El 19 de septiembre de 1999 todos los
caminos de Eslovenia y países vecinos llevaban a la explanada de Betnava en
Maribor, donde el Santo Padre Juan Pablo II, beatificaría al “primer hijo de la
nación eslovena en ser elevado a la gloria de los altares”. La visita fue muy breve:
tan sólo un día, pero toda Eslovenia era una fiesta.

Habían pasado tres años de su primera visita en 1996. “La santidad
es la única fuerza que vence al mundo” nos había dicho entonces. Ahora venía a
presentarnos un modelo de santidad esloveno, el obispo Anton Martin Slomšek,
“un sarmiento que dio frutos abundantes de santidad cristiana, de singular
riqueza cultural y de notable amor a la patria”. “En el nuevo beato – decía
Juan Pablo II en su homilía - resplandecen, ante todo, los valores de la santidad
cristiana. Siguiendo las huellas de Cristo, se hizo buen samaritano del pueblo
esloveno … fiel y dócil a la Iglesia,
profundamente abierto al ecumenismo, y en Europa central fue uno de los primeros en
trabajar por la unidad de los cristianos”.
Habíamos salido muy temprano de Ljubljana (alrededor de las 5 am) hacia la
plaza donde nos esperaba el bus. Todavía era de noche oscura con lluvia. Aunque
veníamos equipadas íbamos pensando cómo nos ubicaríamos allí (porque todos teníamos
lugares predestinados) en medio del predio, la lluvia y el barro del parque. Las
parroquias organizaban logística y la distribución de agregados (una banqueta de cartón plegable,
agua y banderines). Todo el viaje en
lluvia casi hasta Maribor si bien
llegando había amainado la lluvia. Allí organizados, encolumnados
en un carril (el otro quedaba para los automóviles de invitados), entre cantos y rezos, íbamos moviéndonos lentamente, como ondulantes ríos, hacia nuestros respectivos lugares .
De repente sucedió algo. Se
detiene un auto, sorprendidas escuchamos
“vamos rápido suban!!” Era un amigo (parte
del gobierno en ese momento) de mi cuñado con su esposa. “Vamos suban, venimos
sin hijos”. Una de las hijas se había quedado
en casa, la otra cantaba en el coro y ya estaba en el lugar, y el hijo dedicado desde temprano como
auxiliar de la organización de los
invitados. Había sucedido un pequeño milagro (que ya comente en otro post) : ya no nos harían falta las banquetas plegables y nos esperaba la tercer fila
de los invitados, (en sillas por supuesto) un regalo del cielo. Hasta el dia de
hoy me cuesta comprenderlo. En primer fila el presidente y su esposa, en la
segunda su ministro con la esposa y detrás de ellos los asientos destinados a sus
hijos que ocupamos nosotras. Detrás nuestro el Ministro de Finanzas y una
fila más atrás quien es hoy el Primer Ministro de Eslovenia!

Todo tan cerca!! El altar,
el coro, los invitados importantes y la gran pantalla donde pudimos ver la llegada del Santo Padre; al tiempo que se
abría la escotilla del avión se partían las nubes y aparecía el sol. El maravilloso y tradicional repique de campanas,
era acompañado, allí en el prado, por las voces de 2500 integrantes de coros de
toda Eslovenia, que bajo la batuta del profesor Joze Trost de Ljubljana,
entonaban el majestuoso “Jubilate Deo”; luego seguirían “Tu eres Pedro, la
Piedra” “Este es el día que hizo el Señor” y “Maria, madre amada” dando
comienzo a la solemne ceremonia con la participación de unos 200.000 fieles,
entre ellos 800 sacerdotes, 55 arzobispos y obispos, 3 cardenales, 800
religiosas, 2100 monaguillos, 2000 scouts, 1500 inválidos, 800 catecúmenos, 320
auxiliares, 1600 invitados especiales.

Había llegado el tan esperado momento y el obispo de Maribor Franc Kramberger
solicitaba al Santo Padre, en nombre de todo el pueblo esloveno, que proclamase
beato al obispo Slomsek. Pronto se correría el velo y veríamos el gran cuadro completo.

“Seguid las huellas de este compatriota vuestro, íntegro y
generoso, que anhelaba conocer la voluntad de Dios y cumplirla a toda costa. Su
firmeza interior y su optimismo evangélico estaban arraigados en una sólida fe
en la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre el mal.” nos decía el Santo
Padre en su homilía. “Sed constructores de paz también dentro de Europa. El
proceso de unificación, en el que el continente está comprometido, no puede
basarse sólo en intereses económicos; también debe encontrar inspiración en los
valores cristianos, en los que se arraigan sus raíces más antiguas y
auténticas. Una Europa atenta al hombre y al pleno respeto de sus derechos es
la meta a la que hay que dirigir los esfuerzos. Ojalá que la vieja Europa
transmita a las nuevas generaciones la antorcha de la civilización humana y
cristiana, que iluminó los pasos de sus antepasados durante el milenio que está
a punto de concluir”
Durante la Eucaristía no puedo olvidar el momento de la comunión.
Estuve por escapar y tratar de recibirla del mismo Juan Pablo II pero me
detuvieron allí mismo en mi fila diciendo que no me dejarían pasar. Que hubiera
ocurrido si lo intentaba? Nunca lo sabre!
En el Ángelus el Santo Padre recordaba los tres santuarios marianos más
celebres de Eslovenia : Monte Santo, Brezje y Ptujska Gora y por la tarde, en
el encuentro con los sacerdotes, religiosos y laicos en la catedral de Maribor,
donde descansan los restos mortales del venerado obispo y nuevo beato Antón
Martin Slomsek, el Santo Padre recordaba otras “personas que en este pueblo
esloveno se han distinguido por sus virtudes… por ejemplo, los obispos Friderik
Baraga, Janez Gnidovec y Anton Vovk; en el padre Vendelin Vosnjak; y en el
joven Lojze Grozde”.
Después de rezar en la capilla de la Catedral ante los restos del nuevo beato
el Santo Padre dirigió un mensaje a los 340 delegados del Sínodo de obispos,
concluyendo este viaje apostólico tan breve, pero tan intenso ese mismo día.
El Obispo de Maribor Franc Kramberger lo despedía con un sincero y sencillo
saludo esloveno “Santo Padre, a Dios gracias por todo lo que hemos vivido hoy
junto a Usted y con Usted”
Juan Pablo II Eslovenia nunca lo olvidará!
Y nosotras tampoco. Había sido un día pleno, magnifico, majestuoso, único, que quedara grabado para siempre. Un verdadero
cántico del Salmo 118:24- “Este es el dia que hizo el Señor, alegrémonos y regocijémonos
en él”.
Invito ver mis entradas anteriores
Primer visita de Juan Pablo II a Eslovenia
Visita del primer ministro de Eslovenia al santo Padre
Benedicto XVI