Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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viernes, 8 de marzo de 2024

Te doy gracias Mujer

 

Celebramos hoy el Dia Internacional de la Mujer.

(de la Carta de Juan Pablo II a las Mujeres)

“…Te doy gracias, mujer-madre, que te conviertes en seno del ser humano con la alegría y los dolores de parto de una experiencia única, la cual te hace sonrisa de Dios para el niño que viene a la luz y te hace guía de sus primeros pasos, apoyo de su crecimiento, punto de referencia en el posterior camino de la vida.

Emilia Wojtyla

Te doy gracias, mujer-esposa, que unes irrevocablemente tu destino al de un hombre, mediante una relación de recíproca entrega, al servicio de la comunión y de la vida.

(Luis y Celia Martin, padres de Santa Teresa de Lisieux)

Te doy gracias, mujer-hija y mujer-hermana, que aportas al núcleo familiar y también al conjunto de la vida social las riquezas de tu sensibilidad, intuición, generosidad y constancia


Te doy gracias, mujer-trabajadora, que participas en todos los ámbitos de la vida social, económica, cultural, artística y política, mediante la indispensable aportación que das a la elaboración de una cultura capaz de conciliar razón y sentimiento, a una concepción de la vida siempre abierta al sentido del « misterio », a la edificación de estructuras económicas y políticas más ricas de humanidad.



Te doy gracias, mujer-consagrada, que a ejemplo de la más grande de las mujeres, la Madre de Cristo, Verbo encarnado, te abres con docilidad y fidelidad al amor de Dios, ayudando a la Iglesia y a toda la humanidad a vivir para Dios una respuesta « esponsal », que expresa maravillosamente la comunión que El quiere establecer con su criatura.



miércoles, 8 de marzo de 2023

Juan Pablo II y la vocación de la mujer – Jutta Burggraf

 


“Sin duda, Juan Pablo II es un gran filósofo y teólogo; pero, antes que nada es un hombre que ha vivido en el mundo real. Antes de llegar a ser un renombrado profesor universitario, trabajó en una fábrica e hizo teatro. Así conoció el mundo del trabajo y del arte. Desde cerca, experimentó las necesidades de las mujeres. Durante el comunismo, «con ojos atentos y un corazón nada frío», como señala un escritor italiano . Atentamente observó todo lo que las mujeres polacas habían logrado en el ámbito de la familia, la cultura y la sociedad, en general. Y pese a que, muchas veces, la ideología de la igualdad de los sexos conducía a la mujer al agotamiento físico.

 

 Tal vez por ello, Karol Wojtyla aprecia tanto a las mujeres, les agradece tan sinceramente su compromiso «en todos los ámbitos de la vida social, económica, cultural, artística y política»  Quizás, por esta razón, en sus innumerables viajes por el mundo, se muestra solidario con las mujeres de todos los países y continentes, especialmente con aquellas que son humilladas y rebajadas, objeto de la violencia y dominación masculinas. ¿Quién se acuerda de esa pobre negrita de Kisangani que, temblando en sus harapos, apareció de pronto frente al Santo Padre? Juan Pablo II comprendió de inmediato todo su sufrimiento y la abrazó espontáneamente. Este es sólo un ejemplo entre muchos.

 

No sólo en África acostumbra Juan Pablo II a romper con las convenciones y el protocolo, cuando se trata de estar más cerca de las mujeres. En Suecia en 1990 aceptó una invitación a «cenar sólo con mujeres». De esta manera, las prioras de diferentes congregaciones que así lo habían solicitado, tuvieron la oportunidad de conversar con él en un ambiente familiar y relajado, como comentaron después. Las hermanas quedaron impresionadas de lo «alegre y bien informado» que está el Papa.

 

 No es pues de extrañar «la gran apertura hacia el mundo femenino» del Santo Padre, pues Juan Pablo II rechaza toda clase de discriminación y de prejuicios frente a las mujeres. Él no rompe sólo con el protocolo, sino con una antigua tradición, que creía comprobar la inferioridad moral y espiritual de la mujer y, por esta razón, le impedía adoptar decisiones importantes y exigía que la esposa se sometiera incondicionalmente a su marido y señor. Estas disposiciones restringían la libertad de la mujer y podían ofender mucho. No obstante, también afectaban al hombre pues, en cuanto éste se sujetaba a tales normas, renunciaba a una auténtica amistad y colaboración con la mujer. En vez de una amiga, tenía un esclavo más. Ciertamente, hay que considerar que en tiempos pasados existía una mentalidad, diferente a la actual; sin embargo, el Papa no duda en reconocer con humildad, junto a todos los avances, también los errores que ha cometido la Iglesia en lo que respecta a la mujer. «Me gustaría que todos los fanáticos del mundo razonaran con el equilibrio de! Papa», señala Gertrude Mongella, Presidenta de la Conferencia Internacional de la Mujer de Peking, después de su encuentro con el Santo Padre, en agosto de 1995. 

 

Juan Pablo II ha sido reconocido como un «pionero» de los derechos humanos de la mujer, como un «innovado». Lejos de cualquier entusiasmo romántico, se pone del lado de aquellos que se la «juegan» por la justicia social y política. «Emancipación» significa para él, abandono de las tradiciones represivas, de clichés y de prejuicios; pero, sobre todo, de formas de vida que se han vuelto estrangulantes. Hace ver que, actualmente, la comunidad cristiana es la más importante organización mundial de ayuda a la mujer. En efecto, no hay ninguna institución de las Naciones Unidas que, en un sinnúmero de pueblos africanos o islas del Sudeste asiático, sostenga tantos programas de ayuda a la mujer, como la Iglesia Católica. Sobre todo, considerando que el fin de tales proyectos es, precisamente, ofrecer educación a las mujeres, para permitirles salir de su aparente insignificancia.

  

(leer completo con citas en Jutta Burggraf: Juan PabloII y la vocación de la mujer)


 

sábado, 14 de diciembre de 2019

Juan Pablo II: El genio de la mujer



La carta que había causado más impresión era aquella dirigida A lasmujeres. 
 El veía y admiraba la presencia del “genio de la mujer” en el mundo. Para él, la figura femenina sobre la tierra era “un signo de la ternura de Dios hacia el género humano”.
En la comunidad eclesial, la mujer, en razón de su femineidad, era como la expresión de aquello que es la Iglesia: “Esposa de Cristo y madre de los creyentes”. Es decir, para el pueblo de Dios la Iglesia señalaba en la mujer aquello que de más tierno y delicado podía atribuirse: representar de manera mística, con su femineidad, el amor a Cristo.
Por eso exclamaba maravillado: “Gracias a ti, oh mujer, por el hecho mismo de ser mujer!”. Hablaba de las actitudes de Jesus hacia la mujer: “Apertura, respeto, recibimiento, ternura”. El Evangelio mostraba esto;  sin embargo, el Papa se preguntaba: “¿Cuánto de ese mensaje es captado y puesto en práctica?”. En la sociedad, quería decir, pero también en la Iglesia.
El Papa escribía: “Lamentablemente somos herederos de una historia de enormes condicionamientos que, en todos los tiempos y en todas las latitudes, han dificultado el camino de la mujer, ignorada en su dignidad, falseadas sus prerrogativas, no pocas veces marginada e inclusive reducida a la esclavitud. Si en esto no han faltado, especialmente en determinados contextos históricos, responsabilidad objetiva incluso de no pocos fieles de la Iglesia, lo lamento sinceramente”.
Escribía acerca de la ternura de Jesus hacia las mujeres. También el demostraba ejercitar aquella ternura, incluso hacia la mujer que “elige el aborto, grave pecado”. Nunca, en ninguna parte del mundo, en ningún lugar en que sus viajes lo hicieran llegar, aun más, ni en la dureza de sus discursos contra las leyes sobre el aborto había tenido jamás palabras de condena o de desprecio hacia la madre que sacrificaba a su propio hijo.
También para esta mujer había tenido siempre expresiones de participación misericordiosa, de “ternura”, precisamente. Por ella, una ver, invirtió el texto bíblico del libro del Génesis, dando una nueva visión sobre el relato del pecado original.
Allá, en el jardín del Edén, se muestra  eva que arrastra a Adán a la perdición. “Detrás del pecado de una mujer siempre está el hombre”, había comentado el Papa un dia, en Varsovia. El “hombre”, en este caso, no era solamente una persona física masculina, eran además ciertas estructuras de la sociedad. Este concepto lo había repetido en la Carta a las mujeres. “La elección del aborto, antes de ser una responsabilidad para cargar sobre las mujeres, es un crimen para atribuir al hombre y a la complicidad del ambiente circundante”.
Por otra parte, el Papa ya había dirigido su atención hacia la muer en una carta solemne, una carta apostólica, la Mulieris digitatem, el 30 de septiembre de 1988, el 30 de septiembre de 1988. Todo el documento tenía la forma de una meditación, una extensa, apasionada consideración acerca de la mujer construida casi exclusivamente sobre el plano sobrenatural y metafísico, inundada de textos bíblicos, un texto para la defensa y exaltación de la dignidad y la sublimidad de la mujer, del “genio femenino”, como decía ahora el Papa.
El principio del cual partía bíblicamente y sobre el cual insistía era aquel de la igualdad de la mujer y del hombre delante de Dios en el género humano. Del principio de la igualdad se derivaba que la mujer no podía transformarse en objeto de dominio y de posesión masculina. Esto valía para el matrimonio, pero también en los diversos campos de la convivencia social: las situaciones en las uales la mujer permanece en desventaja o es discriminada por el hecho de ser mujer. “Estas situaciones – escribía el Papa – son objetivamente dañinas, injustas”.
El Pontífice había llegado casi a teorizar acera de una superioridad de3 la mujer sobre le hombre. “Lo femenino es símbolo de todo lo humano; Dios lo confía al hombre de un modo especial.  Será el genio de la mujer, cuya mas alta identidad es donar amor, la que salvara la sensibilidad para el hombre, porque es esencialmente humana, una sensibilidad que amenaza con desaparecer en esta nuestra árida era tecnológica”.
Comentando la aparición de la mujer sobre la tierra según la Biblia, el Papa escribía: “La exclamación del primer hombre a la vista de la mujer fue una exclamación de admiración y encanto que atraviesa toda la historia del hombre sobre la tierra”.
La Mulieris dignitatem era la expresión de admiración y encanto que el Papa elevaba hacia la mujer de todos los tiempos.