Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

sábado, 6 de noviembre de 2021

Juan Pablo II y su mandato misionero

 


Juan Pablo II, un Papa de recuerdos casi infinitos. Siempre vivo, siempre nuevo y actual, jamás banal, menos aun repetitivo. Un pontífice que, a tantos años de su partida, sigue siendo capaz de sorprender, interrogar, asombrar, continúa ”viviendo” en el corazón y en el alma de millones y millones de creyentes y no creyentes como si no se hubiera ido nunca. En todo el mundo. En todos los países, en ciudades grandes y pequeñas donde, como misionero infatigable, Karol Wojtyla continúa idealmente presente para testimoniar el Evangelio de Cristo y guiar a la Iglesia católica después de haber sido su cabeza y pastor indiscutible durante casi 27 años – de 1978 a 2005 – record que lo  ha colocado en el tercer lugar en la clasificación especial de pontificados mas longevos precedido solo por Pio XI (31 años y 7 meses) y San Pedro (37 años). Numeros y clasificaciones que, no obstante su aridez matemática, poseen la fuerza de revelar en breve síntesis aquello que, puesto en manos de la historia y el entusiasmo del pueblo, fue el pontificado que ha llevado a la Iglesia católica del segundo al tercer milenio, atravesando desafíos epocales, muros derribados, caídas, encumbramientos, esperanzas, decepciones. 

 Un desafío que, por un misterioso diseño de la Providencia, quizás solo podía ser afrontado y llevado a cabo por una figura como el, Karol Wojtyla, testimonio de una Iglesia, la polaca, sujeta a pagar precios altísimos ante dos sistemas sociopolíticos que en el curso del siglo XX han puesto a dura prueba la libertad del hombre y de la Iglesia misma: el comunismo y el nazismo. El testigo que accedió a la Sede de Pedro sobre la estela de una larga y original experiencia de vida conformada por una vocación pastoral puesta a l servicio de las comunidades parroquiales y diocesanas por el servidas, pero también de amor por la poesía, por el teatro, la afición al deporte, de cercanía a los jóvenes, ancianos y niños, al estudio, a la enseñanza, al respeto por la naturaleza y todo lo creado.

Experiencias y predisposiciones pastorales que siempre impulsaron a Karol Wojtyla a ir hacia  el «otro», a la búsqueda del hombre, de la mujer, del que sufre, del pobre, del marginado. Pero no solo eso. En su ininterrumpido peregrinar por los caminos del mundo nunca dejo de dialogar también con los poderosos o con los así llamados alejados, siempre atento a construir puentes y grandes estructuras de diálogo y debate, poniendo siempre en el centro de cada encuentro al hombre, la defensa de la libertad en todas sus expresiones, a partir de la libertad de profesar la fe religiosa, como también la defensa de la dignidad humana, el respeto por la mujer y los niños.

Pero siempre a la luz del Evangelio, con ímpetu, con determinación y una coherencia que – indudablemente – han hecho de Juan Pablo II el Papa misionero por excelencia, habiendo sido, entre otros, el Pontífice que ha realizado el mayor número de viajes pastorales en Italia y en el exterior. Entre sus objetivos, en sus 27 años de pontificado, se distinguen otros dos record difícilmente igualables, habiendo realizado 102 viajes internaciones y 144 nacionales, agregados a …. ejemplos de santidad entre los testimonios de la Iglesia de ayer y de hoy… 1337 beatificaciones, 482 canonizaciones, y 14 encíclicas, entre las cuales no debemos olvidar Redemptoris missio,  publicada el 7 de diciembre de 1990, en la que el Papa Wojtyla nos habla de la perenne validez del  «mandato misionero».

 Opciones de vida y testimonios que, partiendo del originario mandato consignado por Jesus a sus apóstoles invitándoles a anunciar la Palabra “hasta los confines del mundo”, después de 2000 años conservan intacta toda su frescura. Y el Papa Wojtyla continua recordándonoslo.

 Orazio La Rocca, vaticanista del periódico La Repubblica

 

(publicado en la revista Totus Tuus, Nr 6 Nov/Dic 2009)

viernes, 5 de noviembre de 2021

Wanda Poltawska: No necesito buscar pruebas de la existencia de Dios. Yo creo.

 



(El 2 de octubre pasado Wanda Poltawska cumplió 100 años) 

  Fui a la iglesia mariana… el sacerdote estaba dando la sagrada Comunión. Me puse en la fila, pero no fue suficiente para mí, me había perdido la santa Misa, por lo que me quede a la siguiente.

 genitum, non factum…

…engendrado, no creado

 

  En realidad  nunca había reflexionado sobre esto, y quia no es posible entenderlo por completo, aunque así tiene que ser, pues Dios es uno: Dios es Dios, no es una criatura, pero esto es un misterio tan enorme que es imposible comprenderlo de manera alguna. ¿Qué carácter tiene esta relación de Dios con el Hijo, de Dios Padre con Dios Hijo, existió siempre? El estaba en Él. No lo sé, creo que el entendimiento no basta para entenderlo.

  La fe requiere humildad intelectual, el reconocimiento de la grandeza de los misterios, pero aunque también tengo problemas con la humildad en otras cuestiones, aquí no tengo ningún problema. ¡Para mi está claro que Dios y sus misterios están por encima del entendimiento humano, que son inconcebibles y que así tienen que ser! Y no siento ningún deseo de indagar, no necesito buscar pruebas de la existencia de Dios.

Yo creo.

 Con la mirada fija en Cristo, veo todo lo demás de forma diferente a como lo veía antes y se que es un don, recibido a través del pastor de almas. EN este contexto, también medito sobre el papel del sacerdote, el representante de Cristo en la tierra, ¡y también esto es un don inmerecido!

  Experimente un momento de recogimiento muy profundo, que iba mas allá de los pensamientos y de las emociones, ¡me sentí como inmovilizada en la admiración de la inmensidad del amor de Dios!

Los pensamientos, los sentimientos todo dentro de mi tiene que estar a disposición del mismo Dios; tengo que ser un instrumento en sus manos. Tenemos que hacer sitio para Dios en nuestro interior, dentro de nosotros y de nuestras vidas; ¡solo entonces podremos hacer algo! Surge en mi una nueva conciencia.

   Crece en mi la conciencia de la esencia de Dios en el se humano, una conciencia que lo simplifica todo y, al mismo tiempo, muestra la perspectiva desmesurada del destino de los hombres en los planes de Dios. ¡Las palabras son insuficientes cuando se quiere expresar esa esencia!

 

Wanda Poltawska: Diario de una amistad, San Pablo, Madrid 2011

 Invito visitar posts etiquetados Poltawska) 

jueves, 4 de noviembre de 2021

4 de noviembre San Carlos Borromeo, santo patrono de Karol Wojtyla

 

(Imagen de Wikimedia)

“Te amo, mi Dios, mi fortaleza” San Carlos Borromeo

 El 4 de noviembre de 1973 la parroquia de Raciborowice, a unos 9 kms de Cracovia, Polonia, celebraba los 500 años de su consagración. Allí el Arzobispo de Cracovia Karol Wojtyla en su homilía recordaba el pequeño pueblo cercano de Bienczyce, que atendía aquella parroquia. Ese pequeño pueblo se convertiría en un suburbio de Cracovia y su capilla en aquel “lugar” tan especial  de una parte de la historia de la Iglesia en Polonia,  historia de las luchas del pueblo contra el así llamado “poder popular”,  en defensa de su derecho de profesar su fe y orar en público, un espacio santo que sigue siendo testimonio de la fortaleza de la religiosidad del pueblo polaco durante el régimen comunista, allí donde nació “la nueva evangelización”:  la simbólica ArkaPana (El Arca del Señor) de Nowa Huta.

 Aquel mismo día el Arzobispo Wojtyla visitaba también la cercana parroquia de Niepolomice que lo había invitado para las celebraciones de la fiesta de SanCarlos Borromeo, segundo patrono de la parroquia y santo patrono de Karol Wojtyla.  Alli el Arzobispo Wojtyla recordaba a San Carlos, patrono del cual se sentía orgulloso y cuya trayectoria fuera tan similar a la suya propia y que él siempre  gustaba recordar resaltando el celo de pastor de su santo patrono. 

El 4 de noviembre de 1984 ya como Papa Juan Pablo II reiteraba su profunda admiración por San Carlos Borromeo en su homilía con ocasión de la Santa Misa en honor al400 centenario de su muerte, homilía que Juan Pablo II  comenzaba con la cita del salmo 23,1 “El Señor es mi pastor”. 

 “San Carlo Borromeo – decía el Papa Juan Pablo II  - fue el Obispo de Trento y un gran pastor de la Iglesia, ante todo porque el mismo siguió a Cristo Buen Pastor. Lo siguió con constancia, escuchando sus palabras y actuando de modo heroico. El Evangelio fue para él la verdadera palabra de vida, plasmándose en sus pensamientos y en su corazón, en sus decisiones y en su actuar. Por otra parte San Carlos fue por excelencia el “Obispo del Concilio de Trento”, y de las instituciones de concilios provinciales y de sínodos diocesanos, tan recomendados en Trento, que resurgían después de un largo olvido que venía de la edad media. En estas asambleas eclesiales Borromeo también toma conciencia, en total acuerdo a la inspiración tridentina, que la reforma debe comenzar por el testimonio de buenos pastores y de buenos sacerdotes. Subrayaba además el Papa Juan Pablo II las visitas pastorales de Borromeo y citaba las palabras de su antecesor el Papa Pablo VI que sostenía que una de las características más notables de su episcopado fue su intento de “crear una santidad del pueblo, una santidad colectiva, de hacer santa toda la comunidad”.

 Reflexionando  tan solo brevemente sobre la similitud del afán pastoral de San Carlos Borromeo y de San Juan Pablo II podemos concluir que Karol Wojtyla fue un verdadero discípulo de su santo patrono en quien había encontrado un modelo de vida sacerdotal y de actividad pastoral. 

 

martes, 2 de noviembre de 2021

75 años de la Primer Misa de Karol Wojtyla

 

(cripta San Leonardo en la Catedral de Wawel)

En nuestras mentes suele rondar la la idea que la “carrera” de Dios y en Dios de Karol Wojtyla fue meteórica, y en verdad lo fue. Pero es bueno recordar que ya su preparación al sacerdocio a partir de su “seminario domestico” fue una escuela espiritualmente rica e integra, hasta el sufrimiento a tan temprana edad; primer peldaño y base firme hacia su personalidad especial, su vida de oración, su pasión por los estudios, su etapa de “seminarista-obrero”, prueba certera que : “en los planes de Dios nada es casual…” y que “La vocación es el misterio de la elección divina: “No me habéis elegido vosotros a mi, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca (Jn, 15,16)”, testimoniando que abrir de par en par las puertas a Cristo vale la pena.  

 Hoy se cumplen 75 años de aquella celebración, punto de partida de su vida sacerdotal y es oportuno recordar sus propias palabras en  DON Y MISTERIO  para comprender parte de la grandiosidad solemne de aquella Primer Misa en austeridad e intimidad, aquel  primer paso por ese sendero estrecho y amplio a la vez que llevara a este testigo de esperanza a peregrinar y evangelizar a  pueblos y naciones, abarcando todos los estratos sociales para defender con firmeza y claridad la vida  y la verdad….a sentirse tanto Obispo de Roma, como Pastor universal, hermano entre hermanos, testigo que «la Iglesia peregrinante es, por su propia naturaleza, misionera, puesto que tiene su origen en la misión del Hijo, la misión  del Espíritu Santo, según plan de Dios Padre.» (Ad gentes, 2)

 

“Habiendo sido ordenado sacerdote en la fiesta de Todos los Santos, celebré la Primera Misa el día de los fieles difuntos, el 2 de noviembre de 1946. En este día cada sacerdote puede celebrar para provecho de los fieles tres Santas Misas. Mi primera Misa tuvo por tanto – por así decir – un carácter triple.  Fue una experiencia de especial intensidad. Celebré las tres Santas Misas en la cripta de San Leonardo, que ocupa, en la Catedral del Wawel, en Cracovia, la parte anterior de la llamada cátedra episcopal de Herman… Al elegirla como el lugar de mis Primeras Misas quise expresar un vínculo espiritual particular con los que reposan en esa catedral que, por su misma historia, es un monumento sin igual. Está impregnada, más que cualquier otro templo de Polonia, de significado histórico y teológico. Reposan en ella los reyes polacos…allí coronados y en ella eran también sepultados. Quien visita ese templo se encuentra cara a cara con la historia de la Nación.

 Precisamente por esto….elegí celebrar mis primeras Misas en la cripta de San Leonardo. Quería destacar mi particular vinculo espiritual con la historia de Polonia, de la cual la colina del Wawel representa casi una síntesis emblemática…

Fueron pocos los participantes en aquellas primeras Misas…el P. Figlewicz estaba a mi lado….estaba presente mi madrina Maria Wiadrowska, hermana mayor de mi madre. Me asistía en el altar Mieczyslaw Malinski, que hacia presente de algún modo el ambiente y la persona de Jan Tyranowski, ya entonces gravemente enfermo.  Después hubo otras “primeras Misas: en la iglesia parroquial de San Estanislao de Kostka en Debniki, y el domingo siguiente en la iglesia de la Presentación de la Madre de Dios en Wadowice. Celebré también una Misa en la Confesión de San Estanislao, en la catedral del Wawel, para los amigos del teatro rapsódico y para la organización clandestina “Unia (Union”, a la cual estuve vinculado durante la ocupación”.

lunes, 1 de noviembre de 2021

75 años de la ordenación sacerdotal de Karol Wojtyla

 


Se cumplen hoy 75 años de la ordenación sacerdotal de Karol Wojtyla / Papa Juan Pablo II. Que mejor que recordar sus propias palabras de aquel día tan especial en su vida y en la vida de la Iglesia polaca y el mundo todo:

“Mi ordenación tuvo lugar en un día insólito para este tipo de celebraciones: fue el 1 de noviembre, solemnidad de Todos los Santos, cuando la liturgia de la Iglesia se dedica totalmente a celebrar el misterio de la comunión de los Santos y se prepara a conmemorar a los fieles difuntos. El Arzobispo eligió ese día porque yo debía partir hacia Roma para proseguir los estudios. Fui ordenado sólo, en la capilla privada de los Arzobispos de Cracovia. Mis compañeros serían ordenados el año siguiente, en el Domingo de Ramos.

 Había sido ordenado subdiácono y diácono en octubre. Fue un lunes de intensa oración, marcado por los Ejercicios Espirituales con los que me preparé a recibir las Ordenes Sagradas: seis días de Ejercicios antes del subdiaconado, y después tres y seis días antes del diaconado y del presbiterado respectivamente. Los últimos Ejercicios los hice solo en la capilla del seminario. El día de Todos los Santos me presenté por la mañana en la residencia de los Arzobispos de Cracovia, en la calle Franciszkanska 3, para recibir la Ordenación sacerdotal. Asistieron a la ceremonia un pequeño grupo de parientes y amigos.

 El lugar de mi Ordenación, como he dicho, fue la capilla privada de los Arzobispos de Cracovia. Recuerdo que durante la ocupación iba allí con frecuencia por la mañana para ayudar en la Santa Misa al Príncipe Metropolitano. Recuerdo también que durante un cierto período venía conmigo otro seminarista clandestino, Jerzy Zachuta. Un día él no se presentó. Cuando después de la Misa fui a su casa, en Ludwinów, en Debniki, supe que durante la noche había sido detenido por la Gestapo. Inmediatamente después, su apellido apareció en la lista de polacos destinados a ser fusilados. Habiendo sido ordenado en aquella misma capilla que nos había visto juntos tantas veces, recordaba a este hermano en la vocación sacerdotal al cual Cristo había unido de otro modo al misterio de su muerte y resurrección.

 Me veo así, en aquella capilla durante el canto del Veni, Creator Spiritus y de las Letanías de los Santos, mientras, extendido en forma de Cruz en el suelo, esperaba el momento de la imposición de las manos. ¡Un momento emocionante! Después he tenido ocasión de presidir como Obispo y como Papa este rito. Hay algo de impresionante en la postración de los ordenandos: es el símbolo de su total sumisión ante la majestad de Dios y a la vez de su total disponibilidad a la acción del Espíritu Santo, que desciende sobre ellos como artífice de su consagración. Veni, Creator Spiritus, mentes tuorum visita, imple superna gratia quae Tu creasti pectora.  Al igual que en la Santa Misa el Espíritu Santo es el autor de la transubstanciación del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, así en el sacramento del Orden es el artífice de la consagración sacerdotal o episcopal. El obispo, que confiere el sacramento del Orden, es el dispensador humano del misterio divino. La imposición de las manos es continuación del gesto ya practicado en la Iglesia primitiva para indicar el don del Espíritu Santo en vista de una misión determinada (cf. Hch 6, 6; 8, 17; 13, 3). Pablo lo utiliza con su discípulo Timoteo (cf. 2 Tm 1, 6; 1 Tm 4, 14.) y el gesto queda en la Iglesia (cf. 1 Tm5, 22) como signo eficaz de la presencia operante del Espíritu Santo en el sacramento del Orden.

 Quien se dispone a recibir la sagrada Ordenación se postra totalmente y apoya la frente sobre el suelo del templo, manifestando así su completa disponibilidad para asumir el ministerio que le es confiado. Este rito ha marcado profundamente mi existencia sacerdotal. Años más tarde, en la Basílica de San Pedro -estábamos al principio del Concilio- recordando el momento de la Ordenación sacerdotal, escribí una poesía de la cual quiero citar aquí un fragmento.

 "Eres tú, Pedro. Quieres ser aquí el Suelo sobre el que caminan los otros... para llegar allá donde guías sus pasos...Quieres ser Aquél que sostiene los pasos, como la roca sostiene el caminar ruidoso de un rebaño: Roca es también el suelo de un templo gigantesco. Y el pasto es la Cruz'' 

(Iglesia: Los Pastores y las Fuentes. Basílica de San Pedro, otoño de 1962: 11.X - 8.XII, El Suelo)

 

Al escribir estas palabras pensaba tanto en Pedro como en toda la realidad del sacerdocio ministerial, tratando de subrayar el profundo significado de esta postración litúrgica. En ese yacer por tierra en forma de Cruz antes de la Ordenación, acogiendo en la propia vida -como Pedro- la Cruz de Cristo y haciéndose con el Apóstol "suelo" para los hermanos, está el sentido más profundo de toda la espiritualidad sacerdotal.

 

(Fuente: Juan Pablo II: Don y Misterio)

 


viernes, 29 de octubre de 2021

Juan Pablo II en Perú – testimonio de Fernando J Zuniga y Rivero

 


Revisando las revistas TotusTuus  de la Postulación por la Causa de beatificación y Canonización de Juan Pablo II (la revista ha dejado de publicarse)  encuentro este testimonio de su visita al Peru dirigido al postulador Mons. Slawomir Oder:

 Aunque no pueda testimoniar curaciones medicas milagrosas, como fruto e oraciones hechas tras mi encuentro con el Papa Juan Pablo II, puedo dar testimonio de un encuentro extraordinario con  él a principios de 1985… Se trata de un encuentro con  ocasión de su visita al Peru, que comenzó el 8 de febrero de 1985. En aquel periodo yo trabajaba en Perú como presidente de “Petróleos del Perú”, la compañía nacional peruana de petróleo.

 En el aeropuerto fue acogido por el presidente del Perú, Fernando Belaunde Terry, acompañado de otros dirigentes políticos, del arzobispo de Lima y los representantes de instituciones católicas locales. Junto a ellos y otros muchos, fui invitado a participar en una recepción en el Palacio del Gobierno, donde tuve el privilegio de sentarme en mitad de la primera fila. Tras el discurso de bienvenida del Presidente Belaunde, el Santo Padre se dirigió a nosotros en perfecto español, lo que resultó sorprendente e impresionante para todos los presentes. Al fin me acerque a él y traté de besarle el anillo, pero él me detuvo y me dio un abrazo!

 Le dije ante todo que me había quedado impresionado de su perfecto conocimiento de la lengua española. Recuerdo perfectamente su respuesta, ya que me impresiono como una confesión extraordinaria que valoro mucho.  Juan Pablo II me dijo en español: “Claro hombre, tuve que aprender el español porque siempre me ha interesado mucho la mística. Soy un místico mi tesis doctoral en Teología se baso en las obras de Santa teresa de Ávila y San Juan de la Cruz, los mayores místicos que ha tenido la Iglesia Católica”.  Me confió a mí su interés por el misticismo, el considerarse a sí mismo un místico! Me pareció algo extraordinario, y es el motivo principal por el que ofrezco este testimonio..

 Le explique el regalo que había preparado para él, una reimpresión del primer Catecismo de doctrina católica que se imprimió en Perú en 1585, y del que habíamos hecho suficientes ejemplares para ofrecer uno a cada miembro del Colegio Cardenalicio. El Papa me invito a participar en la Misa privada que oficiaría la mañana siguiente, seguida del desayuno, momento en el que estaría dispuesto a recibir el regalo del Catecismo reeditado, y conocer los detalles de esta iniciativa.  Esa mañana me levante a las cinco, y a las seis llegue a la Nunciatura Apostólica, donde estuve con Juan Pablo II en la Misa y luego en un esplendido desayuno. Le hice entrega entones de la caja con los 120 ejemplarse del Catecismo que me dijo debía enviar a nombre del Cardenal Agostino Cassaroli entonces Secretario de Estado vaticano. El Papa me regalo una bellísima medalla de plata de gran tamaño, con su retrato por un lado y por el otro una imagen de la Virgen Maria.  Quedo sorprendido de las dificultades para encontrar un ejemplar completo del catecismo del  que habíamos hecho esa reimpresión. Me pareció que Juan Pablo II y los otros miembros del Colegio Cardenalicio se dieron cuenta que desde 1585 la Iglesia Católica no había ni actualizado ni publicado un nuevo Catecismo, la ultima publicación había sido el año del  Concilio de Trento –la misma que, publicada en las tres lenguas del Perú, habíamos reimpreso para él y para los cardenales…

 (Invito leer la historia del Catecismo – una entrevista al Cardenal Karlic)

jueves, 28 de octubre de 2021

Juan Pablo II "El rosario es mi oración predilecta"

 


“El Rosario es mi oración predilecta. ¡Plegaria maravillosa! Maravillosa en su sencillez y en su profundidad. En esta plegaria repetimos muchas veces las palabras que la Virgen María oyó del Arcángel y de su prima Isabel. Palabras a las que se asocia la Iglesia entera.

 

Se puede decir que el Rosario es en cierto modo un comentario oración sobre el capítulo final de la constitución Lumen gentium del Vaticano II, capítulo que trata de la presencia admirable de la Madre de Dios en el misterio de Cristo y de la Iglesia. En efecto, con el trasfondo de las Avemarías pasan ante los ojos del alma los episodios principales de la vida de Jesucristo. El Rosario en su conjunto consta de misterios gozosos, dolorosos y gloriosos, y nos ponen en comunión vital con Jesucristo a través ―se puede decir― del Corazón de su Madre. Al mismo tiempo nuestro corazón puede incluir en estas decenas del Rosario todos los hechos que entraman la vida del individuo, la familia, la nación, la Iglesia y la humanidad. Experiencias personales o del prójimo, sobre todo de las personas más cercanas o que llevan más en el corazón. De este modo la sencilla plegaria del Rosario sintoniza con el ritmo de la vida humana.”

 

(Juan Pablo II – Ángelus 29 de octubre de 1978)

 

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Misterios del rosario explicados por Juan Pablo II y 

Rosario