Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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jueves, 9 de abril de 2026

Karol Wojtyla - Universidad Católica de Lublin

 


En septiembre de 1954 durante una caminata por las montañas al sur de Cracovia Stefan Swiecawski “urgió” a Wojtyla a unirse a la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica de Lublin (KUL) (ahora Universidad Católica de Lublin Juan Pablo II). Previa autorización del arzobispo Baziak, Wojtyla comenzó a acudir a Lublin desde Cracovia.

Habia cerrado la Universidad de Cracovia y Lublin era la unica universidad católica bajo el comunismo. “Y allí, en aquella especie de oasis protegido, pudo confrontar sus reflexiones con las de un grupo de profesores, de entre los más jóvenes y con las ideas más innovadoras. Estos profesores se proponian librar la gran batalla político-filosófica con el marxismo sobre su propio terreno, el de la liberación de la persona, pero a partir de un humanismo en el que hubiera sitio para el individo, para la esencia del hombre” (Svidercoschi, Franco : Historia de Karol)

Era plena época de confrontaciones políticas; entre 1953 y 1956 fueron clausuradas las facultades de leyes, ciencias sociales y educación y los diplomados en KUL encontraban dificultades para obtener posiciones académicas en otras universidades. Todas las presiones existentes no hicieron mas que fortalecer el espíritu de profesores y alumnado y hacer de KUL una “universidad con vocación” . El “proyecto” KUL fue ideado por un cuarteto de hombres relativamente jóvenes que habían ocupado puestos de profesores (el régimen estalinista de Polonia había depuesto los antiguos profesores) : Jerzy Kalinowski (Filosofía), Stefan Swiezawski (Historia de la Filosofia), el sacerdote dominico Mieczyslaw Albert Krapiec (Metafísica) y el sacerdote Karol Wojtyla (Ética). En noviembre de 1956 Wojtyla sucedió al dominico Félix Bedniarski, que es transferido al Angelicum de Roma y el 1ro de diciembre de 1956 es nombrado Director de la cátedra que ocuparía durante 22 años hasta su traslado definitivo a Roma como Sumo Pontífice. (Weigel, George Testigo de Esperanza)



En la introducción a Mi visión del hombre (Trilogía inédita I) publicada por Ediciones Palabra, Madrid, Maria Pilar Ferrer al hablar de la producción filosófica de Karol Wojtyla la divide en tres periodos:

a) aproximadamente desde inicios de los años cincuenta hasta 1979, centrado fundamentalmente en estudios de ética filosófica y sobre el amor humano. Cita entre las publicaciones que se destacan en la primera fase de ese periodo: los cursos impartidos en la KUL (1954-1958), las separatas de Abecedario ético (publicadas por Tygodnik Powszechnyentre los años 56-58: su tesis sobre la ética de Scheler y Amor y responsabilidad.

b) El segundo periodo definido fundamentalmente por Persona y Acto (1969) “una apuesta sobre el hombre, sobre la posibilidad y sobre las condiciones de afirmación de un humanismo no utópico y solidamente anclado en la realidad y en la experiencia”

c) En la tercera fase de la producción filosófica –dice Pilar Ferrer – “se abre con la ultima sección de Persona y Acto, que lleva el titulo de Participación y se extiende a todos los escritos posteriores” Y prosigue “en esta tercera fase ocupa un puesto singular el articulo El hombre en la esfera de la responsabilidad, un estudio sobre la concepción y sobre la metodología ética pensado como una “continuación ética de Persona y Acto”.


Juan Pablo II recordaba aquellos años de su paso por KUL en su primer viaje a Polonia en 1979 en su homilia a los universitarios en Varsovia, Y también - con cierta nostalgia - durante el mismo viaje en el discurso a los universitartios en Cracovia. Y extensamente durante su visita a la Universidad Catòlica de Lublin en 1987. Diriendose al mundo de la cultura admitia “Estas experiencias han impreso en mi conciencia y en mi entera personalidad profundas huellas para toda la vida”.


 

sábado, 12 de marzo de 2022

Karol Wojtyla Carta para la Cuaresma de 1963

 



" Que nuestro trabajo interior sea un continuo reflejo de nuestras relaciones ocn el prójimo y con toda la sociedad..."

“El Miércoles de Ceniza ha dado comienzo a la Cuaresma. Cada uno de nosotros ha elegido, guiado por la fe, volver a escuchar aquellas palabras «….polvo eres y en polvo te convertirás»(Gen 3,19) Estas palabras al mismo tiempo que nos recuerdan el destino del cuerpo sometido  a la prueba de la muerte después del pecado original indirectamente significan la llamada especifica del ser humano. Este no se convierte en polvo a la par del cuerpo, sino que es llamado, a través de la prueba de la vida terrena, a madurar al eterno encuentro con Dios, su Creador y Padre.

 

Durante la Cuaresma la Iglesia se empeña en representar visiblemente la gran verdad de la redención. Junto a la Iglesia nos habíamos acercado al misterio de la encarnación durante el período natalicio; ahora, en el periodo de Cuaresma – siempre a la par del ritmo vital de la Iglesia – nos preparamos a penetrar en el misterio de la redención, que encarnó el mismo Hijo de Maria, Jesucristo.

El misterio de la redención comprende ante todo el inmenso amor del Padre Eterno por nosotros: «Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. (Jn, 3,16)  Más aún el mismo misterio nos introduce en la verdad del gran valor del alma humana: es por ella que el Hijo de Dios decide someterse a la pasión y a la muerte.

 

Es esta la motivación con la cual el misterio de la redención nos invita a valorar la vida humana profunda y responsablemente. «Rescatados a un altísimo precio» (Pt 1, 18-19) nuestra existencia posee un gran valor.

«Humillaos ante el Señor y bajad la cabeza» repite la Iglesia casi todos los días durante la liturgia cuaresmal. Que sea ésta nuestra actitud de ingreso en un periodo tan importante de la vida cristiana. Humillarse quiere decir mirar a los ojos a la verdad evangélica, no solo para conocerla, sino para vivirla. Vivir la verdad conocida del Evangelio, significa convertirse cada vez mas a Dios. Durante la Cuaresma Dios mismo viene a nuestro encuentro en esta obra de conversión: y a tal fin le habla a cada uno de nosotros – a través  de la liturgia de la Iglesia – con palabras llenas de convencimiento y amor.  Pero sobre todo nos habla con el sacrificio de sí mismo, cumplido en la cruz.

La cruz misma, expresión del sacrificio es más convincente que cualquier palabra. Ante ella debemos detenernos en meditación y contrición.

Actitudes estas a dirigir, a partir de los primeros días de la Cuaresma, nuestro deseo, el deseo de todos, hacia el gran encuentro con Dios, que se realiza en el sacramento de la penitencia.  Dediquémosle un primer plano al carácter formativo de este sacramento que, aceptado con plena sinceridad,  ayuda al hombre a madurar interiormente; a vivir la verdad de la propia vocación.

Cada hombre – niño o joven que afronta todo tipo de dificultades, o la persona madura, responsable de sí mismo y de los demás,  y los ancianos,  cercanos a rendir cuenta de su vida – todo hombre repito, encuentra en el sacramento de la penitencia el medio indispensable para conocerse a sí mismo y para dirigirse rectamente a Dios.

Que la confesión se convierta en una verdadera premura de parte de sacerdotes y padres, como así también de jóvenes y  niños: aprendamos a acercarnos cada vez más a la fuente. Que más le podemos dar a la Iglesia, a Cristo mismo en su cuerpo Místico, que un sincero arrepentimiento de nuestras actitudes y de las de nuestro prójimo. La Iglesia, como Cuerpo Místico de Cristo, necesita de nuestro don, de nuestra ofrenda espiritual. Cada uno de nosotros debe no solo recibir sino también completar la obra de la redención.

[…]   

Pero para poder cumplir sus deberes hacia el Redentor la humanidad de hoy necesita – y eso lo sabemos –  ser apoyada con la oración. La Cuaresma….no puede dejar de ofrecer una contribución importante a la renovación de la Iglesia.  La búsqueda de la perfección, los retiros espirituales, las confesiones, la santa Comunión tienen valor para toda la Iglesia, infundiéndole vida a la renovación iniciada por el Concilio. Y si las prácticas religiosas – hoy tan limitadas (*) – no nos permiten ofrecer mucho a nuestro Creador y Padre, tratemos de suplementarlas con un esfuerzo interior más profundo. No seamos meros espectadores silenciosos ante la cruz, convirtámonos más bien en testimonios y testigos «de hecho y en verdad»  (1, Jn 3, 18)  Que sea por lo tanto nuestro trabajo interior un continuo reflejo de nuestras relaciones con el prójimo y con toda la sociedad, porque así seremos reconocidos como discípulos de Cristo.

 

Oremos y al mismo tiempo esforcémonos para que esta Cuaresma produzca en nosotros aquellos frutos que con la ayuda de Dios, Jesucristo,  nos hagan merecedores de nuestra fe.

Que Jesucristo, nuestro Redentor, os bendiga a todos durante el camino cuaresmal.”

Karol Wojtyla - Cuaresma 1963

 

(*) en pleno régimen comunista en Polonia

sábado, 17 de agosto de 2019

Karol Wojtyla: Aqui en Borek Falecki he aprendido a ser devoto de Maria



En mis frecuentes visitas a las parroquias  suelo comenzar o finalizar mi visita ante la imagen de Nuestra Señora de Jasna Gora.  Hablo como obispo,  pues para un obispo una parroquia es como su casa, al igual que para el párroco. Pero en esta parroquia quiero  hablarles no como obispo sino como parroquiano. Tan profundos son los lazos creados entre nosotros en el pasado. Por eso  -  y de modo muy particular – quiero hoy  hablar  ante ustedes como parroquiano.

 Ustedes saben que si bien nunca viví aquí he trabajado aquí. Esa enorme fábrica de productos químicos sobre la cual les  ha hablado el padre párroco, fue mi lugar de trabajo durante los cuatro años de la ocupación. Y durante esos cuatro años fue justamente aquí que nació mi vocación sacerdotal. Por eso mis lazos tan especiales con esta parroquia. Mi vocación comenzó a formarse mientras trabajaba en la cantera de piedra y terminó de madurar en esta fábrica de soda, en el predio donde se encuentra esta iglesia.  Digo “esta iglesia” pero pienso en aquella otra que ya no existe  y que vuestros hijos seguramente no podrán recordar.  Era una vieja capilla de madera, prácticamente una barraca, que servía como casa de Dios, antes que se terminara de construir esta hermosa, moderna y grande iglesia.  Como parroquiano hoy deseo saludar a Maria Santisima y deseo agradecerle  como vuestro obispo por la gracia sacerdotal que maduró justamente en esta parroquia.
Estos son los profundos lazos que me unen a ustedes. Estos lazos también me unen para siempre con nuestra Madre Santísima. Siempre que paso cerca de esta fabrica, especialmente cuando paso cerca de la Sala de calderas recuerdo el curso y los momentos decisivos de mi vida. A menudo veo ante mis ojos un pequeño librito de tapas celestes. Cuando era operario de Solvay lo llevaba siempre conmigo, junto al pedazo de pan, para el turno de la tarde o de la noche. Durante el turno de mañana era más difícil encontrar un momento para leer.  El librito se titulaba Tratado sobre la devoción a la Santísima Virgen Maria. El autor era - en aquellos tiempos era beato y fue elevado a los altares como santo -  Ludovico Maria Grignon di Monfort.  Permítanme mencionarlo el dia que Nuestra señora inicia su peregrinación en visita a vuestra parroquia.
Aquel pequeño librito de tapas celestes parecía un librito de Misa, y me sirvió de lectura durante muchos días y semanas. No solo lo leía entonces, aún lo conservo. Lo leía, en realidad desde el comienzo al final y lo volvia a empezar.   De este librito he aprendido la devoción a Nuestra Señora.   Ya  traía yo esa devoción de niño,  después como escolar, finalmente como universitario. Pero el verdadero sentido y la profundidad de esta devoción me lo ha enseñado este librito leído durante los turnos de trabajo, en esta fábrica de soda.  Lo he leído tantas veces que tanto por fuera como por dentro estaba impregnado de soda. Recuerdo muy bien aquellas manchas de soda porque justamente esas manchas son con una parte importante de toda mi vida interior. Quería recordarles esto hoy. Les recuerdo este hecho, carísimos hermanos y hermanas, pero ante todo quería recordarte a ti, Madre santísima de cuando venia aquí a la parroquia de Borek Falecki parroquia a la cual debo mi vocación, durante esa particular experiencia de trabajo manual.  Recordándolo quiero agradecértelo Madre Santísima.  Deseo además aparte de mi testimonio personal representar el testimonio de toda la  comunidad. Por eso, Madre Santísima ven a nosotros, que te acogemos en espíritu de perfecta devoción, de completa confianza en ti. Hemos puesto en tus manos nuestro pasado.  Hemos puesto en tus manos nuestro pasado una memorable tarde de aniversario del milenio de la conversión de Polonia, cuando nos visitaste en tu imagen errante. Has estado en la Catedral de Wawel y después en la procesión de Wawel a Skalka y después nuevamente de Skalka a Wawel,  allí en la pared de la capilla de Segismundo. A tu alrededor se encontraban centenares de miles, tus fieles, confesores de Cristo en esta maravillosa capital polaca. Recuerdo en aquel tiempo ante tu imagen pusimos en tus manos todo nuestro pasado. Yo he puesto en tus manos todo nuestro pasado  y  he aprendido a ser tu devoto justamente aquí en Borek Falecki. Ahora que Maria,  carísimos, sin su imagen, se encuentra entre nosotros (1), se eleva aun más la fuerza de nuestra fe. Y además se confirma nuestro acercamiento a la Santa Virgen. La ausencia de su imagen llena nuestros ánimos de desilusiones  viendo como se violan nuestros sentimientos religiosos.  No obstante en esta parroquia queremos confiarte, Madre de Cristo, todo nuestro futuro. Lo hacemos con todo nuestro esmero,  parroquia por parroquia, familia por familia, en especial porque queremos formar una base solida para el  futuro de nuestro pueblo, para el futuro de la Iglesia de Cristo en nuestra nación.  Esta base solida la encontramos en la más completa devoción a a ti, Madre de Cristo, Virgen Santísima porque es profunda nuestra veneración, nuestro amor a ti.  Un poeta polaco J. Lechon, dijo.« Porque aun aquel que en nada cree, cree en ti»   Nuestra fe es la base sobre la cual construimos y a la cual confiamos nuestro futuro.  Te confiamos aquellos que vendrán después de nosotros, para que gocen de unidad de espíritu con nosotros, para que este espíritu no se apague jamás; para que sientan dentro de si al Espíritu Santo cuya esposa eres.
Nos volvemos a ti, Madre santísima, esposa del Espíritu Santo, para que tu solicites y obtengas que el Espiritu Santo sea el Espíritu de nuestra juventud, de nuestros ancianos, de nuestros esposos, de nuestras familias; para que sea el Espíritu de nuestro trabajo, nuestras fabricas, nuestros campos y nuestras casas. Ora por nosotros y obtiene para nosotros el Espíritu Santo cuya esposa eres, o Madre de la divina gracia, Reina de Polonia, Sostén de los fieles, Madre nuestra de Jasna  Gora. Ruega por nosotros y guíanos. En tus manos está todo nuestro pasado, y en tus manos, todo nuestro futuro.  

(1)   En 1966 la imagen en peregrinación es confiscada y enviada al Santuario de Jasna Gora, pero los fieles polacos siguen con las peregrinaciones con  tan solo el marco del cuadro por toda Polonia.  

(Homilia del Obispo Karol Wojtyla en Borek Falecki 8 de noviembre de 1968) 

jueves, 26 de junio de 2014

Hace 47 años Karol Wojtyla era creado cardenal


Hoy hace 47 años fue creado cardenal el arzobispo Karol Wojtyla (26 de junio de 1967).  El 21 de junio, días antes de partir hacia Roma,  celebro la santa Misa en la Catedral de Wawel. Allí menciono que partiría para Roma al consistorio donde el Santo Padre lo crearía cardenal.
En su homilía habló de sus predecesores los cardenales de la Sede de Cracovia diciendo” “es una tradición, si bien no una tradición ininterrumpida, pero una de las tradiciones más antiguas de Polonia….El Santo Padre, Pablo VI,  ha tomado esta decisión seguramente a los mil años del cristianismo en Polonia… y si bien este nombramiento me llena de gratitud y gozo y la acepto –  ruego me disculpen – con cierto temor, el temor de la responsabilidad”.
Karol Wojtyla habló agradecido de su maestro el Cardenal Sapieha y su grandeza. En cuanto al nombramiento se preguntaba:  “El concepto, el término de Cardenal esta relacionado con una mayor responsabilidad….seré capaz de asumirla?”  Al respecto pidió oraciones y confianza,  una confianza “basada en Dios,  jamás podría hacerlo en mi mismo” y basada particularmente en la Madre de Cristo….en cuyas manos me someto totalmente….para que Ella pueda hacer uso de mí, me dirija y permita que pueda afrontar el desafío”.   Al término pidió nuevamente oraciones por él y todos los cardenales.  Antes de partir hacia Roma,  y como no estaría en Polonia para la tradicional peregrinación a su querida Kalwaria Zebryzydowska,   visitó el Santuario, que visitaba desde niño. “Iré allá para poner nuevamente en sus manos todo lo que vivo y lo que vendrá”.


El 29 de junio concelebraba ya como nuevo cardenal la Santa Misa en la plaza San Pedro con el Papa Pablo VI, durante la cual el papa anunciaba el Año de la Fe. 

martes, 2 de octubre de 2012

Karol Wojtyla “nacido de la Madre Iglesia”


(Arzobispo Karol Wojtyla entrando a la Catedral de Wawel)

 “¡La bula pontificia! Estuvimos entre aquella multitud en Wawel, ¡allí estabas tú, con aquella vestimenta de ceremonia, en aquel santuario, que recuerda tantos siglos!


Luego pronunciaste un discurso. A medida que escuchaba tus palabras, iba tomando conciencia. Ante aquella multitud dijiste: «He vuelto a nacer». Hablaste de ti y un  nuevo mundo. Allí en Wawel, entendí lo que es ese «nuevo mundo»: el mundo del Espíritu, ¿o sería mejor decir: «el mundo que viene del Espíritu»?  Tu discurso suscitaba la visión de ese nuevo mundo: ¡Allí, en aquel escenario, en Wawel, la catedral, en la que vive la tradición y en la que se encuentra encerrado el pasado y la actualidad del pasado!


Tenía la impresión de que estabas invocando a los espíritus y, de repente, el mundo se llenó de espíritus: ¡el  mundo actual y real! El mundo que nos rodea. Fue como si, bajo la influencia de tus palabras, hubiese dejado de existir la frontera entre el tiempo y la vida, me sentí inmersa en algo muy grande, en presencia del mismo Dios, ¡Dios que no sólo existe, sin que además da la vida!
Tenía la impresión de que podía tocar cosas inalcanzables, me parecía que invocabas el alma de todos los allí presentes, ¡un cortejo de grandes espíritus, de gigantes de la historia!
La visión me asustó por su carácter extraordinario pero sentí que, quizás, por primera vez, entendía plenamente lo que significa «vencer a la muerte», «inmortal» y «eternamente vivo», y me sentí, de una manera en cierto modo misteriosa unida a todos aquellos que murieron, me sentí incluida en el curso de la historia y entendí lo que significa «la comunión de los santos» y también entendí lo que en cierta ocasión dijiste en el bosque, «pretiosa mors sanctorum» -la muerte de sus santos es preciosa-, ¡el curso ininterrumpido de la vida, siempre diferente y nueva! Comprendí que esto es la vida verdadera y me sentí plenamente convencida de que estoy inmersa en el curso de la vida auténtica. ¡Una nueva alegría y algo nuevo que agradecer!
Agradecimiento por ese «nacimiento». Dijiste que «habías nacido de la Madre Iglesia» y entonces comprendí el significado exacto de la palabra «Iglesia». Por supuesto, otras veces había escuchado a otros sacerdotes decir: «La Iglesia, nuestra madre», pero el significado esencial de la «madre del espíritu humano» no había sido tan obvio para  mí, como lo fue en ese momento. Acogí en mí esas palabras y su gran significado, allí, de pie, en la catedral iluminada. Me sentí cerca de ti, «en el instante luminoso de la comprensión de los asuntos de Dios sobre la tierra». ¡Lazos invisibles!
Al mismo tiempo, comprendí tu afirmación de que «el amor debe ser libre»; qué nos une, cuáles son nuestros vínculos y, en el mismo momento, qué es la libertad del alma, qué es la extraña cercanía y el alejamiento – y las grandes cuestiones que quitan y, al mismo tiempo, dan tanto al ser humano -. El arzobispo, un regalo para los seres humanos, que «da su alma por sus ovejas».
¡De esa nueva luz, brota en mí una ferviente oración para que se produzca el milagro del nacimiento, del nuevo nacimiento de todas esas personas que hoy se ponen en tus manos!
Hasta ahora siempre habías hablado de Dios. Hoy has hablado de ti mismo, pero al hablar de ti también has hablado de Dios de una  manera particularmente conmovedora, que penetraba hasta el fondo del alma. He entendido cada palabra y he tenido la sensación de que justamente estaba experimentando « ¡el nacimiento del espíritu!».
Al mismo tiempo, era consciente, y me sentía aterrorizada, de la gran responsabilidad que ahora ibas a asumir, ¡la responsabilidad de todas esas personas! De pronto, esa carga me asustó y me inquieté, pero justo entonces hablaste sobre la confianza y confesaste ante aquella multitud, ante aquella gente extraña, no sólo que confiabas con una confianza incluso incomprensible, sino que, además, amabas a Dios y que esa confianza procedía de su amor. ¡Es imposible olvidar lo que dijiste!
Con esa confesión y testimonio es obvio que Dios, tal y como tú lo muestras, debe ser amado, que tienes que amarle porque El es tan cautivador, tan digno de todo amor, ¡lo dijiste desde lo más profundo del alma!
¡Qué gran confesión!
Contaste cosas que parecían sencillas, e incluso revelaste el misterio de tu sacerdocio. Se lo contaste a gente aparentemente extraña, pero yo me di cuenta de que acogías a toda esa gente con una enorme responsabilidad, de que los considerabas como un «tesoro», como tus «ovejas» y que les estabas contando lo que verdaderamente ocurrió.  Después hablaste de la comunidad y la responsabilidad conjunta, y de la colaboración. En cierta ocasión me dijiste: «Hija de mi alma, ahora nacida», eso fue lo que sentí en aquel gran instante en Wawel, ¡y siempre conservaré ese sentimiento!”

Wanda Poltawska: Diario de una amistad – V Meditaciones, 8 de marzo, toma de posesión (después de la muerte del arzobispo Baziak)   
(habla de la toma de posesión oficial de Karol Wojtyla como Arzobispo metropolitano de Cracovia)




sábado, 3 de julio de 2010

Ser pastor


“Pienso que ser pastor significa saber acoger todo aquello que los demás aportan (…) Cada uno de nosotros es un gran tesoro
(de la Homilía pronunciada por Karol Wojtyla en la Catedral de Cracovia durante el acto de toma de posesión como arzobispo de la diócesis, 1964)


“…todas las dificultades y todos los peligros que amenazan nuestra fe viva, nos dan una oportunidad especial para formarla. Eso tenemos que decirlo y no tener miedo. ¡Dios es más poderoso que los hombres!”
Cracovia, 1968

(tomado del pequeño librito publicado por Dom Rodzinny Jana Pawla II – Casa Natal de Juan Pablo II)

domingo, 7 de marzo de 2010

Dignidad matrimonial: Una vocación (3 capìtulos)

Invito visitar mis posts de la Cuaresma del año pasado con la traducción al español de Dignidad matrimonial: Una vocación
Mensaje cuaresmal del Cardenal Karol Wojtyla en Cracovia, 1978
(Su última Cuaresma en Cracovia)

jueves, 24 de diciembre de 2009

“Gloria a Dios” homilía del Arzobispo de Cracovia Karol Wojtyla – 1965 (2)


Segunda parte de la homilía del Arzobispo Karol Wojtyla “Ante el pesebre”en la Catedral de Wawel el 25 de diciembre de 1965.
"Cuando a principios de octubre de 1962 partí, como Vicario del Capitulo arquidiocesano de Cracova, para participar del Concilio, salí de aquí y aquí me habéis saludado. Al partir observaba que dejaba la tumba de San Estanislao para acercarme a la tumba de San Pedro. Resalto este hecho porque estos dos lugares se relacionan admirablemente, para nosotros se complementan una a la otra: la tumba de San Estanislao en Wawel y la tumba de San Pedro en Roma.En cierto sentido al partir de aquí me lleve conmigo toda la Iglesia de Cracovia, toda la Iglesia polaca por cuanto San Estanislao, obispo mártir, ha sido para la Iglesia polaca – a través de los siglos – Pastor y el Patrono. La he llevado para que estuviera presente en la Iglesia universal de Cristo, que se revelaba y expresaba durante el Concilio. Allá en la universalidad, en la unidad en la gran comunión de todas las Iglesias del mundo, estuvo presente nuestra Iglesia de San Estanislao. Por mi intermedio y por intermedio de los obispos nuestra Iglesia participo en la renovación de la Iglesia y en cierto modo la antigua y milenaria Iglesia de Cracovia, la Iglesia polaca, fue afirmada en la universalidad de la Iglesia de Cristo. Fue confirmada ante todas las Iglesias, las diócesis de todo el mundo, de Europa, de América, de África, de Asia, de Oceanía. Nuestra Iglesia se ha reencontrado – reconfirmándose - todos los días, durante muchos meses, siempre en contacto con los obispos del mundo entero, en unión cotidiana, en comunión cotidiana. Esta Comunión que quiere decir unión, unidad - «Communio episcoporum, communio ecclesiarum» ha sido una gran Gracia para nuestra Iglesia polaca.
Había allí en el Concilio, Obispos cuyas diócesis son mucho mas antiguas que la nuestra, pero también estaban los obispos cuyas Iglesias son mucho mas jóvenes que la nuestra. Nos encontrábamos en el medio, entre un polo y otro. Porque el cristianismo en Polonia inicio, mas o menos a mitades de la historia de la Iglesia, entre el primero y el segundo milenio.
Durante el Concilio el dialogo iniciado entre mas de dos mil obispos, constituyo la base de la renovación de la Iglesia. En nuestras experiencias, en el dialogo interno de la Iglesia, buscábamos las bases para renovar la humanidad.
Así hemos vivido nuestro Milenio, a cuyo fin nos estamos aproximando, porque estamos en el umbral del Milenio del bautismo de Polonia. La Navidad que estamos celebrando es la última del primer Milenio de este Bautismo.
Viviendo esta constante unidad entre los Obispos durante el Concilio sentimos el deseo de hablarles de nuestro Milenio, del gran Jubileo cristiano, en el espíritu de la continuidad que nos unía a ellos y a todos los hombres.
Si supierais cuan grande es la comunidad que une a todo el mundo cristiano! No solamente a las Iglesias de los países europeos, sino también a aquellas mas alejadas…
Hemos mirado también hacia nuestros vecinos, a los mas cercanos desde el punto de vista geográfico, cuya historia nos había dividido (pero también unido porque fue a través de las divisiones que nos hemos unido). Hemos pensado, hecho grandes esfuerzos poniendo mente y corazón, como hablarles de nuestro Milenio a aquellos vecinos occidentales, a los pastores y a los católicos de Alemania.
Sabemos que existen aun personas que hubiesen pretendido gritarles nuestro odio. Amados míos, como podría ser posible hacer esto después de mil años de cristianismo en Polonia, después de mil Navidades celebradas en esta tierra?
Puede darse que exista gente que hubiesen querido decirles a ellos: habéis sido y seguís siendo nuestro enemigos. Pero les pregunto a ustedes, como, en el umbral del Milenio de nuestro Bautismo, nosotros, obispos polacos, podríamos haber dicho esto?En lugar de ello, primero dijimos: «Hermanos nuestros en Cristo, Obispos de Alemania, durante siglos y especialmente en los últimos tiempos vuestro pueblo nos ha hecho tanto mal» Se puede decir que por aquel mal que nos ha hecho el pueblo alemán en cierto modo nos hemos reconciliado por ellos. Nos hemos reconciliado – en toda la verdad – hasta Auschwitz, hasta seis millones de victimas de la ultima guerra, sin ocultar ni disminuir nada. Nos hemos anticipado en la reconciliación. Y si echamos mano a ambas cartas: la nuestra a los obispos alemanes y la de los obispos alemanes a nosotros, si queremos leerla cuidadosamente, sin omitir nada, entonces podremos admitir como ellos, se han reconciliado mediante nuestra reconciliación.
Brevemente entonces les hemos dicho: les perdonamos y les pedimos perdón. Perdonamos en cuanto, estimulados por nuestra confesión ustedes también habéis confesado abiertamente.
Les pedimos nos perdonen ante todo porque en la solemne carta del Milenio, les hemos dicho muchas cosas desagradables, y cuando se dicen cosas desagradables después es necesario disculparse, en segundo lugar, por cuanto somos concientes que en las relaciones reciprocas entre personas, especialmente en el amplio espectro de largos años siempre hay algo que perdonarse.
Y entonces, amados míos, hemos vuelto a la tumba de San Estanislao. De la tumba de San Pedro, en la colina del Vaticano, a la tumba de San Estanislao en la colina de Wawel.. Traemos aquí todo el Concilio, la renovación de la Iglesia y el principio fundamental del dialogo.
Desde esta ciudad, y ya han pasado muchos años, partió otro Obispo, el primer padre Conciliar en la historia de Polonia, Vincenzo Kadŀubek Partió para el Concilio Luterano y regreso para renovar la Iglesia en Polonia. También nosotros los obispos, regresaos para renovar la Iglesia polaca en el ámbito de la Iglesia Universal. En esta tarea que tenemos por delante y para la cual hoy rogamos a Dios durante el Sacrificio eucarístico, ustedes serán nuestros colaboradores. Ayudadnos! Renovemos juntos nuestra Iglesia de San Estanislao, renovemos todos juntos, nuestra Iglesia, nuestro Pueblo y por medio de nuestra renovación, contribuiremos a renovar toda la humanidad.

Que puedan nuestras palabras de Pastor encender en ustedes esta renovación que depositamos ante la tumba de San Estanislao.
A los amados hermanos sacerdotes y a las religiosas! Es inmenso nuestro deseo de renovación que queremos despertar en vosotros y que iniciamos con esta concelebración! Con igual atención el Santo Padre desea que, finalizado el Concilio, entre el 1ro de enero y Pentecostés, sea celebrado en toda la Iglesia un Jubileo extraordinario, centrado en cada diócesis en su Catedral. Es por ello que debemos reunirnos mas a menudo en esta Catedral de San Estanislao en Wawel, debemos orar mas intensamente con fe particular y con sentimientos de perdón reciproco en el corazón. Aquí nos reuniremos, aquí vendremos en peregrinación, en este lugar sagrado, Iglesias de Dios vivo sobre nuestra tierra.
Venerados hermanos, capitulo metropolitano, a vuestro cuidado deseamos recomendar de manera particular este Jubileo postconciliar que debe ser el comienzo de la renovación de nuestra vida en Cristo y en Su Iglesia.
A todos ustedes aquí presentes, reunidos para revivir juntos el Misterio de la Navidad de nuestro Señor Jesucristo, el Misterio de la Encarnación, a vosotros todos, mis amados cracovianos les hago llegar en mi calidad de Pastor vuestro, mis augurios para que podáis vivir en la verdad. El Hijo de Dios es Verbo y el Verbo es la Verdad.
Les deseo vivir en Cristo, vivir en la Verdad y en el amor que viene de Dios."
25 de diciembre de 1965

miércoles, 23 de diciembre de 2009

“Gloria a Dios” homilía del Arzobispo de Cracovia Karol Wojtyla – 1965 (1)


Cuando concluía el Concilio Vaticano II estallo una grave crisis en Varsovia, por aquel proceso de “purificación de la memoria”…atacaron personalmente a Wojtyla con una carta publica, que obligaron a firmar a los trabajadores de la Solvay. Retiraron el pasaporte a Wyszynski. Y el régimen se ocupo sistemáticamente de boicotear las celebraciones de 1966 con motivo del Milenio, que trataba de recordar el aniversario del bautismo de Polonia y de la fundación del Estado nacional. Llegaron incluso a secuestrar la imagen de la Virgen Negra que era llevada en peregrinación por el país. Se prohibió la visita del Papa Pablo VI, y durante el periodo de mayor apogeo de las celebraciones, cerraron las fronteras durante mas de un mes….”

(Gian Franco Svidercoschi Historia de Karol)
Pero no lograron acobardar a la Iglesia polaca. He traducido una homilía del Arzobispo Karol Wojtyla del 25 de diciembre de 1965, “homilía ante el pesebre” que hay que leer pensando en aquel contexto, como decía Mons Rylko en su articulo Cracovia y Roma dos Iglesias hermanas En la Polonia oprimida por el comunismo, cada una de estas palabras poseía un peso y significado especial.”
Pensando en ese contexto el Arzobispo Wojtyla sin duda debía aprovechar la ocasión de una homilía de Navidad ante la presencia de tantos fieles, teniendo justamente por eso la seguridad que era también escuchado por agentes del régimen, para enfatizar sobre ciertos conceptos que quizás podrían parecer ajenos a una homilía de Navidad, p.ej. tanto enfasis en el dialogo, por otro lado tema candente en aquellos años. Es de notar a su vez el espíritu, el aliento, el orgullo de ser obispo de su pueblo, de poder haber llevado a la Iglesia polaca al Concilio, el deseo de unión con todas las iglesias y el querer compartir esa intima unión con todos los polacos y con todo el mundo.
Homilía “Ante el pesebre”

“Concluido el Concilio Vaticano II hoy estamos concelebrando la Santa Misa en la real catedral metropolitana de Wawel. Hoy, día de Navidad, concelebramos la Santa Misa delante del altar de San Estanislao, obispo y mártir, patrono de Cracovia, de nuestra Arquidiócesis y de toda Polonia. Concelebramos quiere decir celebramos esta Santa Misa nosotros, Padres conciliares de nuestra Arquidiócesis que hemos participado en el Concilio Vaticano II. Celebrando juntos la Eucaristía queremos expresar la profunda verdad del Sacerdocio de Jesucristo. Cuando un sacerdote celebra la Santa Misa solo – lo sabemos - en el momento de la Eucaristía el sustituye a Jesucristo, como instrumento suyo vivo, inteligente y consciente; nosotros en el sacerdote vemos a Cristo mismo. Cuando varios celebramos juntos, o sea concelebramos, los concelebrantes comprendemos que hay un único sacerdote que celebra el Eterno Sacrificio que es Jesucristo. Todos los sacerdotes y obispos revestidos del sacramento sacerdotal se inclinan ante la profundísima y única plenitud del sacerdocio que pertenece a Jesucristo mismo.

Hoy celebrando la Eucaristía en agradecimiento a Dios, Uno en la Santísima Trinidad, por el Concilio, queremos inclinarnos todos juntos ante la plenitud del único Sacerdocio de Cristo, con fe y amor, lo miramos a El en el Pesebre de Belén: con la misma fe y amor Lo reconocemos presente – de modo sacramental, pero igualmente eficaz y abundante de Gracia – en la Santa Misa. Inclinándonos ante el Pesebre, vemos sobre la paja al Niño Jesús, Hijo de Dios, el Enviado del Padre, el Verbo encarnado. Miramos su primer momento terreno, el inicio de Su misión. El vino, vivió entre nosotros y entre nosotros quiere quedarse. Y es precisamente de esta manera que el Concilio Vaticano II mirando a Jesús en el Pesebre de Belén, ha vuelto a descubrir mas profundamente y mas plenamente su propia razón de ser. La Iglesia se ha redescubierto a si misma y ha afirmado que su realidad proviene del Misterio de la Encarnación, del misterio del Padre que envía a su Hijo y del misterio del Espíritu Santo, enviado por el Padre y el Hijo.
La Iglesia se constituye en una continuación autentica y homogénea de la «misión» divina del Hijo y del Espíritu Santo. He aquí la esencia mas profunda de la Iglesia. La «misión» del Hijo y del Espíritu Santo que se cumplió en el tiempo, aun perdura, perdura a través de los hombres que reciben al Hijo, y que a través de la acción interior de la Gracia, se convierten ellos mismos en Cuerpo Mastico de Cristo, y juntos en pueblo de Dios.
Estas verdades si bien simples esperan ser redescubiertas, formuladas y expresadas. Por ellas la Iglesia, en el Concilio Vaticano II ha formulado y expresado su propia y sobrenatural santa sustancia. Sin embargo, en estas definiciones la Iglesia no ha agotado sus trabajos, ni terminado su tarea. El Hijo de Dios que hoy contemplamos en el Pesebre, ha sido enviado al mundo y para el mundo; entró en el mundo, forma parte viva de los seres humanos, pertenece a la humanad y con ella permanece.
De la misma manera la Iglesia entró en el mundo, pertenece a la humanidad y con ella permanece en estrecho contacto. Por eso en el Concilio Vaticano II no ha bastado definir y formular la entidad interior de la Iglesia, sino que también era necesario expresar la actitud de la Iglesia hacia el mundo.
Y a este respecto quiero decirles que tuve la fortuna de participar, de modo singular, en los trabajos de esta parte del Concilio, se trato de hecho en el así llamado Esquema XIII, definido mas tarde, como Constitución pastoral, con el titulo «La Iglesia en el mundo contemporáneo» Por lo tanto todo lo que les digo proviene de mi experiencia personal. Veo ante mis ojos todas las reuniones de las comisiones durante el invierno y la primavera y últimamente, en otoño, la reunión de todo el Concilio. De cara al mundo de hoy urgían dos problemas evidenciados de modo particular. El primero se refiere al progreso y al desarrollo en el campo técnico y en los demás ámbitos. En armonía con tal progreso debería a su vez llevarse a cabo un desarrollo del hombre interior, de su humanidad, de su personalidad, del hombre que es persona creada a imagen y semejanza de Dios. Este es el problema de fondo. En neto contraste con ello vemos, sin embargo, signos que amenazan al hombre, originados precisamente en este progreso: el primero y más importante es la amenaza que constituye la guerra con todos sus medios de destrucción, que el progreso técnico y la nueva civilización han producido.
En este punto los sentimientos del Concilio y los de toda la humanidad coinciden. Estas inspiraciones del Concilio constituyen en cierto modo la continuación del pensamiento de Juan XXIII. Recuerdo el momento cuando me convoco en 1962 al Concilio y como, precisamente en el inicio de los trabajos, se vislumbraba la amenaza de una guerra. .Entonces, gracias al Papa, - así lo han reconocido todos – esa amenaza pudo ser evitada. Juan XXIII dedico el resto de sus días a la encíclica «Paz en la tierra»La idea y los sentimientos del Papa que convocó el Concilio continuaron con su sucesor Pablo VI. La misma dirección, una personalidad diferente. Lo he podido constatar habiendo tenido la suerte de estar cerca de ambos Pontífices, durante el Concilio. Profundizando con respecto a los peligros que afronta la humanidad y particularmente el peligro de la guerra, con focos potenciales en múltiples problemas y contrastes, y profundizando al mismo tiempo el postulado del desarrollo del hombre como persona, el Papa Pablo VI juntamente con el Concilio, continuando la linea de Su predecesor, elaboraron la formula justa, un principio valido para hacer prevalecer la armonía ante los problemas de la humanidad de hoy. El nombre de esta formula es «diálogo». Podríamos decir que la palabra «dialogo», termino que conocemos y utilizamos con frecuencia es como un equivalente del termino «conversación»? Cuando dos personas hablan entre ellas decimos que se trata de un dialogo, en cambio cuando habla una sola, decimos que se trata de un monologo. Esta explicación sin embargo es superficial. Dialogo quiere decir mucho mas que una simple conversación. Un intercambio de ideas y palabras. El dialogo representa una actitud humana, que deriva del hecho que el hombre es «persona» llamado a convivir con los demás en la sociedad. El dialoga requiere no solo capacidad de hablar, sino también de escuchar: capacidad de hablar de modo tal que el otro pueda comprender y capacidad de escuchar tendiente a comprender al otro. El dialogo representa una actitud humana, propia de la persona dotada de razón social, y al mismo tiempo se trata de una actitud profundamente cristiana. Porque puede servir a distender el odio y las luchas entre los hombres. Dialogo y lucha son dos términos que se contraponen entre ellos.
Y por eso la Iglesia de hoy, por medio de su Pontífice, a través del Concilio, le dice a los hombres de todo el mundo: no basemos mas las relaciones humanas en la lucha, hagámoslo mas bien en el dialogo.
El dialogo es una expresión fundamental para la Iglesia de hoy. Podemos constatar su valor en la vida cotidiana. Sabemos que también entre dos personas, entre marido y mujer, el dialogo sirve para resolver satisfactoriamente los problemas. Si alguno de nosotros viviese en su monologo, estaría arriesgando pasar a la lucha, porque el monologo lleva a menudo a la lucha. Si pienso a mi manera, digo aquello que quiero, sin preocuparme en lo màs mìnimo que el otro me escuche o me entienda, porque tampoco yo lo siento o le comprendo, se llega fatalmente a un enfrentamiento.
Y esto ocurre en todos los niveles, superiores e inferiores.
Si la humanidad de los siglos pasados pudo, osare decir, permitirse ir a la guerra, nuestra generación no lo puede permitir más, teniendo a disposición medios tan tremendos de destrucción.
De estas consideraciones nuestras sobre el mundo y su misión en la Iglesia, se evidencia cada vez mas qué se entiende fundamentalmente por dialogo.

La Iglesia y el Concilio lo deducen no solamente de la situación cotidiana del hombre y de la sociedad, sino de manera especial del Pesebre, de la Cruz. Así Pablo VI se expresa en su primera Encíclica de 1964 que comienza con las palabras «Ecclesiam Suam». La Revelación, la Redención y la fe, la oración, toda la vida cristiana, he aquí el dialogo: el dialogo de Dios con el hombre y del hombre con Dios. Por medio de este dialogo que el Padre Eterno sostiene con el hombre por medio de su Hijo, y del Espíritu Santo, El nos enseña como hallar los métodos para dialogar los difíciles problemas humanos. Esto es precisamente lo que este Concilio ha buscado discernir y descifrar del Pesebre, de la Revelación, del Calvario, para poder luego anunciarlo a la humanidad de hoy.

Hoy espero transmitir a ustedes uno de los conceptos y principios fundamentales de la Iglesia que se ha renovado durante el Concilio Vaticano II. La Iglesia no solo ha formulado ideas y proclamado principios. La Iglesia busca abrir el dialogo, dar el ejemplo en la solución de los problemas controvertidos. De esta manera la Iglesia entabla el dialogo con los creyentes de las demás religiones, entra en dialogo con los no creyentes, con los ateos, o al menos intenta hacerlo.Naturalmente son los primeros pasos, pero son pasos profundamente meditados, dictados por la premura por el bien del hombre y de la humanidad. No solo por el bien de la Iglesia, sino por el bien de la humanidad entera. La Iglesia inclinándose ante el Pesebre y arrodillándose ante la Cruz, es conciente que toda la humanidad ha sido redimida, que la misión del Hijo y del Espíritu Santo ha sido destinada a toda la humanidad, es conciente que su misión se dirige a toda la humanidad. Hoy les transmito esta toma de conciencia enriquecida de la Iglesia.Concelebramos nuestra Santa Misa de Navidad ante la tumba de San Estanislao, obispo y mártir. Podría parecerles extraño esta combinación de cuna-tumba pero nos encontramos aquí porque de esta tumba nace una vida. En el cuadro de la perenne realización de la actividad divina situamos también el nacimiento de la Iglesia en nuestra Patria. De este nacimiento ésta es la cuna. No digo que sea la primera, en sentido absoluto, pero de modo significativo lo es. De esta manera estamos ante la cuna de la fe de Polonia, estamos ante el Pesebre, estamos ante el símbolo del nacimiento"


lunes, 2 de noviembre de 2009

Karol Wojtyla administrador de los «misterios de Dios»


La primera Misa de Karol Wojtyla
“Como era natural, Karol había elegido la catedral de Cracovia, en lo alto del Wawel. No podía celebrar su primera Misa más que en el Santuario donde esta escrita la historia de Polonia. La historia de su tradición religiosa y de su martirio. La historia nacional y civil. La historia de su cultura, de su heroísmo y de la lucha mantenida durante siglos por reconquistar una y otra vez la libertad perdida y suprimida.
Su nueva vida tenia que iniciarse allí, en el Wawel para expresar como había madurado su particular vínculo que le unía con todas las memorias de la nación. Y para rendir homenaje a cuantos habían ejercido una importante influencia sobre su formación cristiana y patriótica. […]
El día anterior – 1 de noviembre de 1946 – se había convertido en sacerdote, o como dice san Pablo administrador de los «misterios de Dios»
[…]
Se había arrodillado ante monseñor Sapieha, y el arzobispo en pie y en silencio, le impuso las manos sobre la cabeza. En aquel momento, escuchando ese antiguo himno de la Iglesia, el Veni Creador Spiritus, Karol tuvo una sensación extraña, como si desde lo alto realmente descendiera una «fusión de gracias» como si el Espíritu Creador realmente bajara allí, hasta el centro de aquella capilla. Fue en aquel preciso instante, cuando comprendió finalmente que su vida había cambiado. Para siempre.
[…]
“«La Iglesia – dijo el arzobispo – afronta tiempos difíciles, por lo que ha de poder contar con sacerdotes preparados. Sacerdotes que sepan anunciar a Cristo a los hombres, y que también estén cercanos a sus problemas, tanto personales o familiares, como los de índole social.»
Por esa razón Sapieha decidió adelantar el momento de ordenación sacerdotal de Wojtyla, con el fin de enviarle inmediatamente a Roma, para estudiar el doctorado en teología. Y sin pensárselo dos veces, eligió un día bastante insólito para una ceremonia de ese estilo, la fiesta de Todos los Santos. Aquella mañana, en su capilla posó sus manos sobre la cabeza del joven diacono consagrándolo sacerdote para siempre.
Veinticuatro horas después celebró su primera Misa en la catedral de Wawel. Realmente fueron tres misas, las que se permite celebrar a los sacerdotes en la solemnidad de los difuntos. Karol celebrò las tres en la antigua cripta románica de San Leonardo, la más cargada de historia y que se encuentra al lado de las tumbas reales.”

Gian Franco Svidercoschi: Historia de Karol, Edicions Internacionales Universitarias, 2003
Invito leer mi post – Recordando la primera Misa de Karol Wojtyla en la cripta San Leonardo

domingo, 1 de noviembre de 2009

Un nuevo aniversario de la ordenación sacerdotal de Karol Wojtyla


Tú eres sacerdote para siempre» (Heb 7,21).

“El día de Todos los Santos me presenté por la mañana en la residencia de los Arzobispos de Cracovia, en la calle Franciszkanska 3, para recibir la Ordenación sacerdotal. Asistieron a la ceremonia un pequeño grupo de parientes y amigos” dice en Don y Misterio el Siervo de Dios Juan Pablo II.

Invito visitar mi post Aquel 1ro de noviembre de 1946

viernes, 11 de septiembre de 2009

El Obispo Karol Wojtyla y los laicos (2)


“Como obispo he apoyado numerosas iniciativas de los laicos. Eran muy diversas: por ejemplo, el Oficio para la pastoral familiar, las reuniones de estudio para clérigos y estudiantes de medicina llamados Klermed, el Instituto para la Familia. Antes de la guerra era muy activa la Acción Católica con sus cuatro ramas: hombres, mujeres, juventud masculina y femenina; actualmente está renaciendo en Polonia. Fui también presidente de la Comisión para el Apostolado de los Laicos en el episcopado polaco. Mantenía el periódico católico Tygodnik Powszechny y procuraba animar al grupo de personas que se reunía en torno a él. En aquella epoca era algo muy necesario. Venían a verme redactores, intelectuales, médicos, artistas... A veces entraban a escondidas, porque eran los tiempos de la dictadura comunista. Se organizaban incluso simposios: la casa estaba casi siempre ocupada, llena de vida. Y las hermanas Esclavas del Sagrado Corazón tenían que dar de
comer a todos...
He estado también al lado de iniciativas nuevas, en las que sentía el soplo del Espíritu de Dios. Con el Camino Neocatecumenal me he encontrado recién en Roma. También con el Opus Dei, que erigí en prelatura personal en 1982. Se trata de dos realidad eseclesiales que despiertan en los laicos un gran deseo de vincularse a ellas. Ambas iniciativas han salido de España, país que tantas veces en la historia ha dado impulsos providenciales para la renovación espiritual. En octubre de 2002 tuve la alegría de inscribir en el Registro de los Santos a Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Del, celoso sacerdote, apóstol de los laicos para tiempos nuevos.
En los años de mi ministerio en Cracovia sentí siempre la cercanía espiritual de los miembros de la Obra de María, los Focolares. Admiraba su intensa actividad apostólica orientada a que la Iglesia llegara a ser cada vez más casa y escuela de comunión. Desde que fui llamado a la Sede de Roma he recibido varias veces a Chiara Lubich con representantes de numerosas ramas del Movimiento de
los Focolares. Otro movimiento surgido de la vitalidad de la Iglesia en Italia es Comunión y Liberación. Su promotor es monseñor Luigi Giussani. Hay en el mundo de los laicos numerosas iniciativas con las que he entrado en contacto en estos años. Pienso, por ejemplo, en el ámbito francés, en L'Arche y en Foi et Lumi#re de Jean Vanier. Hay todavía más, pero no es posible citarlas todas aquí. Me limito a decir que las apoyo y las tengo presentes en mi oración. Pongo en ellas grandes esperanzas y deseo que se cumpla de este modo la llamada: «Id también vosotros a mi viña » (Mt 20, 4). Pensando en ellos he escrito la exhortación Christifideles laici: La llamada no se dirige solo a los pastores, a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas, sino que se extiende a todos: también los fieles laicos son llamados personalmente por el Señor, de quien reciben una misión en favor de la Iglesia y del mundo (n. 2)”.
de Juan Pablo II ¡Levantaos! ¡Vamos! Cuarta Parte “La paternidad del Obispo” Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2004)

jueves, 10 de septiembre de 2009

El Obispo Karol Wojtyla y los laicos (1)

“Los laicos pueden realizar su vocación en el mundo y alcanzar la santidad no solamente comprometiéndose activamente a favor de los pobres y los necesitados, sino también animando con espíritu cristiano la sociedad mediante el cumplimiento de sus deberes profesionales y con el testimonio de una vida familiar ejemplar. No pienso solo en los que ocupan puestos de primer plano en la vida de la sociedad, sino en todos los que saben transformar en oración su vida cotidiana, poniendo a Cristo en el centro de su actividad. Él será quien atraiga a todos a sí, saciando su hambre y sed de justicia (Mt 5, 6).
¿No es esta la lección que se desprende del final de la parábola del buen samaritano (Lc 10, 34-35)? Después de los primeros cuidados de asistencia al herido, el buen samaritano se dirige al posadero. ¿Qué hubiera podido hacer sin él? De hecho, el posadero, permaneciendo en el anonimato, realizó la mayor parte del trabajo. Todos pueden actuar como él cumpliendo sus propias tareas con espíritu de servicio. Toda ocupación ofrece la oportunidad, más o menos directa, de ayudar a quien lo necesita. Naturalmente, esto es más palpable en el trabajo de un médico, un maestro, un empresario, siempre que se trate de personas que no cierran los ojos a las necesidades de los demás. Pero también un empleado, un obrero o un agricultor pueden encontrar muchos modos de servir al prójimo, aun en medio de dificultades personales, a veces incluso graves. El cumplimiento fiel de los propios deberes profesionales es practicar ya el amor por las personas y la sociedad.
El obispo está llamado no solamente a promover él mismo iniciativas sociales cristianas de este género, sino también a permitir que en su Iglesia nazcan y se desarrollen obras creadas por otras personas. Debe solo vigilar para que todo se cumpla en la caridad y en la fidelidad a Cristo, que inició y completa nuestra fe (Hb12, 2). Hay que buscar a las personas, pero hay que permitir también a todo el que muestre buena voluntad que encuentre su puesto en la casa común, que es la Iglesia.”

(de Juan Pablo II ¡Levantaos! ¡Vamos! Cuarta Parte “La paternidad del Obispo” Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2004)

miércoles, 2 de septiembre de 2009

1 de septiembre 1939 (2)

foto Ruinas de Varsovia del United States Holocaust Museum
(del Capìtulo 3 Historia de Karol de Gian Franco Svidercoschi, Ediciones Internacionales Universitarias, Madrid, 2003 )
“Adolf Hitler habìa aprobado la Blitzkrieg, un ataque por sorpresa, según la versión oficial para anexionarse la ciudad de Danzig y su famoso «corredor». Pero en realidad buscaba llegar, a través de Polonia, a apoderarse del petróleo rumano y del grano ucraniano para finalmente – ésta era su gran ambición – conquistar Europa.
Los gobernantes de Varsovia tenían su parte de responsabilidad, pues no se habían creído las amenazas alemanas, al menos hasta que Checoslovaquia no estuvo ocupada y fue convertida en el Protectorado de Bohemia y Moravia. Aunque seguramente la mayor parte de la culpa la tenían los aliados occidentales, que durante demasiado tiempo habían rehusado enviar señales contundentes y creíbles que fueran capaces de disuadir a Berlín de cualquier acción temeraria o desconsiderada.
«Morir por Danzig?» preguntaba desde las columnas de su diario el diputado francés Marcel Deat. Pregunta que rebosaba indiferencia culpable y que suponía una respuesta negativa. Polonia, una vez mas, abandonada a sus fuerzas, se dirigía sin remedio hacia su triste destino.
Fue así que el amanecer de aquel primero de septiembre se puso en movimiento la monstruosa maquinaria de guerra un millón y medio de hombres. Las divisiones acorazadas de la Wehrmacht invadieron el territorio polaco a las 4.49, y avanzaron a lo largo de muchos kilómetros mientras la artillería vomitaba fuego una y otra vez, y desde el aire la aviación diseminaba muerte y destrucción: La mayoría de los quinientos aviones militares de los que disponía Polonia ni siquiera lograron levantar el vuelo: fueron destruidos en tierra.

En la catedral, mientras tanto, había terminado la Misa. Don Figlewicz y Karol salieron corriendo a la plaza del Wawel y vieron como los aviones alemanas arrojaban su carga mortífera sobre objetivos claramente identificados: los cuarteles de la calle Warszawska, los polvorines, el ferrocarril, la estación de radio. El infierno acabó sin que la defensa antiaérea lograra impactar ni tan siquiera una sola vez en objetivos enemigos.
…«Mi padre esta en casa!». Apenas se despidió del sacerdote amigo suyo, Karol se lanzó a una carrera frenética por las calles llenas de humo…Llegó por fin al barrio Debniki, a la calle Tyniecka 10 …subió los últimos peldaños y casi tira al «señor Capitan» que lo abrazó con fuerza. Se había preocupado: Donde estabas? Te he buscado por todos lados. Karol respondió: Pero papá, no te acuerdas? Había subido al Wawel, a hablar con don Figlewicz.”

martes, 1 de septiembre de 2009

1 de septiembre de 1939 (1)


(del Capìtulo 3 Historia de Karol de Gian Franco Svidercoschi)
“El silencio invadía las naves de la catedral, aún poco iluminadas por un débil y velado sol. De vez en cuando se escuchaba un murmullo en latín proveniente del altar de la nave norte, presidido por un gran crucifijo negro. Allí, delante de aquel crucifijo, iba a rezar todos los días Eduvigis, la reina del periodo de máximo esplendor de Polonia, el de la dinastía de los Jagellones.
Como cada primer viernes de mes, Karol había subido a lo alto del monte Wawel para confesarse con don Figlewicz, su director espiritual, al que luego ayudaba en la Misa. «Que extraño» pensó Karol mirando a su alrededor. La catedral estaba desierta. Nunca había pasado que a aquella hora no hubiera nadie, ni siquiera las acostumbradas viejecitas.
De repente fue como si el suelo se sobresaltara. Las explosiones procedían de lejos, quizás de la periferia de Cracovia, pero su estruendo retumbó con fuerza, llegando hasta allí, la cumbre de la colina que domina el Vístula. Don Figlewicz se volvió rápidamente, cruzando su mirada con aquella aterrorizada del monaguillo.
Comenzaron a aullar las sirenas y a escucharse los primeros disparos de la defensa antiaérea. Por un momento pareció que temblaba incluso el imponente mausoleo de San Estanislao, el obispo asesinado por la fe.
Se veía, a juzgar por sus hombros cargados, que el sacerdote tenia miedo. Pero don Figlewicz no interrumpió la celebración, aunque desde aquel momento empezó a acelerar primero los gestos, y luego también las oraciones.
Era el 1ro de septiembre de 1939.
«Aquel día dirá Karol – pasado el tiempo – no se me borrará nunca de la memoria.».”

miércoles, 22 de julio de 2009

La parroquia del Papa en Niegowicz


Karol Wojtyla sacerdote en Niegowicz - foto de Wikipedia


“A comienzos de julio de 1948 Karol Wojtyla regresa a Polonia desde Roma. En la universidad cracoviense aprueban su tesis doctoral. De hecho ya había cumplido todos los requisitos en el Angelicum de Roma, también la tesis había sido defendida y aprobada, si bien la aprobación formal tuvo lugar en la Universidad Jaguellonica de Cracovia, cátedra de moral, con el profesor Wladislaw Wicher.
Karol visita a sus amigos, le asaltan con preguntas. Como te ha ido? Que hay de nuevo? Cuenta, cuenta…y ahora que harás?


Lo que el Príncipe (por el cardenal Sapieha) diga, fue su respuesta. Y no debió esperar mucho tiempo. El Príncipe lo tenia asignado a la parroquia de Niegowicz.
Muy sabio él, consideraba que Karol Wojtyla debía vivenciar la cotidianeidad polaca. Y lo manda a un pequeño nido casi en el confín de la diócesis. Allí donde por las noches aun alumbran con lámparas de petróleo, la iglesia rodeada de majestuosos árboles; en el huerto panales….un entorno de paz, con suave aroma a tilos matizado por el canto de la chicharra y el trinar de los pájaros, silencio de pueblo, una pequeña iglesia, problemas polacos menores. Los pobladores se saludan “Alabado sea Jesucristo”. Para ellos el sacerdote sigue siendo la máxima autoridad en todo y para todo.
No obstante las apariencias la parroquia de Niegowicz no es un lugar desconocido. En el pueblo de Pierzchowa, a solo 6 km de alli, nació el general Henrik Domrowski (1), que encontró su lugar en el himno nacional polaco. Y en el pueblo de Wieniec, en el ámbito de la parroquia de Niegowic solía detenerse Tadeusz Kosciuszko , hèroe nacional polaco.
Niegowic, una vieja parroquia, que en el radio de 10 kms debía servir a 14 pueblos, mantuvo en el tiempo todo el encanto de un pueblo polaco. Sus orígenes datan del siglo 12. Una iglesia de madera, construida en 1761, después que un incendio destruyera la anterior. Se salvó milagrosamente tan solo una imagen de la Asunción de la Virgen de 1610.
Pero el objetivo de hacerle conocer a Karol la vida cotidiana, no era la única inquietud del Príncipe. En realidad en su decisión primaba la persona del párroco Casimiro Buzala, un párroco que irradiaba santidad. Y Karol no era el primer sacerdote joven que le tocaba tener a su lado. Niegowicz ya era conocido porque al Príncipe le gustaba mandar allí a sacerdotes noveles para que tuviesen una buena impresión de su primera parroquia. El párroco que había vivido alli casi toda una vida era como un padre para todos. Los había bautizado, preparado para la primera comunión, dado clases en la escuela, les preparo para la confirmación, los casó y bautizó a sus hijos y acompaño en procesión al campo santo a sus padres y abuelos. Es amigo y confidente, tratado por todos con respeto y considerado la más alta autoridad en el lugar.

Por las mañanas Karol oficia la Santa Misa y confiesa; después le tocan las clases en la escuela. Es sencillo para quienes viven en Niegowicz, en cuanto a los demás es el quien se les acerca: en verano en carro, en invierno en trineo. Karol dedica las tardes a conversar con la gente que se acerca a la parroquia. Y continuando la tradición, en invierno entre Navidad y Año Nuevo visita todos los hogares entre las 8 de la mañana y las 10 de la noche, trasladándose entre la nieve por las sendas que le abren los pobladores. En las casas la familia, como todos los años, le tiene todo preparado: la imagen y el cirio encendido. Reza con ellos, los rocía con agua bendita, bendice la casa, las habitaciones, el establo y luego, aunque debiera seguir su camino, se sienta con ellos para charlar un rato, tomar el te con un pedazo de arrollado con crema de nuez, luego entrega estampas y se despide....un sacerdote culto, estuvo en Roma, viajo por el mundo y no obstante es tan amable, tan bueno, tan compañero, los niños lo quieren, les gusta estar con él…..
En tiempo de Cuaresma tienen ejercicios espirituales. Junto a los veinte sacerdotes que llegan de parroquias vecinas para la ocasión confiesa a sus feligreses desde temprano por la mañana hasta entrada la noche. Terminado el periodo de cuaresma visitará a todos los sacerdotes que acudieron en su ayuda para retribuirles el gesto..
Escucha atentamente todos los problemas de su gente, les aconseja, les consuela, los alienta. Al margen de las preocupaciones cotidianas ellos tienen otra gran inquietud impostergable: construir una iglesia nueva. La antigua es bonita, cómoda, artísticamente valiosa, emana tradición. Allí rezaron sus abuelos. Pero es sencillamente demasiado pequeña. Ya no alcanza para toda la gente que viene a la Misa de los domingos. Todos saben que hace falta construir una nueva. El comité organizador de la parroquia ya lo tiene decidido. Pero quien se ocupará? Seria demasiado fatigoso para el párroco ya entrado en años que esta por celebrar sus bodas de oro sacerdotales.


Y el mejor regalo para este sacerdote tan especial seria comenzar a construir una nueva iglesia. Pero alguien deberá ocuparse de los trabajos de construcción, hacer un seguimiento – y todos apuntan con expectativa al nuevo vicario. Como si se explicase por si mismo. Sin embargo, ni falta hace siquiera tratar de convencerle, pues ya lo había comentado con la gente….y así asume otra responsabilidad. Consejos, planes, presupuestos. Y que hacer con la vieja iglesia? No, no debe ser destruida y olvidada, será mudada a algún pueblo más pequeño. Y ya hay un candidato: la parroquia de Pientkowo.
A Karol le hubiese gustado quedarse mucho mas tiempo en Niegowic… seguir estudiando a la luz de la lámpara a Santo Tomas, San Juan de la Cruz, Santa Teresa, confesando horas y horas, dedicarse a los ejercicios espirituales durante el tiempo de cuaresma, la visita a las obras…


Sin embargo el tiempo en Niegowicz llegaba a su fin: tan solo un año. Recibe la orden que debe volver a Cracovia y le cuesta dejar esta iglesia, las confesiones, el reparto de la comunión, el camposanto donde se habìa despedido de algunos parroquianos, dejar a sus feligreses con quienes se había encariñado tanto, ahora que ya se conocen bien, le confían, lo quieren. Le cuesta dejar al párroco, el mejor párroco de los alrededores…
En agosto de ‘49 el doctor Karol ya será vicario en la iglesia de San Florián, en el centro de Cracovia”



(tomado de Janez Pavel II - A. Bujak-M. Malinski (version en esloveno publicda por Ognjišče, Koper 1982) original Johannes Paulus II
publicado por Verlag Styria, Graz, Austria)


(1) Jan Henrik Dombrowski, general e historiador polaco (1755-1818) La historia lo recuerda tambien por Mazurek Dąbrowskiego, cancion nacional polaca que a partir de 1927 es himno nacional polaco.

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