Llamados a ser santos

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“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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domingo, 29 de enero de 2012

Jerzy Popieluszko Misas por la patria – recuerdos de Jean Offredo (2 de 4)

El camino de su cruz

“Cuando algunos le recomiendan cuidarse, tanto más a causa de su salud frágil, carcomida desde muchos meses atrás por la enfermedad, tanto más trabaja Jerzy, como si supiera que, de todos modos, no tiene nada que perder. El mismo lo decía: “Sí, a veces estoy fatigado. Me falta tiempo para servir a todos. Jamás tengo tiempo libre para mí mismo. Pero no siento ningún desánimo. Ya no podría limitar más mi acción pastoral a los confines de mi iglesia, por más que tantos “consejeros” me digan que un verdadero sacerdote polaco no debe abandonar los límites de su iglesia. Seguiré junto a los obreros tanto tiempo como pueda”.

Hasta último momento, hasta el momento en que los culpables confesaron, todos los que conocían a Jerzy Popieluszko seguían esperando. Y se preguntaban: pero, porque?

Para el poder del general Jaruzelski, esa muerte es una bofetada. Es el reconocimietno de que no controla a todas las fuerzas policiales, que, aprovechándose del estado de guerra y sus consecuencias, han constituido sus imperios particulares.

Para la Iglesia polaca, la muerte de Jerzy Popieluszko es una dura prueba. Todos los esfuerzos del cardenal Glemp por la moderación y la negociación son cada vez más controvertidos.

Para Solidaridad, el pare Popieluszko, fiel sostén moral y espiritual, ya es un mártir. Lech Walesa ha exhortado a sus amigos a la calma. Paradoja de la situación polaca: él, un simple particular a los ojos del gobierno, es quien junto con Solidaridad, un sindicato que oficialmente ya no existe, acude en ayuda del poder en apuros.

¿Quién entonces, gobierna en Varsovia? Hoy (* se plantea más que nunca esta pregunta brutal. Se planteará mientras el pueblo polaco, como todo otro pueblo que vive una situación similar, no pueda elegir libremente su destino.

Con motivo de las exequias de Jerzy Popieluszko, el sábado 3 de noviembre, gran número de leales a Solidaridad se congregaron en la iglesia de San Estanislao. El primado de Polonia cedió al pedido de los amigos de Jerzy, quien así recibió sepultura en el jardín cercano a su iglesia, tierra que ya es sitio de peregrinación. Las quinientas mil personas que asistieron a esa inhumación, con las banderas de Solidaridad y otras insignias al frente, tenían lágrimas en los ojos y apretaban los puños.

Multitud impresionante por su calma y su dignidad. “San Jorge, tu nos ayudarás a vencer al dragón rojo”, se leía en algún cartel. Alusión, desde luego, a la alegoría de San Jorge – Jerzy en polaco – que derrota al monstruo y es venerado desde entonces en todos los altares; esperanza de que también, algún día, sea beatificado Jerzy Popieluszko, pues el camino de su vida fue el de la rectitud y el de una fe profunda.

Jerzy Popieluszko murió atrozmente torturado y humillado en su carne. Cobarde crimen que jamás será olvidado.

Te mataron Jerzy, pero siempre sigues vivo.

Eras un hombre enamorado de la verdad.

Hicieron de ti un mártir de la libertad.

Peor para ellos.

Adiós, Jerzy.”

Jerzy Popieluszko: EL CAMINO DE MI CRUZ Misas en Varsovia - Jean Offredo, Editorial Atlántida, Buenos Aires, 1985


(*) tener en cuenta que el original del libro fue escrito inmediatamente después del asesinato de Popieluszko

viernes, 27 de enero de 2012

Jerzy Popieluszko Misas por la patria – recuerdos de Jean Offredo (1 de 4)

Recuerdos de Jean Offredo  (1 de 4)


“En Polonia es antigua la tradición de las “misas por la Patria”. Sobre todo en el siglo pasado, cuando Polonia era una “Nación sin Estado” y la Iglesia el último baluarte de la libertad y el último refugio de la condición polaca. La tradición sobrevivió, muy a menudo con un carácter clandestino, pues bajo la apariencia de las “plegarias” había también llamamientos a la lucha por la independencia del pueblo polaco.   Esa tradición fue vivida abiertamente durante un verano polaco en que recibió, si asì puede decirse, la bendición del papa Juan Pablo II, cuando proclamó en Cracovia el 10 de junio de 1979, en el curso de su primer viaje pontificio a Polonia: “Os ruego asumir toda esa herencia espiritual que lleva el nombre de Polonia: no dudar jamás, no desfallecer jamás, no renunciar jamás”.


Fue todo ello lo que condujo a monseñor Teofil Bogucki (*), cura de San Estanislao Kostka, a organizar desde octubre de 1980 en adelante, el último domingo de cada mes, una “misa por la Patria”. Iniciativa calurosamente recibida no sólo por los parroquianos habituales, sino también por toda la Polonia solidaria. Proclamado el estado de guerra, el padre Bogucki, confió a su joven vicario Jerzy Popieluszko la misión de animar estas misas, que adquirirían, sin duda alguna otra dimensión. Cada mes el padre Popieluszko, ayudado por sus amigos de la parroquia y la acería ofició pues esa “misa por la Patria. No sólo pronunciaba la homilía, sino que él mismo elegía los textos bíblicos y textos poéticos que eran leídos, en el curso del oficio, por actores célebres. Selección de textos que no era, por cierto, neutral.


Para comprender el pensamiento de Jerzy Popieluszko no hay que leer solamente sus homilías, pues éstas forman un todo con el resto de los textos escogidos para la liturgia. Por ello es que, al menos en lo que corresponde a un lapso de varios meses, en relación con los cuales ello nos pareció fundamental, ofrecemos en este libro el texto íntegro de las “misas por la Patria” de Jerzy Popieluszko, aunque pueda parecer recargado; yo lo apreciaba demasiado como para traicionarlo, o como para edulcorar lo que fue para él una razón de vivir. Y que terminó por ser también la razón de su muerte.


No bien empieza a hablar desde lo alto del púlpito, en febrero de 1982, atrae sobre sí mismo las iras de un poder que ve en él un “agitador y un excitado”, que señala “sesiones de odio”, en esas misas. En varias oportunidades, en la prensa polaca, incluso el vocero del gobierno, escribiendo con seudónimos, lo ataca sin ambages. Es que las misas de Jerzy atraen a multitudes. Rápidamente, millares de personas, fascinadas por la palabra sencilla y enérgica de ese joven vicario, se reúnen en Zoliborz el último domingo de cada mes. Parientes y amigos de confinados, militantes ocultos de Solidaridad ahora prohibida, jóvenes cristianos – y otros que no lo son – están allí en la iglesia, y también en el exterior, pues adentro el lugar no es suficiente, unidos por un mismo amor a una Polonia fraternal y libre. Jerzy Popieluszko denuncia los atentados contra los derechos humanos, la arbitrariedad de los confinamientos y las detenciones.


Sus homilías son grabadas en casetes y circulan de parroquia en parroquia, mucho más allá de Varsovia. La prensa clandestina de Solidaridad no tarda en retomar y difundir los textos de Jerzy Popieluszko, quien se asombra de la resonancia que tienen sus declaraciones y del furor que inspiran a las autoridades.


El 23 de septiembre de 1983, la cámara de justicia regional de Varsovia inicia una investigación: se lo acusa de abusar de la libertad de opinión y de religión, así como de “abuso del sacerdocio para fines políticos”. El 12 de diciembre es allanado su domicilio oficial, donde en realidad no vive, en la calle Chlodna, Varsovia. Encuentran panfletos clandestinos, explosivos, municiones! Lo ridículo de esa manipulación y el grosero montaje de esa provocación se vuelven finalmente contra sus autores. La verdad es que ese joven sacerdote es una molestia. El poder presiona también sobre la jerarquía católica y el cardenal Glemp para que se lo aparte de San Estanislao. Pero él no quiere irse: sabe que entre los allegados al primado de Polonia muchos piensan que va demasiado lejos. Pero Jerzy Popieluszko sabe que en Roma se lo aprecia, y persiste.   Predica, allí donde lo invitan, En Gdansk, en Czestochowa y en otras ciudades de Polonia. En Bydgoszcz toma la palabra por última vez.”



del libro Jerzy Popieluszko: EL CAMINO DE MI CRUZ Misas en Varsovia - Jean Offredo, Editorial Atlantida, Buenos Aires, 1985


(*) mentor espiritual de Jerzy Popieluszko. Despues de la muerte de Popieluszko el sacerdote Bogucki continuo con las Misas por la Patria. Murio en septiembre de 1987 y su tumba se encuentra al lado de la de Popieluszko, en la Iglesia de San Estanislao Kotska, Varsovia.