"Tenéis guardias. Id, aseguradlo como sabéis" (Mt
27, 65).
un blog pensado para un grupo de amigos que fue extendiéndose por el mundo. Gracias a todos por compartir!
"Tenéis guardias. Id, aseguradlo como sabéis" (Mt
27, 65).
(…)
La Virgen María,
modelo de consagración y seguimiento
28. María es aquella que, desde su concepción
inmaculada, refleja más perfectamente la belleza divina. « Toda hermosa » es el
título con el que la Iglesia la invoca. «La relación que todo fiel, como
consecuencia de su unión con Cristo, mantiene con María Santísima queda aún más
acentuada en la vida de las personas consagradas [...] En todos (los Institutos
de vida consagrada) existe la convicción de que la presencia de María tiene una
importancia fundamental tanto para la vida espiritual de cada alma consagrada,
como para la consistencia, la unidad y el progreso de toda la comunidad»[48].
En efecto, María es ejemplo sublime de
perfecta consagración, por su pertenencia plena y entrega total a Dios.
Elegida por el Señor, que quiso realizar en ella el misterio de la Encarnación,
recuerda a los consagrados la primacía de la iniciativa de Dios. Al
mismo tiempo, habiendo dado su consentimiento a la Palabra divina, que se hizo
carne en ella, María aparece como modelo de acogida de la gracia por
parte de la criatura humana.
Cercana a Cristo, junto con José, en la vida
oculta de Nazaret, presente al lado del Hijo en los momentos cruciales de su
vida pública, la Virgen es maestra de seguimiento incondicional y de servicio
asiduo. En ella, «templo del Espíritu Santo»[49],
brilla de este modo todo el esplendor de la nueva criatura. La vida consagrada
la contempla como modelo sublime de consagración al Padre, de unión con el Hijo
y de docilidad al Espíritu, sabiendo bien que identificarse con «el tipo de
vida en pobreza y virginidad»[50] de
Cristo significa asumir también el tipo de vida de María.
La persona consagrada encuentra, además, en la
Virgen una Madre por título muy especial. En efecto, si la nueva
maternidad dada a María en el Calvario es un don a todos los cristianos,
adquiere un valor específico para quien ha consagrado plenamente la propia vida
a Cristo. « Ahí tienes a tu madre » (Jn 19, 27): las palabras de
Jesús al discípulo « a quien amaba » (Jn 19, 26), asumen una
profundidad particular en la vida de la persona consagrada. En efecto, está
llamada con Juan a acoger consigo a María Santísima (cf. Jn 19,
27), amándola e imitándola con la radicalidad propia de su vocación y
experimentando, a su vez, una especial ternura materna. La Virgen le comunica
aquel amor que permite ofrecer cada día la vida por Cristo, cooperando con Él
en la salvación del mundo. Por eso, la relación filial con María es el camino
privilegiado para la fidelidad a la vocación recibida y una ayuda eficacísima
para avanzar en ella y vivirla en plenitud[51].
Imagen viva de la
Iglesia-Esposa
34. Importancia particular tiene el significado
esponsal de la vida consagrada, que hace referencia a la exigencia de la
Iglesia de vivir en la entrega plena y exclusiva a su Esposo, del cual recibe
todo bien. En esta dimensión esponsal, propia de toda la vida consagrada, es
sobre todo la mujer la que se ve singularmente reflejada, como descubriendo la
índole especial de su relación con el Señor.
A este respecto, es sugestiva la página
neotestamentaria que presenta a María con los Apóstoles en el Cenáculo en
espera orante del Espíritu Santo (cf. Hch 1, 13-14). Aquí se
puede ver una imagen viva de la Iglesia-Esposa, atenta a las señales del Esposo
y preparada para acoger su don. En Pedro y en los demás Apóstoles emerge sobre
todo la dimensión de la fecundidad, como se manifiesta en el ministerio
eclesial, que se hace instrumento del Espíritu para la generación de nuevos
hijos mediante el anuncio de la Palabra, la celebración de los Sacramentos y la
atención pastoral. En María está particularmente viva la dimensión de la
acogida esponsal, con la que la Iglesia hace fructificar en sí misma la vida
divina a través de su amor total de virgen.
La vida consagrada ha sido siempre vista
prevalentemente en María, la Virgen esposa. De ese amor virginal procede una
fecundidad particular, que contribuye al nacimiento y crecimiento de la vida
divina en los corazones[72].
La persona consagrada, siguiendo las huellas de María, nueva Eva, manifiesta su
fecundidad espiritual acogiendo la Palabra, para colaborar en la formación de
la nueva humanidad con su dedicación incondicional y su testimonio. Así la
Iglesia manifiesta plenamente su maternidad tanto por la comunicación de la
acción divina confiada a Pedro, como por la acogida responsable del don divino,
típica de María.
María, figura de la Iglesia,
Esposa sin arruga y sin mancha,
que imitándote «conserva virginalmente
la fe íntegra, la esperanza firme y el amor sincero»[263],
sostiene a las personas consagradas
en el deseo de llegar a la eterna y única Bienaventuranza.
Las encomendamos a ti,
Virgen de la Visitación,
para que sepan acudir
a las necesidades humanas
con el fin de socorrerlas,
pero sobre todo para que lleven a Jesús.
Enséñales a proclamar
las maravillas que el Señor hace en el mundo,
para que todos los pueblos ensalcen su nombre.
Sostenlas en sus obras en favor de los pobres,
de los hambrientos, de los que no tienen esperanza,
de los últimos y de todos aquellos
que buscan a tu Hijo con sincero corazón.
A ti, Madre,
que deseas la renovación espiritual
y apostólica de tus hijos e hijas
en la respuesta de amor y de entrega total a Cristo,
elevamos confiados nuestra súplica.
Tú que has hecho la voluntad del Padre,
disponible en la obediencia,
intrépida en la pobreza
y acogedora en la virginidad fecunda,
alcanza de tu divino Hijo,
que cuantos han recibido
el don de seguirlo en la vida consagrada,
sepan testimoniarlo con una existencia transfigurada,
caminando gozosamente,
junto con todos los otros hermanos y hermanas,
hacia la patria celestial y la luz que no tiene ocaso.
Te lo pedimos,
para que en todos y en todo
sea glorificado, bendito y amado
el Sumo Señor de todas las cosas,
que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Dado en Roma, junto a san Pedro, el 25 de
marzo, solemnidad de la Anunciación del Señor, del año 1996, decimoctavo de mi
Pontificado.
(Oración con que
termina la Exhortacion apostolica Vita Consagrata de Juan Pablo II)
En
este sitio están todas las explicaciones de las distintas escenas de los
mosaicos y sus simbolismos, uno por
uno. Abrir https://santojp2.pl/prezbiterium-sciana-centralna/ (sino googlear en buscador - traducción al
castellano) y seleccionar : Mosaicos del P. Marko Rupnik - simbolismo de escenas
Si
nada funcona abrir https://santojp2.pl/ (Jan Pawel II sto lat –
Centenario Juan Pablo II) y buscar con paciencia.
El interior de la iglesia superior del Santuario de St. Juan
Pablo II está decorado con mosaicos originales del P. Marko Ivan Rupnik,
jesuita, monje, sacerdote de Eslovenia, que vive permanentemente en Roma, donde
dirige la escuela Centro Aletti de creación de mosaicos. El padre Rupnik
es el artista de mosaicos más exitoso del mundo en la actualidad. Sus
obras adornan, entre otras santuarios en Lourdes, Fátima, San Giovanni
Rotondo, la Capilla Redemptoris Mater en el Vaticano.
El padre Marko es un representante del tipo de mosaico oriental:
piedras grandes, las figuras presentadas tienen caras alargadas, ojos grandes,
pómulos prominentes. En nuestra cultura, encontramos con mayor frecuencia
el estilo occidental, caracterizado por piedra fina y formas precisas.
(En el sitio del Santuario debajo del texto precedente hay
tres videos del padre Rupnik hablados en italiano (con traduccion al
polaco) con explicaciones del padre
Rupnik, que habla muy lentamente y puede entenderse bastante bien.)
(si no funciona el enlace googlear como buscador!!! https://santojp2.pl/category/sanktuarium-sw-jana-pawla-ii/kosciol-gorny/mozaiki-o-marko-rupnika/)
Amén.
(Oracion del Medico compuesta por Juan Pablo II)
Como María, también a nosotros se nos ha
concedido el don de la gracia de Dios, aunque no hayamos recibido su
plenitud. Como María, estamos llamados a responder, a estar abiertos a la
Palabra de Dios, a ser generosos en el decir sí a Dios. Para nosotros eso
significa hacer la voluntad de Dios, viviendo de acuerdo con sus mandamientos,
sirviendo a nuestro prójimo, rechazando el pecado. En otras palabras, con
María debemos responder con amor al amor de Dios.
(Juan Pablo II Ángelus, 13 de septiembre
de 1987)