Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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jueves, 6 de agosto de 2026

Monte Tabor, el monte de la oración

 


Los evangelistas Mateo, Marcos y Lucas atestiguan de modo concorde el episodio de la transfiguración de Cristo. Los elementos esenciales son dos: en primer lugar, Jesús sube con sus discípulos Pedro, Santiago y Juan a un monte alto, y allí «se transfiguró delante de ellos» (Mc9, 2), su rostro y sus vestidos irradiaron una luz brillante, mientras que junto a él aparecieron Moisés y Elías; y, en segundo lugar, una nube envolvió la cumbre del monte y de ella salió una voz que decía: «Este es mi Hijo amado, escuchadlo» (Mc 9, 7). Por lo tanto, la luz y la voz: la luz divina que resplandece en el rostro de Jesús, y la voz del Padre celestial que da testimonio de él y manda escucharlo.

El misterio de la Transfiguración no se debe separar del contexto del camino que Jesús está recorriendo. Ya se ha dirigido decididamente hacia el cumplimiento de su misión, a sabiendas de que, para llegar a la resurrección, tendrá que pasar por la pasión y la muerte de cruz. De esto les ha hablado abiertamente a sus discípulos, los cuales sin embargo no han entendido; más aun, han rechazado esta perspectiva porque no piensan como Dios, sino como los hombres (cf. Mt 16, 23). Por eso Jesús lleva consigo a tres de ellos al monte y les revela su gloria divina, esplendor de Verdad y de Amor. Jesús quiere que esta luz ilumine sus corazones cuando pasen por la densa oscuridad de su pasión y muerte, cuando el escándalo de la cruz sea insoportable para ellos. Dios es luz, y Jesús quiere dar a sus amigos más íntimos la experiencia de esta luz, que habita en él. Así, después de este episodio, él será en ellos una luz interior, capaz de protegerlos de los asaltos de las tinieblas. Incluso en la noche más oscura, Jesús es la luz que nunca se apaga. San Agustín resume este misterio con una expresión muy bella. Dice: «Lo que para los ojos del cuerpo es el sol que vemos, lo es [Cristo] para los ojos del corazón" (Sermo 78, 2: pl 38, 490). (Benedicto XVI Ángelus 4 de marzo de 2012) 

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 Misterio de luz por excelencia es la Transfiguración, que según la tradición tuvo lugar en el Monte Tabor. La gloria de la Divinidad resplandece en el rostro de Cristo, mientras el Padre lo acredita ante los apóstoles extasiados para que lo « escuchen » (cf. Lc 9, 35 par.) y se dispongan a vivir con Él el momento doloroso de la Pasión, a fin de llegar con Él a la alegría de la Resurrección y a una vida transfigurada por el Espíritu Santo.  (Juan Pablo II Carta Apostolica Rosarium Virginis Mariae ) 

 

jueves, 7 de agosto de 2025

Spiritus et Sponsa de Juan Pablo II y la Sagrada Liturgia

 



La carta apostólica  Spiritus et Sponsa  publicada el 4 de diciembre de 2003,  conmemoraba el XL aniversario de la Constitución del Papa Pablo VI Sacrosanctum Concilium sobre la sagrada liturgia. 


El Papa Juan Pablo II en su Carta plantea “¿Qué es la liturgia sino la fuente pura y perenne de "agua viva" a la que todos los que tienen sed pueden acudir para recibir gratis el don de Dios? (cf. Jn 4, 10) … “la cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza" (n. 10)”… “no se limita al ámbito interno de la Iglesia, sino que se abre al horizonte de la humanidad entera”… “por una parte, supone el anuncio del Evangelio; y, por otra, exige el testimonio cristiano en la historia”….

Nos sugiere un “examen de conciencia a propósito de la recepción del concilio Vaticano II (cf. Tertio millennio adveniente, 36)”…“que incluya “la vida litúrgico-sacramental”… “¿Se vive la liturgia como "fuente y cumbre" de la vida eclesial, según las enseñanzas de la  Sacrosanctum Concilium  (ib.)”… “¿Hasta qué punto ha entrado en la vida concreta de los fieles y marca el ritmo de cada comunidad?” …“¿Se entiende como camino de santidad, fuerza interior del dinamismo apostólico y del espíritu misionero eclesial ?”…

Nos llama a prestarle atención especial a la “música sagrada, al arte sacro”… “en relación con la infinita belleza divina, que se intenta expresar, de algún modo, en las obras humanas”…


Nos alienta a profundizar en las riquezas y potencialidades que encierran los “libros litúrgicos”… “en un principio de plena fidelidad a la sagrada Escritura y a la Tradición, interpretadas de forma autorizada en especial por el concilio Vaticano II”…. ; en la “pastoral litúrgica…en un “ renovado interés por la palabra de Dios según la orientación del Concilio”...

Nos invita a renovar “el arte de la oración”... “....suscitar el gusto por la oración”…. “no sólo a través de la liturgia, sino también a través de los "ejercicios piadosos", con tal de que se realicen en armonía con la liturgia, como si derivaran de ella y a ella condujeran (cf. n. 13) y a una nueva evangelización”… notando que “a pesar de la secularización, en nuestro tiempo está emergiendo, de diversas formas, una renovada necesidad de espiritualidad”… “la liturgia ofrece la respuesta más profunda y eficaz. Lo hace especialmente en la Eucaristía, en la que se nos permite unirnos al sacrificio de Cristo y alimentarnos de su cuerpo y su sangre”…

A su vez “redescubrir el “ valor del domingo”... domingo, día del Señor, en el que se hace memoria particular de la resurrección de Cristo”… “fundamento y núcleo de todo el Año litúrgico" (Sacrosanctum Concilium, 106; cf. Vicesimus quintus, 22)”…

También “cultivar con más esmero en nuestras comunidades la experiencia del silencio”… “para lograr la plena resonancia de la voz del Espíritu Santo en los corazones y para unir más estrechamente la oración personal con la palabra de Dios y la voz pública de la Iglesia”… “a. una educación específica en el silencio”… “a ejemplo de Jesús, el cual "salió de casa y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Mc 1, 35)…

Y finalmente también nos llama la atención a “respetar las normas ligurgicas”…. “haciéndolas cercanas a las diversas regiones, situaciones y culturas”….“asegurando a la liturgia su identidad y su decoro”… “pero evitar que caigan en abusos incluso graves, que oscurecen la verdad del misterio y crean desconcierto y tensiones en el pueblo de Dios (cf. Ecclesia de Eucharistia, 52”…

Concluye reiterándos la necesidad de la espiritualidad litúrgica", que lleve a tomar conciencia de Cristo como primer "liturgo", el cual actúa sin cesar en la Iglesia y en el mundo en virtud del misterio pascual continuamente celebrado, y asocia a sí a la Iglesia, para alabanza del Padre, en la unidad del Espíritu Santo.”…


Invito leer el precioso y exhaustivo texto EL MISTERIO DE LA LITURGIA firmado por la Abadía del Niño Dios, Victoria,  Entre Ríos,  ARGENTINA


lunes, 23 de junio de 2025

El sacramento de la reconciliación

 


A lo largo de la historia y en la praxis constante de la Iglesia, el «ministerio de la reconciliación» (2 Co 5,18), concedida mediante los sacramentos del Bautismo y de la Penitencia, se ha sentido siempre como una tarea pastoral muy relevante, realizada por obediencia al mandato de Jesús como parte esencial del ministerio sacerdotal. La celebración del sacramento de la Penitencia ha tenido en el curso de los siglos un desarrollo que ha asumido diversas formas expresivas, conservando siempre, sin embargo, la misma estructura fundamental, que comprende necesariamente, además de la intervención del ministro —solamente un Obispo o un presbítero, que juzga y absuelve, atiende y cura en el nombre de Cristo—, los actos del penitente: la contrición, la confesión y la satisfacción.

En la Carta apostólica Novo millennio ineunte he escrito: «Deseo pedir, además, una renovada valentía pastoral para que la pedagogía cotidiana de la comunidad cristiana sepa proponer de manera convincente y eficaz la práctica del Sacramento de la Reconciliación. Como se recordará, en 1984 intervine sobre este tema con la Exhortación postsinodal Reconciliatio et paenitentia, que recogía los frutos de la reflexión de una Asamblea general del Sínodo de los Obispos, dedicada a esta problemática. Entonces invitaba a esforzarse por todos los medios para afrontar la crisis del “sentido del pecado” [...].

(…)

A fin de que el discernimiento sobre las disposiciones de los penitentes en orden a la absolución o no, y a la imposición de la penitencia oportuna por parte del ministro del Sacramento, hace falta que el fiel, además de la conciencia de los pecados cometidos, del dolor por ellos y de la voluntad de no recaer más(6), confiese sus pecados. En este sentido, el Concilio de Trento declaró que es necesario «de derecho divino confesar todos y cada uno de los pecados mortales»(7). 

(…)

Los Ordinarios han de recordar a todos los ministros del sacramento de la Penitencia que la ley universal de la Iglesia ha reiterado, en aplicación de la doctrina católica sobre este punto, que:

a) «La confesión individual e íntegra y la absolución constituyen el único modo ordinario con el que un fiel consciente de que está en pecado grave se reconcilia con Dios y con la Iglesia; sólo la imposibilidad física o moral excusa de esa confesión, en cuyo caso la reconciliación se puede conseguir también por otros medios»(12).

b) Por tanto, «todos los que, por su oficio, tienen encomendada la cura de almas, están obligados a proveer que se oiga en confesión a los fieles que les están encomendados y que lo pidan razonablemente; y que se les dé la oportunidad de acercarse a la confesión individual, en días y horas determinadas que les resulten asequibles»(13).

Además, todos los sacerdotes que tienen la facultad de administrar el sacramento de la Penitencia, muéstrense siempre y totalmente dispuestos a administrarlo cada vez que los fieles lo soliciten razonablemente (14). La falta de disponibilidad para acoger a las ovejas descarriadas, e incluso para ir en su búsqueda y poder devolverlas al redil, sería un signo doloroso de falta de sentido pastoral en quien, por la ordenación sacerdotal, tiene que llevar en sí la imagen del Buen Pastor.

 (de laCarta Apostólica en forma “Motu Proprio” Misericordia Dei del Papa Juan PabloII)

miércoles, 14 de mayo de 2025

Juan Pablo II: San Agustin a los hombres de hoy

 


A este hombre extraordinario queremos preguntarle, antes de terminar, qué tiene que decir a los hombres de hoy.

(…)

A quien busca la verdad le enseña que no pierda la esperanza de encontrarla. Lo enseña con su ejemplo —él la encontró después de muchos años de laboriosa búsqueda— y con su actividad literaria, cuyo programa fija en la primera carta que escribió después de su conversión. "A mí me parece que hay que conducir de nuevo a los hombres... a la esperanza de encontrar la verdad" [256]. Y así, enseña a buscarla "con humildad, desinterés y diligencia" [257], a superar: el escepticismo mediante el retorno a sí mismo, donde habita la verdad [258]; el materialismo, que impide a la mente percibir su unión indisoluble con las realidades inteligibles [259]; el racionalismo, que, al rechazar la colaboración de la fe, se pone en condición de no entender el "misterio" del hombre [260].

A los teólogos, que justamente se afanan por comprender mejor el contenido de la fe, deja Agustín el patrimonio inmenso de su pensamiento, siempre válido en su conjunto, y especialmente el método teológico al que se mantuvo firmemente fiel. Sabemos que este método suponía la adhesión plena a la autoridad de la fe, una en su origen —la autoridad de Cristo [261]—, se manifiesta a través de la Escritura, la Tradición y la Iglesia; el ardiente deseo de comprender la propia fe —"aspira mucho a comprender" [262], dice a los demás y se aplica a sí mismo [263]—; el sentido profundo del misterio— "es mejor la ignorancia fiel", exclama Agustín, "que la ciencia temeraria" [264]—; la seguridad convencida de que la doctrina cristiana viene de Dios y tiene por lo mismo una propia originalidad que no sólo hay que conservar en su integridad —es ésta la "virginidad" de la fe, de la que él hablaba—, sino que debe servir también como medida para juzgar filosofías conformes o contrarias a ella [265].

Se sabe cuánto amaba Agustín la Escritura, cuyo origen divino exalta [266], así como también su inerrancia [267], su profundidad y riqueza inagotable [268], y cuánto la estudiaba. Pero él estudia y quiere que se estudie toda la Escritura, que se ponga de relieve su verdadero pensamiento o, como él dice, su "corazón" [269], poniéndola, cuando sea preciso, de acuerdo consigo misma [270]. A estos dos presupuestos los considera leyes fundamentales para entenderla. Por esto la lee en la Iglesia, teniendo en cuenta la Tradición, cuyas propiedades [271] y fuerza obligatoria [272] pone de relieve. Es célebre su expresión: "Yo no creería en el Evangelio si no me indujera a ello la autoridad de la Iglesia católica" [273].

En las controversias que nacen en torno a la interpretación de la Escritura recomienda que se discuta "con santa humildad, con paz católica, con caridad cristiana" [274], "hasta que la verdad salga a flote, verdad que Dios ha puesto en la cátedra de la unidad" [275]. Entonces se podrá constatar cómo la controversia no surgió inútilmente, puesto que se ha convertido en "ocasión de aprender" [276], ocasionando un progreso en la inteligencia de la fe.

Hablando un poco más a propósito sobre las enseñanzas de Agustín a los hombres de hoy, a los pensadores les recuerda el doble objeto de toda investigación que debe ocupar la mente humana: Dios y el hombre. "¿Qué quieres conocer?", se pregunta a sí mismo. Y responde: "Dios y el hombre". "¿Nada más? Absolutamente nada más" [277]. Frente al triste espectáculo del mal, recuerda a los pensadores además que tengan fe en el triunfo final del bien, esto es, de aquella Ciudad "donde la victoria es verdad, la dignidad santidad, la paz felicidad y la vida eternidad" [278].

A los hombres de ciencia les invita también a reconocer en las cosas creadas las huellas de Dios [279] y a descubrir en la armonía del universo las "razones seminales" que Dios ha depositado en ellas [280]. Finalmente, a los hombres que tienen en sus manos los destinos de los pueblos les recomienda que amen sobre todo la paz [281] y que la promuevan no con la lucha, sino con los métodos pacíficos, porque, escribe él sabiamente, "es título de gloria más grande matar la guerra con la palabra que los hombres con la espada, y procurar o bien mantener la paz con la paz, no con la guerra" [282].

Para terminar, voy a dedicar una palabra a los jóvenes, a quienes Agustín amó mucho como profesor antes de su conversión [283], y como Pastor, después [284]. Él les recuerda su gran trinomio: verdad, amor, libertad; tres bienes supremos que se dan juntos. Y les invita a amar la belleza, él que fue un gran enamorado de ella [285]. No sólo la belleza de los cuerpos, que podría hacer olvidar la del espíritu [286], ni sólo la belleza del arte [287], sino la belleza interior de la virtud [288], y sobre todo la belleza eterna de Dios, de la que provienen la belleza de los cuerpos, del arte y de la virtud. De Dios, que es "la belleza de toda belleza" [289], "fundamento, principio y ordenador del bien y de la belleza de todos los seres que son buenos y bellos" [290]. Agustín, recordando los años anteriores a su conversión, se lamenta amargamente de haber amado tarde esta "belleza tan antigua y tan nueva" [291], y quiere que los jóvenes no le sigan en esto, sino que, amándola siempre y por encima de todo, conserven perpetuamente en ella el esplendor interior de su juventud [292].

[256] Ep., 1, 1: PL 33, 61.

[257] De quantitate animae, 14, 24: PL 32, 1049; cf. De vera relig., 10, 20: PL 34, 131.

[258] Cf. De vera relig., 39, 72: PL 34, 154.

[259] Cf. Retract., 1, 8, 2: PL 32, 594: 1, 4, 4: PL 32, 590.

[260] Cf. Ep., 118, 5, 33: PL 33, 448.

[261] Cf. Contra Acad., 3, 20, 43: PL 32, 957.

[262] Ep., 120, 3, 13: PL 33, 458.

[263] Cf. De Trin., 1, 5, 8: PL 42, 825.

[264] Serm., 27, 4: PL 38, 179.

[265] Cf. De doctrina Christ., 2, 40, 60: PL 34, 55; De civ. Dei, 8, 9: PL 41, 233.

[266] Cf. Enarr. in ps., 90, d. 2, 1: PL 37, 1159-1160.

[267] Cf. Ep., 28, 3, 3: PL 33, 112; 82, 1. 3: PL 33, 277.

[268] Cf. Ep., 137, 1, 3: PL 33, 516.

[269] De doctrina Christ., 4, 5, 7: PL 34, 91-92.

[270] Cf. De perf. iust. hom., 17, 38: PL 44, 311-312.

[271] Cf. De baptismo, 4, 24, 31: PL 43, 174-175.

[272] Cf. Contra Iulianum, 6, 6-11: PL 45, 1510-1521.

[273] Contra ep. Man. 5, 6: PL 42, 176: cf. C. Faustum, 28, 2: PL 42, 485-486.

[274] De baptismo, 2, 3, 4: PL 43, 129.

[275] Ep., 105, 16: PL 33, 403.

[276] De civ. Dei, 16, 2, 1: PL 41, 477.

[277] Solil., 1, 2, 7: PL 32, 872.

[278] De civ. Dei, 2, 29, 2: PL 41, 78.

[279] Cf. De diversis quaestionibus, 83. q. 46, 2: PL 40, 29-31.

[280] Cf. De Gen. ad litt., 5, 23, 44-45: 6, 6; 17-6, 12, 20: PL 34, 337-338: 346-347.

[281] Cf. Ep., 189, 6: PL 33, 856.

[282] Ep., 229, 2: PL 33, 1020.

[283] Cf. Confess., 6, 7, 11-12: PL 32, 725; De ordine, 1, 10, 30: PL 32, 991.

[284] Cf. Ep., 26: 118; 243; 266: PL 33, 103-107; 431-449; 1054-1059; 1089-1091.

[285] Cf. Confess., 4, 13, 20: PL 32, 701.

[286] Cf. Confess., 10, 8, 15: PL 32, 785-786.

[287] Cf. Confess., 10, 34, 53: PL 32, 801.

[288] Cf. Ep., 120, 4, 20: PL 33, 462.

[289] Confess., 3, 6, 10: PL 32, 687.

[290] Solil., 1, 1, 3: PL 32, 870.

[291] Confess., 10, 27, 38: PL 32, 795.

[292] Cf. Ep. 120, 4, 20: PL 33, 462.

 

(JuanPablo II - de la Carta Apostolica Augustinum Hippnensem en el XVI centenario dela conversión de San Agustín)

 

martes, 11 de marzo de 2025

"Salvifici Doloris" y Job

 


La Carta apostólica Salvifici Doloris del Santo Padre Juan Pablo II dada en Roma, en la memoria litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes, el día 11 de febrero del año 1984, sexto de su Pontificado, sobre el sentido cristiano del sufrimiento humano comienza con estas palabras:

« Suplo en mi carne —dice el apóstol Pablo, indicando el valor salvífico del sufrimiento— lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia ».(1)

Son casi las mismas palabras que Juan Pablo II le confió “con gran y serena naturalidad” al Dr Joaquín Navarro-Valls despues de una de las intervenciones quirúrgicas de urgencia a que fuera sometido en el Policlínico Gemelli. « Debemos completar en nosotros aquello que falta a la Pasión de Cristo. Por cierto, agregaba, todo ha sido hecho ya, pero.....siempre es posible añadir un poco más..... » En otra ocasión, siempre en el Gemelli, después de la reducción de una luxación de hombro, le expresó « He recibido este sufrimiento como un don ». (Totus Tuus octubre 2006). Llevaba encarnado el sentido del sufrimiento. Habia comprendido tempranamente lo que luego testimoniara con su vida.

El sufrimiento ciertamente pertenece al misterio del hombre En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. Porque ... Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al hombre y le descubre la sublimidad de su vocación … Estas palabras sobre el amor, sobre los actos de amor relacionados con el sufrimiento humano, nos permiten una vez más descubrir, en la raíz de todos los sufrimientos humanos, el mismo sufrimiento redentor de Cristo” ….. El misterio de la redención del mundo está arraigado en el sufrimiento de modo maravilloso, y éste a su vez encuentra en ese misterio su supremo y más seguro punto de referencia”. « Por Cristo y en Cristo se ilumina el enigma del dolor y de la muerte ». dice en Salvifici Doloris. (101).


Es el sufrimiento del justo Job, ese mismo sufrimiento al cual se refiere una de las primeras obras de Karol Wojtyla titulada precisamente “Job”, publicada para la Cuaresma de 1940, obra que escribió cuando estudiaba teatro y aun no habia entrado al seminario. Habia escrito “un nuevo drama, griego en forma, cristiano en espiritu, eterno en su esencia” un drama que se referia al sufrimiento de los Job de nuestros dias, al “tragico destino de los pueblos oprimidos” como el mismo decia en el prefacio de su obra “Estas cosas acaecieron en el Viejo Testamento antes de la llegada de Cristo. Pero son cosas que están sucediendo también ahora, en nuestros días, en los tiempos de Job de nuestra Polonia y del mundo”. Un drama acerca del dolor a través de la historia, totalmente incomprensible si no es visto a la luz de la Redención. Habia estallado la II guerra mundial, la Gestapo habia arrestado a los profesores polacos, en un horizonte ensombrecido por completo Karol Wojtyla sentia en carne propia el misterio de la historia biblica, reflejado en la trágica historia de su querida Polonia, en la trágica historia de toda una parte de Europa durante décadas.


A lo largo de su pontificado, Juan Pablo II fué modelo para los sufrientes, comprendió a los que sufren, identificandose con ellos, legándonos su ejemplo a ultranza, como lo expresa el Dr Navarro Valls en la entrevista citada “creo que una de las mayores y mas claras enseñanzas de Juan Pablo II ha sido ayudarnos a darle un sentido mas profundo a todo aquello que bajo el nombre de “Cruz” constituye el conjunto de disgustos, frustraciones, dolores y ansiedades que todos conocemos ..:”
Juan Pablo II fue al mismo tiempo un modelo de esperanza haciendonos ver que ésta pasa por la cruz y testimoniándolo con su existencia vivida hasta el final por Cristo y en Cristo.

 

lunes, 6 de mayo de 2024

El domingo - Dies Domini, dia del Señor!

 


El 31 de mayo de 1998, solemnidad de Pentecostés, el Papa Juan Pablo II publicó Ia Carta apostólica Dies Domini, que habia anunciado en el Ángelus del 9 de agosto del mismo año.   Sobre esta Carta apostólica ya hay un post en este blog titulado Dies Domini – la santificación del domingo; solo quería llamar la atención sobre el mismo y agregar algunos datos. 

Con respecto a Dies Domini leemos en Mercaba que se trata de un documento que marca un hito decisivo –  en el camino de recuperación del significado del domingo en Ia conciencia de Ia Iglesia, especialmente desde la promulgación de la Constitución Sacrosanctum Concilium del II Concilio Vaticano, del 4 de diciembre de 1963, “el primer documento 
aprobado por los Padres conciliares. «Primicia del Vaticano II» la 
ha llamado el Papa Juan Pablo II” en el ángelus del 12/11/1995  donde además decia: La constitución Sacrosanctum Concilium sobre la liturgia, aprobada el 4 de diciembre de 1963, fue, en cierto sentido, la primicia del Vaticano II. Más que proceder a realizar una simple reforma exterior del culto, quiso infundir en la comunidad cristiana una nueva conciencia de la liturgia, como «cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y, al mismo tiempo, fuente de donde mana toda su fuerza» (Sacrosanctum Concilium, 10).

Ciertamente —como lo recordaba el mismo concilio—, la liturgia no lo es todo . Se sitúa entre las múltiples dimensiones de la vida eclesial, mientras que para los cristianos supone y exige un camino incesante de conversión y formación, de coherencia y testimonio. Pero dentro de estas coordenadas, personales y comunitarias, no se puede dejar de reconocer el valor verdaderamente central de la liturgia.

La constitución ilustra bien el motivo de esta centralidad, situándolo en el horizonte de la historia de la salvación. Frente a las múltiples formas de oración, la liturgia tiene una estructura propia, no sólo porque es la oración pública de la Iglesia, sino sobre todo porque es verdadera actualización y, en cierto sentido, continuación, mediante los signos, de las maravillas realizadas por Dios para la salvación del hombre. Esto es verdad particularmente en los sacramentos, y de modo muy especial en la Eucaristía, en la que Cristo mismo se hace presente como un sacerdote y víctima de la nueva alianza. Lo que sucedió una vez para siempre en su muerte y resurrección se representa y se revive sacramentalmente en el rito. De este modo, la Iglesia que celebra se hace destinataria e instrumento de gracia, y quienes se acercan a los sacramentos con las debidas disposiciones reciben sus frutos de santificación y salvación

Invito además, para qien desee profundizar en el tema leer el documento DiesDomini: catequesis de Juan Pablo II sobre el domingo de la  Comisión Episcopal de Liturgia del Obispado de Alcala, con detalles del contenido del documento  

 

lunes, 28 de agosto de 2023

San Agustin buscador de la Verdad y del Amor

 


en la Carta Apostòlica Augustinum Hipponensem fechada 28 de agosto 1986 emitida en el XVI centenario de la conversión de San Agustin, el Siervo de Dios Juan Pablo II lo recordaba y trazaba “rápidamente un panorama del pensamiento de un hombre incomparable, de quien todos en la Iglesia y en Occidente nos sentimos de alguna manera discípulos e hijos.”
Entre otros decía con respecto a su conversión:

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“La conversión de San Agustín, condicionada por la necesidad de encontrar la verdad, tiene no poco que enseñar a los hombres de hoy, con tanta frecuencia perdidos y desorientados frente al gran problema de la vida. Se sabe que esta conversión tuvo un camino particularismo, porque no se trató de una conquista de la fe católica, sino de una reconquista. La había perdido convencido, al perderla, de que no abandonaba a Cristo, sino sólo a la Iglesia. En efecto, había sido educado cristianamente por su madre [10], la piadosa y santa Mónica [11]. …..había “bebido” el nombre de Cristo , "con la leche materna" [13
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Tras volver a la fe de la Iglesia católica, dirá que había vuelto "a la religión que me había sido imbuida desde niño y que había penetrado hasta la médula de mi ser" [14].
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“Al despertarse a los 19 años al amor de la sabiduría con la lectura del Hortensio de Cicerón — amó profundamente y buscó siempre con todas las fibras de su alma la verdad. "¡Oh verdad, verdad, cómo suspiraba ya entonces por ti desde las fibras más íntimas de mi corazón!" [16].”
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No obstante este amor a la verdad, Agustín cayó en errores graves
Pero finalmente “guiado por la gracia divina, que su madre imploraba con lágrimas [26], llegó felizmente al puerto.
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Una vez encontrado Cristo redentor, fuertemente abrazado a Él, Agustín había retornado al puerto de la fe católica, a la fe en la que su madre lo había educado: "Había oído hablar de la vida eterna desde niño, vida que se nos prometió mediante la humildad del Señor nuestro Dios, abajado hasta nuestra soberbia" [44]. El amor a la verdad, sostenido por la gracia divina, había triunfado de todos los errores.
Pero el camino no había terminado. En el ánimo de Agustín renacía un antiguo propósito, el de consagrarse por completo a la sabiduría, una vez que la había hallado, esto es, abandonar toda esperanza terrena para poseerla [45].
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renunciando al ideal acariciado de la familia y dedicándose con "toda" su alma al amor y a la posesión de la Sabiduría.
He aquí cómo narra Agustín a su madre esta serena pero fuerte determinación: "Fuimos donde mi madre y le revelamos la decisión que habíamos tomado. Ella se alegró. Le contamos el desenvolvimiento de los hechos. Se alegró y triunfó. Y empezó a bendecirte porque tú puedes hacer más de lo que pedimos y comprendemos (Ef 3, 20). Veía que le habías concedido, con relación a mí, más de lo que te había pedido con todos sus gemidos y sus lágrimas conmovedoras. De hecho, me volviste a Ti tan absolutamente, que ya no buscaba ni esposa, ni carrera en este mundo" [54]. A partir de aquel momento comenzaba para Agustín una vida nueva…”

Invito visitar mi post anterior: Augustinum Hipponensem con enlaces a un ciclo de meditaciones acerca de los padres de la Iglesia del Santo Padre Benedicto XVI – cinco de ellas dedicadas a San Agustín.