Llamados a ser santos

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“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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lunes, 13 de octubre de 2025

Pío XII y Fátima; el apunte secreto sobre el “milagro del sol” – Andrea Tornielli

 




Entre los documentos del Papa Pacelli, el resumen, seco y notarial, de lo que el Pontífice vio antes de la proclamación de la Asunción, en 1950: el globo solar giraba, como sucedió durante la última de las apariciones portuguesas

Hasta hace poco (12 de mayo 2017)  era un caso conocido, pero sin fundamento documental. En 1950, poco antes de proclamar el dogma mariano de la Asunción de María con su cuerpo en el cielo en el momento de su muerte, el último de los dogmas proclamados por la Iglesia católica, Pío XII asistió a un hecho extraordinario. Mientras paseaba por los jardines vaticanos vio varias veces el mismo fenómeno que se verificó el 13 de octubre de 1917, al final de las apariciones de Fátima, cuando la multitud acudió a donde estaban los tres pastorcillos en un día lluvioso: de repente vio que el sol giraba y se acercaba. Los presentes pudieron observar esta extraña «danza» sin deslumbrarse.



El primero y único que había hablado sobre el «milagro» que vio Pío XII fue el cardenal Federico Tedeschini, durante una homilía. Hace nueve años surgió, en el archivo de la familia Pacelli, un apunte autógrafo del Papa. Un texto inédito sobre aquella visión. Se trata de un apunte manuscrito en el que, en primera persona, Pío XII cuenta lo que le sucedió. La descripción es seca, casi notarial, sin ceder a ningún sensacionalismo. El Papa Pacelli lo escribió reutilizando una hoja que, en la otra cara, tenía algunas líneas mecanografiadas para una audiencia, rasgo que confirma el carácter parsimonioso del Pontífice que nació en Roma, acostumbrado a apagar personalmente las luces en las salas del Vaticano después de las audiencias y a reciclar los sobres con los que le enviaban el programa cotidiano de las audiencias.

  «Era el 30 de octubre de 1950», ante-vigilia del día de la solemne definición de la Asunción, explica Pío XI. El Papa se preparaba para proclamar como dogma de fe lo que la Iglesia siempre había creído desde los primeros siglos, es decir la asunción corporal hacia el cielo de la Virgen en el momento de su muerte. Lo hizo después de haber consultado al episcopado mundial, de acuerdo a la unanimidad: solo 6 respuestas de 1181 manifestaron algunas reservas. Hacia las cuatro de la tarde llevaba a cabo «el acostumbrado paseo por los jardines vaticanos, leyendo y estudiando». Pacelli recuerda que, mientras subía por la explanada de la Virgen de Lourdes «hacia la cumbre de la colina, en la calle de la derecha, que costea la muralla», levantó los ojos hacia el cielo. «Fui sorprendido por un fenómeno, nunca hasta ahora visto por mí. El sol, que estaba todavía bastante alto, parecía como un globo opaco amarillento, circundado por un círculo luminoso», pero que no impedía de ninguna manera fijar la mirada «sin recibir la mínima molestia. Una nubecita muy ligera encontrábase delante». «El globo opaco —continúa Pío XII en su apunte— se movía ligeramente en el extremo, tanto girando como desplazándose de izquierda a derecha y viceversa. Pero dentro del globo se veían, con toda claridad y sin interrupción, movimientos muy fuertes».

El Papa después dice haber asistido al mismo fenómeno el día siguiente, 31 de octubre, y también el primero de noviembre, el día de la definición del dogma de la Asunción. Se habría repetido también el 8 de noviembre. «Y después ya no». Recuerda también haber tratado, en otros días, a la misma hora y en condiciones atmosféricas semejantes, «mirar el sol para ver si aparecía el mismo fenómeno, pero en vano; no pude mirarlo ni siquiera un instante, la vista quedaba inmediatamente deslumbrada».

Hay que notar que el Papa no habla de «milagro» ni se lanza con posibles interpretaciones. Lo que es seguro es que quedó sorprendido por la coincidencia. Durante los días siguientes, Pío XI contó lo que había visto «a pocos íntimos y a un pequeño grupo de cardenales (tal vez cuatro o cinco), entre los que estaba el cardenal Tedeschini». Este último, en octubre del año siguiente, 1951, debía viajar a Fátima para cerrar las celebraciones del Año Santo. Antes de partir fue recibido en audiencia y le pidió al Papa si podía citar esa singular visión del sol girando en su homilía. «Le respondí: “Déjalo, no es el caso”. Pero él insistió —continúa Pío XII en el manuscrito—, sosteniendo la oportunidad de tal anuncio, y yo entonces le expliqué algunos particulares del evento». «Esta es, en breves y simples términos —concluye Pacelli— la pura verdad». «Pío XII estaba muy persuadido de la realidad del fenómeno extraordinario al que asistió en cuatro ocasiones», dijo en su momento sor Pascalina Lehnert, la religiosa y gobernante del aposento papal.

El llamado «milagro del sol», como hemos recordado, se había verificado el 13 de octubre de 1917 en Fátima, durante la última de las apariciones a los tres pastorcillos. Lo describió de esta manera en su crónica M. Avelino di Almeida, periodista laico y no creyente enviado por el periódico «O Seculo», y testigo ocular: «Y se asiste entonces a un espectáculo único e increíble al mismo tiempo, para quien no fue testigo… Se ve a la inmensa multitud voltear hacia el sol, libre de nubes, en pleno día. El sol recuerda un disco de plata descolorido y es posible verlo a la cara sin sentir el más mínimo malestar. No quema, no deslumbra. Se diría un eclipse».

Pío XII tenía un fuerte vínculo con Fátima: la primera aparición a los tres pastorcillos se verificó el 13 de mayo de 1917, el mismo día en el que el Papa Pacelli fue consagrado arzobispo en la Capilla Sixtina. Existen documentos que demuestran que Pío XII y la vidente sor Lucía dos Santos siempre quedaron en contacto, y que el Pontífice, en el último año de su vida, guardó el texto del Tercer Secreto de Fátima en su aposento. Quien mantuvo los contactos directos entre Lucía y el Papa fue la marquesa Olga Morosini Cavadal, la mujer que en 1977 acompañó al patriarca de Venecia, Albino Luciani, a visitar a la vidente de Fátima en el monasterio de Coimbra: «Varias veces —declaró la marquesa en el proceso de beatificación de Pacelli— transmití mensajes del Santo Padre a sor Lucía y de ella para él, pero, como prometí nunca revelar nada a quién sabe quién, no me siento autorizada para hacerlo ahora».

 

Andrea Tornielli– La Stampa

domingo, 13 de octubre de 2024

Fátima: El milagro del sol

 


Nuestra Señora se apareció resplandeciente a los tres pastorcitos de Fátima (Lucía, Francisco y Jacinta) por primera vez el 13 de mayo de 1917.

Era una “señora vestida de blanco, más brillante que el sol, irradiando luz más clara e intensa que una copa de cristal llena de agua cristalina, atravesada por rayos del sol más ardiente”.

Su rostro, indescriptiblemente bello, no era ni alegre ni triste, sino seria, con un aire de suave alerta. Las manos juntas, como rezando, apoyadas sobre el pecho, y orientadas hacia arriba. De su mano derecha pendía un rosario.

Los vestidos parecían hechos solamente de luz. La túnica y el manto eran blancos con bordes dorados, que cubría la cabeza de la Virgen María y le bajaba a los pies.

Lucía jamás logró describir perfectamente los trazos de esa fisionomía tan brillante. Con voz maternal y suave, Nuestra Señora tranquilizó a los tres niños, diciendo:

“No tengan miedo. Yo no les haré mal. He venido para pedir que vengan aquí seis meses seguidos, siempre el día 13, a esta misma hora. Después les diré quién soy y qué quiero. A continuación, volveré aquí una séptima vez”.

Al pronunciar estas palabras, Nuestra Señora abrió las manos, y de ellas salió una intensa luz. Los pastorcitos sintieron un impulso que los hizo caer de rodillas y rezaron en silencio la oración que el ángel les había enseñado:

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su santísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, te pido la conversión de los pobres pecadores”.

Pasados unos instantes, Nuestra Señora añadió:

“Recen el Rosario todos los días, para que alcancen la paz para el mundo y el fin de la guerra”.

 

13 de octubre: El milagro del sol

En la aparición del día 13 de septiembre, Nuestra Señora anunció a los tres pastorcitos de Fátima: “En octubre haré el milagro, para que todos crean”.

El 13 de octubre de 1917, unas 70.000 personas, incluyendo periodistas, fueron testigos del milagro que había sido anunciado por los tres niños a quien Nuestra Señora se había aparecido.

Al mediodía, tras una fuerte lluvia que paró de repente, las nubes se abrieron frente a los ojos de todos y el sol apareció en el cielo como un disco luminoso opaco, que giraba en espiral y emitía luces coloridas. El fenómeno duró alrededor de 10 minutos y está en la lista oficial de milagros reconocidos por el Vaticano.

Los escépticos intentan atribuir el evento al fenómeno atmosférico del parhelio, pero sin presentar pruebas y sin explicar cómo fue que los niños lo “previeron”.

El “Milagro del Sol”, como fue conocido ese impresionante evento sobrenatural testimoniado por 70.000 personas, transformó lo que era una mera “revelación privada” en un auténtico llamamiento de Cristo a su Iglesia.

No sólo el contenido del mensaje de Fátima se refería a la Iglesia del mundo entero sino que su propia evidencia se dio públicamente, de manera extraordinaria: el día 13 de octubre de 1917, “el sol bailó” frente a más de 70.000 hombres y mujeres, pobres y ricos, sabios e ignorantes, creyentes y no creyentes.

Conforme el testimonio de José María de Almeida Garrett, eminente profesor de ciencias de Coimbra, lo que sucedió ese día fue que el sol “giró sobre sí mismo en una loca voltereta (…) Hubo también cambios de color en la atmósfera (…) El sol, al girar locamente, parecía de repente que se soltaba del firmamento y, rojo como la sangre, avanzaba amenazadoramente sobre la tierra como si fuera a aplastarnos con su peso enorme y abrasador (…) Tengo que declarar que nunca, ni antes ni después del 13 de octubre, observé semejante fenómeno solar o atmosférico”.

 

El significado

Para el pueblo más sencillo, el milagro se resume en pocas palabras. Simplemente, “el sol bailó”.  Más que describir físicamente el fenómeno, lo que interesaba a la mayoría de las personas era lo que no se podía ver, pero que quedaba patente por aquella portentosa obra que ellos tenían frente a sus ojos: Nuestra Señora verdaderamente se apareció a tres humildes pastorcitos en Fátima.

A Lucía, Jacinta y Francisco, de hecho, fue dada una amplia visión de la realidad: la Virgen María, “al abrir sus manos, las reflejó en el sol”. Y mientras se elevaba, seguía el reflejo de su propia luz proyectándose en el sol (…). Una vez desaparecida, Nuestra Señora, en la inmensa distancia del firmamento, vimos, al lado del sol, a san José con el Niño y a Nuestra Señora vestida de blanco, con un manto azul”, declararon.

En la última aparición de la Virgen de Fátima, por lo tanto, brilla frente a los videntes la imagen de la Sagrada Familia de Nazaret.

[…]

El Milagro del Sol no sólo confirmó las apariciones de María en Fátima: también tiene como objetivo realizar un milagro mucho mayor y más extraordinario que cualquier otro: la salvación de las almas, la conversión de los pecadores; “para que todos crean” en Jesús y, al creer, tengan vida eterna.

 

(leer completo en este enlace)  

viernes, 13 de octubre de 2023

13 de octubre de 1917 El Milagro del sol en Fatima

 




Hoy recordamos aquel 13 de octubre de 1917 cuando la Virgen se apareció a los tres pastorcitos juntos por última vez, aparición presenciada por 70.000 testigos que vieron el “milagro del sol”, acontecimiento del cual se ocupó entonces toda la prensa y todos los periodistas, un milagro que sigue creando polémicas, pero un milagro que se sigue multiplicando en diversas partes del mundo durante celebraciones marianas o eucarísticas, creando inquietudes por una parte y fortalecimiento de la fe por otra.


También Mehmet Alí Agca al haber querido asesinar a Juan Pablo II había quedado atónito ante el desvió de las balas, se “sentía angustiado por el hecho que existían fuerzas que lo superaban” dice el cardenal Stanislaw Dziwisz en Una vida con Karol .

Inquietudes y angustia que se intuyen en nuestro mundo secularizado, en nuestra “dictadura del relativismo”, expresión del Papa Benedicto XVI” citada por el cardenal lituano Audrys Backis, en sus intenciones para la peregrinación que preside hoy en Fatima agradeciendo la libertad en su país pero sintiendo la necesidad de “rezar por Europa que está olvidando sus raíces cristianas…. Más que nunca, nosotros debemos implorar la Misericordia Divina, mensaje que nos dejó el Papa Juan Pablo II, el que tanto amó a la Virgen de Fátima”.

 

Durante su visita del año 2000 el Santo Padre le dono a la Virgen un regalo preciado : “Este anillo, con la efigie de Nuestra Señora y las palabras “Totus Tuus”, me lo dio el Cardenal Stefan Wyszynski, en los primeros días de mi Pontificado. Con mucha alegría, lo ofrezco a Nuestra Señora de Fátima en señal de mi profunda gratitud por la protección que me tiene concedida”, decía Juan Pablo II en Fátima un “Santuario impregnado del Papa Wojtyla” (Giuseppe De Carli) .

martes, 13 de octubre de 2015

“¡Miren el sol!” 13 de octubre una fecha llena de contenido y significado


El 13 de octubre es una fecha mariana muy especial, muy significativa para las apariciones de la Virgen María: Últimas Apariciones de Fátima y Akita el Mismo Día del Año (13 de octubre)
En 1917 se produce la última aparición de Fátima donde los presentes pueden ver la danza del sol.
Y en 1973 se produce la última aparición en Akita, Japón, en que María habla de la hermana Agnes de los castigos sobre la humanidad y la infiltración del maligno en la Iglesia.
El 13 de octubre es una fecha clave en la aparición de la Virgen, que en Cova da Iría, Portugal, se les había aparecido a 3 niños pastorcitos, analfabetos, en mayo de 1917 por primera vez.
El 13 de octubre de 1917 se les aparece la Virgen por última vez y los 70.000 concurrentes ven la “danza del sol”.
El 13 de octubre de 1921 se permite por primera vez celebrar la Santa Misa en el lugar. Y el 13 de octubre de 1930 el obispo de Leira declara dignas de fe las apariciones y autoriza el culto de Nuestra Señora de Fátima.
– Quiero que vengáis aquí el día 13 de octubre y que continuéis rezando el rosario todos los días para alcanzar el fin de la guerra. El último día vendrá también San José con el Niño Jesús para dar la paz al mundo y Nuestro Señor para bendecir al pueblo.
Lucía le transmite los pedidos de curación de algunos enfermos, que Ella recibe satisfactoriamente. Y prosigue la conversación:
– ¡Haga un milagro para que toda la gente crea que Ud. se nos aparece!.
– Sí, en octubre haré un milagro para que todos crean.
Y la Virgen añadió:
– Dios está contento con vuestros sacrificios, pero no quiere que durmáis con la cuerda; llevadla sólo durante el día.
Durante la noche del 12 al 13 de octubre había llovido toda la noche, empapando el suelo y a los miles de peregrinos que viajaban a Fátima de todas partes. A pie, por carro y carrozas venían, entrando a la zona de Cova por el camino de Fátima – Leiria, que hoy en día todavía pasa frente a la gran plaza de la Basílica. De ahí bajaban hacia el lugar de las apariciones.
Hoy en día en el sitio está la capillita moderna de vidrio, encerrando la primera que se construyó y la estatua de Nuestra Señora del Rosario de Fátima donde estaba el encino.
En cuanto a los niños, lograron llegar a Cova entre las adulaciones y el escepticismo que los había perseguido desde mayo. Cuando llegaron encontraron críticos que los cuestionaban su veracidad y la puntualidad de la Señora, quien había prometido llegar al medio día. Ya habían pasado las doce según la hora oficial del país. Sin embargo cuando el sol había llegado a su apogeo la Señora se apareció como había dicho.
– ¿Qué quieres de mi?
– Quiero que se construya una capilla aquí en mi honor. Quiero que continúen diciendo el Rosario todos los días. La guerra pronto terminará, y los soldados regresarán a sus hogares.
– Si, Si
– ¿Me dirás tu nombre?
– Yo soy la Señora del Rosario
– Tengo muchas peticiones de muchas personas. ¿Se las concederás?
– Algunas serán concedidas, y otras las debo negar. Las personas deben rehacer sus vidas y pedir perdón por sus pecados. ¡No deben de ofender más a nuestro Señor, ya es ofendido demasiado!
– ¿Y eso es todo lo que tienes que pedir?
– No hay nada más
Mientras la Señora del Rosario se eleva hacia el este ella tornó las palmas de sus manos hacia el cielo oscuro. Aunque la lluvia había cedido, nubes oscuras continuaban a oscurecer el sol, que de repente se escapa entre ellos y se ve como un suave disco de plata.
“¡Miren el sol!”
En este momento dos distintas apariciones pudieron ser vistas, el fenómeno del sol presenciado por los 70,000 espectadores y aquella que fue vista sólo por los niños. Lucía describe esta aparición en su diario.

(continuar leyendo en Evangelio del dia)