Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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martes, 27 de septiembre de 2022

Karol Wojtyla, ensayista novel

 


En medio de la ocupación nazi de Polonia el Principe Adam Sapieha habia subdividido grandes parroquias en parroquias mas pequeñas, acercándolas a la gente. Había reformado el seminario, insistiendo en una formación teológica mas profunda y continuaba planeando para el futuro: publicar un diario católico : Tygodnik Powszechny (Semanario Universal) poniendo como director al joven periodista Jerzy Turowicz. y nombrando como “colaborador para temas eclesiales” al sacerdote Jan Piwowarczyk, antes rector del Seminario.


En las vacaciones de 1941 , con la venia del cardenal Sapieha, su “protegido” Karol Wojtyla - a quien había enviado a Roma a proseguir sus estudios – junto con Stanislaw Starowieyski realizarían unas vacaciones particulares, “vacaciones apostólicas” podría decirse y que dieran origen al primer articulo de Karol Wojtyla a ser publicado en el semanario Tygodnik Powszechny.

 

Y así a principios de 1949 Jerzy Turowicz, su director, recibía la visita del joven sacerdote Wojtyla, con su artículo bajo el brazo. Turowicz lo recibió amablemente sin prometer nada. Estaba ya habituado a recibir cantidades de artículos y ensayos del clero local que deseaba hacer conocer sus escritos. Sin embargo – dice Weigel, - al leer Turowicz el articulo se mostró interesado, hasta podría decirse entusiasmado. Y el articulo no tardaría en publicarse en aquel semanario que “debido a la calidad literaria y su dinamismo intelectual era el mejor periódico de la Polonia comunista, la fuente más fiable” .



Mision de France” el “ensayo inaugural” de Karol Wojtyla para el periódico, constituía un análisis críticamente favorable al movimiento del sacerdote obrero como respuesta pastoral innovadora a las desesperadas circunstancias del catolicismo francés de posguerra, siempre foco de interés para los intelectuales católicos polacos. Karol Wojtyla había quedado impresionado – diría el miso en Don y Misterio “por el vigor de la Iglesia y el ministerio pastoral de la Iglesia en Francia entonces. “Misión de France” fue publicado en primera plana del Semanario el 6 de marzo de 1949. “un prestigioso debut para un principiante” según Weigel.


El segundo ensayo del padre Wojtyla en Tygodnik Powszechny fue su tributo a Jan Tyranowski, titulado “Apóstol”. Luego continuaría colaborando con ensayos y escritos bajo los seudonimos: Andrzej Jawien y Stanislaw Andrzej Gruda.


Turowicz - quien en 1983 se negó a publicar dos homilías del Papa Juan Pablo II antes que publicarlas mutiladas como le exigía la censura. - comentaría muchos años mas tarde que Wojtyla empezó a colaborar con la revista desde muy joven y lo continuo haciendo hasta antes del cónclave.


(Fuente: George Weigel: Testigo de esperanza,  Plaza & Janes Editores, 1999

 

miércoles, 27 de agosto de 2008

Un dia de agosto en la vida de Karol Wojtyla

Gian Franco Svidercoschi Historia de Karol, capítulo 12, (Ediciones Internacionales Universitarias, Madrid 2003)

Karol estaba a punto de salir. Le esperaban en las colinas de Twardowski para un partido de fútbol. Pero justo cuando iba a abrir la puerta escuchó el ruido siniestro, inconfundible de la botas de los militares alemanes. Las SS realizaban una batida por la ciudad, calle por calle.
Habían entrado al barrio Debniki, a la calle Tyniecka y debían de haber entrado ya al número 10. Y ahora, aquellos fuertes pasos se acercaban.
Se acercaban cada vez más….
Con Karol, en casa estaban también los Kotlarczyk. Pero en ese momento, él se encontraba solo en aquella pequeña entrada. Rezaba, y tenía miedo. Rezaba tumbado en el suelo, con los brazos en cruz, y el corazón en la garganta. Escuchaba los gritos de los militares que habían subido a los pisos de arriba, y que despotricaban contra las mujeres que no querían separarse de sus maridos arrastrados fuera por la fuerza.
Las SS bajaron. Karol pensó: “Ahora se marcharán”. Pero no. De repente se hizo un silencio pavoroso. El joven lo entendió, y un escalofrío le recorrió la espalda. Comprendió que los soldados se habían parado delante de su puerta y se estarían preguntando si en aquel semisótano podría haber alguien.
Era el 6 de agosto de 1944. Domingo. El “domingo negro”, como se llamaría después. …
En el número 10 de la calle Tyniecka, los hombres de las SS seguían mirando indecisos, perplejos, como preguntándose.. no fue mas que un momento pero a él le pareció una eternidad, hasta que percibió, como una liberación, el ruido de las botas que se alejaban. Estaba salvado. Comprendió que estaba salvado.
Monseñor Sapieha, al ver que la situación se agravaba cada vez más, decidió que los seminaristas se quedaran a salvo en el arzobispado. Envió un sacerdote para que avisara también a Karol y lo condujera al Palacio de la calle Franciszkanska. Los militares patrullaban aún por las calles, y cada esquina, cada cruce, podía suponer una amenaza.
La señora Szkocka se ofreció para acompañarlos. Ella iría adelante para comprobar que no había peligro, y detrás Wojtyla y el sacerdote, que caminarían pegados a las paredes para, ante la menor señal, deslizarse en el primer portal que encontraran. Travesaron así toda la ciudad. Una Cracovia desierta, espectral, con la gente encerrada en sus casas.
Había un soldado que hacia la guardia junto al arzobispado, pero afortunadamente no los vio. En cuanto llegó, Karol se vistió con la sotana – como el resto de los seminaristas – para que si los alemanes irrumpían inesperadamente lo confundieran con un sacerdote. …
Encerrado en el arzobispado, en “arresto domciliario” como él decía, y donde mal que bien se estaba al abrigo del conflicto, Karol vivió el drama de Varsovia con el alma desgarrada. Pero también con un sentimiento de gratitud y de admiración hacia cuantos combatían en defensa de la patria y sobre todo, hacia aquellos jóvenes que en la insurrección habían dado generosamente la propia vida para salvar la libertad de todos.

“También yo – dirá más tarde – pertenezco a aquella generación, y pienso que el heroísmo de mis contemporáneos me ha servido de ayuda para definir mi vocación personal”.

lunes, 25 de febrero de 2008

La Filosofia Personalista de Karol Wojtyla




La Asociación Española de Personalismo que preside Juan Manuel Burgos organizó en febrero de 2006 un Congreso Internacional sobre “La Filosofia Personalista de Karol Wojtyla” (II Jornada de la Asociación española de Personalismo).



Las ponencias fueron publicadas en forma de libro y el libro presentado en las III Jornadas de la Asociación Española de Personalismo en febrero de 2007, pero tambien están disponibles en la página web bajo el rubro recursos.





Juan Manuel Burgos, doctor en Ciencias Físicas y en Filosofía, Fundador y Presidente de la Asociación, resume en su “Breve homenaje intelectual a Karol Wojtyla” su contacto intelectual con Karol Wojtyla que “se produjo durante mi estancia en Italia a comienzos de los años 90… Los escritos de Karol Wojtyla aparecieron en ese momento como una luz que indicaba el camino a seguir y la orientación que debía darse a importantes y complicadas cuestiones tanto éticas como antropológicas. La lectura de I fondamenti dell’ordine etico, una selección de sus ensayos éticos, me abrió los caminos de la experiencia ética, de la perfectibilidad, de la subjetividad, de la confrontación creativa con Scheler, Hume y Kant, de la consideración de la ética como el camino de la plenitud humana. Amor y responsabilidad fue un modelo de cómo afrontar con valor, inteligencia y creatividad el análisis de temas olvidados o ignorados por la tradición de la que procedía: el amor humano, la sexualidad, la pureza, el pudor. También supuso, asimismo, un primer encuentro con una formulación personalista del amor humano. Más tarde, Persona y acto me enseñó un modo específico de conjugar la antropología de la metafísica del ser con las categorías propias de la modernidad. En un prodigioso ejercicio de profundidad intelectual y originalidad, Wojtyla engarza de manera compleja pero consistente las nociones contundentes pero en ocasiones opacas de la antropología tomista con los conceptos dinámicos pero sin anclaje ontológico de la modernidad. Wojtyla incorpora así a un personalismo de raigambre ontológico nociones tan esenciales como la libertad como autodeterminación, la subjetividad, la corporalidad, la conciencia como lugar del yo, la acción como manifestación de la persona, etc…”.