Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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viernes, 29 de marzo de 2024

Viernes Santo “Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”

 


Ecce Homo Antonio Ciseri (imagen de Wikimedia)

“Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido par que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí”(Jn 18,36)

Entonces Pilato le dijo: “Luego tu eres rey?” Respondió Jesus¨: “Si, como dices, soy Rey. Yo  para esto he nacido y para esto he venido al mundo para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”

Le dice Pilato: “Que es la verdad?”  

(…)

El drama de  Pilato se oculta trás la pregunta Qué es la verdad?

No era una cuestión filosófica sobre la naturaleza de la verdad,  sino una pregunta existencial sobre la propia relación con la verdad. Era un intento de escapar a la voz de la conciencia, que ordenaba reconocer la verdad y seguirla. El  hombre que no se deja guiar por la verdad, llega a ser capaz incuso de emitir una sentencia de condena de un inocente.

(…)

Asi fue condenado a muerte en cruz Jesús, el Hijo de Dios vivo, el Redentor del mundo. A lo largo de los siglos, la negación de la verdad ha generado sufrimiento y muerte. Son los inocentes los que pagan el precio de la hipocresía humana. No bastan decisiones a medias. No es suficiente lavarse las manos. Queda siempre la responsabilidad por la sangre de los inocentes.

 

(de la Primera estación – Jesus es condenado amuerte - del Via Crucis de Juan Pablo II año 2003)

 

 

jueves, 7 de septiembre de 2023

Que relación existe entre la verdad y la política - Rocco Buttiglione

 

¿Qué relación existe entre la verdad y la política? 

¿Puede considerarse conforma a verdad una decisión tomada por la mayoría de las parlamentarios? Juan Pablo II trata de este argumento en el n. 89 de la Fides et Ratio, donde denuncia:  «En particular se ha ido afirmando un concepto de democracia que no contempla la referencia a fundamentos de orden axiológico y por tanto inmutables. La admisibilidad o no de un determinado comportamiento se decide con el voto de la mayoría parlamentaria. 105 Las consecuencias de semejante planteamiento son evidentes: las grandes decisiones morales del hombre se subordinan, de hecho, a las deliberaciones tomadas cada vez por los órganos institucionales. Más aún, la misma antropología está fuertemente condicionada por una visión unidimensional del ser humano, ajena a los grandes dilemas éticos y a los análisis existenciales sobre el sentido del sufrimiento y del sacrificio, de la vida y de la muerte.»

Sobre esta cuestión se expresa Rocco Buttiglione, Político y filosofo. Profesor de Ciencias políticas Universidad Libre San Pío V de Roma.

 


En un sistema democrático, la ley la hacen los representantes del pueblo ¿Quién sino el pueblo, puede ser juez de aquello que debe ser considerado bueno o malo dentro de un pais o estado? La voluntad del pueblo indica lo que debe tener valor de ley, cuales son los comportamientos a ser castigados o premiados. De este estado de cosas muchos teóricos de la democracia infieren que no es la voluntad de Dios sobre la naturaleza de las cosas que hace las leyes, sino la voluntad de los hombres, la voluntad del pueblo soberano. Obviamente los creyentes (y no solamente los creyentes, sino también muchos hombres de solidas convicciones morales) nunca han podido aceptar este relativismo. ¿Es realmente el relativismo ético esa filosofía que necesita la democracia? Al Papa Juan Pablo II  le parece que no, busquemos entonces el porque.  Para entrar en la lógica del razonamiento del Papa es necesario hacer una distinción básica: una cosa es la verdad y otra es aquello que es reconocido como verdad dentro de una comunidad política.  La verdad no depende de la voluntad del pueblo sino de la naturaleza de las cosas. Esto surge con claridad de la estructura de la argumentación política. Cuando los políticos discuten entre ellos en el Parlamento no debaten tratando de adivinar que piensa la mayoría, sino que, ante todo, discuten sobre que seria lo mas justo y oportuno respecto al tema mismo sobre el cual se debe deliberar y tratan de convencer uno a otro del debido respeto a la naturaleza del tema.

 Naturalmente, la discusión no puede continuar indefinidamente y el voto (por mayoría) pone termino provisorio al debate. El voto por mayoría no decide sobre la verdad en si, sino de lo que será considerado como verdadero en aquella comunidad nacional. En este sentido, el Parlamento funciona como una especie de conciencia colectiva de la nación. Como la conciencia individual no constituye la versad pero la reconoce, de la misma manera la conciencia colectiva de la nación reconoce la verdad pero no la crea.  Quien compone  la minoría no necesariamente esta equivocado y tiene el derecho de volver a someter el resultado en la primera ocasión que se presente, quizás utilizando los resultados negativos que aquella ley hubiese producido. En la democracia, no hay resultados definitivos: toda ley errónea puede ser cambiada, y puede ser cambiada toda ley buena. Siempre está abierto el camino para anular leyes malas y siempre es necesario mantener la guardia para defender las leyes buenas.  Esta visión contradice otra visión, relativista y además potencialmente totalitaria de las democracia. Se trata de la tesis según la cual la mayoría decide sobre la verdad en si, y la minoría no tiene el derecho de disentir o de volver a poner en discusión la ley mala (que no merece ser ley y debe ser revocada).  Naturalmente existe el deber de obedecer  también leyes injustas porque si no el bien superior de la paz civil se haria trizas. Este deber de obediencia siempre tiene un limite. Ninguna ley puede imponer el deber de hacer un mal directamente. En tal caso la ley debe proveer el derecho a la objeción de conciencia. La conciencia colectiva del Estado no puede prevalecer sobre la conciencia dela persona, obligándola a hacer aquello que esta considera un mal. Precisamente el instituto de objeción de conciencia muestra que la conciencia colectiva del Estado no constituye la verdad sino que es solamente un órgano para su conciencia. 

En otras palabras: el pueblo soberano no hace la verdad, la reconoce. La soberanía del pueblo no significa que el pueblo sea infalible. El pueblo puede equivocarse y de hecho a veces se equivoca. ¿Qué quiere decir “soberano”? Soberano solo quiere decir que no existe una autoridad superior que pueda reformar la decisión del pueblo. Contra una decisión errónea del pueblo es necesario convocar nuevamente al pueblo. Cuenta una historia de tiempos antiguos que una vez un macedonio recurrió al rey Felipe para solicitar justicias. El rey Felipe estaba ebrio y rechazo hacer justicia. Entonces el macedonio le dijo “… y  yo recurro a la apelación”. Felipe indignado le dijo “a quien apelaras? Yo soy el rey, no hay una autoridad mayor que la mia”. Y el macedonio: “apelare a Felipe, pero sobrio”. También el pueblo a veces se embriaga y entonces es necesario trabajar pacientemente para que se interrumpa la intoxicación y vuelva la razón”.

 

 

miércoles, 12 de febrero de 2020

Veritatis Splendor – El esplendor de la Verdad


Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Jn 8, 3 29)


La encíclica Veritatis Splendor fue dada a conocer por el Santo Padre Juan Pablo II el 6 de agosto –fiesta de la transfiguración del Señor- del año 1993.
Dirigida eminentemente a los Obispos de la Iglesia contiene valiosa información para todo su pueblo, a todos aquellos que nos preguntamos (o debiéramos preguntarnos) “¿Qué debo hacer? Como puedo discernir el bien del mal?” “La respuesta – dice Juan Pablo II en la encíclica- es posible sólo gracias al esplendor de la verdad que brilla en lo más íntimo del espíritu humano, como dice el salmista: “Muchos dicen: ¿Quien nos hará ver la dicha?” “Alza sobre nosotros la luz de tu rostro, Señor!” (Sal, 4,7) La luz del rostro de Dios resplandece con toda su belleza en el rostro de Jesucristo, “imagen de Dios invisible” (Col I, 15), “resplandor de su gloria” (Heb I, 3) “lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,14) :
Él es “el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6)…..Jesucristo, “luz de los pueblos”, ilumina el rostro de su Iglesia, la cual es enviada por Él para anunciar el Evangelio a toda criatura (cf Mc 16,15)”

En el Congreso Internacional sobre la Enciclica Veritatis Splendor, en noviembre 2005, organizado por la Cátedra Juan Pablo II de la UCA  y texto publicado por la Pontificia Universidad Católica Argentina Cátedra Juan Pablo II, con el titulo LA VERDAD LOS HARA LIBRES ,  en noviembre 2005)
explicó el cardenal Javier Lozano Barragán
que la Encíclica se compone de tres partes (que son los tres capítulos)
- en la primera CAPITULO I - "MAESTRO, ¿QUÉ HE DE HACER DE BUENO .....?" (Mt 19,16) “se asienta la base plena de la moralidad";
- en la segunda CAPITULO II - "NO OS CONFORMEIS A LA MENTALIDAD DE ESTE MUNDO" (Rom 12,2) “se tratan problemas fundamentales acerca de la libertad, la ley, la verdad, la conciencia, la opción fundamental y el acto moral”
- en la tercera CAPITULO III - "PARA NO DESVIRTUAR LA CRUZ DE CRISTO" (1 Cor 1,17) “ sus consecuencias para la vida de la Iglesia y del mundo, el martirio, la universalidad de la norma, la vida social y política, la gracia, la nueva Evangelización y el servicio de los teólogos y los pastores”
A su vez - exponía el cardenal Lozano Barragán - La encíclica tiene cinco líneas maestras: l. el criterio ético no puede ser ni el consecuencialismo ni el proporcionalismo moral; 2. “Ens, Verum et Bonum conventuntur” por lo tanto el Bien es objetivo; 3. las reglas éticas no son meras prohibiciones, sino caminos hacia el ens (ente); 4. la bondad o maldad de una acción no depende del consenso; 5. el fundamento de la acción ética es el valor-dignidad de la persona” y agrega que “en la encíclica se abunda en el concepto de la ley natural, que significa que el seguimiento de Cristo se hace desde la intimidad de la conciencia de cada uno; la conciencia es iluminada por la Sabiduría divina, esta iluminación es la ley natural. Esta iluminación desemboca en último término en el seguimiento de Cristo”
La Encíclica Veritatis Splendor es un valioso documento en defensa de la verdad, la libertad y la vida que emitió Juan Pablo II como parte de su “extenso programa en implementar el Concilio Vaticano II” (Weigel) donde ratifica su riqueza hasta en términos que fueron duramente criticados por sectores dentro de la Iglesia y sin embargo aceptados con apertura por otras religiones p.ej. “Los que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios con sincero corazón e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir la salvación eterna”. Y prosigue: “Dios, en su providencia, tampoco niega la ayuda necesaria a los que, sin culpa, todavía no han llegado a conocer claramente a Dios, pero se esfuerzan con su gracia en vivir con honradez…” términos complejos que, que sin embargo, debemos comprender en todo su sentido, como explicaba el Cardenal Georges Cottier en el Congreso de la UCA (A) “las personas tienen derecho a ser respetadas en su propio camino de búsqueda de la verdad, pero antes existe la obligación moral de buscar la verdad, y una vez, conocida adherir a ella”
Dice George Weigel en Testigo de Esperanza que la Encíclica ya había sido anunciada por Juan Pablo II en 1987 en su carta apostólica Spiritus Domini publicada en el 200 aniversario de San Alfonso Maria de Ligorio, concluyendo que estuvo en preparación durante seis largos años.
Juan Pablo II creyó conveniente – lo menciona en la Encíclica – que le precediera en su publicación el Catecismo de la Iglesia Católica, que presenta la vida moral de los creyentes en sus fundamentos y en sus múltiples contenidos como vida de “los hijos de Dios”…..por lo tanto la Encíclica se limitaría a “afrontar algunas cuestiones fundamentales de la enseñanza moral de la Iglesia, bajo la forma de un necesario discernimiento sobre problemas controvertidos entre los estudiosos de la ética y de la teología moral. Este es el objeto especifico de la presente encíclica” expresa Juan Pablo II en la Introducción.
En la preparación de la Encíclica participaron y colaboraron varias comisiones papales y fueron consultados obispos y teólogos de todo el mundo. Opina Weigel que Veritatis Splendor fue un marco para el futuro desarrollo de la teología moral católica que continuara dándole forma a la vida católica bien avanzado el siglo XXI y probablemente más allá aún.
En este momento político de la Argentina quizás debiéramos releer todos no solo la Encíclica sino también la presentación del Prof. Jaroslav Merecki en el ya mencionado Congreso  “La verdad como problema político” donde expresa “Mi tesis es que no podemos, ni comprender ni practicar la política en un mundo auténticamente humano, sin hacer referencia a la verdad…en el contexto de la cultura moderna, hablar de la verdad en la política es provocativo, o incluso peligroso. Provocativo porque la visión moderna de la política se desarrolla justamente a partir del abandono de este concepto en la comprensión de la vida publica” O cuando cita Centesimus Annus “una democracia sin valores se convierte fácilmente en un totalitarismo visible o encubierto como lo demuestra la historia…”



viernes, 27 de diciembre de 2019

Javier Lozano Barragán: Las tres partes de Veritatis Splendor



Como es sabido VeritatisSplendor tiene tres partes:
En la primera se asienta la base plena de moralidad;  en la segunda se tratan problemas fundamentales acerca de la libertad, la ley, la verdad, la conciencia, la opción fundamental y el acto moral y en la tercera;  sus consecuencias para la vida de la Iglesia y del mundo, el martirio, la universalidad de la norma, la vida social  y política, la gracia, la nueva Evangelización y el servicio de los teólogos y los pastores.
Especificando más:
En el primer capítulo el Papa nos dice que la norma moral cristiana es el seguimiento de Cristo. Cristo se lo propone al joven rico: Dios es el único bueno, por tanto la única normal. El camino son los 10 mandamientos. Se perfeccionan por el seguimiento pleno de Cristo en un amor total a Él y a los demás.
En el capitulo segundo afirma que se han relativizado hoy las normas éticas. Se quisiera tener solo una certeza matemática. Como en moral los hombres piensan diferente en cuanto a las normas estiman que no existe así ninguna valida y hay que contentarse con la sabiduría de cada uno Aun entre algunos teólogos se suele decir que hay que tener una norma suprema que es el amor a Dios y a los demás, esa es la opción fundamental, de aquí se deducirán algunas leyes que siempre habrá que cumplir. Pero hay otras que se llaman “premorales” y son las que se refieren al cuerpo, como la salud, a la integridad vital, la reproducción, etc. Estas se miden de acuerdo a la opción fundamental descrita y a los principios prácticos del teleologismo, consciencialismo y proporcionalismo. De manera que no hay acciones buenas o malas en si sino que todo depende de la intención con la que se hagan. Lo bueno es lo mejor en este caso concreto. El Papa reacciona contra esta manera de pensar y afirma que contra este maniqueísmo hay que afirmar fuertemente la unidad cuerpo y alma y la moralidad como un todo. Verdad y libertad es otro de los puntos básicos que considera aquí el Santo Padre; la libertad no es fuente de verdad ni por tanto, puede ser autónoma.
En el tercer capítulo se reconoce la dificultad de actuar bien, que solo se logra con la gracia de Dios, por la fuerza del Espíritu Santo, los santos son el ejemplo de superación a esta dificultad, en especial los mártires. El Magisterio ayuda a encontrar la verdad moral, asi se propicia el dialogo con los teólogos moralistas.

viernes, 1 de noviembre de 2019

El precioso don de la verdad y la libertad



Juan Pablo II nunca dejo de recordar que cuando los hombres  se olvidan de la verdad y su conciencia, “se olvida” en ellos la libertad y,  en consecuencia,  se pierde la capacidad de distinguir el bien del mal.    La distinguen solo los hombres responsables, o sea aquellos que responden al Amor.  En Persona y acto Karol Wojtyla habla de la verdad del hombre y de su libertad,  o sea poseerse a sí mismo, que quiere decir poseer la idoneidad de darse a sí mismo a los demás, cuando su amor los llama a ser amor.  La dramática belleza de la verdad y la libertad la canta en el poema Cuando yo pienso: Patria. El deseo de la verdad del bien y lo bello conduce al acto de la creación, en el cual Dios ve que todo aquello que sus ojos encendieron a su existencia es muy bello y muy bueno, y conduce al Juicio Final, en el cual se rendirá cuenta si el hombre ha cumplido la justicia del Amor. En la comunión con el Rostro (theos) de Dios Karol Wojtyla hacia de su propia vida una obra de arte, buscando que fuera digna respuesta al Amor con el cual la belleza de Su Palabra lo llamaba a la labor,   para resurgir. En toda bella obra de arte, pero ante todo en aquella cuando el hombre es hombre, la invisible belleza eterna de Dios se convierte de alguna manera en algo visible en el tiempo, se refleja en ello en la historia del hombre que se extiende entre el Principio y el Fin, como el cielo estrellado se refleja en las aguas del lago.  Al final veremos hasta qué punto ha sido enturbiado el reflejo del cielo estrellado en nuestras aguas.   

La libertad no se posee como se poseen los objetos comprados. Todos los días hay que luchar por la libertad. Es así que hay que luchar por el amor y su belleza, es así que hay que luchar por la verdad y el bien. Es fácil perderlos y con ellos perderse a si mismo.  «La libertad, la pagas con todo tu ser – por eso llamaras libertad  a aquella, que mientras la pagas, te ayuda a poseerte a ti mismo siempre de nuevo»  El antiguo epigrama que demanda de la libertad- quid sit veritas? Debería también extenderse a la pregunta sobre la libertad – quid sit libertas?  La respuesta debería sonar veritas atque libertas sunt vir qui adest. La verdad y la libertad se producen en el profético ad-sum! De  persona a persona, en su parusía.  De allí la parousia de Dios para todos los hombres. Por medio de la comunión en la presencia reciproca de los hombres se desanuda el camino que conduce a la Comunión con el Padre y con su Palabra filial, o sea al Principio de la verdad y la libertad, que ocurren en la historia, y al Final en la cual encontraran su consumación.

«La libertad es una conquista continua, no basta solo con poseerla?  Nos viene como un regalo. Pero se la mantiene luchando. Regalo y lucha se inscriben en nuestros mapas secretos, y sin embargo, evidentes.» 

Todos hemos recibido el don impagable de la vida, por eso es aun más apreciado el don de la verdad y el de la libertad.  El drama de cada hombre se desanuda en la tensión entre el don de la vida y el don de la verdad y de la libertad. Pero el don de la verdad y de la libertad es necesario pagarlo con el don de la vida. Con ninguna otra cosa,  porque cualquiera que fuese tiene un precio bien determinado. Por eso la vida por la verdad y la libertad es inseparable del heroísmo. En ello se revela la belleza del hombre – de aquel “sacerdote aun no consciente”. De modo particular se revela en el heroísmo del sacerdote de la Eucaristía.

« La verdad es una forma de amor» dice Juan Pablo II a los jóvenes durante uno de los encuentros mundiales de la juventud. La verdad de hecho es la belleza del amor.  Asi como el amor, también la verdad se expresa con el trabajo real, o sea con el servicio a los demás, y con el silencio real más que con las palabras. No debemos maravillarnos que los hombres que viven de una manera tan real, quiere decir aquellos que aman a los demás y les sirven en silencio real, no se arrodillan ni delante a la política ni a la economía. Todo aquello que tiene un precio lo ceden a cambio de la verdad, de la libertad, de la belleza,  que solo pueden consolar al hombre despertando en él la esperanza de no perder al final nada de aquello pagado para conquistarla.  Todo le rendirá ciento por ciento (Mt 19,29).

La belleza de la verdad y del bien que surgen del amor se confía a los hombres sencillos. A los hombres doctos se le confía solo cuando ellos “olvidan” sus construcciones eruditas y se convierten a la sencillez de aquello que no tiene precio. Una vez, en la oscuridad de un atardecer tardío, mi madre, una campesina sencilla,  escuchaba conmigo los Nocturnos de Chopin.  Cuando el piano se silencia me dice sólo esto. «Esta música es tan triste que puede llegar a consolar también a un hombre triste».  En esos momentos el hombre dirige la evolución del universo según las leyes pensadas en el misterio del Principio. Son momentos en los cuales Dios nos revela a los ojos de los hombres un fragmento de Su belleza que le da a la vida el sentido y el valor que no tiene precio. Para esos momentos pascuales de la belleza Juan Pablo II ha escrito su correspondiente antropología. La ha escrito como hombre y como sacerdote  y ante todo con la vida, y solo en segundo término con las palabras.

Stanislaw Gryegel : Dialogando con Juan Pablo II, Cantagalli, 2013

sábado, 4 de noviembre de 2017

«He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20)



“El coloquio de Jesús con el joven rico continúa, en cierto sentido, en cada época de la historia; también hoy. La pregunta: «Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir la vida eterna?» brota en el corazón de todo hombre, y es siempre y sólo Cristo quien ofrece la respuesta plena y definitiva. El Maestro que enseña los mandamientos de Dios, que invita al seguimiento y da la gracia para una vida nueva, está siempre presente y operante en medio de nosotros, según su promesa: «He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20). La contemporaneidad de Cristo respecto al hombre de cada época se realiza en el cuerpo vivo de la Iglesia. Por esto el Señor prometió a sus discípulos el Espíritu Santo, que les «recordaría» y les haría comprender sus mandamientos (cf. Jn 14, 26), y, al mismo tiempo, sería el principio fontal de una vida nueva para el mundo (cf. Jn 3, 5-8; Rm 8, 1-13).
Las prescripciones morales, impartidas por Dios en la antigua alianza y perfeccionadas en la nueva y eterna en la persona misma del Hijo de Dios hecho hombre, deben ser custodiadas fielmente y actualizadas permanentemente en las diferentes culturas a lo largo de la historia. La tarea de su interpretación ha sido confiada por Jesús a los Apóstoles y a sus sucesores, con la asistencia especial del Espíritu de la verdad: «Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha» (Lc 10, 16). Con la luz y la fuerza de este Espíritu, los Apóstoles cumplieron la misión de predicar el Evangelio y señalar el «camino» del Señor (cf. Hch 18, 25), enseñando ante todo el seguimiento y la imitación de Cristo: «Para mí la vida es Cristo» (Flp 1, 21).
En la catequesis moral de los Apóstoles, junto a exhortaciones e indicaciones relacionadas con el contexto histórico y cultural, hay una enseñanza ética con precisas normas de comportamiento. Es cuanto emerge en sus cartas, que contienen la interpretación —bajo la guía del Espíritu Santo— de los preceptos del Señor que hay que vivir en las diversas circunstancias culturales (cf. Rm 12, 15; 1 Co 11-14; Ga 5-6; Ef 4-6; Col 3-4; 1 P y St ). Encargados de predicar el Evangelio, los Apóstoles, en virtud de su responsabilidad pastoral, vigilaron, desde los orígenes de la Iglesia, sobre la recta conducta de los cristianos 35, a la vez que vigilaron sobre la pureza de la fe y la transmisión de los dones divinos mediante los sacramentos 36. Los primeros cristianos, provenientes tanto del pueblo judío como de la gentilidad, se diferenciaban de los paganos no sólo por su fe y su liturgia, sino también por el testimonio de su conducta moral, inspirada en la Ley nueva37. En efecto, la Iglesia es a la vez comunión de fe y de vida; su norma es «la fe que actúa por la caridad» (Ga 5, 6).

Ninguna laceración debe atentar contra la armonía entre la fe y la vida: la unidad de la Iglesia es herida no sólo por los cristianos que rechazan o falsean la verdad de la fe, sino también por aquellos que desconocen las obligaciones morales a las que los llama el Evangelio (cf. 1 Co 5, 9-13). Los Apóstoles rechazaron con decisión toda disociación entre el compromiso del corazón y las acciones que lo expresan y demuestran (cf. 1 Jn 2, 3-6). Y desde los tiempos apostólicos, los pastores de la Iglesia han denunciado con claridad los modos de actuar de aquellos que eran instigadores de divisiones con sus enseñanzas o sus comportamientos 38.”

sábado, 5 de marzo de 2016

Ser maestros de la verdad

“Como Pastores tenéis la viva conciencia de que vuestro deber principal es el de ser maestros de la verdad. No de una verdad humana y racional, sino de la Verdad que viene de Dios; que trae consigo el principio de la auténtica liberación del hombre: “conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Jn 8, 32); esa verdad que es la única en ofrecer una base sólida para una “praxis” adecuada.”

[…]

De vosotros, Pastores, los fieles de vuestros países esperan y reclaman ante todo una cuidadosa y celosa transmisión de la verdad sobre Jesucristo. Esta se encuentra en el centro de la evangelización y constituye su contenido esencial: “No hay evangelización verdadera mientras no se anuncie el nombre, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios” (ib., 22).

[…]

Maestros de la verdad, se espera de vosotros que proclaméis sin cesar, y con especial vigor en esta circunstancia, la verdad sobre la misión de la Iglesia, objeto del Credo que profesamos, y campo imprescindible y fundamental de nuestra fidelidad. El Señor la instituyó como comunidad de vida, de caridad, de verdad (cf. Lumen gentium, 9) y como cuerpo, pléroma y sacramento de Cristo en quien habita toda la plenitud de la divinidad (cf. ib., 7).

VIAJE A LA REPÚBLICA DOMINICANA, MÉXICO Y BAHAMAS (del Discurso del Santo Padre Juan Pablo II en la inauguración de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano - Puebla, MéxicoDomingo 28 de enero de 1979)


1979, Mexico, Bahamas, verdad, Republica Dominicana

sábado, 25 de mayo de 2013

Juan Pablo II a los argentinos: La verdad, aquella síntesis superadora


“Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn 8, 32) leemos en el Evangelio de San Juan. Las tensiones y conflictos que puedan aparecer en el panorama social son una invitación urgente, a menudo dolorosa, a que asumáis vuestra responsabilidad de hombres de cultura. He aquí un desafío para vuestro talento: mostrar a la sociedad que los enfrentamientos y las incomprensiones van frecuentemente ligadas a la ignorancia y al desconocimiento mutuo entre las partes: poner de manifiesto que la verdad es aquella síntesis superadora, capaz de resolver los problemas reales y los conflictos, de tal manera que los sectores rivales puedan reconocer su propia parte en un proyecto más íntegro y armónico, que abrace e incluya a todos en un esfuerzo común de civilización.

Soy consciente –como vosotros– de que esta tarea es ardua. No se trata de llegar a entendimientos ocasionales, más o menos superficiales, sino que es necesario ir a las raíces de los conflictos para descubrir y rescatar las diversas partes de verdad y recomponerlas en su unidad indivisible para que puedan expresar toda su profundidad. Esta labor exige paciencia, dedicación, espíritu tolerante y pluralista. A veces se experimentará el dolor de ver que desfallecen los ánimos, pero nunca ha de faltar la esperanza de llegar a superar los problemas que hoy nos aquejan.

No podemos olvidar que, en vuestro país ha existido siempre, desde sus comienzos, un particular interés por la cultura. Fue una decisión clarividente, tomada por las autoridades, desde épocas tempranas, la de empeñarse por hacer llegar la educación a todos los sectores de la población. El camino por recorrer en este campo es aún largo y difícil; pero no por eso os debe faltar el tesón y el entusiasmo, conscientes de que vuestras aportaciones no caerán en el vacío, sino que serán piedras sillares en la construcción de ese gran edificio que es la cultura de un pueblo.”


domingo, 30 de octubre de 2011

II Congreso Internacional por la verdad y la vida

Entre el 3 y el 6 de noviembre próximo se realizará en San Pablo, Brasil, el II Congreso Internacional por la verdad y la vida.


Tal como indica el nombre, el Congreso no solo se refiere a la protección de la vida, sino también a la promoción de la verdad, primordialmente a las enseñanzas sobre la dignidad humana y el Evangelio de la vida.




En el encuentro, que se realizará en el Monasterio Benedictino de San Benito, San Pablo, Brasil, participarán líderes pro-vida de Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador y Estados Unidos. Se compartirán experiencias sobre la defensa de la vida en Brasil y el mundo, profundizaran aspectos referidos a la defensa de la vida humana y de la familia y analizarán las presiones existentes en cuanto la defensa de la dignidad de la persona humana se refiere, invitándose a la reflexión y al dialogo entre las diversas entidades que trabajan en pro de la familia.


El Director de Coordinación de Vida Humana Internacional (VHI) para América Latina, Mario Rojas, expresa que al promocionar este evento pro vida, recordamos las enseñanzas del Beato Juan Pablo II en Evangelium Vitae y cita de la Encíclica


“Este horizonte de luces y sombras debe hacernos a todos plenamente conscientes de que estamos ante un enorme y dramático choque entre el bien y el mal, la muerte y la vida, la « cultura de la muerte » y la « cultura de la vida ». Estamos no sólo « ante », sino necesariamente « en medio » de este conflicto: todos nos vemos implicados y obligados a participar, con la responsabilidad ineludible de elegir incondicionalmente en favor de la vida”



Vida Humana Internacional, presente en 105 países, fue fundada en 1981 por el Rev. Paul Marx, O.S.B. a quien el Beato Juan Pablo II llamó Apóstol de la Vida.






lunes, 16 de agosto de 2010

Búsqueda de la verdad - Pbro. Dr. Jose Juan Garcia

Me gustó este escrito breve del Pbro. Dr. Jose Juan Garcia, pàrroco de Nuestra Señora de Tulúm (Rawson), San Juan, Argentina y Titular de la cátedra de Bioética Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Catòlica de Cuyo (Argentina). El escrito fue publicado en el Diario de Cuyo, y lo reproduzco con permiso del autor. Muchas gracias padre Garcia!

Una voz en los medios es como el sembrador que salio a sembrar (Mt 13,3) No todas las semillas caen en terreno bueno…. pero sin sembrador que siembre no hay cosecha...

“La persona es un ser que está en permanente búsqueda. Hay un dinamismo enriquecedor en su propia naturaleza. En la homilía "Pro eligiendo Pontífice'', en abril de 2005, el entonces cardenal Joseph Ratzinger expresó una idea "fuerte'': habló de la "dictadura del relativismo'', que hoy azota gran parte de nuestra cultura.

El relativismo epistemológico es creer a medias tintas; es pensar que "en este mundo traidor nada es verdad ni mentira, pues todo es según el color del cristal con que se mira''.

Es cierto que en el pensamiento humano y en el ejercicio del mismo se da fácilmente la duda, pero ésta no puede ser una blanda almohada en la que reposa la cabeza. No puede ser un estado crónico el dudar de todo. ¿Por qué? Porque sencillamente el hombre está hecho para la verdad. Así por ejemplo, cuando dos personas, hombre y mujer, unen sus libertades en un único proyecto de vida en común, el matrimonio, se juran mutua fidelidad, y ninguna de las partes allí "juega'' con esa palabra. Entienden que en ese momento, pase lo que pase más adelante, los mil eventos que la vida les traiga, el amor que se prometen será siempre leal, henchido de promesa y de verdad. Cada uno reclama lo suyo que se hace "nuestro'' por la fuerza indeclinable del amor. Saben que el amor podrá ser contaminado sólo por la mentira. Quizá herido de muerte. Por eso apuestan a la veracidad de las palabras dichas con sentido pleno.
Cuando un periodista, André Frossard, en 1983, entrevistó a Karol Wojtyla, le preguntó cuál era la frase del Divino Maestro que más le llamaba la atención o más le tocaba el corazón. Su respuesta no se hizo esperar. La expresión de Jesús en Jn 8, 32: "la verdad nos hace libres". Qué cierto es esto. Todo engaño o manipulación nos lleva de la mano al pozo ciego del error. A más verdad, más libertad. A más educación, más libertad por ende.

El relativismo lleva a creer que todo es negociable, que nada es verdad absoluta, que ésta última expresión es contradicción en los términos semejante a la de "círculo cuadrado'', como se encarga en decir el español Javier Sádaba, quien enarbola de inmediato otra verdad más absoluta que la primera. Sin embargo el relativismo, como el engaño, tiene patas cortas. Un enfermo terminal por ejemplo, tiene derecho a saber la verdad plena de su condición. Un heredero tiene derecho a saber la verdad plena de su haber. Un padre cuyo hijo desaparece, tiene derecho a una verdad rotunda acerca de su paradero. Un alumno de medicina o de derecho o de economía, no exige más de la cuenta cuando reclama de su enseñante una buena clase o lección. Un niño tiene el derecho a nacer en un hogar donde hay papá y mamá, sencillamente para crecer en ambiente óptimo.
Es cierto que en algunos siglos pasados se han dado métodos de intolerancia en el servicio a la verdad. Nunca podríamos alimentar nostalgia de ello. Incluso en los hijos e hijas de la Iglesia, que pese a la llamada a la perfección que Cristo hace, están situados en su tiempo y espacio concretos. No se desprenden de su humus cultural. Hoy nos damos cuenta cuán enriquecedor e insoslayable es el diálogo para entender al otro. Diálogo con las culturas, con el pasado, con la técnica, con lo mejor del pensamiento de los filósofos, con las principales religiones, etc. Pero el diálogo no es un proceso interminable, un caminar sin fin. En algún momento se yergue victorioso con conclusiones válidas y pretensión de ejecución. Algo parecido al proceso educativo, cuyo objetivo no será nunca "aprender para aprender'', sino finalmente, "aprender para ser''.

El relativismo es la muerte del pensamiento, la clausura del saber, el corsé asfixiante de una debilidad crónica, la agonía de una voluntad que busca sin sosiego ni gozo. Al hombre le es natural el estado de certeza, que es plenitud de la verdad sabida. Cuando hay adecuación entre la cosa objetiva y la inteligencia, el alma respira tranquila. Lo sugería Aristóteles. Es lógico. Alcanza el vuelo del águila que no renuncia a su grandeza.

Pasión por la verdad. Culto por ella. Sólo así la persona humana da con el blanco de su propia mismidad. Sólo así, en búsqueda continua, se encontrará con el sol pleno: Dios que le habla a sus oídos.”
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martes, 27 de abril de 2010

“Para Juan Pablo II la libertad es obediencia a la verdad” – Rodrigo Guerra Lòpez

(de la entrevita concedida por Rodrigo Guerra Lòpez


Sergio Sarmiento: Mencionabas al principio de este programa que no hay una necesaria continuidad entre el trabajo del filósofo polaco Karol Wojtyla, que fue posteriormente Cardenal, y Juan Pablo II. Finalmente como Papa Juan Pablo II toma decisiones que en algunos elementos pueden variar con las reflexiones que él hacía, pero también hay elementos de continuidad. ¿Cuáles son éstos, en dónde vemos una continuidad entre la filosofía de la persona que defendía Karol Wojtyla y las decisiones que Juan Pablo II ha tenido como Papa?
Rodrigo Guerra: Uno de los temas en donde es más nítida esta continuidad es el modo como él habla de la libertad. Para Juan Pablo II la libertad es la obediencia a la verdad. Hay definiciones muy comunes de libertad, como autodeterminación, como escoger de entre varios bienes el mejor, y sin embargo Juan Pablo II escoge esta expresión muy elemental, muy sencilla, de “obediencia a la verdad”. ¿Qué significa? Que lo importante en el ejercicio de la libertad es que el hombre descubra en conciencia la verdad de las cosas. ¿Por qué la expresión “en conciencia”? Porque de esta manera Juan Pablo II trata de reconocer que no todos descubrimos la verdad objetiva a la misma velocidad, de la misma manera, y por lo tanto que el tribunal de la conciencia es al que debemos de apelar al momento de tomar decisiones. Esto me parece que introduce un matiz interesante, muy oportuno, en materia moral, porque a veces se han enfatizado demasiado todas las prescripciones morales y normativas de la Iglesia católica, pero se olvida que Juan Pablo II en la encíclica Veritatis Splendor, el Esplendor de la Verdad - que es la encíclica más dedicada al tema moral de todo su pontificado -, insiste mucho en que la conciencia es la norma subjetiva de la moralidad y, para decirlo en términos menos filosóficos pero más entendibles, lo más importante es que un hombre y una mujer no nos mintamos a nosotros mismos a la hora de actuar y de decidir.
Sergio Sarmiento: Pero eso no significa que haya un relativismo en la moral, o sea, ¿habría una verdad objetiva, accesible a todos?
Rodrigo Guerra: Así es, para Juan Pablo II la verdad es un dato objetivo, pero que es descubierto por una conciencia que a veces, por distintos motivos, puede estar limitada en ese proceso de descubrimiento. No todos descubrimos con la misma facilidad las verdades más elementales y mucho menos las verdades de orden, por ejemplo, revelado o de orden moral en la Iglesia. Y por eso es que la Iglesia, teniendo una claridad muy grande en sus principios doctrinales, también tiene una paciencia pastoral respecto de nuestras fragilidades, limitaciones, lentitudes, en la comprensión de la verdad, que a veces no es sencilla de asimilar existencialmente, aunque intelectualmente todos digamos a veces frases muy correctas. La Iglesia es consciente, y Juan Pablo II como Sumo Pontífice es particularmente consciente, de que nos cuesta trabajo a veces aceptar la verdad como tal y vivir con coherencia de acuerdo a ella.

domingo, 11 de octubre de 2009

"¿Qué es la verdad?


En el relato de la pasión de Cristo encontramos la pregunta de Pilato: "¿Qué es la verdad?" (Jn 18, 38). Es la pregunta de un escéptico, que dice: "Tú afirmas que eres la verdad, pero ¿qué es la verdad?". Así, suponiendo que la verdad no se puede reconocer, Pilato da a entender: "hagamos lo que sea más práctico, lo que tenga más éxito, en vez de buscar la verdad". Luego condena a muerte a Jesús, porque actúa con pragmatismo, buscando el éxito, su propia fortuna.
También hoy muchos dicen: "¿Qué es la verdad? Podemos encontrar sus fragmentos, pero ¿cómo podemos encontrar la verdad?". Resulta realmente arduo creer que Jesucristo es la verdad, la verdadera Vida, la brújula de nuestra vida. Y, sin embargo, si caemos en la gran tentación de comenzar a vivir únicamente según las posibilidades del momento, sin la verdad, realmente perdemos el criterio y también el fundamento de la paz común, que sólo puede ser la verdad. Y esta verdad es Cristo. La verdad de Cristo se ha verificado en la vida de los santos de todos los siglos. Los santos son la gran estela de luz que en la historia atestigua: esta es la vida, este es el camino, esta es la verdad. Por eso, tengamos el valor de decir sí a Jesucristo: "Tu verdad se ha verificado en la vida de tantos santos. Te seguimos".