Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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miércoles, 12 de febrero de 2020

Veritatis Splendor – El esplendor de la Verdad


Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Jn 8, 3 29)


La encíclica Veritatis Splendor fue dada a conocer por el Santo Padre Juan Pablo II el 6 de agosto –fiesta de la transfiguración del Señor- del año 1993.
Dirigida eminentemente a los Obispos de la Iglesia contiene valiosa información para todo su pueblo, a todos aquellos que nos preguntamos (o debiéramos preguntarnos) “¿Qué debo hacer? Como puedo discernir el bien del mal?” “La respuesta – dice Juan Pablo II en la encíclica- es posible sólo gracias al esplendor de la verdad que brilla en lo más íntimo del espíritu humano, como dice el salmista: “Muchos dicen: ¿Quien nos hará ver la dicha?” “Alza sobre nosotros la luz de tu rostro, Señor!” (Sal, 4,7) La luz del rostro de Dios resplandece con toda su belleza en el rostro de Jesucristo, “imagen de Dios invisible” (Col I, 15), “resplandor de su gloria” (Heb I, 3) “lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,14) :
Él es “el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6)…..Jesucristo, “luz de los pueblos”, ilumina el rostro de su Iglesia, la cual es enviada por Él para anunciar el Evangelio a toda criatura (cf Mc 16,15)”

En el Congreso Internacional sobre la Enciclica Veritatis Splendor, en noviembre 2005, organizado por la Cátedra Juan Pablo II de la UCA  y texto publicado por la Pontificia Universidad Católica Argentina Cátedra Juan Pablo II, con el titulo LA VERDAD LOS HARA LIBRES ,  en noviembre 2005)
explicó el cardenal Javier Lozano Barragán
que la Encíclica se compone de tres partes (que son los tres capítulos)
- en la primera CAPITULO I - "MAESTRO, ¿QUÉ HE DE HACER DE BUENO .....?" (Mt 19,16) “se asienta la base plena de la moralidad";
- en la segunda CAPITULO II - "NO OS CONFORMEIS A LA MENTALIDAD DE ESTE MUNDO" (Rom 12,2) “se tratan problemas fundamentales acerca de la libertad, la ley, la verdad, la conciencia, la opción fundamental y el acto moral”
- en la tercera CAPITULO III - "PARA NO DESVIRTUAR LA CRUZ DE CRISTO" (1 Cor 1,17) “ sus consecuencias para la vida de la Iglesia y del mundo, el martirio, la universalidad de la norma, la vida social y política, la gracia, la nueva Evangelización y el servicio de los teólogos y los pastores”
A su vez - exponía el cardenal Lozano Barragán - La encíclica tiene cinco líneas maestras: l. el criterio ético no puede ser ni el consecuencialismo ni el proporcionalismo moral; 2. “Ens, Verum et Bonum conventuntur” por lo tanto el Bien es objetivo; 3. las reglas éticas no son meras prohibiciones, sino caminos hacia el ens (ente); 4. la bondad o maldad de una acción no depende del consenso; 5. el fundamento de la acción ética es el valor-dignidad de la persona” y agrega que “en la encíclica se abunda en el concepto de la ley natural, que significa que el seguimiento de Cristo se hace desde la intimidad de la conciencia de cada uno; la conciencia es iluminada por la Sabiduría divina, esta iluminación es la ley natural. Esta iluminación desemboca en último término en el seguimiento de Cristo”
La Encíclica Veritatis Splendor es un valioso documento en defensa de la verdad, la libertad y la vida que emitió Juan Pablo II como parte de su “extenso programa en implementar el Concilio Vaticano II” (Weigel) donde ratifica su riqueza hasta en términos que fueron duramente criticados por sectores dentro de la Iglesia y sin embargo aceptados con apertura por otras religiones p.ej. “Los que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios con sincero corazón e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir la salvación eterna”. Y prosigue: “Dios, en su providencia, tampoco niega la ayuda necesaria a los que, sin culpa, todavía no han llegado a conocer claramente a Dios, pero se esfuerzan con su gracia en vivir con honradez…” términos complejos que, que sin embargo, debemos comprender en todo su sentido, como explicaba el Cardenal Georges Cottier en el Congreso de la UCA (A) “las personas tienen derecho a ser respetadas en su propio camino de búsqueda de la verdad, pero antes existe la obligación moral de buscar la verdad, y una vez, conocida adherir a ella”
Dice George Weigel en Testigo de Esperanza que la Encíclica ya había sido anunciada por Juan Pablo II en 1987 en su carta apostólica Spiritus Domini publicada en el 200 aniversario de San Alfonso Maria de Ligorio, concluyendo que estuvo en preparación durante seis largos años.
Juan Pablo II creyó conveniente – lo menciona en la Encíclica – que le precediera en su publicación el Catecismo de la Iglesia Católica, que presenta la vida moral de los creyentes en sus fundamentos y en sus múltiples contenidos como vida de “los hijos de Dios”…..por lo tanto la Encíclica se limitaría a “afrontar algunas cuestiones fundamentales de la enseñanza moral de la Iglesia, bajo la forma de un necesario discernimiento sobre problemas controvertidos entre los estudiosos de la ética y de la teología moral. Este es el objeto especifico de la presente encíclica” expresa Juan Pablo II en la Introducción.
En la preparación de la Encíclica participaron y colaboraron varias comisiones papales y fueron consultados obispos y teólogos de todo el mundo. Opina Weigel que Veritatis Splendor fue un marco para el futuro desarrollo de la teología moral católica que continuara dándole forma a la vida católica bien avanzado el siglo XXI y probablemente más allá aún.
En este momento político de la Argentina quizás debiéramos releer todos no solo la Encíclica sino también la presentación del Prof. Jaroslav Merecki en el ya mencionado Congreso  “La verdad como problema político” donde expresa “Mi tesis es que no podemos, ni comprender ni practicar la política en un mundo auténticamente humano, sin hacer referencia a la verdad…en el contexto de la cultura moderna, hablar de la verdad en la política es provocativo, o incluso peligroso. Provocativo porque la visión moderna de la política se desarrolla justamente a partir del abandono de este concepto en la comprensión de la vida publica” O cuando cita Centesimus Annus “una democracia sin valores se convierte fácilmente en un totalitarismo visible o encubierto como lo demuestra la historia…”



viernes, 27 de diciembre de 2019

Javier Lozano Barragán: Las tres partes de Veritatis Splendor



Como es sabido VeritatisSplendor tiene tres partes:
En la primera se asienta la base plena de moralidad;  en la segunda se tratan problemas fundamentales acerca de la libertad, la ley, la verdad, la conciencia, la opción fundamental y el acto moral y en la tercera;  sus consecuencias para la vida de la Iglesia y del mundo, el martirio, la universalidad de la norma, la vida social  y política, la gracia, la nueva Evangelización y el servicio de los teólogos y los pastores.
Especificando más:
En el primer capítulo el Papa nos dice que la norma moral cristiana es el seguimiento de Cristo. Cristo se lo propone al joven rico: Dios es el único bueno, por tanto la única normal. El camino son los 10 mandamientos. Se perfeccionan por el seguimiento pleno de Cristo en un amor total a Él y a los demás.
En el capitulo segundo afirma que se han relativizado hoy las normas éticas. Se quisiera tener solo una certeza matemática. Como en moral los hombres piensan diferente en cuanto a las normas estiman que no existe así ninguna valida y hay que contentarse con la sabiduría de cada uno Aun entre algunos teólogos se suele decir que hay que tener una norma suprema que es el amor a Dios y a los demás, esa es la opción fundamental, de aquí se deducirán algunas leyes que siempre habrá que cumplir. Pero hay otras que se llaman “premorales” y son las que se refieren al cuerpo, como la salud, a la integridad vital, la reproducción, etc. Estas se miden de acuerdo a la opción fundamental descrita y a los principios prácticos del teleologismo, consciencialismo y proporcionalismo. De manera que no hay acciones buenas o malas en si sino que todo depende de la intención con la que se hagan. Lo bueno es lo mejor en este caso concreto. El Papa reacciona contra esta manera de pensar y afirma que contra este maniqueísmo hay que afirmar fuertemente la unidad cuerpo y alma y la moralidad como un todo. Verdad y libertad es otro de los puntos básicos que considera aquí el Santo Padre; la libertad no es fuente de verdad ni por tanto, puede ser autónoma.
En el tercer capítulo se reconoce la dificultad de actuar bien, que solo se logra con la gracia de Dios, por la fuerza del Espíritu Santo, los santos son el ejemplo de superación a esta dificultad, en especial los mártires. El Magisterio ayuda a encontrar la verdad moral, asi se propicia el dialogo con los teólogos moralistas.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Marco Gallo : “El caso argentino; la acción pacificadora de Juan Pablo II con motivo de la guerra de las Malvinas y su rol para favorecer la vuelta a la democracia” (11 de 11) Algunos homenajes póstumos al Papa


Marco Gallo : “El caso argentino; la acción pacificadora de Juan Pablo II con motivo de la guerra de las Malvinas y su rol para favorecer la vuelta a la democracia” (11 de 11)  Algunos homenajes póstumos al Papa

“Entre los homenajes ofrecidos a Juan Pablo II por su acción pacificadora quiero señalar la carta que el presidente Néstor Kirchner escribiera al Santo Padre con motivo del 25º aniversario de su pontificado en octubre del 2003. El presidente argentino brinda palabras de elogio hacia la figura del pontífice que “ha sabido comprender e interpretar los anhelos de la comunidad de las naciones, en pos de un mundo gobernado por la paz” y rememora la preocupación por la convivencia pacífica del pueblo argentino: “es igualmente digno de recuerdo la histórica visita de Vuestra Santidad a la Argentina en 1982, que nos trajo una palabra de paz y esperanza, en el transcurso de un conflicto armado”. En este clima de memoria y homenaje se destaca el mensaje dominical que Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo de Resistencia dirige a su diócesis el 19 de Octubre del mismo año 2003, titulado “Juan Pablo II, hombre de la paz”. Mons. Giaquinta destaca con cierta amargura el clima de locura colectiva que se vivía: “... cuando los argentinos nos disponemos a hacernos los locos, no hay quien gane. Poco más de tres años después, cuando aun no habíamos zanjado nuestros diferendos con Chile, nos envolvimos en una guerra con Gran Bretaña. Primero se trató de darle una lección a los británicos antes de cumplirse los 150 años de la usurpación de nuestras islas Malvinas, para luego retirarnos pero obligándolos a negociar. Pero después nos pareció bueno no negociar nada. Y así se armó una guerra tristísima, que en Buenos Aires era vivida como un partido de fútbol, en la que nos engañamos hasta el final creyendo que llevábamos todas las de ganar, pero de la que solo obtuvimos muchos muertos y una retirada vergonzante”. Y luego el obispo pasa en reseña todas las diferentes iniciativas que Wojtyla intentó llevar a cabo para encontrar una salida pacífica al conflicto. Recuerda también los telegramas enviados a Galtieri y a la Thatcher para que ellos encontraran caminos de diálogo e indica “la carta a los argentinos” como “un documento memorable que merecería ser incluido en los libros de texto de nuestras escuelas”. Para el arzobispo de Resistencia la deuda de memoria de los argentinos hacia Juan Pablo II debe ser perenne:
“La guerra con Chile que no fue, y la guerra del Atlántico Sur que fue: dos mojones de la historia argentina – afirma el obispo – en los que Juan Pablo II escribió renglones decisivos. Los argentinos no lo hemos de olvidar”.
El ejercicio de la memoria que reivindica  el obispo de Resistencia a toda la opinión pública nos interroga sobre las interpretaciones de la historia reciente del país, historia compleja donde no están ausentes las sinuosidades y los caminos torcidos; en este panorama articulado la figura de Juan Pablo II se presenta, como ya se ha visto en otros escenarios del mundo, como “pontifex”, “pontífice”, es decir, constructor de puentes entre los hombres, entre situaciones que parecen inconciliables para lograr en algunos casos el cese de los conflictos o crear premisas firmes y sólidas para la instauración y el afianzamiento de procesos democráticos como ha sucedido, después de la derrota bélica del régimen autoritario, en el caso argentino.”

(no he publicado la Bibliografía consultada. Si alguien quisiera tenerla agradeceré mandarme  un email)

sábado, 1 de diciembre de 2012

Marco Gallo : “El caso argentino; la acción pacificadora de Juan Pablo II con motivo de la guerra de las Malvinas y su rol para favorecer la vuelta a la democracia” (10 de 11) Después del viaje



Marco Gallo : “El caso argentino; la acción pacificadora de Juan Pablo II con motivo de la guerra de las Malvinas y su rol para favorecer la vuelta a la democracia” (10 de 11) Después del viaje


“Es emblemático como los viajes a Inglaterra y a Argentina fueron considerados por el mismo pontífice viajes atípicos, justamente porque las mismas condiciones en que se desarrollaban, habrían desaconsejado su visita, estando ambas naciones en plena hostilidad. Pero justamente el Papa enfoca el esfuerzo de la iglesia como una misión universal por la paz. Y vuelve a repetir las palabras pronunciadas a los obispos argentinos sobre el patriotismo y la universalidad. En este discurso dirigido a los colaboradores de la Curia Romana, el 28 de Junio, es decir después del fin de la guerra, el Papa con referencia al conflicto del Atlántico Sur aclara la misión pacificadora de la Iglesia:
“la paz constituye una plataforma común para la acción del Cristianismo en el mundo: así es en América Latina, asimismo es en Medio Oriente, donde la paz, tan comprometida cuanto necesaria, tiene un carácter religioso, una dimensión espiritual... en efecto la justa paz, según el lema que he dado para la Jornada Mundial de este año, es un don de Dios confiado a los hombres; don frágil, pero posible; don precario, pero precioso. Y yo no perderé ocasión para proclamarlo y defenderlo. En esta luz encuentran explicación los numerosos llamamientos, que he lanzado por la recordada situación en el Atlántico Austral... la misa “pro pace et iustitia servanda” del pasado mayo; las celebraciones eucarísticas en Coventry y en el Santuario mariano de Luján...”
Ecos en diarios y revistas del viaje papal
La visita de Juan Pablo II recibió en general de parte de los medios de comunicación locales repercusiones positivas; pero no faltaron tampoco críticas y grupos extremistas que presentaron al Papa como cómplice del colonialismo inglés y agente del imperialismo mundial.
En la revista “Política Obrera” del 12 de junio en un artículo titulado “La derrota  con sotana” se acusa el pontífice de haber apoyado explícitamente al Reino Unido en el conflicto, interpretando su viaje a Inglaterra como señal de sostén a la acción bélica británica: “Por el contrario, los argentinos hemos visto y oído otras cosas del papa. Ha ido seis días a Inglaterra, en un gesto que todo el mundo interpretó como de apoyo a Londres. Y esa es la verdad (recordemos que el papa había suspendido su visita a Argentina mientras no se firmara el acuerdo del Beagle y subsistiera el peligro de guerra con Chile; ahora el papa no quiso suspender su visita a Inglaterra, país que ha iniciado una brutal guerra de agresión contra Argentina. ¿Si esto no es apoyo, cómo se puede, entonces, calificarlo?).

Hemos visto cómo el papa, al visitar a la jefa de los piratas, la reina de Inglaterra, se despidió diciendo bien alto y para que todo el mundo tomara debida nota: "¡Dios bendiga al príncipe Andrés!" (Clarín, 29/5/82). ¿Cómo? ¿Que "Dios bendiga" al pirata que con su helicóptero asesina a nuestros soldados para robarnos parte de nuestro territorio? ¡Nuestros aviadores lo están buscando para reventarlo, y el papa le manda una bendición a ese negrero que quiere reimplantar la esclavitud colonial en una parte de Argentina!”
El diario Clarín, en cambio, después de la visita del pontífice, titula su nota: “El papa pidió una solución digna del conflicto”. Relata los momentos significativos de la visita remarcando la presencia de más de dos millones de argentinos,  hablando de “muestras de adhesión y simpatía”. En el mismo día el Osservatore Romano en un artículo de fondo “rezar por la paz”, volvía a explicar el sentido espiritual del viaje papal: “El Papa es un pastor universal que alienta gran amor por los pueblos de cada una de las naciones y por ende todos los atributos para proclamar e implorar por la paz.”
“Contra toda deformación dictada por cálculos maquiavélicos o hegemónicos -escribía el diario de la Santa Sede- la Iglesia tiene el deber de repetir que la paz es posible y que es un deber alcanzarla lo más pronto posible donde sea violada. Es cuanto Juan Pablo II repitió antes del viaje a Gran Bretaña, durante el viaje y después. Es cuánto está repitiendo ahora en el continente latinoamericano: primero en Río de Janeiro y luego en Buenos Aires. Y como pidió oraciones para acabar con la guerra -todas las guerras y los focos que las encienden- la comunidad cristiana está unida a su pastor y lo apoyará en su esfuerzo enorme”. 

jueves, 29 de noviembre de 2012

Marco Gallo : “El caso argentino; la acción pacificadora de Juan Pablo II con motivo de la guerra de las Malvinas y su rol para favorecer la vuelta a la democracia” (9 de 11) Discursos del Papa en Argentina


Marco Gallo : “El caso argentino; la acción pacificadora de Juan Pablo II con motivo de la guerra de las Malvinas y su rol para favorecer la vuelta a la democracia” (9 de 11) Discursos del Papa en Argentina


“El Papa recuerda la centralidad de este ministerio de reconciliación y subraya nuevamente el carácter propiamente pastoral de su anterior viaje a Inglaterra, haciendo referencia a la “carta a los argentinos” y agregando detalles muy personales sobre este original gesto:
“Y no necesito comentar aquí la ya mencionada carta firmada con mi propia mano que, como acostumbraba hacer San Pablo, escribí “a los queridos hijos e hijas de la nación argentina”. Fue una palabra que ha brotado del corazón, en una hora de sufrimiento de vuestro pueblo, con el fin de anunciar mi ardiente deseo de venir a encontrarlos”. El Papa en esta ocasión hace pública la carta que los obispos ingleses, durante su viaje a Gran Bretaña, habían escrito a sus pares argentinos, señalando de esta manera los vínculos de paz y de amistad entre las dos Iglesias. El Papa espera que este mismo vínculo se instaure entre los dos pueblos y naciones. Retumban en sus palabras a los prelados las enseñanzas que fueron de Juan XXIII, que siempre había insistido sobre la búsqueda de lo que une y dejar a un lado lo que divide. En esto Juan Pablo II se reconoce como un hombre del Concilio Vaticano II, hombre de diálogo y que hace del diálogo unos de los pilares de la misión de la Iglesia en el mundo. Así termina su discurso a los obispos: “en medio de las esperanzas y peligros que pueden cernirse sobre el horizonte, y en vista de las tensiones latentes que de vez en cuando afloran, es necesario ofrecer un servicio de pacificación en nombre de la fe y comprensión mutuas, para que las riquezas religiosas y espirituales, verdaderos cimientos de unidad, sean mucho más fuertes que cualquier semilla de desunión.”
Reacciones de los obispos argentinos
A este desafío y propuesta avanzada por Juan Pablo II los obispos argentinos responderán de alguna manera con el documento “Camino de reconciliación” de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina, fechado el 11 de Agosto de 1982, a dos meses del viaje papal y ya concluido el conflicto bélico con Inglaterra. En este documento los obispos considerando el viaje del Papa como “una verdadera gracia de Dios” en continuidad con el escrito de 1981 “Iglesia y comunidad nacional”, refieren acerca de su servicio de reconciliación y pacificación de la sociedad. Asimismo insisten sobre la necesidad de una nación reconciliada, sobre la importancia de la presencia de los partidos políticos y la restauración del orden institucional. Son todas consignas claramente inspiradas por aquel discurso de junio 1982 de Wojtyla. Son premisas culturales y decisiones pastorales que empujan a la Iglesia a asumir un rol en la transición a la democracia.  El párrafo 15 del documento, es muy significativo, de esta alta inspiración democrática:
“En la preparación de las próximas elecciones, conviene favorecer todo ejercicio democrático posible, la discusión pública y libre de los problemas nacionales, la organización de la fuerzas políticas. No se ha de descalificar con el nombre de la demagogia o populismo el necesario y honesto interés por el bien del pueblo.” Continúa el documento: “Juzgamos conveniente y oportuno el levantamiento del estado de sitio. La democracia como estilo de vida incluye fundamentalmente la libertad. Al salir de un estado de emergencia en que el ejercicio de los derechos fue limitado, no es de extrañarse que haya excesos.” Y concluye: “la democracia no puede ceder, sin embargo, en la defensa de la libertad aunque vea los peligros que ello entraña. Es parte del riesgo que corre una Nación que sabe que la realidad de su soberanía es según la medida de la libertad de sus ciudadanos. Es preciso pues defender su libertad efectiva”, “ ... hay que nutrir en el alma del pueblo la convicción profunda de la bondad y conveniencia del régimen democrático que hemos elegido, el cual, por lo mismo, tiene capacidad para defenderse de los peligros que lo acechen, subsistir y desarrollarse dentro de sus modos legales de preceder”. Resulta claro y evidente cuanto han impactado positivamente las palabras del pontífice que hablan de reconciliación también como reconstrucción de un tejido democrático de la sociedad.
“La necesidad de continuidad en la vida institucional debe ser un principio fundamental e inquebrantable de la conciencia política nacional, de suerte que el espíritu “golpista” resulte extraño a nuestra idiosincrasia política.” El documento episcopal termina con algunas recomendaciones dentro de las cuales se destaca el tema de los “desaparecidos”; en efecto se declara que “será una gran contribución para la recuperación de la vida democrática dar pasos eficaces para resolver el grave problema de los ciudadanos desaparecidos, los presos sin proceso, los que han cumplido su condena y permanecen aún en la cárcel, sea informando, sea liberando, aliviando siempre la angustia de las familias y de la sociedad.” La Iglesia del tiempo del documento “Iglesia y comunidad nacional” había tratado el tema de las violaciones de los derechos humanos y en estas circunstancias, con este documento, lo pone en relación con la reconstrucción de una nueva estación democrática. Es cierto que el predicamento de Juan Pablo II hacia una transición democrática, alienta dentro la Conferencia Episcopal, al grupo de obispos que habían expresado en diferentes ocasiones críticas y rechazos frente a la desaparición forzosa de ciudadanos obrada por el régimen militar. La definitiva derrota del régimen militar argentino en las islas Malvinas frente a una sociedad ilusionada y agobiada empuja al mismo episcopado a ejercer aquella función de mediación frente a nuevos conflictos internos a la sociedad argentina, que tanto había auspiciado Karol Wojtyla en sus intervenciones durante su estadía en el país austral: “la situación económica actual está exigiendo el ejercicio de la justicia y de la caridad de modo apremiante. Los altos precios y los bajos salarios, el desempleo masivo y la inflación, la usura y la indexación, y por otra parte las extensas inundaciones, provocan angustia y zozobra y afectan la paz y la vida de muchos individuos y familias y hasta de poblaciones enteras”. Terminada la guerra hay que reconstruir una sociedad desgarrada económica y socialmente; de aquí la intención firme y decidida de los obispos: “queremos ser ministros de reconciliación. Queremos ser constructores de alegría y de paz, sirviendo al designio de Dios y a las ansias más hondas de los argentinos”. Asistimos a un progresivo cambio por parte de la Iglesia; pero no es un cambio mimético, utilitarista - como ha sido interpretado por algunos analistas - sino debido al fuerte impacto de la predicación evangélica de Juan Pablo II, que ha cosechado como resultado concreto, una mayor unidad entre sus miembros y una conciencia firme para poder jugar un papel positivo en esa nueva fase histórica que se presentaba. El Santo Padre celebra una misa multitudinaria el 12 de Junio en Buenos Aires. Es la fiesta del Corpus Domini y el pontífice enfoca su predicación sobre el misterio eucarístico, recuerda  que en la misma plaza del Monumento a los Españoles se celebró el congreso eucarístico internacional de 1934, fecha emblemática para el crecimiento del catolicismo argentino en el país. En este cuadro tan lleno de simbolismos y memorias Juan Pablo II vuelve a pronunciar palabras de afecto y de cercanía frente al sufrimiento de una sociedad e indica el lazo estrecho entre el sacrificio de la cruz y la muerte de las víctimas de la guerra: “la verdad sobre el Cuerpo y la Sangre de Cristo, signo de la Nueva Alianza – indica el Papa – será luz para todos aquellos hijos e hijas, tanto de Argentina como también de Gran Bretaña, que en el curso de las actividades bélicas han sufrido la muerte, derramando su propia sangre”.
El pontífice percibe luego en los jóvenes los interlocutores del futuro; a ellos confía un destino de esperanza para el futuro. Las palabras pronunciadas por él serán las que los jóvenes argentinos transformarán en el canto de acogida del Encuentro mundial de los Jóvenes, que se celebrará en abril de 1987 en Buenos Aires, en una Argentina que ha logrado volver en un sistema democrático. Juan Pablo II se hace embajador de un saludo de paz por parte de los jóvenes ingleses que ha encontrado en Cardiff, en su viaje pastoral a Inglaterra. En este sentido el pontífice quiere manifestar, a través del deseo de los jóvenes, que la guerra muchas veces es impuesta por pocos y rechazada por muchos; el Papa quiere dar voz a este pueblo del silencio y su anhelo de paz de transforma en una verdadera imploración: “No dejen que el odio marchite las energías generosas y la capacidad de entendimiento que todos llevan adentro. Hagan con sus manos unidas – junto con la juventud latinoamericana, que en Puebla confié de modo particular al cuidado de la Iglesia – una cadena de unión más fuerte que las cadenas de la guerra. Así serán jóvenes y preparadores de un futuro mejor; así serán cristianos.” Despidiéndose del país rioplatense el pontífice vuelve a pedir una solución negociada y, según el testimonio del cardenal Santos Abril y Castelló, el Papa habría recibido de manera reservada, antes de despegar el avión de vuelta a Roma, la noticia de la rendición del ejército argentino, que luego sería declarada oficialmente dos días después, el 14 de Junio. De alguna manera el Papa parte de Argentina con el objetivo logrado: el cese definitivo de las hostilidades bélicas. Poco antes en el discurso de despedida había dicho: “No se dude en buscar soluciones, que salven la honorabilidad de ambas partes y restablezcan la paz”. Juan Pablo II habría querido obviamente que el conflicto terminara antes, sin la cantidad de víctimas que quedaron en el campo de batalla, pero tuvo que medirse con la inflexibilidad de los dos partes: la actitud belicista del general Galtieri y la dura firmeza de la Primera Ministra inglesa Margareth Thatcher, que con la victoria bélica habría tenido garantizado el éxito para ser reelegida en las elecciones políticas. Motivos políticos internos había llevado al final a los unos al fracaso y a los otros al éxito.” 

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Marco Gallo : “El caso argentino; la acción pacificadora de Juan Pablo II con motivo de la guerra de las Malvinas y su rol para favorecer la vuelta a la democracia” (8 de 11) El viaje a Argentina


Marco Gallo : “El caso argentino; la acción pacificadora de Juan Pablo II con motivo de la guerra de las Malvinas y su rol para favorecer la vuelta a la democracia” (8 de 11) El viaje a Argentina


"Con estos mismos sentimientos e intenciones Juan Pablo II pisa suelo argentino el 11 de Junio:
“mi estadía en tierras argentinas, aun breve por exigencias bien conocidas, será ante todo una súplica con ustedes a Aquel de quien desciende toda paternidad en el cielo y en la tierra, para que llene los ánimos de todos de sentimientos de fraternidad y de reconciliación”. El Papa se presenta como “humilde servidor de la causa de la paz”. Hay que destacar que es la primera vez en la historia de la Iglesia que un pontífice pisa suelo argentino. Podemos recordar que el futuro Pío XII había llegado a Buenos Aires en 1934, en ocasión del Congreso Eucarístico Internacional, como legado papal; pero la visita de un sucesor de Pedro en tierra rioplatense era una novedad absoluta y en el momento de gran incertidumbre que vivía la nación argentina, la aceptación de su visita fue casi unánime y entre los católicos despertó nuevo entusiasmo y esperanza.
 El Papa comienza su peregrinación en el país con un ferviente llamamiento:
“permítanme, desde este momento, que invoque la paz de Cristo sobre todas las víctimas, de ambos bandos, del conflicto bélico entre Argentina y Gran Bretaña: que muestre mi afectuosa cercanía a las familias que lloran la pérdida de algún ser querido” y luego vuelve a reafirmar la importancia de una “governance mundial” : “que solicite de los gobiernos y de la comunidad internacional medidas aptas para evitar daños mayores, sanar las heridas de la guerra y facilitar el restablecimiento de los espacios de una paz justa y duradera y la progresiva serenidad en los espíritus”.
Juan Pablo II, como había afirmado en Coventry, vuelve a repetir en Ezeiza no solo su rechazo a la guerra y a toda forma de soluciones violentas que no respetan la sacralidad de la vida humana y la dignidad profunda de la persona, sino que condena el uso mismo de la guerra, como solución de conflictos y que provoca a menudo imborrables secuelas en la vida de los pueblos: “El espectáculo triste de pérdidas de vidas humanas – afirma – con consecuencias sociales que se prolongarán por no poco tiempo en los pueblos que sufren la guerra, me hace pensar con profunda pena en la estela de muerte y desolación que todo conflicto armado provoca siempre”. Y concluye:
“No estamos ante espectáculos aterradores como los de Hiroshima o Nagasaki; pero cada vez que arriesgamos la vida del hombre, encendemos los mecanismos que conducen hacia esas catástrofes, emprendemos caminos peligrosos, regresivos y antihumanos. Por eso, en este momento la humanidad ha de interrogarse, una vez más, sobre el absurdo y siempre injusto fenómeno de la guerra, en cuyo escenario de muerte y dolor solo queda en pie la mesa de  negociación que podía y debía evitarla.”  Su llamado se concluye de la siguiente manera: “que el mundo aprenda a poner por encima de todo, siempre y en toda circunstancia, el respeto a la sacralidad de la vida; a relegar al olvido el recurso a la guerra, al terrorismo o a métodos de violencia y a seguir, decididamente, senderos de entendimiento, de concordia y de paz”.
En su libro de memorias el canciller Costa Méndez presenta sus impresiones sobre el viaje papal, expresando: “Su santidad mantuvo dos entrevistas con el Presidente Galtieri y con la Junta de Comandantes. En ninguna de las dos oportunidades mencionó el tema bélico ni se refirió a las posibilidades concretas de poner término a las acciones” y subraya “tanto el presidente Galtieri, con quien hablé del tema en diversas oportunidades, como los miembros de la Junta me aseguraron, y no tengo por qué dudar de su opinión, que el tema no fue analizado nunca, durante esas cuarenta y ocho horas”. Costa Méndez está convencido que el discurso sobre la paz fuera “como circunstancial”: “Es cierto que (el Papa) se refirió también, claro que en términos abstractos y generales, a los horrores de la guerra nuclear, como no podía ser de otra manera”. 
En el primer encuentro multitudinario que se realiza en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires el Papa dirige un significativo discurso a los sacerdotes y a los religiosos y religiosas argentinos. Su primera preocupación es la de restaurar ante todo en la iglesia una unidad que en estos años atormentados ha sido fuertemente desgastada y de alguna manera ha favorecido ulteriores desuniones y particularismos. Juan Pablo II pone énfasis sobre el restablecimiento de un clima de fraternidad y de reconciliación dentro de la Iglesia. Si la Iglesia está dividida ¿cómo puede transmitir un mensaje de unidad a una sociedad fuertemente fragmentada? Este parece el primer objetivo de Wojtyla; restablecer un clima de pacificación social, que la guerra ha ulteriormente deteriorado.El papa considera a los religiosos como hombres y mujeres de oración y por ello les pide que la oración sea la gran arma de los cristianos contra la guerra: “hoy vengo para orar con ustedes...vengo a orar por todos aquellos que han perdido la vida; por las victimas de ambas partes; por las familias que sufren, como igualmente lo hice en Gran Bretaña. Vengo a orar por la paz, por una digna y justa solución del conflicto armado. Ustedes que en esta tierra argentina son por título del todo especial hombres y mujeres de oración, elévenla a Dios con mayor insistencia, tanto personal como comunitariamente”. Juan Pablo II quiere que en este momento histórico tan dramático, crezca una Iglesia que ora y que da su testimonio de paz y de reconciliación.
Es seguramente un momento de cambio de muchos dentro de la Iglesia y dentro de la sociedad; aquel monolitismo a favor del conflicto bélico, la causa de una guerra justa, comienza con las palabras del Papa a quebrarse y a manifestar fuertes perplejidades.
Posiciones y reacciones antes del viaje del Papa.
La cuestión de la guerra justa era aprobada tanto por la Iglesia argentina como por la Iglesia anglicana y por el mismo Arzobispo católico de Westmister, Basil Hume y esto pone de relieve el coraje y la mentalidad contra corriente de Karol Wojtyla. Es interesante notar que el senador Rodolfo Terragno en ocasión de la muerte de Juan Pablo II en 2005, en un homenaje del Senado argentino recuerda justamente la intervención del Papa polaco durante la Guerra de las Malvinas con estas palabras: “el Card. Hume había dicho que la guerra era justa, y había pedido a Juan Pablo II que suspendiera su viaje a Gran Bretaña. Juan Pablo II no solo no lo suspendió, sino que se dirigió por carta a la primera ministro Margareth Tatcher y al general Galtieri, pidiendo la tregua, el compromiso y el diálogo... Entonces, el Papa decidió que iba a hacer un viaje pastoral, primero a Londres y luego a Buenos Aires, con la esperanza de imponer una tregua de hecho”. Y termina este homenaje con una afirmación muy interesante; “Él no detuvo la guerra pero influyó en los sentimientos. Después del hundimiento del crucero General Belgrano y del Sheffield, el propio Arzobispo de Canterbury se vio obligado a reconocer su error: dijo que cuando se sobrepasa cierto límite, la guerra ya no es justa”. Y termina con una punta de amargura: “Juan Pablo II lo sabía y trató de transmitir este mensaje de paz. En otros casos fue escuchado. En éste y en muchos más, no lo fue. Pero sus enseñanzas deben acompañarnos”.
Ante una sociedad que comienza a ver con sus propios ojos el desastre de la guerra y las negativas consecuencias de un nacionalismo fanático, Juan Pablo II hablando a los obispos argentinos, presenta su visión universal de la Iglesia, amonestando sobre los riesgos de una iglesia nacionalista, ensimismada y que no vive a pleno la propia catolicidad.
Nuevamente la búsqueda de la unidad debe ser el objetivo principal de la tarea pastoral del obispo. El obispo debe ser según la concepción wojtyliana “promotor de la irrenunciable identidad de las diversas realidades que componen su pueblo”. Ser promotor de unidad sin uniformidad y sin aplastar las diferencias: “es fácil – amonesta Juan Pablo II – y puede ser cómodo a veces, dejar las cosas diversas abandonadas a su dispersión. Es fácil, colocándose en el otro extremo, reducir por la fuerza la diversidad a una uniformidad monolítica e indiscriminada. Es difícil, en cambio, construir la unidad conservando, mejor aún, fomentando la justa variedad. Se trata de saber armonizar valores legítimos de los diversos componentes de la unidad, superando las naturales resistencias, que brotan con frecuencia de cada una. Por eso – afirma, ser obispo será ser siempre artífice de armonía, de paz y de reconciliación.” El ministerio episcopal es esencialmente un ministerio de reconciliación que debe tratar de sanar todas las fracturas y heridas presentes en la sociedad. En este sentido el pontífice advierte implícitamente sobre el riesgo de una politización de la Iglesia: “No lo hará [el ministerio episcopal] con los instrumentos de la política, sino con la palabra humilde y convincente del Evangelio”. Juan Pablo II es consciente de estar frente a una sociedad profundamente fragmentada en la cual los obispos han apoyado con cierto fervor la razón de la soberanía y en cambio, frente a una inminente derrota militar, viven una cierta desorientación. En esta perspectiva Juan Pablo II hace un discurso sobre la catolicidad y la universalidad de la Iglesia, para liberar el episcopado de una visión reducida de su misión:
“efectivamente – afirma el pontífice – en virtud de la función espiritual que ejerce ante el Pueblo de Dios, un pueblo de Dios concreto, encarnado en un determinado sector de la humanidad – cada obispo, por vocación y carisma, es al mismo tiempo, testigo de lo que llamamos patriotismo, entendiéndolo aquí como la pertenencia a un determinado pueblo, con sus riquezas espirituales y culturales más propias. De aquí derivan las dos dimensiones de la misión episcopal: la del servicio a lo particular- a su diócesis y por extensión, a la iglesia local de su país y la apertura a lo católico, a lo universal, a nivel continental o mundial."

martes, 27 de noviembre de 2012

Marco Gallo : “El caso argentino; la acción pacificadora de Juan Pablo II con motivo de la guerra de las Malvinas y su rol para favorecer la vuelta a la democracia” (7 de 11) Impulsos para que el Papa viaje a Argentina


Marco Gallo : “El caso argentino; la acción pacificadora de Juan Pablo II con motivo de la guerra de las Malvinas y su rol para favorecer la vuelta a la democracia” (7 de 11) Impulsos para que el Papa viaje a Argentina

“En esta misma perspectiva es importante destacar las gestiones que también hizo el abogado Eduardo F. Trusso, que posteriormente, en los años Noventa, será nombrado embajador argentino ante el Vaticano. Trusso escribió al Nuncio Apostólico Ubaldo Calabresi, en favor de que el Papa viajara a la Argentina, después de ir a Inglaterra: “Creo que el tiempo urge y las palabras del Apóstol me animan ‘oportuna e inoportunamente’ a sugerir humildemente que se haga lo imposible para que el Sumo pontífice viaje a la Argentina directamente desde Gran Bretaña, posponiendo cualquier otro compromiso y especialmente, me atrevería a decir, la reunión con el Presidente Reagan”. Trusso define esto una utopía, pero tal como expresa en un pequeño panfleto escrito por el mismo: “Juan Pablo II quiso que esta utopía se convirtiera en ‘topí’a”. Además escribe en el diario “La Nación” del 31 de mayo, como respondiendo a la carta dirigida por el Papa a los argentinos: “concretamente: al emprender su viaje pastoral y ecuménico desde Gran Bretaña a Argentina, el Sumo Pontífice – acompañado de obispos ingleses, católicos y anglicanos- pediría un alto el fuego hasta su viaje a la Argentina y mientras dure su estada en este país”. “En la Argentina – celebraría la liturgia de la Misa en comunión con obispos argentinos y británicos y propondría como trabajo levantar en las Malvinas un Monasterio dedicado a la contemplación de Estudios Bíblicos.”
Es cierto por otra parte, como ya se ha mencionado, que la Iglesia argentina había dado el guiño bueno a los militares acerca de la toma de las islas del Atlántico Sur; una cierta concepción nacionalista era mayoritaria entre los prelados y la misma concepción de patria y patriotismo será corregida y precisada en los discursos y recomendaciones que Wojtyla pronunciará durante su estadía en Buenos Aires.
El Papa después de la misa por la paz, la declaración conjunta de los obispos y la carta a los argentinos, efectúa el programado viaje a Inglaterra del 28 de Mayo al 2 de Junio. Justamente en la audiencia general del miércoles 26 de Mayo, vísperas del viaje el Papa explica a los fieles presentes el sentido del viaje y lee la carta que enviará a los argentinos y vuelve a subrayar que el viaje “no tiene ningún carácter político, sino exclusivamente pastoral, y está desprovisto incluso de los contactos con las autoridades gubernamentales que son normales en casos semejantes”. La carta será entregada en aquellos días de Mayo al general Galtieri, en un viaje relámpago, por Mons. Achille Silvestrini, entonces secretario de los Asuntos Públicos de la Iglesia, que anuncia a la cúpula militar el próximo viaje del Papa al país rioplatense. La noticia de la visita del Papa fue recibida con alegría y esperanza por la grey católica; entre los militares hubo una positiva aceptación, con la esperanza no tan oculta, de jugar y aprovechar la visita papal para apuntalar la imagen muy deteriorada del gobierno frente a la opinión pública local e internacional.” 

lunes, 26 de noviembre de 2012

Marco Gallo : “El caso argentino; la acción pacificadora de Juan Pablo II con motivo de la guerra de las Malvinas y su rol para favorecer la vuelta a la democracia” (6 de 11) Los obispos argentinos frente a la guerra


Marco Gallo : “El caso argentino; la acción pacificadora de Juan Pablo II con motivo de la guerra de las Malvinas y su rol para favorecer la vuelta a la democracia” (6 de 11) Los obispos argentinos frente  a la guerra

“Ya en la Asamblea plenaria del 20 abril los obispos argentinos en un documento público habían expresado la preocupación por el conflicto, manifestando la cercanía y la solidaridad a quienes estaban en el dolor, pero en la búsqueda de  un complejo equilibrio, expresaban también la alegría “por la integridad de nuestro suelo”. Hay una suerte de convicción entre los prelados en el sentido de que la invasión no lleve a riesgos mayores: “la Argentina está de nuevo en posesión de la soberanía de sus Malvinas, con un derecho que ha venido reclamando durante ciento cuarenta y nueve años; y que ha obtenido en forma casi cruenta (sic)...”. Asimismo los obispos no ocultan el crecimiento del conflicto: “compartimos la alegría con nuestros conciudadanos por la integridad de nuestro suelo, pero también el temor de todos: la preocupación de una guerra de consecuencias inevitables”.


Ya en aquellos días de Abril, Juan Pablo II había escrito sendas cartas al general Galtieri por un lado y a la primera Ministra inglesa Margareth Thacher para hacer lo imposible y buscar soluciones pacíficas y consensuadas al conflicto. Según declaraciones del Card. Santos Abril y Castelló el  mismo Card. Primatesta, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, había manifestado a Wojtyla el dramatismo de la situación y de alguna manera había alentado la realización del viaje del Papa a Argentina, sin embargo la decisión última para realizar este inédito viaje fue del mismo Santo Padre. El 2 de Abril el Card. Primatesta había emitido un comunicado bastante prudente donde exhortaba a los argentinos para que se encontraran caminos que evitaran un conflicto: “exhorta vivamente a todo el pueblo de Dios a expresar su unión en una ferviente y constante súplica para que el Señor abra muy pronto aquellos caminos de paz que asegurando el derecho de cada uno, ahorren los males de cualquier conflicto; para que también conceda a todos los responsables de tan graves situaciones la prudencia, la fortaleza y la gracia necesaria para convertirse en instrumentos de Su voluntad y de Su amor en bien de la convivencia de los hombres...”. El cardenal expresaba una voluntad común de la Iglesia para evitar otros derramamientos de sangre, en una sociedad ya marcada, como la argentina, por las divisiones y por la represión indiscriminada actuada por el régimen, que en aquellos años había producidos miles de desaparecidos y de prófugos.” 


domingo, 25 de noviembre de 2012

Marco Gallo : “El caso argentino; la acción pacificadora de Juan Pablo II con motivo de la guerra de las Malvinas y su rol para favorecer la vuelta a la democracia” (5 de 11) Otros gestos de paz: la misa de reconciliación


Marco Gallo : “El caso argentino; la acción pacificadora de Juan Pablo II con motivo de la guerra de las Malvinas y su rol para favorecer la vuelta a la democracia” (5 de 11)  Otros gestos de paz: la misa de reconciliación

“Juan Pablo II en la carta a los argentinos había enumerado todos los esfuerzos realizados en pos del diálogo y entre los tantos se evidencia (porque es un gesto poco habitual en la tradición contemporánea de la Iglesia) el de celebrar una misa “pro pace et justicia servanda” para invocar la paz sobre la guerra del Atlántico Sur. El pontífice concelebra la liturgia junto a algunos obispos argentinos e ingleses, precisamente para subrayar que la Iglesia está por encima de las divisiones políticas y asimismo acompaña y es cercana al dolor de las naciones. Recuerda la famosa expresión de Pio XII: “con la paz nada está perdido, todo se puede perder con la guerra”. Hace un llamado a la razón, apelando a la capacidad para discernir entre el bien y el mal, manifestando la justa actitud para reclamar los propios derechos pero sin aplastar los ajenos y condenando como estéril e irracional el uso de la fuerza: “El amparo a la razón rinde al hombre un ser civil, que no está reducido a poder solucionar las divergencias con sus propios símiles solamente con el uso de la fuerza, sino que es capaz de buscar y de hallar la solución de ésas, a través del diálogo, el coloquio y la negociación.
Juan Pablo II no es un ingenuo, un utópico pacifista, es plenamente consciente de las dificultades y de los diferentes obstáculos que se encuentran en este incierto camino de reconciliación. Como pacificador se refiere a la unidad del género humano y advierte sobre los riesgos de un patriotismo que puede desembocar en un fanatismo nacionalista. Así las palabras de Karol Wojtyla: “...las dificultades pueden parecer ‘no superables’. Pero nunca son insuperables, si las partes saben dar, ambos, prueba de recíproca comprensión de los propios y ajenos derechos e intereses vitales, incluido el honor nacional legítimamente entendido; De estas exigencias los obispos presentes deben hacerse embajadores, sin buscar polarizaciones indebidas sino presentando de manera clara e unívoca la posición de la Iglesia. Una posición garante de la unidad que es ante todo ejemplo de vida y de acción. La Iglesia debe recordar  a todos la misión de preservar a los hombres como “imagen de Dios” que a menudo la guerra desfigura y vulgariza: “... de esta experiencia típicamente cristiana yo les pido, venerables hermanos e hijos queridísimos, hacerse testigos y voceros. Proclamen ante todos con la palabra y con el ejemplo que es posible, aun respetando las justas exigencias del patriotismo, salvaguardar aquella superior unidad de pensamientos, de intentos, de realizaciones, que se arraiga en la común naturaleza humana y que tiene su máxima expresión en la vocación a la misma descendencia divina...”. 
Cuatro días después de la Misa por la paz, el 26 de Mayo, como respuesta al pedido del Papa aparece una declaración conjunta, suscripta por el Arzobispo de Liverpool, Mons. Worlock, el Arzobispo de Glasgow, Mons. Winning, por el Card. Gray, Arzobispo de Sr. Andrews y Edimburgo y el Card. Hume, Arzobispo de Westminster; por parte de los obispos argentinos, los firmantes son el Card. Primatesta y el Card. Aramburu. En la declaración los obispos agradecen al papa por la iniciativa de celebrar la Misa por la paz y se comprometen en trabajar por una solución pacífica del conflicto.
Hay como un examen de conciencia por parte de los dos episcopados; no se ha hecho todo lo posible para evitar el conflicto, los espacios de movimiento eran exiguos, pero es cierto que ambos episcopados habían sido hasta el momento poco activos en la búsqueda de negociados. En esta perspectiva las palabras de la declaración no son de circunstancia o formales, sino que adquieren un espesor de fuerte responsabilidad. Termina de esta manera la declaración conjunta: “la paz es un don de Dios. Tenemos que orar todos para que este don precioso sea restituido a nuestros pueblos. Nos comprometemos a trabajar para lograr un clima de serena convivencia en el mundo que permita al Santo Padre continuar su misión pastoral de paz entre las naciones.”

sábado, 24 de noviembre de 2012

Marco Gallo : “El caso argentino; la acción pacificadora de Juan Pablo II con motivo de la guerra de las Malvinas y su rol para favorecer la vuelta a la democracia” (4 de 11) La carta de Wojtyla a los argentinos.


Marco Gallo : “El caso argentino; la acción pacificadora de Juan Pablo II con motivo de la guerra de las Malvinas y su rol para favorecer la vuelta a la democracia” (4 de 11)  La carta de Wojtyla a los argentinos.

En una reciente conversación mantenida con el cardenal Santos Abril y Castelló, ex Nuncio apostólico en Argentina al final de los Años Noventa y que formó parte de la comitiva papal en el viaje de 1982 a Buenos Aires, comentaba que ya desde el comienzo del conflicto, toda la Santa Sede bajo la presión del Papa, se movió unánime para encontrar las maneras y los canales adecuados para poner fin a la contienda. Seguramente el viaje pastoral programado dos años antes a Inglaterra podía ser una oportunidad única para llevar a aquellas tierras sus mensajes de paz y de reconciliación. Quedaba justamente la preocupación de parte del pontífice que este viaje a Gran Bretaña pudiera ser interpretado por el pueblo argentino, como un apoyo implícito al país anglosajón. Justamente para explicar la situación, de manera inédita, Juan Pablo II escribe una carta a los fieles argentinos el 25 de Mayo, fecha altamente simbólica por conmemorarse el día de la Primera Junta del  nuevo gobierno patrio de 1810; en dicha carta quiere aclarar el sentido de su viaje a Inglaterra. El papa explica de antemano que sus viajes no necesitan ser justificados, porque únicamente razones pastorales y de servicio evangélico al mundo responden a esas exigencias. Afirma Juan Pablo II: “la cancelación del viaje hubiera sido una desilusión no solo para los católicos sino también para muchísimos no católicos, que lo consideran singularmente importante también por su significado ecuménico, y efectivamente lo es. Ellos saben, en efecto, que la visita del Papa tiene un carácter pastoral y para nada político”.
El Papa desea comunicar a los argentinos la esperanza, a pesar del drama real  que se vive; enumera todos los esfuerzos llevados adelante para lograr una pacífica negociación: “he rezado muchas veces por esta intención, especialmente durante mi reciente peregrinación a Fátima y de manera muy especial durante la Misa por mí concelebrada, el 22 de este mes, en la Basílica de San Pedro junto a los pastores de la Iglesia Argentina, de América Latina y los de la Iglesia de Inglaterra, Escocia y Gales. Permanecen todavía vivas, con toda su exigencia, las frases que he pronunciado en una circunstancia tan histórica: “La paz es posible, la paz es una tarea imperiosa”. El papa precisa que él viajará a Argentina después de ir a Gran Bretaña de manera inédita; no será un viaje pastoral, el que será programado en un futuro, sino que será un viaje para pedir “la victoria de la justa paz sobre la guerra”. El  Papa hace luego un llamado a los obispos argentinos para que transmitan el verdadero significado de este viaje apostólico. La búsqueda de la unidad debe prevalecer sobre cualquier forma de patriotismo que pueda dividir y profundizar los contrastes: “... asimismo, a pesar de respetar las justas exigencias del patriotismo, sean voceros de aquella unidad que en Cristo y ante Dios, Creador y Padre, abraza todos los pueblos y todas las naciones, más allá de lo que distingue, divide o hasta opone recíprocamente...”
El Papa quiere evitar cualquier tipo de polarización y manifiesta cual debe ser la posición de la Iglesia frente a la guerra, una posición libre de condicionamientos políticos e ideológicos, solamente esta libertad puede garantizar un accionar autónomo, premisa indispensable para mediaciones exitosas:
“La Iglesia, aun conservando el amor hacia cada singular nación, no puede dejar a un lado de tutelar la unidad universal, la paz y la comprensión recíproca. De esta manera, también en medio de las tensiones políticas y de las calamidades que engendra la guerra, la Iglesia no cesa de testimoniar la unidad de la gran familia humana y busca los caminos que evidencien tal unidad, más allá de las trágicas divisiones. Son los caminos que conducen a la justicia, al amor y a la paz.” 

viernes, 23 de noviembre de 2012

Marco Gallo : “El caso argentino; la acción pacificadora de Juan Pablo II con motivo de la guerra de las Malvinas y su rol para favorecer la vuelta a la democracia” (3 de 11) La pedagogía de la paz de Juan Pablo II


Marco Gallo : “El caso argentino; la acción pacificadora de Juan Pablo II con motivo de la guerra de las Malvinas y su rol para favorecer la vuelta a la democracia” (3 de 11)  La pedagogía de la paz de Juan Pablo II
“Este panorama difícil y lleno de incógnitas y obstáculos es el que se presenta ante la mirada angustiada y preocupada del pontífice polaco. Desde las primeras noticias sobre el inicio del conflicto, Juan Pablo II ha intentado por todos los medios detenerlo y encarrilarlo por los caminos del diálogo. Trata de involucrar a los episcopados argentinos e ingleses, invitándolos a ceremonias comunes por la paz, como también a firmar declaraciones conjuntas que empujen a los beligerantes a conversar. En una reciente conversación con el cardenal Jorge Mejía, él recordaba toda la pedagogía de paz llevada adelante por Juan Pablo II, justamente ante el desencadenamiento de conflictos de esta envergadura y significativamente uno de los conceptos eje de su estrategia lo presenta durante el viaje pastoral que efectúa al final de Mayo de 1982 a Inglaterra. En efecto en la ciudad mártir de Coventry, destruida por los bombardeos alemanes en la Segunda Guerra Mundial, así expresa su rechazo a la guerra: “hoy el alcance y el horror de la guerra moderna, sea nuclear o convencional, hacen esta guerra totalmente inaceptable como medio para arreglar disputas y desacuerdos entre naciones. La guerra debería pertenecer al trágico pasado, a la historia, no debería encontrar lugar en los proyectos del hombre para el futuro”.
El pontífice subraya que “la paz no es simplemente ausencia de guerra”. La paz requiere una construcción diaria: “requiere cooperaciones y acuerdos vinculantes. Como una Catedral, la paz debe ser construida, pacientemente y con fe inquebrantable”.
El Papa hablando tiene presente el conflicto del Atlántico Sur, a pesar de no citarlo expresamente para no prestarse a juicios de “injerencia no debida”. Continúa el Papa: “las voces de los cristianos se unen a las de otros hombres para solicitar a los responsables de todo el mundo que renuncien a la confrontación y rechacen aquellas políticas que demanden a las naciones el gasto de enormes sumas para armas de destrucción total.”
Era el día de Pentecostés de aquel 1982 y Juan Pablo II pide la intervención del Espíritu Santo: “nosotros rezamos para que el Espíritu Santo pueda inspirar a los gobernantes en todo el mundo para comprometerse en un diálogo fecundo”. Y luego dirige un llamado a los jóvenes ingleses que van a recibir el sacramento de la confirmación:
“...serán testigos de la verdad del Evangelio en el nombre de Jesús Cristo. Su vida será tal para santificar toda la vida humana... devendrán piedras vivas de la catedral de la paz. Están llamados por Dios para ser instrumentos de paz...”. Es como si el pontífice quisiera preservar a esas nuevas generaciones de las tristes secuelas de la guerra: “hoy reciben el don del Espíritu Santo para que puedan obrar con fe profunda y con caridad constante, para que puedan contribuir a llevar al mundo los frutos de la reconciliación y de la paz.” Y concluye: “...fortalecidos por el Espíritu Santo y por su múltiples dones, comprométanse con todo el corazón en la lucha de la Iglesia contra el pecado. Busquen ser desinteresados, esfuércense en no quedar obsesionados por las cosas materiales, sean miembros activos del Pueblo de Dios; reconcíliense los unos con los otros y dedíquense a las obras de justicia, que llevarán paz sobre la tierra”. Frente a un conflicto en pleno crecimiento Juan Pablo II mira al futuro con ojos de esperanza.”

jueves, 22 de noviembre de 2012

Marco Gallo : “El caso argentino; la acción pacificadora de Juan Pablo II con motivo de la guerra de las Malvinas y su rol para favorecer la vuelta a la democracia” (2 de 11) Juan Pablo II frente a la guerra del Atlántico Sur





Marco Gallo : “El caso argentino; la acción pacificadora de Juan Pablo II con motivo de la guerra de las Malvinas y su rol para favorecer la vuelta a la democracia” (2 de 11)  Juan Pablo II frente a la guerra del Atlántico Sur


“Juan Pablo II desde el comienzo percibe la necesidad de hacer algo, dar señales claras contra el conflicto y propiciar negociaciones razonables. Unos días después de la ocupación de las islas por parte del ejército argentino, se celebra la Pascua y el pontífice polaco en su mensaje “urbi et orbi” cita explícitamente la crisis bélica austral: “la alegría pascual ha sido turbada por situaciones de tensión o de conflicto en algunas partes del mundo... últimamente se ha agregado una grave tensión entre dos países de tradición cristiana, Argentina y Gran Bretaña, con pérdida de vidas humanas y con la amenaza de un conflicto armado y con temibles repercusiones en las relaciones internacionales”. El discurso del Papa se transforma en un apasionado llamado: “Formulo entonces el voto ferviente y un llamamiento particularmente urgente a las partes en causa, para que quieran buscar, con responsable compromiso y con toda buena voluntad, los caminos de una pacífica y honorable composición de la crisis, mientras todavía queda tiempo para prevenir un choque sangriento.” Y termina con un tono fuerte entre la angustia y la esperanza: “¡paz! ¡Paz en la justicia, en el respeto de los principios fundamentales universalmente reconocidos y afirmados por el derecho internacional, en la mutua comprensión! ¡La oración de todos movilice y sostenga el debido esfuerzo de los responsables de una y de otra parte y de cuantos querrán interponer su obra amistosa para lograr la auspiciada pacificación!”
Ya el 6 de abril en un discurso dirigido al secretario de las Naciones Unidas de visita al Vaticano, Juan Pablo II hace referencia a la “situación bien delicada que se ha creado entre Argentina y Gran Bretaña” y pide en este sentido que en la sede de las Naciones Unidas se lleven a cabo todos los esfuerzos posibles para detener el conflicto, fiel en esto a su concepción de las Relaciones internacionales, como hemos dicho anteriormente. El Papa es consciente de la necesidad de una paz justa y honorable para ambas partes y respetuosa del derecho internacional. En el “Regina Caeli” del 18 de abril, durante su visita pastoral a Bolonia, Juan Pablo II vuelve a hablar del conflicto del Atlántico Sur y se pregunta si se llegará a un entendimiento entre los beligerantes. El pontífice quiere que pronto se logre una paz honorable y que esta paz llegue con la colaboración de todos: “la comunidad de los pueblos no puede quedar inerte, no solo en sus grandes instituciones, sino también en cada uno de sus miembros. La paz es un bien de todos. Las crisis ponen de relieve quién habla de paz y quién verdaderamente realiza la paz”. El pontífice es consciente de la urgencia de terminar pronto el conflicto, evitando un mayor número de víctimas y de derramamiento de sangre y por esto confía en la fuerza de la oración y en la acción conjunta y eficaz de instituciones internacionales como las Naciones Unidas: “los invito a orar para que las autoridades de los dos pueblos interesados sean iluminadas con la acción concorde de los responsables de las otras naciones. Pidamos que la buena voluntad de unos y la solidaridad de los otros se manifiesten en un esfuerzo común que tienda a la paz”.
En efecto la aventura bélica contra Inglaterra por la soberanía de las islas del Atlántico Sur, como nota Alain Rouquié3 fue llevada por los militares argentinos con cierta habilidad. Es objetivo el juicio que el estudioso francés propone “la manipulación de la opinión fue conducida de un modo magistral, el fervor patriótico poderosamente mantenido del 2 de Abril al 13 de Junio”. Este nacionalismo será la base del consentimiento popular a la estrategia militar; gran parte de la sociedad civil argentina y también dentro de la misma Iglesia católica, hay un apoyo incondicional. Esta actitud, sin lugar a dudas, agrega obstáculos y dificultades a un camino de negociación, en razón de la visión unilateral con la cual se mira la cuestión de la soberanía de las islas disputadas.”


miércoles, 21 de noviembre de 2012

Marco Gallo: “El caso argentino; la acción pacificadora de Juan Pablo II con motivo de la guerra de las Malvinas y su rol para favorecer la vuelta a la democracia” (1 de 11) Introducción


Vuelvo al Coloquio a 30 años de la guerra deMalvinas, Mediaciones Pontificias y Transiciones políticas a la democracia en América Latina, presentado por el Instituto de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales y la Cátedra Juan Pablo II de la UCA.

La UCA – tal como lo  hace usualmente – publicará todas las ponencias en forma de libro en unos meses. El Lic. Marco Gallo tuvo la gentileza de facilitarme la suya - aclarándome que es una síntesis - que aquí publico  con su permiso en 11 posts. Muchas gracias nuevamente Lic. Gallo por este “anticipo”.

 - o - 

(WikipediaFragmento del mapa de Piri Reis de 1513, donde se observan unas islas que podrían ser las Malvinas)
Marco Gallo: “El caso argentino; la acción pacificadora de Juan Pablo II con motivo de la guerra de las Malvinas y su rol para favorecer la vuelta a la democracia” (1 de 11)  Introducción

 "La acción pacificadora desarrollada por Juan Pablo II es conocida en Argentina en relación a la contienda con Chile por el canal del Beagle y la exitosa mediación papal que evitó al final de los años Setenta una guerra con ese país, de imprevisibles consecuencias. Lo que hoy queremos analizar es el rol protagónico jugado por el pontífice polaco para poner fin al dramático conflicto entre Argentina e Inglaterra, respecto a la soberanía de las Islas Malvinas/Falklands del Atlántico Sur. Este conflicto se desencadena el 2 de Abril de 1982  con la invasión a las islas por parte de las tropas argentinas enviadas por un régimen militar agotado y que ha sembrado mucha desilusión entre la población civil. La reacción de Inglaterra no tarda en llegar con el envío de su flota. Las Naciones Unidas, por su parte, condenan la unilateralidad de la acción del país latinoamericano. Es dable destacar que la presente exposición no considerará ni la génesis ni las razones del conflicto, como así tampoco las reivindicaciones de las islas de parte de Argentina o las razones de la intervención inglesa, dado que el eje se orienta puntualmente a la acción papal.    
Ante un conflicto que ve a dos países cristianos como protagonistas, Juan Pablo II desde el comienzo aboga por la paz, en la búsqueda de un razonable negociado que respete el derecho internacional. La crisis con Chile ya había evidenciado a la diplomacia vaticana la dificultad para encontrar soluciones compartidas entre los beligerantes. 
El nuevo conflicto crea preocupación en la diplomacia de la Santa Sede y engendra temores frente a un cuadro mundial donde la guerra fría en América Latina había recrudecido con la guerra civil salvadoreña desatada tras la muerte de Mons. Romero en 1980 y sucesivamente la revolución sandinista en Nicaragua. No obstante esto, como nota Marco Mugnaini1, este conflicto se puede colocar fuera de los esquemas de la guerra fría. Hay que tener en cuenta, además, que la pugna se desencadena mientras se desarrollaba la mediación vaticana entre Chile y Argentina por el canal del Beagle. Sobre la actitud decidida del pontífice, Andrea Riccardi nota agudamente que “la imparcialidad tradicional en los Papas con dos países en guerra, en Juan Pablo II se resuelve con el apasionamiento por la intervención a favor de la paz, que a veces parece ir más allá de los límites de la prudencia tradicional.”2
La visión wojtyliana de las relaciones internacionales emerge también en este caso específico. Es una “teología de las naciones para la cual – observa el mismo Riccardi – los pueblos no se encuentran plenamente expresados por los Estados”. Consecuencia directa de esta original concepción es que la comunidad internacional es considerada como “una familia de naciones”. En esta perspectiva, en el centro del conjunto de relaciones internacionales, deben situarse las Naciones Unidas, visto como órgano de control de todas las tensiones que se desatan por el planeta pero también como espacio de diálogo y de afirmación del derecho de cada nación." 

lunes, 15 de octubre de 2012

Mediaciones pontificias y Transiciones pacíficas a la democracia en América Latina durante el pontificado de Juan Pablo II UCA 15 y 16 de octubre 2012


Recuerdo que hoy comienza el coloquio “Mediaciones pontificias y Transiciones pacíficas a la democracia en América Latina – de la dictadura a la democracia”   Organizado por la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación y la Cátedra Juan Pablo II en la UCA.



El programa se desarrollará en dos partes hoy 15 de octubre a partir de las 18.00hs y mañana 16 de octubre de jornada completa comenzando a las 09.00hs, en el Auditorio Cardenal Pironio, Av. Alicia M. de Justo 1600. En el Coloquio se destaca un acto de homenaje a Juan Pablo II a 30 años de la guerra de Malvinas. Más información en el sitio de la Pontificia Universidad Católica Argentina.


domingo, 2 de septiembre de 2012

Seminario “La información religiosa durante el Pontificado de Juan Pablo II” en la UCA

(muchas gracias al Lic. Marco Gallo, Director de la Cátedra Juan Pablo II por las fotografías) 



El Seminario La Información religiosa durante el Pontificado de Juan Pablo II que tuvo lugar en la UCA el 28 de agosto pasado trascendió lo que el titulo mismo ofrecía.  Quizás “religioso” es una palabra que -  tristemente -  no atrae siquiera a muchos que se dicen y consideran católicos.  Lamentablemente aún no hemos descubierto,  o - en nuestro diario trajinar  - no nos dedicamos a descubrir,  la riqueza de un magisterio que revoluciono la Iglesia y el mundo y que fue mucho mas allá de lo que comúnmente  llamamos religioso, invitándonos a convertirnos de corazón, a abrirnos al otro, seguir al Maestro.  Fiel discípulo del Concilio Vaticano II Juan Pablo II abrazo la experiencia, la extrapolo a Polonia y después la constituyo como base de todo su pontificado continuando,  refrescando y complementando aquel asombroso “aggiornamento” que Juan XXIII providencialmente había presentido que necesitaba la Iglesia.  
 La comunicación de Juan Pablo II con el mundo mediante sus viajes apostólicos y el acceso a tecnologías de avanzada facilitó la universalidad de su mensaje. Pero como decía la  Directora del Instituto de Comunicación Social, Periodismo y Publicidad de la UCA,  Dra. Teresa Baquerin de Riccitelli  “en esta aldea global, en este mundo mediático no solo se trata de comunicar sino de “inculturar”.”  Y este inculturar exige esfuerzo, reflexión, dedicación.  No hay otro camino si queremos ser miembros activos de una Iglesia que necesita ser reanimada, reforzada y ora por una nueva evangelización.




Para comunicar a Cristo Juan Pablo II se servia de los tres elementos logos, pathos, ethos pero su mayor fuerza discursiva radicaba en el ethos (Ma. Teresa Teramo)  La Dra. Teramo utilizo un ejemplo sencillísimo para explicar estos tres elementos: logos: lluvia (el discurso, la razón); pathos: me fastidia (la emoción) ; ethos: no miento (la honradez, la verdad). Es la persona no el cargo lo que da garantía moral….que comprenda el que escucha, la obligación de la verdad la principal de todas las verdades: la persona como ser libre.  La comunicación es comunión. (Teramo)  



(de izq. a der: Lic. Marco Gallo, Jose Ignacio Lopez, Dra. Teramo, Martino Rigacci Hay/ANSA)

 La Dra Teramo cito también a Veritatis Splendor como el magisterio de la ética.  Citó también un video de youtube del viaje apostólico de Juan Pablo II en Cuba, que no encontré, pero encontré estos cuatro que realmente merecen la pena ser vistos. (Hare un post por separado, para dejarlos más accesibles). El viaje de Juan Pablo II a Cuba y su encuentro con Fidel Castro me impresionó muchísimo en su momento y sigue siendo para mi uno de los momentos cumbre de su Pontificado. Invito visitar mis posts etiquetados Cuba.  Los videos disponibles en youtube cubriendo el viaje a Cuba son cuatro

 Javier Fernandez de la agencia ANSA nos hablo de los rigores de ser un  periodista verdaderamente vaticanista, trabajo que demanda rapidez, exactitud y mucho estudio. Explico el magisterio de Juan Pablo II como una aparente paradoja el Medioevo y la TV, continuidad y renovación. Menciono que durante el pontificado de Juan Pablo II se “revoluciono” la Santa Sede con el nombramiento del Dr. Joaquin Navarro Valls: la primera vez que un laico, con un estilo particular,  era nombrado como director de la Sala de Prensa del Vaticano. No existía el off the record.

En algún momento el Dr. Gallo subrayo la importancia de la agencia AICA.  Personalmente la considero esencial para tener un vuelo de pájaro sobre temas importantes en la Iglesia. Siempre se descubre algo que invita a reflexionar, investigar, profundizar.

Me impresionaron profundamente las palabras de Jose Ignacio Lopez del  diario La Nación, contando hechos olvidados de nuestra casi-guerra con Chile. 



(Jose Ignacio Lopez)

Argentina tenia los aviones cargados con bombas, y hacia Mendoza salían vagones enteros con ataúdes para los que caerían en aquella guerra que Juan Pablo II evitó con su certero, urgente y decidido apoyo y la mediación del cardenal Samoré, que según Lopez dio la vida por esta causa.  Estábamos tan solo a 6 horas del comienzo de una guerra absurda! Enterado el Papa del conflicto que estaba por estallar actuó de inmediato.  Fue la única mediación de la Iglesia en el siglo XX. “López fue testigo, como periodista, de la llegada a la Argentina del cardenal Samoré, en la Navidad de 1978, para mediar en el conflicto entre las dos naciones. Luego siguió la labor de mediación y la entrega de la propuesta papal en Roma en diciembre de 1980. Años después, ya como vocero del entonces presidente Raúl Alfonsín, estuvo muy cerca del proceso que se realizó para que la mediación impulsada por el papa Juan Pablo II se convirtiera en tratado de paz.” (La Nacion, 29/11/2009), con motivo del estreno del documental “La guerra que no fue”  - alguien sabrá si aún se consigue?

El Dr. Mario Marazzitti de RAI Vaticano trató de dibujar a grandes rasgos, pero con precisión y detalle,  la inmensa cantidad de material procesado por la RAI durante el Pontificado de Juan Pablo II: 26.000 horas tematizadas.



Comparó la comunicación de  los últimos pontificados :  Pio XII llegaba al mundo solo con su voz, Juan XXIII ya con una voz y una figura televisiva.  A partir de 1961 crece la palabra “vaticanista” , en 1966 aparece la Oficina de Prensa de la Santa Sede,  con ocasión del Concilio Vaticano II.  Pablo VI ya más moderno, menos antiguo que Juan XXIII comienza a viajar en 1964, primero a Tierra Santa y después a la India.  Muy criticado por su encíclica Humanae Vitae, consternación en la Iglesia por el Concilio Vaticano II, cobra una sutil antipatía.

Después viene el shock Wojtyla, el “africano” de un primer momento, desconfían de él,  el problema de la “polacidad”, un papa “rojo”?   Se desconfiaba, venia del este, un riesgo que culmina con el atentado y allí llega el cambio. Quedan resquicios en su contra pero se fortalecen sus  pasos seguros, innovadores: el primer papa que entra en una sinagoga a visitar a sus “hermanos mayores”,   el encuentro de Asis, sorpresa en el Vaticano similar al llamado de Juan XXIII a un Concilio. Una  revolución dentro de la Iglesia misma, pero Juan Pablo II siente que para la paz es necesaria una gran oración universal.  Marruecos, Damasco, la caída del muro de Berlin. Su Non abbiate paura se extiende. Este atleta de Dios utiliza su cruz como una lanza. Un cuerpo fuerte que se vuelve débil pero su mensaje sigue siendo fuerte ante una ventana vacía desde su cama en el Gemelli. Despues en 1997 su Misa en Sarajevo.  El 24 de diciembre de 1999 se identifica con la cruz entrando al III milenio. Para su último Vía Crucis en el Coliseo se apoya en la Cruz. La imagen desde su ventana cuando ya no puede hablar el Día de Pascua nos queda grabada y utiliza toda su energía para llegar a quienes estaban allí. Siervo de los siervos de Dios, accesible al más inaccesible del mundo.  Nadie se encontró con tanta gente como el, esa fuerte sensación que le hablaba a uno. Interesado en todos creyentes y no creyentes que ve mas allá de los confines de la Iglesia.  El Dr. Marazzitti dejo 14 videos para la Biblioteca de la catedra Juan Pablo II. 

A continuación dos testigos argentinos Sergio Rubin y Tito Garabal.
Rubin decía que Juan Pablo II sacó a la Iglesia de la sacristía,  un desafío posible debido a la comunicación,  supo entrar en dialogo con el mundo (un poco la materia pendiente) supo hablar a la mayoría de la gente, tratar de superar lo meramente eclesiástico, ir al sentimiento religioso a lo que es Dios. Sabemos traducir ese mensaje tan sanador? O nos quedamos en nuestro propio “conventillo” interno? Que hizo Juan Pablo II? Supo sumar. El legado de Juan Pablo II constituye un desafío:  levantar la mirada. Esa revolución que empezó Juan Pablo II  ha llegado a la cabeza de los que somos comunicadores católicos?

Tito Garabal hablo de su experiencia que comenta en su libro “El viaje comienza ahora”, que lo marco definitivamente. (Es un libro fantástico, para quien quiera leer detenidamente sobre ese viaje de Juan Pablo II a Uruguay, Chile y Argentina.



Garabal es testigo y narrador de todos los momentos desde la partida del Papa de Roma hasta su regreso. Realmente valioso)  También él recordó los trenes cargados de ataúdes. Eso lo evito Juan Pablo II a seis horas de los tiros.  “No puedo ser objetivo con respecto a Juan Pablo II” admitió Garabal.  “Me sobrepasa. Se jugó por nosotros.”   Apenado nos decía cuan poco recordamos los 25 años  de su llegada a la Argentina  (al cumplirse los 25 años en este blog se terminabala serie Viajes a la Argentina, que seguramente podria haber sido mucho mas completo si hubiese conocido el libro de Garabal;)  y los 30 de su mediación. (yo lo publique en este blog;) ver posts etiquetados  mediación papal diferendo Argentina-Chile. Garabal decia que no podía olvidar los aplausos de los empresarios, a los jóvenes de Chile.... A mi  – que voy por la mitad del libro que él me regaló -  me impresionó  una anécdota de la largada de globos que llevaban títulos como esperanza, alegría, humildad, perdón, amor, reconciliación, familia, fortaleza y mucho mas….cuando el manojo de globos portando la ansiada “Libertad”  se eleva y después  imprevistamente comienza a descender….solo ese manojo el de la Libertad!!! para despues –casi milagrosamente – volver a ascender.  Voy a hacer un post con esta anécdota – previo permiso - porque es imperdible) y la barbarie ( algo escribi en este blog) en el acto de beatificación de la primera santa chilena Santa Teresa de los Andes – también con esto haré un post, porque realmente merece la pena.  Nos conto que en un principio en el Vaticano decían que no se podía viajar tanto, que es muy costoso..... y Juan Pablo II,   con su humor de siempre,  respondía en Roma no me escuchan ni los romanos, si viajo me escucha todo el mundo!

Son solo algunas pinceladas, un poco desordenadas;)  del Seminario. Quizás tengamos la suerte de contar con las Actas, porque verdaderamente fue un Seminario que se merecía mucho mas público general, además de los estudiantes de la UCA. 
De todas maneras mil gracias a la Catedra Juan Pablo II de la UCA por este regalo y al Dr. Marco Gallo por las fotografias!