Llamados a ser santos

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“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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sábado, 14 de junio de 2025

La Gloria de la Trinidad – Serie de Catequesis del Papa Juan Pablo II sobre la Santisima Trinidad

 


Comenzando el 19 de enero de 2000, año jubilar,  explicaba el Papa Juan Pablo II,  en su primera catequesis de la serie el 19 de enero de 2000,  (En las fuentes y en el estuario de la historia de la salvación)  “Después de reflexionar, durante los años pasados, sobre cada una de las tres personas divinas ―el Hijo, el Espíritu Santo y el Padre―, en este Año jubilar nos proponemos abarcar con una sola mirada la gloria común de los Tres que son un solo Dios, "no una sola persona, sino tres Personas en una sola naturaleza" (Prefacio de la solemnidad de la santísima Trinidad). Esta opción corresponde a la indicación de la carta apostólica Tertio millennio adveniente, la cual pone como objetivo de la fase celebrativa del gran jubileo "la glorificación de la Trinidad, de la que todo procede y a la que todo se dirige, en el mundo y en la historia" (n. 55).

La Gloria de la Trinidad en la Creación – 26 deenero 2000

La Gloria de la Trinidad en la historia – 9 defebrero 2000

La Gloria de la Trinidad en la Encarnacion – 5 deabril 2000

La gloria de la Trinidaden el bautismo de Cristo – 12 de abril 2000

La Gloria de la Trinidad en la Transfiguración – 26 de abril 2000

La Gloria de la Trinidad en la Pasión – 3 de mayo 2000

La Gloria de la Trinidad en la Resurreccion – 10 de mayo 2000

La Gloria de la Trinidad en la Ascención – 24 de mayo 2000

La Gloria de la Trinidaden el Pentecostés – 31 de mayo 2000

La Gloria de la Trinidad en el hombre vivo – 7 de junio 2000

La Gloria de la Trinidaden la vida de la Iglesia – 14 de junio 2000

La Gloria de la Trinidad en la Jerusalen celestial – 28 de junio 2000

Terminada la serie decia el Papa en la siguiente catequesis “después de haber contemplado, en las catequesis anteriores, la gloria de la Trinidad que se manifiesta en el cosmos y en la historia, ahora queremos iniciar un itinerario interior a lo largo de los caminos misteriosos por los que Dios va al encuentro del hombre, para hacerlo partícipe de su vida y de su gloria.”


jueves, 18 de mayo de 2023

La gloria de la Trinidad en la Ascensión

 

La gloria de la Trinidad en la Ascensión

[…]

La Ascensión de Cristo al cielo, narrada por san Lucas como coronamiento de su evangelio y como inicio de su segunda obra, los Hechos de los Apóstoles, se ha de entender bajo esta luz. Se trata de la última aparición de Jesús, que "termina con la entrada irreversible de su humanidad en la gloria divina simbolizada por la nube y por el cielo" (Catecismo de la Iglesia católica, n. 659). El cielo es, por excelencia, el signo de la trascendencia divina. Es la zona cósmica que está sobre el horizonte terrestre, dentro del cual se desarrolla la existencia humana.

Cristo, después de recorrer los caminos de la historia y de entrar también en la oscuridad de la muerte, frontera de nuestra finitud y salario del pecado (cf. Rm 6, 23), vuelve a la gloria, que desde la eternidad (cf. Jn 17, 5) comparte con el Padre y con el Espíritu Santo. Y lleva consigo a la humanidad redimida. En efecto, la carta a los Efesios afirma:  "Dios, rico en misericordia, por el grande amor con que nos amó, (...) nos vivificó juntamente con Cristo (...) y nos hizo sentar en los cielos con Cristo Jesús" (Ef 2, 4-6). Esto vale, ante todo, para la Madre de Jesús, María, cuya Asunción es primicia de nuestra ascensión a la gloria.

3. Frente al Cristo glorioso de la Ascensión nos detenemos a contemplar la presencia de toda la Trinidad. Es sabido que el arte cristiano, en la así llamada Trinitas in cruce ha representado muchas veces a Cristo crucificado sobre el que se inclina el Padre en una especie de abrazo, mientras entre los dos vuela la paloma, símbolo del Espíritu Santo (así, por ejemplo, Masaccio en la iglesia de Santa María Novella, en Florencia). De ese modo, la  cruz  es  un símbolo unitivo que enlaza la unidad y la divinidad, la muerte y la vida, el sufrimiento y la gloria

[…]

¡Oh mis Tres, mi todo, mi Bienaventuranza, Soledad infinita, Inmensidad en la que me pierdo, yo me abandono a ti..., a la espera de poder contemplar a tu luz el abismo de tu grandeza!" (Elevación a la Santísima Trinidad, 21 de noviembre de 1904).

(de la Audiencia General de Juan Pablo II del 24 de mayo de 2000)