Llamados a ser santos

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“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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lunes, 22 de junio de 2026

El espíritu mariano de Juan Pablo II - Cardenal Tomáš Špidlik, S.I.

 


La mayoría de las oraciones compuestas y recitadas por Juan Pablo II son oraciones dirigidas a la Virgen Maria. Constituyen verdaderamente un rasgo característico de su piedad. Dirigiéndose a la Madre del cielo y hablando de Ella en toda ocasión, Juan Pablo II evidencia sobre todo tres grandes privilegios marianos: la unión sublime con las Personas divinas que se ejercita en la oración, la pureza inmaculada de la vida, la protección universal de los hombres y de todo el universo. Al Papa Juan Pablo II podemos atribuir el mérito especial de haber sido capaz de iluminarnos de modo sugerente como esta vía aurea de la santificación cristiana se haya verificado de modo del todo particular en la Madre de Dios. El nos muestra como la devoción mariana se inserta orgánicamente en las místicas consideraciones sobre la Trinidad Santísima.

Escuchando la voz de Dios y respondiéndole con asentimiento generoso, se le revela al hombre otro aspecto del gran misterio: Dios escucha también la palabra del hombre y satisface sus deseos realizándolos. Pero ¿Cómo es que algunas peticiones son escuchadas y otras no? El Papa, según su modo habitual, explica este misterio de la oración con estupenda brevedad. «Maria constituye el modelo de la oración de la Iglesia. Es muy probable que Maria estuviese  recogida en oración cuando el ángel Gabriel entro en la casa de Nazareth  y la saludo. Tal contexto de oración ciertamente sostuvo a la Virgen en su respuesta al ángel y en su generosa adhesión al misterio de la encarnación. En la escena de la Anunciación, los artistas casi siempre representantan a Maria en actitud orante. Recordamos, por ejemplo, al Beato Angélico. De ahí proviene a la Iglesia y a todo creyente la indicación del clima que debe presidir al desarrollo del culto. Podemos también añadir que Maria representa para el Pueblo de Dios el paradigma de toda expresión de su vida de oración. En particular, Ella enseña a los cristianos cómo dirigirse a Dios para invocar su ayuda en las diversas situaciones de la vida.»



De todo ello se deduce que el objeto fundamental de las oraciones de Maria es el mismo que el de las oraciones de Jesús, la salvación del mundo: «Maria aparece, por tanto, como supremo modelo de participación personal a los divinos misterios. Ella guía a la Iglesia en la meditación del misterio celebrado y en la participación en el evento de la salvación, promoviendo en los fieles el deseo de una intima inserción personal con Cristo para cooperar con el don de la propia vida a la salvación universal.».



En las arcaicas expresiones orantes junto al “Escucha!”, aparece también “Acoge, dígnate de recibir”! A las divinidades se ofrecía un don, un sacrificio. En sentido cristiano, el único don que el Padre de los cielos recibe es el sacrifico de si mismo ofrecido por Jesús.  Y María? La Virgen constituye también para la Iglesia el modelo en la participación generosa al sacrificio. En la Presentación de Jesus en el Templo, y sobre todo, a los pies de la cruz. Maria cumple el don de si que la asocia como Madre al sufrimiento y a las pruebas del Hijo. Así, en la vida cotidiana y en la celebración eucarística, la Virgen (Marialis cultus 20)  anima a los cristianos a ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios, por medio de Jesucristo (l Pe, 2,5)

¿A quién pues, tiene que dirigirse nuestra oración confiada? Responde Juan Pablo II: «Confío al Padre, rico de misericordia, al Hijo de Dios, hecho hombre como nuestro redentor y reconciliador, confío al Espíritu Santo, fuente de unidad y de paz esta llamada mía de padre y de pastor… Os invito, pus a dirigirnos conmigo al corazón inmaculado de Maria madre de Jesus, en quien se ha obrado la reconciliación de Dios con la humanidad… A las manos de esta Madre, cuyo fiat marcó el inicio de la plenitud de los tiempos…confío ahora en especial esta intención: que, por su intercesión, la humanidad misma descubra y recorra el camino de la penitencia, la única que podrá conducirla a la plena reconciliación.

Concluyendo, la vida y la actividad pastoral de Juan Pablo II se desarrolla en un tiempo de ateísmo ampliamente difundido y violentamente propagado, del que sufrió también en su vida personal las graves consecuencias. Tenía, pues que preguntarse desde el inicio en qué modo los creyentes podrían defenderse para salvar su fe y en muchas ocasiones también la vida, personal y de la socidad.

(Parte del texto preparado por el Cardenal Špidlik para la Causa de beatificación de Juan Pablo II) publicado en la revista Totus Tuus Nr 1 año 2011).

sábado, 13 de junio de 2026

Karol Wojtyla en “coloquio” con Maria - Slawomir Oder

 


Don Slawomir Oder, quien fuera el postulador de la causa de beatificación y canonización de Juan Pablo II dice en su libro “Porque es santo” que podríamos fundamentar que Juan Pablo II poseía un don de percepción extraordinaria de lo sobrenatural. Durante unas conversaciones sobre apariciones marianas, alguien de su entorno le pregunto si alguna vez había visto a la Virgen. Y el Papa respondió decidido: “No, no he visto a la Virgen, pero la percibo”.

Habiendo sido aspirante desde los 13 años Karol fue admitido en la Congregación Mariana a los 15 y en 1935 llego a ser presidente de la Congregación mariana estudiantil en el colegio secundario “Marcin Wadowita” de Wadowice. Ya desde aquellos años conservó algunas manifestaciones externas de su pertenencia a Maria; de día acostumbraba llevar el rosario alrededor de su muñeca y de noche lo colocaba sobre la mesita de luz; o el escapulario de la Virgen del Carmelo que siempre llevaba al cuello (escapulario que fue manchado de sangre el dia del atentado en 1981 y del cual no quiso separarse ni siquiera en la sala de operaciones).


A mitades de los años cuarenta practicaba la devoción en el Colegio belga en su tiempo de estudio en Roma: se detenía a menudo para rezar delante de las virgencitas romanas, en capillitas con imágenes o bajorrelieves de la Virgen. En 1981 con ocasión de la Fiesta de la Inmaculada bendeciría el mosaico de Maria Madre de la Iglesia mirando sobre la Plaza San Pedro. Finalmente había encontrado su lugar entre tantas estatuas de apóstoles y santos que desde hacía siglos adornaban la Basílica vaticana y la columnata de Bernini.



Contaba el cardenal Deskur, que cuando fue nombrado arzobispo de Cracovia Wojtyla se encontró con un seminario diocesano casi vacío y entonces decidió hacerle una promesa a Maria: «Hare tantas peregrinaciones a pie a todos tus santuarios grandes y pequeños, cercanos o lejanos según el numero de vocaciones que nos regales cada año». De pronto el Seminario comenzó a repoblarse y contaba casi quinientos alumnos cuando el Arzobispo dejó Cracovia para hacerse cargo de la cátedra de Pedro. Basándose en esta promesa Juan Pablo II insistía que en sus viajes pastorales siempre se incluyera en el programa al menos una visita a un lugar de culto mariano. En Cracovia rezaba por los problemas de la diócesis en el vecino santuario de Kalwaria Zebrzydowska, que visitaba para caminar por sus senderos a menudo cubiertos de barro o de nieve, tanto que su chofer ya había adoptado la costumbre de tener siempre a mano un par de botas de goma. Después de su “conversación” con la Virgen explicaba el arzobispo, cualquier dificultad inexplicablemente encontraba solución.



 Otro lugar mariano que Juan Pablo II llevaba en su corazón era el Santuario de Czestochowa. Un testigo del último viaje a Polonia de Juan Pablo II recordaba: «La capilla donde está la Virgen es muy pequeña. Al buscar un poco de espacio para arrodillarme, me di cuenta recién al final que estaba tan cerca del Santo Pare que casi podría tocarlo. Rezaba. Y en determinado momento rezaba casi en voz alta. Yo no sé que decía. Pero fue una “conversación” excepcional. Parecía no terminar nunca. Aquel encuentro con la “madre “daba vuelta todo el programa de la visita. Y yo de aquel viaje me lleve dentro de mí aquel coloquio. Sin haber comprendido una palabra. O quizás habiéndolas comprendido todas”

La intensidad y la profunda concentración con que se dirigía a Maria atribuían al Papa, a los ojos de quienes lo observaban, un aura casi sobrenatural. Un huésped suyo durante las vacaciones de verano en Castel Gandolfo contaba que después de recitar el rosario con él en el jardín, como de costumbre, «Juan Pablo II se ubicaba delante de la estatua de Nuestra Señora de Lourdes y me pedía que me alejara, pero yo no me alejaba tanto como para no poder verlo. Se quedaba allí por lo menos media hora más para rezar y era como si su persona se transformase también físicamente». El mismo admitía que el rosario era su oración predilecta: «Nuestro corazón puede compendiar en estas decenas del rosario todos los momentos que componen la vida de la persona, de la familia, de las naciones, de la Iglesia y de la humanidad. De esta manera la sencilla oración del rosario late al ritmo de la vida humana».

«Después de una conversación con el Papa» recuerda otro testigo, «he tenido la suerte, mejor dicho el don, de sentirme invitado por él: “Nosotros vamos a rezar el rosario porque no vienes también tu?” Lo seguí a la terraza de sus habitaciones y así comprendí el valor de aquel rosario: un momento de vigilia por su diócesis, por toda la Iglesia, por el mundo, por los que sufren. “Mira” me decía alguna vez entre un misterio y otro, indicándome los diversos edificios del Vaticano y de Roma. En un momento me dejo perplejo al decirme: “Allí, en aquel edificio, también esta su casa”. Y después posaba su mirada sobre la ciudad. Veía todo, sabía todo. “Yo conozco mejor Roma…..” decía sonriendo».

 

Slawomir Oder : "Perche e santo", Rizzoli, 2010, cap 3 Il  mistico, In «coloquio» con Maria

 

(no tengo la version en español, asi que he traducido este trozo de la edicion en italiano)  

La "peregrinación de la fe"- el camino de Maria - por el Papa del Totus Tuus

 

7. En la carta apostólica Novo millennio ineunte escribí que "a Jesús no se llega verdaderamente más que por la fe" (n. 19). Precisamente este fue el camino que  siguió  María  durante toda su vida terrena, y es el camino de la Iglesia peregrinante hasta el fin de los tiempos. El concilio Vaticano II insistió mucho en la fe de María, misteriosamente compartida por la Iglesia, poniendo de relieve el itinerario de la Virgen desde el momento de la Anunciación hasta el de la pasión redentora (cf. Lumen gentium, 57 y 67; Redemptoris Mater, 25-27).



En los escritos de san Luis María encontramos el mismo énfasis en la fe que vivió la Madre de Jesús a lo largo de un camino que va desde la Encarnación hasta la cruz, una fe en la que María es modelo y "tipo" de la Iglesia. San Luis María lo expresa con una gran riqueza de matices cuando expone a su lector los "efectos maravillosos" de la perfecta devoción mariana:  "Cuanto más ganéis la benevolencia de esta augusta Princesa y Virgen fiel, más fe verdadera tendréis en toda vuestra conducta; una fe pura, que hará que no os inquietéis de lo sensible y de lo extraordinario; una fe viva y animada por la caridad, que hará que no obréis sino por motivos de puro amor; una fe firme e inquebrantable como una roca, que os mantendrá firmes y constantes en medio de las tempestades y las tormentas; una fe activa y penetrante que, como un divino salvoconducto, proporcionará entrada en todos los misterios de Jesucristo, en los fines últimos del hombre, y en el corazón de Dios mismo; una fe animosa que os animará e inducirá a emprender y llevar a cabo, sin titubear, grandes cosas por la gloria de Dios, y para la salud de las almas; en fin, una fe que será vuestra lumbrera ardiente, vuestra vida divina, vuestro tesoro escondido y rico de la divina sabiduría, y vuestra poderosísima arma, de la que os serviréis para iluminar a los que están en las tinieblas y en la sombra de la muerte, para abrasar a los tibios y a los que tienen necesidad de la caridad, para dar vida a los que están muertos por el pecado, para conmover y convertir por vuestras dulces y poderosas palabras los corazones de mármol y arrancar los cedros del Líbano, y en fin, para resistir al demonio y a todos los enemigos de la salvación" (Tratado de la verdadera devoción, 214, o.c., p. 139).

Como san Juan de la Cruz, san Luis María insiste sobre todo en la pureza de la fe, y en su esencial y a menudo dolorosa oscuridad (cf. El Secreto de María, 51-52). Es la fe contemplativa la que, renunciando a las cosas sensibles o extraordinarias, penetra en las misteriosas profundidades de Cristo. Así, en su oración, san Luis María se dirige a la Madre del Señor, diciendo:  "No te pido visiones o revelaciones, ni gustos o delicias, aunque fueran espirituales... Aquí en la tierra no quiero para mí otro don, fuera del que tú recibiste, es decir, creer con fe pura, sin gustar ni ver nada" (ib., 69). La cruz es el momento culminante de la fe de María, como escribí en la encíclica Redemptoris Mater:  "Por medio de esta fe María está unida perfectamente a Cristo en su despojamiento... Es esta tal vez la más profunda kénosis de la fe en la historia de la humanidad" (n. 18).

(de la carta del Santo Padre Juan Pablo II a la Familia Monfortiana 8 de diciembre de 2003)


Kalwaria Zebrzydowska, con Maria por el camino de la Cruz

 


Hoy celebrmos el Corazon Sagrado de Maria. Como no recordar a Juan Pablo II, papa mariano por excelencia y su querida  Kalwaria Zebrzydowska. 

Con cuanto amor y nostalgia hablaba Juan Pablo II de sus peregrinaciones a Kalwaria Zebrzydowska, a tan solo 13 kms de su pueblo natal Wadowice: unas tres horas de caminata, apenas ¼ de hora en auto/bus.  

Emocionado había dicho en su primer visita en 1979: “No sé, desde luego, cómo dar las gracias a la Divina Providencia que me ha concedido una vez más visitar este lugar. Kalwaria Zebrzydowska, el santuario de la Madre de Dios, los Santos Lugares de Jerusalén vinculados a la vida de Jesús y de su Madre, reproducidos aquí, los así llamados "Caminitos". Los he visitado muchas veces, de niño, de joven. Los he visitado como sacerdote. Especialmente he visitado con frecuencia el santuario de Kalwaria como arzobispo de Kraków (Cracovia) y como cardenal. Veníamos aquí muchas veces, los sacerdotes y yo, para concelebrar ante la Madre de Dios. Veníamos en la peregrinación anual de agosto y también en las peregrinaciones de determinados grupos en primavera y otoño. Pero más frecuentemente venía aquí solo, y andando por los caminitos de Jesucristo y de su Madre, podía meditar sus misterios santísimos, y encomendar a Cristo, por medio de María, los problemas especialmente difíciles y de singular responsabilidad en mi complejo ministerio. Puedo decir que casi ninguno de estos problemas ha madurado sino aquí, mediante la oración ardiente ante este gran misterio de la fe que Kalwaria esconde dentro de sí…..Os pido: rezad por mí aquí durante mi vida y después de mi muerte.

 


 

Cuantos gratos recuerdos también me trae a mi de mis visitas a Kalwaria. Caminar por esos senderos de estación en estación en oración, meditación, admiración y agradecimiento por la naturaleza que tan generosamente se ofrece como un regalo adicional de Dios a  peregrinos y visitantes.  A Kalwaria la llevo profundamente grabada en mi corazón. Tenía tantas ganas de conocer ese lugar sagrado adonde Juan Pablo II   acudió en tantas oportunidades durante su vida desde niño a Papa.  Un lugar donde al anochecer todo es silencio y paz, un lugar para quedarse más de un dia, un lugar ideal para ejercicios espirituales solo o grupal.   Alli mismo en el lugar dentrodel predio se ofrece hospedaje.  

 

 


En su ultima visita en 2002 para el IV Centenario del Santuario, Juan Pablo II recordaba en su homilía  “Vengo hoy a este santuario como peregrino, como venía cuando era niño y en edad juvenil. Me presento ante la Virgen de Kalwaria al igual que cuando venía como obispo de Cracovia para encomendarle los problemas de la archidiócesis y de quienes Dios había confiado a mi cuidado pastoral. Vengo aquí y, como entonces, repito:  Dios te salve, Reina y Madre de misericordia.¡Cuántas veces he experimentado – decía - que la Madre del Hijo de Dios dirige sus ojos misericordiosos a las preocupaciones del hombre afligido y le obtiene la gracia de resolver problemas difíciles, y él, pobre de fuerzas, se asombra por la fuerza y la sabiduría de la Providencia divina!.... Este lugar, de modo admirable, ayuda al corazón y a la mente a penetrar en el misterio del vínculo que unió al Salvador que padecía y a su Madre que compadecía….¡Cuán espléndidamente expresa este lugar ese  vínculo misterioso de amor.! La historia afirma que, a comienzos del siglo XVII, Mikolaj Zebrzydowski, fundador del santuario, puso los cimientos para construir la capilla del Gólgota, según el modelo de la iglesia de la Crucifixión de Jerusalén. De ese modo, deseaba sobre todo hacer que el misterio de la pasión y la muerte de Cristo fuera más cercano a sí mismo y a los demás. Sin embargo, más tarde, proyectando la construcción de las calles de la pasión del Señor, desde el cenáculo hasta el sepulcro de Cristo, impulsado por la devoción mariana y la inspiración de Dios, quiso poner en aquel itinerario algunas capillas que evocaran los acontecimientos de María. Así surgieron otros senderos y una nueva práctica religiosa, en cierto modo como complemento del vía crucis:  la devoción llamada vía de la compasión de la Madre de Dios y de todas las mujeres que sufrieron juntamente con ella.”   Hacia el final de la homilía pedía a su “Madre santísima, nuestra Señora de Kalwaria, obtén también para mí las fuerzas del cuerpo y del espíritu, para que pueda cumplir hasta el fin la misión que me ha encomendado el Resucitado.”  Y como despedida agregaba: “En ti pongo todos los frutos de mi vida y de mi ministerio; a ti encomiendo el destino de la Iglesia; a ti entrego mi nación; en ti confío y te declaro una vez más:  Totus tuus, Maria! Totus tuus. Amén.

 


En real y sentida despedida de Kalwaria y de su patria,   al final de la Misa recordaba a los presentes su visita de 1979 y su pedido que orasen por el mientras viva y después de su muerte.  

 

Les daba las gracias a todos por las oraciones y el apoyo espiritual y agregaba como palabras finales: “Y sigo pidiéndoos:  no dejéis de orar -lo repito una vez más- mientras viva y después de mi muerte. Y yo, como siempre, os pagaré vuestra benevolencia encomendándoos a todos a Cristo misericordioso y a su Madre.”

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jueves, 7 de mayo de 2026

Juan Pablo II y la dimensión de su carisma mariano (2 de 2) Catequesis/Audiencias sobre la Santisima Virgen Maria

 




El 6 de septiembre de 1995 el Papa Juan Pablo II comienza una serie de catequesis sobre la Santisima Virgen Maria anunciando en la primera audiencia “ Después de haberme dedicado en las anteriores catequesis a profundizar la identidad y la misión de la Iglesia, siento ahora la necesidad de dirigir la mirada hacia la santísima Virgen, que vivió perfectamente la santidad y constituye su modelo. Es lo mismo que hicieron los padres del concilio Vaticano II: después de haber expuesto la doctrina sobre la realidad histórico-salvífica del pueblo de Dios, quisieron completarla con la ilustración del papel de María en la obra de la salvación. En efecto, el capítulo VIII de la constitución conciliar Lumen gentium tiene como finalidad no sólo subrayar el valor eclesiológico de la doctrina mariana, sino también iluminar la contribución que la figura de la santísima Virgen ofrece a la comprensión del misterio de la Iglesia.

(quizás aparezca un poco alterado el orden,  pero lo he copiado tal como figura en la página de la Santa Sede (para evitar errores de enlace), donde se nos brinda fechas, títulos y enlaces correspondientes de las Audiencias de los años 1995, 1996 y 1997  y algunas sueltas de años posteriores.

 

AUDIENCIAS 1995

13 de diciembre de 1995: Presencia de María en el concilio Vaticano II

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6 de diciembre de 1995: El papel de la mujer a la luz de María

DE  - EN  - ES  - IT

29 de noviembre de 1995: María y el valor de la mujer

DE  - ES  - IT

22 de noviembre de 1995: Influencia de María en la vida de la Iglesia

DE  - ES  - IT

15 de noviembre de 1995: María en la experiencia espiritual de la Iglesia

DE  - ES  - IT

8 de noviembre de 1995: La Virgen María en la sagrada Escritura y en la reflexión teológica

DE  - ES  - IT

25 de octubre de 1995: El rostro de la Madre del Redentor

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13 de septiembre de 1995: El rostro materno de María en los primeros siglos

ES  - IT

6 de septiembre de 1995: Presencia de María en el origen de la Iglesia

ES  - IT

AUDIENCIAS 1996

18 de diciembre de 1996: La profecía de Simeón asocia María al destino doloroso de su Hijo

DE  - EN  - ES  - IT

11 de diciembre de 1996: La presentación de Jesús en el templo

DE  - ES  - IT

4 de diciembre de 1996: María, educadora del Hijo de Dios

DE  - ES  - IT

27 de noviembre de 1996: María, Madre de Dios

DE  - ES  - IT

20 de noviembre de 1996: María en el nacimiento de Jesús

DE  - ES  - IT

6 de noviembre de 1996: En el Magníficat María celebra la obra admirable de Dios

DE  - ES  - IT

2 de octubre de 1996: En el misterio de la Visitación, el preludio de la misión del Salvador

DE  - ES  - IT

18 de septiembre de 1996: María, nueva Eva

DE  - ES  - IT

4 de septiembre de 1996: La esclava obediente del Señor

DE  - ES  - IT

28 de agosto de 1996: María siempre virgen

DE  - ES  - IT

21 de agosto de 1996: La unión virginal de María y José

DE  - ES  - IT

7 de agosto de 1996: María, modelo de virginidad

DE  - ES  - IT

31 de julio de 1996: La concepción virginal de Jesús

DE  - ES  - IT

24 de julio de 1996: El propósito de virginidad

DE  - ES  - IT

10 de julio de 1996: La virginidad de María, verdad de fe

DE  - ES  - IT

3 de julio de 1996: La fe de la Virgen María

DE  - ES  - IT

19 de junio de 1996: La Virgen María santa durante toda la vida

DE  - ES  - IT

12 de junio de 1996: La definición dogmática del privilegio de la Inmaculada Concepción

DE  - ES  - IT

5 de junio de 1996: María Inmaculada, redimida por preservación

DE  - ES  - IT

29 de mayo de 1996: La Inmaculada Concepción

DE  - ES  - IT

15 de mayo de 1996: La santidad perfecta de María

DE  - ES  - IT

8 de mayo de 1996: María, la "llena de gracia"

DE  - ES  - IT

1 de mayo de 1996: La nueva hija de Sión

DE  - ES  - IT

24 de abril de 1996: La hija de Sión

DE  - ES  - IT

10 de abril de 1996: La nobleza moral de la mujer

DE  - ES  - IT

3 de abril de 1996

DE  - ES  - IT

27 de marzo de 1996: Mujeres comprometidas en la salvación del pueblo

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6 de marzo de 1996: La maternidad viene de Dios

DE  - ES  - IT

31 de enero de 1996: Anuncio de la maternidad mesiánica

DE  - ES  - IT

24 de enero de 1996: María en el Protoevangelio

DE  - ES  - IT

10 de enero de 1996: María en la perspectiva trinitaria

DE  - ES  - IT

3 de enero de 1996: Finalidad y método de la exposición de la doctrina mariana

DE  - ES  - 

AUDIENCIAS 1997

12 de noviembre de 1997: María, Madre de la unidad y de la esperanza

DE  - EN  - ES  - FR  - IT  - PT

 

5 de noviembre de 1997: La oración a María

DE  - EN  - ES  - FR  - IT  - PT

 

29 de octubre de 1997: Devoción mariana y culto a las imágenes

DE  - EN  - ES  - FR  - IT  - PT

 

22 de octubre de 1997: Naturaleza del culto mariano

DE  - EN  - ES  - FR  - IT  - PT

 

15 de octubre de 1997: El culto a la Virgen María

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8 de octubre de 1997: Encuentro con las familias en Río de Janeiro

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1 de octubre de 1997: María Mediadora

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24 de septiembre de 1997: La intercesión celestial de la Madre de la divina gracia

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17 de septiembre de 1997: María, Madre de la Iglesia

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10 de septiembre de 1997: La Virgen María, modelo de la Iglesia en el culto divino

DE  - EN  - ES  - FR  - IT  - PT

 

3 de septiembre de 1997: La Virgen María, modelo de la santidad de la Iglesia

DE  - EN  - ES  - FR  - IT  - PT

 

20 de agosto de 1997: La Virgen María, modelo de la virginidad de la Iglesia

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13 de agosto de 1997: La Virgen María, modelo de la maternidad de la Iglesia

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6 de agosto de 1997: María, tipo y modelo de la Iglesia

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30 de julio de 1997: María, miembro muy eminente de la Iglesia

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23 de julio de 1997: María, Reina del universo

EN  - ES  - FR  - IT  - PT

 

9 de julio de 1997: La Asunción de María en la tradición de la Iglesia

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2 de julio de 1997: La Asunción de María, verdad de fe

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25 de junio de 1997: La dormición de la Madre de Dios

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28 de mayo de 1997: María y el don del Espíritu

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21 de mayo de 1997: María y la resurrección de Cristo

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7 de mayo de 1997: «He ahí a tu madre»

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23 de abril de 1997: «Mujer, he ahí a tu hijo»

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9 de abril de 1997: La Virgen María cooperadora en la obra de la Redención

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12 de marzo de 1997: La participación de María en la vida pública de Jesús

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5 de marzo de 1997: En Caná, María induce a Jesús a realizar el primer milagro

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26 de febrero de 1997: María en las bodas de Caná

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29 de enero de 1997: María en la vida oculta de Jesús

DE  - EN  - ES  - FR  - IT  - PT

 

8 de enero de 1997: La cooperación de la mujer en el misterio de la Redención

EN  - E

1998

9 de diciembre de 1998: María, Madre animada por el Espíritu Santo

DE  - EN  - ES  - FR  - IT  - PT

 

 

2000

2 de enero de 2000, María en el camino hacia el Padre

DE  - EN  - ES  - FR  - IT  - PT

 

5 de enero de 2000, María, hija predilecta del Padre

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2001

21 de marzo de 2001, María, peregrina en la fe, estrella del tercer milenio

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14 de marzo de 2001, María, icono escatológico de la Iglesia

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2003

29 de octubre de 2003, conclusión del Año del Rosario

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2004

 7 de enero de 2004, La maternidad divina de María

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