Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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viernes, 6 de mayo de 2022

Karol Wojtyla entre su primera parroquia de Niegowic y su querida parroquia San Florián de Cracovia (2 de 2)

 


Asi cuenta el mismo Papa JuanPablo II,  en pocas palabras llenas de sentido,   su traslado de Niegowic a su otra querida parroquia de San Florian en Cracovia.

En efecto, después de un año fui destinado a la parroquia de San Florián de Cracovia. El párroco, Mons. Tadeusz Kurowski, me encargó la catequesis en los cursos superiores del instituto y la acción pastoral entre los estudiantes universitarios. La pastoral universitaria de Cracovia tenía entonces su centro en la iglesia de Santa Ana, pero con el desarrollo de nuevas facultades se sintió la necesidad de crear una nueva sede precisamente en la parroquia de San Florián. Comencé allí las conferencias para la juventud universitaria; las tenía todos los jueves y trataban de los problemas fundamentales sobre la existencia de Dios y la espiritualidad del alma humana, temas de particular impacto en el contexto del ateísmo militante, propio del régimen comunista.

Karol hubiese querido quedarse en Niegowicz mucho más tiempo para seguir profundizando sus platicas sobre Santo Tomas,  San Juan de la Cruz y Santa Teresa, continuar sus largas horas en el confesionario,  los ejercicios espirituales y proseguir con la construcción de la nueva iglesia,  pero debe acatar la orden de volver a Cracovia. Le cuesta también dejar al párroco, el mejor párroco de los alrededores.

Y asi en 1949 el doctor Karol comienza su tarea pastoral en la iglesia de San Florián en el centro de Cracovia.   Karol se encuentra con una nueva Cracovia, que no conocía. Cuando se había ido a Roma (al regresar debió partir a Niegowic) la ciudad había sido invadida por los polacos que debieron abandonar sus hogares en las zonas ocupadas por los soviéticos. La nueva Cracovia había cambiado. De alguna manera había regresado a los viejos tiempos antes de la guerra, si bien no completamente y de una manera muy diferente.  En los alrededores donde antes era todo  una verde campiña poblada por  pequeñas casitas y capillas de madera ahora se estaba construyendo la nueva ciudad socialista de Polonia, que llamaron NowaHuta. Los nuevos monoblocks se iban poblando con miles de familias jóvenes llegadas de los alrededores, atraídas por la gran ciudad y con posibilidades de ser empleados en  las grandes fábricas metalúrgicas. Abandonaban sus pueblos que parecían más aburridos, más pobres, por una gran ciudad que ofrecía mejores pagas por un trabajo pesado y duro pero a la vez con mayores oportunidades de salidas y  diversión.  Se decía también que la nueva identificación de  Cracovia seria “Cracovia de Nowa Huta” y no al revés,  que en Cracovia solo quedarían ancianos y sacerdotes en sus 80  iglesias y que Nowa Huta sería la ciudad de los jóvenes y el futuro,  una ciudad construida para ser una ciudad sin Dios, la alternativa socialista y atea en contra de  una Cracovia católica.

Pero por otro lado también en el centro de Cracovia y en la parroquia de San Florian  habían surgido cambios, si bien todo parecía igual entre aquellas construcciones antiguas, históricas,  habitadas por docentes  jubilados y ex profesores, viudas y pequeños comerciantes y empresarios de la  pre guerra que se habían salvado de la matanza y la ocupación del nazismo.  La ciudad fue poblada por jóvenes estudiantes de institutos técnicos y terciarios, de la Universidad Jaguellonica,  de academias de todo tipo y también por los jóvenes técnicos y asistentes de la nueva metalurgia y pequeñas fabricas de  Nowa Huta y alrededores.

Karol suele visitar Debniki (su primer barrio donde había vivido con su padre). Alli sigue viviendo la señora Szocka y su hija Sofia y su esposo, musicólogo, que da clases de música en la universidad.   Alli se encuentra también con viejos amigos de su vida en Wadowice: los Kwiatkowski, la señora Michalowska y Julius Kydrynski.  Se interesa mucho en Kotlarczyk  con quien  se encuentra a menudo.   Kotlarczyk a su vez por fin encuentra lo que tanto desaeaba y está enteramente entregado a su pasión: crea un teatro único, con el que siempre soñó  el “teatro rapsódico” y tiene su sala en la calle Skarbowa. Se rodea de jóvenes entusiastas que apenas comenzaban a estudiar,  atraídos por el teatro, al igual que  Karol en sus jóvenes años. El teatro es frecuentado por toda Cracovia, allí se reprsentan obas de Wyspianski, Slowacki, Mieckewicz, Norwid. “A la juventud que fue privada de todo esto durante la ocupación hay que brindarle lo mejor”.   Karol también visita a la familia Kotlarczyk cuando dispone de tiempo para charlar sobre el teatro, la producción, el arte de las representaciones y la escenografía. Pero también hablan del nuevo hombre, que se presenta como espectador. Del hombre, que debe optar por lo nuevo después de la ocupación y a quien hay que volver a encausarlo. De su carácter, sus necesidades, sobre lo que hay que ofrecerle, las fallas y los valores.

Sin embargo, Karol no dispone del tiempo que quisiera para visitar a sus amigos. Tiene su responsabilidad,  que trata de cumplir a conciencia.  La oración – tal como siempre lo ha sido en realidad – ocupa gran parte de su vida, permanece largas horas en el confesionario - porque muchos lo buscan a él -  la iglesia donde pasa horas rezando y leyendo es ahora su segundo hogar y donde pasa horas reflexionando sobre las nuevas formas, la nueva manera de llegar a los fieles, el verdadero sentido de la pastoral.   No solo busca nuevas formas, un nuevo estilo,  sino también como ofrecer un sello humano pleno que refleje el verdadero sentido cristiano.

Y es allí donde el joven sacerdote – casi tímidamente – comienza su  tarea de pastoral académica.  “Fue un día, avanzada ya la tarde, cuando dos estudiantes se cruzaron en la calle con un joven sacerdote. Ya lo habían visto antes en la iglesia: venían buscando a alguien que guiara espiritualmente su grupo académico. Años más tarde habrían de escribir: “La Misa había terminado. Nosotros aún estábamos en el banco cuando lo vimos por primera vez. Había algo particular en su persona mientras recorría toda la iglesia. Caminaba de modo muy ligero, levemente inclinado hacia adelante, con un  mechón de cabellos que le caía sobre la frente.” (Alexandra Zapotocny)

 Y prontamente, casi sin darse cuenta comienzan los paseos a las montañas con los jóvenes. Se había dado cuenta que no bastan las conferencias, que hay que ofrecer algo más profundo, mas integral, más espiritual. Y se fueron profundizando las charlas para dar nacimiento a Srodowisko .            

(Parcialmente tomado, traducido (del esloveno) y adaptado de  M. Malinksi (autor del texto) con fotografías de  Adam Bujak en el libro Juan Pablo II. (en esloveno)


martes, 15 de septiembre de 2020

La fuerza y el misterio de la Santa Cruz

 


La nueva cruz, que ha surgido no lejos de la antiquísima reliquia de la Santa Cruz en la abadía de los cistercienses, ha anunciado el nacimiento de la nueva iglesia. Este nacimiento se ha grabado profundamente en mi corazón, y yo, dejando la sede de San Estanislao por la de San Pedro, la he llevado conmigo como una nueva reliquia, como una reliquia preciosa de nuestros días.

 La nueva cruz ha aparecido, cuando sobre el terreno de la antigua campiña de los alrededores de Kraków, que es ahora terreno de Nowa Huta, han llegado hombres nuevos para comenzar un nuevo trabajo. Antes se trabajaba aquí duramente, se trabajaba en los campos y la tierra era fértil, se trabajaba pues con agrado. Desde hace unos decenios se ha implantado la industria; la gran industria, la industria pesada. Han llegado aquí hombres procedentes de diversas partes, han venido para gastar sus energías como trabajadores siderúrgicos.

 Precisamente ellos han traído consigo esta nueva cruz. Han sido ellos mismos quienes la han levantado como signo de la voluntad de construir una nueva iglesia. Precisamente esta cruz, ante la que nos encontramos en estos momentos. He tenido la gran suerte, como arzobispo vuestro y cardenal, de bendecir y consagrar, el año 1977, esta iglesia surgida a la sombra de una nueva cruz.

 Esta iglesia es fruto del trabajo nuevo. Osaría afirmar que ha nacido de Nowa Huta. Todos, en efecto, sabemos que en el trabajo del hombre está profundamente grabado el misterio de la cruz, la ley de la cruz. ¿No se verifican tal vez en ella las palabras del Creador pronunciadas después de la caída del hombre: "Con el sudor de tu rostro comerás el pan" (Gén 3, 19)? Tanto el antiguo trabajo en el campo que hace nacer el trigo, pero también espinas y cardos, como el nuevo trabajo en los altos hornos y en las nuevas fundiciones, siempre se efectúa "con el sudor de la frente". La ley de la cruz está inscrita en el trabajo humano. Con el sudor de la frente ha trabajado el labrador. Con el sudor de la frente trabaja el obrero de la industria. Y con el sudor de la frente (con el tremendo sudor de la muerte) agoniza Cristo en la cruz.

 No se puede disociar la cruz del trabajo humano. No se puede separar a Cristo del trabajo humano. Y esto se confirma aquí en Nowa Huta. Este ha sido el principio de la nueva evangelización, en los albores del nuevo milenio del cristianismo en Polonia. Este nuevo comienzo lo hemos vivido juntos y lo he llevado conmigo, desde Kraków a Roma, como una reliquia.

 El cristianismo y la Iglesia no tienen miedo del mundo del trabajo. No tienen miedo del sistema basado sobre el trabajo. El Papa no tiene miedo a los hombres del trabajo. Los ha sentido siempre muy cerca de él. Ha salido de su ambiente. Ha salido de las canteras de piedra de Zakrowek, de las calderas de Solvay en Borek Falecki, después de Nowa Huta. A través de todos estos ambientes, a través de las experiencias personales de trabajo —me permito decir—, el Papa ha aprendido nuevamente el Evangelio. Se ha dado cuenta y se ha convencido de cuán profundamente está grabada en el Evangelio la problemática contemporánea del trabajo humano. De cómo sea imposible resolverla a fondo sin el Evangelio.

 De hecho, la problemática contemporánea del trabajo humano (¿sólo la contemporánea, realmente?), en última instancia, no se reduce —me perdonen todos los especialista,— ni a la técnica ni tanto menos a la economía, sino a una categoría fundamental, a saber, a la categoría de la dignidad del trabajo, o sea, de la dignidad del hombre. La economía, la técnica y tantas otras especialidades y disciplinas, tienen su razón de ser en esa única categoría esencial. Si no se inspiran en ella y se forman fuera de la dignidad del trabajo humano, están en error, son nocivas y van contra el hombre.

 Esta categoría fundamental es humanista. Me permito decir que esta categoría fundamental: categoría del trabajo como medida de la dignidad del hombre, es cristiana. La encontramos, en su más alto grado de intensidad, en Cristo.

Baste esto, amadísimos hermanos. Más de una vez me he encontrado aquí con vosotros, como obispo, y he tratado más ampliamente todos estos temas. Hoy, como huésped vuestro, debo hablar de manera más concisa. Pero recordad esta antigua cosa: Cristo no aprobará jamás que el hombre sea considerado —o que se considere a sí mismo— únicamente como instrumento de producción, que sea apreciado, estimado y valorado según este principio. ¡Cristo no lo aprobará jamás! Por esto se dejó clavar en la cruz, como sobre el gran umbral de la historia espiritual del hombre, para oponerse a cualquier degradación del hombre, incluso la degradación mediante el trabajo. Cristo permanece ante nuestros ojos en su cruz, para que todo hombre sea consciente de la fuerza que él le ha dado: "Dioles poder de venir a ser hijos de Dios" (Jn 1, 12).

De esto debe acordarse tanto el trabajador como el patrón, el sistema del trabajo y el de la retribución; lo deben recordar el Estado, la nación y la Iglesia.

 ( de la homilía de Juan Pablo II en  la Santa Misa en el Santuario de la Santa Cruz, Mogila el 8 de junio de 1979 durante su primera peregrinación apostólica a Polonialeer completa) 

miércoles, 8 de marzo de 2017

Nowa Huta – Seguimos descubriendo….


La lucha por construir la iglesia de Nowa Huta fue uno de los grandes choques  entre la Iglesia católica y los comunistas de la Polonia de la post guerra. De todos los conflictos entre la Iglesia y los comunistas en los cuales intervenía Karol Wojtyla, esta historia expresa cabalmente como fue creciendo el hasta convertirse en un líder político. Es una preciosa historia polifacética, construida a lo largo de veinte años, combinando todos los elementos del propio viaje político de Wojtyla –   dramático, gradual y sorprendente.  Finalmente esta historia es la revelación del hombre, del sacerdote, del líder emergente que comprendió la importancia de la tenacidad y el compromiso, y también de un gran comunicador quien entendió a la perfección tanto simbolismo como oportunidad. 
Nowa Huta, ciudad flamante,  nueva, construida por los comunistas a principios de los 50’ en los alrededores de Cracovia. La ciudad estaba dentro del radio apostólico de Wojtyla.  Proyectada para ser el paraíso de los trabajadores,  construida en base a los principios comunistas que aspiraba a ser un abierto reproche a la espiritualmente “decadente” fascinación de Cracovia. El régimen asumía que los trabajadores serian naturalmente ateos, de manera que la ciudad no necesitaría una iglesia.  Muy pronto la gente misma dio a entender  claramente que querían una.  Wojtyla comunicó estos deseos a las autoridades pero se encontró  con la negativa del régimen.

El conflicto fue en aumento hasta convertirse en un fuerte símbolo de la oposición entre la iglesia católica y el estado comunista.  Un conflicto dentro del mundo de los trabajadores, que supuestamente estaban más allá de la religión –  trabajadores de carne y hueso que cantaban himnos polacos que comenzaban con “Queremos a Dios”.  Finalmente el partido comunista, si bien de malas ganas,  otorgo el permiso en 1958, permiso que luego retiró en 1962.

Pasaron algunos años hasta que Karol Wojtyla, conjuntamente con otros sacerdotes – especialmente el padre Gorlaney – se reuniera con autoridades y continuara llenando formularios  y formularios solicitando nuevos permisos para la construcción.  Mientras tanto se fueron levantando cruces, una tras otra,  en el lugar elegido para la construcción de la iglesia, cruces que eran derribadas  sistemáticamente para que durante la noche misteriorsamente aparecieran nuevas días o semanas después.   Mientras tanto el Obispo Wojtyla y otros sacerdotes  continuaban con sus sermones al aire libre en campo campo abierto, en verano y en invierno, bajo un sol rajante o lluvias heladas y nevadas. Año tras año el Obispo Wojtyla celebraba la Misa de Nochebuena en el lugar donde se suponía debía construirse la iglesia. Pacíficamente alineados miles de fieles recibían la comunión,  pero la tensión fue aumentando hasta transformarse en violencia cuando las autoridades comunistas  mandaron una topadora para tirar abajo la cruz.  Lucjan Motyka se levanto de su lecho en el hospital para ser vivado por los manifestantes.   Motyka estaba convencido que fueron las palabras pacificadoras de Wojtyla que evitaron una confrontación potencialmente muy peligrosa.

Para entonces los comunistas, los líderes locales, residentes y la iglesia católica ya habían establecido sus inamovibles condiciones. El compromiso comunista de otorgar un permiso para construir una iglesia fuera de la ciudad fue rechazado –hasta que Karol Wojtyla, el realista, el negociador, zanjo el callejón sin salida  persuadiendo a todos que la existencia de la iglesia trascendía toda otra consideración. El tiempo estaba trazado.  En mayo de 1977, un año antes que se convirtiera en Papa, Karol Wojtyla consagró la iglesia de Nowa Huta.  El mayor orgullo – y fue un símbolo que Karol Wojtyla ayudo a hacer realidad – es la Crucifixión gigante que se levanta sobre el nuevo altar. Hecha de pedazos de hierro extraídos de las heridas de los soldados polacos, recolectados y enviados desde todos los puntos del país para hacer la escultura de la nueva iglesia.”


jueves, 2 de febrero de 2017

«Arka Pana» El Arca del Señor - la iglesia de la Madre de Dios, Reina de Polonia - Esteban Fernandez–Cobián

«Arka Pana»: la iglesia de la Madre de Dios, Reina de Polonia
Wojciech Pietrzyk y Jan Grabacki, Nowa Huta (Polonia), 1967/77

«La construcción de iglesias nuevas en Polonia representa una silenciosa epopeya que algún día será necesario historiar para que conozcamos los cristianos de Occidente el nivel de valentía y tenacidad alcanzado por nuestros hermanos polacos» (José María Javierre Ortas, «Nowa Huta, el hermoso templo del cardenal Wojtyla», ARA, 58 (1978), pág. 105).

1. NOWA HUTA


Durante los primeros años de la ocupación soviética de Polonia, las autoridades comunistas decidieron construir una nueva ciudad industrial en el cinturón metropolitano de Cracovia. Se trataba de erigir la ciudad socialista perfecta, planificada como oficialmente atea: sería «la ciudad sin Dios». La actuación tenía un profundo significado: se trataba de humillar a Cracovia, y por lo tanto, a Polonia entera. Porque Cracovia era la capital histórica, culta y refinada, universitaria y religiosa donde, entre otras cosas, se encontraban los panteones de los Reyes y de los hombre ilustres de Polonia; la ciudad monumental que se había salvado de la destrucción en numerosas ocasiones gracias a la tutela que había ejercido sobre ella el Imperio Austrohúngaro tras el reparto de 1795. En Nowa Huta (que significa «Nueva Siderurgia»), se construyeron los altos hornos más importantes del país, donde llegaron a trabajar cuarenta mil obreros procedentes de todos los rincones de Polonia.

Tadeusz Ptaszycki coordinó el equipo de arquitectos que realizó las construcciones más significativas. Para la ideología del social-realismo soviético, el arte debía ser nacional en su forma y socialista en su contenido; por eso, como después de la guerra sólo se había conservado la Cracovia renacentista, se tomó el Renacimiento como estilo nacional polaco, y de esta forma se decidió edificar Nowa Huta. Las obras comenzaron el 23 de junio de 1949.

Pero no todo se pudo realizar como el «establishment» soviético pretendía. En 1960 comenzaron las manifestaciones de ciudadanos que demandaban la construcción de una iglesia para la ciudad; hubo muertos y heridos. ¿Qué estaba ocurriendo?



2. LA DEFENSA DE LA CRUZ

De todos los estados satélites de la antigua URSS, Polonia fue el único que pudo conservar una cierta continuidad en la arquitectura religiosa; no obstante, los proyectos de edificación tuvieron que superar innumerables obstáculos, y muchos sacerdotes pagaron con su vida la osadía de desafiar al sistema. La iglesia de Nowa Huta —el Arca del Señor o «Arka Pana», como se la denominaría popularmente— se convirtió en todo un símbolo de la resistencia de la llamada «Iglesia del silencio» contra la imposición del ateísmo marxista. Sus promotores fueron dos: Karol Wojtyla, que entonces era obispo de Cracovia y que luego accedería al papado con el nombre de Juan Pablo II, y Jozef Gorzelany, que en 1965 sería nombrado párroco de la ciudad.


Como ha señalado el cardenal Giovanni Battista Re en la presentación del libro «¡Levantáos! ¡Vamos!», un rasgo que caracterizó a Karol Wojtyla durante toda su vida fue la valentía; una valentía que le llevó a afrontar sin temores las situaciones más difíciles, haciéndolo por Dios y por el bien de los hombres. Y precisamente, uno de los episodios más significativos de su coraje fue éste. El padre Werenfried van Straaten, que a través de la organización «Ayuda a la Iglesia que Sufre» recaudaba medios para realizar lugares de culto en la Europa del éste, consideraba la construcción de esta iglesia —«un arca en medio del Mar Rojo», como le gustaba decir— como «una de las actividades más arriesgadas que jamás se han llevado a cabo en un país comunista» (Cf. www.ain-es.org [20 de junio de 2005]).

El propio Juan Pablo II relataba años más tarde: «El conflicto comenzó en un gran barrio residencial, en Bienczyce. Inicialmente, después de las primeras solicitudes, las autoridades comunistas concedieron permiso para construir la iglesia y asignaron también el terreno. La gente puso inmediatamente en él una cruz. Sin embargo, el permiso acordado en tiempos del arzobispo Baziak fue retirado y las autoridades decidieron que se quitara la cruz. La gente se opuso inmediatamente. Siguió incluso un enfrentamiento con la policía, con víctimas y heridos. El alcalde de la ciudad pedía que se ‘calmara a la gente’. Este fue uno de los primeros episodios de una larga batalla por la libertad y la dignidad de aquella población, que el destino había llevado a la parte nueva de Cracovia» («¡Levantáos! ¡Vamos!», Plaza y Janés, Barcelona, 2004, pág. 77-78).
En efecto, como obispo auxiliar, Karol Wojtyla mantuvo una larga correspondencia con las autoridades para obtener el permiso para levantar una iglesia. Una y otra vez la respuesta fue negativa, hasta que en 1958 el partido concedió, con reticencias, la licencia de obras. Se puso una cruz en el solar designado. La cruz era derribada por la noche, y una y otra vez, reaparecía semanas después. Mientras tanto, Wojtyla y otros sacerdotes celebraban la misa allí, a cielo abierto, en invierno y en verano, bajo la lluvia y la nieve o bajo un sol abrasador. Pacientemente, miles de personas hacían fila para comulgar, pero la tensión iba en aumento.
La situación estalló el 27 de abril de 1960, cuando las autoridades enviaron un bulldozer para retirar la cruz. Ese mismo día, el Ministro de Cultura y Artes, Lucjan Motyka, fue duramente increpado por los manifestantes que se concentraron frente al hospital donde se encontraba convaleciente; como él recordaría más tarde, Motyka estaba convencido de que las palabras de calma del obispo habían evitado un peligroso altercado.

El 25 de diciembre de 1960, Wojtyla celebró la primera Misa del Gallo al lado de la cruz de madera, con una temperatura que rondaba los diez grados bajo cero. Le acompañó muchísima gente. Este gesto, repetido año tras año, constituyó un fuerte argumento en las negociaciones con las autoridades: los ciudadanos tenían derecho a participar en las celebraciones religiosas en condiciones más humanas que aquellas.

Sin embargo, en 1962 el gobierno retiró definitivamente el permiso de construcción. Entonces comenzó el enfrentamiento directo entre el obispo y las autoridades comunistas. Fue una agotadora guerra de nervios, sobre todo con el jefe de la Oficina Provincial encargada de las cuestiones religiosas, un hombre «comedido durante las conversaciones, pero muy duro e intransigente en las decisiones que tomaba después y que denotaban un ánimo desconfiado y malévolo» (Ibídem). Wojtyla, tenaz y a la vez prudente, evitó choques sangrientos, pero mantuvo la protesta y la presión hasta que en 1967 las autoridades permitieron a los obreros erigir la nueva iglesia; eso sí, la tendrían que levantar con sus propias manos.



El 14 de octubre de 1967, el recién creado cardenal Wojtyla celebró la misa que dio comienzo a la construcción de la iglesia. Se usó maquinaria muy rudimentaria, ya que ninguna empresa constructora pudo trabajar en el edificio. Don Karol acudió a la obra a trabajar de peón albañil codo con codo con tantos voluntarios. Para que se sintieran involucrados en la construcción del templo, el párroco Gorzelany tuvo la feliz idea de pedir a cada uno de los fieles que llevara una piedra. El 18 de mayo de 1969 se colocó la primera, que provenía de los restos de la basílica constantiniana de San Pedro y que había sido expresamente bendecida por el papa Pablo VI. La construcción del Arka Pana se convertía en un símbolo de la Iglesia universal.



Durante los diez años que duraron las obras, cada domingo se celebraban diez o doce misas al aire libre, alrededor de la cruz. A cada una de ellas asistía una media de cinco mil personas. Lo único que estaba cubierto era el altar. Según testigos presenciales, el ambiente que se respiraba era impresionante (Cf. M.A. de R.G., «Nowa Huta-Polonia», ARA, 41 (1974), pág. 108). Para mayor dolor de los mandos políticos, la iglesia de Nowa Huta se estaba haciendo con un coste económico nulo: todos los gastos y la mano de obra los aportaban los obreros que trabajaban en las fábricas comunistas. El pueblo polaco había ganado esa batalla. Cuando en 1977, un año antes de ser elegido Papa, el cardenal Wojtyla consagró la iglesia de la Madre de Dios, dijo: «¡En Polonia no se puede luchar contra la religión en nombre de los trabajadores porque para el trabajador polaco, la religión es riqueza, luz, verdad y vida!»

3. EL ARCA DEL SEÑOR

El enorme y magnífico edificio concebido por Wojciech Pietrzyk, en realidad alberga tres iglesias superpuestas; cada una de ellas posee una entrada a distinto nivel y numerosas obras de arte enviadas de todo el mundo; cada objeto, cada detalle, es un símbolo de la historia polaca y del mundo cristiano. Así, por ejemplo, el cardenal Franz Köenig (que luego resultaría decisivo en el cónclave que eligió a Wojtyla como sucesor de Pedro), envió desde Viena el material que se utilizó para construir la gran cruz exterior. Por su parte, los cristianos holandeses regalaron siete campanas, que más tarde se colgaron de un largo soporte dispuesto sobre la escalinata de acceso al templo.
Pietrzyk había propuesto una iglesia de formas blandas, que además de contrastar con la retícula uniforme de la ciudad, recordaba al Arca de Noé, metáfora perfectamente comprensible para la gente que, como había ocurrido con el diluvio, quería sobrevivir a la opresión del comunismo. El ingeniero Jan Grabacki se encargó de calcular la estructura.



Un mástil de sesenta metros de alto, donde se colocó una corona real, sostiene la malla tridimensional de acero que conforma la cubierta; una cubierta que flota ingrávida, aparentemente sostenida por la luz rasante que penetra en el templo a través de las ranuras que existen entre ella y los paramentos de cierre. Las fachadas del edificio son láminas curvas de hormigón armado que se recubrieron con miles de cantos rodados, colocados uno a uno sobre una capa de mortero dispuesta sobre el hormigón.


La iglesia se pensó para que pudiera acoger cuatro parroquias distintas. «Los equipos parroquiales funcionan bajo una coordinación programada, y están ensayando una fórmula pastoral de convivencia en la misma única iglesia. También desde este punto de vista, ‘la iglesia del cardenal Wojtyla’ ofrece sugestivo interés» (Javierre Ortas, J.M., cit., pág. 107).

En la entrada de la cripta se alinean distintos grupos escultóricos realizados en madera por Antoni Rzasa: la Piedad, la Piedad de la Westerplatte, la Piedad del réquiem, la Piedad de la Tierra Polaca, la Piedad de Auschwitz, la Piedad de Varsovia agonizante, así como el Cristo crucificado y María Magdalena, San Maximiliano Kolbe, y una imagen de la Virgen realizada con balas de cañón procedentes del campo de batalla de Montecassino (Italia). (Sobre Antoni Rzasa puede verse: Thibaudat, J-P., «La forêt de Christ d’Antoni Rzasa», Liberation, 02/10/2004, crónica de a la exposición realizada en el Centro Cultural de la Abadía Real de Fontevraud, Francia, 2004.)

Ya en el interior, la nave principal está presidida por un impresionante Crucificado de ocho metros de alto, obra de Bronislaw Chromy, que lleva en el pecho el escudo de Polonia. Fue fundido con la metralla de las heridas de los soldados polacos, recogida y enviada desde todas las partes del país. El resto del equipamiento litúrgico también es interesante. Bajo el altar, realizado con un gran bloque de mármol de Carrara, se guardan las reliquias de San Estanislao, procedentes de la catedral del Wawel. Detrás, se encuentra el tabernáculo, una piedra que simboliza el cosmos como morada de Dios, donde está encastrado el pequeño cristal de rutilo que trajo desde la Luna el equipo de astronautas del Apolo XI (Armstrong, Aldrin y Collins).


Asimismo, el techo de la nave se revistió con infinidad de tablillas de madera, que le dan al espacio un carácter cálido y acogedor. No deja de resultar sorprendente cómo se ha conseguido integrar en un mismo espacio piezas de vanguardia, el icono de Jasna Gora o la imagen de la Virgen de Fátima, y a la vez, lograr una amplia aceptación popular.

En los años siguientes a su consagración, esta iglesia siguió siendo uno de los principales símbolos de la resistencia de Polonia. Durante el estado de excepción que se decretó en 1981, en los alrededores del Arka Pana se desarrollaron enfrentamientos entre la Milicja y la gente de Nowa Huta. Estos altercados tenían lugar habitualmente después de las concentraciones que se celebraban para rezar por la liberación de la patria del yugo del totalitarismo. Para recordar estos hechos se erigió un pequeño monumento dedicado a las víctimas del estado de excepción, que se encuentra exactamente en el lugar donde mataron al obrero Boguslaw Wlosik


Durante la misa que celebró en la vecina abadía cisterciense de Mogila, en su primera peregrinación a Polonia (1979), Juan Pablo II se refirió varias veces a la historia de la construcción del Arka Pana. Y es que, como decía un antiguo embajador de España ante la Santa Sede, tal vez allí esté la mejor imagen, hecha templo, de la ilusión pastoral del sacerdote, obispo y Papa, Karol Wojtyla.
Esteban Fernández Cobián
Publicado originariamente en Ars Sacra (Madrid), 34 (2005), pág. 95-101

ARKA PANA






-o-

El Dr. Esteban Fernández-Cobián es docente de la Universidad da Coruña, España. Quien desee investigar acerca de su fructífera labor puede consultarlo aqui 
Se ha publicado este estudio con su permiso. Desde aquí agradezco sinceramente su gentileza en otorgarlo. Todas las fotografías son de su publicación en el blog; sus publicaciones posteriores pueden verse en este sitio  
Personalmente para mí el tema Nowa Huta/Arka Pana es fascinante por lo que la construcción de este templo significó para el pueblo polaco y sus incansables pastores en aquellas épocas tan difíciles del comunismo.


sábado, 28 de enero de 2017

Nowa Huta - La piedra angular de Arka Pana – El Arca del Señor



“Hoy todos miran hacia Nowa Huta….Miran con los ojos del alma, con los ojos de la fe, con los ojos de la esperanza y el amor. Porque lo que está ocurriendo hoy en Nowa Huta merece esta mirada, esta comunión de fe, esperanza y amor…. Hace unos momentos he colocado la piedra angular en los cimientos de la iglesia en Nowa Huta. La piedra colocada allí ha sido bendecida por el mismo Santo Padre Pablo VI. Recuerdo bien aquel día cuando hacia el fin del Concilio Vaticano II, junto con vuestro Pastor por medio de los oficios del Primado, nos dirigimos al Santo Padre Pablo VI solicitándole una piedra angular para una iglesia a construirse en Nowa Huta. El Santo Padre atendió nuestro pedido con suma diligencia. Ordeno que se retire de la antigua Basílica de San Pedro, no la que ahora se ubica sobre el Vaticano sino la más antigua, de los tiempos del Emperador Constantino. Y fue aquella piedra, tomada de esa Basílica, que fue bendecida en presencia nuestra como la piedra angular de la iglesia en Nowa Huta.

Es un gesto que nos toca de cerca. La piedra angular es aquel elemento de la estructura que la une y la integra, y este elemento para vuestra nueva iglesia es una piedra de la Basílica de San Pedro, una piedra bendecida personalmente por el sucesor de San Pedro. Consideremos la importancia histórica del hecho que la base sobre la cual se elevara la iglesia en Nowa Huta fue la basílica de Constantino.  Es una Basílica que mira hacia los primeros tiempos del cristianismo, hacia el tiempo de los mártires, la era de aquellos que derramaron su sangre por Cristo y por Su Cruz.
Las piedras de aquella estructura antigua son testigo de aquellos tiempos: los primeros tiempos cristianos, tiempos heroicos, tiempos de altos testimonios de fe, testimonios ofrecidos no solamente en palabras y hechos, sino en vida y muerte.
Y es de esta iglesia, de estas bases, que nos llega la piedra santa para construir la iglesia de Nowa Huta. Queridos hermanos y hermanas, cuando colocamos esta piedra en las bases de nuestra iglesia hoy, he sentido que no estaba solo colocándola, no estaba solo celebrando este rito litúrgico sagrado, pero que por mis manos estaba siendo colocada por el sucesor de San Pedro mismo. Porque ese es el propósito de este obsequio. El quería expresarnos que está construyendo esta iglesia junto a nosotros que hemos estado construyéndola aquí durante más de doce años: porque la historia de la construcción de esta iglesia es larga – larga y muy significativa.
Antes que la construcción comenzara, desde el principio mismo, hemos dado testimonio (a Cristo) de nuestras peticiones, de nuestras solicitudes, nuestros esfuerzos y cuando lo fue necesario – mediante el sacrificio y sobre todo por nuestra tenacidad y paciencia. Nos encontramos aqui donde existía una pequeña capilla que no podía recibir a los miles de fieles de la parroquia, hemos estado presentes durante todo el año bajo el cielo de Dios. Sin techo sobre nuestras cabezas más que el de nuestro Cristo.
Esta es,  mis hermanos,  la historia de la construcción de la iglesia en Nowa Huta. Esta historia será testimoniada por la piedra de la basílica de Constantino, una piedra que testimonia la misma fe, perseverancia y paciencia de los primeros cristianos alrededor de las colinas del Vaticano.
Esta piedra la he colocado en nombre del Santo Padre en el lugar preparado,  donde ofrecerá testimonio de nuestra comunión con la Iglesia de Cristo a través del mundo, de nuestra comunión con la Iglesia de Cristo y de San Pedro, la Iglesia de los primeros siglos de cristiandad, la iglesia de los apóstoles y de los mártires.  Pertenecemos a esa  Iglesia,  de ella crecemos y en ella nos enraizamos! Tal como la piedra, tomada de la Basílica de Constantino sobre la colina vaticana en Roma….
Esta iglesia en este lugar habla por nosotros y de nosotros. Y le dice – debería decirse - a Dios mismo: Ellos, los hijos de esta tierra, los hijos de la tierra polaca, reunidos en su nuevo lugar de trabajo, en una ciudad industrial gigantesca cerca de Krakow,  le dice a Ti, Padre Eterno, que estas en los cielos, que Tu también estas aquí, en la tierra!  Una vez viniste a nosotros, y desde entonces te has permitido descender a la tierra en la persona de tu Hijo!  Los hijos de esta tierra quieren traerte aquí a esta tierra, Eterno Padre, en la persona de Tu Hijo. Quieren traerte así tu puedes compartir su vida, y su duro trabajo”.
Es por cierto significativo que la piedra angular para la iglesia de Nowa Huta proceda de la Basílica de Constantino. En nombre de aquel gran emperador recuerda los tiempos cuando la cristiandad encontró su reconocimiento apropiado de las autoridades civiles del estado romano. Es por eso que esta piedra nos dice tanto a nosotros de muchas maneras.  Nosotros cristianos, nosotros que profesamos a Cristo, quienes quieren crear la presencia de Dios erigiendo un templo para El, también queremos crear cosas de este mundo.   No es verdad mis queridos hermanas y hermanas que no queremos crear cosas de este mundo! O que la iglesia nos impedirá hacerlo. La Iglesia es una inspiración para nosotros, una inspiración para crear un nuevo mundo. Para crear Nowa Huta! Y si esa inspiración faltase también nos privaríamos de un factor potente requerido para construir ese tremendo taller de civilización contemporánea e industria. Unidos hoy por el signo de la Cruz, pedimos a todos: que la construcción de la iglesia en Nowa Huta pueda proseguir adecuadamente, que no deba enfrentar  obstáculos y demoras. Hablamos aquí con absoluto respeto a las autoridades, pero también con una completa conciencia de nuestro derecho  como ciudadanos, los derechos que continuamos ejerciendo por nuestro trabajo diario consciente. Y lo decimos, mis queridos hermanos y hermanas, aquí bajo el signo de la cruz, ante la cual Constantino recibió un signo diferente, el signo de la victoria: “Es en este signo saldremos victoriosos”.
(de la homilía de Karol Wojtyla del 18 de mayo de 1969 al colocar la piedra angular en la iglesia de Nowa Huta-Bienczyce).  

jueves, 18 de agosto de 2016

Juan Pablo II Nowa Huta - La lucha por la iglesia



“El desarrollo de la visita pastoral dependía de las condiciones de cada parroquia.
Había situaciones muy diferentes. La visita a la comunidad parroquial de la basílica de la Asunción en Cracovia, por ejemplo, duró dos meses: abarcaba numerosas
iglesias y oratorios. Muy distinto fue el caso de Nowa Huta: allí no había iglesia, a
pesar de contar con decenas de miles de habitantes. Existía solamente una capilla pequeña anexa a la antigua escuela..El gobierno, en una ciudad socialista, como tenia que ser Nowa Huta, no permitia la construcción de nuevas iglesias.

Precisamente en Cracovia-Nowa Huta se produjo un áspero conflicto por la
construcción de la iglesia. Aquel barrio de muchos miles de residentes estaba habitado en su mayor parte por trabajadores de una gran industria metalúrgica que habían venido de toda Polonia. Según el proyecto de las autoridades, Nowa Huta tenía que ser un barrio socialista ejemplar, es decir, sin relación alguna con la Iglesia. Sin embargo, no se podía olvidar que la gente, que había venido en busca de trabajo, no estaba dispuesta a renunciar a sus raíces católicas.

El conflicto comenzó en un gran barrio residencial, en Bieńczyce.  Inicialmente, después de las primeras solicitudes, las autoridades comunistas concedieron permiso para construir la iglesia y asignaron también el terreno. La gente puso inmediatamente en él una cruz. Sin embargo, el permiso acordado en tiempos del arzobispo Baziak fue retirado y las autoridades decidieron que se quitara la cruz. La gente se opuso decididamente. Siguió incluso un enfrentamiento con la policía, con víctimas y heridos. El alcaide de la ciudad pedía que se calmara a la gente. Este fue uno de los primeros episodios de una larga batalla por la libertad y la dignidad de aquella población, que el destino había llevado a la parte nueva de Cracovia. Al final se ganó esta batalla, pero al precio de una agotadora guerra de nervios. Yo llevé las conversaciones con las autoridades, principalmente con el jefe de la Oficina Provincial para las Cuestiones de las Confesiones. Era un hombre de un comportamiento comedido durante las conversaciones, pero muy duro e intransigente en las decisiones que tomaba después y que denotaban un ánimo desconfiado y malévolo.


El párroco, don Józef Gorzelany, asumió la tarea de la construcción de la iglesia y consiguió terminarla. Una inteligente ocurrencia pastoral fue invitar a los parroquianos a que cada uno llevara una piedra para la construcción de los cimientos y de los muros. De este modo, todos se sintieron involucrados personalmente en la edificación del nuevo templo.”

(Juan Pablo II:  ¡Levantaos, Vamos!, Editorial Sudamericana, Buenos Aires)

miércoles, 17 de agosto de 2016

JMJ 2016 (25) Branko Cestnik: “El derrumbe del comunismo en Nowa Huta”

La revolución soviética rechazaba reiteradamente  la idea que un día podría finalizar.  
Francois Furet en  El pasado de una ilusión.

Levanten bien alto la cruz para que pueda verla a través de las llamas
Juana de Arco  minutos antes de su muerte en la hoguera.



Nowa Huta,   distrito barrial de Cracovia,   es  una fantástica historia de la prevalencia del espíritu sobre la materia, del imparable anhelo de libertad individual,  en un entorno de férrea ingeniería social pero,  a su vez,  la historia de una suave pero decidida victoria de la cruz de Cristo sobre la ideología de la estrella roja.



Supe de Nowa Huta ya cuando - en mi época de joven estudiante de filosofía en la Universidad Lateranense de Roma - comencé a reunirme con los muchachos del movimiento Comunión y Liberación. Esos chicos italianos estaban bien al tanto de lo que ocurría en Polonia.  En 1987 obviamente aun no podían saber que el muro de Berlín caería ya en 1989, pero ya conocían el fracaso experimentado por el comunismo en Nowa Huta.  Directo, estratégicamente simbólico,  allí donde más duele – en las relaciones de los trabajadores con Dios.

Ahora sabemos mucho más de Nowa Huta. Cualquier biografía del Papa menciona este barrio, de lo ocurrido allí se han filmado películas, en la web podemos ver las artísticas  fotografías de Robert Kosieradzki y en la literatura pastoral  se menciona a Nowa Huta como el lugar donde nació el concepto “nueva evangelización”.

Simplemente no podía dejar de ir allí durante mis días de la JMJ en Cracovia.

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La Nowa Huta de hoy está lejos de ser uno de esos grises y típicos barrios socialistas.    Es verdad que los monoblocks son aburridos, toscos, aun quedan entre ellos algunos reductos de los famosos bares lácteos (Bar mleczny), algunas soluciones arquitectónicas, algunos arcos y columnas son quizás algo ridículos por no decir “fascistoides”como define Slavoj Žižek la arquitectura de Plečnik.  Pero visto en general Nova Huta se ve más fresca y más agradable que algún pueblo de Celje.  La abundante vegetación ayuda. Puede que a  algún esloveno 101% comunista no le quepa en la cabeza, pero hasta las copas de los árboles plantados en Nova Huta en tiempos de aquel socialismo embrutecedor, se ven hoy mas frondosas y su sombra mas invitadora.     

Si comparamos la lógica urbanística de Nowa Huta con algún lugar de Eslovenia podría asemejarse a Kidricevo en Dravsko Polje:  un espacio en estilo concéntrico simulando una gallina con sus polluelos : una enorme fábrica de aluminio en el centro,  a su alrededor estos polluelos en forma de monoblocks cuadrados  salpicados por pedazos de verde, un enorme comedor comunitario con intenciones colectivistas, sin iglesia en su proyecto original….

Además de echar un vistazo general a los alrededores ese sábado por la tarde,  cuando la mayoría de los participantes de la JMJ peregrinaba a pie hacia el Campus Misericordia,  tenía dos objetivos bien claros:  la Avenida de los Defensores de la Cruz y el monasterio en el barrio Mogila. Queria ver el lugar donde aquellos legendarios obreros defendieron la cruz de madera;  quería ver el lugar donde Juan Pablo II pronunciara por primera vez el sintagma “nueva evangelización”,  que hoy muchos consideran  como el programa de la iglesia universal para el siglo XXI.

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El historiador François Furet en El pasado de una ilusión escribe profusamente sobre el comienzo del  fin del comunismo. Para el no hay dudas. El comienzo del fin arranca en 1953, cuando muere el tirano rojo Josip Visarijonovič Džugašvili Stalin, y en febrero de 1956 cuando Nikita Hruščov  en el congreso del partido comunista soviético lee el famoso “informe secreto” con el cual los comunistas comienzan con la desestalinización de la Unión Soviética y del comunismo mundial. La tesis es la siguiente: con la desestalinización los bolcheviques rusos mismos le fisuraron la columna al comunismo dañando fatalmente su sistema inmunológico.  Stalin personificaba el comunismo y cuando dijeron que Stalin no actuaba bien,  dieron, sin querer, la primer palada que cavaría la fosa de todo el comunismo del este europeo.

De aquellos años datan los descubrimientos de las primeras rebeliones de trabajadores e intelectuales del este europeo. El protagonismo lo llevan tres ciudades: Berlin, Varsovia y Budapest. En Berlín este los obreros se rebelan en 1953,  y el gobierno ruso-alemán aplasta la rebelión cruentamente.  Varsovia es testigo en 1956 de manifestaciones contra la dictadura de la estrella roja, pero merced a la perspicaz táctica del premier comunista polaco  Władysław Gomułka no se llega a la violencia. Simultáneamente ocurre la rebelión anticomunista húngara, pero Budapest,  a diferencia de Varsovia,  recibe al “auxilio hermanado del pueblo ruso” y en sus calles aparecen tanques y metralletas rusas haciendo correr sangre de gente libre. Los comunistas de todo el mundo  aprueban la intervención rusa. También Josip Broz Tito,  a quien Moscú consideraba “disidente” , estuvo de acuerdo con ahogar la “·contrarrevolución” de Hungría.

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Eran tiempos en que Cracovia tampoco descansaba. Justo allí en las cercanías del mastodonte de acero, en el recientemente construido barrio de Nowa Huta los obreros hicieron algo  que no deberían haber ni siquiera pensado,  menos aún realizado:  en el cruce entre las calles Marx y Majakovski clavaron una cruz de madera de 8 mts.  Alli donde el gobierno de Gomulka antes les había prometido una iglesia, pero luego revocó  la promesa.  Es que el paraíso ateísta no preveía en su predio un signo que simbolizara la fe.


EL 27 de abril de 1969 por la mañana el régimen pretende tirar abajo  la cruz y entonces se llega a un enfrentamiento violento con los testarudos obreros de Nowa Huta.  El enfrentamiento se convierte en una lucha callejera entre  policía y  obreros.  Aparecen hombres de todos lados en defensa de la cruz listos a enfrentar a las unidades especiales a mano limpia.  Volaban piedras y las amas de casa salpicaban a la policía con agua hirviendo.  Aparecen incendiadas algunas unidades y recién a las 23 las unidades especiales logran llegarse hasta la cruz y retirar de allí a los últimos defensores. La policía bloquea Nowa Huta y se interrumpen las comunicaciones entre este barrio rebelde y el mundo.

Los medios de prensa polacos guardan absoluto silencio sobre los acontecimientos.  El cuento de obreros felices debe continuar.

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Y veamos quien aparece en estos tiempos entre los obreros que defiende la cruz; quien celebra la Misa de Nochebuena a cielo abierto allí al lado de la cruz; quien le escribe al régimen cartas oficiales de protesta? Ningún otro que quien en 1958 fuera nombrado obispo auxiliar de Cracovia y más tarde Papa:  Karol Wojtyla.


Después de múltiples enfrentamientos Nowa Huta  salva la cruz y en los años setenta en la calle Majakovski también consigue una iglesia.  El Arca del Señor (Arka Pana) le dicen. No está ubicada en el mismo lugar donde se defendía la cruz, pero si en la misma calle. En el año 1977 es consagrada por el entonces ya cardenal y cabeza de la iglesia cracoviana Wojtyla.  La gente vivencia la nueva iglesia con profundos sentimientos de triunfo.



Karol Wojtyla, ya pontífice, visita Nowa Huta en 1979. Pero el régimen no le permite visitar El Arca del Señor. En el descampado en Mogila (unos 2 kms al sudeste de Nowa Huta) el Papa pronuncia estas palabras:

No se puede disociar la cruz del trabajo humano. No se puede separar a Cristo del trabajo humano. Y esto se confirma aquí en Nowa Huta. Este ha sido el principio de la nueva evangelización.

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En los años ochenta Nowa Huta es junto a Gdansk el mayor protagonista de los disturbios obreros y de la resistencia anticomunista amparados en el mítico sindicato Solidarność, liderado por el también mítico electricista Lech Wałęsa.  El quiebre del comunismo,   junto a esta cruz  fatalmente simbólica,   lleva en los ochenta a  cambios políticos concretos.

Después del derrumbe del trágico experimento del bolchevismo del este europeo en Nowa Huta,  calles y plazas cambian de nombre.  El parque Josip Stalin recibe el nombre de Ronald Reagan para desesperación de todos los izquierdistas del mundo; la avenida Majakovski se convierte en Defensores de la cruz ((Obrońców Krzyża).

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(Agradezco al Rev. Branko Cestnik por el permiso otorgado para traducir sus maravillosos comentarios. Gocé enormemente traduciendo cada párrafo)

martes, 16 de agosto de 2016

La cruz de Nowa Huta y la nueva evangelización

(fotografia de Magicny Krakow)

“De nuevo estoy aquí, ante esta cruz, junto a la cual he estado tantas veces como peregrino; ante la cruz que sigue siendo para todos nosotros como la más preciada reliquia de nuestro Redentor.
Cuando, en los alrededores de Kraków (Cracovia), surgía Nowa Huta —enorme complejo industrial y una nueva gran ciudad: nueva Kraków—, tal vez nadie se daba cuenta de que estaba surgiendo de hecho al lado de esta cruz, el lado de esta reliquia que, junto a la antiquísima abadía de los cistercienses, hemos heredado desde la época de los Piast. Corría el año 1222, la época del Príncipe Leszek Bialy, la época del obispo Ivo Odrowaz, en el período antecedente a la canonización de San Estanislao. En aquel tiempo, en el 111 centenario de nuestro bautismo, fue fundada aquí la abadía de los cistercienses, y después fue traída la reliquia de la santa cruz, que desde hace siglos se ha convertido en meta de peregrinaciones de la región de Kraków: del Norte. de la parte de Kielce; del Este, de la parte de Tarnów, y del Oeste, de Slesia. Todo ello ha tenido lugar en un territorio sobre el cual, según la tradición, se levantaba antaño Stara Huta, casi la antigua madre histórica de la actual Nowa Huta.'
Deseo hoy saludar aquí, una vez más, a los peregrinos de Kraków, a los de Slesia y a los de la diócesis de Kielce.
Caminemos juntos, peregrinos, hacia la cruz del Señor, pues con ella comienza una nueva era en la historia del hombre. Este es tiempo de gracia, tiempo de salvación. A través de la cruz el hombre ha podido comprender el sentido de su propia suerte, de su propia existencia sobre la tierra. Ha descubierto cuánto le ha amado Dios. Ha descubierto, y descubre continuamente, a la luz de la fe, cuán grande sea el propio valor. Ha aprendido a medir la propia dignidad con el metro de aquel sacrificio que Dios ha ofrecido en su Hijo para la salvación del hombre: "Porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo, para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eterna" (Jn 3, 16).
Aunque cambian los tiempos, aunque en lugar de los campos de antaño, en las cercanías de Kraków ha surgido un enorme complejo industrial, aunque vivimos en una época de vertiginoso progreso de las ciencias naturales y de un progreso tan sorprendente de la técnica, sin embargo la verdad de la vida del espíritu humano —que se expresa a través de la cruz— no decae, es siempre actual, no envejece nunca. La historia de Nowa Huta está escrita también por medio de la cruz; primero, a través de aquella antigua de Mogila, heredada desde siglos, después por medio de otra, nueva... que se ha levantado no lejos de aquí.
Donde surge la cruz, se ve la señal de que ha llegado la Buena Noticia de la salvación del hombre mediante el amor. Donde se levanta la cruz, está la señal de que ha iniciado la evangelización. Tiempos atrás, nuestros padres levantaban, en diversos lugares del territorio polaco, la cruz como signo de que ya había llegado el Evangelio, de que va se había iniciado la evangelización, la cual debía continuarse ininterrumpidamente hasta hoy. Con este pensamiento se levantó también la primera cruz en Mogila, en los alrededores de Kraków, en las cercanías de Stara Huta.
La nueva cruz de madera ha surgido no lejos de aquí, exactamente durante las celebraciones del milenario. Con ella hemos recibido una señal: que en el umbral del nuevo milenio —en esta nueva época, en las nuevas condiciones de vida—, vuelve a ser anunciado el Evangelio. Se ha dado comienzo a una nueva evangelización, como si se tratara de un segundo anuncio, aunque en realidad es siempre el mismo. La cruz está elevada sobre el mundo que avanza.
Agradecemos hoy, ante la cruz de Mogila, ante la cruz de Nowa Huta, este nuevo comienzo de evangelización, que aquí se ha efectuado. Pidamos todos que fructifique, al igual que la primera —o si se quiere, todavía más—“


(de la homilía del Papa Juan Pablo II en la Santa Misa en el Santuario de la Santa Cruz, Mogila el 8 de junio de 1979 durante su peregrinación apostólica a Polonia – leer completa en el sitio oficial de la Santa Sede)