Llamados a ser santos

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“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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martes, 7 de abril de 2026

Vittorio Messori – Entrevista a Juan Pablo II (5 de 5) Introducción a “Cruzando el umbral de la esperanza”

 


EL SERVICIO DE PEDRO

 Bajo una luz semejante, cabe esperar entre otras cosas que los que, tanto fuera como dentro de la Iglesia, llegaron a sospechar que este «Papa venido de lejos» traía «intenciones restauradoras» o era «reaccionario a las novedades conciliares» encuentren al fin el modo de rectificarse completamente.

Queda aquí confirmado de continuo su papel providencial desde aquel Concilio Vaticano II en cuyas sesiones (desde la primera a la última) el entonces joven obispo Karol Wojtyla participó con un papel siempre activo y relevante. Por aquella extraordinaria aventura -y por lo que ha derivado de ella en la Iglesia- Juan Pablo II no tiene ninguna intención de «arrepentirse», como declara rotundamente, a pesar de que no oculte los problemas y dificultades debidas -esto está comprobado- no al Vaticano II, sino a apresuradas cuando no abusivas interpretaciones. 

Que quede, pues, bien claro que -ante el planteamiento plenamente religioso de estas páginas-, simplificaciones como «derecha-izquierda» o como «conservador-progresista» se revelan totalmente inadecuadas y sin sentido. La «salvación cristiana», a la que dedica algunas de las páginas más apasionadas, no tiene nada que ver con semejantes estrecheces políticas, que constituyen desgraciadamente el único parámetro de tantos comentaristas, condenados así -sin sospecharlo siquiera- a no comprender nada de la profunda dinámica de la Iglesia. Los esquemas de las siempre cambiantes ideologías mundanas están muy lejos de la visión «apocalíptica» -en el sentido etimológico de revelación, de desvelamiento del plan de la Providencia que llena el magisterio de este Pontífice y da vida también a las siguientes páginas.

 Me decía un íntimo colaborador suyo: «Para saber quién es Juan Pablo II hay que verlo rezar, sobre todo en la intimidad de su oratorio privado.» ¿Acaso puede entender algo de este Papa-igual que de cualquier otro Papaquien excluya esto de sus análisis, centrándose en sofisticadas apariencias?

El lector comprobará que, en numerosas ocasiones, no he dudado en adoptar el papel de «acicate», de «estímulo», aun hasta el de respetuoso «provocador». Es una tarea no siempre grata ni fácil. Creo, sin embargo, que ésta es la obligación de todo entrevistador, que -manteniendo, naturalmente, esa virtud cristiana que es la de ironizar sobre sí mismo, esa sonrisa burlona ante la tentación de tomarse demasiado en seriodebe intentar poner en práctica la «mayéutica», que es, como se sabe, la «técnica de las comadronas».

 Por otra parte, tuve la impresión de que mi Interlocutor esperaba precisamente este tipo de «provocación», y no delicadezas cortesanas, como demuestran la viveza, la claridad, la sinceridad espontánea de las respuestas. He conseguido con eso algo que se parece a una afectuosa «reprensión», o quizá a una paternal «oposición». También esto me complace, ya que no sólo confirma la generosa seriedad con que han sido acogidas mis preguntas, sino que además el Santo Padre ha corroborado así que mi modo de plantear los problemas -a pesar de que no los pueda compartir- es el de tantos otros hombres de nuestro tiempo. Era, pues, un deber de este cronista intentar erigirse en su portavoz, en nombre de todos los que «nos dan trabajo», los lectores.

Claro que, con algo parecido a lo que los autores de espiritualidad llaman «santa envidia» (y que, como tal, puede no ser un «pecado», sino un beneficioso acicate), ante algunas respuestas he tomado plena conciencia de la desproporción entre nosotros -pequeños creyentes agobiados por problemas a nuestra mediocre medida- y este Sucesor de Pedro, quien -si es lícito expresarse así- no tiene necesidad de «creer». Para él, en efecto, el contenido de la fe es de una evidencia tangible. Por tanto, y a pesar de que él también aprecie a Pascal (al que cita), no tiene necesidad de recurrir a ninguna «apuesta» como él, no necesita del apoyo de ningún «cálculo de probabilidades» para estar seguro de la objetiva verdad del Credo.

Que la Segunda Persona de la Trinidad se ha encarnado, que Jesucristo vive, actúa, informa el universo entero con Su amor, el cristiano Karol Wojtyla en cierta manera lo siente, lo toca, lo experimenta; como le sucede a todo místico, que es el que ha alcanzado ya la evidencia. Lo que para nosotros puede ser un problema, para él es un dato de hecho objetivamente incontestable. No ignora, como antiguo profesor de filosofía, el esfuerzo de la mente humana en la búsqueda de «pruebas» de la verdad cristiana (a esto, precisamente, dedica algunas de las páginas más densas), pero se tiene la impresión de que, para él, esos argumentos no son sino confirmaciones obvias de una realidad evidente. 

También en este sentido me ha parecido estar verdaderamente en consonancia con el Evangelio, ver cumplidas las palabras de Jesús, transmitidas por Mateo: «Bienaventurado tú, Simón, hijo de Juan, porque no te ha revelado esto ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en losCielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella» (16,17-18).

Una piedra, una roca a la que agarrarse a la hora de la prueba, en esas «tempestades de la duda», en esas «noches oscuras» que insidian nuestra fe, tan a menudo vacilante; el testigo de la verdad del Evangelio, que no duda, el testigo de la existencia de Otro Mundo donde a cada uno le será dado lo suyo, y en el que a cada uno -con tal de que haya querido- le será dada la plenitud de la vida eterna. Éste es el servicio a los hombres que Jesucristo mismo confió a un hombre, haciéndole Su «Vicario»: «Simón, Simón, he aquí que Satanás os ha reclamado para cribaros como el trigo. Pero yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe; y tú, cuando te conviertas, confirma a tus hermanos» (Lucas 22,31-32). Éste es el servicio que cumple el actual Sucesor de Pedro, que, después de casi veinte siglos, está todavia entre los que «han visto la Resurrección», y que saben que «aquel Jesús ha subido al Cielo» (cfr. Hechos de los Apóstoles 1,21-22). Y está dispuesto a asegurarlo con su misma vida, con palabras, pero sobre todo con hechos. 

En esta mano firme que se nos tiende para darnos seguridad, en esta confirmación, tan respetuosa como apasionada, del «esplendor de la verdad» -expresión que muchas veces se repite aquí-, me ha parecido que está el mayor regalo que ofrecen estas páginas. A quien primero las ha leído le han hecho mucho bien, le han dado seguridad, empujándole a una mayor coherencia, a intentar sacar consecuencias más acordes con las premisas de una fe quizá más teorizada que practicada en la vida cotidiana.

No dudamos de que harán bien a muchos, cumpliéndose así la única razón que ha movido a este singular Entrevistado, quien desde la cama del hospital donde se encontraba por una dolorosa caída, decía que había ofrecido un poco de su sufrimiento también por los lectores de estas páginas, en las que la palabra que quizá con mayor frecuencia se repite, junto a «esperanza», sea «alegría». ¿Será acaso retórico decirle que, también por esto, le estamos agradecidos?

VITTORIO MESSORI

(Texto completo en pdf del libro “Cruzando el umbral de la esperanza” Plaza & Janés Editores S.A.1994,  (traducción de Antonio Urbina) se encuentra en Mercaba.org 

Vittorio Messori – Entrevista a Juan Pablo II (4 de 5) Introducción a “Cruzando el umbral de la esperanza”

 


DON KAROL, PÁRROCO DEL MUNDO

Estas páginas que ahora siguen han nacido de una vibración «kerigmática», de primer anuncio, de «nueva evangelización»; al acercarse a ellas, el lector se dará cuenta de por qué no quise añadir mis irrelevantes notas y comentarios a palabras tan cargadas ya de significado, llevadas casi al colmo de la pasión, precisamente esa passion de convaincre que, siguiendo a Pascal, tendría que ser el signo distintivo de todo cristiano, y que aquí caracteriza profundamente a este «Siervo de los siervos de Dios».

Para él, Dios no sólo existe, vive, obra, sino que también, y sobre todo, es Amor; mientras que para el iluminismo y el racionalismo, que contaminaron incluso cierto tipo de teología, Dios era el impasible Gran Arquitecto, era sobre todo Inteligencia. Con un clamor tras otro, este hombre -sirviéndose de las páginas aquí recogidas- quiere hacer llegar a cada hombre el siguiente mensaje: «¡Date cuenta, quienquiera que seas, de que eres amado! ¡Advierte que el Evangelio es una invitación a la alegría! ¡No te olvides de que tienes un Padre, y que cualquier vida, incluso la que para los hombres es más insignificante, tiene un valor eterno e infinito a Sus ojos!»

Un experto teólogo, una de las poquísimas personas que han podido hojear este texto todavía manuscrito, me decía: «Aquí hay una revelación -directa, sin esquemas ni filtros- del universo religioso e intelectual de Juan Pablo II y, en consecuencia, una clave para la lectura e interpretación de su magisterio completo.»

Aventuraba incluso el mismo teólogo: «No sólo los comentaristas actuales sino también los historiadores futuros tendrán que apoyarse en estas páginas para comprender el primer papado polaco. Escritas a mano, de un tirón -con esa manera suya que algún pacato podría calificar de "impulsiva", o quizá de generosa "imprudencia"-, estas páginas nos dan a conocer, de modo extraordinariamente eficaz, no sólo la mente sino también el corazón del hombre a quien se deben tantas encíclicas, tantas cartas apostólicas, tantos discursos. Aquí todo va a la raíz; es un documento para hoy, pero también Para la historia.»

 Me confiaba un colaborador directo del Pontífice que cada homilía, cada explicación del Evangelio -en cada Misa que él celebra- está siempre, y toda, escrita de su mano, de comienzo a fin. No se limita a poner sobre el papel algunos apuntes que señalen los temas que deben ser desarrollados; escribe cada palabra, tanto en una liturgia solemne para un millón de personas (o para mil millones, como ha sucedido en ciertas emisiones televisivas) como en la Eucaristía celebrada para unos pocos íntimos, en su oratorio privado. Justifica este esfuerzo recordando que es tarea primordial e ineludible, no delegable, de todo sacerdote el hacerse instrumento para consagrar el pan y el vino, para hacer llegar al pecador el perdón de Cristo, y también para explicar la Palabra de Dios. De este mismo modo parece haber considerado estas respuestas. Hay, pues, aquí también una especie de «predicación», de «explicación del Evangelio» hecha por «don Karol, párroco del mundo».

Digo «también» porque el lector no encontrará solamente eso, sino una singular combinación a veces de confidencia personal (emocionantes los trozos sobre su infancia y juventud en su tierra natal), a veces de reflexión y de exhortación espirituales, a veces de meditación mística, a veces de retazos del pasado o sobre el futuro, a veces de especulaciones teológicas y filosóficas.

Por tanto, si todas las páginas exigen una lectura atenta (detrás del tono divulgativo, quien se detenga un poco podrá descubrir una sorprendente profundidad), algunos pasajes exigen una especial atención. Desde nuestra experiencia de lectores «de preestreno», podemos asegurar que vale del todo la pena. El tiempo y la atención que se empleen recibirán amplia recompensa.

 Se podrá comprobar, entre otras cosas, cómo al máximo de apertura (con arranques de gran audacia: véanse, por ejemplo, las páginas sobre el ecumenismo o las otras sobre escatología, «los novísimos») va unido siempre el máximo de fidelidad a la tradición. Y que sus brazos abiertos a todo hombre no debilitan en nada la identidad, católica, de la que Juan Pablo II es muy consciente de ser garante y depositario ante Cristo, «en cuyo nombre solamente está la salvación» (cfr. Hechos de los Apóstoles 4,12).

Es bien sabido que en 1982 el escritor y periodista francés André Frossard publicó -tomando como título la exhortación que ha llegado a ser casi la consigna del pontificado: ¡No tengáis miedo!- el resultado de una serie de conversaciones con este Papa.

Sin querer quitarle nada, por supuesto, a ese importante libro, excelentemente estructurado, puede observarse que entonces se estaba al comienzo del pontificado de Karol Wojtyla en la Sede de Pedro. En las páginas que siguen está, en cambio, toda la experiencia de quince años de servicio, está la huella que ha dejado en su vida todo lo que de decisivo ha ocurrido en este tiempo (basta pensar solamente en la caída del marxismo), la huella dejada en la Iglesia, en el mundo. Pero lo que no sólo ha permanecido intacto sino que parece incluso haberse multiplicado (este libro da de ello pleno testimonio) es su capacidad de generar proyectos, su ímpetu de cara al futuro, su mirar hacia adelante -a ese «tercer milenio cristiano» con el ardor y la seguridad de un hombre joven.

(Texto completo en pdf del libro “Cruzando el umbral de la esperanza” Plaza & Janés Editores S.A.1994,  (traducción de Antonio Urbina) se encuentra en Mercaba.org 


Vittorio Messori – Entrevista a Juan Pablo II (3 de 5) Introducción a “Cruzando el umbral de la esperanza”

 


UNA CUESTIÓN DE FE

Puesto ante la no leve responsabilidad de plantear una serie de preguntas, para las que se me dejaba una completa libertad, decidí inmediatamente descartar los temas políticos, sociológicos e incluso «clericales», de «burocracia eclesiástica», que constituyen la casi totalidad de la información, o desinformación, supuestamente «religiosa», que circula por tantos medios de comunicación, no solamente laicos.

Si se me permite, citaré un párrafo de un apunte de trabajo que propuse a quien me había metido en el proyecto: «El tiempo que tenemos para esta ocasión verdaderamente única no debería malgastarse con las acostumbradas preguntas del "vaticanólogo". Antes, mucho antes del "Vaticano" -Estado entre otros Estados, aunque sea minúsculo y peculiar-, antes de los habituales temas -necesarios quizá pero secundarios, y quizá también desorientadores- sobre las posibilidades de la institución eclesiástica, antes de la discusión sobre cuestiones morales controvertidas, antes que todo eso está la fe. «Antes que todo eso están las certezy oscuridades de la fe, está esa crisis por la que parece verse atacada, está su posibilidad misma hoy en culturas que juzgan como provocación, fanatismo, intolerancia, el sostener que no existen solamente opiniones, sino que todavía existe una Verdad, con mayúscula. En resumen, seria oportuno aprovechar la disponibilidad del Santo Padre para intentar plantear el problema de las "raíces", de eso sobre lo que se basa todo el resto, y que sin embargo parece que se deja aparte, a menudo dentro de la Iglesia misma, como si no se quisiera o no se pudiera afrontar.» En ese apunte continuaba: «Lo diré, si se me permite, en tono de broma: aquí no interesa el problema exclusivamente clerical -y "clerical" es también cierto laicismo- de la decoración de las salas vaticanas, si debe ser "clásica" (conservadores) o "moderna" (progresistas).

«Tampoco interesa un Papa al que muchos quisieran ver reducido a presidente de una especie de agencia mundial para la ética o para la paz o para el medio ambiente. Un Papa que garantizara el nuevo dogmatismo (más sofocante que ese del que se acusa a los católicos) de lo politically correct, ni un Papa repetidor de conformismos a la moda. Interesa, en cambio, descubrir si todavía son firmes los fundamentos de la fe sobre los que se apoya ese palacio eclesial, cuyo valor y cuya legitimidad dependen solamente de si sigue basado en la certeza de la Resurrección de Cristo. Por tanto, desde el comienzo de la conversación, sería necesario poner de relieve el "escandaloso" enigma que el Papa, en cuanto tal, representa: no es principalmente un grande entre los grandes de la tierra, sino el único hombre en el que otros hombres ven una relación directa con Dios, ven al "Vice" mismo de Jesucristo, Segunda Persona de la Trinidad.»

 Añadía finalmente: «Del sacerdocio de las mujeres, de la pastoral para homosexuales o divorciados, de estrategias geopolíticas vaticanas, de elecciones sociopolíticas de los creyentes, de ecología o de superpoblación, así como de tantas otras cuestiones, se puede, es más, se debe discutir, y a fondo; pero sólo después de haber establecido un orden (tan frecuentemente tergiversado hoy, hasta en ambientes católicos) que ponga en primer lugar la sencilla y terrible pregunta: lo que los católicos creen, y de lo que el Papa es el Supremo Garante, ¿es "verdad" o "no es verdad"? ¿El Credo cristiano es todavía aceptable al pie de la letra o se debe poner como telón de fondo, como una especie de vieja aunque noble tradición cultural, de orientación sociopolítica, de escuela de pensamiento, pero ya no como una certeza de fe cara a la vida eterna? Discutir -como se hace- sobre cuestiones morales (desde el uso del preservativo hasta la legalización de la eutanasia) sin afrontar antes el tema de la fe y de su verdad es inútil, más aún, no tiene sentido. Si Jesús no es el Mesías anunciado por los profetas, ¿puede, de verdad, importarnos el "cristianismo" y sus exigencias éticas? ¿Puede interesarnos seriamente la opinión de un Vicario de Cristo si ya no se cree en que aquel Jesús resucitó y que -sirviéndose sobre todo de este hombre vestido de blanco- guía a Su Iglesia hasta que vuelva en su Gloria?» 

He de reconocer que no tuve que insistir para que se me aceptara un planteamiento así. Al contrario, encontré enseguida la plena conformidad, la completa sintonía del Interlocutor de la conversación, quien durante nuestro encuentro en Castelgandolfo, y después de decirme que había examinado el primer borrador de preguntas que le había enviado, me comentó que había aceptado la entrevista sólo desde su deber de Sucesor de los apóstoles, sólo para aprovechar una posterior ocasión de dar a conocer el kérigma, es decir, el impresionante anuncio sobre el que toda la fe se funda: «Jesús es el Señor; solamente en Él hay salvación: hoy, como ayer y siempre.» 

Desde este planteamiento, pues, ha sido vista y juzgada esta posibilidad de una «entrevista», que inicialmente me había dejado perplejo. Éste es un Papa impaciente en su afán apostólico, un Pastor al que los caminos usuales le parecen siempre insuficientes, que busca por todos los medios hacer llegar a los hombres la Buena Nueva, que, evangélicamente, quiere gritar desde los terrados (hoy cuajados de antenas de televisión) que la Esperanza existe, que tiene fundamento, que se ofrece a quien quiera aceptarla; incluso la conversación con un periodista es valorada por él en la línea de lo que Pablo dice en su primera carta a los Corintios: «Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos. Y todo esto lo hago por el Evangelio, para ser partícipe del mismo» (9,22-23). En este ambiente toda abstracción desaparece: el dogma se convierte en carne, sangre, vida. El teólogo se hace testigo y pastor.

(Texto completo en pdf del libro “Cruzando el umbral de la esperanza” Plaza & Janés Editores S.A.1994,  (traducción de Antonio Urbina) se encuentra en Mercaba.org 

 

lunes, 6 de abril de 2026

Vittorio Messori – Entrevista a Juan Pablo II (2 de 5) Introducción a “Cruzando el umbral de la esperanza”

 


UNA SORPRESA

Pasaron algunos meses. Y he aquí que un día, otro telefonazo -de nuevo totalmente imprevisto- del Vaticano. En la línea estaba el director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, el psiquiatra español convertido en periodista Joaquín Navarro-Valls, hombre tan eficaz como cordial, uno de los más firmes defensores de la conveniencia de aquella entrevista. Navarro-Valls era portador de un mensaje que, me aseguraba, le había cogido por sorpresa a él el primero. El Papa me mandaba decir: «Aunque no ha habido modo de responderle en persona, he tenido sobre la mesa sus preguntas; me han interesado, y me parece que sería oportuno no abandonarlas. Por eso he estado reflexionando sobre ellas y desde hace algún tiempo, en los pocos ratos que mis obligaciones me lo permiten, me he puesto a responderlas por escrito. Usted me ha planteado unas cuestiones y por tanto, en cierto modo, tiene derecho a recibir unas respuestas... Estoy trabajando en eso. Se las haré llegar. Luego, haga lo que crea más conveniente.» En resumen, una vez más Juan Pablo II confirmaba esa fama de «Papa de las sorpresas» que lo acompaña desde que fue elegido; había superado toda previsión. Así fue como, un día de finales de abril de este 1994 en que escribo, recibía en mi casa al doctor Navarro-Valls, quien sacó de su cartera un gran sobre blanco. Dentro estaba el texto que me había sido anunciado, escrito de puño y letra del Papa, quien, para resaltar aún más la pasión con que había manuscrito las páginas, había subrayado con vigorosos trazos de su pluma muchísimos puntos; son los que el lector encontrará en letra cursiva, según indicación del propio Autor. Igualmente, han sido conservadas las separaciones en blanco que con frecuencia introduce entre un parágrafo y otro. El título mismo del libro es de Juan Pablo II. Lo había escrito personalmente sobre la carpeta que contenía el texto; aunque precisó que se trataba sólo de una indicación: dejaba a los editores libertad para cambiarlo. Si nos hemos decidido a conservarlo es porque nos dimos cuenta de que ese título resumía plenamente el «núcleo» del mensaje propuesto en estas páginas al hombre contemporáneo. Este debido respeto a un texto en el que cada palabra cuenta obviamente me ha orientado también en el trabajo de editing que se me pidió, en el que me he limitado a cosas como la traducción, entre paréntesis, de las expresiones latinas; a retoques de puntuación, quizá apresurada; a completar nombres de personas -por ejemplo el de Yves Congar que el Papa, por razón de brevedad, había escrito sólo Congar-; a proponer un sinónimo en los casos en que una palabra se repite en la misma frase; a la modificación de algunas, pocas, imprecisiones en la traducción del original polaco. Minucias, pues, que de ningún modo han afectado al contenido. Mi trabajo más relevante ha consistido en introducir nuevas preguntas allí donde el texto lo pedía. En efecto, aquel esquema mío sobre el que Juan Pablo II ha trabajado con una diligencia sorprendente (el hecho de haberse tomado tan en serio a un cronista parece una prueba más, si es que acaso hacía falta, de su humildad, de su generosa disponibilidad para escuchar nuestras voces, las de la «gente de la calle»), aquel esquema, digo, comprendía veinte cuestiones. Ninguna de las cuales, hay que recalcarlo, me fue sugerida por nadie; y ninguna ha quedado sin respuesta o en cierto modo «adaptada» por Aquel a quien iba dirigida. En todo caso, eran sin duda demasiadas, y demasiado amplias para una entrevista televisiva, incluso larga. Al responder por escrito, el Papa ha podido explayarse, apuntando él mismo, mientras respondía, nuevos problemas. Los cuales presuponían, por tanto, una pregunta ad hoc. Por citar un solo caso: los jóvenes. No entraban en el esquema, y les ha querido dedicar unas páginas -cosa que confirma además su predilección por ellos-, que se cuentan entre las más bellas del libro, y en las que vibra, emocionada, su experiencia de joven pastor entre la juventud de una patria a la que tanto ama. Para comodidad del lector más interesado en unos temas que en otros (aunque nuestro consejo es que lea el texto completo, verdaderamente «católico», también en el sentido de que en el texto tout se tient y todo se integra en una perspectiva orgánica), a cada una de las treinta y cinco preguntas he puesto un breve título que indica los contenidos, aunque sólo sea de manera aproximada debido a lo imprevisto de las sugerencias que el Papa señala aquí y allá; otra confirmación más del pathos que impregna unas palabras que, sin embargo, están inmersas obviamente en el «sistema» de la ortodoxia católica, junto a la más amplia «apertura» posconciliar. De todos modos, el texto ha sido examinado y aprobado por el mismo Autor en la versión publicada en italiano, y de ese modelo salen al mismo tiempo las traducciones en las principales lenguas del mundo; ya que la fidelidad era imprescindible para garantizar al lector que la voz que aquí resuena, en su humanidad y también en su autoridad, es única y totalmente la del Sucesor de Pedro.

Así que parece más adecuado hablar no tanto de una «entrevista» como de «un libro escrito por el Papa», si bien con el estímulo de una serie de preguntas. Corresponderá luego a los teólogos y a los exegetas del magisterio pontificio plantearse el problema de la «clasificación» de un texto sin precedentes, y que por tanto ofrece perspectivas inéditas en la Iglesia. A propósito de mi tarea de edición, desde ciertos sectores se me proponía una intervención excesiva, con comentarios, observaciones, explicaciones, citas de encíclicas, de documentos, de alocuciones. Contra tales sugerencias, he procurado pasar lo más inadvertido posible, limitándome a esta nota editorial que explica cómo fueron las cosas (tan «raras» en su sencillez), sin disminuir, con intrusiones inoportunas, la extraordinaria novedad, la sorprendente vibración, la riqueza teológica que caracterizan estas páginas. Páginas que, estoy seguro, hablan por sí mismas; y que no tienen otra intención que la «religiosa», no tienen ningún otro propósito sino subrayar - con el género literario «entrevista»-, la tarea del Sucesor de Pedro, maestro de la fe, apóstol del Evangelio, padre y al mismo tiempo hermano universal. En él sólo los cristiano-católicos ven al Vicario de Cristo, pero su testimonio de la verdad y su servicio en la caridad se extienden a todo hombre, como lo demuestra también el indiscutible prestigio que la Santa Sede ha ido adquiriendo en la escena mundial. No hay pueblo que al reconquistar su libertad o su independencia no decida, entre los primeros actos de soberanía, enviar un representante a Roma, ad Petri Sedem. Y esto es debido, mucho antes que a cualquier consideración política, casi a una necesidad de legitimidad «espiritual», de exigencia «moral».

(Texto completo en pdf del libro “Cruzando el umbral de la esperanza” Plaza & Janés Editores S.A.1994,  (traducción de Antonio Urbina) se encuentra en Mercaba.org 

 

Vittorio Messori – Entrevista a Juan Pablo II (1 de 5) Introducción a “Cruzando el umbral de la esperanza”

 (Prólogo completo (cinco posts) escrito por el auto/entrevistador Vittorio Messori)


 UN TELEFONAZO

Siento un especial afecto, naturalmente, por los colegas -periodistas y escritores- que trabajan en la televisión. Por eso, a pesar de repetidas invitaciones, nunca he intentado quitarles su trabajo. Me parece que las palabras, que constituyen la materia prima de nuestro quehacer, tienen consistencia e impacto diferentes si se confían a la «materialidad» del papel impreso o a la inmaterialidad de los signos electrónicos. Sea lo que sea, cada uno es rehén de su propia historia, y la mía, referente a lo que aquí importa, es la de quien ha conocido sólo redacciones de periódicos y editoriales, y no estudios con cámaras de televisión, focos, escenografía. Tranquilícese el lector: no voy a seguir con estas consideraciones más propias de un debate sobre los medios de comunicación, ni deseo castigar a nadie con desahogos autobiográficos. Con lo que he dicho me basta para hacer comprender la sorpresa, unida quizá a una pizca de disgusto, provocada por un telefonazo un día de finales de mayo de 1993. Como cada mañana, al ir hacia mi estudio, me repetía interiormente las palabras de Cicerón: Si apud bibliothecam hortulum habes, nihil deerit. ¿Qué más quieres si tienes una biblioteca que se abre a un pequeño jardín? Era una época especialmente cargada de trabajo; terminada la corrección del borrador de un libro, me había metido en la redacción definitiva de otro. Mientras tanto, había que seguir con las colaboraciones periodísticas de siempre. Actividad, pues, no faltaba. Pero tampoco faltaba el dar gracias a Quien debía darlas, porque me permitía sacar adelante toda esa tarea, día tras día, en el silencio solitario de aquel estudio situado sobre el lago Garda, lejos de cualquier centro importante, político o cultural, e incluso religioso. ¿No fue acaso el nada sospechoso Jacques Maritain, tan querido por Pablo VI, quien, medio en broma, recomendó a todo aquel que quisiera continuar amando y defendiendo el catolicismo que frecuentara poco y de una manera discreta a cierto «mundo católico»? Sin embargo, he aquí que aquel día de primavera, en mi apartado refugio, irrumpió un imprevisto telefonazo: era el director general de la RAI. Dejando sentado que conocía mi poca disponibilidad para los programas televisivos, conocidos los precedentes rechazos, me anunciaba a pesar de todo que me llegaría en breve una propuesta. Y esta vez, aseguraba, «no podría rechazarla».

En los días siguientes se sucedieron varias llamadas «romanas», y el cuadro, un poco alarmante, se fue perfilando: en octubre de aquel 1993 se cumplían quince años del pontificado de Juan Pablo II. Con motivo de tal ocasión, el Santo Padre había aceptado someterse a una entrevista televisiva propuesta por la RAI; hubiera sido absolutamente la primera en la historia del papado, historia en la que, durante tantos siglos, ha sucedido de todo. De todo, pero nunca que un sucesor de Pedro se sentara ante las cámaras de la televisión para responder apresuradamente, durante una hora, a unas preguntas que además quedaban a la completa libertad del entrevistador. Transmitido primero por el principal canal de la televisión italiana en la misma noche del decimoquinto aniversario, el programa sería retransmitido a continuación por las mayores cadenas mundiales. Me preguntaban si estaba decidido a dirigir yo la entrevista, porque era sabido que desde hacía años estaba escribiendo, en libros y artículos, sobre temas religiosos, con esa libertad propia del laico, pero al mismo tiempo con la solidaridad del creyente, que sabe que la Iglesia no ha sido confiada sólo al clero sino a todo bautizado, aunque a cada uno según su nivel y según su obligación. En especial no se había olvidado el vivo debate -aunque tampoco su eficacia pastoral, el positivo impacto en la Iglesia entera, con una difusión masiva en muchas lenguas- suscitado por Informe sobre la fe, libro que publiqué en 1985 y en el que exponía lo hablado durante varios días con el más estrecho colaborador teológico del Papa, el cardenal Joseph Ratzinger, prefecto del antiguo Santo Oficio, ahora Congregación para la Doctrina de la Fe. Entrevista que suponía también una «novedad», y sin precedentes, para una institución que había entrado hacía siglos en la leyenda anticlerical, con frecuencia «negra», por su silencio y secreto, rotos, por primera vez, con aquel libro. Volviendo a 1993, diré solamente, por ahora, que la fase de preparación - llevada con tal discreción que ni una sola noticia llegó a oídos de los periodistas- incluía también un encuentro con Juan Pablo II en Castelgandolfo. Allí, con el debido respeto pero con una franqueza que quizá alarmó a alguno de los presentes -aunque no al amo de casa, manifiestamente complacido de mi filial sencillez-, pude explicar qué intenciones me habían llevado a esbozar un primer esquema de preguntas. Porque, efectivamente, un «Hágalo usted mismo» había sido la única indicación que se me había dado.

UN IMPREVISTO

 El mismo Papa, sin embargo, no había tenido en cuenta el implacable cúmulo de obligaciones que tenía programadas para septiembre, fecha límite para llevar a cabo las tomas y conceder al director y los técnicos el tiempo necesario para «trabajar» el material antes de emitirlo. Ahora me dicen que la agenda de trabajo del Pontílce, aquel mes, ocupaba treinta y seis apretadas páginas escritas en el ordenador. Eran compromisos tan heterogéneos como ineludibles. Además de los viajes a dos diócesis italianas (Arezzo y Asti), antes estaba la visita del emperador del Japón al Pontífice de Roma, y antes estaba la visita a los territorios ex soviéticos de Letonia, Lituania y Estonia, con la necesidad de practicar, al menos un poco, esas difíciles lenguas, deber impuesto al Papa por su propio celo pastoral, su ansia de «hacerse entender» al predicar el Evangelio a todos los pueblos del mundo. En resumen, resultó que a aquellas dos primicias -la nipona y la báltica- no había posibilidad de añadir una tercera, la televisiva. Tanto más cuanto que la buena disposición de Juan Pablo II le había llevado a prometer cuatro horas de tomas, y a conceder al director -el conocido y apreciado cineasta italiano Pupi Avati- la elección de la mejor hora televisiva. Luego todo concluiría en un libro, completando así la intención pastoral y catequística que había inducido al Papa a aceptar el proyecto; pero el cúmulo de trabajo al que me he referido impidió, en el último momento, realizarlo. En cuanto a mí, volví al lago a reflexionar, como de costumbre, sobre los mismos temas de los que hubiera tenido que hablar con el Pontífice, pero en la quietud de mi biblioteca. ¿Acaso Pascal, cuyo retrato vigila el escritorio sobre el que trabajo, no ha escrito: «Todas las contrariedades de los hombres provienen de no saber permanecer tranquilos en su habitación»? Aunque el proyecto en el que había estado envuelto no lo busqué yo, y además, no fue una contrariedad, ¡sólo faltaría! Sin embargo, no quiero ocultar que me había creado algunas dificultades. Sobre todo, y como creyente, me preguntaba si era de verdad oportuno que el Papa concediese entrevistas, y además televisivas. A pesar de su generosa y buena intención, al quedar necesariamente involucrado en el mecanismo implacable de los medios de comunicación, ¿no se arriesgaba a que su voz se confundiese con el caótico ruido de fondo de un mundo que lo banaliza todo, que todo lo convierte en espectáculo, que amontona opiniones contrarias e inacabables parloteos sobre cualquier cosa? ¿Era oportuno que también un Supremo Pontífice de Roma se amoldase al «en mi opinión» en su conversación con un cronista, abandonando el solemne «Nos» en el que resuena la voz del milenario misterio de la Iglesia? Eran preguntas que no sólo no dejé de hacerme, sino también -aunque respetuosamente- de hacer. Más allá de tales cuestiones «de principio», consideré que la competencia que podía yo haber adquirido durante tantos años en la información religiosa, probablemente no bastaba para compensar la desventaja de mi inexperiencia en el medio televisivo, y menos en una ocasión semejante, la más comprometida que pueda imaginarse para un periodista. Pero incluso sobre este punto otras razones se contrapusieron a las mías. En todo caso, la operación «Quince años de papado en TV» no se realizó, y era presumible que, pasada la ocasión del aniversario, no se hablase más de ella. Por lo tanto, podía volver a teclear en mi máquina de escribir y seguir con la debida atención la palabra del Obispo de Roma, pero -como había hecho hasta ese momento- a través de las Acta Apostolicae Sedis.

(Texto completo en pdf del libro “Cruzando el umbral de la esperanza” Plaza & Janés Editores S.A.1994,  (traducción de Antonio Urbina) se encuentra en Mercaba.org 

 

viernes, 13 de marzo de 2026

Líbano - Cristianos y musulmanes en un mismo mundo - reposteo de una entrevista realizada en septiembre 2012

 


Líbano (12 y final) Entrevista exclusiva para este blog - Cristianos y musulmanes en un mismo mundo  - reposteo de  una entrevista realizada en septiembre 2012

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Entrevista exclusiva para este blog - Cristianos y musulmanes en un mismo mundo

 

Ha sido para mí un privilegio poder entrevistar electrónicamente a Abdallah, un católico libanés que vive en Beirut, que gentilmente respondió a mis preguntas.  Conociendo tan poco de nuestros hermanos orientales, sus vidas y sus luchas,  creí oportuno plantear algunas preguntas básicas acerca de su patria, de la sociedad libanesa y la visita del Santo Padre Benedicto XVI.  Agradezco de corazón a Abdallah, que me escribe que fue emocionante poder participar de la Misa del Papa y sentirse bendecido al verlo pasar tan cerquita de él. Mil gracias Abdallah y que Dios te bendiga a ti, a tu familia y a tu patria.

 

Introducción

La historia de la República del Líbano es antiquísima (7000 AC?) una historia multicultural, con un país que comenzó a crecer con la llegada de los fenicios 2000 años AC. El Líbano es un país relativamente pequeño (algo menos de 4 millones de habitantes) con características significativas en cuanto a educación (bajo analfabetismo) y una participación decididamente activa en organizaciones internacionales.

 Entrevista

Mi pregunta:La independencia del Líbano fue reconocida oficialmente en 1943 y los franceses se retiraron del país en 1946.  Pasados unos pocos años ya debieron ustedes enfrentar una guerra civil en 1958.  Las causas de este conflicto fueron internas o externas?

Abdallah: El origen de este conflicto (y similarmente el de 1975/1990)  fue tanto interno como externo. La comunidad musulmana y la cristiana del Libano a menudo sienten que tanto su lealtad como sus orígenes, van mucho más allá de las fronteras del país. Para los musulmanes las políticas intereses e influencias de los países árabes en la península árabe, norte de Africa  y el mundo árabe en general, como así también en Irán son prioritarios.  Además la causa palestina constituye para ellos un tema crucial y fundamental.  Para los cristianos que pueden sentirse aislados religiosa y culturalmente en una región  mayoritariamente musulmana,  consideran sus lazos al mundo occidental como una suerte de salvavidas que los conecta al mundo más afin a sus  creencias y costumbres. Estas quebraduras entre ambas comunidades a menudo derivan en diferencias políticas internas y producen conflictos internos como la crisis de 1958 y la guerra civil libanesa que estalló en 1975.

En el dia a dia como acepta y vive el multiculturalismo la sociedad libanesa en general? (lenguas, grupos étnicos y religiosos diversos)  Conviven pacíficamente cristianos y musulmanes? Y en cuanto a palestinos e israelíes?

Es una pregunta un tanto difícil de responder,  pues históricamente  el Líbano en realidad no ha  demostrado ser capaz de  poner el multiculturalismo en práctica. No obstante, en el día a día la sociedad multicultural del Líbano es el corazón palpitante de la nación.  Todo indica que de hecho son muchas las lenguas,  religiones y orígenes étnicos aceptados y practicados en el territorio de un país pequeño.   El sistema político libanes mismo es como una faceta de esta sociedad multicultural  - alguien podría objetar que esto es más bien un obstáculo.    Pero en la historia del país los peligros al acecho, amenazas y a menudo crisis aparentes surgen de esta dificultad de imponer un enfoque multicultural en una sociedad  dividida en múltiples niveles.  Las comunidades musulmanas y cristianas, como asimismo la población palestina del Líbano han coexistido pacíficamente desde el fin de la guerra civil en 1990, pero tal como ya mencionara, las divisiones son profundas y serias y cualquier crisis mayor podría afectar el delicado equilibrio de la sociedad libanesa.   Además el hecho de que a veces las relaciones  entre comunidades tanto a nivel individual como comunitario son limitadas no facilita las cosas.

La diáspora libanesa, como toda otra diáspora, fue una dura prueba para el Líbano.  Como respondió la sociedad en general a esta nueva composición del país, con tantos libaneses emigrados  y nuevos inmigrados de países vecinos?

El Líbano está acostumbrado a olas de emigración que han plagado el país en todo  momento crítico de la historia. Durante la primera guerra mundial una gran cantidad de ciudadanos buscaron refugio en las Américas, Europa y Australia.  Lo  mismo ocurrió durante los 70 y los 80 del siglo pasado.  Estos movimientos afectaron enormemente la composición demográfica del país causando temor particularmente entre los cristianos que sienten que van disminuyendo demográficamente, y consecuentemente la balanza política se va  inclinando a favor de los musulmanes.

Tu también habías emigrado y luego decidido regresar. Podemos preguntarte por la razón de tu vuelta?

Yo partí del Líbano hacia Gran Bretaña y viví allí casi 5 años antes de decidirme a regresar a comienzos de este año.  Yo sabía entonces que mi estadía en Gran Bretaña seria temporaria porque mis padres viven en el Líbano y que en algún momento me necesitarían tener a su lado. Mi esposa es británica y una de las razones de haber dejado el Líbano era para comprender y vivenciar  la cultura y el origen de mi esposa.

El Líbano es un país con comunidades católicas de diferentes denominaciones.  De alguna manera todos están unidos? Cuáles son las diferencias? Todas unidas a Roma?  La Iglesia católica organiza reuniones ecuménicas con ogros grupos cristianos? Y con los musulmanes?

Lo que une a las comunidades católicas de diferentes denominaciones en el Líbano es justamente Roma misma. Roma es referencia y fuente. Las diferencias son mayormente litúrgicas y también tradicionales referidas a los orígenes de la iglesia cristiana oriental de estas denominaciones. Pero estas diferencias son mínimas comparadas con la importancia que estamos todos unidos a la Iglesia Universal. Hay muchas actividades ecuménicas en el Líbano, pero yo diría que no son significativas y están menos dirigidas hacia las relaciones cristiano-musulmanas comparadas con las relaciones entre cristianos  especialmente entre católicos y cristianos ortodoxos.

El Papa Benedicto visito el Líbano en momentos muy delicados y su llamado a la paz ha sido uno de sus mensajes más fuertes.  Crees que este sincero deseo de paz y reconciliación puede llegar a algún tipo de compromiso en la región en un futuro cercano?

Es difícil de predecir. Pero el Papa ha propuesto el mensaje fiel al papel de la Iglesia  como “la luz del mundo” y depende de cada comunidad  y país poner en práctica su llamado a la paz y la reconciliación.

Como fue recibido el Santo Padre por la sociedad libanesa en general, cristianos y musulmanes?

El Líbano le dio una bienvenida cordial y muy respetuosa al Papa Benedicto XVI. Tanto líderes cristianos como musulmanes lo recibieron como un mensajero de paz para toda la región. El Papa también se entrevistó con líderes religiosos musulmanes durante su visita. Uno de ellos entrego al Papa una carta en la cual expresaba que los musulmanes del Líbano apoyan ese llamado del Papa por una convivencia pacífica en el Líbano y en la región.

Como vivieron los católicos y el resto de la sociedad esta visita? Compartirías con nosotros alguna anécdota especial?

Creo que un aspecto muy importante de la visita del papa fue el entusiasmo de tantos hombres y mujeres jóvenes que  expresaron su amor y aprecio al Santo Padre durante la ceremonia de los jóvenes el Sábado por la noche y en la Misa al aire libre del Domingo. Fue muy emocionante ver participar de la ceremonia a cristianos de Irak, Siria y Jordania.

Las fotos y eslogans de bienvenida al Papa adornaron las calles de la capital Beirut y alrededores durante semanas reflejando una ansiosa espera, entusiasmo y calidez.

Tus reflexiones finales acerca de esta visita apostólica del Papa Benedicto XVI?

Como católico considero esta visita como un don de Dios y como un signo que la Iglesia Universal es una madre que cuida a todos sus hijos dondequiera que estén en el mundo.  Tuve la gracia de poder participar de la Misa Papal el domingo.  No puedo menos que orar para que todos los cristianos de medio Oriente se sientan alentados e iluminados por la Exhortación Apostólica para el Medio Oriente firmada por el Papa Benedicto XVI en el Líbano y por cada palabra que pronunció durante su visita.

Abdallah nuevamente sinceras gracias por tomarte el tiempo para esta entrevista. Es para mí un verdadero privilegio tener un amigo allí en el corazón mismo del Libano.

(Al poco tiempo perdimos contacto con Abdallah y no hemos logrado volver a contactarnos) 

 

martes, 9 de diciembre de 2025

Andrzej Mikulski, diseñador del Centro Juan Pablo II de Cracovia: Entrevista exclusiva para este blog (2 de 2)

Andrzej Mikulski, diseñador del Centro Juan Pablo II de Cracovia: Entrevista exclusiva para este blog (2 de 2)

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12 ¿Contó usted con  apoyo de otros arquitectos en el proyecto?
 

Empecé solo, posteriormente, para colaborar en el proyecto urbano, mi colega arquitecto, Zbigniew Konopacki-Maciuk, colaboró ​​significativamente en la preparación técnica de la propuesta para el concurso, las visualizaciones y las animaciones. Tras varios meses, se unieron otros colegas arquitectos (Tomasz Moskal, Andrzej Jabłoński, Stanisław Markowski, Katarzyna Sepielak, pero también otros colegas arquitectos) y, tiempo después, y con mucha frecuencia, también participaron colegas arquitectos jóvenes muy talentosos (entre ellos, los talentosos y dedicados Maciej Faber, Selena Guzik, Marcin Szymański, Wojciech Cichoń, entre otros muchos colaboradores todos talentosos y hábiles). A medida que el proyecto se desarrollaba, el equipo creció y, en 2012, trabajamos en un grupo de más de 15 colegas arquitectos y colaboradores, además de varios grupos de ingenieros (con los ingenieros estructurales Bartłomiej Zdziech y Jarosław Jasiński, el ingeniero de climatización Grzegorz Ojczyk y el ingeniero eléctrico Bogdan Dziedziak). Es difícil mencionar a todas las personas que participaron en las distintas etapas del proyecto y en los distintos campos del diseño. Estoy muy agradecido por el trabajo y la dedicación de cada uno y recuerdo el trabajo realizado por cada una de ellos. Pienso también en todas las personas responsables dedicadas a la construcción en las distintas etapas de la construcción y la terminación de los edificios. Les estoy muy agradecido a todos ellos, cuyo trabajo, dedicación y compromiso fueron muy especiales y únicos. Contar las historias de estas personas requeriría una larga presentación adicional.

13 Las obras comenzaron en octubre de 2008. ¿Acompañó usted el proceso de construcción de esa "pequeña ciudad" en todo momento?

Sí, desde 2008 hasta 2012, y posteriormente también hasta 2016, cuando se estaba construyendo la elevación del edificio FIDES, hubo  necesidad constante de supervisar la construcción del Santuario y acompañar el proceso de construcción del pequeño pueblo cuando iba apareciendo.  Tantos cambios durante la obra, respondiendo a las necesidades cambiantes, trabajando en estrecha colaboración con contratistas y artesanos para alcanzar los resultados deseados... fue un proceso interesante y largo, que duró toda la construcción del edificio

 


(En el edificio del Museo (edificio FIDES) durante la supervisión de los trabajos.  Autor de la fotografía Wojciech Cichoń)

14 La historia nos ha brindado una amplia gama de estilos arquitectónicos diferentes. ¿Cree usted que los estilos responden a los tiempos, se adaptan o buscan diferenciarse?

Es una pregunta muy filosófica. No sé si sé cómo responder... Supongo que en cada siglo, en cada época, las personas, con ciertas herramientas, ciertas habilidades, ciertas tradiciones como utilizarlas,  se esforzaron por usarlas lo mejor posible y, al mismo tiempo, querían implementar algo nuevo, algo fresco, algo que fuera "suyo". A menudo, la pregunta era cómo usar lo antiguo (técnicas, materiales) de una manera nueva, técnica o formalmente, pero al mismo tiempo, sin negar el pasado ni lo que merecía respeto como obra de sus maestros y padres. También llegó una época en la que, ideológicamente, se decidió que todo lo que existía antes debía considerarse inútil o descartarse. Y después llegó un momento en que nos dimos cuenta de que esto no estaba bien, y volvimos a recurrir al pasado, a las antiguas técnicas, formas, habilidades, a lo que una vez fue posible, lo admiramos otra vez,  pero aún queremos hacerlo de una manera nueva, a nuestra manera, tratando que sea mejor o al menos no peor. Y así se crea una cierta plenitud, una cierta armonía, que se describe con la palabra "estilo". Creo que este tipo de pensamiento se acerca a lo que me gusta en la búsqueda, y es inspirador.

 

15 Aunque usted no sigue una línea específica, su proyecto tiene cierto aire bizantino. ¿Quizás un intento de encontrar un punto de encuentro entre Occidente y Oriente? ¿Buscando el recuerdo y la solemnidad de las ceremonias antiguas? ¿Respirando "con dos pulmones del mismo cuerpo" de Juan Pablo II?

La atmósfera de la pregunta es indudablemente  muy inspiradora. Por cierto el objetivo  sería crear un espacio que no fuera estéticamente "occidental" ni "oriental", ese sería un objetivo, pero como operamos en el espíritu de  asociaciones históricas (y las palabras conllevan ciertas asociaciones), nunca se puede romper con ellas por completo. Muy a menudo y para comprender mejor, es importante determinar  si una palabra  conlleva una asociación valiosa, para quién la conlleva, para quién no y cuál es la razón. . Al construir una iglesia, un templo cristiano, uno querría evocar un espacio mítico y arcaico. La forma central del espacio es, sin duda, de este tipo,  contiene un elemento sagrado (después de todo, incluso la Torre de Babel, tal como se la representaba en las pinturas, era de forma redonda, al igual que las pirámides primitivas, los túmulos y templos prehistóricos),  aún visible en las formas de iglesias y templos de los primeros siglos (no solo en los conocidos edificios bizantinos, sino también en los armenios, georgianos y, por supuesto, también en algunas zonas de Europa occidental). Pero este arquetipo es quizás el que mejor refleja la arquitectura que asociamos con la bizantina. Y evoca también aquellos tiempos en que la iglesia no estaba claramente definida y dividida por las tradiciones occidental y oriental (teniendo en cuenta también el nivel estético de la división, mientras que hoy asociamos inmediatamente cómo debería verse una iglesia católica y cómo debería verse una iglesia ortodoxa).  La creación de una arquitectura que remite a la época anterior a la división de la Iglesia nos remonta indudablemente a los tiempos del primer milenio del cristianismo, y al mismo tiempo a la época de los inicios del cristianismo en tierras polacas, y estas asociaciones no son casuales.

16 Quien es San Juan Pablo II para usted?

Pertenezco a la generación que vivió durante la época que Juan Pablo II fue Papa, durante todos los años de su pontificado, que vivió los tiempos de Juan Pablo II. Se convirtió en Papa cuando éramos niños, y siempre lo fue: en la primaria, en el secundario, luego cuando estudiábamos, y en los primeros años de la vida adulta y durante los primeros desafíos de la edad adulta. Era como vivir en el aire  la presencia de Juan Pablo II... pero normalmente no pensamos en el aire, en su calidad, ni en lo que realmente es cuando lo respiramos; la reflexión más profunda llega quizás más tarde, cuando ya no está…... Y después de su muerte en 2005 hasta ahora (y diría que es un proceso continuo), es el tiempo de reflexionar sobre Juan Pablo II: su vida, personalidad, santidad, fe, qué lo inspiró, por qué y con qué profundidad, y a veces quizás  se nos presenta el momento de preguntarnos por qué estaba tan profundamente motivado y qué lo motivó tanto. No es realmente por humildad, pero no creo haber merecido llegar a ser el responsable de diseñar el Centro y el Santuario de Su nombre, pero considero que probablemente era el momento de empezar a pensar más a menudo en Él, en Su vida, y en los varios momentos de Su vida (algunos muy duros, otros muy penosos, algunos muy milagrosos, otros exigentes, otros… muy desafiantes) y cómo vivió esa vida, cómo la transitó.. No sé todavía si ya he aprendido bien esta lección y lo dudo, pero agradezco que debido al trabajo con el Santuario de Su nombre comencé a pensar en ello, a mirarlo probablemente más a menudo que si no estuviera involucrado en el proyecto... Hay diferentes momentos en la vida, y en cada uno de ellos hay otros pensamientos que se presentan más urgentes e importantes... pero  pienso cómo hacía para mayormente escuchar a la gente en lugar de hablarles,  cómo podía orar constantemente estando tan ocupado al mismo tiempo,  qué gran uso haría del tiempo de su vida, cómo podía conocer a tanta gente y estar tan cerca de Dios al mismo tiempo sin distraerse y cómo sabía enfocarse en un mar de temas, asuntos importantes y en lo que otros querían de Él, cómo entendía el amor práctico en Su vida en todas las direcciones. Todas estas preguntas, y otras más, aparecen a menudo, y espero sigan aparecindo constantemente, y descifrarlas es, y ojalá sea, una aventura... y espero ir acercándome a las respuestas, paso a paso, también observando cómo vivió la vida Él.

17 Entiendo que al artista del mosaico Marko Ivan Rupnik se le dio total libertad en dotar con su obra – un espíritu bizantino/románico? -  el  interior del Santuario. Al artista Rupnik lo eligió o sugirió usted? 

En mi opinión, los mosaicos del Centro Aletti, o el arte de Marko Rupnik, no representan el espíritu bizantino o  románico... Desde el principio, imaginé que la decoración de las paredes interiores de la iglesia se haría de una manera completamente diferente,   para ser más coherente con la arquitectura, más elaborada en cuanto al dibujo de figuras y formas, más sutil en cuanto a colores, mas ... probablemente sea  tema para completamente otra historia. Me gustaría que tuviera al menos el mismo nivel de elaboración que tiene la arquitectura, realizada con hermosos dibujos, figuras de santos, de una manera mucho más contemplativa, también con una composición más pensativa, reflexiva,  pero es difícil describir en pocas palabras cómo luciría la decoración de las paredes en otra versión. Desde el principio, deseé que Alexander Kornoukhov creara la decoración de los muros de la iglesia (el gran maestro ruso que inició la capilla Redemptoris Mater en el Vaticano y cuya Jerusalén Celestial, en el muro oriental de la capilla, ha sobrevivido a la dramática historia de la decoración y posterior demolición). No se me pidió opinión al elegir al artista (o a la empresa) que decoraría los muros. Sin embargo, recientemente ocurrió un milagro: Alexander Kornoukhov realizó un mosaico de la Madre de Dios en el muro exterior del campanario del Santuario, y me alegra ver su belleza y su armoniosa conexión con la arquitectura cada vez que paso por allí.

18 La inauguración de todo el Centro Juan Pablo II es muy reciente. Están terminados todos los trabajos? 

La construcción de los edificios ya está terminada, aunque algunos (3) aún no se han erigido. Después de 2016, el objetivo fue decorar algunos interiores y algunas capillas, incorporar algunos elementos a los interiores y también crear un parque entre los dos santuarios, que tuvo que rehacerse debido a la construcción del pasaje subterráneo entre ambos santuarios y creo,  en primer lugar, convertir el Santuario Juan Pablo II no solo en un monumento de piedra y ladrillo,  sino en un lugar vivo y poblado por gente que acude constantemente, principalmente para orar, reunirse y organizarse en diversas actividades eclesiásticas. Si las necesidades futuras requirieran la construcción o creación de otros edificios que fueron planeados,  o crear nuevos espacios acorde a las necesidades,  estaré encantado en participar.

 

(Foto de la etapa avanzada de la construcción . De izquierda a derecha con colaboradores: Maciej Faber, el diseñador, Tomasz Moskal, Selena Guzik.)


19 Usted ha hecho un gran trabajo.  Ha recibido reconocimientos oficiales agradeciendo, premiando su obra?

Agradezco su  estimación del proyecto del Santuario de Juan Pablo II. Para mí, personalmente, el mayor reconocimiento y la mayor satisfacción fue la oportunidad de encargarme de la creación de otras dos iglesias en nuestra archidiócesis; con ello quedó demostrado que había quienes  apreciaban el trabajo hecho en el Santuario de Juan Pablo II en Cracovia y pidieron colaborara con las iglesias en sus parroquias.

20 completado este proyecto, ha encarado o está encarando usted algún otra de semejante magnitud? Diseño eclesial o urbano?

Desde 2018, trabajamos y seguimos trabajando en otros dos proyectos eclesiásticos diferentes.  Cada uno representa un gran reto y también una alegría poder crear un nuevo espacio parroquial eclesiástico. Uno de ellos, iniciado en 2018, se encuentra en las afueras de la ciudad de Nowy Sącz y es el complejo parroquial de San Juan Bautista. El otro se trata de la iglesia parroquial dedicada al beato cardenal Wyszyński, que se está construyendo en Ochotnica Dolna, un hermoso pueblo en las montañas. Ambos proyectos (aunque el segundo consiste tan solo de un edificio: una iglesia) son proyectos urbanos. En el caso de ambos,  la experiencia adquirida durante el diseño y la construcción del Santuario de Juan Pablo II resultó muy provechosa; ambos representan un gran desafío y estrés durante su construcción y creación, pero espero y me atrevo a  desear fervientemente  que ambos serán una fuente de alegría para quienes los utilicen.

Muchas gracias señor arquitecto Andrzej Mikulski por esta entrevista, un verdadero privilegio para este blog en honor a San Juan Pablo II.

Andrzej Mikulski, diseñador del Centro Juan Pablo II de Cracovia - Entrevista exclusiva para este blog (1 de 2)

Esta entrevista es la sorpresa que tenía preparada,  y que surgió en base a algunas dudas que se me presentaron después de haber leído lo publicado,  cuando escribí la  Historia del Santuario y del Centro San Juan Pablo II de Cracovia.   Debido al exceso de trabajo en la oficina del arquitecto debí esperar un tiempo prolongado, pero aquí esta y le estoy enormemente agradecida por este privilegio tan especial para este blog. Invito también leer la interesante entrevista (completa – algo ya publique) que le realizara Paul Piątak, con muchas fotografías de la obra en construcción.   

 Mil gracias señor arquitecto Andrzej Mikulski!! 

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El 18 de mayo de 2007 se presentó en el Centro Juan Pablo II de Cracovia el reglamento para el concurso de diseño del  nuevo Centro  “Casa de Juan Pablo II”. Las instalaciones a construir debían incluir: una capilla, lugar de meditación y oración, centro de conferencias con auditorios, centro de retiros con alojamiento para participantes y apartamentos de servicio, un museo testimoniando vida y  enseñanzas de Juan Pablo II, espacios para exposiciones temporales, biblioteca, salas de lectura, archivo de documentación y laboratorios de investigación y otros.  Se solicitaba a los postulantes diseñar las instalaciones más importantes y determinar cómo se desarrollarían las aéreas restantes. Recuerdo mi post que habla del primer llamado a concurso, adjudicación vacante, con tres premiados.  

Entrevista al Arquitecto Andrzej Mikulski


(
Fotografía con el padre Kabzinski, entonces director del Centro Juan Pablo II y director del proceso de construcción. La fotografía es del año 2008. El diseñador Andrzej Mikulski tenia  entonces  33 años.)   

1 Pregunta: Tratándose de un concurso internacional la Asociación de Arquitectos Polacos (SARP),  que había invitado a participar a arquitectos de todo el mundo, expreso su asombro y decepción por la poca participación. Cuál cree usted fue el motivo,  aunque ellos reconocieron que se trataba de una tarea difícil?

Responde Arq. Mikulski  Es bastante difícil emitir una opinión sobre la cantidad de participantes de todo el mundo... Solo puedo suponer que la baja participación quizás se debió a la forma en que había sido publicitado o anunciado por SARP, o tal vez la duda  que los proyectos efectivamente se realizarían,  o  al  hecho de estar localizado en Europa del Este, que nunca fue un foco de atención atractivo para  empresas de arquitectura occidentales.

2 Aunque el Jurado destacó que las obras objeto de distinción en el primer concurso eran muy interesantes advirtió  que    “los autores de los diseños no lograron comunicar de  la manera esperada las ideas y el simbolismo relacionados con el Centro Juan Pablo II” por lo cual se procedió a un segundo concurso, esta vez “cerrado”.  Porque cerrado?

Hubiera sido una buena pregunta para plantearle entonces al Centro Juan Pablo II: "¡No tengan miedo!", por qué prefirieron la fórmula cerrada para el segundo concurso. Puedo suponer que si quedaron decepcionados con los resultados, y quizás en cierta medida con las preferencias arquitectónicas del jurado, decidieran hacerlo “por su cuenta”, sin esa ayuda, que no había resultado  suficiente para que el Centro encontrara el proyecto deseado y buscado.

3 Usted no se presentó al primer llamado a concurso internacional   y tampoco lo hizo Kiko Arguello? (pero ambos se postularon al segundo llamado) Porque?

No sé por qué Kiko Argüello no presentó su proyecto al primer concurso ni estoy seguro si participa (participan)  en concursos abiertos,  como tampoco sé si participó en el segundo. Personalmente, lamenté mucho no haber podido completar el proyecto (mi equipo y yo) antes de la fecha límite del primer concurso (por supuesto, entonces no se sabía si habría una segunda oportunidad). Esto se debió a proyectos muy urgentes en nuestra oficina que debían terminarse para el otoño de 2007, y nos era imposible comprometernos con otro proyecto tan  exigente y de tanta responsabilidad  - y que requeriría mucho trabajo adicional - en paralelo.

4 Que paso en ese corto lapso de tiempo del primer llamado de 2007  y el segundo en octubre? Y porque su diseño fue presentado a la prensa recién en marzo 2008?

No estoy seguro de haber entendido bien la pregunta. Entre la primera convocatoria de 2007 y la segunda de octubre, se desarrolló todo el proceso del primer llamado.  Si mal no recuerdo, podría haber sido en octubre, o quizás en noviembre, por cierto  después de los resultados de la primera convocatoria, fue cuando recibí una llamada telefónica pidiéndome que preparara el proyecto para el llamado "concurso cerrado" (licitación cerrada,  concurso restringido). No me dijeron a quién más se le había encomendado preparar el proyecto, pero sí me informaron que participarían otros equipos en esta  convocatoria. No hubo promesas, solo una escueta información de "hazlo bajo tu propio riesgo", por tu propia voluntad, si quieres.

La información que el cliente prefería mi proyecto,  y que había sido seleccionado inicialmente,  la recibí a finales de enero de 2008, sabiendo que al mismo tiempo se les había informado a los demás equipos participantes (no sé cuáles)  que no serían seleccionados. El cliente me pidió que hiciera pequeños cambios secundarios en el proyecto (sin cambiar la idea del proyecto, se contemplarían ambas versiones) para la conferencia de prensa que, según recuerdo, se celebró el 1 de abril de 2008 en la oficina de Centro Juan Pablo II, que en ese momento estaban localizadas en la calle Kanonicza 18.

5 Al ser elegido usted ganador en ese 2do concurso,  el Consejo de  Administración de SARP  expreso su descontento. Cual fue el motivo?

Por qué? Sería una buena pregunta para SARP. Si mal no recuerdo, escribieron su declaración en su revista. (en este enlace de mi blog se encuentra el intercambio de correspondencia, que fue publicado antes de solicitar esta entrevista)  

6 Usted no oculta su admiración por el arquitecto polaco Stanisław Niemczyk. Se considera su discípulo, admirador, colega, colaborador?  

Definitivamente no un colega,  más bien un discípulo admirador;  sin embargo  tuve oportunidad de colaborar con Stanisław Niemczyk en algunos proyectos. El más importante fue en 2018-2019, para el interior del Templo de la Divina Providencia en Varsovia.  En los años  2007/2008 a su vez fui discípulo, admirador y también colaborador en unos pocos proyectos en pequeña escala.

7. Que características especiales posee el estilo arquitectónico de Niemczyk, arquitecto que expresó “en nuestra profesión no podemos contentarnos meramente con aprender formulas pre-hechas – debemos aprender a pensar!

Hablar de la arquitectura de Stanisław Niemczyk puede ser  fácil, pero a su vez una tarea difícil, si pretendemos describirla a fondo. Hay quienes lo llaman el "Gaudí de Polonia",  definitivamente el  poseía su forma muy propia de pensar; la citada expresión intenta describir el valor de su arquitectura, no solo para la Polonia contemporánea, sino para todo el mundo. Diría que su arquitectura se enfoca en ver  la presencia de la persona humana en el espacio arquitectónico, también en su presencia durante la fase de construcción del edificio y en el funcionamiento y la sensación de los espacios arquitectónicos diseñados por él.. Se sentía profundamente comprometido con el uso de la escala humana en sus proyectos, le encantaba colaborar con auténticos artesanos siempre que fuera posible, se centraba en  materiales naturales,  era una persona muy sensible al contexto de cada nuevo edificio y al diseño que se le encomendaba En su arquitectura religiosa y eclesiástica, se sentía muy libre en la búsqueda de diferentes inspiraciones arcaicas, buscando maneras de vincularlas con las tradiciones locales con un enfoque contemporáneo, fresco y creativo, en el uso de la piedra y el ladrillo para finalmente crear espacios extraordinariamente únicos y hermosos. Sin duda diría que su arquitectura es el arte de pensar sabiamente. 

8. Wrana y Wrana en su estudio acerca del Centro JPII hablan del desafío que significó la obra desde el punto de vista constructivo.  Cual fue su desafío desde lo arquitectónico?  Está satisfecho con lo logrado? Cambiaria algo?

Es importante destacar que toda la estructura de hormigón del Santuario de Juan Pablo II fue diseñada (en estrecha colaboración con el departamento de arquitectura y constantes e inagotables modificaciones para lograr el objetivo y la minuciosa elaboración de detalles) por los ingenieros Bartłomiej Zdziech y Jarosław Jasiński. El profesor Bogumił Wrana (con respeto hacia él) fue responsable únicamente de la cimentación del edificio. Comparando la complejidad de la ingeniería estructural de la estructura de hormigón de todo el complejo (diseñada por Zdziech y Jasiński), la cimentación de la losa (sobre pilotes CFA), ejecutada por empresas contratistas especializadas, con la colaboración del profesor Wrana, fue una operación de ingeniería importante, pero secundaria, dado el tipo de terrenos y cimentaciones.

¿Cuál fue el reto desde el punto de vista arquitectónico? El desafío residió en cómo configurar la forma urbana del complejo de edificios: si debía ser un único edificio (un complejo de funciones bajo un mismo techo, como un modelo de centro comercial multifuncional) o  debía tener  más bien una forma de ciudad compuesta por edificios separados. La decisión fue crear una estructura urbana con sus calles estrechas, plazas, agradables espacios al aire libre para peatones, con lugares de encuentro, donde la gente pudiera charlar, caminar, pasear, rezar, pensar, meditar y sentirse como en el antiguo paisaje urbano, imagen arcaica y signo de la historia y del paso del tiempo, evocando el pasado y las raíces de la presencia, que pudiera  suscitar o evocar preguntas como "¿recordamos de dónde venimos?", "¿quiénes somos ahora?", "¿hacia dónde nos dirigimos entonces?"...

(En la Iglesia inferior durante las obras de acabado del pavimento… probablemente año 2010. Autor de la fotografía Stanisław Markowski.)


 (Cuando se estaba instalando la cruz de la torre, el diseñador con  uno de sus colaboradores, Wojciech Cichoń,  en la cima de la torre)


9 En la entrevista que le realizara Paweł Pięciak publicada en Architektura Betonowa usted  dijo que  la obra debía ser como una pequeña ciudad donde a la gente le gustara reunirse y pasar allí un tiempo,  Cree que está cumpliendo esa función?

Me alegra haber tenido la oportunidad, junto con todo el equipo, de diseñar una forma urbana que se asemeja a una ciudad,  confiando  evocar  emociones que surgen al hacer uso del espacio urbano: la sensación de estar entre los edificios y no dentro de un solo objeto. Estar en espacios exteriores, simulando calles, da una sensación de libertad y, al mismo tiempo, de comodidad, brindando la oportunidad de conocer a otras personas y, al mismo tiempo, sentirse psicológicamente resguardado en el espacio limitado a escala humana,  una ciudad en pequeña escala,  una escala similar a la de la época antigua o quizás paleocristiana, construida con materiales naturales como ladrillo (tierra) y piedra (roca).

10. En esa misma entrevista usted declara simpatía por el hormigón, que a simple vista podría considerarse algo frio y estático y sin embargo usted no lo ve asi. Su  uso, o su destino depende de la creatividad del artista o del profesionalismo del proveedor?   

El hormigón es un material similar a la piedra natural (compuesto en parte por piedras, como la arenisca), que incluso podría considerarse una piedra hecha por el hombre.  En edificios modernos, el uso del hormigón - especialmente el hormigón armado -  es fundamental debido a su valor funcional en columnas, losas y otros elementos estructurales que, gracias a su refuerzo, puede soportar cargas ilimitadas o cubrir espacios muy amplios. La pregunta no sería si debe usarse, sino cómo usarlo para que tenga una apariencia más humana (pues se utiliza en espacios diseñados para el ser humano). Y descubrimos (como muchos otros) que el hormigón puede moldearse en el encofrado, podemos darle formas específicas a las columnas, losas y bóvedas, para que su aspecto sea más amigable a la percepción humana,  que las formas parezcan más estéticas,   más elaboradas.. Llegamos a la conclusión  que no es bueno copiar el pasado, sino construir sobre la experiencia pasada en términos de construcción de formas arquitectónicas (columnas, espacios, bóvedas). Y creo que aún se está por descubrir la diversidad  de formas y espacios armoniosos que pueden hacerse con hormigón arquitectónico. Las  posibilidades, en términos de creatividad y en cuanto a su suministro o aplicación, siguen siendo una fuente inagotable de posibilidades.

 


(Fotografía muy querida por el diseñador. De izquierda a derecha: Andrzej Ostachowski (director  de la compañía contratista Pollbau), Andrzej Mirek (director de construcción Polbau) el diseñador Andrzej Mikulski,  y Andrzej Duda (dueño y autoridad máxima de la compañía constructora Polbau, gran benefactor del Santuario,  ya fallecido, persona de gran corazón y generosa con la obra y el Santuario.) 
 

11 Allí, en esa entrevista,  usted también comenta que no se siente inclinado a dar ciertas "formas" a la arquitectura de una iglesia, que no debería parecer una "forma interesante". ¿Qué opina entonces de Arka Pana cuya estructura se asemeja a un barco con mástil? ¿O podría esa iglesia, debido al fuerte simbolismo que representaba en aquel entonces, considerarse una excepción?
 

Quiero decir que, personalmente, prefiero la composición arquitectónica de forma y espacio a la idea de construir una escultura o una forma simil-escultura para ser observada desde el exterior. Podría llamársele un enfoque tradicional, pero creo que es la forma básica, primigenia de construir, que  lo más importante es crear un espacio para estar dentro,  en lugar de crear un objeto similar a una escultura que, metafórica o poéticamente, sea algo más que un simple edificio. No quiero decir que el simbolismo no sea importante en la interpretación del edificio; puede desempeñar un papel importante como pretexto para construir, especialmente espacio interior. Pero lo simbólico siempre debe estar al servicio del espacio y, en este sentido, debe ser discreto, mesurado.  El simbolismo es como una narrativa discreta y sutil por descubrir, más que una historia que debo escuchar una y otra vez cada vez que entro en un espacio (sagrado). Cuando es reiterativo, puede volverse aburrido, como la misma historia repetida una y otra vez, o peor aún, como el mismo chiste repetido una y otra vez. El simbolismo debe ser descifrable, pero el espacio debe ser bello independientemente del simbolismo o la narrativa que se convirtió en el pretexto para construir la forma arquitectónica.