Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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jueves, 20 de octubre de 2022

Jerzy Popieluszko 35 años de su asesinato por parte del régimen comunista

 


«Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mt 5, 10).

 Se cumplió ayer un nuevo aniversario de la muerte del sacerdote Jerzy Popieluszko, beato, mártir de la fe y la libertad, capellán del movimiento Solidarnosc, asesinado hace 35 años, el 19 de octubre de 1984, cerca de Górsk, por agentes del gobierno de la entonces República Popular de Polonia, dirigido por el General Wojciech Jaruzelski.  Era su viaje de regreso a Varsovia desde Bydgoszcz, adonde había sido invitado para una velada de oración. 



Es significativo – decia Juan Pablo II en su homilía durante su visita en 1999,  el hecho de que don Jerzy Popieluszko haya partido precisamente de este templo para realizar su último viaje donde había tenido su ultima homilía ese mismo dia de su secuestro.  Durante los últimos decenios de este siglo, Bydgoszcz se distinguió por el signo particular de la «persecución por causa de la justicia». En efecto, aquí, durante los primeros días de la segunda guerra mundial, los nazis llevaron a cabo las primeras ejecuciones públicas de los defensores de la ciudad. El mercado viejo de Bydgoszcz es su símbolo. Otro lugar trágico es el así llamado «Valle de la muerte», en Fordon. ¡Cómo no recordar en esta ocasión al obispo Michal Kozal, quien, antes de ser obispo auxiliar de Wloclawek, fue pastor celoso de Bydgoszcz. Murió mártir en Dachau, testimoniando su inquebrantable fidelidad a Cristo. Muchas personas vinculadas a esta ciudad y a esta tierra también murieron así en los campos de concentración. Sólo Dios conoce con precisión los lugares de su suplicio y sufrimiento. En todo caso, mi generación recuerda el así llamado domingo de Bydgoszcz del año 1939. El Primado del milenio, el siervo de Dios cardenal Stefan Wyszynski, supo leer con perspicacia la elocuencia de aquellos acontecimientos. Habiendo obtenido en 1973, tras muchas tentativas, que las autoridades comunistas de entonces le dieran el permiso para construir en Bydgoszcz la primera iglesia después de la segunda guerra mundial, le confirió un extraño título: «Santos mártires hermanos polacos». El Primado del milenio quería expresar de esta manera su convicción de que la tierra de Bydgoszcz, probada por la «persecución por causa de la justicia», es un lugar adecuado para dicho templo. Conmemora a todos los polacos anónimos que, a lo largo de la historia ultramilenaria del cristianismo polaco, han dado su vida por el evangelio de Cristo y por su patria, comenzando por san Adalberto. En esta historia se inscriben las palabras pronunciadas durante el rezo del rosario: «A vosotros se os ha concedido la gracia no sólo de creer en Cristo, sino también de padecer por él» (Flp 1, 29).

 

Jerzy Popieluszko habia nacido en el pequeño  pueblo de Okopya, Polonia del este, el 13 de septiembre de 1937 en una familia profundamente católica. Fue ordenado sacerdote por el cardenal primado Stefan Wyszynski el 28 de mayo de 1972. Trabajó en varias parroquias y finalmente fue designado a la parroquia de San Estanislao Kostka en Varsovia. Desde allí presto valiosísimos servicios al movimiento Solidarnosc. Cuando nacía el movimiento en 1980 los trabajadores le pidieron al cardenal Wyszynski un sacerdote para que celebrara la Misa y el Primado les envió a su “hijo predilecto” Popieluszko. De salud frágil supo luchar entusiastamente junto a los obreros por la verdad y la libertad y la vocación de cada hombre y mujer. Durante la difícil época de las huelgas en Gdansk, que pronto se extendieron a toda Polonia, la ley marcial, y el arresto de los lideres de Solidarnosc Popieluszko jugo un papel importantísimo con sus Misas por la patria,  por todos los presos y sus familias. Sus homilías en defensa de la verdad y los derechos humanos y sus fuertes criticas crisparon los nervios del règimen y originaron hostigamientos y persecuciones. No obstante Popieluszko apoyo a Solidarnosc con todas sus fuerzas. Atendía todos los juicios ganándose amigos y cada vez mayor confianza entre ellos pero acumulando enemigos en el régimen. El cardenal Glemp sostiene en una entrevista que concediera a 30 Giorni que sus homilías tenían “cierta resonancia”, pero que Popieluszko no utilizaba términos más duros o agresivos que otros sacerdotes. Era su capacidad para ganarse la confianza de los jóvenes lo que mas le preocupaba al régimen y asi fue generando antipatías y odios personales. Declarado enemigo del estado, registrado en la lista del Servicio Secreto, fue atacada su casa, y èl acusado de desviar su lucha por la libertad para sus propios intereses políticos. Constantemente amenazado, después de dos años de hostigamientos por parte del Servicio Secreto en otoño de 1984 su situación se había vuelto muy difícil y surgió la idea de enviarlo a estudiar a Roma, pero la decisión estaba en sus manos. Y el prefirió quedarse en Varsovia. Ocurrió un primer atentando el 13 de octubre (accidente provocado en la carretera – una táctica muy común aquellos tiempos - ) al que pudo escapar. Sin embargo en el segundo a los pocos dias el 19 de octubre de 1984 fue secuestrado, golpeado, asesinado y tirado a un gran dique cerca de Włocławek y su cuerpo recuperado el 30 de octubre de 1984.

Su funeral se realizo el 4 de noviembre de 1984 y fue la mayor concentración de gente después de la visita del Siervo de Dios Juan Pablo II a su patria en 1983.

La causa para su beatificación fue iniciada en 1997 y fue beatificado el 6 dejunio de 2010 en Varsovia. 


Invito visitar el sitio del  Museo enhonor al Beato Popieluszko 

martes, 1 de abril de 2014

El “milagro” francés de Jerzy Popieluszko


(la madre del sacerdote mártir, artefilipo)

El 14 de septiembre de 2012 Jean, un sacerdote de 66 años, fue convocado de urgencia al hospital del  municipio de Créteil, en los alrededores de Paris para suministrarle el sacramento de la extremaunción al moribundo Marc de 56 años. Después de hacerlo el sacerdote pidió a los presentes rezar por el enfermo por intercesión del mártir del comunismo polaco Jerzy Popieluszko. 
 La esposa del enfermo no conocía a este sacerdote proclamado Beato en el año 2010. El sacerdote Jean acababa de volver de una peregrinación a Polonia, donde había rezado ante la tumba de Popieluszko y había traído consigo una estampa de aquel a quien se encomendaba a diario. La motivación de esta devoción se debía también a que había nacido el mismo día que el mártir Popieluszko : el 14 de septiembre de 1947.  Ese día de su cumpleaños Jean colocó  una vela sobre la mesita de luz del enfermo, la cruz de Juan Pablo II y la estampa en honor al joven mártir polaco.  Al mismo tiempo invitó a la esposa y a la religiosa que acompaña a los moribundos que todos los días recen la oración por la intercesión de Jerzy Popieluszko.  «Escucha Jerzy hoy es tu cumpleaños – y también el mío – si puedes hacer algo este es el día indicado» oró el sacerdote Jean y se retiró.

 Marc, consejero de profesión, quien con su esposa había comprado una casa en los alrededores de Paris, hacia unos años que padecía de una enfermedad  atípica leucemia mieloide crónica, un caso raro en el mundo.   Hacía ya años que luchaba contra esta enfermedad con el firme apoyo de su esposa y sus cuatro hijas, refugiándose en la oración. Ambos con su esposa eran profundamente creyentes  En noviembre de 2011 la enfermedad recrudeció agudamente.  Marc ya no podría caminar, se sometió a tres quimioterapias y en agosto de 2012 los médicos diagnosticaron que ya las células cancerígenas se habían multiplicado y esparcido por todo el cuerpo. A comienzos de septiembre el enfermo hablo con su psicólogo para que le ayudara a prepararse para la muerte. Claire ya comenzaba a ordenar sus pertenencias y el sábado después del sacramento de la extremaunción pensaba retirarse para organizar su sepelio. Pero no hubo tal sepelio.   En cuanto el sacerdote se retirara, Marc abrió los ojos y pregunto que le había pasado. Por la noche intento levantarse tres veces y algunos días más tarde el equipo medico del hospital, que lo había acompañado, declaró asombrado que estaba curado. El cáncer había desaparecido. Un mes más tarde los partes médicos oficiales confirmaron la curación.  «Está totalmente recuperado» expresó el Dr. Rabah Redjoul, médico del departamento de hematología del hospital Henri-Mondor, pero mantenía su alerta atento a una posible recidiva. El Dr. Jean-Michel Dormont, médico de cabecera de Marc, emitió un certificado médico el 7 de diciembre de 2013 expresando: «Certifico que hoy he revisado al señor…y que para su curación los días posteriores al 20 de septiembre de 2012, después de haberse encontrado ya bajo controles paliativos, la medicina no tiene explicaciòn». Lentamente comenzaron a preguntarse si no se trataba de un milagro. El paciente, su esposa y el sacerdote con quien habían entablado amistad mantuvieron la curación en secreto durante varios meses. «Debíamos esperar» aclaró el sacerdote Jean «Para que se considere un milagro la curación debe ser total y rápida, lo que en realidad ocurrió, sin embargo es necesario dejar pasar un tiempo prudencial» 
Pero Marc estaba curado. «Estoy convencido que Dios me curó, pero no dejo de preguntarme porque a mí: porque fui yo el salvado, cuando hay tantos otros mucho mas creyentes que yo?»
Su esposa Claire no podía creer que fuese verdad: «Cuando abrió los ojos y me preguntó: “Que ocurrió? no lo podía comprender. Fueron necesarios más controles y aún así… cada vez que se resfriaba se me torcía el estomago. Pero siempre trato de convencerme: está curado, no tengas miedo, está curado.  Y aún debo repetírmelo a diario»  Cuando se lo comunicaron al obispo en Creteil, Michel Santiere, los recibió y les prometió su apoyo.  El mismo hacia un año había viajado a Polonia y encomendado su diócesis a la intercesión del Beato Jerzy Popieluszko.  De la curación también fue informado el postulador de la causa para la canonización Mons. Tomasz Kaczmarek, quien visitó al sacerdote Jean, a los testigos y al obispo.  El obispo formo una comisión para la investigación del caso y le confió el análisis a dos médicos independientes. La comisión se reunía el pasado mes de marzo y si ésta confirma el milagro los resultados serán enviados a la Arquidiócesis de Varsovia que a su vez los reenviará a Roma.    (La Croix)


sábado, 19 de octubre de 2013

Jerzy Popieluszko: “Hacer justicia y exigir justicia un deber de todos”




Hoy Polonia recuerda a su mártir Beato Jerzy Popieluszko, secuestrado y asesinado el 19 de octubre de 1984, y su cuerpo descubierto el 30 de octubre. Su fiesta litúrgica se celebra en la fecha aniversario de su secuestro en Przysiek, cerca de Torun, por oficiales del servicio de seguridad polaco. Golpeado y maniatado fue finalmente arrojado al rio Vístula, cerca de la represa de Włocławek.   

Jerzy Popieluszko fue beatificado en la Plaza Pilsudski de Varsovia el domingo 6 de junio de 2010 en una ceremonia presidida por el Prefecto para las Causas de los Santos, cardenal Angelo Amato, en representación del Santo Padre Benedicto XVI.

La beatificación de Popieluszko fue a la vez signo y símbolo, un reconocimiento de la Iglesia no solo de un hombre sino de la fuerza de un pueblo que debió afrontar tantas penurias por defender su libertad de pensamiento y de credo.  Es verdad que el régimen comunista comenzó a resquebrajarse visiblemente en los comienzos de los´80 pero Polonia aún debió afrontar duras pruebas antes de lograr que se hiciera justicia. A mediados de los ´80  comenzaron las huelgas y rebeliones de obreros, que ya no estaban dispuestos a aceptar tanto autoritarismo;  hacia fines de año Sindicato Solidarnosc contaba ya con más de 9 millones de miembros.    Lech Walesa, su líder máximo al frente de  una delegación del sindicato, fueron recibidos en Audiencia por el Papa Juan Pablo II el 15 de enero de 1981, pero el año 1981 fue aun una dura prueba para los polacos y en diciembre el Papa Juan Pablo II en sus Ángelus pedía oración por su patria Polonia.


De las Misas por la patria del padre Popieluszko rescato un trozo de la homilía (dura, fuerte, exigente y sincera) en la Misa por la patria de junio de 1984 (del libro El camino de mi cruz), palabras que en gran parte son de absoluto valor y actualidad aún hoy en muchos países  (incluida la Argentina).
“Un hombre justo es aquel a quien guían la verdad y el amor. Pues cuanta más verdad y cuanto más amor hay en el hombre, más justicia hay. La justicia va de la mano con el amor: sin amor no se puede ser plenamente justo. Donde el amor y el bien están ausentes, ocupan el lugar el odio y la violencia. Jamás es justo quien se deja guiar por el odio y la violencia. En los países donde el poder no se sustenta sobre el deber y el amor, sino sobre la violencia y la compulsión, la injusticia se hace sentir en forma particularmente dolorosa. La justicia fundada en el amor es la condición de la paz, en nuestras conciencias, en la familia, en la patria y en el mundo entero. Todos, sin excepción, deseamos la paz. Pero es imposible mantener la paz sólo mediante palabras, aunque sean sinceras, por no mencionar las palabras demagógicas. En consecuencia para que en este país haya paz y calma, para crear las condiciones de una vida feliz y decorosa en nuestra comunidad, es necesario ante todo eliminar todo lo que la Nación siente como injusticia social. Existen demasiado prejuicios personales y sociales debidos a que la justicia no va de la mano con el amor, a que la justicia desfallece, e incluso llega a ser una flagrante injusticia, ni más ni menos.
Examinemos algunas de las manifestaciones más escandalosas y más evidentes de esa injusticia. Para un cristiano, es esencial tener conciencia de que Dios es la fuente misma de la justicia. En consecuencia, se torna difícil hablar de justicia allí donde no se respeta a Dios ni a sus mandamientos. La justicia misma es la que nos obliga a tomar conciencia de esa pena y ese sufrimiento infligidos a nuestra Nación, de mayoría cristiana, cuando tratan de convertirla en atea por obligación, y con medios financieros provistos también por los cristianos.
La justicia prohíbe destruir en las almas de los niños y los jóvenes los valores cristianos enseñados por los padres, valores ratificados a lo largo de nuestra historia. Hacer justicia y exigir que se haga justicia es el deber de todos: ya Platón decía: “Malos tiempos son aquellos en que la justicia calla”. La justicia para con uno mismo obliga a filtrar honestamente, a través de la propia razón y la propia observación, toda esa avalancha de palabras impulsadas por la “máquina de propaganda”. La justicia nos obliga a comportarnos siempre, frente al prójimo, con buena voluntad y con amor: creado a imagen de Dios el hombre es por ese hecho, a juicio de Dios, el valor supremo. En el ejercicio de la justicia el amor al hombre debe desempeñar siempre el papel principal.
La justicia prohíbe limitar la libertad del hombre mediante leyes y decretos cada vez más numerosos y más cómodos para el poder. Sería útil recordar a todos los que declaran actuar en hombre del humanismo y el bien de la sociedad las palabras de un sabio que dijo: “Cuanto más limitadas se encuentran las libertades de los ciudadanos, menos humano es el régimen”. La justicia y el derecho a la verdad nos impulsan a reclamar aquí que se ponga fin a los abusos de la censura, que ha puesto manos a la tarea de preparar un deficiente testimonio de nuestra época e impide hoy conocer la verdad.”

Invito visitar posts etiquetados Popieluszko 

Y el sitio oficial (en inglés y polaco) del Santuario en honor al Beato Jerzy Popieluszko en Varsovia, donde cada último domingo de mes se sigue celebrando la Misa por la patria. 

viernes, 3 de febrero de 2012

Jerzy Popieluszko Misas por la patria – recuerdos de Jean Offredo (4 de 4)


El capellán de Solidaridad

Jerzy Popieluszko ha muerto. Acababa de cumplir 37 años. Había nacido el 23 de septiembre de 1947 en la región de Bialystok, noroeste del país, en el caserío de Okapy, dependiente de la aldea de Suchowola.  Áspera comarca es el Este de Polonia, muy cerca de la frontera con la Unión Soviética.    Región de bosques donde la vida no siempre se presenta color de rosa, porque el suelo no es rico y sus habitantes necesitan coraje para extraerle su sustento. A veces, por fortuna, primos distantes envían desde los Estado s Unidos algunos bienvenidos dólares.  Maria y Wladyslaw, los viejos padres de Jerzy viven aún en la granja Nro 17 de Okapy, dolorosamente acongojados por la muerte de su hijo. Ese hijo que tanto amaban, que siempre había sido el primero de la clase y que un buen dia, no bien concluido el bachillerato y cumplidos los 18 años, les anunció su deseo de entrar en el seminario de Varsovia. Declaración que no los sorprendió en modo alguno y recibieron simplemente, a la manera polaca, como una señal de Dios.

Jerzy Popieluszko fue ordenado sacerdote por el cardenal Wyszinski el 27 de mayo de 1972. El primado no tardaría en manifestar su gran confianza en ese joven sacerdote cuya inteligencia y espiritualidad asombraban a quienes lo conocían, a los que sabía reconfortar e infundir entusiasmo.

Durante ocho años ejerce su ministerio en distintas parroquias de los alrededores de Varsovia, en Zabki, en Anin, después en la capital misma, en contacto con las parroquias del Niño Jesús, de Santa Ana, parroquia del mundo estudiantil y universitario. También se ocupa en las obras de caridad de los hospitales de Varsovia; será el jefe del servicio médico durante los viajes de Juan Pablo II en 1979 y 1983, así como durante los funerales del cardenal Wyszinski.

Pero  ya en junio de 1980 se opra en su vida un giro decisivo, cuando el cardenal Wyszynski lo designa vicario de San Estanislao Kostka, en el barrio de Zoliborz. Todavía lo veo en el momento en que, después de almorzar juntos en Santa Ana, me da sus noticias, coordinándolas: “Será un trabajo distinto”. Sí, distinto, porque dos meses después….

Cuando estalla el verano polaco, con su cortejo de huelgas en Gdansk, Sczezin, Silesia, Varsovia, toda la iglesia se moviliza. En todas partes, los huelguistas piden que a las fábricas ocupadas acudan sacerdotes par oficiar misas.

En Varsovia, durante la última semana de agosto, los obreros de Huta Warszawa, gran platna siderúrgica, envían a una delegación ante el cardenal Wyszinski. Este designa capellán de esos trabajadores al padre Popieluszko.

Escuchémoslo narrar a una revista católica polaca, en mayo de 1983, esa asombrosa experiencia, su primera misa en medio de los metalúrgicos:
«Jamás olvidaré ese día, ni la misa que dije. Tenía un miedo tremendo; nunca me había visto en semejante situación. ¿Qué ambiente iba a encontrar? ¿Cómo me recibirían? ¿Dónde celebrar la misa?       Quien leería los textos, quién cantaría? Esas preguntas, que me parecen hoy ingenuas, me atormentaron en camino a la fábrica. En las puertas de la acería experimenté mi primera conmoción fuerte. Una densa multitud me esperaba, sonriente y a la vez llorando. Me aplaudieron y, por un instante, creí que atrás de mi venía alguna celebridad. Pero no, esos aplausos eran sólo para mí primer sacerdote que hubiera franqueado alguna vez el portal de la acería. Entonces me dije que ovacionaban así a la Iglesia, que desde hacía 30 años llamaba a las puertas de las fábricas.»

« Todas mis dudas anteriores resultaron carecer de fundamento: en medio del sitio estaba preparado el altar, así como una cruz que después fue plantada a la entrada, y tras sobrevivir a los días más negros, se encuentra siempre allí, rodeada de flores. Incluso habían construido un confesionario improvisado. También estaban allí los lectores. Lo que fue escuchar esas voces roncas, habituadas al reniego, leer con solemnidad los textos sagrados….Después, de millares de bocas, surgió como un trueno el grito: ´´Alabado sea Dios´´. También comprobé que sabían cantar, y mejor que en las iglesias. Antes de empezar, se confesaron. Yo estaba sentado en una silla, apoyada la espalda contra un montón de chatarra, y esos hombres duros, en overoles de trabajo azules, manchados de grasa, se arrodillaron en el suelo sucio e impregnado de herrumbre.»

Fue el comienzo de  un compromiso cotidiano, sin interrupciones, al servicio de los obreros polacos, al servicio de Solidaridad, ese sindicato que habían creado, libremente, para sí mismos.
¿Elección política? ¿Combate ideológico? Cuando se le formulaba la pregunta, Popieluszko sonreía, así seguro de jugarle una buena pasada a su interlocutor al contestarle: «“No simplemente vivir el Evangelio y ser testigo de Jesucristo. Testigo de la verdad, la justicia, la libertad.». Durante los 500 dias de Solidaridad, del 14 de agosto de 1980 al 13 de diciembre de 1981, la actitud de Jerzry Popieluszko es la de una presencia activa junto a los siderúrgicos de Huta Warsawa. Los ayuda como puede, los apoya, los alienta, pero con espíritu de servicio y devoción por Polonia, sin odio  ni acrimonia algunos.  Para èl, como para millones de polacos, la firma de los históricos acuerdos de Gdansk y el nacimiento de Solidaridad, el diálogo que, como quiera que sea, parece instaurarse entre el poder y el nuevo sindicato, el entusiasmo que se manifiesta en la juventud – Polonia es uno de los países de mayor proporción de jóvenes -, constituyen signos de que quizás el país esté a punto de modificar su fisonomía. Hay altibajos, pero se avanza, prudentemente. El romanticismo polaco debe pactar con la situación geopolítica….

Sin embargo, pronto es necesario desistir. El otoño de 1981 es una temporada  no poco tensa en Polonia. En el seno de Solidaridad, las pasiones se exacerban como consecuencia de la negativa de las autoridades a cumplir lo pactado en Gdansk, a pesar de los desesperados llamamientos que lanza Lech Walesa a favor del diálogo.

El 4 de noviembre de 1981, se cree posible llegar a un acuerdo “entre polaos”. Ese dìa se sientan en torno de una mesa el general Jaruzelski, el cardenal Glemp y Lech Walesa, es decir, el pdoer, la Iglesia y Solidaridad.   Se trata de un momento histórico, ¡ay!, de corta duración. El “entendimiento nacional” no se consuma: el Kremlin ha resuelto algo distinto. Y sobrevienen la demencial noche de diciembre, la noche del 12 al 13, y el estado de emergencia, “estado de guerra”, lo llamarán pronto, simplemente, los polacos, en particular los jóvenes.
Confinamientos, arrestos, militarización de la vida pública: el general Jaruzelski implanta en Polonia una férrea vigilancia. En la caza de militantes descuellan los Zomos, unidades antimotines de las fuerzas de seguridad, Estado de guerra que dura largo tiempo. “Suspendido” el 1 de enero de 1983, cuando en realidad la legislación de excepción aplicada antes, al tornarse corriente, prolonga ese estado de guerra….¡pacíficamente!

Es necesario esperar hasta el 22 de julio de 1984, conmemoración del 40º aniverasrio de la instauración de un gobierno comunista en Polonia, para que se proclame una amnistía amplia.

Coherente en todo con su solidaridad con los obreros de Varsovia, Jerzy Popieluszko reacciona vivamente al proclamarse el estado de guerra. “Salvaguardar la propia dignidad”, dice, “significa vivir de acuerdo con la propia conciencia”. Y lo prueba con sus célebres “misas por la Patria”.

martes, 31 de enero de 2012

Jerzy Popieluszko Misas por la patria – recuerdos de Jean Offredo (3 de 4)


La última etapa  

El destino de Jerzy Popieluszko se detuvo aquel trágico viernes 19 de octubre en la ruta de Bydgoszcz a Varsovia, en algún lugar cercano de Torun. Como tan a menudo, el joven vicario de San Estanislao Kostka, iglesia situada en Zoliborz, afueras de Varsovia, había sido invitado a hablar fuera de sus fronteras parroquiales. Para los polacos, la palabra de ese pequeño sacerdote de 37 años, porte frágil y rostro dulce, era desde hacía cuatro años un soplo de libertad y esperanza.

Crueldad del destino: ese 19 de octubre, en Bydgoszcz, el tema de su sermón, de sus últimas palabras en público, fue el siguiente: “Se debe vencer el mal por medio del bien”…

Tras la misa y un breve almuerzo, Jerzy Popieluszko sube a su automóvil, un Volkswagen matriculado WUL 2473, conducido por el chofer de la parroquia, Waldemar Chrostowski.
Desde que parten son seguidos por un automóvil, estacionado hasta ese momento, con todos los faros encendidos, según un testigo. El drama, a la manera de una pésima novela policial, se anuda un poco más lejos, sobre la ruta Bydszcz-Torun, en el paraje donde el camino atraviesa un bosque, a la altura de la aldea de Przysieki.
El Fiat Polski de los “desconocidos” alcanza al Volkswagen del padre Popieluszko. Un policía de uniforme ordena al chofer detenerse y le pide que baje para someterse a un dosaje de alcohol. Waldemar Chrostowski obedece. Es inmediatamente aferrado y arrojado al asiento delantero del Fiat, donde los agresores lo esposan.
Tras amordazarlo, lo amenazan con la muerte si se da vuelta. Chrostowskioyeruidos de lucha y la voz de Jerzy Popieluszko, que exclama. “Pero, señores, ¿Qué hacen ustedes?  Después oye abrirse el baúl de un auto, donde arrojan un bulto pesado; el baúl se cierra. Y el coche parte como una tromba.
Algunos kilómetros más allá, llega la voz de los “desconocidos” desde la parte trasera: “Después de la aldea, el primer camino a la derecha”. Waldemar Chrostowski se juega el todo por el todo. Cuando el automóvil se desvía para pasar a otro en un sitio donde el tráfico se mezclan algunos transeúntes, salta del vehículo en marcha, rebota varias veces sobre la calzada, pero no pierde el conocimiento. Por efecto del impacto las esposas se sueltan -  ¿imprevisión de los secuestradores? – y queda libre de trabajas.
Dos hombres atareados en reparar una motocicleta lo levantan y lo llevan a un restaurante. Se pide socorro a la policía y al hospital más cercano. Llega en primer término la ambulancia. El médico accede al deseo de Waldemar Chrostowski de ser llevado ante todo a Torun, a casa de un sacerdote amigo, el padre Nowakowski, y después, junto con éste, al servicio de emergencia del hospital, donde ya lo esperan policías, unos de uniforme, otros de civil. Los médicos del hospital exigen prestarle los primeros auxilios antes de que sea llevado al interrogatorio.  Waldemar Chrostowski pasa por su p primer interrogatorio en el hospital mismo, durante dos horas, antes de ser transferido al hospital regional, dependiente del Ministerio de Interior. Gracias a èl se sabe todo lo que se sabe del secuestro del padre Popieluszko.
Al dìa siguiente reina intensa emoción en Polonia, al conocerse la noticia en Varsovia. En la iglesia de San Estanislao, miles de fieles se congregan para rezar. Aùn todos esperan que Jerzy les sea devuelto. Pronto se crea una comisión, de la que forman parte los principales responsables varsovianos de Solidaridad, como Seweryn Jaworski y Bronislaw Geremek.
De toda Polonia afluyen a San Estanislao testimonios de amistad y apoyo. En Gdansk, el padre Henryk Kankowski – o otra bestia negra para los poderosos de Varsovia, capellán de los Astilleros Lenin y amigo de Lecha Walesa declara:  “Acaba de ocurrir algo inaudito en la historia de Polonia, un acto extraño a nuestro pueblo”. Lech Walesa siente una fuerte conmoción. Se reúne con los delegados de las acerìas de Varsovia y otras empresas de la capital. Sin reflejar en el rostro la cólera y la emoción que lo embargan, exhorta a la calma y a la dignidad.
Se sigue siempre sin noticias de Jerzy Popieluszko…
El 22 de octubre, el secretario del episcopado polaco publica un comunicado: “El secuestro del padre Popieluszko suscita la más honda inquietud. Así como se teme por su vida, se teme que el secuestro se convierta en un arma en la lucha política. Las informaciones de que disponemos sobre las circunstancias del secuestro hacen pensar que sus autores obraron por motivos políticos.”
Precisamente por el lado político hay malestar, signo de que, en los estratos del poder, este pequeño episodio provoca una crisis. La televisión polaca  ha anunciado el secuestro: imposible silenciarlo por más tiempo.
El 23 de octubre, durante una conferencia de prensa, el vocero del gobierno, Jerzy Urban, declara que toda la policía de Polonia está en busca del padre Popieluszko.
El drama es llevado al plenario del Comité Central del Partido Obrero que se reúne días después. El general Jaruzelski promete: “Se hará toda la luz”.
El 25 de octubre, el cardenal primado Glemp, que acaba de efectuar una visita de tres días de duración a Berlín Oriental, que a pesar de todo no anuló, toma la palabra.”Sin noticias del padre Popieluszko, tememos que Polonia se haya convertido en teatro de  un asesinato análogo a los que se perpetraron en los países heridos por el terrorismo. Pedimos que no se omitan recursos para que se haga la luz sobre las causas, los instigadores  y las circunstancias de ese acto abominable”.
Que se haga la luz…..Al dìa siguiente, Jerzy Urban declara que ha sido arrestado un funcionario del Ministerio de Interior, Grzegorz P. El vocero gubernamental se vale de la ocasión para atacar a todos los que quieren, dice, explotar este asunto. Y para acusar a los ex dirigentes de Solidaridad de servirse del secuestro del padre Popieluszko para fines políticos adversos a las autoridades.
El sábado 27 de octubre, en el telenoticioso polaco de las 19.30, hay una sorpresa para Varsovia: el propio Ministerio de Interior, general Kiszczak, uno de los fieles al general Jaruzelski, aparece en pantalla. Tenso y crispado, revela los hombres de quienes secuestraron al sacerdote, sobre cuya suerte ya nadie se hace ilusiones. Sin embargo, hasta que sea encontrado el cadáver….
Los tres hombres no son oscuros esbirros: son tres funcionarios del servicio de seguridad del Ministerio de Interior, el ministerio mismo del general Kiszczac: el conocido Grzegorz P. ya anunciado por el vocero gubernamental, es el capitán Grzegorz Piotrowski, 33 años, jefe de servicio en el Departamento de Cultos del Ministerio, quien habrìa confesado que dio muerte al padre Popieluszko; el teniente Waldemar Chmielowski, 29 años, y el teniente Leszek Pekala,. 32 años. Es igualmente inculpado su jefe, el coronel Adam Pietruszka, vicedirector del Departamento de Cultos: se lo ha considerado instigador del crimen.
Inmediatamente se emprenden búsquedas en la región de Torun y de Wloclawek. El martes 30 de octubre cae la noticia como un machetazo: ha sido hallado el cadáver de Jerzy Popieluszko, no lejos de Wloclawek, en una esclusa del Vístula, esa arteria de sudor y sangre que irriga el cuerpo de Polonia.

Jerzy Popieluszko: EL CAMINO DE MI CRUZ Misas en Varsovia - Jean Offredo, Editorial Atlántida, Buenos Aires, 1985

domingo, 29 de enero de 2012

Jerzy Popieluszko Misas por la patria – recuerdos de Jean Offredo (2 de 4)

El camino de su cruz

“Cuando algunos le recomiendan cuidarse, tanto más a causa de su salud frágil, carcomida desde muchos meses atrás por la enfermedad, tanto más trabaja Jerzy, como si supiera que, de todos modos, no tiene nada que perder. El mismo lo decía: “Sí, a veces estoy fatigado. Me falta tiempo para servir a todos. Jamás tengo tiempo libre para mí mismo. Pero no siento ningún desánimo. Ya no podría limitar más mi acción pastoral a los confines de mi iglesia, por más que tantos “consejeros” me digan que un verdadero sacerdote polaco no debe abandonar los límites de su iglesia. Seguiré junto a los obreros tanto tiempo como pueda”.

Hasta último momento, hasta el momento en que los culpables confesaron, todos los que conocían a Jerzy Popieluszko seguían esperando. Y se preguntaban: pero, porque?

Para el poder del general Jaruzelski, esa muerte es una bofetada. Es el reconocimietno de que no controla a todas las fuerzas policiales, que, aprovechándose del estado de guerra y sus consecuencias, han constituido sus imperios particulares.

Para la Iglesia polaca, la muerte de Jerzy Popieluszko es una dura prueba. Todos los esfuerzos del cardenal Glemp por la moderación y la negociación son cada vez más controvertidos.

Para Solidaridad, el pare Popieluszko, fiel sostén moral y espiritual, ya es un mártir. Lech Walesa ha exhortado a sus amigos a la calma. Paradoja de la situación polaca: él, un simple particular a los ojos del gobierno, es quien junto con Solidaridad, un sindicato que oficialmente ya no existe, acude en ayuda del poder en apuros.

¿Quién entonces, gobierna en Varsovia? Hoy (* se plantea más que nunca esta pregunta brutal. Se planteará mientras el pueblo polaco, como todo otro pueblo que vive una situación similar, no pueda elegir libremente su destino.

Con motivo de las exequias de Jerzy Popieluszko, el sábado 3 de noviembre, gran número de leales a Solidaridad se congregaron en la iglesia de San Estanislao. El primado de Polonia cedió al pedido de los amigos de Jerzy, quien así recibió sepultura en el jardín cercano a su iglesia, tierra que ya es sitio de peregrinación. Las quinientas mil personas que asistieron a esa inhumación, con las banderas de Solidaridad y otras insignias al frente, tenían lágrimas en los ojos y apretaban los puños.

Multitud impresionante por su calma y su dignidad. “San Jorge, tu nos ayudarás a vencer al dragón rojo”, se leía en algún cartel. Alusión, desde luego, a la alegoría de San Jorge – Jerzy en polaco – que derrota al monstruo y es venerado desde entonces en todos los altares; esperanza de que también, algún día, sea beatificado Jerzy Popieluszko, pues el camino de su vida fue el de la rectitud y el de una fe profunda.

Jerzy Popieluszko murió atrozmente torturado y humillado en su carne. Cobarde crimen que jamás será olvidado.

Te mataron Jerzy, pero siempre sigues vivo.

Eras un hombre enamorado de la verdad.

Hicieron de ti un mártir de la libertad.

Peor para ellos.

Adiós, Jerzy.”

Jerzy Popieluszko: EL CAMINO DE MI CRUZ Misas en Varsovia - Jean Offredo, Editorial Atlántida, Buenos Aires, 1985


(*) tener en cuenta que el original del libro fue escrito inmediatamente después del asesinato de Popieluszko

viernes, 27 de enero de 2012

Jerzy Popieluszko Misas por la patria – recuerdos de Jean Offredo (1 de 4)

Recuerdos de Jean Offredo  (1 de 4)


“En Polonia es antigua la tradición de las “misas por la Patria”. Sobre todo en el siglo pasado, cuando Polonia era una “Nación sin Estado” y la Iglesia el último baluarte de la libertad y el último refugio de la condición polaca. La tradición sobrevivió, muy a menudo con un carácter clandestino, pues bajo la apariencia de las “plegarias” había también llamamientos a la lucha por la independencia del pueblo polaco.   Esa tradición fue vivida abiertamente durante un verano polaco en que recibió, si asì puede decirse, la bendición del papa Juan Pablo II, cuando proclamó en Cracovia el 10 de junio de 1979, en el curso de su primer viaje pontificio a Polonia: “Os ruego asumir toda esa herencia espiritual que lleva el nombre de Polonia: no dudar jamás, no desfallecer jamás, no renunciar jamás”.


Fue todo ello lo que condujo a monseñor Teofil Bogucki (*), cura de San Estanislao Kostka, a organizar desde octubre de 1980 en adelante, el último domingo de cada mes, una “misa por la Patria”. Iniciativa calurosamente recibida no sólo por los parroquianos habituales, sino también por toda la Polonia solidaria. Proclamado el estado de guerra, el padre Bogucki, confió a su joven vicario Jerzy Popieluszko la misión de animar estas misas, que adquirirían, sin duda alguna otra dimensión. Cada mes el padre Popieluszko, ayudado por sus amigos de la parroquia y la acería ofició pues esa “misa por la Patria. No sólo pronunciaba la homilía, sino que él mismo elegía los textos bíblicos y textos poéticos que eran leídos, en el curso del oficio, por actores célebres. Selección de textos que no era, por cierto, neutral.


Para comprender el pensamiento de Jerzy Popieluszko no hay que leer solamente sus homilías, pues éstas forman un todo con el resto de los textos escogidos para la liturgia. Por ello es que, al menos en lo que corresponde a un lapso de varios meses, en relación con los cuales ello nos pareció fundamental, ofrecemos en este libro el texto íntegro de las “misas por la Patria” de Jerzy Popieluszko, aunque pueda parecer recargado; yo lo apreciaba demasiado como para traicionarlo, o como para edulcorar lo que fue para él una razón de vivir. Y que terminó por ser también la razón de su muerte.


No bien empieza a hablar desde lo alto del púlpito, en febrero de 1982, atrae sobre sí mismo las iras de un poder que ve en él un “agitador y un excitado”, que señala “sesiones de odio”, en esas misas. En varias oportunidades, en la prensa polaca, incluso el vocero del gobierno, escribiendo con seudónimos, lo ataca sin ambages. Es que las misas de Jerzy atraen a multitudes. Rápidamente, millares de personas, fascinadas por la palabra sencilla y enérgica de ese joven vicario, se reúnen en Zoliborz el último domingo de cada mes. Parientes y amigos de confinados, militantes ocultos de Solidaridad ahora prohibida, jóvenes cristianos – y otros que no lo son – están allí en la iglesia, y también en el exterior, pues adentro el lugar no es suficiente, unidos por un mismo amor a una Polonia fraternal y libre. Jerzy Popieluszko denuncia los atentados contra los derechos humanos, la arbitrariedad de los confinamientos y las detenciones.


Sus homilías son grabadas en casetes y circulan de parroquia en parroquia, mucho más allá de Varsovia. La prensa clandestina de Solidaridad no tarda en retomar y difundir los textos de Jerzy Popieluszko, quien se asombra de la resonancia que tienen sus declaraciones y del furor que inspiran a las autoridades.


El 23 de septiembre de 1983, la cámara de justicia regional de Varsovia inicia una investigación: se lo acusa de abusar de la libertad de opinión y de religión, así como de “abuso del sacerdocio para fines políticos”. El 12 de diciembre es allanado su domicilio oficial, donde en realidad no vive, en la calle Chlodna, Varsovia. Encuentran panfletos clandestinos, explosivos, municiones! Lo ridículo de esa manipulación y el grosero montaje de esa provocación se vuelven finalmente contra sus autores. La verdad es que ese joven sacerdote es una molestia. El poder presiona también sobre la jerarquía católica y el cardenal Glemp para que se lo aparte de San Estanislao. Pero él no quiere irse: sabe que entre los allegados al primado de Polonia muchos piensan que va demasiado lejos. Pero Jerzy Popieluszko sabe que en Roma se lo aprecia, y persiste.   Predica, allí donde lo invitan, En Gdansk, en Czestochowa y en otras ciudades de Polonia. En Bydgoszcz toma la palabra por última vez.”



del libro Jerzy Popieluszko: EL CAMINO DE MI CRUZ Misas en Varsovia - Jean Offredo, Editorial Atlantida, Buenos Aires, 1985


(*) mentor espiritual de Jerzy Popieluszko. Despues de la muerte de Popieluszko el sacerdote Bogucki continuo con las Misas por la Patria. Murio en septiembre de 1987 y su tumba se encuentra al lado de la de Popieluszko, en la Iglesia de San Estanislao Kotska, Varsovia.

viernes, 20 de enero de 2012

Beato Jerzy Popieluszko: Seamos fieles a la verdad

“Para permanecer con el alma libre, es necesario vivir en la verdad. Vivir en la verdad significa dar testimonio de ella, es reivindicarla y reconocerla en toda situación. La verdad es inmutable. No se la puede destruir mediante decisiones o decretos. La esclavitud consiste, para nosotros, justamente en eso. En que nos sometemos cada día a la mentira. No protestamos, nos callamos, o bien simulamos creer. Entonces, vivimos en la mentira. El testimonio valeroso de la verdad es un camino que lleva directamente a la libertad. El hombre que da testimonio de la verdad es un hombre libre incluso en condiciones exteriores de esclavitud, incluso en un campo de confinamiento, en una cárcel.

[…]

El problema esencial, para la liberación del hombre y de la Nación, es vencer el miedo. Pues el miedo nace de la amenaza. Tenemos miedo al sufrimiento, miedo a perder un bien, a perder la libertad, la salud. O un empleo. En esa forma obramos contra nuestra conciencia, que es un índice de la verdad. Superamos el miedo cuando aceptamos el sufrimiento, o la pérdida de algo, en nombre de valores superiores. Si la verdad llega a ser para nosotros un valor por el cual aceptamos sufrir y correr riesgos, superamos el miedo, causa directa de nuestra esclavitud. Cristo lo recordó màs de una vez a sus discípulos. “No temáis. No temáis a los que matan el cuerpo pues no pueden hacer otra cosa…”

[…]

Tenemos vocación por la verdad, estamos llamados a dar testimonio, con nuestra vida, de la verdad. “Y conoceréis la verdad”, dice Cristo y la verdad os hará libres”. Seamos pues fieles a la verdad.



Beato Jerzy Popieluszko: Homilía octubre de 1982 de sus “Misas por la patria”, Jerzy Popieluszko : El camino de mi cruz – Misas en Varsovia, Atlántida,  Buenos Aires 1985)

jueves, 12 de enero de 2012

Jerzy Popieluszko “La violencia es prueba de debilidad”

No hay que luchar mediante la violencia. La violencia no es una prueba de fuerza, sino de debilidad. Aquel que no acierta a vencer mediante el corazón o la razón, trata de vencer con la violencia. Pero cada manifestación de la violencia es una prueba de inferioridad moral. Los combates más maravillosos y más perdurables que recuerda la humanidad, que recuerda la historia, son los combates del pensamiento humano. Los más desdeñables y los mas perecederos son los combates de la violencia. La idea que para durar necesita armas, muere por si misma. La idea que solo puede  mantenerse por la compulsión, es una idea desencaminada. La idea capaz de vivir triunfa por sí sola. Millones de hombres la siguen espontáneamente.” 
(Jerzy Popieluszko Homilía diciembre de 1982 “Misas por la patria”)
El próximo 27 de enero próximo se estrena en España la película «Popieluszko, la libertad está en nosotros».
“POPIEŁUSZKO es una historia verdadera, a la vez que romántica, sobre las raíces de la libertad, de la que ahora goza toda Europa Central. Es la historia del fantástico periodo de SOLIDARNOŚĆ, de la vergüenza de la ley marcial y de los crímenes del régimen en la Polonia de los años 80. Buscaba despertar la curiosidad en los jóvenes sobre nuestra historia más reciente como un período fascinante, dramático pero a la vez lleno de esperanzas y promesas. Me he puesto un deber artístico no muy a la moda: hacer una película sobre un hombre bueno, que combate sin violencia contra la falsedad. Comprendí que la suerte de esta película, dependería de mi capacidad para saber contar la verdad. He tratado de mostrar aquí, la dificultad con la que luchó el Padre Jerzy Popiełuszko, que venció su propio miedo para dar fuerzas a los demás. La de POPIEŁUSZKO es una simple y dolorosa historia real de los tiempos en los que podíamos darnos cuenta de lo que estaba bien y lo que estaba mal. Creo que no está fuera de tono una nota de nostalgia para aquella capacidad de discernimiento. “No tuve la oportunidad de conocer en persona al Padre Popiełuszko. Tenía apenas 10 años cuando participé en su funeral, fue una experiencia nueva de libertad y comunión. Volviendo a casa, a travesando las calles de Varsovia, recuerdo que pensaba mucho en el Padre Jerzy. Me preguntaba si yo habría sido capaz de sacrificar, como él, mi propia vida por la Verdad. Venía a mi mente como un gran héroe, casi como si fuese un ser de otro mundo. Hoy, en cambio, que tengo la misma edad que él cuando fue asesinado, veo al Padre Jerzy como uno de nosotros que, puesto a prueba, llevó a hasta sus últimas consecuencias sus decisiones y convicciones. Era un hombre que no fingía y que fue testimonio viviente del coraje que él mismo predicaba. Cuanto más conozco los secretos de su vida, con mayor fuerza siento la necesidad de contar su historia”.
Rafał Wieczyński  

sábado, 23 de octubre de 2010

Jerzy Popieluszko – Misas por la patria - Homilía octubre 1983 (1ra parte)

Me acaban de regalar este libro-tesoro! (Mil gracias Cristina!!) Yo ni sabia que existía en español! (Editorial Atlàntida Buenos aires, 1984)

Jerzy Popieluszko – Misas por la patria - Homilía octubre 1983 - 1ra parte(homilía de agradecimiento y plegaria con ocasión del 5to aniversario del pontificado de Juan Pablo II)

“Santísimo Padre, desearíamos expresar muy profundamente en este mensaje, que queremos lleno d calidez, nuestra gratitud por tu bondad, tu sabiduría, tu fe, tu esperanza y tu amor ilimitado. Eres el mejor de los hijos de nuestra nacion.
Deseamos ofrecerte aquello que nos reúne cada mes en esta casa de Dios.
Deseamos ofrecerte nuestro amor por Dios y por la Patria.
Deseamos agradecerte porque desde el primer día de tu pontificado convocaste al mundo abrir de par en par las puertas a Cristo.
Te agradecemos por el soplo del Espíritu Santo que se manifestó en tu tierra natal en ocasión de tu primera peregrinación, en tu plegaria y en las palabras que pronunciaste en Varsovia y que todos recordamos: “Que Tu espíritu descienda y renueve la faz de la tierra, de esta tierra”. Te agradecemos tu confirmación de la historia y de los retiros espirituales de la nación, que precedieron a la renovación moral. También esa renovación, que perdura a despecho de las diversas vicisitudes soportadas hasta ahora.
En este momento de alienación de la nación, tu has sido y tu eres quien refuerza en nosotros la esperanza de la victoria del bien sobre el mal, del amor sobre el odio, de la verdad sobre la mentira.
La más maravillosa expresión de tu preocupación por los problemas de la patria ha sido la gran plegaria ante la Reina de Polonia, Nuestra Señora de Jasna Gora, acerca del estado de guerra.
Te preocupaste por todos nosotros. Contestaste las cartas que los prisioneros te escribían rogándote que estuvieras con ellos, como ellos estaban contigo. Formulaste tu respuesta en un ruego: “Acompáñalos, Madre, acompaña a los que han sido condenados, sin juicio, a la privación de la libertad, acompaña a todos los que sufren por causa del encarcelamiento de sus prójimos”.
Cuando en canje de su liberación se propuso a nuestros hermanos que abandonaran la patria, tú proclamaste dolorido: “Que no falte en Polonia un lugar para los polacos. Todo hombre tiene derecho a su Patria. Nadie debe ser condenado al exilio”. Te estamos muy agradecidos por haber empleado esa muy amada palabra, Solidaridad, por haberla distinguido siempre en las pancartas. Tu, Santo Padre, dijiste con emoción, al volver de Nigeria, donde entre centenares de miles de personas había un grupo de polacos sobre el cual flotaba una bandera blanca y roja con la inscripción Solidaridad. Y en esa ocasión explicaste que Solidaridad no se limita a manifestar una inquietud, porque también es el nombre de la comunión y la unidad, objetivo que se han fijado los polacos para la presente década.
Nadie mas que Tu, oh Santo Padre, podía estigmatizar con tanta fuerza el mal y sus mecanismos, nadie mas que Tu podía sentir con tanta intensidad los problemas de la Patria!
A menudo tu plegaria desborda de sufrimiento: “Desde el 13 de diciembre” (*) dijiste llorando, en el día conmemorativo del atentado que sufriste, “desde el 13 de diciembre sufro con mi nación”. Y en ese mismo día recordaste que el Estado no puede ejercer su poder recurriendo a la violencia.
Te agradecemos haberte interesado en cada acontecimiento que se produjo en la Patria. Pensaste con inquietud en aquellos que en la cárcel, llegaban incluso a la huelga de hambre. Sobre todo Te estamos agradecidos, Santo Padre, por tu segunda peregrinación a nuestra patria, en junio último, por tu beso a la tierra natal, depositado como entre las manos de una amada madre, por tu bendición de paz. Tú nos mostraste el camino de una paz duradera para la Patria. Te agradecemos el coraje con que abordaste los problemas que vivimos. Dijiste, en el Belvedere, que el entendimiento sólo puede ser alcanzado en esta nación mediante la conservación de las ventajas obtenidas desde agosto de 1980, mediante su aceptación y su respeto, y no mediante la liquidación sistemática de todo aquello por lo cual los obreros lucharon.
Particularmente reconocidos te estamos quienes nos reunimos en la iglesia de Zoliborz a fin de rogar por la Patria y quienes sufren por ella. Pues tu nos diste la seguridad de que avanzamos por el camino justo cuando oramos por la paz de la patria, por la verdad, el amor, la justicia, por el fortalecimiento de la esperanza y por la liberación de los prisioneros inocentes, por la dignidad del trabajo humano y la defensa de los ideales de agosto de 1980, (**)
por la solidaridad de los corazones y los espíritus.
Te estamos agradecidos por las reconfortantes palabras que dirigiste a la juvntud en ocasión del Llamamiento de Jasna Gora, por más que hayamos deplorado profundamente la falta de contacto con la juventud, como lo hubo en Varsovia, hace cuatro años, durante tu primera peregrinación a nuestro país.
Te agradecemos que nos hayas recordado las palabras del llorado Primado del Milenio, en el sentido de que el derecho de asociación por profesión es un derecho innato, dado por el Creador y no concedido por persona alguna. No es el Estado quien nos otorga ese derecho, el Estado solo tiene el deber de protegerlo y de velar por que no sea infringido.
Te estamos reconocidos por las palabras pronunciadas en Cracovia, donde imploraste que fuésemos fortalecidos por el poder de la fe, de la esperanza y del amor, del amor que terminará por vencer. Donde declaraste que la Nacion, en cuando comunidad humana, está llamada a la victoria justamente por el poder de la fe, de la esperanza y del amor, por el poder de la verdad, de la libertad, de la justicia.
Te agradecemos haber abrazado con paternal ternura, en la iglesia de los padres capuchinos, a la madre de Grzegorz, asesinado. Recientemente, le escribiste de Tu propia mano una breve carta, en la cual leemos: “Querida señora: De todo corazón creo que Aquella con que más profundo dolor sintió la perdida de su amado Hijo es quien os comprende. Ella os ayudará en vuestra aspiración a ser vos misma y a vivir por los demàs…”
Y el mes pasado, al ser discernido el Premio Nobel de la Paz al dirigente obrero Lech Walesa, viste en esa distinción, tal como lo vieron tus compatriotas amantes de su patria, que tal recompensa estaba destinada a la Nación entera, por su actitud digna en el tiempo de la humillación, de la mentira y de la injusticia. Con alegría escribiste en el telegrama palabras de calurosa felicitación, subrayando que ”así han sido recompensados la voluntad y los esfuerzos emprendidos para resolver los difíciles problemas del mundo obrero y la sociedad de Polonia por la pacifica vía del diálogo sincero y de la colaboración mutua de todos”
(*) 13/13/19821 golpe de Estado en Polonia con detención de activistas de Solidaridad
(**) ver Solidarnosc
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viernes, 4 de junio de 2010

Beatificación de Jerzy Popieluszko, sacerdote y mártir

Jerzy Popieluszko, mártir de la fe nacido el 14 de septiembre de 1947, héroe nacional polaco, “guardián del límite entre el bien y el mal” secuestrado y asesinado por la policía secreta polaca el 19 de octubre de 1984, será beatificado el próximo domingo 6 de junio 2010 en la Plaza Mariscal J. Pilsudski de Varsovia, capital de Polonia. Fue ordenado sacerdote el 28 de mayo de 1972 por el Cardenal Stefan Wyszynski. Popiełuszko estaba a cargo de la iglesia de San Estanislao Kostka. Fueron famosas sus 26 “misas por la patria” que comenzó a celebrar a partir del 28 de febrero de 1982. Férreo defensor de Lech Walesa y sus compañeros de Solidaridad trabó con ellos una intima amistad. Celebraba para ellos la Misa dominical todos los domingos y promovió encuentros mensuales. Organizo también una especie de escuela para trabajadores a quienes iniciaba en la catequesis y motivaba a mejorar su cultura general en diferentes campos: historia polaca, literatura, magisterio social de la Iglesia, derecho y economía. Pronto comenzaría un periodo difícil de su vida. Fue interrogado por el régimen 13 veces en un corto período de tiempo en 1984; en el otoño de ese mismo año se intensificaron los ataques en su contra hasta el extremo que el Episcopado le habría ofrecido abandonar Polonia para proseguir estudios en Roma, pero el decidió quedarse en Varsovia hasta que fue secuestrado el 19 de octubre ce 1984 a los 37 años, cerca de Wloclawek, a 160 km al noroeste de Varsovia. Aunque fueron identificados, apresados y juzgados sus supuestos secuestradores y asesinos nunca fue aclarada la gran incógnita de quien ordeno su secuestro.
Su tumba se encuentra junto a la iglesia de San Stanislao Kostka en Varsovia y se calcula que ha sido visitada por unos 18 millones de peregrinos. Allí oró también el Santo Padre Juan Pablo II durante su viaje a Polonia en 1987.

Los trabajos del proceso de beatificación del padre Popiełuszko comenzaron el 15 de noviembre de 1996 cuando el Cardenal Józef Glemp creo la Comisión para la preparación del proceso de beatificación; su muerte fue unánimemente considerada como muerte por martirio. El 19 de diciembre de 2009 el Santo Padre Benedicto XVI aprobó la decisión de la Congregación par las Causas de los Santos y autorizo a promulgar el decreto del martirio. En consultas con el Arzobispo Kazimierz Nycz se estableció la fecha para la celebración de la beatificacion el 6 de junio de 2010.

El programa de la solemne beatificación iniciará mañana 5 de junio de 2010 con una vigilia de jóvenes, movimientos eclesiales y comunidades en el Templo de la Divina Providencia en Pola Wilanowskie. Posteriormente se ofrecerá un espectáculo musical con la reconstrucción de hechos históricos de la vida del Padre Jerzy Popieluszko y por último un concierto para jóvenes de acción de gracias y alabanza.
La ceremonia central se realizara el domingo 6 de junio de 2010 en la Plaza Piłsudski de Varsovia y será presidida por el Arzobispo Angelo Amato, delegado del Santo Padre Benedicto XVI. Se espera según los medios unas 110.000 personas. Me atrevo a pensar que serán muchas más. Previo programa religioso y artístico se celebrara la Solemne Misa de Beatificación a las 11. Concelebrarán unos 120 obispos y 1400 sacerdotes. La ceremonia comenzara con la lectura del documento elevando al Siervo de Dios Jerzy Popieluszko a los altares y la procesión de las reliquias del nuevo beato. Nos unimos espiritualmente a toda Polonia que celebra junto a la madre de Jerzy a quien despues de tanto sufrimiento Dios le ha concedido una larga vida para que pueda ser testigo de este reconocimiento de la Iglesia al valor de su hijo.

Invito visitar mis posts:
y
Museo del sacerdote Jerzy Popieluszko (lamentablemente solo en idioma polaco)

viernes, 8 de enero de 2010

Jerzy Popieluszko, héroe nacional, mártir y sacerdote



Jerzy Popieluszko – un capitulo importante en la historia de Polonia por Ireneusz Skubis, director del Semanario católico "Niedziela"
(traducido de la version en ingles con permiso)

“Hemos recibido con gran gozo la noticia del avance en el proceso de beatificación del Siervo de Dios Jerzy Popieluszko, héroe nacional, mártir y sacerdote, a quien tuve la suerte de haber conocido. Fue en el ámbito de sacerdotes que trabajaban con los jóvenes. El estaba en la Iglesia de Santa Ana en Varsovia. Era un hombre sereno y desempeñaba su ministerio sacerdotal con enorme celo, pero entonces nadie pensó que su vida terminaría en martirio. Algún tiempo después supimos de sus Misas por la Patria, que el celebraba regularmente, y la primer peregrinación de trabajadores a Jasna Gora que organizó a Czestochowa. Se hablaba a menudo de sus actividades pastoral-patrióticas. De ello se enteró el Santo Padre Juan Pablo II y los sacerdotes a menudo contaban que el Papa les pedìa que transmitieran sus saludos al padre Popieluszko. Jerzy ansiaba ver al Santo Padre y al acercarse la fecha del viaje del Papa a Polonia en 1983, el padre Jerzy se llego hasta nosotros en la Redacción de "Niedziela" y nos pidió un pase para el encuentro con Juan Pablo II. Entonces las fuerzas de seguridad ya le seguían los pasos. El nos contó que había escuchado la conversación que mantuvieron miembros de la SB (*) que lo seguían a Czestochowa. Son recuerdos que nos acompañaron durante años. El también entrego a ‘Niedziela’ fotografías del funeral de Grzegorz Przemyk(**) Realmente esperamos con ansias la beatificación de Jerzy Popieluszko y fue de gran alegría la aparición de la película ‘Popieluszko. Wolnosc jest w nas’ [Popieluszko. La libertad esta en nosotros] y la consideramos necesaria para que las generaciones jóvenes de polacos conozcan esta historia contemporánea más de cerca, incluìdas las luchas con el cruel gobierno comunista. Nos ha llamado poderosamente la atención lo dicho por el vocero del Parlamento quien expresò que durante los tiempos de la Republica Popular Polaca estaba prohibido hablar críticamente de la Iglesia. En realidad era todo lo contrario: el sistema apuntaba su lucha contra la Iglesia. Hoy los comunistas hablan de su predisposición favorable hacia la Iglesia. Las actas del Instituto de Memoria Nacional ratifican la realidad de aquellos días y la severa represión de la que era objeto la Iglesia. Recién ahora tomamos cabal conciencia de la verdadera escala de maldades hacia la gente de la Iglesia y el clero. Cuando algún sacerdote daba muestras de mayor firmeza en su resistencia a las autoridades, los servicios secretos de la a SB, conjuntamente con los órganos del Partido de Trabajadores Polacos Unidos fabricaban y propagaban rumores acerca de la persona con el fin de destruirla y aniquilarla. Conocemos cantidades de ejemplos de sacerdotes que fueron tratados de esta manera mientras que a la sociedad se le informaba que habian sido objeto de atropellos o crímenes cometidos por desconocidos.. Hubo muchos perpetradores “desconocidos”. Los asesinos del padre Jerzy figuran entre ellos, si bien de alguna manera fueron descubiertos y dados a conocer, pero quedan aun muchos otros como ellos que siguen viviendo en Polonia, sus manos manchadas de la sangre de compatriotas asesinados, incluyendo sacerdotes. Por lo tanto, cuando veamos la película sobre la vida y martirio del padre Jerzy debemos tomar conciencia que esto es parte de nuestra historia. La educación nacional ofrece un programa incompleto y la sociedad en general esta poco o mal informada acerca del martirio en la época comunista. Hay muchos polacos muy conocidos que se opusieron al sistema. Naturalmente, también estaban aquellos que sucumbieron ante él. No obstante los héroes son muchos. Espiar, irrumpir en una vivienda bajo cualquier pretexto, vigilar, grabar eran métodos comunes del sistema. La sociedad desorientada con información parcial a menudo desconocía estas practicas. La ideología comunista se ingenió para envenenar hasta las conciencias de nuestros intelectuales. En las instituciones de educación superior la SB tenia sus aliados. Los canales del Servicio de Inteligencia comunista llegaban hasta las universidades. El sacerdote Jerzy fue una de aquellas personas que identificaba al sistema como règimen. Sus sermones conllevaban un profundo patriotismo, pero también hablabsan de honestidad humana, de optar por la verdad, el bien, por lo que debiera ser obvio en la vida. Por eso la gente lo escuchaba con pasión, tanto trabajadores como intelectuales porque sabían que era un hombre derecho, correcto, que los amaba, que amaba a Dios y a su patria. Su ministerio pastoral profundizado con un sentimiento de obligación a estar con su gente, a servirles y no defraudarlos. Se le invitaba a visitar varios otros centros pastorales y el reconocía que consideraba como obligación sagrada verse de frente con las necesidades de los hermanos afligidos. Por cierto la beatificación del sacerdote Jerzy Popieluszko sera una buena ocasión para que el ministerio pastoral polaco reflexione profundamente sobre el rol del patriotismo, que juega un papel importante. “Mi Patria, bañada en sangre tantas veces” son palabras de la canción que tantas veces se canto en los refugios clandestinos subterráneos durante el régimen comunista. Hoy deberíamos plantearnos preguntas acerca del patriotismo polaco, que significa para nosotros Patria, que Polonia queremos.

La historia de nuestras naciones ha sido creada en gran parte por nuestros países vecinos, las particiones y la invasiones nos transformaron en un país pobre y en consecuencia nuestra vida es difícil. Hay muchos polacos que no satisfacen necesidades primarias y el mayor peso cae sobre las familias polacas. El padre Jerzy se nos revela como patrono en este tiempo difícil. Con el ejemplo y la palabra seguramente velara por Polonia, por nuestro sentir polaco y los polacos, por la rectitud y la sinceridad en nuestros corazones. Es un ejemplo para las generaciones jóvenes para que sigan su correcto proceder, su honestidad y su coraje. También es un ejemplo para los sacerdotes que deben pensar profundamente en su sacerdocio, saber que deben ofrecerse a Dios por entero en el altar de sus obligaciones pastorales hacia los fieles, que no deben pasar indiferentes ante quien necesita ayuda para sobrellevar su pobreza, desgracias y el peso de lo cotidiano. El paere Jerzy fue un sacerdote común, verdadero pastor de almas y con ello se gano el martirio. No esperaba premios solo pensaba en su obligación hacia quienes buscaban la esperanza en Dios y en la Iglesia. Y nunca fue infiel. Luchó hasta el final. Todo sacerdote debería practicar esa fidelidad. No podemos buscar nuestra propia satisfacción ni perseguir nuestras aspiraciones egoístas. “El camino de la Iglesia es el hombre”. Así lo ha expresado el Santo Padre en sus enseñanzas y el Evangelio en sus mensajes. Todas estas cosas estaban en el corazón del padre Jerzy. De no haber sido asì, su vida hubiese sido diferente. Podría haber estudiado en el extranjero, podría haber sido profesor universitario. Pero no fue así. El padre Jerzy sabia que su ordenación, la Santa Misa, los sacramentos que administraba y sus sermones eran necesarios para su gente y su Patria. El entendió claramente su misión como lo más bello e importante. Realmente esperamos con ansias la película de esta magnifica figura de sacerdote polaco, la película que nos recordará su ministerio pastoral ferviente, lleno de amor. Su amor fundado en su hogar, en el seminario, en el ejercito y en sus luchas por la rectitud, la justicia, la honestidad, la confianza, el coraje. Hoy el padre JErzy comparte su riqueza con la nación. Con los jóvenes, el mundo del trabajo, las enfermeras entre quienes trabajaba, con los sacerdotes a quienes recuerda que su sacerdocio es un don, que supera cualquier tesis doctoral o distinciones afines, y que debiera ser el fundamento de una vida santa. El quería ser sacerdote y permaneció siendo sacerdote, pastor para la Iglesia, su Patria y sus hermanos.

"Niedziela" 7/2009
(*) SB - Służba Bezpieczeństwa, servicios secretos del régimen

(**)joven polaco muerto a manos de la policía del régimen.