Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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domingo, 10 de agosto de 2025

Honrando al Cardenal Estanislao Esteban Karlic: El mal y la historia – reposteo

 


La historia es siempre historia de los hombres conducida por su voluntad libre. El acto humano, de amor o de odio, es el que teje la trama de la vida cotidiana de la humanidad.

Dice San Agustín en un texto elaborado a lo largo de los años en la luz de su sabiduría: “Dos amores han fundado dos ciudades: el amor de sí hasta el desprecio de Dios ha generado la ciudad terrena; el amor de Dios hasta el desprecio de sí ha generado la ciudad celeste. La primera se gloría de sí misma, la segunda en Dios... En aquella domina la concupiscencia del dominio; en ésta se sirven recíprocamente en la caridad, los jefes mandando y los súbditos obedeciendo” [19] .

Los cristianos recibimos la luz de la palabra de Dios para orientarnos en la historia en que actúa el misterio de iniquidad. La revelación de este misterio que afecta a todos, se encuentra a lo largo de toda la Escritura. “No hay un rasgo del mensaje cristiano que no sea en parte una respuesta a la cuestión del mal”, dice el Catecismo (309). Los no creyentes que no acogen el auxilio de la revelación, tienen en su conciencia la voz de Dios fiel a su creatura, quien le reclama hacer el bien y evitar el mal en cada acto de libertad. La libertad se siente siempre en sus opciones, reclamada por la dignidad de la responsabilidad. Sólo cuando la persona misma tuerce su decisión, se hace culpable.

El misterio de iniquidad es tan profundo que solamente al final de la historia se nos revelará plenamente. Cuando llegue la plenitud de la vida, cuando llegue la plenitud de los dones de Dios, que es Dios mismo en la inmediatez de la visión, sólo entonces se comprenderá el abismo de maldad que fue el rechazo del amor primero y gratuito de Dios misericordioso y fiel. Sólo entonces se conocerá definitivamente el abismo de maldad que separa el amor de Dios y el odio de la creatura. Hasta entonces, en los siglos de nuestro tiempo, el mal que seguirá operante deberá ser combatido en el claroscuro de la fe, de la que cada uno debe vivir personalmente, en la distancia del hombre peregrino, fiel a los reclamos de su conciencia. Los cristianos nos decimos que el mal es enfrentado con la certeza del triunfo sólo si se camina sinceramente en la luz de la conciencia auténtica, en la fortaleza de la humildad esperanzada y en la donación de sí en el servicio del amor fraterno, o en términos explícitamente cristianos, sólo si se camina en la fe, la esperanza y la caridad.

Esta actitud es coherente con la espiritualidad del martirio, en que la muerte se descubre como paso triunfal a la vida eterna. Lo que triunfa es el amor desconcertante de quien confía absolutamente en la bondad de Dios, y sabe que ese amor total y definitivo es capaz de vencer el odio y la muerte y capaz de llevar al hombre a la vida que no pasa, a la comunión con Dios vivo.

Pasó el nazismo, pasó el fascismo, pasó el esplendor del marxismo, sabemos que han de pasar el suficiente y pragmático olvido de Dios, la muerte del hombre, el ocaso de la razón, el fin de la verdad, y tantos otros males. No pasó ni pasará la justicia y el amor de los justos que permanecen para siempre. El que amó, triunfó para siempre. La última palabra de la historia será la gloria del amor y de la paz de Dios, así como la primera fue el amor gratuito de la creación. Mientras tanto, en el correr del tiempo, tiene la palabra el hombre con su sabiduría y su libertad, capaz de bien, aunque amenazado por el mal.

Para explicar la permanencia del bien y del mal en la historia, Juan Pablo nos dice en el libro que acabamos de citar: “Cómo nazca y se desarrolle el mal en el terreno del bien, es un misterio. También es una incógnita esa parte de bien que el mal no ha conseguido destruir y que se difunde a pesar del mal, creciendo incluso en el mismo suelo. Surge de inmediato la parábola evangélica del trigo y la cizaña [20] . Cuando los siervos preguntan al dueño: ¿Quieres que vayamos a arrancarla?, él contesta de manera muy significativa: “No, que podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega” [21] .

 


[1] Cfr. Suma Teológica, I, q.2, a.3.

[2] Plotino, 1° Enneada, 8° tratado, c.5.

[19] San Agustín, Civ. Dei 14,28.

[20] Cfr. Mt. 13, 24-30.

[21] Juan Pablo II, Memoria e Identidad, 3° edición argentina, 2005, p. 14.

 

(del escrito del Cardenal Estanislao Esteban Karlic: La presencia del mal en el mundo y en la Argentina, perspectiva teológica.

 

 

Honrando al Cardenal Estanislao Esteban Karlic - “historia” del Catecismo dela Iglesia Catòlica - Reposteo

 



Hace años atrás la agencia (Zenit H. Sergio Mora) https://es.zenit.org/2012/10/23/el-catecismo-fue-un-fruto-profetico-del-concilio-vaticano-ii/ entrevisto al cardenal argentino Estanislao Esteban Karlic quien fuera miembro de la comisión redactora del Catecismo de la Iglesia Católica. El cardenal Karlic  cuenta algunos detalles de los momentos particulares de la redacción, revisión y publicación de esta obra maestra de la Iglesia,  que partió del Sínodo de Obispos de 1985, como “fruto profético del Concilio Vaticano II”.  Ya en tiempos del Concilio,  cuenta el cardenal Karlic “se había  planteado la pregunta sobre un nuevo catecismo, pero la inquietud no prosperó. Con el sínodo de 1985, en cambio la iniciativa fue considerada oportuna y el papa la asumió.” En 1986 se constituyó una comisión bajo la presidencia del entonces Cardenal Joseph Ratzinger.  Explica el cardenal Karlic que   “El texto llego a tener nueve versiones sucesivas y la versión llamada «proyecto revisado» que se considero válida para una consulta universal  se envió a todas las diócesis del mundo para su consulta y observaciones.”  Se recibieron unas 25.000 respuestas, que fueron todas analizadas una por una. “Entre las observaciones importantes fue la de dar más relieve al tratamiento de la oración” resalta el cardenal Karlic.

El cardenal Karlic que vivía en Paraná, Entre Rios, Argentina,  viajaba a Roma para las reuniones y cuenta como curiosidad que una vez hubo que copiar nueve veces un texto con el propósito de mejorar su redacción. Aunque suene extraño recordaba el cardenal Karlic que en aquella época aun no se usaban computadoras!    El documento fue entregado en la versión francesa, italiana y española en diciembre de 1991 en Roma a los representantes de toda la Iglesia  “como un nuevo signo de catolicidad, en un acto solemne presidido por el mismo Juan Pablo II”.   

Entrevista completa:

¿Cuál era el catecismo universal anterior al actual?

Cardenal Karlic: En la historia de la Iglesia solamente hay un catecismo semejante, es el de san Pio V, llamado Catecismo del Concilio de Trento o Catecismo de los Párrocos, publicado en el siglo XVI, poco después de la invención de la imprenta. Fue un ejemplo a seguir por su gran valor. El actual Catecismo de la Iglesia Católica sin embargo tiene novedades que lo enriquecen no solamente en el aprovechamiento del Magisterio Pontificio de los últimos tiempos, sino también en la atención de los problemas contemporáneos. EL Catecismo Tridentino y el de la Iglesia Católica son los dos únicos en la historia que fueron aprobados por un papa y destinados a toda la Iglesia.

¿Cómo nace esta idea y porque un nuevo catecismo?

Cardenal Karlic: Los obispos del sínodo que celebraba los 20 años del Concilio consideraban que era necesario elaborar un compendio de toda la doctrina católica, sobre la fe y moral, que sirviese como punto de referencia para los catecismos que se habrían de redactar en las diversas regiones del mundo, para su mayor acercamiento a las diversas culturas. Después de 500 años de haber publicado el anterior catecismo universal, pareció oportuno tener una síntesis de la doctrina apostólica que respondiera a las grandes cuestiones planteadas por la cultura contemporánea sobre Dios, el hombre y el mundo. En tiempos del concilio Vaticano II se había planteado la pregunta sobre un nu8evo catecismo, pero la inquietud no prospero. Con el sínodo de 1985, en cambio la iniciativa fue considerada oportuna y el papa la asumió.

¿Como fueron los primeros pasos en la elaboración del Catecismo?

Cardenal Karlic: El Santo Padre a principios de 1986 constituyo una comisión de doce cardenales y obispos que debían conducir toda la obra y un comité de redacción de siete miembros a quienes se unió el secretario de redacción. El presidente de ambas comisiones era el entonces cardenal Ratzinger,  quien conducía admirablemente las reuniones. Siempre se busco entre los participantes una representación de la universalidad de la Iglesia.

Usted fue convocado para la redacción del Catecismo?

Cardenal Karlic. Fue una gracia de Dios inmensa. Me incorporé al comité de redacción,  que ya estaba formado,  en un segundo momento.  Otro de los miembros que se incorporó fue el secretario de redacción, el cardenal Schonborn, entonces profesor de teología en Suiza. Cuando ingresamos ya existía un texto fundamental sobre el cual debíamos trabajar. El trabajo naturalmente era distribuido a los subgrupos para después entregarlo en las reuniones conjuntas. De esta manera se redactó el texto que llego a tener nueve versiones sucesivas.

Como se consulto a toda la Iglesia?

Cardenal Karlic: La versión llamada proyecto revisado, que se consideró válida para una consulta universal, se envió a todas las ldiócesis del mundo debidamente preparada para que las observaciones que se mandaran fueran bien aprovechadas. Las respuestas fueron unas 25.000, un número extraordinario.

¿Y con las respuestas como hicieron?

Cardenal Karlic: Para estudiar las respuestas tuvimos una larga reunión en los alrededores de Roma. Las revisamos una por una, incluso las que llegaron después del término fijado. Fue emocionante ver la manifestación de la unidad de la fe, de las diversas partes de la Iglesia, en la aceptación fundamental del  texto y de la pasión por la versad en la búsqueda de las expresiones que se juzgaban las más adecuadas para  manifestar el misterio cristiano revelado. Ese momento fue clave en el proceso de redacción. . Un trabajo tan delicado no se podía llevar adelante sin al gracia del Señor, como decía con gozo sereno y profundo uno de los obispos cercanos a nuestra tarea.

¿Entre las observaciones cuales recuerda?

Cardenal Karlic: Una observación importante que se aceptó sin demora fue la de dar más relieve al tratamiento de la oración. En el texto de la consulta se había propuesto que la oración fuera el epílogo de todo el Catecismo. Las respuestas pedían que se le otorgara más importancia y con la categoría de la cuarta parte, así como de coronar todo el trabajo, como sucedía con el catecismo tridentino.

Usted vivía en Roma durante los años de la redacción?

Cardenal Karlic: No, vivía en Paraná y alla trabajaba. Entonces no se usaban las computadoras. Recuerdo una vez que hubo que copiar nueve veces un texto con el propósito de mejorar su redacción.  También la necesidad de hacer un viaja de Paraná a Santiago de Chile para hacer llegar los escritos al cardenal Mediana con quien formábamos un subgrupo. 

¿En Roma como se procedía?

Cardenal Karlic: Nos reuníamos en el Vaticano. La Comisión de Obispos y el Comité eran presididos por el cardenal Ratzinger quien era el responsable ante el Santo Padre.  Era muy emocionante recibir al final de las reuniones en repetidas oportunidades al Santo Padre. En una ocasión lo visitamos en Castel Gandolfo. Durante las reuniones se creaba un clima de gravedad, de responsabilidad y de libertad. El cardenal Ratzinger después de escuchar con interés todo lo que se decía, hacia una síntesis clara y muy útil para los trabajos ulteriores.

En qué idioma se escribia?

Cardenal Karlic: Se eligió el francés como idioma común para los intercambios y en los encuentros aunque sin excluir el uso de otras lenguas. Y también en la redacción del proyecto. Para la edición típica se eligió el latín que es un idioma muy apto para expresar el misterio cristiano, modelada como latín eclesiástico en la gran tradición del Magisterio, de los santos y de los teólogos. La traducción al latín duro unos cinco años, si bien la presentación del Catecismo ya terminado y aprobado por el Santo Padre se hizo antes de tener la traducción al latín.  Y fue entregado en la versión francesa, italiana y española en diciembre de 1992 en Roma a los representantes de toda la Iglesia, con un nuevo signo de catolicidad, en un acto solemne presidido por el mismo Juan Pablo II.

Se ha hablado de un tsunami de secularización y del Vaticano II como una brújula.

Cardenal Karlic: El Concilio tuvo consecuencias en la función pastoral, en los códigos de derecho para la Iglesia en oriente y occidente, en la función sacerdotal, en los libros litúrgicos y el orden profético lo tuvo en el Catecismo. Sin dudas como ya dijimos el Catecismo fue un fruto profético del Concilio Vaticano II.

¿Algun particular que recuerde?

Cardenal Karlic: Recuerdo la alegría del cardenal Ratzinger cuando se terminó de realizar el mismo. En realidad la redacción del Catecismo fue también un ejercicio de fidelidad al amor de Dios que nos amó primero.  


 

 

 

 

martes, 15 de octubre de 2024

Misterium iniquitatis (13 de 13) M. Estanislao Karlic: La presencia del mal en el Mundo y en la Argentina : Perspectiva teológica

 


“El misterio de iniquidad es tan profundo que solamente al final de la historia se nos revelará plenamente. Cuando llegue la plenitud de la vida, cuando llegue la plenitud de los dones de Dios, que es Dios mismo en la inmediatez de la visión, sólo entonces se comprenderá el abismo de maldad que fue el rechazo del amor primero y gratuito de Dios misericordioso y fiel. Sólo entonces se conocerá definitivamente el abismo de maldad que separa el amor de Dios y el odio de la creatura. Hasta entonces, en los siglos de nuestro tiempo, el mal que seguirá operante deberá ser combatido en el claroscuro de la fe, de la que cada uno debe vivir personalmente, en la distancia del hombre peregrino, fiel a los reclamos de su conciencia. Los cristianos nos decimos que el mal es enfrentado con la certeza del triunfo sólo si se camina sinceramente en la luz de la conciencia auténtica, en la fortaleza de la humildad esperanzada y en la donación de sí en el servicio del amor fraterno, o en términos explícitamente cristianos, sólo si se camina en la fe, la esperanza y la caridad.

Esta actitud es coherente con la espiritualidad del martirio, en que la muerte se descubre como paso triunfal a la vida eterna. Lo que triunfa es el amor desconcertante de quien confía absolutamente en la bondad de Dios, y sabe que ese amor total y definitivo es capaz de vencer el odio y la muerte y capaz de llevar al hombre a la vida que no pasa, a la comunión con Dios vivo.

Pasó el nazismo, pasó el fascismo, pasó el esplendor del marxismo, sabemos que han de pasar el suficiente y pragmático olvido de Dios, la muerte del hombre, el ocaso de la razón, el fin de la verdad, y tantos otros males. No pasó ni pasará la justicia y el amor de los justos que permanecen para siempre. El que amó, triunfó para siempre. La última palabra de la historia será la gloria del amor y de la paz de Dios, así como la primera fue el amor gratuito de la creación. Mientras tanto, en el correr del tiempo, tiene la palabra el hombre con su sabiduría y su libertad, capaz de bien, aunque amenazado por el mal.

Para explicar la permanencia del bien y del mal en la historia, Juan Pablo nos dice en el libro que acabamos de citar: “Cómo nazca y se desarrolle el mal en el terreno del bien, es un misterio. También es una incógnita esa parte de bien que el mal no ha conseguido destruir y que se difunde a pesar del mal, creciendo incluso en el mismo suelo. Surge de inmediato la parábola evangélica del trigo y la cizaña. Cuando los siervos preguntan al dueño: ¿Quieres que vayamos a arrancarla?, él contesta de manera muy significativa: “No, que podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega”  

 (Invito leer el artículo completo en Arbil Nro.10)


 

viernes, 27 de agosto de 2021

El cardenal Karlic habla de la “historia” del Catecismo de la Iglesia Católica

 


Hace años atrás la agencia (Zenit H. Sergio Mora) https://es.zenit.org/2012/10/23/el-catecismo-fue-un-fruto-profetico-del-concilio-vaticano-ii/

entrevisto al cardenal argentino Estanislao Esteban Karlic quien fuera miembro de la comisión redactora del Catecismo de la Iglesia Católica. El cardenal Karlic  cuenta algunos detalles de los momentos particulares de la redacción, revisión y publicación de esta obra maestra de la Iglesia,  que partió del Sínodo de Obispos de 1985, como “fruto profético del Concilio Vaticano II”.  Ya en tiempos del Concilio,  cuenta el cardenal Karlic “se había  planteado la pregunta sobre un nuevo catecismo, pero la inquietud no prosperó. Con el sínodo de 1985, en cambio la iniciativa fue considerada oportuna y el papa la asumió.” En 1986 se constituyó una comisión bajo la presidencia del entonces Cardenal Joseph Ratzinger.  Explica el cardenal Karlic que   “El texto llego a tener nueve versiones sucesivas y la versión llamada «proyecto revisado» que se considero válida para una consulta universal  se envió a todas las diócesis del mundo para su consulta y observaciones.”  Se recibieron unas 25.000 respuestas, que fueron todas analizadas una por una. “Entre las observaciones importantes fue la de dar más relieve al tratamiento de la oración” resalta el cardenal Karlic.
El cardenal Karlic que vivía en Paraná, Entre Rios, Argentina,  viajaba a Roma para las reuniones y cuenta como curiosidad que una vez hubo que copiar nueve veces un texto con el propósito de mejorar su redacción. Aunque suene extraño recordaba el cardenal Karlic que en aquella época aun no se usaban computadoras!    El documento fue entregado en la versión francesa, italiana y española en diciembre de 1991 en Roma a los representantes de toda la Iglesia  “como un nuevo signo de catolicidad, en un acto solemne presidido por el mismo Juan Pablo II”.   

 

Entrevista completa:

 

¿Cuál era el catecismo universal anterior al actual?

 

Cardenal Karlic: En la historia de la Iglesia solamente hay un catecismo semejante, es el de san Pio V, llamado Catecismo del Concilio de Trento o Catecismo de los Párrocos, publicado en el siglo XVI, poco después de la invención de la imprenta. Fue un ejemplo a seguir por su gran valor. El actual Catecismo de la Iglesia Católica sin embargo tiene novedades que lo enriquecen no solamente en el aprovechamiento del Magisterio Pontificio de los últimos tiempos, sino también en la atención de los problemas contemporáneos. EL Catecismo Tridentino y el de la Iglesia Católica son los dos únicos en la historia que fueron aprobados por un papa y destinados a toda la Iglesia.

 

¿Cómo nace esta idea y porque un nuevo catecismo?

 

Cardenal Karlic: Los obispos del sínodo que celebraba los 20 años del Concilio consideraban que era necesario elaborar un compendio de toda la doctrina católica, sobre la fe y moral, que sirviese como punto de referencia para los catecismos que se habrían de redactar en las diversas regiones del mundo, para su mayor acercamiento a las diversas culturas. Después de 500 años de haber publicado el anterior catecismo universal, pareció oportuno tener una síntesis de la doctrina apostólica que respondiera a las grandes cuestiones planteadas por la cultura contemporánea sobre Dios, el hombre y el mundo. En tiempos del concilio Vaticano II se había planteado la pregunta sobre un nu8evo catecismo, pero la inquietud no prospero. Con el sínodo de 1985, en cambio la iniciativa fue considerada oportuna y el papa la asumió.

 

¿Como fueron los primeros pasos en la elaboración del Catecismo?

 

Cardenal Karlic: El Santo Padre a principios de 1986 constituyo una comisión de doce cardenales y obispos que debían conducir toda la obra y un comité de redacción de siete miembros a quienes se unió el secretario de redacción. El presidente de ambas comisiones era el entonces cardenal Ratzinger,  quien conducía admirablemente las reuniones. Siempre se busco entre los participantes una representación de la universalidad de la Iglesia.

 

Usted fue convocado para la redacción del Catecismo?

 

Cardenal Karlic. Fue una gracia de Dios inmensa. Me incorporé al comité de redacción,  que ya estaba formado,  en un segundo momento.  Otro de los miembros que se incorporó fue el secretario de redacción, el cardenal Schonborn, entonces profesor de teología en Suiza. Cuando ingresamos ya existía un texto fundamental sobre el cual debíamos trabajar. El trabajo naturalmente era distribuido a los subgrupos para después entregarlo en las reuniones conjuntas. De esta manera se redactó el texto que llego a tener nueve versiones sucesivas.

 

Como se consulto a toda la Iglesia?

 

Cardenal Karlic: La versión llamada proyecto revisado, que se consideró válida para una consulta universal, se envió a todas las ldiócesis del mundo debidamente preparada para que las observaciones que se mandaran fueran bien aprovechadas. Las respuestas fueron unas 25.000, un número extraordinario.

 

¿Y con las respuestas como hicieron?

 

Cardenal Karlic: Para estudiar las respuestas tuvimos una larga reunión en los alrededores de Roma. Las revisamos una por una, incluso las que llegaron después del término fijado. Fue emocionante ver la manifestación de la unidad de la fe, de las diversas partes de la Iglesia, en la aceptación fundamental del  texto y de la pasión por la versad en la búsqueda de las expresiones que se juzgaban las más adecuadas para  manifestar el misterio cristiano revelado. Ese momento fue clave en el proceso de redacción. . Un trabajo tan delicado no se podía llevar adelante sin al gracia del Señor, como decía con gozo sereno y profundo uno de los obispos cercanos a nuestra tarea.

 

¿Entre las observaciones cuales recuerda?

 

Cardenal Karlic: Una observación importante que se aceptó sin demora fue la de dar más relieve al tratamiento de la oración. En el texto de la consulta se había propuesto que la oración fuera el epílogo de todo el Catecismo. Las respuestas pedían que se le otorgara más importancia y con la categoría de la cuarta parte, así como de coronar todo el trabajo, como sucedía con el catecismo tridentino.

 

Usted vivía en Roma durante los años de la redacción?

 

Cardenal Karlic: No, vivía en Paraná y alla trabajaba. Entonces no se usaban las computadoras. Recuerdo una vez que hubo que copiar nueve veces un texto con el propósito de mejorar su redacción.  También la necesidad de hacer un viaja de Paraná a Santiago de Chile para hacer llegar los escritos al cardenal Mediana con quien formábamos un subgrupo. 

 

¿En Roma como se procedía?

Cardenal Karlic: Nos reuníamos en el Vaticano. La Comisión de Obispos y el Comité eran presididos por el cardenal Ratzinger quien era el responsable ante el Santo Padre.  Era muy emocionante recibir al final de las reuniones en repetidas oportunidades al Santo Padre. En una ocasión lo visitamos en Castel Gandolfo. Durante las reuniones se creaba un clima de gravedad, de responsabilidad y de libertad. El cardenal Ratzinger después de escuchar con interés todo lo que se decía, hacia una síntesis clara y muy útil para los trabajos ulteriores.

 

En qué idioma se escribia?

 

Cardenal Karlic: Se eligió el francés como idioma común para los intercambios y en los encuentros aunque sin excluir el uso de otras lenguas. Y también en la redacción del proyecto. Para la edición típica se eligió el latín que es un idioma muy apto para expresar el misterio cristiano, modelada como latín eclesiástico en la gran tradición del Magisterio, de los santos y de los teólogos. La traducción al latín duro unos cinco años, si bien la presentación del Catecismo ya terminado y aprobado por el Santo Padre se hizo antes de tener la traducción al latín.  Y fue entregado en la versión francesa, italiana y española en diciembre de 1992 en Roma a los representantes de toda la Iglesia, con un nuevo signo de catolicidad, en un acto solemne presidido por el mismo Juan Pablo II.

 

Se ha hablado de un tsunami de secularización y del Vaticano II como una brújula.

 

Cardenal Karlic: El Concilio tuvo consecuencias en la función pastoral, en los códigos de derecho para la Iglesia en oriente y occidente, en la función sacerdotal, en los libros litúrgicos y el orden profético lo tuvo en el Catecismo. Sin dudas como ya dijimos el Catecismo fue un fruto profético del Concilio Vaticano II.

 

¿Algun particular que recuerde?

 

Cardenal Karlic: Recuerdo la alegría del cardenal Ratzinger cuando se terminó de realizar el mismo. En realidad la redacción del Catecismo fue también un ejercicio de fidelidad al amor de Dios que nos amó primero.  

miércoles, 11 de agosto de 2021

M. Estanislao Karlic: El mal y la historia

 


La historia es siempre historia de los hombres conducida por su voluntad libre. El acto humano, de amor o de odio, es el que teje la trama de la vida cotidiana de la humanidad.

Dice San Agustín en un texto elaborado a lo largo de los años en la luz de su sabiduría: “Dos amores han fundado dos ciudades: el amor de sí hasta el desprecio de Dios ha generado la ciudad terrena; el amor de Dios hasta el desprecio de sí ha generado la ciudad celeste. La primera se gloría de sí misma, la segunda en Dios... En aquella domina la concupiscencia del dominio; en ésta se sirven recíprocamente en la caridad, los jefes mandando y los súbditos obedeciendo” [19] .

 

Los cristianos recibimos la luz de la palabra de Dios para orientarnos en la historia en que actúa el misterio de iniquidad. La revelación de este misterio que afecta a todos, se encuentra a lo largo de toda la Escritura. “No hay un rasgo del mensaje cristiano que no sea en parte una respuesta a la cuestión del mal”, dice el Catecismo (309). Los no creyentes que no acogen el auxilio de la revelación, tienen en su conciencia la voz de Dios fiel a su creatura, quien le reclama hacer el bien y evitar el mal en cada acto de libertad. La libertad se siente siempre en sus opciones, reclamada por la dignidad de la responsabilidad. Sólo cuando la persona misma tuerce su decisión, se hace culpable.

El misterio de iniquidad es tan profundo que solamente al final de la historia se nos revelará plenamente. Cuando llegue la plenitud de la vida, cuando llegue la plenitud de los dones de Dios, que es Dios mismo en la inmediatez de la visión, sólo entonces se comprenderá el abismo de maldad que fue el rechazo del amor primero y gratuito de Dios misericordioso y fiel. Sólo entonces se conocerá definitivamente el abismo de maldad que separa el amor de Dios y el odio de la creatura. Hasta entonces, en los siglos de nuestro tiempo, el mal que seguirá operante deberá ser combatido en el claroscuro de la fe, de la que cada uno debe vivir personalmente, en la distancia del hombre peregrino, fiel a los reclamos de su conciencia. Los cristianos nos decimos que el mal es enfrentado con la certeza del triunfo sólo si se camina sinceramente en la luz de la conciencia auténtica, en la fortaleza de la humildad esperanzada y en la donación de sí en el servicio del amor fraterno, o en términos explícitamente cristianos, sólo si se camina en la fe, la esperanza y la caridad.

 

Esta actitud es coherente con la espiritualidad del martirio, en que la muerte se descubre como paso triunfal a la vida eterna. Lo que triunfa es el amor desconcertante de quien confía absolutamente en la bondad de Dios, y sabe que ese amor total y definitivo es capaz de vencer el odio y la muerte y capaz de llevar al hombre a la vida que no pasa, a la comunión con Dios vivo.

 

Pasó el nazismo, pasó el fascismo, pasó el esplendor del marxismo, sabemos que han de pasar el suficiente y pragmático olvido de Dios, la muerte del hombre, el ocaso de la razón, el fin de la verdad, y tantos otros males. No pasó ni pasará la justicia y el amor de los justos que permanecen para siempre. El que amó, triunfó para siempre. La última palabra de la historia será la gloria del amor y de la paz de Dios, así como la primera fue el amor gratuito de la creación. Mientras tanto, en el correr del tiempo, tiene la palabra el hombre con su sabiduría y su libertad, capaz de bien, aunque amenazado por el mal.

Para explicar la permanencia del bien y del mal en la historia, Juan Pablo nos dice en el libro que acabamos de citar: “Cómo nazca y se desarrolle el mal en el terreno del bien, es un misterio. También es una incógnita esa parte de bien que el mal no ha conseguido destruir y que se difunde a pesar del mal, creciendo incluso en el mismo suelo. Surge de inmediato la parábola evangélica del trigo y la cizaña [20] . Cuando los siervos preguntan al dueño: ¿Quieres que vayamos a arrancarla?, él contesta de manera muy significativa: “No, que podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega” [21] .

 


[1] Cfr. Suma Teológica, I, q.2, a.3.

[2] Plotino, 1° Enneada, 8° tratado, c.5.

[19] San Agustín, Civ. Dei 14,28.

[20] Cfr. Mt. 13, 24-30.

[21] Juan Pablo II, Memoria e Identidad, 3° edición argentina, 2005, p. 14.

 

 

 

(del escrito de M. Estanislao E. Karlic : La presencia del mal en el mundo y en la Argentina, perspectiva teológica – leer completo en este enlace)

 

jueves, 22 de mayo de 2014

M. Estanislao E. Karlic: La presencia del mal en el Mundo y en la Argentina: Perspectiva teológica


“El misterio de iniquidad es tan profundo que solamente al final de la historia se nos revelará plenamente. Cuando llegue la plenitud de la vida, cuando llegue la plenitud de los dones de Dios, que es Dios mismo en la inmediatez de la visión, sólo entonces se comprenderá el abismo de maldad que fue el rechazo del amor primero y gratuito de Dios misericordioso y fiel. Sólo entonces se conocerá definitivamente el abismo de maldad que separa el amor de Dios y el odio de la creatura. Hasta entonces, en los siglos de nuestro tiempo, el mal que seguirá operante deberá ser combatido en el claroscuro de la fe, de la que cada uno debe vivir personalmente, en la distancia del hombre peregrino, fiel a los reclamos de su conciencia. Los cristianos nos decimos que el mal es enfrentado con la certeza del triunfo sólo si se camina sinceramente en la luz de la conciencia auténtica, en la fortaleza de la humildad esperanzada y en la donación de sí en el servicio del amor fraterno, o en términos explícitamente cristianos, sólo si se camina en la fe, la esperanza y la caridad.
Esta actitud es coherente con la espiritualidad del martirio, en que la muerte se descubre como paso triunfal a la vida eterna. Lo que triunfa es el amor desconcertante de quien confía absolutamente en la bondad de Dios, y sabe que ese amor total y definitivo es capaz de vencer el odio y la muerte y capaz de llevar al hombre a la vida que no pasa, a la comunión con Dios vivo.

Pasó el nazismo, pasó el fascismo, pasó el esplendor del marxismo, sabemos que han de pasar el suficiente y pragmático olvido de Dios, la muerte del hombre, el ocaso de la razón, el fin de la verdad, y tantos otros males. No pasó ni pasará la justicia y el amor de los justos que permanecen para siempre. El que amó, triunfó para siempre. La última palabra de la historia será la gloria del amor y de la paz de Dios, así como la primera fue el amor gratuito de la creación. Mientras tanto, en el correr del tiempo, tiene la palabra el hombre con su sabiduría y su libertad, capaz de bien, aunque amenazado por el mal.

Para explicar la permanencia del bien y del mal en la historia, Juan Pablo nos dice en el libro que acabamos de citar: “Cómo nazca y se desarrolle el mal en el terreno del bien, es un misterio. También es una incógnita esa parte de bien que el mal no ha conseguido destruir y que se difunde a pesar del mal, creciendo incluso en el mismo suelo. Surge de inmediato la parábola evangélica del trigo y la cizaña. Cuando los siervos preguntan al dueño: ¿Quieres que vayamos a arrancarla?, él contesta de manera muy significativa: “No, que podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega”

sábado, 24 de noviembre de 2007

Consistorio 2007

Los cardenales Franc Rode y Stanislaw Dziwisz previa audiencia con el Santo Padre BXVI el 27 de marzo de 2006 en el Aula Pablo VI, como parte del Consistorio 2006 que guardo en precioso recuerdo, durante el cual fueron creados cardenales Stanislaw Dziwisz, secretario de Juan Pablo II, Arzobispo de Cracovia, mi familiar Franz Rode, Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Jorge Liberato Urosa Savino, arzobispo de Caracas, y Antonio Cañizares Llovera, arzobispo de Toledo, cuatro de los 15 nombrados el año pasado
Hoy el Santo Padre BXVI celebra un nuevo Consistorio. Entre otros recibirán el birrete rojo cardenalicio y la asignación de un Titulo o Diaconía dos argentinos.

Mañana, solemnidad de Cristo Rey, el Santo Padre presidirá una misa concelebrada con los nuevos cardenales y les entregará el anillo cardenalicio.
El Colegio Cardenalicio contará con 201 miembros, 120 de ellos electores
Mons. Estanislao Karlic, uno de ellos y no elector, probablemente no tan conocido como Mons. Leonardo Sandri no obstante cuenta con muchos amigos en Roma, pues estudió Filosofia y Teologia en la Pontificia Universidad Gregoriana, fue ordenado sacerdote en Roma el 8 de diciembre de 1954 y se doctoró en Teología en la misma Universidad en 1965. Mons. Karlic es arzobispo emérito de Paraná, Entre Rios, Republica Argentina y colaborador en la versión al español de la obra maestra Catecismo de la Iglesia Católica.
Personalmente guardo un muy grato recuerdo de su disertación “El Misterio de Jesucristo en la Liturgia según el Catecismo de la Iglesia Católica”, en el Coloquio Teológico Internacional Jesucristo en Juan Pablo II (Modulo La dimensión eclesial del misterio de Cristo) realizado los dias 15 y 16 de septiembre de 2005 en la Universidad Catolica Argentina. Felicitaciones Mons. Karlic y sinceras gracias por su larga y fructifera trayectoria al servicio de la Iglesia argentina.

Felicitaciones también de todo corazón a Mons. Leonardo Sandri Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales. Nacido en Buenos Aires, fue ordenado sacerdote a los 24 años. Después de licenciarse en derecho canónico entró en el servicio diplomático de la Santa Sede en 1974. Con una ya larga trayectoria lejos de su patria terrena estos dias debe sentirse muy unido a familiares y amigos y por extensión a todo el pueblo argentino que celebra orgulloso su nombramiento.