Llamados a ser santos

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“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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lunes, 14 de octubre de 2024

Misterium iniquitatis (9 de 13) El mal y el bien en las catequesis de Juan Pablo II (f )


Quedaban ya solo tres catequesis para completar la serie de las audiencias de Juan Pablo II sobre el mal, tan enraizado en el primer pecado y asociado a todos los pecados de todos los hombres de todos los tiempos. En El pecado como alineación del hombre el Papa subrayaba nuevamente que “Las consideraciones sobre el pecado desarrolladas en este ciclo de nuestras catequesis, nos obligan a volver siempre a ese primer pecado del que se habla en Gén 3. San Pablo se refiere a él como a la "desobediencia" del primer Adán (cf. Rom 5, 19)”. "no debéis comer del fruto del árbol". Explica el Papa que el contenido aparentemente irrelevante de la prohibición simboliza una cuestión totalmente fundamental. El hombre instigado por el tentador quería ser “como Dios” . Esa "desobediencia", de oposición a la voluntad del Creador. será el carácter principal del primer pecado de la historia del hombre. Bajo el peso de esta herencia la voluntad del hombre debilitada e inclinada hacia el mal, estará permanentemente expuesta a la influencia del "padre de la mentira"….


Juan Pablo II mismo resumía el contenido de la siguiente catequesis del 10 de diciembre de 1986 "Estableceré hostilidades... ": el hombre implicado en la lucha contra las fuerzas de las tinieblas “ refiriendose al “complejo contenido de las palabras del Gén 3, que constituyen la respuesta de Dios al primer pecado del hombre. En ese texto – continúa - se habla de la lucha contra "las fuerzas de las tinieblas", en la que el hombre está comprometido a causa del pecado desde el comienzo de su historia en la tierra: pero al mismo tiempo se asegura que Dios no abandona al hombre a sí mismo, no lo deja "en poder de la muerte", reducido a ser "esclavo del pecado" (cf. Rom 6, 17). De hecho, dirigiéndose a la serpiente tentadora, Dios le dice así: "Establezco enemistades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón" (Gén 3, 15).”

Estas palabras del Génesis – diría en la catequesis siguiente (la ùltima de la serie sobre el mal del pecado) se han considerado como el "protoevangelio", o sea, como el primer anuncio del Mesías Redentor. Efectivamente, ellas dejan entrever el designio salvífico de Dios hacia el género humano, que después del pecado original se encontró en el estado de decadencia que conocemos (status naturae lapsae). Ellas expresan sobre todo lo que en el plan salvífico de Dios constituye el acontecimiento central…..” "Y tanto amaste al mundo, Padre Santo, que, al cumplirse la plenitud de los tiempos, nos enviaste como Salvador a tu único Hijo. El cual se encarnó por obra del Espíritu Santo, nació de María la Virgen, y así compartió nuestra condición humana en todo, menos en el pecado".Agrega Juan Pablo II mas adelante “El análisis del "protoevangelio" nos hace, pues, conocer, a través del anuncio y promesa contenidos en él, que Dios no abandonó al hombre al poder del pecado y de la muerte. Quiso tenderle la mano y salvarlo. Y lo hizo a su modo, a la medida de su santidad transcendente, y al mismo tiempo a la medida de una "compasión" tal, como podía demostrar solamente un Dios-Amor.” “Las mismas palabras del "protoevangelio" expresan esa compasión salvífica, cuando anuncian la lucha ("¡Establezco enemistades!") entre aquel que representa "las fuerzas de las tinieblas" y Aquel que en el Génesis llama "estirpe de la mujer" ("su estirpe"). Es una lucha que se acabará con la victoria de Cristo ("te aplastará la cabeza"). Pero ésta será la victoria obtenida al precio del sacrificio de la cruz ("cuando tú le hieras en el talón"). El "misterio de la piedad" disipa el "misterio de la iniquidad".

En el "protoevangelio" en cierto sentido Cristo es anunciado por primera vez como "el nuevo Adán" (cf. 1 Cor 15, 45). Más aún, su victoria sobre el pecado obtenida mediante la "obediencia hasta la muerte de cruz" (cf. Fil 2, 8), comportará una abundancia tal de perdón y de gracia salvífica que superará desmesuradamente el mal del primer pecado y de todos los pecados de los hombres.
[…]
Tenemos así la certeza de que Dios, que en su santidad transcendente aborrece el pecado, castiga justamente al pecador, pero en su inefable misericordia al mismo tiempo lo abraza con su amor salvífico. El "protoevangelio" ya anuncia esta victoria salvífica del bien sobre el mal, que se manifestará en el Evangelio mediante el misterio pascual de Cristo crucificado y resucitado.
Y refiriéndose a lo expresado en el Concilio cita lo que considera “el mejor sello” a las catequesis sobre el pecado: "A la encarnación ha precedido la aceptación de parte de la Madre predestinada, para que de esta manera, así como la mujer contribuyó a la muerte, también la mujer contribuyese a la vida. Lo cual se cumple de modo eminentísimo en la Madre de Jesús por haber dado al mundo la Vida misma que renueva todas las cosas...” (cf. Lumen Gentium 56) "Enriquecida desde el primer instante de su concepción con el resplandor de una santidad enteramente singular, la Virgen Nazarena, por orden de Dios, es saludada por el ángel de la anunciación como 'llena de gracia' (cf. Lc 1, 28), a la vez que Ella responde al mensajero celestial: 'He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra' (Lc 1, 38). Así, María, hija de Adán, al aceptar el mensaje divino, se convirtió en Madre de Jesús, y al abrazar de todo corazón y sin entorpecimiento de pecado alguno la voluntad salvífica de Dios, se consagró totalmente como esclava del Señor a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo con diligencia al misterio de la redención con Él y bajo Él, con la gracia de Dios Omnipotente" (Lumen Gentium, 56).
En María y por María, así, se ha transformado la situación de la humanidad y del mundo, que han vuelto a entrar de algún modo en el esplendor de la mañana de la creación."


 


Misterium iniquitatis (8 de 13) El mal y el bien en las catequesis de Juan Pablo II: (e)) El Pecado: ruptura de la Alianza con Dios

 


Sin perder de vista el pecado de los primeros padres las catequesis de aquí en más se dirigían a la realidad del hombre y al pecado actual “en la vida del hombre el pecado está constantemente presente, constantemente actual”. ”. Volvia a recordar Juan Pablo II que , “fuera de la Revelación, no somos capaces de percibir plenamente ni expresar adecuadamente la esencia misma del pecado, del mal moral como pecado” “En cierto sentido también el pecado "actual", perteneciente a la vida de todo hombre, se hace plenamente comprensible en referencia a ese "principio", a ese pecado del primer hombre por la . "inclinación al pecado". Ese “primer pecado" queda como el "modelo" de todo pecado cometido por el hombre personalmente” esa "desobediencia" (cf. Rom 5, 19) de la que habla el apóstol San Pablo vale también para todo otro pecado "actual" que el hombre comete. El hombre peca transgrediendo el mandamiento el mandamiento de Dios,por tanto es "desobediente" a Dios, Legislador Supremo. Esta desobediencia a la luz de la Revelación,es al mismo tiempo ruptura de la alianza con Dios. En esta Audiencia el Papa a su vez explica los grados de abusos: pecados actuales (personales), pecado mortal, grave o venial. Y habla de la “ley escrita en los corazones” “"Lex naturae" (cf. I-II, q. 91, a. 2; q. 94, aa. 5-6) de Santo Tomas, que el hombre trasgrede y desobedece.“En cierta medida todo pecado del hombre expresa ese "mysterium iniquitatis" (2 Tes 2, 7), que San Agustín ha encerrado en las palabras: "Amor sui usque ad contemptum Dei": El amor de sí hasta el desprecio de Dios (De Civitate Dei, XIV, 28; PL 41, 436).

(Mas sobre el misterio del pecado en la Exhortación Apostòlica Reconciliatio et Paenitentia)

Al hablar del pecado del hombre y el “pecado del mundo” el Papa dice "Toda la vida humana, la individual y la colectiva, se presenta como lucha, y por cierto dramática, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas· Y también en esta oportunidad recordaba que “el hombre se nota incapaz de domeñar con eficacia por sí solo los ataques del mal... Pero el Señor vino en persona para liberar y vigorizar al hombre, renovándole interiormente" (Gaudium et spes 13)”.

“El pecado personal tiene la característica esencial de ser siempre el acto responsable de una determinada persona, un acto incompatible con la ley moral y por consiguiente opuesto a la voluntad de Dios y aun conservando su esencial carácter de acto personal, posee al mismo tiempo una dimensión socia·l, “Hablar de pecado social quiere decir, ante todo, reconocer que, en virtud de una solidaridad humana tan misteriosa e imperceptible como real y concreta, el pecado de cada uno repercute en cierta manera en los demás

Y “¿Cómo entender estas expresiones sobre el "pecado del mundo"? ,,, no se trata del "mundo" como creación de Dios, sino como una dimensión específica, casi un espacio espiritual cerrado a Dios en el que, sobre la base de la libertad creada, ha nacido el mal. Este mal transferido al "corazón" de los primeros padres bajo el influjo de la "antigua serpiente" (cf. Gen 3 y Ap 12, 9), es decir, Satanás, "padre de la mentira", ha dado malos frutos desde el principio de la historia del hombre. El pecado original ha dejado detrás de sí esa "inclinación al pecado"l. “A su vez los muchos pecados personales cometidos por los hombres forman casi un "ambiente de pecado", que por su parte crea las condiciones para nuevos pecados personales, y de algún modo induce y arrastra a ello a cada uno de los hombres. Por eso, el "pecado del mundo" no se identifica con el pecado original, pero constituye casi una síntesis o una suma de sus consecuencias en la historia de cada una de las generaciones y por consiguiente de toda la humanidad”

Explica después el Papa "el pecado social" tratado extensamente en la Exhortación Apostólica Recontiliatio et Paenitentia

Mysterium iniquitatis (6 de 13) El mal y el bien en las catequesis de Juan Pablo II (d) El pecado original y la universalidad del pecado)

 


“En las catequesis de este ciclo tenemos continuamente ante los ojos la verdad sobre el pecado original, y al mismo tiempo tratamos de mirar la realidad del pecado en la dimensión global de la historia del hombre” 

Juan Pablo II

Refiriéndose al "peccatum originale" el Papa cita los escritos del Concilio Vaticano II “Constituido por Dios en estado de santidad, el hombre, tentado por el maligno, abusó de su libertad desde los comienzos de la historia, erigiéndose contra Dios y pretendiendo conseguir su fin al margen de Dios" (Gaudium et spes,13).“Se trata del pecado de los primeros padres. Pero a él se une una condición de pecado que alcanza a toda la humanidad y que se llama pecado original que la Sagrada Escritura. La Biblia, describe como una auténtica "invasión" del pecado, que inunda el mundo, como consecuencia del pecado de Adán, contagiando con una especie de infección universal a la humanidad entera. Desde ese momento, toda la historia de la humanidad sentirá el peso de este estado. El primer ser humano (hombre y mujer) recibió, en efecto, de Dios la gracia santificante no sólo para sí mismo, sino, en cuanto cabeza de la humanidad, para todos sus descendientes. Así, pues, con el pecado que lo estableció en una situación de conflicto con Dios, perdió la gracia (cayó en desgracia), incluso en la perspectiva de la herencia para sus descendientes. En esta privación de la gracia, añadida a la naturaleza, se sitúa la esencia del pecado original como herencia de los primeros padres, según la enseñanza de la Iglesia, basada en la Revelación.

Acerca de la “Revelación divina sobre el tema de la universalidad y del carácter hereditario del pecado” Juan Pablo II nos recuerda que “esta verdad la propone constantemente el Magisterio de la Iglesia y nos refiere a los documentos del Vaaticano II, “especialmente a la Constitución Gaudium et spes, sin olvidar la Exhortación post-sinodal Reconciliatio et paenitentia (1984).

Continua hablando del pecado original en la Audiencia siguiente esta vez citando el Decreto Tridentino “El pecado de Adán ha pasado a todos sus descendientes es decir, a todos los hombres en cuanto provenientes de los primeros padres y sus herederos en la naturaleza humana, ya privada de la amistad con Dios. Por ello transmitió a todo el género humano no sólo la muerte corporal y otras penas (consecuencias del pecado), sino también el pecado mismo como muerte del alma ("peccatum, quod mors est animae").y “Este pecado de Adán que es uno solo por su origen y transmitido por propagación y no por imitación, está en cada uno como propio" (DS 1513)”

“Así, pues – continúa - el pecado original se transmite por generación natural. Esta convicción de la Iglesia se indica también en la práctica del bautismo de los recién nacidos, a la cual se remite el Decreto conciliar. Los recién nacidos, incapaces de cometer un pecado personal, reciben sin embargo, de acuerdo con la Tradición secular de la Iglesia, el bautismo poco después del nacimiento en remisión de los pecados. El Decreto dice: "Se bautizan verdaderamente para la remisión de los pecados, a fin de que se purifiquen en la regeneración del pecado contraído en la generación" (DS 1514).

En la Audiencia del 8 de octubre de 1986 propone echar un vistazo a la Profesión de fe Credo del Pueblo de Dios del Papa Pablo VI pronunciada en 1968, al concluir el "Año de la fe" donde con respecto al pecado original declara “Creemos que en Adán todos pecaron, lo cual quiere decir que la falta original cometida por él hizo caer la naturaleza humana, común a todos los hombres, en un estado en que se experimenta las consecuencias de esta falta y que no es aquel en el que se hallaba la naturaleza al principio de nuestros primeros padres, creados en santidad y justicia y en el que el hombre no conocía ni el mal ni la muerte” “situación en la que ha llegado a encontrase la naturaleza después del pecado, y especialmente por la inclinación del hombre más hacia el mal que hacia el bien”. Y agrega que “El miedo a la muerte” esta unido según la Revelación al pecado original .El pecado mismo es sinónimo de la muerte espiritual, porque por el pecado el hombre ha perdido la gracia santificante, fuente de la vida sobrenatural. Signo y consecuencia del pecado original es la muerte del cuerpo, tal como desde entonces la experimentan todos los hombres. El hombre ha sido creado por Dios para la inmortalidad: la muerte que aparece como un trágico salto en el vacío, constituye la consecuencia del pecado, casi por una lógica suya inmanente, pero sobre todo por castigo de Dios. Esta es la enseñanza de la Revelación y esta es la fe de la Iglesia: sin el pecado, el final de la prueba terrena no habría sido tan dramático.”

 

 

jueves, 11 de noviembre de 2021

Karol Wojtyla/Juan Pablo II : Reflexiones sobre el pecado original

 


Meditatio II. De peccato originali [sobre el pecado original] Intento de enfocar el misterio en su totalidad:

  

a)      El pecado original consiste en el «evadirse» del hombre, de modo semejante a como antes hiciera el ángel, de esa plenitud de la donación que encierra en si la obra de la Creación. No es  posible entender el pecado original sin referencia a esta plenitud de la donación, esto es, al Amor. Consiste en el rechazo a participar en el Amor, en los bienes de la creación como provenientes del Amor, y sobre todo en el bien del propio Amor. En este sentido es la pérdida de la Gracia.

b)      Como hecho interno (actus humanus [acto humano]) la pecaminosidad del pecado original se explica por sus motivos. Los motivos tienen na inspiración externa. Se trata de la tentación: una promesa que no se cumple. El mal espíritu dice: «sereis como dioses, conocedores del bien y el mal». Este conocimiento significa salir de la situación de «bien puro» (o sea, de la donación original), pero el solo conocimiento no da al hombre (igual que no se lo dio a Satán) el poder de decidir acerca del bien y del mal,

c)      Como hecho interno (actus humanus), el pecado original es la desobediencia, lo que resaltó unívocamente san Pablo. No solo se trata de una oposición de la voluntad humana a la divina, sino que es a la e  un rechazo por parte del hombre de la «equidad divina», del mundo de los valores querido por el Creador,

d)     En este contexto el pecado original constituye una pérdida del mayor don de la participación en la naturaleza y en la vida del mismo Dios,

e)      Arrastrado a la vida del propio «mundo», el hombre comienza a estar sujeto a la triple concupiscencia,

f)       El pecado original es el momento a partir del cual la «economía» divina de la Creación cede a la economía de la Redención. La recuperación de las dimensiones y del significado del don hecho al hombre y al mundo discurrirá por un camino diferente, más difícil: por el camino dela cruz.

 

 Karol Wojtyla/Juan Pablo II(2014):  “Estoy en tus manos – Cuadernos personales 1962-2003” Planeta,  Ejercicios espirituales, Kalwaria Zebrzydowska 5,6,7,8 y 9 de julio de 1977.