Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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lunes, 14 de octubre de 2024

Misterium iniquitatis (9 de 13) El mal y el bien en las catequesis de Juan Pablo II (f )


Quedaban ya solo tres catequesis para completar la serie de las audiencias de Juan Pablo II sobre el mal, tan enraizado en el primer pecado y asociado a todos los pecados de todos los hombres de todos los tiempos. En El pecado como alineación del hombre el Papa subrayaba nuevamente que “Las consideraciones sobre el pecado desarrolladas en este ciclo de nuestras catequesis, nos obligan a volver siempre a ese primer pecado del que se habla en Gén 3. San Pablo se refiere a él como a la "desobediencia" del primer Adán (cf. Rom 5, 19)”. "no debéis comer del fruto del árbol". Explica el Papa que el contenido aparentemente irrelevante de la prohibición simboliza una cuestión totalmente fundamental. El hombre instigado por el tentador quería ser “como Dios” . Esa "desobediencia", de oposición a la voluntad del Creador. será el carácter principal del primer pecado de la historia del hombre. Bajo el peso de esta herencia la voluntad del hombre debilitada e inclinada hacia el mal, estará permanentemente expuesta a la influencia del "padre de la mentira"….


Juan Pablo II mismo resumía el contenido de la siguiente catequesis del 10 de diciembre de 1986 "Estableceré hostilidades... ": el hombre implicado en la lucha contra las fuerzas de las tinieblas “ refiriendose al “complejo contenido de las palabras del Gén 3, que constituyen la respuesta de Dios al primer pecado del hombre. En ese texto – continúa - se habla de la lucha contra "las fuerzas de las tinieblas", en la que el hombre está comprometido a causa del pecado desde el comienzo de su historia en la tierra: pero al mismo tiempo se asegura que Dios no abandona al hombre a sí mismo, no lo deja "en poder de la muerte", reducido a ser "esclavo del pecado" (cf. Rom 6, 17). De hecho, dirigiéndose a la serpiente tentadora, Dios le dice así: "Establezco enemistades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón" (Gén 3, 15).”

Estas palabras del Génesis – diría en la catequesis siguiente (la ùltima de la serie sobre el mal del pecado) se han considerado como el "protoevangelio", o sea, como el primer anuncio del Mesías Redentor. Efectivamente, ellas dejan entrever el designio salvífico de Dios hacia el género humano, que después del pecado original se encontró en el estado de decadencia que conocemos (status naturae lapsae). Ellas expresan sobre todo lo que en el plan salvífico de Dios constituye el acontecimiento central…..” "Y tanto amaste al mundo, Padre Santo, que, al cumplirse la plenitud de los tiempos, nos enviaste como Salvador a tu único Hijo. El cual se encarnó por obra del Espíritu Santo, nació de María la Virgen, y así compartió nuestra condición humana en todo, menos en el pecado".Agrega Juan Pablo II mas adelante “El análisis del "protoevangelio" nos hace, pues, conocer, a través del anuncio y promesa contenidos en él, que Dios no abandonó al hombre al poder del pecado y de la muerte. Quiso tenderle la mano y salvarlo. Y lo hizo a su modo, a la medida de su santidad transcendente, y al mismo tiempo a la medida de una "compasión" tal, como podía demostrar solamente un Dios-Amor.” “Las mismas palabras del "protoevangelio" expresan esa compasión salvífica, cuando anuncian la lucha ("¡Establezco enemistades!") entre aquel que representa "las fuerzas de las tinieblas" y Aquel que en el Génesis llama "estirpe de la mujer" ("su estirpe"). Es una lucha que se acabará con la victoria de Cristo ("te aplastará la cabeza"). Pero ésta será la victoria obtenida al precio del sacrificio de la cruz ("cuando tú le hieras en el talón"). El "misterio de la piedad" disipa el "misterio de la iniquidad".

En el "protoevangelio" en cierto sentido Cristo es anunciado por primera vez como "el nuevo Adán" (cf. 1 Cor 15, 45). Más aún, su victoria sobre el pecado obtenida mediante la "obediencia hasta la muerte de cruz" (cf. Fil 2, 8), comportará una abundancia tal de perdón y de gracia salvífica que superará desmesuradamente el mal del primer pecado y de todos los pecados de los hombres.
[…]
Tenemos así la certeza de que Dios, que en su santidad transcendente aborrece el pecado, castiga justamente al pecador, pero en su inefable misericordia al mismo tiempo lo abraza con su amor salvífico. El "protoevangelio" ya anuncia esta victoria salvífica del bien sobre el mal, que se manifestará en el Evangelio mediante el misterio pascual de Cristo crucificado y resucitado.
Y refiriéndose a lo expresado en el Concilio cita lo que considera “el mejor sello” a las catequesis sobre el pecado: "A la encarnación ha precedido la aceptación de parte de la Madre predestinada, para que de esta manera, así como la mujer contribuyó a la muerte, también la mujer contribuyese a la vida. Lo cual se cumple de modo eminentísimo en la Madre de Jesús por haber dado al mundo la Vida misma que renueva todas las cosas...” (cf. Lumen Gentium 56) "Enriquecida desde el primer instante de su concepción con el resplandor de una santidad enteramente singular, la Virgen Nazarena, por orden de Dios, es saludada por el ángel de la anunciación como 'llena de gracia' (cf. Lc 1, 28), a la vez que Ella responde al mensajero celestial: 'He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra' (Lc 1, 38). Así, María, hija de Adán, al aceptar el mensaje divino, se convirtió en Madre de Jesús, y al abrazar de todo corazón y sin entorpecimiento de pecado alguno la voluntad salvífica de Dios, se consagró totalmente como esclava del Señor a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo con diligencia al misterio de la redención con Él y bajo Él, con la gracia de Dios Omnipotente" (Lumen Gentium, 56).
En María y por María, así, se ha transformado la situación de la humanidad y del mundo, que han vuelto a entrar de algún modo en el esplendor de la mañana de la creación."


 


Misterium iniquitatis (8 de 13) El mal y el bien en las catequesis de Juan Pablo II: (e)) El Pecado: ruptura de la Alianza con Dios

 


Sin perder de vista el pecado de los primeros padres las catequesis de aquí en más se dirigían a la realidad del hombre y al pecado actual “en la vida del hombre el pecado está constantemente presente, constantemente actual”. ”. Volvia a recordar Juan Pablo II que , “fuera de la Revelación, no somos capaces de percibir plenamente ni expresar adecuadamente la esencia misma del pecado, del mal moral como pecado” “En cierto sentido también el pecado "actual", perteneciente a la vida de todo hombre, se hace plenamente comprensible en referencia a ese "principio", a ese pecado del primer hombre por la . "inclinación al pecado". Ese “primer pecado" queda como el "modelo" de todo pecado cometido por el hombre personalmente” esa "desobediencia" (cf. Rom 5, 19) de la que habla el apóstol San Pablo vale también para todo otro pecado "actual" que el hombre comete. El hombre peca transgrediendo el mandamiento el mandamiento de Dios,por tanto es "desobediente" a Dios, Legislador Supremo. Esta desobediencia a la luz de la Revelación,es al mismo tiempo ruptura de la alianza con Dios. En esta Audiencia el Papa a su vez explica los grados de abusos: pecados actuales (personales), pecado mortal, grave o venial. Y habla de la “ley escrita en los corazones” “"Lex naturae" (cf. I-II, q. 91, a. 2; q. 94, aa. 5-6) de Santo Tomas, que el hombre trasgrede y desobedece.“En cierta medida todo pecado del hombre expresa ese "mysterium iniquitatis" (2 Tes 2, 7), que San Agustín ha encerrado en las palabras: "Amor sui usque ad contemptum Dei": El amor de sí hasta el desprecio de Dios (De Civitate Dei, XIV, 28; PL 41, 436).

(Mas sobre el misterio del pecado en la Exhortación Apostòlica Reconciliatio et Paenitentia)

Al hablar del pecado del hombre y el “pecado del mundo” el Papa dice "Toda la vida humana, la individual y la colectiva, se presenta como lucha, y por cierto dramática, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas· Y también en esta oportunidad recordaba que “el hombre se nota incapaz de domeñar con eficacia por sí solo los ataques del mal... Pero el Señor vino en persona para liberar y vigorizar al hombre, renovándole interiormente" (Gaudium et spes 13)”.

“El pecado personal tiene la característica esencial de ser siempre el acto responsable de una determinada persona, un acto incompatible con la ley moral y por consiguiente opuesto a la voluntad de Dios y aun conservando su esencial carácter de acto personal, posee al mismo tiempo una dimensión socia·l, “Hablar de pecado social quiere decir, ante todo, reconocer que, en virtud de una solidaridad humana tan misteriosa e imperceptible como real y concreta, el pecado de cada uno repercute en cierta manera en los demás

Y “¿Cómo entender estas expresiones sobre el "pecado del mundo"? ,,, no se trata del "mundo" como creación de Dios, sino como una dimensión específica, casi un espacio espiritual cerrado a Dios en el que, sobre la base de la libertad creada, ha nacido el mal. Este mal transferido al "corazón" de los primeros padres bajo el influjo de la "antigua serpiente" (cf. Gen 3 y Ap 12, 9), es decir, Satanás, "padre de la mentira", ha dado malos frutos desde el principio de la historia del hombre. El pecado original ha dejado detrás de sí esa "inclinación al pecado"l. “A su vez los muchos pecados personales cometidos por los hombres forman casi un "ambiente de pecado", que por su parte crea las condiciones para nuevos pecados personales, y de algún modo induce y arrastra a ello a cada uno de los hombres. Por eso, el "pecado del mundo" no se identifica con el pecado original, pero constituye casi una síntesis o una suma de sus consecuencias en la historia de cada una de las generaciones y por consiguiente de toda la humanidad”

Explica después el Papa "el pecado social" tratado extensamente en la Exhortación Apostólica Recontiliatio et Paenitentia

Mysterium iniquitatis (7 de 13) El mal y el bien en las catequesis de Juan Pablo II Intermezzo - Mis reflexiones

 

Me tomaba un respiro (recuerdo que esto es republicacion) para reflexionar y ante todo admitia que a medida que me iba adentrando en estas catequesis cada vez me  maravillaba mas de la profundidad de pensamiento, de la didáctica de sus “clases magistrales” de vida cristiana. Cada vez me estaba costando mása más citar algunas palabras, oraciones, párrafos, y no me atrevia a resumir. Por otro lado iba tomando conciencia plena de lo poco que sabemos, reflexionamos, profundizamos y cuan poco hablamos sobre un tema tan enraizado en nuestras vidas: el pecado como ofensa contra Dios y desobediencia, desde la rebelión de los Ángeles, del “primer” pecado hasta nuestros pecados actuales, de nuestro abuso de la libertad al transgredir “la ley natural” “inscrita en nuestros corazones”; del pecado, esa palabra que ha perdido vigencia, que molesta, no esta de moda, no es mediática, no es global y la queremos enterrar, ocultar, para no quitarle el sueño a nadie, para no frustrar a nadie, para dejarlo vivir en este mundo que “no es capaz de salvarlo del mal” en este mundo que con “sus riquezas y sus carencias, necesita ser salvado, ser redimido”


Cuantas veces nos preguntamos con las palabras del capitulo 10 de Cruzando el umbral de la Esperanza “Dios es amor, porque tanto mal?” (guerras, campos de concentración, el holocausto y tantos otros males individuales y colectivos, universales, personales y cotidianos) y no sabemos respondernos o responder a quien plantea la pregunta, por no habernos acercado más a la riqueza del magisterio de la Iglesia.


Ante el gran misterio del mal, del pecado, recuerdo que unas palabras de Juan Pablo II en el capitulo XX de Cruzando el Umbral de la esperanza, donde hablaba sobre el comunismo, me quedaron grabadas a fuego. A la pregunta de Vittorio Messori::

¿Se puede hablar de silencio de Dios?

Y si así fuera, ¿cómo interpretar ese silencio?

Y
Juan Pablo II respondía:

Sí, en cierto sentido Dios calla, porque ya lo ha revelado todo. Habló «en los tiempos antiguos» por medio de los profetas y, «últimamente», por medio del Hijo (cfr. Hebreos 1,1-2): en Él ha dicho todo cuanto tenía que decir.

Y nosotros cuantas veces personificando aquello de «viendo no ven y oyendo no oyen (Mateo 13,13)

 

Mysterium iniquitatis (6 de 13) El mal y el bien en las catequesis de Juan Pablo II (d) El pecado original y la universalidad del pecado)

 


“En las catequesis de este ciclo tenemos continuamente ante los ojos la verdad sobre el pecado original, y al mismo tiempo tratamos de mirar la realidad del pecado en la dimensión global de la historia del hombre” 

Juan Pablo II

Refiriéndose al "peccatum originale" el Papa cita los escritos del Concilio Vaticano II “Constituido por Dios en estado de santidad, el hombre, tentado por el maligno, abusó de su libertad desde los comienzos de la historia, erigiéndose contra Dios y pretendiendo conseguir su fin al margen de Dios" (Gaudium et spes,13).“Se trata del pecado de los primeros padres. Pero a él se une una condición de pecado que alcanza a toda la humanidad y que se llama pecado original que la Sagrada Escritura. La Biblia, describe como una auténtica "invasión" del pecado, que inunda el mundo, como consecuencia del pecado de Adán, contagiando con una especie de infección universal a la humanidad entera. Desde ese momento, toda la historia de la humanidad sentirá el peso de este estado. El primer ser humano (hombre y mujer) recibió, en efecto, de Dios la gracia santificante no sólo para sí mismo, sino, en cuanto cabeza de la humanidad, para todos sus descendientes. Así, pues, con el pecado que lo estableció en una situación de conflicto con Dios, perdió la gracia (cayó en desgracia), incluso en la perspectiva de la herencia para sus descendientes. En esta privación de la gracia, añadida a la naturaleza, se sitúa la esencia del pecado original como herencia de los primeros padres, según la enseñanza de la Iglesia, basada en la Revelación.

Acerca de la “Revelación divina sobre el tema de la universalidad y del carácter hereditario del pecado” Juan Pablo II nos recuerda que “esta verdad la propone constantemente el Magisterio de la Iglesia y nos refiere a los documentos del Vaaticano II, “especialmente a la Constitución Gaudium et spes, sin olvidar la Exhortación post-sinodal Reconciliatio et paenitentia (1984).

Continua hablando del pecado original en la Audiencia siguiente esta vez citando el Decreto Tridentino “El pecado de Adán ha pasado a todos sus descendientes es decir, a todos los hombres en cuanto provenientes de los primeros padres y sus herederos en la naturaleza humana, ya privada de la amistad con Dios. Por ello transmitió a todo el género humano no sólo la muerte corporal y otras penas (consecuencias del pecado), sino también el pecado mismo como muerte del alma ("peccatum, quod mors est animae").y “Este pecado de Adán que es uno solo por su origen y transmitido por propagación y no por imitación, está en cada uno como propio" (DS 1513)”

“Así, pues – continúa - el pecado original se transmite por generación natural. Esta convicción de la Iglesia se indica también en la práctica del bautismo de los recién nacidos, a la cual se remite el Decreto conciliar. Los recién nacidos, incapaces de cometer un pecado personal, reciben sin embargo, de acuerdo con la Tradición secular de la Iglesia, el bautismo poco después del nacimiento en remisión de los pecados. El Decreto dice: "Se bautizan verdaderamente para la remisión de los pecados, a fin de que se purifiquen en la regeneración del pecado contraído en la generación" (DS 1514).

En la Audiencia del 8 de octubre de 1986 propone echar un vistazo a la Profesión de fe Credo del Pueblo de Dios del Papa Pablo VI pronunciada en 1968, al concluir el "Año de la fe" donde con respecto al pecado original declara “Creemos que en Adán todos pecaron, lo cual quiere decir que la falta original cometida por él hizo caer la naturaleza humana, común a todos los hombres, en un estado en que se experimenta las consecuencias de esta falta y que no es aquel en el que se hallaba la naturaleza al principio de nuestros primeros padres, creados en santidad y justicia y en el que el hombre no conocía ni el mal ni la muerte” “situación en la que ha llegado a encontrase la naturaleza después del pecado, y especialmente por la inclinación del hombre más hacia el mal que hacia el bien”. Y agrega que “El miedo a la muerte” esta unido según la Revelación al pecado original .El pecado mismo es sinónimo de la muerte espiritual, porque por el pecado el hombre ha perdido la gracia santificante, fuente de la vida sobrenatural. Signo y consecuencia del pecado original es la muerte del cuerpo, tal como desde entonces la experimentan todos los hombres. El hombre ha sido creado por Dios para la inmortalidad: la muerte que aparece como un trágico salto en el vacío, constituye la consecuencia del pecado, casi por una lógica suya inmanente, pero sobre todo por castigo de Dios. Esta es la enseñanza de la Revelación y esta es la fe de la Iglesia: sin el pecado, el final de la prueba terrena no habría sido tan dramático.”

 

 

Mysterium iniquitatis (5 de 13) El mal y el bien en las catequesis de Juan Pablo II (c) El Pecado “raíz de todo el mal que hay en el hombre”)

 


De la libertad ha nacido también el mal. Pero Dios no se rinde, y con su sabiduría trascendente, predestinándonos a ser sus hijos en Cristo, todo lo dirige con fortaleza y suavidad, para que el bien no sea vencido por el mal.”

 “Nuestras catequesis sobre Dios, Creador de las cosas "invisibles", nos ha llevado a iluminar y vigorizar nuestra fe por lo que respecta a la verdad sobre el maligno o Satanás, no ciertamente querido por Dios, sumo Amor y Santidad, cuya Providencia sapiente y fuerte sabe conducir nuestra existencia a la victoria sobre el príncipe de las tinieblas. Efectivamente – decia Juan Pablo II en la catequesis sobre “la victoria de Cristo sobre el espíritu del mal” “toda la historia de la humanidad se puede considerar en función de la salvación total, en la cual está inscrita la victoria de Cristo sobre "el príncipe de este mundo" (Jn 12, 31; 14, 30; 16, 11). "Al Señor tu Dios adorarás y a Él sólo servirás" (Lc 4, 8), dice terminantemente Cristo a Satanás” “La fe de la Iglesia nos enseña que la potencia de Satanás no es infinita”. Y si bien su acción causa muchos daños —de naturaleza espiritual e indirectamente de naturaleza también física— a los individuos y a la sociedad, él no puede, sin embargo, anular la finalidad definitiva a la que tienden el hombre y toda la creación, el bien. El no puede obstaculizar la edificación del reino de Dios, en el cual se tendrá, al final, la plena actuación de la justicia y del amor del Padre hacia las creaturas eternamente "predestinadas" en el Hijo-Verbo, Jesucristo”.

La catequesis siguientes tratan extensamente sobre el pecado.

En la audiencia acerca de “El mal en el hombre y en el mundo y el plan divino de salvación” explicaba el Papa los Simbolos de la Fe y decía “El misterio de la redención está, en su misma raíz, unido de hecho con la realidad del pecado del hombre. Por eso, al explicar con una catequesis sistemática los artículos de los Símbolos que hablan de Jesucristo, en el cual y por el cual Dios ha obrado la salvación, “debemos afrontar, ante todo, el tema del pecado, esa realidad oscura difundida en el mundo creado por Dios, la cual constituye la raíz de todo el mal que hay en el hombre y, se puede decir, en la creación” (*) “ La salvación, de la que habla la divina Revelación, es ante todo la liberación de ese mal que es el pecado.”

En la catequesis El pecado del hombre y el estado de justicia original Juan Pablo II habla del pecado en general y aclara que se habla del pecado “ siempre en referencia al primer pecado, que dejó sus secuelas en los descendientes de Adán, y que por eso se llama pecado original”. Y se refiere nuevamente a “Los Símbolos de la Fe y comenta que “son muy parcos al hablar del pecado; en la Sagrada Escritura, por el contrario, el término y el concepto de "pecado" se sitúa entre aquellos que se repiten con mayor frecuencia” (484 veces)


“De hecho el pecado forma parte del hombre y de su existencia: no se puede ignorar o dar a esta realidad oscura otros nombres, otras interpretaciones, como ha ocurrido en las corrientes del iluminismo o del secularismo. Si se admite el pecado, se reconoce al mismo tiempo una profunda relación del hombre con Dios, pues al margen de esta relación hombre-Dios el mal del pecado no se presenta en su verdadera dimensión, aun cuando siga estando presente obviamente en la vida del hombre y en la historia. El pecado pesa con tanta mayor fuerza sobre el hombre como realidad oscura y nefasta cuando menos se le conozca y reconozca, cuando menos se le identifique en su esencia de rechazo y oposición frente a Dios”

(*) el resaltado es mio.

 


 

Mysterium iniquitatis (4 de 13) El mal y el bien en las catequesis de Juan Pablo II (b)

 


Las catequesis siguientes que trataban los temas 

El mismo siervo de Dios Juan Pablo II las resumía asì en su Intorudccciòn a la catequesis La participación de los ángeles en la historia de la salvación :

 “En las últimas catequesis hemos visto cómo la Iglesia, iluminada por la luz que proviene de la Sagrada Escritura, ha profesado a lo largo de los siglos la verdad sobre la existencia de los ángeles como seres puramente espirituales, creados por Dios. Lo ha hecho desde el comienzo con el Símbolo niceno-constantinopolitano y lo ha confirmado en el Concilio Lateranense IV (1215), cuya formulación ha tomado el Concilio Vaticano I en el contexto de la doctrina sobre la creación: Dios "creó de la nada juntamente al principio del tiempo, ambas clases de criaturas: las espirituales y las corporales, es decir, el mundo angélico y el mundo terrestre; y después, la criatura humana que, compuesta de espíritu y cuerpo, los abraza, en cierto modo, a los dos" (Const. De Fide Cath., DS 3002). O sea: Dios creó desde el principio ambas realidades: la espiritual y la corporal, el mundo terreno y el angélico. Todo lo que Él creó juntamente ("simul") en orden a la creación del hombre, constituido de espíritu y de materia y colocado según la narración bíblica en el cuadro de un mundo ya establecido según sus leyes y ya medido por el tiempo ("deinde").”

Y en esta catequesis nos explica que “según la Revelación, los ángeles, que participan en la vida de la Trinidad en la luz de la gloria, están también llamados a tener su parte en la historia de la salvación de los hombres, en los momentos establecidos por el designio de la Providencia Divina. "¿No son todos ellos espíritus administradores, enviados para servicio a favor de los que han de heredar la salud?", pregunta el autor de la Carta a los Hebreos (1, 14). Y esto cree y enseña la Iglesia, basándose en la Sagrada Escritura por la cual sabemos que la tarea de los ángeles buenos es la protección de los hombres y la solicitud por su salvación.”

Y en la ultima catequesis acerca de los angeles: La caída de los ángeles rebeldes el Santo Padre reflexionaba sobre “el misterio de la libertad que algunos de los “seres espirituales” utilizaron contra Dios y contra su plan de salvaron respecto a los hombres. Como testimonia el Evangelista Lucas en el momento, en el que los discípulos se reunían de nuevo con el Maestro llenos de gloria por los frutos recogidos en sus primeras tareas misioneras, Jesús pronuncia una frase que hace pensar: "veía yo a Satanás caer del cielo como un rayo" (Lc 10, 18). Con estas palabras el Señor afirma que el anuncio del reino de Dios es siempre una victoria sobre el diablo, pero al mismo tiempo revela también que la edificación del reino está continuamente expuesta a las insidias del espíritu del mal…. “Esta "caída", que presenta la forma de rechazo de Dios con el consiguiente estado de "condena", consiste en la libre elección hecha por aquellos espíritus creados, los cuales radical e irrevocablemente han rechazado a Dios y su reino, usurpando sus derechos soberanos y tratando de trastornar la economía de la salvación y el ordenamiento mismo de toda la creación.”

 


Mysterium iniquitatis (3 de 13) El mal y el bien en las catequesis de Juan Pablo II (a)


En la catequesis La Divina Providencia y la presencia del mal y del sufrimiento, en el marco de una serie sobre Dios el Creador del mundo ,  Juan Pablo II nos regala un minucioso análisis de la relación entre la Providencia Divina y la realidad del mal, presente bajo tantas formas en la vida humana, explicando las diferencias que se presentan entre el mal físico y el mal moral y planteando preguntas para nuestra reflexión “¿podemos de cara a toda la experiencia del mal que hay en el mundo, especialmente de cara al sufrimiento de los inocentes, decir que Dios no quiere el mal?. Y si lo quiere, ¿cómo podemos creer que "Dios es amor", y tanto más que este amor no puede no ser omnipotente?” Ante estas preguntas expresa el Papa “nosotros también como Job, sentimos qué difícil es dar una respuesta. La buscamos no en nosotros sino, con humildad y confianza, en la Palabra de Dios” que “afirma de forma clara y perentoria que "la maldad no triunfa contra la sabiduría (de Dios)" (Sab 7, 30) y que Dios permite el mal en el mundo con fines más elevados, pero no quiere ese mal”.

La Divina Providencia supera el mal en Jesús redentor” pero “Cómo conciliar el mal y sufrimiento en el mundo con la verdad de la Providencia Divina”? Juan Pablo II responde “no se puede ofrecer una respuesta definitiva sin hacer referencia a Cristo”, “Cristo —el Verbo encarnado— confirma con su propia vida —en la pobreza, la humillación y la fatiga— y especialmente con su pasión y muerte, que Dios está al lado del hombre en su sufrimiento; más aún, que El mismo toma sobre Sí el sufrimiento multiforme de la existencia terrena del hombre […] La respuesta definitiva a la pregunta sobre la presencia del mal y del sufrimiento la ofrece la Revelación divina en la perspectiva de la "predestinación en Cristo", es decir, en la perspectiva de la vocación del hombre a la vida eterna, a la participación en la vida del mismo Dios. Esta es precisamente la respuesta que ha ofrecido Cristo, confirmándola con su cruz y con su resurrección” “Como dice el Concilio Vaticano II: "Por Cristo y en Cristo se ilumina el enigma del dolor y de la muerte que fuera del Evangelio nos envuelve en absoluta oscuridad" (Gaudium et spes 22). Si descubrimos mediante la fe este poder y esta "sabiduría", nos encontramos en las sendas salvadoras de la Divina Providencia.”

Hablando de la Divina Providencia y la condición histórica del hombre de hoy a la luz del Concilio Vaticano II el Papa llama la atención que es “una vana y peligrosa ilusión construir la propia vida y hacer del mundo el reino de la propia felicidad exclusivamente con las propias fuerzas. Es la gran tentación en la que ha caído el hombre moderno, olvidando que las leyes de la naturaleza condicionan también la civilización industrial y post-industrial (cf. Gaudium et spes, 26-27). Pero es fácil ceder al deslumbramiento de una pretendida autosuficiencia en el progresivo "dominio" de las fuerzas de la naturaleza, hasta olvidarse de Dios o ponerse en su lugar” “pretensión que llega a algunos ambientes en forma de manipulación biológica, genética, psicológica... que si no está regida por los criterios de la ley moral (y consiguientemente orientada al reino de Dios) puede convertirse en el predominio del hombre sobre el hombre, con consecuencias trágicamente funestas”

continua reflexionando “El hombre – dice - hoy más que en cualquier otro tiempo es particularmente sensible a la grandeza y a la autonomía de su tarea de investigador y dominador de las fuerzas de la naturaleza… Sin embargo hay que hacer notar que existe un grave obstáculo en el desarrollo y en el progreso del mundo. Este está constituido por el pecado y por la cerrazón que supone, es decir, por el mal moral. De esta situación da amplia cuenta la Constitución conciliar "Gaudium et spes".


sábado, 6 de junio de 2020

Auschwitz: monumento a las consecuencias del totalitarismo



Auschwitz, al lado de otros lager, queda símbolo dramáticamente elocuente de las consecuencias del totalitarismo. La peregrinación a estos lugares con el recuerdo y con el corazón, en este cincuenta aniversario, es obligatoria. "Me arrodillo —dije en el año 1979 durante la Santa Misa celebrada en Brzezinka, cerca de Auschwitz— sobre este Gólgota del mundo contemporáneo"[4]. Como entonces, renuevo idealmente mi peregrinación a tales campos de exterminio. Me paro especialmente "ante las lápidas con la inscripción en hebreo", para recordar al pueblo "cuyos hijos e hijas estaban destinados al exterminio total" y para confirmar que "no le es lícito a nadie pasar con indiferencia"[5]. Como entonces, me detengo ante las lápidas en ruso, después de los cambios sobrevenidos en la ex-Unión Soviética y recuerdo "la parte que ha tenido este País en la última Guerra por la libertad de los pueblos"[6]. Me detengo después ante las lápidas en lengua polaca y pienso de nuevo en el sacrificio de buena parte de la nación, que anota "una dolorosa cuenta sobre la conciencia de la humanidad". Como dije en 1979, repito hoy: "He elegido tres lápidas. Pero sería necesario detenerse delante de cada una de las existentes"[7]. Sí, en este cincuenta aniversario del final de la Segunda Guerra mundial, siento la íntima necesidad de permanecer junto a todas las lápidas, también de aquellas que recuerdan el sacrificio de víctimas menos conocidas o incluso olvidadas.
De esta meditación brotan interrogantes que la humanidad no puede dejar de lado. ¿Por qué se llegó a un grado tal de envilecimiento del hombre y de los pueblos? ¿Por qué, acabada la guerra, no se han sacado las debidas consecuencias de tan amarga lección para todo el continente europeo?
El mundo, y en particular Europa, se dirigieron hacia aquella gran catástrofe porque habían perdido la energía moral necesaria para hacer frente a todo lo que les empujaba hacia la guerra. En efecto, el totalitarismo destruye la libertad fundamental del hombre y viola sus derechos. Manipulando la opinión pública con el martilleo incesante de la propaganda, empuja a ceder fácilmente al recurso a la violencia y las armas y acaba por aniquilar el sentido de responsabilidad del ser humano.
Entonces, por desgracia, no nos dimos cuenta de que cuando se llega a pisotear la libertad, se ponen las condiciones para un peligroso deslizamiento hacia la violencia y el odio, precursores de la "cultura de la guerra". Precisamente esto fue lo que sucedió: no fue difícil a los jefes conducir a las masas a la elección fatal, mediante la afirmación del mito del hombre superior, la aplicación de políticas racistas o antisemitas, el desprecio hacia la vida de cuantos eran considerados inútiles a causa de enfermedades o marginación, la persecución religiosa o la discriminación política, la reducción progresiva de las libertades por medio del control policial y el condicionamiento psicológico derivado del uso unilateral de los medios de comunicación social. Precisamente a estas tramas se refería el Papa Pío XI de venerada memoria cuando, en la Encíclica Mit brennender Sorge, del 14 de marzo de 1937, hablaba de "tétricos programas" que aparecían en el horizonte[8].


viernes, 31 de agosto de 2012

Juan Pablo II “recordar el pasado es comprometerse con el futuro”


Son muchas las controversias acerca del verdadero comienzo y de las razones, pero una sola la dolorosa  verdad: un mínimo de entre 55 y 60 millones de muertos causo la II Guerra Mundial, que históricamente comienza el 1ro de septiembre de 1939, el día queAlemania invade Polonia. 

No se conocen cifras exactas, probablemente nunca se sabrán, pero fueron demasiados los muertos, demasiados  damnificados, demasiados  heridos en alma y cuerpo para no recordar esta terrible hecatombe universal, que marcó a naciones enteras para siempre.  El nazismo y el comunismo,  que sellaron parte de la historia del siglo XX, totalitarismos que no dudaron en aniquilar familias o personas, reducir a cenizas pueblos enteros,  y pervertir mentes han cambiado de nombre y de estrategias.

“Se acerca la fecha del 1 de septiembre a la que va unido el recuerdo doloroso y trágico del comienzo de la terrible segunda guerra mundial. No podemos olvidar este aniversario” decía el Papa Juan Pablo II en el Ángelus del 30 de agosto de 1981 y recordaba su visita a Hiroshima y Nagasaki. “Precisamente allí decía el Papa - la guerra, que ya tocaba a su fin, con la explosión de la primera bomba atómica dejó a la humanidad la admonición grave de lo que podría llegar a ser otra guerra en la que se emplease la energía nuclear. Y por ello vinculamos el recuerdo de aquella fecha del 1 de septiembre de hace 42 años, no sólo al pasado que se va alejando año tras año, sino que aludimos a él con el pensamiento vuelto siempre al futuro de todas las naciones y de toda la familia humana.”

Y reiteraba el Papa lo expresado en Hiroshima



 : "La guerra es destrucción de la vida humana. La guerra es muerte... Hiroshima y Nagasaki se distinguen de todos los demás lugares y monumentos como las primeras víctimas de la guerra nuclear. Inclino la cabeza al traer a la memoria los miles de hombres, mujeres y niños que perdieron la vida en ese terrible momento o llevaron en el cuerpo y en la mente durante muchos años esas semillas de muerte... Recordar el pasado es comprometerse con el futuro... Desde esta ciudad y desde los acontecimientos que su nombre recuerda, ha surgido una nueva conciencia mundial contra la guerra y una determinación enérgica a trabajar por la paz... Recordar Hiroshima es aborrecer la guerra nuclear. Recordar Hiroshima es comprometerse con la paz".

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lunes, 9 de noviembre de 2009

“Si Europa todos te miran!” El muro de Berlín y todos los muros


Años antes de la efectiva caída del muro Juan Pablo II inmensamente preocupado por Europa y “el estado de crisis en el que se encuentra, al asomarse al tercer milenio de la era cristiana” en el magnifico discurso del Acto Europeo en Santiago de Compostela el 9 de noviembre de 1982 - año santo “Xacobeo” al terminar su peregrinación por tierras españolas decía: “
“Ayer, este Continente exportó la guerra: hoy, le toca ser «artesano de paz». Confío en que el mensaje de humanismo y de liberación, herencia de su historia cristiana, pueda fecundar todavía a sus pueblos y siga resplandeciendo en el mundo” y lanzaba aquel histórico grito a Europa “Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces.”

No lo puedo remediar me siguen saltando lagrimas de emoción al ver por TV o en videos los momentos de la “caída del muro”, es como volver a vivir el desborde de alegría rayando una sana locura humana que abrazada corría en ambas direcciones este-oeste y oeste-este en medio de risas y llantos y una fuerte dosis de incredulidad ante la sorpresa y un extraño no entender nada de los guardias petrificados - testigos mudos de aquel bullicio y algarabía a uno y a otro lado del humillante paredón.. Esa inmensa multitud cuyo sentir imagino imposible de describir traspasaba ahora corriendo sin obstrucciones, ni guardias, ni temores el histórico “muro” hacia uno y otro lado. Muro que ya había comenzado a caer mucho antes que se desplomara “en un mundo donde parece triunfar el mal, donde parece que a veces se ahoga la esperanza

Tan solo dos meses antes de la caída del muro en su .Carta Apostólica con ocasión del 50 aniversario del comienzo de la II guerra mundial el Papa hacía el famoso Llamamiento a Europa “¡Sí, Europa, todos te miran, conscientes de que siempre tienes algo que decir, después del naufragio de aquellos años de fuego: la verdadera civilización no está en la fuerza, sino que es fruto de la victoria sobre nosotros mismos, sobre las potencias de la injusticia, del egoísmo y del odio, que pueden llegar a desfigurar al hombre!”

.Ahora està en nosotros seguir derribando muros. “Que la condena común y sincera del nazismo, al igual que la del comunismo ateo, nos impulse a todos al compromiso de construir en el perdón la reconciliación y la paz.”… “nada puede mejorar en el mundo, si no se supera el mal. Y el mal sólo puede superarse con el perdón" (Benedicto XVI)

sábado, 7 de noviembre de 2009

Misterium iniquitatis (9 - final) El mal y el bien en las catequesis de Juan Pablo II (f )


Quedaban ya solo tres catequesis para completar la serie de las audiencias del Siervo de Dios Juan Pablo II sobre el mal, tan enraizado en el primer pecado y asociado a todos los pecados de todos los hombres de todos los tiempos. En El pecado como alineación del hombre el Papa subrayaba nuevamente que “Las consideraciones sobre el pecado desarrolladas en este ciclo de nuestras catequesis, nos obligan a volver siempre a ese primer pecado del que se habla en Gén 3. San Pablo se refiere a él como a la "desobediencia" del primer Adán (cf. Rom 5, 19)”. "no debéis comer del fruto del árbol". Explica el Papa que el contenido aparentemente irrelevante de la prohibición simboliza una cuestión totalmente fundamental. El hombre instigado por el tentador quería ser “como Dios” . Esa "desobediencia", de oposición a la voluntad del Creador. será el carácter principal del primer pecado de la historia del hombre. Bajo el peso de esta herencia la voluntad del hombre debilitada e inclinada hacia el mal, estará permanentemente expuesta a la influencia del "padre de la mentira"….
Juan Pablo II mismo resumía el contenido de la siguiente catequesis del 10 de diciembre de 1986 "Estableceré hostilidades... ": el hombre implicado en la lucha contra las fuerzas de las tinieblas “ refiriendose al “complejo contenido de las palabras del Gén 3, que constituyen la respuesta de Dios al primer pecado del hombre. En ese texto – continúa - se habla de la lucha contra "las fuerzas de las tinieblas", en la que el hombre está comprometido a causa del pecado desde el comienzo de su historia en la tierra: pero al mismo tiempo se asegura que Dios no abandona al hombre a sí mismo, no lo deja "en poder de la muerte", reducido a ser "esclavo del pecado" (cf. Rom 6, 17). De hecho, dirigiéndose a la serpiente tentadora, Dios le dice así: "Establezco enemistades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón" (Gén 3, 15).”

Estas palabras del Génesis – diría en la catequesis siguiente (la ùltima de la serie sobre el mal del pecado) se han considerado como el "protoevangelio", o sea, como el primer anuncio del Mesías Redentor. Efectivamente, ellas dejan entrever el designio salvífico de Dios hacia el género humano, que después del pecado original se encontró en el estado de decadencia que conocemos (status naturae lapsae). Ellas expresan sobre todo lo que en el plan salvífico de Dios constituye el acontecimiento central…..” "Y tanto amaste al mundo, Padre Santo, que, al cumplirse la plenitud de los tiempos, nos enviaste como Salvador a tu único Hijo. El cual se encarnó por obra del Espíritu Santo, nació de María la Virgen, y así compartió nuestra condición humana en todo, menos en el pecado".Agrega Juan Pablo II mas adelante “El análisis del "protoevangelio" nos hace, pues, conocer, a través del anuncio y promesa contenidos en él, que Dios no abandonó al hombre al poder del pecado y de la muerte. Quiso tenderle la mano y salvarlo. Y lo hizo a su modo, a la medida de su santidad transcendente, y al mismo tiempo a la medida de una "compasión" tal, como podía demostrar solamente un Dios-Amor.” “Las mismas palabras del "protoevangelio" expresan esa compasión salvífica, cuando anuncian la lucha ("¡Establezco enemistades!") entre aquel que representa "las fuerzas de las tinieblas" y Aquel que en el Génesis llama "estirpe de la mujer" ("su estirpe"). Es una lucha que se acabará con la victoria de Cristo ("te aplastará la cabeza"). Pero ésta será la victoria obtenida al precio del sacrificio de la cruz ("cuando tú le hieras en el talón"). El "misterio de la piedad" disipa el "misterio de la iniquidad".
En el "protoevangelio" en cierto sentido Cristo es anunciado por primera vez como "el nuevo Adán" (cf. 1 Cor 15, 45). Más aún, su victoria sobre el pecado obtenida mediante la "obediencia hasta la muerte de cruz" (cf. Fil 2, 8), comportará una abundancia tal de perdón y de gracia salvífica que superará desmesuradamente el mal del primer pecado y de todos los pecados de los hombres.
[…]
Tenemos así la certeza de que Dios, que en su santidad transcendente aborrece el pecado, castiga justamente al pecador, pero en su inefable misericordia al mismo tiempo lo abraza con su amor salvífico. El "protoevangelio" ya anuncia esta victoria salvífica del bien sobre el mal, que se manifestará en el Evangelio mediante el misterio pascual de Cristo crucificado y resucitado.
Y refiriéndose a lo expresado en el Concilio cita lo que considera “el mejor sello” a las catequesis sobre el pecado: "A la encarnación ha precedido la aceptación de parte de la Madre predestinada, para que de esta manera, así como la mujer contribuyó a la muerte, también la mujer contribuyese a la vida. Lo cual se cumple de modo eminentísimo en la Madre de Jesús por haber dado al mundo la Vida misma que renueva todas las cosas...” (cf. Lumen Gentium 56) "Enriquecida desde el primer instante de su concepción con el resplandor de una santidad enteramente singular, la Virgen Nazarena, por orden de Dios, es saludada por el ángel de la anunciación como 'llena de gracia' (cf. Lc 1, 28), a la vez que Ella responde al mensajero celestial: 'He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra' (Lc 1, 38). Así, María, hija de Adán, al aceptar el mensaje divino, se convirtió en Madre de Jesús, y al abrazar de todo corazón y sin entorpecimiento de pecado alguno la voluntad salvífica de Dios, se consagró totalmente como esclava del Señor a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo con diligencia al misterio de la redención con Él y bajo Él, con la gracia de Dios Omnipotente" (Lumen Gentium, 56).
En María y por María, así, se ha transformado la situación de la humanidad y del mundo, que han vuelto a entrar de algún modo en el esplendor de la mañana de la creación."

jueves, 3 de septiembre de 2009

Un grito por la paz - eco de tantos sufrimientos

En el Ángelus del 2 de septiembre de 1979 dirigiendo su atención a la Reina de la Paz, el Siervo de Dios Juan Pablo II recordaba el inicio de la II guerra mundial. Habían transcurrido entonces 40 años.:
“ En efecto, el día primero de septiembre nos recuerda cada año el estallido de la segunda guerra mundial. Aunque parezca una fecha bastante lejana, -decìa - sin embargo no se borran de la mente de los hombres, que han vivido la guerra, las huellas de los acontecimientos que la configuraron. Yo mismo soy hijo de la nación que, desde el primer día de la segunda guerra mundial, sufrió las atrocidades más graves. Es sabido que esa guerra envolvió a la mayoría de los países europeos y a muchos países fuera de Europa, dando comienzo a una reacción en cadena, que se desarrolló gradualmente, implicando continuamente a nuevos beligerantes en batallas terribles.
La guerra ha dejado heridas profundas en la vida de los hombres de las familias, de las naciones y países. Ha costado la vida a decenas y decenas de millones de seres humanos. De una batalla de soldados se convirtió en una guerra total, sin excluir a nadie, ni a los hombres dedicados al trabajo cotidiano, ni siquiera a los enfermos y a los niños. La singular crueldad del "sistema total" unió los horrores de la guerra a los de los campos de concentración, que han dejado una señal terrible en la historia de nuestro siglo.
De aquí nace este grito nuestro de hoy por la paz. La oración a la Reina de la Paz se convierte en eco de todos aquellos sufrimientos con los que la segunda guerra mundial pesó sobre la conciencia del hombre de nuestra época. Se convierte también como en un grito lejano de los hombres: de aquellos a quienes les quitaron la vida, y también de quienes todavía llevan en el cuerpo y en el alma el estigma que dejó la guerra”

Recordaba además el Santo Padre la invitación que le hiciera el entonces Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas, Kurt Waldheim para visitar la Organización y confirmaba su visita para el 2 de octubre de ese año con el fin de - siguiendo las palabras de Cristo ―de Aquel que ha dicho a sus discípulos: "La paz os dejo, mi paz os doy" (Jn 14, 27)―, servir con todas las fuerzas a la gran causa de la paz y de la cooperación entre las naciones”
causas que no se cansaría de apoyar, defender y enarbolar en cualquier circunstancia y en cualquier ámbito.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

1 de septiembre 1939 (2)

foto Ruinas de Varsovia del United States Holocaust Museum
(del Capìtulo 3 Historia de Karol de Gian Franco Svidercoschi, Ediciones Internacionales Universitarias, Madrid, 2003 )
“Adolf Hitler habìa aprobado la Blitzkrieg, un ataque por sorpresa, según la versión oficial para anexionarse la ciudad de Danzig y su famoso «corredor». Pero en realidad buscaba llegar, a través de Polonia, a apoderarse del petróleo rumano y del grano ucraniano para finalmente – ésta era su gran ambición – conquistar Europa.
Los gobernantes de Varsovia tenían su parte de responsabilidad, pues no se habían creído las amenazas alemanas, al menos hasta que Checoslovaquia no estuvo ocupada y fue convertida en el Protectorado de Bohemia y Moravia. Aunque seguramente la mayor parte de la culpa la tenían los aliados occidentales, que durante demasiado tiempo habían rehusado enviar señales contundentes y creíbles que fueran capaces de disuadir a Berlín de cualquier acción temeraria o desconsiderada.
«Morir por Danzig?» preguntaba desde las columnas de su diario el diputado francés Marcel Deat. Pregunta que rebosaba indiferencia culpable y que suponía una respuesta negativa. Polonia, una vez mas, abandonada a sus fuerzas, se dirigía sin remedio hacia su triste destino.
Fue así que el amanecer de aquel primero de septiembre se puso en movimiento la monstruosa maquinaria de guerra un millón y medio de hombres. Las divisiones acorazadas de la Wehrmacht invadieron el territorio polaco a las 4.49, y avanzaron a lo largo de muchos kilómetros mientras la artillería vomitaba fuego una y otra vez, y desde el aire la aviación diseminaba muerte y destrucción: La mayoría de los quinientos aviones militares de los que disponía Polonia ni siquiera lograron levantar el vuelo: fueron destruidos en tierra.

En la catedral, mientras tanto, había terminado la Misa. Don Figlewicz y Karol salieron corriendo a la plaza del Wawel y vieron como los aviones alemanas arrojaban su carga mortífera sobre objetivos claramente identificados: los cuarteles de la calle Warszawska, los polvorines, el ferrocarril, la estación de radio. El infierno acabó sin que la defensa antiaérea lograra impactar ni tan siquiera una sola vez en objetivos enemigos.
…«Mi padre esta en casa!». Apenas se despidió del sacerdote amigo suyo, Karol se lanzó a una carrera frenética por las calles llenas de humo…Llegó por fin al barrio Debniki, a la calle Tyniecka 10 …subió los últimos peldaños y casi tira al «señor Capitan» que lo abrazó con fuerza. Se había preocupado: Donde estabas? Te he buscado por todos lados. Karol respondió: Pero papá, no te acuerdas? Había subido al Wawel, a hablar con don Figlewicz.”

martes, 1 de septiembre de 2009

1 de septiembre de 1939 (1)


(del Capìtulo 3 Historia de Karol de Gian Franco Svidercoschi)
“El silencio invadía las naves de la catedral, aún poco iluminadas por un débil y velado sol. De vez en cuando se escuchaba un murmullo en latín proveniente del altar de la nave norte, presidido por un gran crucifijo negro. Allí, delante de aquel crucifijo, iba a rezar todos los días Eduvigis, la reina del periodo de máximo esplendor de Polonia, el de la dinastía de los Jagellones.
Como cada primer viernes de mes, Karol había subido a lo alto del monte Wawel para confesarse con don Figlewicz, su director espiritual, al que luego ayudaba en la Misa. «Que extraño» pensó Karol mirando a su alrededor. La catedral estaba desierta. Nunca había pasado que a aquella hora no hubiera nadie, ni siquiera las acostumbradas viejecitas.
De repente fue como si el suelo se sobresaltara. Las explosiones procedían de lejos, quizás de la periferia de Cracovia, pero su estruendo retumbó con fuerza, llegando hasta allí, la cumbre de la colina que domina el Vístula. Don Figlewicz se volvió rápidamente, cruzando su mirada con aquella aterrorizada del monaguillo.
Comenzaron a aullar las sirenas y a escucharse los primeros disparos de la defensa antiaérea. Por un momento pareció que temblaba incluso el imponente mausoleo de San Estanislao, el obispo asesinado por la fe.
Se veía, a juzgar por sus hombros cargados, que el sacerdote tenia miedo. Pero don Figlewicz no interrumpió la celebración, aunque desde aquel momento empezó a acelerar primero los gestos, y luego también las oraciones.
Era el 1ro de septiembre de 1939.
«Aquel día dirá Karol – pasado el tiempo – no se me borrará nunca de la memoria.».”