Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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viernes, 5 de mayo de 2017

Sal de la tierra y luz del mundo para ser verdaderos discípulos


 ¿Por qué el Señor Jesús ha llamado a sus discípulos "la sal de la tierra"? El mismo nos da la respuesta si consideramos, por una parte, las circunstancias en las que pronuncia estas palabras y, por otra, el significado inmediato de la imagen de la sal. Como sabéis, la afirmación de Jesús se inserta en el sermón de la montaña con el texto de las ocho bienaventuranzas: Jesús, rodeado de una gran muchedumbre, está enseñando a sus discípulos (cf. Mt 5, 1), y precisamente a ellos, como de improviso, les dice no que "deben ser", sino que "son" la sal de la tierra. En una palabra, se diría que El, sin excluir obviamente el concepto de deber, designa una condición normal y estable del discipulado: no se es verdadero discípulo suyo, si no se es sal de la tierra.

Por otra parte, resulta fácil la interpretación de la imagen: la sal es la sustancia que se usa para dar sabor a las comidas y para preservarlas, además, de la corrupción. El discípulo de Cristo, pues, es sal en la medida en que ofrece realmente a los otros hombres, más aún, a toda la sociedad humana, algo que sirva como un saludable fermento moral, algo que dé sabor y que tonifique. Dejando a un lado la metáfora, este fermento sólo puede ser la virtud o, más exactamente, el conjunto de las virtudes tan estupendamente indicadas en la serie precedente de las bienaventuranzas.

Se comprende, pues, cómo estas palabras de Jesús valen para todos sus discípulos. Por tanto, es necesario que cada uno de nosotros, queridos hermanos e hijos, las entienda como referidas a sí mismo…. No me refiero sólo a los que llamamos "comprometidos", sino a todos, a cada uno de vosotros, sin excepción. ¡Porque todos sois discípulos de Cristo!

Y ahora la segunda pregunta: ¿Por qué el Señor Jesús llamó a sus discípulos "la luz del mundo"? El mismo nos da la respuesta, basándonos siempre en las circunstancias a que hemos aludido y en el valor peculiar de la imagen. Efectivamente, la imagen de la luz se presenta inmediatamente como complementaria e integrante respecto a la imagen  de la sal: si la sal sugiere la idea de la penetración en profundidad, la de la luz sugiere la idea de la difusión en el sentido de extensión y de amplitud, porque —diré con las. palabras del gran poeta italiano y cristiano— "La luz rápida cae como lluvia de cosa en cosa, y suscita varios colores, dondequiera que se posa" (A Manzoni, La Pentecoste, vs. 41-44).
El cristiano, pues, para ser" fiel discípulo de Cristo Maestro, debe iluminar con su ejemplo, con sus virtudes, con esas "bellas obras" (Kala Erga)…. (Mt 5, 16), y las cuales puedan ser vistas por los hombres. Debe iluminar precisamente porque es seguidor de Aquel que es "la luz verdadera que, viniendo a este mundo, ilumina a todo hombre" (Jn 1, 9), y que se autodefine "luz del mundo" (Jn 8, 12).

sábado, 5 de febrero de 2011

El diablo no podía tolerar el Año Sacerdotal


Una respuesta que me impactó en la conversación del Papa Benedicto XVI con Peter Seewald (Luz del mundo) fue ésta, por su humildad, su valentía, por el profundo significado del llamado a la toma de conciencia.

En el capitulo 3 Causas y oportunidades de la crisis
Peter Seewald pregunta:

De forma inolvidable ha quedado grabada en la memoria su denuncia en el vía crucis del viernes santo de 2005, pocas semanas antes de ser elegido sucesor de Juan Pablo II. «Cuántas veces nos celebramos sólo a nosotros mismos sin darnos cuenta de Èl! ¡Cuantas veces se deforma y se abusa de su Palabra!» Y, como apuntando desde ya a los acontecimientos del futuro próximo: «Cuanta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a èl!»
Y ahora, precisamente en el Año Sacerdotal que usted mismo proclamara, salen a la luz todas estas negligencias y crímenes. ¿No será también que, en una perspectiva bíblica, el desvelamiento de estos escándalos debe comprenderse tal vez como un signo?

Responde el Santo Padre Benedicto XVI:

“Se podría pensar que el diablo no podía tolerar el Año sacerdotal y, por eso, nos echó en cara la inmundicia. Como si hubiese querido mostrarle al mundo cuánta suciedad hay precisamente también entre los sacerdotes.
Por otra parte podría decirse que el Señor quería probarnos y llamarnos a una purificación más profunda, de modo que no celebráramos de forma triunfalista el Año Sacerdotal, gloriándonos de nosotros mismos, sino como año de purificación, de renovación interior, de transformación y, sobre todo, de penitencia.
El concepto de penitencia, que es uno de los elementos fundamentales del mensaje del Antiguo Testamento, se nos ha perdido cada vez más. Sólo se quería decir cosas positivas. Pero lo negativo existe, es un hecho. El hecho de que por medio de la penitencia se pueda cambiar y dejarse cambiar es un don positivo, un regalo. La Iglesia antigua lo veía también de ese modo. Ahora hay que comenzar realmente de nuevo en espíritu de penitencia, y al mismo tiempo no perder la alegría por el sacerdocio, sin reconquistarla.
Y con mucha gratitud puedo decir que asì ha sucedido. He recibido de obispos, sacerdotes y laicos muchos testimonios conmovedores y emocionantes de gratitud por el Año Sacerdotal, que le llegan a uno al corazón. Su testimonio es: hemos concebido el Año Sacerdotal como ocasión para la purificación, como acto de humildad, dejándonos llamar de nuevo por el Señor. Y justamente por eso hemos visto también de nuevo la grandeza y la belleza del sacerdocio. En tal sentido pienso que estas terribles revelaciones han sido también un acto de la Providencia, que nos hace humildes, que nos obliga a comenzar de nuevo.”

viernes, 4 de febrero de 2011

¿Quería Juan Pablo II que Joseph Ratzinger fuese su sucesor?




Ya tengo mi ejemplar de Benedicto XVI: Luz del mundo, el Papa, la Iglesia y los signos de los tiempos, una conversación con Peter Seewald.

Impresionante y sencillo como si uno estuviese hablando con el.


Cuanta naturalidad en responder preguntas serias, graves, complicadas….
Cuánta sabiduría, sencillez, erudición todo al mismo tiempo! Me encanta...aunque no lo he leido aun todo. Naturalmente una de mis preguntas preferidas (y es una de las primeras) fue
¿Quería Juan Pablo II que usted fuese su sucesor?
Y el Papa Benedicto responde humildemente…No lo sé….pero admite que Juan Pablo II quiso que permaneciera en su cargo. (Personalmente yo diría que Juan Pablo II lo sabìa ;)

Y aunque ya hice un post con esa referencia me gustaría copiar textualmente la respuesta del Papa Benedicto:

A la pregunta entonces de Peter Sewald
¿Quería Juan Pablo II que usted fuese su sucesor?
el Santo Padre Benedicto XVI responde:
“No lo sé. Creo que lo dejó enteramente en manos de Dios.”

Y vuelve a preguntar Sewald:
De todos modos no lo relevó de su cargo. Eso podría entenderse como argumentum e silentio, como un argumento tácito a favor del candidato predilecto.

Responde el Papa:
“Él quiso que yo permaneciera en mi cargo. Eso es evidente. Cuando se acercaban mis 75 años, la edad en que se presenta la dimisión, me dijo: «No es preciso que escriba la carta, pues yo quiero seguir teniéndolo hasta el final». Era la gran benevolencia inmerecida que tuvo hacia mi desde el comienzo. Había leído mi Introducción al cristianismo. Al parecer, era una lectura importante para él. Inmediatamente después de llegar a papa se había propuesto llamarme a Roma como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Había depositado una gran confianza, una confianza muy cordial y profunda en mi persona. Por así decirlo, era como la garantía de que seguiríamos el curso correcto en la fe.”