Llamados a ser santos

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“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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viernes, 22 de mayo de 2026

Juan Pablo II : Los siete dones del Espiritu Santo – (5 de 7) El don de la fortaleza

 


En el Ángelus del domingo 24 de mayo de 1989 el Papa Juan Pablo reflexiono sobre el don de la fortaleza:  

1. "Veni, Sancte Spiritus!". Esta es, muy queridos hermanos y hermanas, la invocación que hoy, solemnidad de Pentecostés, se eleva insistente y confiada desde toda la Iglesia: Ven, Espíritu Santo, y "reparte tus siete dones según la fe de tus siervos" (Secuencia de Pentecostés).

Entre estos dones del Espíritu hay uno sobre el que deseo detenerme esta mañana: el don de la fortaleza. En nuestro tiempo muchos exaltan la fuerza física, llegando incluso a aprobar las manifestaciones extremas de la violencia. En realidad, el hombre cada día experimenta la propia debilidad, especialmente en el campo espiritual y moral, cediendo a los impulsos de las pasiones internas y a las presiones que sobre él ejerce el ambiente circundante.

2. Precisamente para resistir a estas múltiples instigaciones es necesaria la virtud de la fortaleza, que es una de las cuatro virtudes cardinales sobre las que se apoya todo el edificio de la vida moral: la fortaleza es la virtud de quien no se aviene a componendas en el cumplimiento del propio deber.

Esta virtud encuentra poco espacio en una sociedad en la que está difundida la práctica tanto del ceder y del acomodarse como la del atropello y de la dureza en las relaciones económicas, sociales y políticas. La timidez y la agresividad son dos formas de falta de fortaleza que, a menudo, se encuentran en el comportamiento humano, con la consiguiente repetición del entristecedor espectáculo de quien es débil y vil con los poderosos, petulante y prepotente con los indefensos.

3. Quizás nunca como hoy la virtud moral de la fortaleza tiene necesidad de ser sostenida por el homónimo don del Espíritu Santo. El don de la fortaleza es un impulso sobrenatural, que da vigor al alma no sólo en momentos dramáticos como el del martirio, sino también en las habituales condiciones de dificultad: en la lucha por permanecer coherentes con los propios principios; en el soportar ofensas y ataques injustos; en la perseverancia valiente, incluso entre incomprensiones y hostilidades, en el camino de la verdad y de la honradez.

Cuando experimentamos, como Jesús en Getsemaní, "la debilidad de la carne" (cf. Mt 26, 41; Mc 14, 38), es decir, de la naturaleza humana sometida a las enfermedades físicas y psíquicas, tenemos que invocar del Espíritu Santo el don de la fortaleza para permanecer firmes y decididos en el camino del bien. Entonces podremos repetir con San Pablo: "Me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo; pues, cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte" (2 Co 12, 10).

4. Son muchos los seguidores de Cristo -Pastores y fieles, sacerdotes, religiosos y laicos, comprometidos en todo campo del apostolado y de la vida social- que, en todos los tiempos y también en nuestro tiempo, han conocido y conocen el martirio del cuerpo y del alma, en intima unión con la Mater Dolorosa junto a la cruz. ¡Ellos lo han superado todo gracias a este don del Espíritu!

Pidamos a María, a la que ahora saludamos como Regina coeli, nos obtenga el don de la fortaleza en todas las vicisitudes de la vida y en la hora de la muerte.

Invito también visitar el Sitio de la Santa Sede donde además de los textos correspondientes a la celebración de Pentecostés 2010 (y durante el pontificado de Benedicto XVI) se han recopilado valiosos documentos, catequesis, reflexiones y mensajes de años anteriores correspondientes a varios Pontífices, al Catecismo de la Iglesia Católica y del Concilio Vaticano II .

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miércoles, 12 de agosto de 2009

La fortaleza hoy


...“las manifestaciones de la virtud de la fortaleza, virtud cardinal, son abundantes.
Algunas son muy conocidas y gozan de cierta fama. Otras son más ignoradas, aunque exigen mayor virtud aún….. ejemplos poco conocidos en general, pero que atestiguan una virtud grande, a veces incluso heroica.
Pienso por ejemplo en una mujer, madre de familia ya numerosa, a la que muchos “aconsejan” que elimine la vida nueva concebida en su seno y se someta a una “operación” para interrumpir la maternidad; y ella responde con firmeza: “¡no!”. Ciertamente que cae en la cuenta de toda la dificultad que este “no” comporta: dificultad para ella, para su marido, para toda la familia; y sin embargo, responde: “no”. La nueva vida humana iniciada en ella es un valor demasiado grande, demasiado “sacro”, para que pueda ceder ante semejantes presiones.
Otro ejemplo: Un hombre al que se promete la libertad y hasta una buena carrera, a condición de que reniegue de sus principios o apruebe algo contra su honradez hacia los demás. Y también éste contesta “no”, incluso a pesar de las amenazas de una parte y los halagos de otra. ¡He aquí un hombre valiente!
Muchas, muchísimas son las manifestaciones de fortaleza, heroica con frecuencia, de las que no se escribe en los periódicos y poco se sabe.
Sólo la conciencia humana las conoce... y ¡Dios lo sabe!