Mostrando entradas con la etiqueta deporte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta deporte. Mostrar todas las entradas
viernes, 11 de julio de 2014
sábado, 21 de junio de 2014
Juan Pablo II un Papa deportista (2 de 2)
“¿Cuántas veces habrá soñado estar escalando como lo hacía en otros tiempos?
En los primeros años de su Pontificado, se hizo construir una piscina en
Castel Gandolfo y se distendía durante largas horas de natación en el tiempo de
la siesta; mientras todos sus colaboradores dormitaban, él, mediante vigorosas
brazadas, iba de un extremo al otro de la piscina, ante el estupor de la
guardia suiza que, en su mayoría no sabía siquiera mantenerse a flote.
Imaginaos a su vez la sorpresa de los jardineros, que, entre poda y poda, se
asomaban a mirar al Papa nadador. Pero este hobby duró poco tiempo, porque la noticia
trascendió y algunos fotógrafos se
asentaron cerca de la villa semanas enteras. Luego, mediante trucos diabólicos de
espejos y teleobjetivos , fotografiaron al Papa que salía de la piscina
chorreando agua y se secaba con una toalla, sin que nadie de la vigilancia
vaticana se percatara de los intrusos. Las fotos circularon por las agencias
mundiales. Pero el Pontífice – cuando se enteró – aparentemente ni siquiera se molestó.
Hubo quien hasta llegó a especular que le resultó graciosa la astucia de los fotógrafos
y el fastidio que el hecho había suscitado en la Curia vaticana. Sin embargo,
aquellas fotos jamás fueron publicadas porque alguien las compró y atentamente
las donó a la Santa Sede. Pero conociendo bien a Karol Wojtyla, estoy seguro
que no se habría preocupado, porque siempre conservó un poco de aquel espíritu travieso
de joven universitario polaco, que se divertía haciéndoles bromas a sus amigos.
Apenas elegido Papa, sorprendió a lso cardenales mayores de la Curia y al
zapatero del Vaticano, pues cuando le llevaron los zapatos rojos para
calzárselos, los tomo delicadamente, los puso a un lado y enseguida ordenó un
buen par de mocasines marrones, ni siquiera negros, para usar de inmediato en
su segunda aparición pública.
Y a partir de aquel día, siempre con esos mocasines habituales color cuero anduvo
por el mundo y se los llevó consigo a la tumba. El fútbol, en cambio, lo tuvo
siempre metido en el corazón. En 1984, durante el Jubileo del Deporte en Roma, pidió
ir a sentarse a la tribuna del estadio, haciendo estremecer una vez más a los conservadores
de la Curia que se lamentaban diciendo: “Ahora sólo nos faltaba el Papa en el estadio”.
Pero él, incurable, se divertía muchísimo y según contaba su secretario
personal Monseñor Dziwisz, jamás se perdió una final del mundial de fútbol mientras
estuvo bien.
No sólo, sino que quería fortalecer
el equipo de fútbol que aún hoy lleva los colores del vaticano y està formado
por miembros que trabajan tras los muros leoninos y participan en campeonatos
locales. Recuerdo claramente que dijo una vez en un discurso: “Las disciplinas
deportivas practicadas por gente de diversas razas y diversos estratos sociales
llegan a ser un excelente medio para promover el conocimiento y la solidaridad,
tan necesarios en un mundo destruido por conflictos étnicos, religiosos y
raciales”.
Y después agregó: “El deporte es una medicina fabulosa que incluso logra
transformar los impulsos negativos de los hombres en buenos propósitos”. Repetía
a menudo durante el curso de su Pontificado que también el deporte había templado
la fuerza de su carácter.
En efecto, ¿Quién mejor que él y su ejemplo puede enseñar a los demás como
competir, como aceptar los grandes desafíos de la vida? Cualquier encuentro
suyo con deportistas de cualquier tipo siempre produjo un impacto recíproco
extraordinario: para los atletas era una inyección de entusiasmo y corrección,
para él n reforzar recuerdos de su juventud, que se volvían cada vez más
preciosos a medida que avanzaba su inexorable enfermedad.
Le gustaba repetir con frecuencia aquello que el apóstol Pablo solía
decirles a los Corintios: “No sabéis que en la pista del estadio todos corren,
pero solo uno conquista el precio? Corred también vosotros, de modo que lo podáis
alcanzar”.
La última carrera de Karol Wojtyla duró cinco años, y comenzó cuando sintió que
no podía caminar más con aquellas piernas que lo habían llevado a anunciar el
Evangelio por los cinco continentes. Apoyado en su bastón, hecho con madera de
su tierra polaca, con el deber de sostenerlo más moral que físicamente, y que se
transformó en su preciosa compañía por al menos dos años.
Después, aquel soporte ya no sería suficiente, pues el anciano Karol había contraído
un cuerpo a cuerpo con la enfermedad que lo debilitaría día tras día, limitándolo
a un sillón hasta llevarlo a enfrentar el último match con la muerte. ¡Cuánta
tristeza, para quien lo había visto escalar montañas, nadar los ríos, trepar
las cumbres nevadas de sus montes! Pero él había comprendido que la mejor
medicina era el encuentro con los jóvenes. Con ellos recobraba la vitalidad de sus
años mozos, imaginándose coetáneo con ellos, y así cantaba, batía palmas al
ritmo de la música, ondeaba los brazos como afectuoso péndulo entre una
juventud exultante y una vejez camino al ocaso…
Amado Karol, de ti han dicho tantas cosas, a propósito y despropósito, como
ocurre cuando la humanidad vana logra dominar la discreción de la verdad.
Yo que he sido gran admirador y devoto amigo quiero imaginarlo, en el
momento más solemne de su vida, otra vez niño en los prados de Wadowice que al
silbato de clausura del partido con la Vida, se retira del campo silenciosamente
y sobre el muro de la Eternidad cuelga sus botines en el gancho de la Historia….”
Franco Bucarelli – periodista RAI – vaticanista
(publicado en Totus Tuus Nr 7-8 julio/agosto 2007)
Invito ver el precioso video John Paul II talks to sport (en parte no
hablado, partes en italiano e inglés)
Labels:
deporte,
Totus Tuus Postulacion
sábado, 14 de junio de 2014
Juan Pablo II un Papa deportista (1 de 2)
“También lo han llamado “el atleta de Dios” y, sin
duda, Karol Wojtyla también será recordado en la historia como un Papa
deportista. Cualquier otro Pontífice, a lo largo de los siglos pasados, se
distendía cabalgando a todo galope o jugando a los bolos en el estupendo parque
de Castelgandolfo. Pero nada más. Es por eso que Juan pablo II ha sido hasta
ahora el único sucesor de Pedro que ha practicado fútbol, natación, canotaje,
esquí y alpinismo.
Tenía diez años cuando en el patio del oratorio de
la parroquia de Wadowice, su pueblo natal, a 60 kms de Cracovia, comenzaba a
jugar al fútbol, en su rol de portero.
Sus compañeros de escuela lo habían apodado Lolek, y
a decir, verdad, también era hábil. Sobre todo valiente, si consideramos que en
aquella época los niños polacos – que eran bastante pobres – no calzaban
botines especiales para jugar al fútbol como se hace hoy, sino que usaban
calzado de montaña, a menudo con clavos, y no era de extrañar que el pequeño
Karol, por detener los lanzamientos y soportar el peso del adversario,
regresara abatido a casa de mamá Emilia y del papá, severo oficial del ejército
polaco, que no le reprendía, pero le recordaba que también con patadas y golpes
de tibia recibidos haciendo deporte podía templarse el carácter de un joven
polaco.
Los doce
años, Karol descubria las maravillas de la natación. Le fascinaba la idea de
estar y competir en el agua, pero no era fácil pues en aquella región de
Polonia el mar quedaba muy lejos, total ilusión para aquellos jóvenes que
debían aprender a nadar en los ríos. Y no era sencillo, porque las corrientes
eran fuertes y se sabe que el agua dulce no sostiene a los nadadores. Pero el
tenaz muchacho aprendió en poco tiempo la técnica de brazas largas y respiro al
ras del agua.
No solo eso, sino que además desafiaba, a bordo de
una canoa artesanal, evitando con pericia los cientos de peligros que caracterizan
un curso de agua de esta naturaleza.
Ya más tarde, cuando frecuentaba el instituto,
comienza a descubrir la fascinación por la montaña. Sentía por aquellas altas cumbres
de Polonia una especie de veneración. Se quedaba horas admirando, soñando quien
sabe qué cosa. Al presentársele la primera ocasión se unió a un grupo que partía
hacia la cadena de los montes Tatra, aquellos que marcan los límites entre Polonia
y Eslovaquia, maravillosos picos rodeados de bosques de pinos. Aprovechaba las
vacaciones de agosto para trepar, a menudo solo, por los ríspidos senderos,
hasta llegar a la altura de los 2499 mts del monte Rysy, desde cuya cima
admiraba un panorama imponente. Al fondo, el lago Morskie Oko, que los polacos
llaman “ojo de mar”.
Al joven Karol le gustaba pescar precisamente allí,
en soledad, envuelto en sus pensamientos juveniles y en sus meditaciones, que
ya prenunciaban la futura vocación de sacerdote.
Continuó practicando todos estos deportes de
sacerdote, párroco y finalmente obispo.
En 1967, la noticia que el Papa Pablo VI lo había nombrado Cardenal lo encuentra a bordo
de su bote. La llamada al Cónclave interrumpió la práctica del esquí, que había
visto como aquel joven y vigoroso Cardenal cargaba sobre su espalda un par de
viejos esquíes para deslizarse velozmente por las pendientes de nieve que
circundan Zakopane, la Chamonix de los polacos, donde las extensiones de manto
blanco se pierden a la vista del ojo humano.
Desde joven había aprendido a descender como una
gacela de invierno, a lo largo de aquellas pendientes peligrosas, jugando al
slalom entre los centenares de pinos, casi desafiando la naturaleza por la que,
sin embargo, sentía un respeto sagrado. Hasta fines del invierno de 1978 no
hubo temporada invernal que no lo hubiese visto esquiar por las pistas de los
montes Tatra.
Ya como Papa, Juan Pablo II, durante unas vacaciones
en Adamello, literalmente dejó boquiabiertos al entones presidente Pertini, que
espraba cualquier cosa enos ver a un Papa convertido en esquiador excepcional.
El jefe de Estado se acerco y le dijo: “Felicitaciones, Santidad, debo confesarle que he quedado impresionado al
verlo correr así sobre la nieve”; Karol Wojtyla, sonriendo, le respondió: “Señor
Presidente, ¡soy hijo de las montañas!”.
Este extraordinario amor por las altas cumbres, lo caracterizó
a lo largo de su vida. De joven fuerte e infatigable, y de anciano, ya al
acercarse el atardecer, a menudo secretamente, se hacía acompañar a las
montañas no lejanas a Roma y se quedaba allí en su sillón, inmóvil, admirando
aquellas rocas que en cierto sentido le recordaban las de su tierra.”
Franco Bucarelli – periodista RAI – Vaticanista
(publicado en Totus Tuus Nr. 7-8 julio/agosto 2007)
Labels:
Bucarelli,
deporte,
Totus Tuus Postulacion
jueves, 12 de junio de 2014
Puntapié simbólico de San Juan Pablo II al Mundial 2014
También lo llamaban “el atleta de Dios”…..amado
Karol, de ti han dicho tantas cosas, a propósito y despropósito, como ocurre
cuando la humanidad vana logra dominar la discreción de la verdad.
Yo que he sido gran admirador y devoto amigo quiero
imaginarlo, en el momento más solemne de su vida, otra vez niño en los prados
de Wadowice que al silbato de clausura del partido con la Vida, se retira del
campo silenciosamente y sobre el muro de la Eternidad cuelga sus botines en el
gancho de la Historia….. Franco Bucarelli – Periodista de RAI (Totus Tuus,
julio-agosto 2007)
Labels:
Bucarelli,
deporte,
fútbol,
Mundial 2014
jueves, 17 de octubre de 2013
Los 100 metros de la carrera de la fe en el Año de la fe
“El
deporte necesita una catarsis contra las degeneraciones para que vuelva a ser
un fenómeno cultural significativo y punto de referencia educativo, valorizando
el espíritu creativo de la persona humana” (Card.Gianfranco Ravasi)
El próximo domingo 20 de octubre la Plaza San Pedro será testigo de una
jornada de fiesta original y se convertirá en una “una inesperada pista de atletismo”.
Allí tendrá lugar la “carrera de la fe”.
Cada participante (niños, jóvenes de las parroquias y escuelas de Roma y
personalidades de los diferentes campos e instituciones) recorrerá una
distancia de 100 metros. En ese clima de
fiesta en la plaza, donde arderá también
la llama olímpica, habrá un palco desde donde se saludará y animará a los
participantes con entrevistas, documentales y lectura de textos sobre el
deporte, según informa el Consejo Pontificio para la Cultura, organizador de esta Jornada dentro del marco del
Año de la fe “para relanzar los valores educativos, culturales y espirituales
en la práctica deportiva.” “Y el lunes 21 de octubre en la
Casina Pío IV de la Ciudad del Vaticano, sede de la Pontificia Academia de las
Ciencias, se celebrará una Jornada de diálogo y de testimonios sobre el tema
“Creyentes en el mundo del deporte”, organizado por el Consejo pontificio para
la cultura, en colaboración con la Oficina nacional para la pastoral del tiempo
libre, el turismo y el deporte de la Conferencia Episcopal Italiana y el Centro
Deportivo Italiano. La iniciativa está dirigida a las asociaciones deportivas
católicas, a los responsables de las Conferencias episcopales nacionales para
la Pastoral del deporte, a los agentes del mundo deportivo y a los responsables
de los organismos internacionales y nacionales deportivos.”(RadioVaticana)
La jornada de fiesta del
domingo se inspira en los textos bíblicos que hablan de la “carrera de la fe”,
especialmente en San Pablo, tal como lo explicaba el Papa Juan Pablo II en su homilía
con ocasión del Jubileo de los deportistas el domingo 29 de octubre del año 2000 en el estadio
olímpico de Roma, subrayando la importancia de los valores en el deporte:
“Con esta celebración el mundo del
deporte se une, como un grandioso coro, para expresar con la oración, el canto,
el juego y el movimiento un himno de alabanza y acción de gracias al Señor. Es
la ocasión propicia para dar gracias a
Dios por el don del deporte, con el que el hombre ejercita su cuerpo, su
inteligencia y su voluntad, reconociendo que estas capacidades son dones de su
Creador.
Gran importancia cobra hoy la práctica del deporte, porque puede favorecer en los jóvenes la afirmación de valores importantes como la lealtad, la perseverancia, la amistad, la comunión y la solidaridad. Precisamente por eso, durante estos últimos años ha ido desarrollándose cada vez más como uno de los fenómenos típicos de la modernidad, casi como un "signo de los tiempos" capaz de interpretar nuevas exigencias y nuevas expectativas de la humanidad.”
Gran importancia cobra hoy la práctica del deporte, porque puede favorecer en los jóvenes la afirmación de valores importantes como la lealtad, la perseverancia, la amistad, la comunión y la solidaridad. Precisamente por eso, durante estos últimos años ha ido desarrollándose cada vez más como uno de los fenómenos típicos de la modernidad, casi como un "signo de los tiempos" capaz de interpretar nuevas exigencias y nuevas expectativas de la humanidad.”
Que esta Jornada durante el Año de la Fe también
sea un homenaje al “atleta de Dios” como lo
llamaba en tan acertadas palabras Franco Bucarelli, periodista de la
RAI, en la edición julio-agosto 2007 de Totus Tuus, quien concluía su artículo con esas
palabras tan llenas de ternura y admiración: “yo
que he sido gran admirador y devoto amigo quiero imaginarlo, en el momento más
solemne de su vida, otra vez niño en los prados de Wadowice quien al silbato de
clausura del partido con la Vida, se retira del campo silenciosamente y sobre
el muro de la Eternidad cuelga sus botines en el gancho de la Historia”
Labels:
Año de la fe,
deporte
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








