente si la intervención podía posponerse al periodo de vacaciones, pero yo, sin rodeos, me vi obligado a enfatizar la urgencia no postergable.  El Papa se reservó la decisión: se sentía desafiado por mí a abrazar su cruz cada vez más ardua y pesada. Después de algunos minutos, envió a su Secretario para comunicar su consentimiento.

Rápidamente después de la operación qu se llevo a cabo sin mayores problemas, Juan Pablo II fue llevado a su habitación.  Pronto tomó cabal conocimiento de su nuevo estado físico y de los radicales cambios concernientes no solo a su cuerpo, sino a toda su persona y a su misma misión apostólica.

Cuan lejanas estaban las jornadas festivas y gloriosas de Toronto, de Paris, de Denver, de Buenos Aires, de Manila, de Tor Vergata y de todas las aotras Jornadas Mundiales d ela Juventud, cuando multitudes de jóvenes, convocados por le anuncio profético de Juan Pablo II, concurrían para conocer y adorar a Jesucristo, para “ver a Pedro”, y con él confirmar la propia fe o al menos confrontarse con su desafío cristiano en la experiencia concreta de una auténtica fraternidad.

El Santo Padre rápidamente comprendió que había llegado al umbral de la renuncia total a casi todas las facultades de expresión y de comunicación: su cruz se convertía en su palabra.

Entonces pidió una hoja – con mano incierta y en lengua polaca – escribió: «¿Qué me han hecho! Pero ….totus tuus!» Era su “consammatum est”. Y su médico, en aquella hora, intuyó que la traqueotomía había entrado en la historia de la Iglesia.

(artículo publicado en la revista Totus Tuus de la Postulación Nro 1,  2011, Especial Beatificación.)

 

 

(*) Renato Buzzonetti nació el 23 de agosto de 1924 en Roma y falleció el 20 de enero de 2017. Médico italiano, doctor en ciencias médicas, médico personal de Juan Pablo II

lunes, 6 de julio de 2026

¡Inclinad vuestras cabezas ante Dios!

 

21 pensando que con solo tocarle el manto se curaría. 22 Jesús se volvió y al verla le dijo: «¡Ánimo, hija! Tu fe te ha salvado». (Matero 21,9)



El texto tomado de este Ángelus del Papa Juan Pablo corresponde al periodo de Cuaresma de 1979. Sin embargo bien vale recordarlo en estos momentos de crisis dentro de la Iglesia.

 

Inclinad vuestras cabezas ante Dios!"

(…)

La inclinación de la cabeza puede ser interpretada como un gesto de humillación y de resignación. La inclinación de la cabeza ante Dios es signo de humildad. Pero la humildad no se identifica con la humillación o resignación. No es igual que la pusilanimidad. Todo lo contrario. La humildad es sumisión creativa a la fuerza de la verdad y del amor. La humildad es rechazo de las apariencias y de la superficialidad; es la expresión de la profundidad del espíritu humano; es condición de su grandeza.

Nos lo recuerda también San Agustín que en un sermón dice así: "¿Quieres ser grande? Comienza por lo más pequeño. ¿Piensas construir un gran edificio que se eleve mucho? Piensa antes en el fundamento de la humildad" (San Agustín, Serm. 64, 2; PL 38, 441).

Quizá esta manera de pensar dista bastante de muchas manifestaciones de la mentalidad contemporánea. Frecuentemente nos dejamos fascinar por valores aparentes, por grandezas exteriores, por lo que es sensacional que agita la superficie de nuestra psique. El hombre, arrancado de su propia profundidad, viene a ser, en cierto sentido, unidimensional. Construye sus cimientos poco profundos. Y con frecuencia sufre por la destrucción de lo que ha construido en sí mismo tan superficialmente.

¡Inclinad vuestras cabezas ante Dios!

Inclinemos la cabeza: para que pueda abrazarnos la fuerza creativa de la verdad y del amor. Es la fuerza de la liberación. La fuerza, mediante la cual, el hombre se levanta, gracias a la cual, crece.

Que el Señor asegure a todos los pueblos el don inestimable de la paz

(del Ángelusdel Papa Juan Pablo II del 4 de marzo de 1979)