Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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miércoles, 29 de julio de 2026

Quien fue San Benito de Nursia?


 Benito de Nursia fue un monje y abad que vivió en los siglos V y VI d.C. Fundó varios monasterios y escribió una regla para monasterios que se convirtió en fundamental para el monacato occidental. La Iglesia católica lo venera como patrón de Europa.

La principal fuente para la vida de Benito son los Cuatro Libros de Diálogos que el Papa Gregorio Magno escribió en 593/594 d.C. El Libro Segundo está dedicado por completo a Benito, mostrando su viaje espiritual personal y retratándolo como un gran asceta, un líder profético de monjes y fundador de monasterios, como autor de una regla y hacedor de milagros. El texto se sitúa en una tradición de escritos hagiográficos y está más interesado en hechos espirituales que en detalles biográficos. Se hace especial hincapié en escenas que se hacen eco de las de grandes figuras bíblicas, especialmente de los profetas Elías y Eliseo.

El esquema general de la vida de Benito, tal como lo presenta el Papa Gregorio, se ha enriquecido posteriormente con detalles tomados de las tradiciones locales y con conjeturas fundamentadas sobre fechas que se han convertido en parte de una cronología tradicional aceptada: Benito y su hermana gemela Escolástica nacieron en una familia noble cristiana en Nursia (la actual Norcia), en el año 480 d.C. Benito fue a Roma para sus estudios. Se cansó de la vida en Roma, al haber encontrado la vida de sus compañeros disoluta e inmoral, y a sus maestros no cristianos y corruptos. Esto le llevó a abandonar sus estudios en Roma para seguir una vida espiritual. Dejó la ciudad con su fiel nodriza familiar Cirila, que lo acompañó hasta Enfide (la actual Affile). Benito pasó un tiempo viviendo como ermitaño, en aislamiento espiritual en una cueva identificada posteriormente como el Sacro Speco en Subiaco. Los monjes de un monasterio cercano pidieron a Benito, que por entonces era un hombre santo muy conocido, que se convirtiera en su nuevo abad. Sin embargo, su insistencia en una disciplina monástica adecuada le enfrentó a la comunidad, que intentó envenenarlo. Benito escapó milagrosamente del daño y regresó a su cueva. Más tarde estableció 12 monasterios cerca de Subiaco y residió en el 13º como abad. Alrededor del año 529 d.C. dejó Subiaco con sus discípulos más devotos hacia Cassino y fundó un monasterio en la antigua acrópolis pagana de la colina que domina la ciudad. Aquí escribió la sumamente influyente Regla de los Monasterios y sirvió como primer abad del nuevo monasterio hasta su muerte el 21 de marzo, tradicionalmente considerado en 547. Le siguió poco después su hermana Escolástica, que, inusualmente, fue enterrada en la misma tumba.

Los Diálogos del Papa Gregorio hicieron de Benito uno de los santos más populares de la península italiana. Miles de monasterios que finalmente llegaron a seguir su Regla también difundieron la veneración de este santo.

Según una tradición bien atestiguada, las reliquias de San Benito fueron trasladadas al monasterio de Fleury (Francia) en el año 672. Este traslado se celebra litúrgicamente el 11 de julio. El traslado de las reliquias se discute en Montecassino, sin embargo, donde, tras el bombardeo del monasterio durante la Segunda Guerra Mundial, se descubrió la tumba conjunta de Benito y su hermana, confirmando aparentemente el relato de sus entierros por el Papa Gregorio.

En 1947, el Papa Pío XII reconoció a San Benito como el «Padre de Europa». En 1964, el Papa Pablo VI lo declaró «Patrón de Europa». El Papa Juan Pablo II amplió el grupo de Patronos de Europa, añadiendo a Cirilo y Metodio en 1980, y a Catalina de Siena, Brígida de Suecia y Edith Stein en 2000.

La fiesta de San Benito se celebra generalmente el 11 de julio, pero los monasterios benedictinos también mantienen una celebración el 21 de marzo.

 

Fuente:  OSB.ORG  

sábado, 25 de julio de 2026

El Papa en Subiaco: Un encuentro entre dos santos Agustin y Benito – Tiziana Campisi

 


El Papa León XIV visitó los lugares que testimonian la experiencia eremítica y comunitaria del santo de Nursia. A los medios vaticanos, dom Mauro Meacci destaca la personalidad agustiniana del Pontífice. «El diálogo con él fue amable y fraterno. Fue un encuentro entre religiosos y también un encuentro entre Agustín y Benito, atraído sobre todo por la humanitas del obispo de Hipona».

«Ha dejado una gran alegría en el corazón de todos nosotros». Al día siguiente de la visita del Papa a los monasterios de San Benito y Santa Escolástica, en Subiaco, el abad ordinario, dom Mauro Meacci, relata con entusiasmo el encuentro con «el sucesor de Pedro». «Sabemos cuánto importantes son, para un monje y para una comunidad monástica, los vínculos con el Papa. Por eso fue verdaderamente una jornada de alegría y también de gran serenidad», explica a los medios vaticanos.



El Pontífice, que en la mañana del 22 de julio había acudido al Santuario de la Santísima Trinidad de Vallepietra, al llegar al antiguo lugar de culto, en el corazón de los montes Simbruinos, fue recibido por el abad y se detuvo en primer lugar en el Sacro Speco, «el monasterio que custodia la gruta donde san Benito vivió tres años como ermitaño». Allí permaneció en oración y luego fue acompañado al complejo monástico benedictino, donde contempló los frescos y los ambientes característicos, y en particular la imagen de san Francisco, una de las más antiguas del Pobrecillo de Asís, conservada en la capilla de San Gregorio.

León permaneció luego con la comunidad monástica benedictina y con quienes colaboran en el santuario de San Benito; posteriormente visitó el monasterio de Santa Escolástica y se detuvo en sus claustros, que ya conocía por haberlos admirado en el pasado. Muy cordial fue el almuerzo con toda la comunidad en el refectorio. «El Papa nos hizo sentir cómodos, con gran cordialidad y gran amabilidad», refiere dom Mauro. Durante la comida, los platos estuvieron acompañados por una conversación familiar. «Se nota que la personalidad del Santo Padre ha estado marcada por su condición de monje agustino; diría que parecía uno de nosotros, incluso en la conversación informal, en las preguntas que hacía a uno u otro monje y en los diálogos, también muy espontáneos, sobre las cuestiones concretas que afectan a la vida de una comunidad monástica». «Todos estábamos un poco emocionados —añade el religioso—, pero el Papa, con su humanidad y su cordialidad, hizo que el diálogo fuera verdaderamente familiar, fraterno, muy hermoso».

(Leer completo en Vatican News) 

 (Nota: Subiaco es el lugar donde San Benito vivió en retiro durante unos 30 años y Montecassino la última etapa de su vida y lugar que inspiró la escritura de la Regla Benedictina)

Invito visitar: OSBNuestras raíces.

El viaje del monje (si bien es un sitio comercial, explica muy bien todas las etapas del "viaje" de San Benito.

viernes, 24 de julio de 2026

Visita del Papa Leon IV a la Abadia de Montecassino

 


Con motivo de la reciente visita del Papa Leon XIV a la Abadia de Montecassino, lugar sagrado tan querido por Juan Pablo II invito visitar mis posts etiquetados  San Benito y Montecassino  (no todos coinciden) y publico a continuación el texto completo de las palabras del  Padre Abad Dom Luca Fallica durante la visita del Santo Padre Leon XIV a la Abadía.

Una paz que debe normalizarse, con todos los esfuerzos - Por  Antonio Luca Fallica

 Ante la preocupante normalización de la guerra, el Papa León XIV nos llama no solo a la esperanza, sino también a la responsabilidad en la construcción de la paz.

« En este hermoso monasterio, lugar de silencio y servicio, he venido a rezar, a rezar por la paz en el mundo, ante la tumba de San Benito ». Estas son las palabras que León XIV escribió el lunes en el libro de visitas de nuestra comunidad de Montecassino. La insistente repetición del verbo «rezar» resalta cómo la intención del Papa al visitar la Abadía era precisamente experimentar una gran intercesión por la paz en el mismo lugar donde, hace poco más de sesenta años, el 24 de octubre de 1964, San Pablo VI había rezado, habiendo ascendido también a Montecassino como peregrino de la paz. En aquella ocasión, el Papa Montini había traído consigo una lámpara de la paz, que el Papa León volvió a encender ante la tumba de San Benito y su hermana, Santa Escolástica. En esa misma ocasión, San Pablo VI había proclamado a San Benito principal patrono de Europa, llamándolo  Pacis nuntius , testigo de la paz. Es significativo que la visita del Papa León se produjera unos diez días después de la visita a Montecassino del Patriarca Latino de Jerusalén, el Cardenal Pierbattista Pizzaballa, quien recibió el  premio de la paz Pacis Nuncio  que la Abadía le había otorgado como eminente testigo de la paz en la convulsa Tierra Santa, llamada por vocación a ser signo de paz en el mundo, una tierra pisoteada por el Príncipe de la Paz, pero que hoy más que nunca necesita la visita de la paz de Dios, para que se inicien caminos de reconciliación y perdón.

« Vivimos un momento de gran dolor, especialmente de profunda desconfianza entre las partes, no solo entre israelíes y palestinos, sino también dentro de sus respectivas sociedades, sobre todo entre las generaciones más jóvenes, que presencian el fracaso de las decisiones políticas », declaró Pizzaballa en aquella ocasión. « En este contexto, San Benito nos recuerda que debemos comprometernos, cada uno en su propio entorno, cada uno con su propia responsabilidad, a hacer algo diferente ». Este compromiso no es ingenuo, sino capaz de reconocer las dificultades y adversidades de un camino sumamente arduo, pero abierto a la esperanza. El Patriarca de Jerusalén continuó: « San Benito nos recuerda que incluso en los momentos más duros y difíciles, es posible hacer algo diferente. Con el tiempo, sembrando. Sin esperar resultados inmediatos ni gratificación instantánea, porque no veremos la paz de inmediato. Sino movidos por el deseo de hacer algo bello por el otro porque amamos esa realidad y amamos construir relaciones con todos, ya que todos fuimos creados a imagen y semejanza de Dios: mirar al otro, a cualquier otra persona, es como mirar a Dios» .

El Papa León XIII también nos llama no solo a la esperanza, sino a la responsabilidad de la paz. Al presentar el volumen que recopila sus discursos sobre la paz, titulado «La paz es un don» (LEV), destaca tres fundamentos esenciales para cualquier compromiso auténtico con la paz: la paz requiere responsabilidad personal, se construye sobre la verdad y busca testigos. San Benito fue el Pacis nuntius  , y tras su ejemplo, hoy hay muchos testigos de la paz. Al orar ante la tumba del  Pacis nuntius,  el Papa León XIII sin duda deseaba orar por el apoyo de todos aquellos que ya dan testimonio de la paz y para que el Espíritu Santo inspire a muchos más. En su encíclica  Magnifica humanitas,  el Papa León XIII advierte del riesgo actual de un cambio de paradigma cultural que está llevando a la humanidad a una «cultura violenta del poder, donde la paz ya no se presenta como una tarea a emprender, sino como un intervalo precario entre conflictos». De hecho, estamos presenciando con preocupación lo que el Papa denomina una especie de «normalización de la guerra». Su peregrinación a Montecassino, su oración ante la tumba de San Benito, su llamado a la responsabilidad personal, deberían, por el contrario, animarnos a hacer todo lo posible por "normalizar la paz".

Abad de Montecassino

Fuente: Abadia de Montecassino

 Invito visitar mis posts: Montecassino y San Benito  (no todos coinciden)

Y Vatican News 

sábado, 11 de julio de 2026

San Benito, Juan Pablo II y Montecassino

 


Escuchemos la voz de San Benito: de lasoledad interior, del silencio contemplativo, de la victoria sobre el rumor delmundo exterior, de este «habitar consigo mismo», nace el diálogo consigo y conDios, que lleva hacia las cumbres de la ascética y la mística.”  

Hoy celebramos la memoria litúrgica de San Benito, abad, proclamado patrono y protector de Europa por el Santo Padre Pablo VI, el 24 de octubre de 1964, durante su visita a la Abadía de Montecassino, con ocasión de la Consagración del nuevo templo.

San Benito también fue patrono del pontificado del Santo Padre Benedicto XVI.

Con ocasión del viaje a Roma para la beatificación de Juan Pablo II teníamos planeado visitar Mentorella y la Abadia de Montecassino y solo pudimos cumplir con una parte del sueño visitar Mentorella y Montecassino quedó pendiente. Sin embargo aprovechando la festividad de San Benito quería recordar  Montecassinoun lugar tan significativo y tan caro a Juan Pablo II, por lo sagrado del lugar, por una parte, y por la otra tan trágicamente atado a la historia polaca donde en el cementerio polaco, mas de mil cruces recuerdan el heroísmo de los jóvenes que combatieron y murieron allí (no todos eran polacos).


Juan Pablo II nunca oculto el profundo amor por su patria, tampoco su dolor y su sufrimiento en momentos difíciles. En su  discurso a los monjes de la Abadia durante su  primer visita a Montecassino como Papa en 1979 con ocasión de conmemorarse los 35 años de aquel 18 de mayo de 1949 decia con dolor pero con orgullo:

 



Hace 35 años, el 18 de mayo de 1944, los soldados polacos del General Anders, llegados poco antes al frente y agregados a la "Octava Armada" británica, lograban izar la bandera polaca blanca y roja sobre los escombros todavía humeantes de esta histórica abadía. Tres meses antes, el 15 de febrero de 1944, centenares de toneladas de explosivos habían sido arrojadas por los bombarderos, destruyendo la abadía, considerada objetivo bélico, mientras entre uno y otro bombardeo el tiro cruzado de las artillerías terrestres y marinas sembraban muerte y ruina por todas partes. En el cementerio polaco más de mil cruces recuerdan el sacrificio de estos jóvenes que combatieron y murieron junto con otros muchos ejércitos por la libertad y la paz. Han pasado 35 años; y hoy está aquí, en Montecassino, en la célebre abadía resurgida y gloriosa, un hijo de Polonia, convertido en Pontífice, para recordar y elevar sufragios por sus hermanos, junto a los demás caídos, víctimas de las ideas equivocadas y de los contrastes humanos.

Venid a Montecassino! – decía Juan Pablo II en su alocución – “¡Venid a meditar sobre la historia pasada y a comprender el significado auténtico de nuestra peregrinación terrena! ¡ Venid a recuperar paz y serenidad, ternura con Dios, y amistad con los hombres, para llevar de nuevo esperanza y bondad a las frenéticas metrópolis del mundo moderno, atormentadas y desilusionadas en la angustia de tantas almas!”

Como no aceptar una invitación tan abierta, tan sentida?

Es importante leer su alocución de 1979 para adentrarse un poco en el alma de este Papa polaco, poeta y pastor y es casi obligatorio leer su precioso Mensaje para el 50 aniversario de la Batalla de Montecasino para comprender el profundo amor a su patria, su sufrimiento por la tragedia de la guerra y la incomprensión de Occidente por la suerte de Polonia, invadida por este y oeste. Pero Juan Pablo II va mucho más allá de nuestras propias interpretaciones al expresar que “Montecassino encierra un significado mucho más antiguo que el que se le atribuyo en 1944. Hay que volver atrás quince siglos, a los tiempos de san Benito porque fue precisamente en Montecassino donde se erigió una de aquellas abadías benedictinas que iniciaron la formación de Europa, de la Europa cristiana. Montecassino fue el enfrentamiento de dos “proyectos” – dice Juan Pablo II - uno, tanto en oriente como en occidente, tendía a desarraigar a Europa de su pasado cristiano, ligado a sus patronos y en especial, a san Benito: el otro tendía a defender la tradición cristiana de Europa y el “espíritu europeo”. Hemos de orar concluye su Mensaje Juan Pablo II para que sepamos hacer buen uso de la libertad reconquistada a un precio tan alto: para volver a la herencia de san Benito y de san Cirilo y san Metodio, copatronos de Europa del este y del oeste.

En su mensaje al Abad de Montecassino el P. Bernardo D’Onorio, o.s.b. para el 60 aniversario de la destrucción de la Abadia de Montecassino 
Juan Pablo II recordaba Montecassino como “verdadera arca de un tesoro precioso de espiritualidad, de cultura y de arte. Para nosotros, los creyentes, el hecho de que el antiguo monasterio haya sido totalmente destruido por la guerra y después haya sido perfectamente reconstruido es una invitación a la esperanza, impulsándonos a ver en ello un símbolo de la victoria de Cristo sobre el mal y de la posibilidad que tiene el hombre de superar, con la fuerza de la fe en Dios y del amor fraterno, los conflictos más arduos para hacer que triunfen el bien, la justicia y la concordia.

Fotos de Abadia de Montecassino


 

 

 

martes, 30 de diciembre de 2025

El “misterio” de Montecassino (2 de 2)

 


(del libro del padre Gereon Goldmann Un seminarista en las SS (Ediciones Palabra, Madrid - mi traducción es de la versión eslovena)

Entre las tantas “aventuras” del padre Goldmann una de las más increíbles fue lograr que el Santo Padre le concediera un permiso especial para ser ordenado sacerdote antes de haber terminado sus estudios, permiso de excepción por la falta de sacerdotes en los frentes de batalla. Le había sido profetizado que lo conseguiría, “profecía” de la cual el siempre tuvo sus dudas hasta que verdaderamente se cumplió. Pero eso es otra parte de su historia. Aquí solo pretendo exponer – traducido -  el texto que se refiere a Montecassino,  donde el – por encontrarse cerca – planeaba ser ordenado por el Abad del Monasterio y celebrar de inmediato allí su Primera Misa.

“De repente veo un estrecho sendero camino al cerro. Caminado unos 100 metros veo una señal con un escrito bilingüe en  alemán e italiano “Acceso a la Abadia prohibido a los soldados”. El sendero llevaba hacia la conocida Abadía de Montecassino, que hasta entonces yo solo conocía de lejos. De repente me acordé que alguna vez había leído que el Abad de Montecassino también es Obispo. Quizás el podría ordenarme si le mostrase el documento papal?  En medio de las crueles batallas mi profundo deseo era ser ordenado sacerdote lo más pronto posible. Le grite al chofer que  me esperara que regresaría pronto y  encaré por el sendero hacia arriba.  De repente me encontré con cuatro guardias militares. El camino hacia la Abadía estaba prohibido, por eso estaban allí.  Amparado en mi autoridad les respondí que yo no era soldado, sino sargento. Los cuatro eran de grados inferiores.  “Deben dejarme pasar, tengo una autorización especial”. Y les mostré mi carnet de traductor.  Éste no les convenció,  tampoco la autorización del Obispo de Sicilia, que no sabían leer,  entonces debí mostrarles la autorización papal. Finalmente me dejaron pasar. Pasados unos 1500 metros llegue hasta la famosa Abadía.  Amparados allí detrás de las altas paredes me encontré sorprendido ante un gran grupo de refugiados,  en su mayoria mujeres, ancianos y niños. Ante las barbaridades de la guerra se habían refugiado allí al amparo de San Benito con la esperanza de encontrarse más seguros, esperanza cruelmente aplastada unos días más tarde con el bombardeo de los americanos, quienes destruyeron sin piedad todo lo que quedaba en pie.

Las puertas de la Abadía estaban abiertas de par en par pero custodiadas por dos guardias de la policía militar que debían evitar el tránsito hacia la Abadía. Allí fui testigo con mis propios ojos que lo que sostenían los americanos con motivos propagandísticos que allí se refugiaban soldados alemanes era totalmente falso pues aparte de estos guardias de la policía militar no vi allí ni un solo soldado alemán.  Las unidades más cercanas estaban a unos 800 metros de allí separados de la Abadía por un profundo valle. Era allí donde estaba el punto de observación.  El Comandante Kesserling había impartido ordenes estrictas de proteger Montecassino ante cualquier batalla.  Y nosotros como alemanes nos adherimos a esta orden al pie de la letra. 

Entre por el amplio portón para encontrarme ante un patio enorme y la famosa escalinata que llevaba a la Iglesia. No se veía a nadie por ningún lado. Los dos guardias permanecían afuera.  También la Iglesia estaba abierta, ninguno de los portales cerrados.  Entré y enmudecí ante aquella vista:  estaban aun todas las paredes, brillaba la hermosa cúpula, los altares estaban intactos – pero eso era todo. No había cuadros en las paredes ni estatuas en las bóvedas,  ninguna cruz sobre la pared del altar ni sobre el altar. Parecía que los bárbaros se habían llevado todo lo que se podía quitar.  La imagen de esta casa de Dios totalmente desnuda y desolada era desesperante.  Las capillas laterales se encontraban igual, desnudas y abandonadas.  Me dirigí a la sacristía: la misma imagen. Todos los armarios abiertos y vacíos.  Todos los cajones, en los cuales se guardaban vestimentas sagradas semiabiertos y vacios. Quien se había llevado todos estos tesoros?  Seguí deambulando por los largos corredores, sin encontrar a nadie. El salón principal, el gran refectorio, la cocina detrás, todo vacío, saqueado? Finalmente di con la biblioteca, todos los estantes vacíos de famosos libros, manuscritos incunables, nada… Con el corazón destrozado me dirigí por la escalera hacia el primer piso. A la derecha, casi 100 metros de largo ventanas con vista hacia el valle.  A la izquierda una celda al lado de otra, donde durante siglos vivieron los monjes.  Ahora se encontraban todas abiertas, solo había algunas mesas y unas pocas sillas. Nada más.

Entonces aun desconocía que con permiso del Abad todo había sido transportado de urgencia,  y sorteando todo tipo de peligros desde la Abadía a Roma, donde todos esos tesoros quedaron al resguardo en pasillos subterráneos y después de la reconstrucción de la Abadía todo fue devuelto. Pero para mí este “paseo” por la Abadía totalmente vacía, la Abadía monacal madre de Europa,  fue uno de las vivencias mas desesperanzadas de toda la guerra.

Como aparentemente en la Abadía no había nadie, desilusionado ya estaba por marcharme, cuando al fondo del larguísimo corredor aparece un monje cabizbajo con las manos recogidas. Recién me vio al escuchar el ruido de mis botas cuando ya me encontraba frente a él.  Me miró algo asustado y negó mi pedido para ver al Abad.  No es posible ahora, el Abad está rezando en la cripta en la tumba de San Benito. Sin palabras le mostré el documento papal y el enmudecido me miro y desapareció, esta vez no a paso lento y pausado sino casi corriendo.  Más tarde otro sacerdote me trajo algo para refrescarme, una fruta y bebida. Como no había mesas, coloco todo sobre la repisa de la ventana.

Finalmente aparece el Abad, el Obispo de la diócesis de Cassino. Un hombre honorable, anciano, cuyo rostro irradiaba una vida de oración.. Le conté mi historia mientras el sostenía en sus manos la autorización papal. En algún momento me dijo: “durante la guerra ocurren cosas que aun no han sido escritas en ningún libro de la Iglesia”.

Le dije además que dudaba que al día siguiente podría estar en Roma para mi ordenación (según planeado originalmente) y le pedí si él estaría dispuesto a ordenarme.

Mi miro fijo y largamente. No pude imaginar porque lo hizo.  Después de repente me tomó de la mano y me llevó por el corredor hasta un lugar desde donde se veía todo el valle de Cassino, poblados  y cerros,  donde entonces luchaban los alemanes.  Emocionado y con su voz entrecortada por el llanto me dijo: Observe cuidadosamente todos los poblados y ciudades.  Allá teníamos una iglesia, allá el hospital, allá un jardín de infantes. Tanto nos esforzamos, tanto trabajamos para hacer de este Obispado un jardín de Dios. Y ahora la guerra destruyo todo en unos pocos días, todo destruido, los fieles han muerto o huido. Solo quedo la Abadía aquí arriba.  Quien sabe si quizás Dios no nos reclamará también esto.   Aquí estoy solo con diez monjes, pero “El Señor nos lo dio, el Señor nos lo quito, alabado sea el nombre del Señor”!  me dijo.  Después me miro y agregó: “No se que pasara los próximos días ni tampoco si también nosotros seremos víctimas de la guerra. Pero algo todavía haré con sumo agrado: venga en cualquier momento de día o de noche, aunque no esté en ayunas.  Solo le pido venga.  Con el mayor de los gozos le ordenare sacerdote sobre la tumba de nuestro santo padre Benito”.

“ Si no encuentro algún imprevisto, mañana a la noche estaré aquí” le prometí. “Lo esperare” me respondió. Y con estas palabras nos despedimos con un fraternal abrazo y bendición.  Con el corazón en paz y lleno de gozo regrese al valle – sin intuir que el Abad me esperaría en vano al día siguiente. ….. 

la guerra continuaba.  A Goldmann le esperaba una de las peores batallas

La Abadía fue totalmente reconstruida después de la guerra y consagrada por el Papa Pablo VI el 24 de octubre de 1964. 


 Invito además leer las emotivas palabras del Papa Juan Pablo II en su visita a la Abadia de Montecasino el 18 de mayo de 1979. 

 




El “misterio” de Montecassino (1 de 2)

 


(foto de Wikipiedia Montecassino cementerio polaco, al fondo la Abadía reconstruida)

Karol Wojtyla amaba su patria, su cultura, su tierra, su pueblo, sentimiento anidado en su natal Wadowice desde niño:  guiado por su padre,  sus maestros,  su guía espiritual. Seleccionando más tarde sus lecturas fue entrando en el mundo de la poesía y la prosa escrita y hablada. La fuerza del teatro rapsódico dio origen a una nueva generación.  Ya sacerdote su apostolado entre los jóvenes miraba mas allá de lo cotidiano  en momentos del régimen: había que educar a los jóvenes que serían los generadores de una nueva Polonia.

Nunca ocultó su profunda unión con la tierra que lo viera nacer, ni aún después  siendo Obispo de Roma. En sus mensajes a sus compatriotas vibraba no solo su profunda fe y esperanza sino también su espíritu casi guerrero  exigiendo libertad,  defendiendo la dignidad y la vida de toda persona y el respeto por los lugares que nos hablan de la “muerte y resurrección” no sólo polacas sino universales y que son una parte decididamente importante hasta de su magisterio porque si bien sus palabras están en la mayoría de las veces expresamente dirigidas a Polonia o a lugares específicos, son perfectamente aplicables a tantas otras circunstancias y lugares.  

Pero de la misma manera que el “vivió” profundamente unido a su patria, sufrió con ella también desde Roma los momentos difíciles, recordando siempre la historia reciente y heridas abiertas. Uno de los santos lugares que el guardaba en su corazón era el Monasterio de Montecassino. Montecassino es también uno de los lugares que personalmente le tengo especial afecto y que planeábamos visitar el mismo dia de la visita a Mentorella,  tan unido a Montecassino y San Benito, pero quedó pendiente.

Por eso leí con mayor atención el capítulo titulado Montecassino en la increíble historia del padre Gereon Goldmann,  Un seminarista en las SS (Ediciones Palabra, Madrid) sobreviviente milagroso de los horrores de la II Guerra Mundial, quien entre “aventuras”, riesgos y masacres logró ayudar a tantos hermanos atendiéndolos como asistente sanitario y espiritual. Son palabras  directamente desde el “frente”  de batalla.  El padre Goldmann cuenta de su visita al Monasterio de  Montecassino, tan caro a Juan Pablo II y donde cayeron tantos de sus compatriotas  en medio de una tragedia que produjo perdida y dolor, pero que más tarde levantándose de sus cenizas se erigiera en símbolo de una nueva Europa. y que fuera motivo de palabras tan emotivas del Papa JuanPablo II con ocasión del 50 aniversario  cuando hablaba de aquel “enfrentamiento de dos "proyectos": uno, tanto en oriente como en occidente, que tendía a desarraigar a Europa de su pasado cristiano, ligado a sus patronos y, en especial, a san Benito; el otro tendía a defender la tradición cristiana de Europa y "el espíritu europeo".”


 

viernes, 11 de julio de 2025

San Benito de Nursia

 

La Santa Cruz sea mi luz, no sea el demonio mi guía, ¿Apártate Satanás! No sugieras coas vanas, maldad es lo que brindas, bebe ú mismo el veneno”



 

La liturgia de la Iglesia Católica celebra a San Benito Abad en dos ocasiones. El día 21 de marzo es la fecha tradicional para conmemorar el Tránsito de San Benito, o sea el día de su muerte y entrada al cielo. El día 11 de julio, que recuerda la Traslación de las reliquias de San Benito desde Montecassino hasta el monasterio de Fleury, en Francia, fué la fecha elegida por el Papa Pablo VI para conmemorar a San Benito como Patrono de Europa.

 Juan Pablo II en su recordada visita aMontecassino (para él también una experiencia fuerte como polaco) sintetizaba “De su vida interesante y venturosa recordemos sólo los extremos: Nacido en Nursia hacia el 480, o sea en las montañas interiores de la Umbría, Benito estudió algún tiempo la retórica en Roma, después, asustado o disgustado por la corrupción del ambiente, se retiró junto al lago Aniene, en Subiaco, en la soledad, donde surgieron nada menos que 13 monasterios. Obligado a abandonar el valle del Aniene, Benito se dirigió a esta alta colina que domina la villa de Cassino, donde en el 529 fundó el célebre monasterio y se dedicó a !a evangelización de aquellas poblaciones todavía paganas, mientras su hermana Escolástica dirigía el cenobio de las religiosas.”

Dotado de una profunda sensibilidad humana, San Benito en su proyecto de reforma de la sociedad miró sobre todo al hombre, siguiendo tres líneas directivas:

 

— el valor del hombre individual. como persona;

— la dignidad del trabajo, entendido como servicio a Dios y a los hermanos;

— la necesidad de la contemplación, o sea, de la oración: habiendo comprendido que Dios es el Absoluto, y que vivimos en el Absoluto, el alma de todo debe ser la oración: Ut in omnibus glorificetur Deus (Regla).

San Benito fue el patrono del pontificado de Benedicto XVI, quien en brevísimas palabras nos revela el “secreto” de este “fundador del monacato occidental” en una Audiencia : “Al contemplar a Dios comprendió la realidad del hombre y su misión. En su Regla se refiere a la vida monástica como «escuela del servicio del Señor» (Prol. 45) y pide a sus monjes que «nada se anteponga a la Obra de Dios» (43, 3), es decir, al Oficio divino o Liturgia de las Horas. Sin embargo, subraya que la oración es, en primer lugar, un acto de escucha (Prol. 9-11), que después debe traducirse en la acción concreta. «El Señor espera que respondamos diariamente con obras a sus santos consejos», afirma (Prol. 35). 

Invito leer posts etiquetados San Benito 

jueves, 12 de noviembre de 2020

Abadia de Tyniec (3 de 6) - Leon Knabit: el Papa, Tyniec y los benedictinos

 


"Hoy nos visitó el Padre Karol Wojtyła del Seminario de Cracovia".  Asi puede leerse en la crónica de la abadía de Tyniec del 8 de septiembre de 1946. Y ahí es probablemente donde todo empezó. Más tarde seguía viniendo como sacerdote,  obispo y después cardenal.  Wojtyła venia a Tyniec para los días privados de recogimiento y para retiros, a menudo también para celebraciones religiosas o parroquiales. Tampoco interrumpió sus contactos con Tyniec como Papa. Invitó a los monjes a visitarlo y mantuvo correspondencia con algunos de ellos. Y durante sus viajes apostólicos, rezó en monasterios benedictinos en muchos países, entre ellos España, República Checa, Hungría y Suiza. Por supuesto, no podía dejar de estar en las cunas del monaquismo occidental en Subiaco y Monte Cassino, y en el centro de los benedictinos de hoy en el Aventino romano de San Anselmo.

 

A uno de los monjes de Tyniec, que estudiaba en Roma en la década de 1980, se le preguntó qué podía saber este Papa sobre los benedictinos.  Y el polaco les mostró un folleto publicado por Tyniec que contenía una colección de discursos de Juan Pablo II dedicados a San Benito  y benedictinos. Resultó que "este papa" sabe mucho más sobre el monaquismo de lo que los monjes occidentales suponían…

 

Cuando, durante la agitación posconciliar, se especulaba si el cardenal Wojtyła pertenecía al campo conservador o progresista de la Iglesia, su entonces capellán, el padre Dziwisz respondia “nuestro cardenal es como es, no se fija en “derechas o izquierdas” y,  recordaba su predilección por la regla de San Benito  : ". Esta actitud del futuro Papa puede ayudar a comprender su interés por la  Regla   y San Gregorio Magno, que se distingue por "claridad de juicios y claridad de expresiones" ( Diálogos  36, 1). 22) y "Para que Dios sea glorificado en todas las cosas" (RegBen 57.7 = 1 P 4.11).

 

Estas frases coincidían con la espiritualidad de un hombre criado en una familia tradicional de creyentes, experimentado de muchas maneras durante la guerra y centrado en Cristo por el místico Jan Tyranowski. Más tarde aprendió este "tal cual es", reflexionando sobre los misterios de Dios y el hombre en los senderos de Kalwaria. También lo aprendió en Tyniec, donde en la iglesia que recordaba los tiempos de Bolesław el Temerario, meditaba (¡y escribía!) ante el Santísimo Sacramento, rezaba frente a los altares de los santos y participaba en el Oficio Divino en el coro religioso con gran empeño. Cuando visitó Tyniec por última vez el 19 de agosto de 2002, dijo: "Le debo mucho a Tyniec". Cuando los monjes de Tyniec regresaron al Vaticano para agradecerles el gran regalo de su visita, escucharon: "Tyniec, allí me veo haciendo un retiro ante el obispado".

 

Los benedictinos, que se perfilaban en los umbrales del segundo milenio, trajeron las riquezas de su  Regla , escrita para todos ("quienquiera que seas" RegBen Prol 3), marcando así el rumbo de su desarrollo. Y así: la base del sentido de la vida de las personas y las comunidades es Dios. Muchos capítulos de la Regla están dedicados a su veneración litúrgica y privada.   El recordatorio "Respeta a todas las personas" (RegBen 4.8) también fue valioso para la Europa joven, enfatizando la dignidad de todo ser humano y la igualdad con Cristo, todos libres y esclavos.

 

Juan Pablo II  intento darle forma a Europa y al mundo en ese espíritu.  Cuidar, y tal vez incluso luchar; la dignidad humana fue una prioridad de su pontificado. Algunos incluso creen que la frase "El hombre es el camino de la Iglesia" significa una desviación en cierto sentido del cristocentrismo, el principio rector del nuevo mundo. Sin embargo, si uno le presta atención a las palabras citadas en el contexto de toda la enseñanza de Juan Pablo II, esta objeción resulta infundada, ya que el Papa también dice: "El hombre no puede entenderse sin Cristo".

 

El rol ordenante de la  Regla  benedictina tiene su equivalente en la enseñanza y la actitud de Juan Pablo II, quien, como arzobispo de Cracovia, recordó que el obispo es el primer catequista de la diócesis ... entre otros documentos, una clara muestra de la preocupación del Papa por la ley y el orden en la Iglesia. Él fue personalmente pobre desde el principio, fue especialmente sensible a la suerte de los pobres y enfatizó el papel de la Iglesia en la solución del problema social. Sus encíclicas  Laborem exercens, Sollicitudo rei socialis, Centesimus annos , además de otras declaraciones, muestran cómo le dolia la distribución injusta de bienes y trató de remediarlo lo mejor que pudo.

 

Entonces, la enseñanza y el testimonio de Benedicto XVI y Juan Pablo II provienen de la misma fuente. Parece que San Benito  en el silencio de la ermita y en el anuncio de la Buena Nueva a los paganos que no conocían a Dios, amando a Cristo y a sus hermanos, armonizaba perfectamente la lectura del Evangelio y los signos de los tiempos con lo que Karol Wojtyła hacía en sí mismo y apuntaba en todas las etapas de su rica vida. Es comprensible la convergencia de los planos donde estos dos grandes hombres se encuentran en su servicio a la Iglesia universal.

 

(En el libro se presentan luego  textos  con  importantes documentos del Papa Pablo VI, quien proclamó a S. Benedicto, patrón de Europa, y en su discurso en la antigua abadía de Monte Cassino, recordó el sentido de la vida monástica actual. Los siguientes textos de los discursos de Juan Pablo II dan testimonio de la gran influencia de la  Regla  y el espíritu de S. Benedicto XVI sobre diversas áreas de la vida humana y como nuestro Papa lo entendió y predicó)

 

(Fragmento de los recuerdos del padre Leon Knabit – (famoso predicador, escritor y twitero polaco) en su libro Encuentros con Karol Wojtyla)   Fuente: Opoka 


martes, 10 de noviembre de 2020

Abadia de Tyniec (2 de 6) Carta de Juan Pablo II a los monjes de Tyniec con motivo del 950 aniversario de la Abadía

 


Este año, la abadía benedictina de Tyniec celebra el 950 aniversario de su existencia.
Tyniec ha escrito páginas maravillosas en la historia de la Iglesia en Polonia, y también en la historia de la cultura polaca. Las celebraciones del jubileo nos recuerdan que esta gran herencia espiritual debe ser acogida una y otra vez con sentido de responsabilidad y gratitud a Dios, que es el Dador de todo bien.


Para comprender el sentido pleno de este Jubileo debemos remitirnos a las fuentes mismas,  es decir, a la figura y obra de San Benedicto (San Benito) , padre del monaquismo occidental y patrón de Europa. ¿Cuál fue su significado especial? Su santa liturgia del breviario da una respuesta muy precisa y sucinta a esta pregunta….

Dios llama a Benedicto cuando,  entre los siglos V y VI,  época de cambios, cuando en el dolor, en un clima de confusión e incertidumbre nacía una nueva Europa. El viejo orden se había derrumbado y el nuevo aún no habia nacido. Entonces Benedicto se pone de pie, como dice la liturgia, para proteger el bien. ¿De qué se trataba todo esto? Se trataba del bien del Evangelio y del bien de la cultura europea. Estos  bienes estaban particularmente en riesgo. Benedicto se pone de pie para salvar lo que es más importante para las personas en tiempos difíciles de avances. El principio formulado por él: Ora et labora - rezar y trabajar, marcará la dirección principal del desarrollo de la cultura europea.
El corazón de la nueva Europa empezó a latir en la Abadía de Monte Cassino. A partir de ahí, durante siglos, el auténtico espíritu europeo irradiará y renacerá allí también. También allí, en mayo de 1944, sobre las ruinas de la famosa abadía, comenzó la Europa unida que, tras las dolorosas experiencias de la Segunda Guerra Mundial, extrajo la inspiración y el poder de la resurrección espiritual de sus raíces cristianas. La batalla de Monte Cassino, cuyo aniversario celebramos recientemente, y en la que los polacos escribieron páginas tan gloriosas, fue de hecho una lucha por el espíritu de Europa. Este espíritu de Europa en nuestro tiempo, como en los días de Benedicto, se ve a menudo amenazado desde varios lados y debe ser defendido, incluso a costa de  mayores víctimas.

Y aquí volvemos al Vístula, a la antigua abadía benedictina de Tyniec, que este año celebra su 950 aniversario. Es un Jubileo muy importante, tanto para la Iglesia en Polonia como para toda nuestra Patria. En ese momento, cuando se estaban creando las bases de la identidad nacional y cultural polaca, la Abadía de Tyniec se convirtió en el hogar desde el cual, gracias a las oraciones y el trabajo de los hijos espirituales de San. Benito: el espíritu del Evangelio, la cultura cristiana y el espíritu de la Europa cristiana irradiaban sobre el entonces joven Estado polaco y la Iglesia. Tyniec cumplió esta misión durante siglos y la sigue cumpliendo hoy.  Esto confirma la verdad sobre cuán profundamente los polacos estábamos arraigados en Europa , desde el comienzo mismo de nuestra historia

Hoy necesitamos recordar esto. Existe una disputa sobre la identidad de Europa. También hay una disputa sobre la identidad de Polonia y su historia. No se trata de una disputa puramente teórica, ya que se trata del hombre: su verdad interior y su vocación. También se trata de la Nación y su verdad.
Hoy hay fuerzas con medios poderosos para las que el espíritu de la Europa cristiana resulta inconveniente.   Por lo tanto, quieren destruirlo por todos los medios. Pero, ¿podemos permitirnos ser arrebatados de esta gran herencia? ¿Podemos renunciar a él tan fácilmente, como europeos y polacos? ¿Qué otro fundamento  puede brindar apoyo y supervivencia? San Pablo lo aclara: Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Corintios 3:11). Por lo tanto, este Jubileo de Tyniec lleva nuestros pensamientos más allá de los muros de la antigua abadía. Nos hace mirar a Europa y Polonia en Europa a la luz de la fe. Nos hace estar en las filas de aquellos que, como Benedicto, protegen el bien.
 Mientras escribo estas palabras, puedo ver la encantadora silueta de la Abadía de Tyniec, que, como una fortaleza espiritual, se eleva sobre el río Vístula cerca de Cracovia. Puedo ver la comunidad de monjes de Tyniec. Conozco a muchos de ellos personalmente de mi ministerio pastoral en la Arquidiócesis de Cracovia. Hemos tenido la oportunidad de trabajar juntos en varias ocasiones. Recuerdo su sensibilidad hacia las necesidades pastorales de la Iglesia.
La contribución de la Abadía de Tyniec a la Iglesia en nuestra patria es grandiosa. Después del Concilio Vaticano II, Tyniec se convirtió en un centro muy activo., desde el cual irradiaba renovación litúrgica por toda Polonia. La traducción polaca más reciente de la Santa Biblia también está relacionada con Tyniec. de los idiomas originales, la llamada Biblia de Tyniec. La liturgia y la Biblia son dos ámbitos en los que la espiritualidad benedictina encuentra su expresión especial.
Durante el Jubileo, abrazamos todo el pasado, casi milenario de la Abadía de Tyniec, así como su presente, y alabamos a Dios en la Santísima Trinidad por sus grandes obras que se han realizado a lo largo de los siglos en Tyniec y a través de Tyniec en toda nuestra tierra. Me uno a este Te Deum jubilar y bendigo a todos los benedictinos polacos y a los participantes de las celebraciones jubilares en Tyniec, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Ciudad del Vaticano, 7 de junio de 1994
Juan Pablo II

 

viernes, 11 de julio de 2014

Homenaje al Papa emérito Benedicto XVI en su dia


 (la gruta de San Benito en el Monasterio benedictino de Subiaco, también llamada la gruta de la oración)- foto de Monasterios benedictinos de Subiaco) 


La Audiencia General del 9 de abril de 2008  el entonces Papa Benedicto la dedicò enteramente a San Benito de Nursia, “fundador del monacato occidental y también patrono de mi pontificado” comenzaba diciendo el Papa.  Benedicto XVI nos trazo en líneas generales una breve biografia completa de San Benito, desde su nacimiento hasta su muerte. Nos habló de sus estudios y de su vida de eremita en Subiaco.

“El período que pasó en Subiaco, - decía Benedicto XVI, - un tiempo de soledad con Dios, fue para san Benito un momento de maduración. Allí tuvo que soportar y superar las tres tentaciones fundamentales de todo ser humano: la tentación de autoafirmarse y el deseo de ponerse a sí mismo en el centro; la tentación de la sensualidad; y, por último, la tentación de la ira y de la venganza. San Benito estaba convencido de que sólo después de haber vencido estas tentaciones podía dirigir a los demás palabras útiles para sus situaciones de necesidad. De este modo, tras pacificar su alma, podía controlar plenamente los impulsos de su yo, para ser artífice de paz a su alrededor. Sólo entonces decidió fundar sus primeros monasterios en el valle del Anio, cerca de Subiaco.”

(Leer texto completo de la Audiencia en el sitio oficial de la Santa Sede


sábado, 11 de julio de 2009

San Benito, patrono del pontificado de Benedicto XVI


Celebramos hoy la fiesta de San Benito, “fundador del monacato occidental y también patrono de mi pontificado” decía el Santo Padre Benedicto XVI en su Audiencia del 9 de abril de 2008.
Presentaba en la misma una historia abreviada de la vida de San Benito, en base a “la fuente más importante sobre su vida: el segundo libro de los Diálogos de san Gregorio Magno”.«Este hombre de Dios, que brilló sobre esta tierra con tantos milagros, no resplandeció menos por la elocuencia con la que supo exponer su doctrina» (Dial. II, 36).
De hecho – decía el Santo Padre – “la obra del santo, y en especial su Regla, fueron una auténtica levadura espiritual, que cambió, con el paso de los siglos, mucho más allá de los confines de su patria y de su época, el rostro de Europa, suscitando tras la caída de la unidad política creada por el Imperio Romano una nueva unidad espiritual y cultural, la de la fe cristiana compartida por los pueblos del continente. De este modo nació la realidad que llamamos «Europa».”
Y agregaba que “Pablo VI, al proclamar el 24 de octubre de 1964 a san Benito patrono de Europa, pretendía reconocer la admirable obra llevada a cabo por el santo a través de la Regla para la formación de la civilización y de la cultura europea”.
En la pagina web de la Abadia de San Benito Lujan, Buenos Aires, Argentina invito leer la Regla de San Benito , que según dice el Santo Padre Benedicto XVI “ofrece indicaciones útiles no sólo para los monjes, sino también para todos los que buscan orientación en su camino hacia Dios. Por su moderación, su humanidad y su sobrio discernimiento entre lo esencial y lo secundario en la vida espiritual, ha mantenido su fuerza iluminadora hasta hoy.
Y en la misma pagina web la
Vida de San Benito
del libro de los Diálogos de San Gregorio Magno